-¡Está muerta! Tani ¡Despierta por favor! ¡Que hiciste tonta!

Los Spencer llamaron al doctor.

-Doctor, no diga que se suicidó, sería un escándalo para nuestra familia.

-¿Y qué voy a escribir en el acta de defunción? Una mujer joven…

-Diga que tenía un padecimiento crónico, todo Londres hablará de nosotros si se enteran que se suicidó-trataban de convencerlo Mark y sus padres-Doctor, será bien recompensado.

Le dieron una bolsa que contenía varias monedas de oro, el doctor la tomó y la guardó en su maletín, escribió: la señora Tania Spencer murió por causas naturales tenía un mal cardiaco.

Al día siguiente Anthony y el conde Lambert desayunaban juntos.

-Anthony, quiero que ayudes a Candy a salir de la depresión, ella sufrió un accidente casi muere, al parecer tu tío trató de abusar de ella en esa granja que tenían, forcejearon y hubo un incendio.

-¡Desgraciado! ¡Que se pudra en el infierno!-exclamó Anthony sintiendo que le hervía la sangre

-No será por ahora, el en realidad no está muerto.

-¿Qué ha dicho? ¡Pero ella está guardando luto! No entiendo.

-Le hicimos creer que William murió en ese incendio, el también cree que ella está muerta.

-Señor August, si Candy se entera que mi tío vive, es capaz de no perdonarnos, era mejor que no me dijera nada, me está haciendo cómplice de esa mentira.

-Cuando se dé cuenta de la verdad tú estarás casado con ella, tienes todo mi apoyo para que la enamores, te prefiero a ti como mi nieto.

El mayordomo entró al comedor.

-Conde, disculpe pero han avisado que la señora Tania esposa del Lord Mark Spencer ha fallecido.

Esa noticia sorprendió a Anthony- Tania ¿Qué pasó contigo?-pensó Anthony- Al parecer se ha borrado mi pasado, ahora soy digno de enamorar a Candy.

-¿Será que le avisemos a Candy? fueron compañeras de estudios

-¿Avisarme qué abuelito?

-Hija, no quisimos despertarte, iba hacer que te llevaran el desayuno a tu recámara, nos acabamos de enterar que tu amiga Tania falleció.

-¿Tania? Pero ¿Qué habrá pasado con ella?

-No sabemos.

-Quisiera ir a su velorio.

-¿Estás segura?-preguntó August

-Era mi amiga, ya que estoy en Londres creo que debo asistir.

-Yo te acompañaré-se ofreció Anthony.

Fueron a casa de los Spencer, Los marqueses en cuanto vieron a Candy se acercaron a ella para saludarla.

-Candy hija, gracias por acompañarnos

-Tania era mi amiga…

Mark miró a Candy y fue hacia ella.

-¡Candy que haré sin mi amada esposa!- dijo aferrándose a su cuerpo en un abrazo.

-Mark, tienes que ser fuerte, yo sé lo que es perder al ser amado.

Anthony miró el ataúd y caminó hacia él, cuando vio a Tania que parecía dormida se acordó de la vez que estuvieron juntos, se dio la vuelta despavorido y regresó hacia Candy agarrándola por el brazo posesivamente para que se soltará de Mark

-Ven Candy, allá veo unas sillas.

Mark se molestó porque Anthony los interrumpió fue hacia ellos y dijo: Anthony quiero hablar contigo, sígueme por favor.

Anthony lo acompañó, iba extrañado por la actitud de Mark.

-¿Qué pensará Candy si le digo que desvirgaste a mi esposa? –preguntó cínicamente Mark

Anthony respondió: ¿Y qué pensarían todos los presentes si se llegasen a enterar de como presionaron a Tania para que les cediera su fortuna?

Mark agarró a Anthony por el cuello-¡Cállate desgraciado! ¡No te conviene tenerme de enemigo!

Anthony ejerció fuerza para liberarse- Lo mismo digo yo, no te tengo miedo, ¡Y no quiero que te le acerques a Candy! ¡Ya le hiciste la vida miserable a Tania! Que de seguro murió por tu causa, ella no tenía ningún padecimiento.

Mark miró fijamente a Anthony y pensó: ¡Este sabe demasiado! ¡Creo que le mandaré a Tania a su amado para que la acompañe en el infierno!

Candy y Anthony regresaron del velorio, ella caminó de manera lúgubre al salón del té donde tenían un piano, Anthony la siguió, ella lo abrió tocó unas teclas, decidió sentarse en el banquito, sus dedos se movieron ejecutando una melodía que le salía del corazón era Silencio de Beethoven, Anthony pudo percibir la tristeza que sentía Candy no pudo evitar que se le cristalizaran los ojos por verla sufrir de esa manera, ella estaba perdida recordando todos los momentos vividos con Albert: Su mirada apasionada, cuando sintió la aspereza de sus manos por tanto trabajar cuando regresó de Canadá, también se acordó de las cicatrices de su manos quemadas al salvar a su papá, de aquel primer beso que le dio cuando estuvo en Londres, al terminar la melodía ella se dejó caer en las teclas para llorar. ¡Albert! ¡Te sigo amando como el primer día en que te vi!

En ese mismo instante pero en Chicago, Albert estaba frente al piano que había comprado para Candy en su mansión, en sus manos tenía un hacha se acercó a él y empezó a destrozarlo.

-¡Este piano era para ti! ¡Nadie más lo tocará! No lo escucharé ¡su sonido morirá contigo!

Los sobrinos de Albert y la señora Elroy no hicieron nada para detenerlo, dejaron que lo hiciera añicos, al terminar se acostó sobre los pedazos de madera y lloró amargamente.

-Es mejor que te vayas por un tiempo William, quizás lejos de aquí puedas olvidarla y encontrar un nuevo a…

-¡No volveré amar! No vuelvas a sugerirme que la olvide

Al día siguiente Albert comentó en el comedor: siento los ojos secos de tanto llorar, he derramado muchas lágrimas por Candy, creo que te haré caso y viajaré.

-¿Y dónde piensas ir tío?-preguntó Archie.

-A Escocia, recuerdo que Candy pasó un verano allá, además quiero ver el lugar donde nacieron nuestros ancestros.

-Tía ¿Quiere acompañarme? ¿No te gustaría ver tus raíces?

-William, yo nunca he cruzado el océano.

-Acompáñame tía, si me voy solo podría atentar contra mi vida.

-Iré contigo entonces.

-Muchachos ustedes pueden encargarse de todo, están capacitados para eso.

-Nos haremos cargo tío, con tal de que tu corazón sane.

-No se diga más, compraré los boletos.

Un día antes de partir, Albert fue a ver a Robson.

-En este momento se encuentra indispuesto-dijo Deborah

-Sólo quiero despedirme de él ya que me iré de viaje.

-Yo le diré, deseo que te vaya bien.

Albert salió de la casa, Robson estaba en su silla, se acercó a la ventana y lo vio subirse a su carruaje, Deborah fue a ver a su esposo.

-¡Me mentiste! Y le has mentido a tu hija, ¿Qué te pasó? Te has vuelto un ser mezquino y despreciable, ¡Manda por él ahora mismo! ¡Tengo que decirle que Candy está viva!