Muchas gracias a los que llegaron hasta aquí, gracias por acompañarme en este hermoso viaje, disculpen la larga tardanza que es les hice esperar, y sólo deseo que con este último capitulo, logre sus discilpas.
Que tengan un buen último viaje.
Saludos,
Emma.
EPILOGOEl final de esta historia, el "comienzo de otra" y el desenlace de lo que no se escribió en el capítulo final.
- ¡Harmony, espéranos! – Le gritaba su madre desde la plataforma 9 y 10, pero su hija-que había heredado la imprudencia de su padre-cruzo la pared de ladrillos y desapareció bajo los ojos atónicos de algunos muggles.
- Er…es un truco que inventamos…ella va aparecer detrás de la pared, se los aseguro – les explico la castaña algo nerviosa, su esposo sólo soltó una pequeña carcajada, pero se calló al sentir la mirada de reproche de su esposa sobre sus hombros.
- Camina – le apremió la ex Gryffindor, arrastrando a su esposo junto a su hijo, hacia la pared.
El andé estaba abarrotado de familias enteras que iban a despedir a sus hijos antes de que iniciaran un nuevo año escolar. Los pequeños de 11 años que apenas estaban incursionando en el mundo de la magia, se encontraban asustados y pegados a las espaldas de sus padres, pero ese no era el caso de Harmony Lillian Potter Granger, pues había desaparecido de los ojos de sus padres y ahora corría quién sabe dónde buscando quién sabe qué cosa.
- Esta niña me va a sacar canas verdes – exclamaba su madre, mientras la buscaba por toda la estación junto a su esposo y a su hijo de un año y medio- ¡Es igual a ti! – el moreno la miro con gracia y tomándola por la cintura le beso el cuello.
- Sí, pero aún así nos amas – Hermione suspiro y tomando a Sirius de los brazos de su esposo, siguió buscando a su hija mayor.
- ¿Pero donde se metió? –se preguntaba la castaña algo desesperada. Harry se encogió de hombros.
- ¿No será que fue a buscar a Rubí, Morris y Joshua? – Comentó Harry como quien no quiera la cosa – Tu sabes que Harmony se lleva muy bien con ellos y pues como van a entrar también a Hogwarts…
- ¡Ay no me lo recuerdes! El sólo hecho de pensar que mi Harmony se va a meter con los hijos de Fred y George…no, ¡me va a dar algo!
- ¿Y acaso que tienen mi hija y mis sobrinos? – le preguntó Fred, apareciendo de la nada al lado del matrimonio Potter. Hermione ahogo un grito y le pego con su bolso.
- ¡Fred! ¡No hagas eso, por Merlín! – el gemelo soltó una sonora carcajada y suspiro.
- Bueno, es que es más divertido aparecerse aquí que atravesar el muro – y le guiño un ojo – Oye, ¿no has visto a mi hija Rubí? Es la más tranquila de todas, es más, saco la personalidad de Padma, pero por alguna extraña razón no la encuentro – y arrugo sus ojos mientras la buscaba entre la muchedumbre.
- Harmony también ha desaparecido – le comentó Harry sin prestarle mucha atención a la severa mirada que su esposa le lanzo – Atravesó primero el muro que nosotros y desde hace diez minutos la estamos buscando.
- Ah entonces no me preocupo, seguro deben estar juntas y buscando a Morris y Joshua.
- Eso a mí me preocupa – puntualizo Hermione, mordiendo su labio inferior.
- Amor, tranquilízate, todo va a estar bien – y le dio un beso en los labios. Hermione rodo los ojos y chasqueó la lengua.
En esos momentos la vocecita de su hija sonó entre la barahúnda de los magos y brujas en el andén y el ruido que provocaba la gran locomotora escarlata.
- ¡Mamá, papá! – exclamó, la niña corriendo entre la multitud junto a tres pequeños a su lado - ¡Mamá, mira lo que me regalo Joshua! – y le mostro una lechuza del tamaño de una bola de crique. Hermione la observo primero con algo de repugnancia, pues parecía una bola negra fea, pero después sonrió al ver que a su hija le gustaba, y suspiro.
- Muy linda, princesa, ¿pero dónde estabas?
- Buscándolos – y miro a sus amigos, los cuales la saludaron con timidez.
- Harmony, tu sabes que…
- Lo importante es que estas aquí – la interrumpió Harry, dándole un beso en la frente a su hija – Y eso es todo lo que importa – Harmony sonrió y Hermione suspiro.
- Sí pequeña, eso es todo lo que importa.
- ¡Hola chicos! – los saludo de repente Luna con su voz tan soñadora.
- ¡Madrina! – Exclamó la pequeña de ojos verdes y cabello castaño mientras la abrazaba con fervor - ¿Cómo estás?
- Muy bien, pequeña. ¿Cuánto creciste desde la última vez que te vi?
- Puf… ¡un montón! – y la volvió abrazar. Luego vio a su padrino Ron e hizo lo mismo.
- ¿Y mi prima Dulce, dónde está?
- Se fue a buscar a Nicole, ya sabes que esas dos son como uña y mugre – Harmony se rió ante el comentario de su padrino y luego voleó la mano cuando vio aparecer a lo lejos a Ginny junto con su esposo Neville.
- ¡Hola! – los saludo la pequeña con una sonrisa.
- Hola, mujercita, ¿Cómo estás?
- Muy bien Neville, gracias.
- Hola, Ginny – la saludo Hermione con una sonrisa, la cual la joven se la devolvió.
- Hola Herms, hola mi hermoso y precioso ahijado – dijo, saludando a Sirius con una sonrisa – Sí que estas grande y fuerte. Al parecer procrearte en la habitación de un hospital…
- ¡Ginny! – le advirtió Hermione con el rostro lívido – Harmony te puede escuchar. Además Sirius no nació a consecuencia de…eso – Harry trato de no reírse por la expresión de su esposa.
- Bueno, ¿pero es que a quién se le ocurre hacer el amor en la habitación de un hospital y sin cerrar bien la puerta?
- A Harry – se defendió Hermione encogida de hombros.
- Pero tú no digas nada, que estuviste de acuerdo con la idea – la castaña se puso de mil colores y para disimular comenzó a jugar con el pequeño Sirius.
Ginny bufo a lo bajo y negó con la cabeza.
- No sé que fue más imprudente, que Neville me hubiese pedido matrimonio luego de haber visto semejante escena o lo que ustedes hicieron – Harry se rió y se fue hablar con Ron.
- Bueno y ¿Cómo va esa bebita? – le preguntó la castaña, mirando la pequeña barriguita de Ginny. La joven le sonrió.
- Gabriella está muy bien, creciendo cada día.
El viejo conductor de la gran locomotora escarlata dio su primer pito avisando que el Expreso estaba a punto de partir, así que los alumnos que aún no subían a ella, comenzaban a despedirse de sus padres con apuro y fue en ese momento donde Harmony sintió nervios y no quiso separarse de sus padres.
- Pequeña, ya es hora de que te vayas – le dijo su padre con una sonrisa en los labios – El Expreso no te va a esperar de por vida – Harmony miro los ojos verde esmeralda de su padre y se mordió el labio.
- Tengo miedo – y su madre al escuchar aquello se agacho junto a su esposo y miro a su pequeña hija.
- Es común que tengas miedo, princesa, pero el miedo es de valientes ¿sabías?
- ¿Y no es al contrario? – Hermione y Harry se miraron y sonrieron.
- No. A veces el miedo provoca que te vuelvas valiente en los momentos más oportunos – y miro de soslayo a Ron. Hermione rió, pues sabía porque lo decía. Harmony quedo algo consternada.
- Hogwarts es grande y tiene muchos pasadizos secretos – dijo la chica de repente sorprendiendo a su madre.
- Eso no lo dice en Historia de Hogwarts – recordó la castaña muy segura de haber leído al derecho y al revés ese libro. Harmony se encogió de hombros.
- Joshua fue quien me dijo, pues su padre se lo comentó – Hermione miro de reojo a George y se hizo una nota mental de lanzarle una maldición cuando partiera el expreso.
- Bueno, pero no tienes porque hacerle caso a todo lo que te diga Joshua, ya que su padre es un hablador de primera – Harry se rió y suspiro. Sabía que Hermione nunca iba a cambiar.
- No te preocupes, mami, yo leí de pies a cabeza el libro Historia de Hogwarts y si no está escrito ahí es porque no existe – Hermione se hincho de alegría al escuchar esas palabras y agradeció a Merlín de que si quiera su inteligencia y su amor por los libros lo hubiera heredado su hija.
Harry volvió a reír y miro a su hija con los ojos entrecerrados, pues a pesar de que Harmony fuese una amante de los libros al igual que su madre, tenía ese toque de astucia y aventura de él y podía engañar fácilmente a la ingenua Hermione, pero por supuesto que no la iba a colocar al descubierto, pues esa sería su pequeña broma privada.
- ¡Último aviso, último aviso, el Expreso de Hogwarts partirá en 5 minutos! – anunció el viejo conductor desde la locomotora.
- Bueno, princesa, ya es hora de que te vayas – le decía Hermione con lagrimas en los ojos. Harmony la miro extrañada.
- ¿Por qué lloras, mami? – la castaña negó y sonrió.
- No es nada, es sólo que me alegra ver como mi pequeñita va a ir a la escuela donde estudie. Sólo espero que te comportes muy bien y seas la cabeza de ese grupito tuyo – y la abrazo con fuerza. Harmony cerró los ojos y le acaricio el cabello.
- No te preocupes, mamá, que yo soy como tú – y le guiñó un ojo a su padre a las espaldas de Hermione. El ojiverde sonrió.
- Chao, mi Harmony – la despidió su padre igualmente guiñándole un ojo. Harmony se separó de su madre y fue abrazar a Harry.
- No le vas a decir a mamá que me contaste sobre el pasadizo secreto que conduce a Honeydukes, ¿verdad? – le dijo su hija en un susurro, Harry negó.
- Claro que no pequeña, ese será nuestro secreto – y le dio un beso en la mejilla – Cuídate mucho, saca muy buenas calificaciones y recuerda que no es un delito divertirte – y le volvió a guiñar el ojo. Harmony rió y Hermione los miro extrañada.
- ¿Qué tanto cuchichean?
- Nada, mamá. ¡Te voy a extrañar! – y le dio un fuerte abrazo, luego le dio un beso a su hermanito y espero a que Morris, Joshua y Rubí se despidieran de sus padres para entrar al Expreso.
- ¡Cuídate mucho hija, y no hagas travesuras! – le gritaba su madre antes de que la niña se perdiera entre el corro de estudiantes dentro del Expreso. Su hija asomó la cabeza por un ventanal y sonrió.
- No te preocupes mamá, me comportaré igual o mejor que tú en tu época escolar – y soltó una carcajada al ver la expresión de su madre.
- ¡Los quiero, y no olviden escribirme!
- ¡Nos veremos en diciembre! – le aseguro su padre voleándole la mano, su hija asintió.
- ¡Cuídense! – la locomotora dio su clásico sonido de arranqué y sus ruedas empezaron a andar. Hermione miro con los ojos anegados en lágrimas la partida de su hija y se mordió el labio, al tiempo que se dejaba abrazar por su esposo.
- Que rápido crecen, ¿verdad? – el ojiverde asintió y juntos observaron a su Harmony, hasta que la locomotora roja escarlata se perdió de vista al virar por la izquierda…
Paris-Francia
Hora local: 11:00am
Los ojos de Samantha se aguaron al ver a su hijo tan elegante y…guapo. No podía creer que ya se estuviese graduando del colegio con tan sólo 17 añitos.
- ¡Oh, mi, Cris, te ves tan lindo! – le dijo su madre, dándole un beso en la mejilla. El joven se sintió algo avergonzado.
- Agradece que no se encuentra Brillie presente, o si no…- su madre soltó una pequeña carcajada y le limpio el labial de su mejilla.
- Tú madre sólo está feliz por tu gran logro, hijo – le dijo su padrastro con una sonrisa – Al igual que yo.
- Gracias, Edward. Yo también estoy muy feliz de graduarme por fin – y les sonrió a sus padres. Samantha reprimió un sollozo al verlo tan parecido a su padre biológico, tan parecido a Draco.
- Bueno, nos vamos, ¿no? Porque la ceremonia comienza a la una y no quiero llegar tarde – Samantha y Edward asintieron y dejaron que Christopher saliera primero de la casa, pero antes de que Sam se fuera tras él, su esposo la tomó por el antebrazo y la obligo a darse la vuelta.
- ¿Nunca le vas a decir a Cris que su padre no está muerto? – la joven se mordió el labio y miro por sobre sus hombros al joven que era la estampa de su padre.
- No, nunca lo haré, Edward. Además eso fue en lo que quedamos Malfoy y yo hace años.
- Me sorprende que un padre renuncie a un hijo, y más alguien como él.
- Con todo lo que paso ese día en la iglesia fue más que suficiente para hacerlo entrar en razón. El no desea que Christopher sepa que su padre fue un asesino y…la verdad yo tampoco. Él está bien creyendo que Malfoy falleció y por mí no hay problema.
- ¿Pero no recuerda cómo es él? ¿No recuerda la visita de ese día? – Sam negó.
- Cris era muy pequeño y…bueno, por si las dudas le borre ese recuerdo. Yo sólo lo hice para estar bien conmigo misma, nada más.
Además no tienes porque preocuparte, en todos estos años él te ha visto como su padre a pesar de que crea que el verdadero ha muerto. Tú ya ocupaste su lugar y eso es lo único que importa – Edward la miro y con delicadeza le deposito un tierno beso en los labios, aquellos labios que se habían convertido en su adicción.
- ¡Bueno, muévanse que Brillie me debe estar esperando! – Samantha y Edward rieron y juntos salieron de la casa con las manos entrelazadas y los anillos de boda brillando en sus respectivos dedos.
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Todo mago o bruja que caía en Azkaban terminaba o muerto o volviéndose loco por la soledad y el silencio que en sus celdas se respiraba. Pero ese no era el caso de nuestro querido amigo Draco Malfoy, pues el recuerdo de aquel momento era lo único que lo había mantenido vivo en todos esos años y sólo esperaba que en los restantes fuese igual…
"Lo habían derrocado. Al magnánimo Draco Malfoy lo habían derrocado, lo habían tumbado por fin de su pedestal de oro sólido, le habían quitado la corona de vencedor y había caído en las aguas negras de la derrota.
Pero curiosamente eso no era lo que le preocupaba. Lo que realmente le atormentaba era la escena que seguía nítida en sus recuerdos: la imagen de Samantha desangrándose y las lágrimas de su castaña cayendo lentamente por sus mejillas.
Había ido muy lejos, y lo sabía, y ahora estaba pagando su precio.
Las primera 45 horas habían sido un suplicio, creía que en cualquier momento iba a desfallecer y en esos momentos prefería mil veces caer bajo el beso de algún Dementor, que vivir con los recuerdos de aquella tarde. Pero por desgracia los dementores ya no estaban permitidos en Azkaban-gracias al régimen del nuevo ministro-y lo único que le restaba a Draco Malfoy era aguantarse aquellas imágenes o dejar de respirar por unos minutos para así morir sin dolor.
Pero no…Draco Malfoy era muy cobarde como para entregarse a la muerte tan fácilmente. Pero lo que él no sabía era que ya había caído en ella desde hacía años, pues ir directo a una tumba no era la única forma en que un ser humano podía morir. Draco Malfoy se había condenado de por vida desde que se vio sumergido en la obsesión por aquella castaña, por aquella mujer que profeso una vez amar.
Cuatro días eran los que completaba la joven serpiente tras aquellos barrotes grises y oxidados. Cuatro días en los que sus propios pensamientos comenzaban atormentarlo, cuatro días en los que se levantaba con jaqueca tras tener una horrible pesadilla donde Samantha le gritaba que era un asesino y que por culpa de él su hijo había quedado huérfano, y fue en ese momento donde se dio cuenta el gran daño que había causado, no sólo a Hermione, sino también a la única mujer que le había profesado amor de verdad, pero que no supo aprovecharlo.
- Malfoy, tienes una visita – le dijo un auror explotando su burbuja de agonía. Draco se sorprendió un poco y por un segundo la imagen de aquella castaña se dibujo en su mente, pero luego recordó sus palabras y lo basura que había sido con ella y descartó aquella posibilidad al instante.
- ¡No quiero ver a nadie, dígale que se vaya!
- ¿Y ni si quiera a la madre de tu hijo? – le preguntó Samantha con tono melancólico. Draco viro sobre sus talones para encontrarse con aquellos ojos claros que un día creyó jamás se abrirían.
- ¡Sam, está con vida! – exclamó, yendo abrazarla, pero se detuvo al ver su fría mirada. Samantha no dijo nada y se quedo callada hasta que el auror los dejo solos.
- ¿Qué haces aquí?
- Hoy me regreso a Francia.
- Pero... ¿Porque? – la joven se rió a lo bajo y pensó que era una broma.
- ¿Bromeas? ¿Para qué me quedo en un lugar donde sólo me trae malos recuerdos? – Y suspiro, mientras se tocaba la herida en su abdomen – Sólo vine porque…no podía estar con mi conciencia tranquila a pesar de todo. Quería que…vieras a tu hijo y…bueno, aquí esta – le dijo, mientras le enseñaba en sus brazos a un niño de cabello rubio y ojos grises, una verdadera estampa de la serpiente.
Draco abrió los ojos como platos y con delicadeza se fue acercando a la mujer y al pequeño niño. Lo miro a una distancia considerable y creyó que sus lágrimas resbalarían por sus mejillas.
- ¿Puedo...? – la mujer lo dudo por un segundo, pero después asintió. Tomó a Christopher mejor entre sus brazos y se lo entrego.
Malfoy no supo en ese momento cómo reaccionar, pues en su vida había cargado a un pequeño, pero si él era su hijo, quizás ese instinto paternal naciera cuando él lo creo. Así que con algo de nerviosismo, tomó al pequeño Christopher en sus brazos y fue en ese momento donde sus lagrimas brotaron de sus ojos, por primera vez lloraba, pero no de tristeza o impotencia, si no de alegría, alegría por tener a una cosita como esa en sus brazos y saber que fue gracias a él que existía.
- Hola…
- Christopher – le dijo la joven con una sonrisa – Se llama Christopher Malfoy McTreyn – al escuchar su apellido mezclado con el nombre de aquella criatura, su pulso se acelero a mil por hora y su corazón estuvo a punto de estallar.
- ¿Malfoy? Pero… ¿Por qué le pusiste mí…apellido después de todo lo que he hecho?
- Porque…- no sabía si decirle la verdad o no, pero él debía presentir que esa sería la última vez que lo vería a él y a ella ahí, así que continúo:
- Porque como es obvio, esta va a ser la primera y única vez que lo veas, así que…es justo que tenga tu apellido, pues al fin y al cabo es tu hijo – Draco se mordió el labio inferior, creyendo que en cualquier momento podría explotar de la alegría-y entendió a que se refería ese viejo profesor con el término "explotar de alegría al ver a la persona que amas"- y sonrió.
- Bueno…quizás cuando salga de aquí pueda irlos a buscar a Francia y…- pero Samantha lo interrumpió.
- No, Draco, no entiendes. Esta va a ser la última vez que nos veas, nunca más volverás a verme, ni mucho menor verás a Christopher. Cuando crezca le diere que…has muerto y…así culmino el tema – la felicidad que por un momento creyó sentir en su pecho, se exploto como un globo muggle y creyó que su vida se derrumbaría.
- ¿Le vas a decir que…he muerto? – Le preguntó el blondo sin poder dar crédito a sus palabras - ¿pero porque?
- Porque es lo mejor Draco y deberías entenderlo. Yo no deseo que mi hijo se entere que su padre es un asesino, una persona que hizo tanto daño – Draco se mordió el labio y por un momento quiso gritarle, decirle que si hacía eso lo lamentaría, pero con su hijo en brazos y mirándolo de la forma como lo estaba haciendo, no podía, sabía que jamás se atrevería. Suspirando y con los ojos anegados en lagrimas, asintió.
- Tienes razón, yo ya he sufrido mucho con el padre que me toco, no deseo que Christopher tenga la misma suerte. Será lo mejor, has tomando una gran elección, Sam – la joven le sonrió y luego miro su reloj.
- En dos horas abordare el avión, a si que…- y sin permitirle un segundo más con su hijo, la chica se lo arrebato de sus brazos y una vez más la burbuja de felicidad exploto.
- Ya nos vamos Draco. Créeme cuando te digo que lamento mucho todo esto, lamento que hayas elegido este destino – y miro con repugnancia la celda – Pero…sabes que todo fue tu culpa, ¿no es así? – para sorpresa de la mujer, el hombre asintió.
- Sí, lo sé – y suspiro, reprimiendo las lágrimas – Hubiera tenido otra vida si me hubiese quedado contigo en Francia – La mujer asintió y luego miro a Cris.
- Va a ser tan guapo e inteligente como tú – le aseguró la joven – Y no te preocupes que me asegurare de contarle sólo las cosas agradables sobre ti – Malfoy le sonrió y se acerco a ella con paso lento.
- Me gustaría tanto darte un último beso – Samantha miro aquellos ojos grises que tanto la habían embelesado y negó.
- Lo siento Draco. Adiós – y sin agregar nada más, sin esperar si quiera su reacción, llamó al auror y este le abrió la celda.
El blondo rogo para que la joven girara y así ver su rostro y el de su hijo por última vez, pero no lo hizo, y se sintió infeliz, desdichado. Con ganas de llorar por lo tonto que había sido, por lo estúpido y cobarde que se había portado, pero ignorar los hechos no cambiaría lo hecho.
Pero segundos más tarde, el auror llego de nuevo a su celda.
- La señorita me pidió que le entregara esto – y le extendió la mano por entre los barrotes, tenía algo en ellas. Draco lo tomó con nerviosismo y sonrió al ver una fotografía mágica de su Christopher montando un caballito. De su hijo, sonriéndole…"
A pesar de que la fotografía ya había perdido su magia con el paso del tiempo y se movía con sorna, el sólo hecho de ver su sonrisa y saber que seguía con vida y feliz al lado de la mujer que un día lo amo, era todo lo que necesitaba saber y con lo que podía vivir el resto de su vida…
…¡FIN!...
