Descargo de responsabilidad: los personajes no me pertenecen y la historia es de Enthralled, yo sólo traduzco con su permiso.

Capítulo 52: Atando cabos sueltos

BPOV

Después de encontrarnos con Jacob a mitad de camino, volé a casa con Grace el viernes santo y Edward nos recibió en el aeropuerto. Ella aplaudió emocionada cuando lo vio y le rodeó la cintura con sus brazos, abrazándolo ferozmente.

–¡Hola, Sr. Edward! –chilló ella y su felicidad burbujeante me recordó a Alice.

Edward se agachó frente a ella así que ella cambió su agarre de su cintura a su cuello. El rostro de Edward se suavizó más con el amor y la confianza que mostró Grace al abrazarlo. Se separaron y se miraron a los ojos.

–Hola, Grace. Me has hecho mucha falta. ¿Cómo estuvo tu vuelo? –preguntó Edward y sus ojos estaban pegados a los de ella, y era imposible ignorar lo cautivado que estaba con mi pequeña niña.

Grace sonrió enormemente.

–Fue divertido. Mami me dejó jugar con su bolso, y tomamos limonada y galletas en el avión. Fue como una fiesta de té –ella me miró mientras relataba nuestro vuelo y continuó sonriéndole.

–Hay algo diferente en ti –le susurró a ella. Ella asintió alentadoramente –¿Te cortaste el pelo? –ella negó con la cabeza y sonrió más ampliamente –¿Tienes zapatos nuevos? –ella soltó una risita, pero negó con la cabeza –Hmmm –dijo Edward viéndose como si estuviera pensando mucho –¿te falta algo? –Grace se rio y señaló el lugar vacío al frente de su sonrisa.

–¡Se me cayó un diente, Sr. Edward!

–Ah –respondió Edward, con una mínima nota de realización falsa en su voz –Ahora veo. Supongo que el ratón Pérez te visitará

–Ya me visitó –dijo Grace con orgullo.

–Como debería –exclamó Edward. Él sin esfuerzo alzó a Grace en sus brazos, luego se volvió hacia mí y me besó profundamente en la boca –Me alegra que estés en casa. También te extrañé –me susurró al oído y fácilmente reconocí el alivio en su voz.

–¡Ew! –chilló Grace.

No pude evitar sonreírle.

–¿Ahora por qué ese 'ew'?

–Papi y mami Meghan también hacen eso. Es asqueroso –su rostro se torció en una mueca de disgusto.

–Lo tendré en cuenta –bromeé y luego besé a Edward de nuevo. El rostro de Grace adquirió una expresión exasperada. Edward rio ligeramente mientras tomaba su maleta y nos llevó hacia el Volvo. Gentilmente puso a Grace en el asiento trasero y le puso el cinturón de seguridad, ella rio por su caballerosidad.

–¿Quien tiene hambre? –le preguntó a Grace por el espejo retrovisor.

–¡Yo tengo mucha hambre! –respondió Grace.

Recordé cómo Edward solía recordarme que comiera cuando aún era humana. De alguna manera, era como si hubiéramos cerrado el ciclo. Edward estaba muy cómodo con mi pequeña niña y ella lo adoraba. Pensé en la primera mañana que se quedó conmigo y me vio desayunar y en las veces que él me había cocinado. Mi corazón se llenó de alegría porque el amor en su corazón ahora se extendía a nosotras dos.

Edward parqueó en el restaurante más cercano al aeropuerto y Grace quedó encantada porque tenían un área de juegos en el interior. Nos escoltó a las dos y su mano encontró su camino a la parte baja de mi espalda. Grace sostuvo mi mano con fuerza, su emoción se volvió palpable cuando fuimos recibidos por el sonido de niños jugando.

Edward pidió suficiente comida para tres. Todavía sentía que Grace era demasiado joven para comprender que su madre ya no necesitaba comida y que definitivamente no estaba lista para que ella comprendiera lo que hacía para alimentarme. Eso vendría más adelante. Fingiría con gusto que comía por su bien y Edward se sentía de la misma forma.

Grace comenzó a comer, pero no podía apartar los ojos de los otros niños que jugaban en la zona de juegos. Sabiendo que una vez que estuviéramos en casa, ella no tendría otra oportunidad de jugar con niños de su edad, le hablé.

–Grace, cariño, ¿por qué no vas a jugar? Puedes terminar el resto de tu comida en un momento

–¿De Verdad? –preguntó mientras se deslizaba de su asiento y comenzaba a saltar hacia la zona de juegos. El brillo en sus ojos era imposible de resistir.

Noté que mi cara se estiraba con una amplia sonrisa y asentía, mientras ella se lanzaba hacia el tobogán. Ella habló emocionada con otros niños. Oí que la silla de Edward se acercaba más a la mía.

–Ella ha crecido –señaló.

¿Alguna vez se escapaba algo de su aguda vista?

–Sí. No estoy segura de que algo en su closet todavía le quede –pensé con nostalgia en el vestido color lavanda en su guardarropa y me di cuenta de que debía haber crecido en los últimos meses –Tendremos que comprarle cosas nuevas

–Estoy seguro de que eso simplemente matará a Alice –bromeó Edward sarcásticamente –¿le dijiste a Grace que la llevarías de compras esta semana a buscar un vestido de novia?

Asentí y mis ojos se fijaron en mi pequeño milagro, mientras Edward acariciaba mi cuello. Me volví para mirarlo, mientras mis dedos amorosamente le quitaban el pelo de los ojos.

–Le dije en el avión. Está muy emocionada. Es mucho más femenina que yo –agregué. Hice una mueca cuando pensé en Alice poniéndome dentro y fuera de los vestidos, pero al final, todo valdría la pena.

Continuamos viendo a Grace jugar, tomados de la mano. Escuché que se aclaraba la garganta, lo que me hizo mirarlo.

–Olvidé mencionar esto antes –comentó Edward con una risita, mientras ponía un cabello suelto detrás de mi oreja –Alice está un poco molesta contigo

–Oh –lo miré, arqueando las cejas con fingida curiosidad –¿Por qué? –respondí con indiferencia, aunque estaba bastante segura de saber la respuesta a eso.

–No puede tener una idea clara de qué vestido elegirás y eso la está volviendo loca. No estarás usando ese don tuyo para mantenerla fuera de tu bella cabecita, ¿o sí? –acusó, aunque la sonrisa en su rostro era perversa.

Puse una mano sobre mi corazón inmóvil, todavía fingiendo completa y total inocencia.

–Nunca le haría eso a mi hermana favorita, Edward –bromeé.

–Sigue así, amor. ¡Es refrescante ver a otra persona tan frustrada como yo por no poder leerte! –me susurró Edward, antes de mordisquearme discretamente el lóbulo de la oreja, haciendo que mi estómago se volteara.

Después de trabajar en controlar mi don en los últimos meses, finalmente descubrí cómo mantener ciertas cosas privadas para Alice. Con una simple manipulación de mi don, podría mantener ciertas cosas ocultas, lo que sabía que la frustraba. Si podía mantener a Alice fuera de mi futuro, Edward tampoco sabría nada. Edward sabía que había perfeccionado esa parte de mi "don", y aunque pensaba que era maravilloso, me pidió que no la mantuviera completamente fuera de mi futuro hasta que viviera con él. Él argumentó que no estaría a salvo. No discutí este punto con él, ya que, aunque no necesitaba su protección, esa conversación era inútil. Para mantenerlo feliz, tuve cuidado de esconderle cosas simples, y un vestido muy importante era una de esas cosas. Quería ocultarle el vestido a Edward el mayor tiempo posible. Él podría tener una idea, pero incluso él, no sabría el vestido exacto hasta que yo caminara por el pasillo hacia él.

Devolviéndome al momento presente, vi a Grace corriendo hacia nosotros y su sonrisa hizo que mi corazón endurecido saltara. Cogió algunas papas fritas y se apresuró a tomar un poco de su bebida antes de besar mi mejilla y salir corriendo otra vez. No pude evitar suspirar de satisfacción.

Edward se inclinó hacia mí y me susurró al oído.

–Ella es realmente feliz. Sus pensamientos son alegres y cambia tan rápido de un pensamiento feliz a otro que me dan ganas de reír a carcajadas –sonreí y me apoyé en él. Las palabras eran innecesarias mientras la observábamos correr.

Nos quedamos un rato más, disfrutando de la risa de Grace y finalmente, volvimos a casa. La Range Rover ya estaba estacionada esperándonos y Alice salió corriendo de la casa cuando oyó que nos acercábamos en el Volvo. Pude ver su feliz impaciencia mientras esperaba en el pequeño porche. Ahora me recordaba a Grace en el aeropuerto mientras esperábamos nuestro turno para bajar del avión.

–¿Por qué tardaron tanto? –preguntó Alice, pero podía decir que ya sabía dónde habíamos estado. Ella solo nos estaba siguiendo la corriente por el bien de Grace.

–¡Sra. Alice! –gritó Grace cuando vio a su tocaya esperándonos en la puerta de entrada.

Edward nos ayudó a las dos a salir del auto, antes de entregarme a Grace. La acuné contra mi pecho antes de entregársela ceremoniosamente a Alice, que ya no podía contenerse más y había corrido hacia el automóvil tan lenta y humanamente como le fue posible.

Todos te extrañamos, pequeña –le susurró Alice al oído, lo que trajo una gran sonrisa a la cara de mi hija –¡Grace! –exclamó Alice alegremente –¿dónde está tu diente? –ella la levantó más alto –¿Está por aquí? –Grace negó con la cabeza –¿está en tu bolsillo? –Grace soltó una risita y negó con la cabeza otra vez –¿A dónde fue?

–Se cayó para que uno nuevo pueda crecer –dijo Grace de manera importante.

–Bueno, te vas por unos meses y regresas prácticamente convertida en una dama –suspiró Alice. Grace rio de nuevo y todos nos dirigimos hacia la casa.

Al llegar al porche, Grace se revolvió para que la pusieran en el piso, y una vez que sus pies tocaron el piso, básicamente se arrojó hacia Rosalie y Esme, quienes parecían estar más que felices de verla. Estaba un poco exasperada porque mis nuevas hermanas y mi madre le hubiesen dado más regalos a Grace. Era obvio que simplemente estaban emocionadas de verla de nuevo.

Entramos en la casa, solo para ver que se había transformado en un improvisado vestier donde había estado mi escasa sala de estar. Sombreros, tiaras, collares, guantes y todas esas cosas femeninas estaban arregladas ordenadamente, simplemente esperando a ser tomadas y examinadas por un torbellino. En poco tiempo, Alice y Rosalie dejaron que Grace las cubriera con boas de plumas y un montón de joyas. Le devolvieron el favor y pronto comenzó una elaborada fiesta de té completa con risitas y susurros. Grace la estaba pasando maravillosamente. Rosalie se adelantó para "rellenar" la taza de Grace cuando Grace la agarró de la muñeca.

–¡Tía Rosalie! ¡Eso brilla más que cualquier otra cosa que haya visto!

Rosalie miró su muñeca y sonrió. Era el brazalete de diamante del tamaño de una pelota de tenis que Emmett le había regalado un día de san Valentín. Echó un vistazo a Alice, quien negó con la cabeza ligeramente. Rosalie se encogió de hombros, desenganchó el brazalete de su agraciada muñeca, antes de envolverlo dos veces alrededor de la muñeca de Grace, para ajustarlo a su tamaño.

–Puedes quedártelo –ella sonrió suavemente mientras soltaba el brazo de Grace. Grace se sentó sonriendo ante el brazalete, con los ojos muy abiertos por la sorpresa.

–Emmett –comenzó Alice, pero Rosalie la interrumpió.

–Lo entenderá –ella miró amorosamente a Grace.

–Rosalie –salté y mi tono tenía un sutil reproche.

–Bella –suplicó ella y su tono coincidía con el mohín gigante de su labio inferior.

–¿Qué se dice, señorita? –concedí, preguntándome cómo iba a explicarle esto a Jacob más tarde.

–¡Oh, gracias tía Rosie! –dijo Grace mientras se levantaba lentamente de su silla, sosteniendo su muñeca ligeramente. Se movió suavemente alrededor de la mesa y le dio a Rosalie un abrazo con un solo brazo, sin apartar la vista de su brillante brazo.

Charlamos un rato antes de que fuera tiempo de que Grace volviera a comer. Esme había tenido la amabilidad de ir a la ciudad a comprar algunas cosas de comer, cosas que yo podía cocinar simplemente siguiendo las instrucciones en la caja. Edward ayudó y recordé cómo me había preparado la cena antes del baile de secundaria. Parecía surrealista y natural a la vez, cocinar para mi niña, como si los últimos tres años nunca hubieran sucedido.

Las tres mujeres Cullen se excusaron antes de la cena, mientras Edward ponía la mesa. Nos sentamos a comer, mientras Grace nos entretenía con historias de lo que había hecho en la escuela y en casa desde la última vez que la vimos. Jacob puede haber dicho que ella era como yo, pero su franqueza y sentido del humor eran inequívocamente un rasgo que heredó de su padre.

Cuando terminó la cena, Grace intentó sofocar el bostezo que escapó de su pequeña boca.

–Parece que alguien está cansada –dije suavemente.

Grace negó con la cabeza con vehemencia, tratando de ocultar lo que ya sabíamos, mientras que Edward usó su mano para cubrir la sonrisa que invadía su rostro. La mirada que me lanzó me hizo saber que él podía leer sus pensamientos, mientras que su gesto apenas perceptible hacia mí confirmó lo cansada que estaba.

–No estoy cansada, mami. ¿No puedo quedarme despierta un rato más? –suplicó ella.

–Grace cariño, entre más temprano te acuestes, más rápido llegará la mañana y podremos ir de compras con Alice, Esme y Rosalie –le sonreí tiernamente.

Sus ojos se agrandaron de alegría cuando se dio cuenta de lo que quería decir.

–Bien, pero ¿me arroparás y me leerás un cuento antes de irme a dormir?

Asentí, me mostró una sonrisa y su brillante sonrisa me recordó mucho a Jacob.

–Voy a limpiar aquí. Tómate tu tiempo –murmuró Edward, antes de besar mi sien con amor.

La seguí por las escaleras y sus elegantes piernas la llevaron suavemente hasta el segundo piso. Gracias a Dios, ella heredó el atletismo de su padre. Durante nuestras conversaciones, Jake me dijo que aunque Grace era como yo en muchos aspectos, su ADN era lo primero y más importante en lo que se refería a su forma de andar. Él no podía recordar la última vez que se había raspado las rodillas, lo que me aliviaba, ya que ella pasaría tiempo con mi nueva familia y conmigo los próximos años.

Ayudé a mi niña a ponerse la pijama, mientras escuchaba su charla entusiasmada sobre su semana antes de la nuestra, antes de retirar las sábanas y ayudarla a acomodarse. Le quité algunos mechones de pelo de la frente, antes de abrazarla con fuerza. Saqué uno de sus libros favoritos de la estantería y comencé a leer, pero su rápido latido me hizo saber que ella no estaba cerca de quedarse profundamente dormida.

Antes de que pudiera alcanzar otro libro, escuché claramente a Edward volver a abrir la tapa del el piano en la sala, antes de sentarse en el banco. Las notas de mi nana llegaron al segundo piso donde los ojos de Grace mostraron su entusiasmo al escuchar a Edward tocando el piano para las dos.

–Mami, esa es la canción que sonaba en navidad, ¿no es así? –preguntó ella.

Pude escuchar al instante que los latidos de su corazón comenzaban a disminuir a un ritmo más pacífico, mientras sus párpados empezaban a cerrarse. Su respuesta a esta canción era la misma que yo tenía cuando aún era humana.

–Sí, cariño, es esa. Ahora, duerme y Edward seguirá tocando hasta que llegues a la tierra de los sueños –sabía que Edward podía escuchar nuestra conversación y continuó tocando.

Grace tomó mi mano y me acurruqué más cerca de ella en la cama hasta que se quedó dormida.

Antes de arroparla por última vez, le sonreí a mi hija, una vez más agradecida por el tiempo que pasaba con ella después de haber estado separadas por tanto tiempo. Cada momento aprendía nuevos datos interesantes sobre mi precioso regalo: mi hija.

Encendí su luz de noche, antes de encontrar el camino hacia el primer piso donde Edward todavía estaba tocando con sentimiento. La expresión en su rostro era impresionante, mientras sus dedos producían una melodía dulce e inquietantemente hermosa. Se giró hacia mí y su hermoso rostro tenía esa sonrisa especial que usaba únicamente para mí.

–Hola –susurré.

Siguió tocando, aunque sus pies disminuyeron el volumen de las notas.

–Hola, a ti –respondió, con sus ojos mostrando únicamente amor y ternura –está profundamente dormida, soñando con papas fritas y vestidos con vuelo

Asentí, mientras Edward se movía a un lado, haciendo lugar para mí. Siguió tocando durante unos minutos, antes de que me envolviera con sus brazos, tarareando la misma melodía en mi oído. Pasamos el resto de la noche susurrando entre nosotros sobre nuestras esperanzas y sueños para el futuro, un futuro que ahora incluía a la pequeña niña en el piso de arriba, que de vez en cuando murmuraba dulces nimiedades sobre las nanas y mi nueva palabra favorita: –mami

La mañana del día siguiente llegó, la niebla de la lluvia no afectó para nada nuestro entusiasmo. El celular de Edward sonó repetidamente antes de guardarlo. Alice estaba ansiosa por comenzar nuestro día y cuando ella anunció imperialmente que llegaría antes de que el sol, que no se veía, saliera, Edward decidió contestar. Rápidamente le recordó a Alice que Grace necesitaba dormir y que podría llegar mientras ella desayunaba, pero solo si estaba dispuesta a compartir el cereal de chocolate favorito de Grace en la mesa de la cocina. Alice resopló y dijo que podía esperar un poco más.

Edward me besó antes de irse. Siempre siendo el caballero perfecto, no quería que Grace tuviera la impresión de que él se había quedado anoche, sin importar cuán inocente hubiera sido nuestra noche. Nos habíamos turnado parados en la entrada de su habitación para observarla dormir, antes de regresar a la sala para hablar sobre la planeación de la boda o temas al azar.

Edward mencionó la sonrisa tonta que tenía grabada en piedra en mi cara.

–No puedo evitarlo. Estoy tan feliz de que ella esté aquí –respondí.

Edward no dijo nada, en cambio, envolvió su brazo alrededor de mí con fuerza e inhaló, su cuerpo relajado me hizo estar aún más aturdida de agradecimiento.

Alice, Rosalie y Esme llegaron un poco antes de las nueve. El automóvil apenas se había detenido antes de que Alice saliera precipitadamente, su entusiasmo fue evidente cuando apenas logró moverse a ritmo humano. Estaba murmurando algo acerca de puentes abiertos y luces rojas con su sonrisa impresionante en su lugar todo el tiempo. Pude ver cómo maquinaba en su mente, estoy segura de que está llena de planes para el día que empezaba.

Alice y yo habíamos hablado extensamente acerca de la planificación de la boda y ella me había asegurado que en su mente, todos los detalles importantes ya estaban definidos. Simplemente estábamos haciendo actividades para Grace, así, ella podría ser parte de este día tan importante.

Nos sentamos en la Range Rover de Esme, con Grace sentada de forma protectora entre Rosalie y Alice en el asiento trasero. Si había pensado que Edward había sido protector conmigo hace diez años, no era nada comparado con la posición feroz de Alice y Rosalie cuando se trataba de cuidar a Grace. Tuve la certeza de que, si hubieran tenido la oportunidad, ambas habrían sido excelente madres. Grace estaba por encima de la luna por estar con sus "tías" y "abuela" en una visita prolongada.

Grace nos mantuvo entretenidas con historias de la reserva y la escuela, mientras que Rosalie jugaba con su pelo y con Alice, incapaz de apartar los ojos de mi pequeño milagro, pendiente de cada una de sus palabras. Esme sonrió al escucharla y sus ojos frecuentemente se clavaban en su nieta en el asiento trasero a través del espejo retrovisor, conversando emocionada con la niña que había cautivado su corazón por completo. Los kilómetros pasaron rápidamente mientras todas nos reíamos y disfrutábamos de nuestra pequeña excursión.

Llegamos al exclusivo salón nupcial, con sus altas puertas de cristal que nos llamaban a entrar con el encanto de todas las telas de tul, seda y acabados a mano de los que Alice seguía hablando, esperando a ser tocados y probados. Grace trepó por el regazo de Rosalie y salió del automóvil para mirar el escaparate que contenía una bella exhibición de vestidos para niña con flores en una gran variedad de tonos pastel.

–¡Mami, mira! Es lavanda –dijo Grace. Ella estaba emocionada señalando un vestido de seda frágil en la ventana en el más hermoso tono de púrpura pálido. Este era aún más bonito que el vestido que había estado colgado en su armario en la casa desde nuestra reunión. Ya podía imaginarla caminando por el pasillo frente a mí con su cabello recogido y puesto en su lugar con flores frescas. Flores... Grace también podría ayudar a elegirlas. No pude evitar la sonrisa que invadió mi cara.

–Oh, no –Alice gimió en silencio detrás de mí.

–¿Alice? –cuestioné

Alice me miró, su rostro era una mezcla de desilusión y resignación.

–Ya tenía una visión de cómo se vería la boda, o más bien, de lo que todos usaríamos. Ahora todo ha cambiado –se lamentó en voz baja.

Antes de que pudiera decir otra palabra, la manita de Grace encontró la de Alice.

–¿Te gusta, tía Alice? –preguntó Grace con su cara inocente obviamente derritiendo los ojos grandes y dorados de mi hermana de pelo con puntas hacia todos lados.

Te verás hermosa con ese vestido. Vamos a ordenarlo en este momento, pequeña –Alice gentilmente apretó la mano de su sobrina y la condujo hacia la puerta principal.

Envolví mi brazo alrededor del hombro de Alice y le susurré al oído.

–Gracias por ser tan comprensiva, Alice

Alice me miró mientras Esme ayudó a girar a Grace por la habitación con su cara feliz absorbiendo todo lo que veía a su alrededor.

Bueno, lavanda no está tan alejado del plan original. Y –añadió con énfasis –ella se verá hermosa en ese vestido. Ya lo he visto –ella me guiñó un ojo.

Rosalie encontró su camino hacia la cantidad de zapatos exorbitante en exhibición, tomando unos tacones de tiras bastante delicados, mientras que Alice se dirigió al estante más cercano de hermosos vestidos de dama de honor con la nueva muestra de color en la mano mientras ojeaba los estantes de vestidos. Me quedé atrás, contenta de ver cómo se desarrollaba la escena frente a mí. Parada allí, con lo que debe haber sido una mirada desconcertada en mi rostro, salté un poco cuando sentí un golpe en mi hombro.

–Bueno, no olvidemos que estamos aquí para encontrar algo hermoso para ti para ese día –me volví para ver a Esme sonriéndome, sosteniendo a Grace en sus brazos.

–Sí, mami. Encontremos un vestido bonito –ella se movió para que la pusieran en el piso y Esme rápidamente obedeció. Ella agarró mi mano y corrió conmigo detrás de ella. Se detuvo de repente frente a un armario abierto, que estaba repleto de telas que fluían en todas las tonalidades de blancos y marfil que llamaban a ser tocadas y exploradas.

Sintiendo un leve tirón donde nuestras manos se unían, miré hacia abajo para ver los ojos marrones de Grace mirándome.

–Son todos tan bonitos. Me gusta este –Grace tiró de uno con encaje, que tenía cuentas y lentejuelas. Me encogí interiormente ante la idea de parecer un cup cake. Ella me miró con lo que habían sido mis ojos humanos –¿Cuál te gusta, mami?

Echando un vistazo a la gran variedad de vestidos que tenía ante mí, en ese momento me di cuenta de lo importante que era este vestido para mí. Nunca me había importado la ropa, pero este viaje de compras era completamente diferente. Quería que el comienzo oficial de mi nueva vida con Edward fuera hermoso y más importante aún, quería verme hermosa para él. Sin embargo, no tenía idea de por dónde comenzar. Las opciones eran demasiado abrumadoras.

Edward y yo hablamos sobre nuestra boda cuando estuvimos de vacaciones juntos y me propuso matrimonio. Yo estaba feliz de escaparnos o hacer algo pequeño sin el alboroto tradicional que venía con la mayoría de estos eventos. Cuando expresé mi opinión, de inmediato sentí que Edward se entristeció. Él quería celebrar este nuevo y emocionante comienzo con todos los detalles tradicionales, pero no me presionaría con sus deseos. Como siempre, Edward quería que yo fuera feliz. Él me lo dijo, me besó en la frente y me dijo que estaba contento con lo que yo eligiera. Fue una decisión simple de tomar, yo había encontrado algo de felicidad en mi vida, mientras que Edward apenas había existido mientras estuvimos separados. Tendríamos la boda que él deseaba, estoy segura que una al estilo de sus años humanos y lo que hubiera sido apropiado a principios del siglo XX.

Sacudiéndome de mi estado de preocupación, Alice, Rosalie y Esme nos rodearon, cada una agarrando vestidos de los estantes. Grace señaló algunos que le gustaban y Alice los agarró también, mientras Rosalie ahuyentaba al vendedor. Antes de darme cuenta, me hicieron entrar y salir de los vestuarios, algunos vestidos fueron catalogados como 'opciones', mientras que otros eran rápidamente devueltos a los estantes, esperando a que otra novia afortunada los escogiera como su vestido perfecto. Sí, por increíble que suene, estaba buscando el vestido perfecto. ¡Cómo han cambiado los tiempos!

Justo cuando estaba convencida de que encontrar mi vestido ideal era imposible, los hábiles dedos de Rosalie cerraron la cremallera del vestido actual en su lugar, seguida de su rápido trabajo con los botones que adornaban la parte posterior del voluminoso vestido. La habitación de repente quedó en silencio. Alisé los pliegues planos de la falda y me miré al espejo, mi mirada se posó en los cuatro pares de ojos que me miraban.

–Déjenme adivinar... ¿un desastre? –tímidamente levanté mis ojos para mirar mi reflejo en el espejo y los sentí ensancharse por lo que vieron.

Sabiendo que ser pequeña limitaba mis elecciones en términos de vestimenta, me sorprendió que la suave tela y las elegantes líneas del vestido no fueran para nada abrumadoras. El cuello de retrato recogido del hombro enmarcaba mi rostro y hacía que los ángulos de mi mandíbula se suavizaran, resaltando mis ojos y lo que Edward describía como mis labios carnosos. Rosalie apresuradamente recogió mi cabello, lo sujetó y quitó de mis hombros, asegurando la masa pesada con unos ganchos, antes de poner un largo velo de tul de seda cerca de mi nuca. Sabía que yo no estaba respirando y la voz más pequeña que jadeó a mi lado me sacó abruptamente de mis pensamientos.

–Mami, eres tan hermosa –susurró Grace en voz baja, eran las primeras palabras pronunciadas durante lo que pareció una eternidad. Bajé la mirada hacia mi mini mi, y vi sus manos acercándose vacilantes hacia la falda con sus dedos trazando las delicadas cuentas relucientes que adornaban la pretina y el corpiño, el único adorno en el vestido que de otro modo sería simple.

–Ella tiene razón, Bella. No creo que tengamos que seguir buscando. No estoy segura de que Edward sepa qué pensar cuando te vea caminar hacia él por el pasillo. ¿Qué piensas? –Esme esponjó la falda, mientras sostenía mi mirada en el espejo. Sus ojos estaban serenos, pero centelleaban con alegría silenciosa.

Sabía que mi decisión estaba hecha... pero no iba a dejar que Alice supiera eso.

–Ciertamente es una posibilidad, Esme. Pongámoslo en la lista

La última semana de la escuela finalmente llegó, y con ella, la tranquilidad de los estudiantes y del personal por igual. Siempre pensé que los profesores lo tenían tan fácil; vacaciones largas, sin tardes ni fines de semana, y lo más importante: vacaciones de verano. No fue hasta que pasé mis primeros años enseñando en la reserva que comprendí completamente lo que era estar en el campo de la educación.

Ser una profesora, que también era vampiresa (ese pensamiento todavía me hacía reír a veces) a veces era incluso más difícil. La idea de mantener mi coartada, trabajar y ser gentil con los pequeños humanos que me rodean me hacía sentirme ansiosa y un poco recelosa de cada acción y actividad en la que participaba.

Ahora que Edward había vuelto a mi vida y nuestro futuro estaba justo frente a nosotros, estaba más que lista para que comenzaran las vacaciones de verano. Solo nos quedaban unos días de escuela y luego podía recoger a Grace y pasar la semana con ella antes de la boda. Cada célula de mi cuerpo estaba llena de energía, anticipando los momentos felices antes de que ella me guiara por el pasillo para encontrarme con Edward en el altar.

Mi mente estaba tan concentrada en esos pensamientos felices que casi ignoro el sutil clic de la perilla en la puerta de mi salón cuando la puerta se cerró.

No necesitaba oler el horrible olor de Gerry para saber que él estaba detrás de mí. Pensé: ¿Y ahora qué? pero el abrumador olor a alcohol casi me detuvo en seco.

Sabía que Gerry era un imbécil, pero nunca esperé que bebiera en el trabajo, incluso con todos los estudiantes ausentes durante el verano.

–Entoncesss… ¿te vas a casar con ese imbesil? – su lengua parecía haberse trabado en la "l".

En mi indignación, di media vuelta, solo para descubrir que Gerry estaba tan cerca de mí que podía ver el patrón de su piel, sus poros se veían aún más grandes y evidentes de lo que solían ser. Estaba más ansiosa por el hecho de que me tenía acorralada. Gerry me tenía atrapada en el otro extremo de la habitación, el más alejado de la puerta. Eso, junto con la idea de que no estaba segura de cómo podía salir de esta situación sin que él descubriera que algo no está del todo bien conmigo, me hizo pensar a toda velocidad.

Sus ojos se entrecerraron, sus cejas estaban tan juntas que apenas podía ver las frías y amarillentas iris que normalmente recorrían mi cuerpo haciéndome sentir expuesta e incómoda. La inquietud por su proximidad me estaba haciendo entrar en pánico, esa sensación se multiplicó por diez, cuando volvió a hablar.

–Sabes –comenzó y su tono era oscuro y amenazante –he sido muy paciente. Sentí pena por ti, te di trabajo y he actuado de manera diferente a como siempre lo hago para asegurarme de que mantuvieras tu lugar aquí. Intenté ser amigable, pero no has hecho nada por demostrar ningún tipo de aprecio por todo lo que he hecho por ti –se inclinó más cerca de mí mientras yo trataba frenéticamente de pensar en alguna forma de escapar –Creo que en este punto, es más fácil mostrarte de lo que te estás perdiendo antes de casarte con ese idiota y arruinar todo –su mano agarró mi cadera e intentó tirar de mí hacia sus labios que esperaban. Mi estómago se hundió mientras trataba frenéticamente de mantener sus manos a raya sin lastimarlo.

Los labios de Gerry se fruncieron hacia los míos y el olor a vodka, generalmente inodoro para los humanos, era abrumador. Mientras todavía intentaba encontrar una forma de salir de su trampa sin exponer mi naturaleza no humana, Gerry salió de mi línea de visión directa y se estrelló contra la pared. Mis ojos captaron el rápido trabajo de Edward al tomar el brazo de Gerry, retorcerlo detrás de él y alejarlo de mí lo más rápido posible. Era obvio que Edward no estaba preocupado por exponer sus habilidades como vampiro.

Puse una mano sobre su hombro, tratando de calmarlo.

–Edward, podrías hacerle daño –le susurré, demasiado bajo para que Gerry no oyera.

–Eso planeo –siseó en voz baja. Edward volvió su atención a su adversario –no tienes derecho a tocarla –le ladró a Gerry, cuya cara ahora estaba aplastada contra la pintura de la pared de la habitación. Edward apretó su agarre y el sonido bajo del hueso de Gerry protestando por la posición antinatural en la que estaba ahora llegó fuerte y claro.

–¡Suéltame! –ladró Gerry, aunque la valentía era evidente en su voz. Luchó en vano por soltarse del agarre de Edward, lo que hizo que mi prometido apretara aún más fuerte. En ese momento, la superintendente del distrito entró con su cara cuestionando la escena frente a ella.

–¿Qué está pasando aquí? –preguntó ella rápidamente.

Edward no soltó su agarre. En cambio, respiró hondo, tratando de calmar su enfurecido comportamiento.

–Su empleado estaba atacando a mi prometida –murmuró en voz baja y pude sentir el pánico en forma de adrenalina que emanaba de la superintendente Birch.

–Tal vez deberías soltarlo ahora –respondió ella. Su voz era tranquila y tensa, pero autoritaria.

–No –el tono de Edward era inquietantemente calmado y mortal –él no se va a salir con la suya –argumentó.

Desde mi punto de vista, pude ver los habituales ojos ámbar de Edward negros de ira, así que lo intenté de nuevo.

–Edward, cariño, puedes soltarlo. Podemos hablar de esto lógicamente –razoné con calma.

–¿Cariño? ¿Eres una idiota? ¿No entendiste nada de lo que acabo de decirte? –Gerry me gritó con su tono incrédulo. Sus acciones no hicieron más que efurecer aún más a Edward, quien apretó su agarre. Pude escuchar la pequeña rasgadura del músculo, lo que hizo que Gerry aullara de dolor.

La Sra. Birch se apresuró hacia el teléfono del salón, marcando rápidamente 911. Mientras ella hablaba con la policía, Edward miró en mi dirección con su cara llena de ira.

–Edward, puedes soltarlo –hablé en voz baja.

–Y maldita sea, sí que puedo hacerlo –dijo entre dientes.

Solté un suave suspiro, tratando de encontrar una forma de salir de esta situación. Con la policía en camino, esto se complicaría rápidamente. La voz de Edward me sacó de mis pensamientos.

–¿Estás bien? –preguntó y su voz era más suave, pero sus manos eran todo menos eso. Su postura aún tenía a Gerry pegado a la pared, que estaba comenzando a gimotear patéticamente por el dolor en su brazo y hombro. Edward nuevamente giró su cabeza en mi dirección con sus ojos llenos de preocupación.

–Estoy bien –le aseguré.

–Lo siento –murmuró.

–¿Por qué? –interrogué, mirando y escuchando a la Sra. Birch mientras continuaba su llamada telefónica con los servicios de emergencia, sus ojos se movían de un lado a otro entre la habitación y la ventana del estacionamiento. Pude oír cómo describía el edificio en el que las autoridades podían encontrarnos y su tono los animaba a que se apresuraran.

Edward miró al todavía retorcido Gerry, antes de mirarme.

–Sé que puedes cuidarte sola. Pero Alice vio que algo pasaría, algo relacionado con Gerry y contigo, pero él seguía cambiando de opinión. No estábamos seguros de lo haría, de lo que era capaz. Cuando llegué al estacionamiento, los pensamientos que salieron de él me hicieron actuar rápido. Me tomó todo mi autocontrol el no correr aquí y arrancarle la cabeza –apenas controlaba el rugido en su pecho.

Asentí, comprendiendo que Edward y el autocontrol que tenía con respecto a mi seguridad no eran exactamente sinónimos. Puse una mano sobre su hombro, haciéndole saber que estaba escuchando. La línea dura de su mandíbula comenzó a suavizarse mientras él seguía hablando.

–No podía soportar los repugnantes pensamientos de él... –tartamudeó –... las ideas que tenía sobre ti. Y cuando entré y vi que él te estaba tocando y amenazando –se detuvo y negó con la cabeza y su expresión era de repulsión.

–No sabía cómo escapar sin exponerme, exponernos a todos –le susurré en respuesta.

La esquina del labio de Edward se levantó levemente.

–Podrías haberlo deslumbrado –se rió en voz baja. El sonido de las sirenas se escuchó a varios kilómetros y la sonrisa de Edward se ensanchó –ahora está preocupado –susurró.

La situación se convirtió rápidamente en un caos organizado. La policía llegó y nos interrogó por separado; Gerry fue puesto bajo custodia cuando sus amenazantes y ebrias observaciones y amenazas se extendieron a la policía. Me dijeron que sería contactado por el fiscal del distrito para dar mi declaración y ser un testigo.

Cuando todos se fueron, Edward me ayudó a organizar el resto del salón para el verano.

–¿Estás segura de que estás bien? –Preguntó Edward con su mano extendiéndose para tomar la mía mientras guardaba los libros para la limpieza –Has estado muy callada

Lo miré y me concentré en sus ojos, una vez más eran de ese oro fundido del que me había enamorado años atrás.

–Solo estaba pensando en algunas cosas

–¿Cómo cuáles?

–Este caso criminal podría complicarse mucho. ¿Qué pasa si los Vulturi lo descubren? ¿Y si pasa a ser noticia nacional y afecta a Grace? –mi preocupación se multiplicaba tan rápido como salían las palabras.

–No creo que tengas que preocuparte por eso –respondió Edward.

–¿Cómo puedes decir eso? –Disparé, empezando a mostrar mi ansiedad.

–Bella, resolveremos todo. Alice puede ayudar, su don es muy útil en situaciones como esta –ofreció.

–Pero puede cambiar con la decisión de cualquier persona –respondí.

Él tomó mis manos en las suyas.

–Bella, escúchame. No quiero que pienses en nada más que recoger a Grace mañana y que nos casaremos en una semana. Mi familia y yo lidiaremos con Gerry, si nos lo permites. Somos una familia, lo solucionaremos juntos –el tono tranquilizador de su voz estaba empezando a calmar mis nervios.

Pero mi cabeza comenzó a nadar con detalles.

–Tienes razón. Pero hay otras cosas –ofrecí.

–¿Cuáles?

–Por lo menos, no puedo seguir trabajando aquí. Ya es bastante duro ser diferente y tener que caminar y escuchar esos comentarios sobre mí hará que sea imposible –me quejé.

–Bueno, no tienes que trabajar en absoluto, a menos que quieras hacerlo. Te cuidaré a ti y a Grace. Quizás necesites un descanso –razonó, pero no pude ignorar la chispa de esperanza en su voz.

Pensé en la idea de pasar algo de tiempo con Edward, sin restricciones por la prisa de la vida cotidiana con un trabajo regular y todas las responsabilidades que venían con él.

–Quizás tengas razón. Además, lidiar con algunos de estos padres, especialmente las madres, es difícil –le ofrecí.

–¿Cómo es eso?

–Cuando las veo, es como si me siguieran con antorchas y trinches –bromeé.

Terminamos de organizar rápidamente y Edward y yo nos dirigimos al auto cuando comencé a reír.

–¿Qué es tan gracioso? –preguntó Edward, mientras su mano serpenteaba alrededor de mi cintura.

–Tu voz enojada no es muy diferente de cómo sonaba en mi cabeza –respondí.

Edward se detuvo y me miró.

–¿De qué estás hablando exactamente?

Me di cuenta demasiado tarde de que había dicho demasiado.

–Nada. Olvida que dije algo –seguí caminando, tratando de cambiar de tema. El brazo de Edward alrededor de mi cintura se detuvo en seco.

–No vas a ir a ningún lado hasta que me expliques lo que acabas de decir –me susurró al oído.

Apoyándome en su abrazo, demasiado avergonzada como para mirarlo a los ojos, le conté sobre mi temerario comportamiento después de que él se fuera, esos subidones de adrenalina que me ofrecían escasos momentos en los que podía escuchar su voz, incluso si la voz estaba enojada conmigo por no poder cumplir mi promesa. Edward escuchó pacientemente, hasta que terminé. Girándome para finalmente mirarlo, no pude descifrar la mirada en sus ojos.

–Así que –terminé –es bastante obvio que era un desastre cuando te fuiste, estaba escuchando tu voz y ni siquiera estabas allí y me estaba poniendo en peligro para escucharla. Patético –ofrecí.

Edward me tomó en sus brazos, su abrazo era cálido, pero apretado y posesivo.

–Lo único patético fue haberte dejado, pero nunca te dejaré ir otra vez. Tú y Grace son toda mi vida ahora. No lo olvides nunca –siguió guiándome hasta el automóvil y rozó mi frente con sus labios.

Sabiendo que lo tenía a él y a su corazón para siempre, sabía que nunca lo olvidaría.

Gracias por leer!