Cap. 50

Oscuridad Profunda


La puerta de madera se abrió lentamente permitiendo el paso a Albus Dumbledore.

Su porte que usualmente denotaba su sabiduría y enorme pedor mágico, ahora no dejaba ver nada más que a un anciano el cual cargaba sobre su espalda cada uno de sus ciento cuarenta años de edad.

- Hermione… tienes que quitártelo… TIENES… que quitártelo.

- No… no… no puedo, no…

Cerró sus ojos con fuerza tratando de bloquear el macabro suceso que había presenciado. Se detuvo en aquél instante, reflexionando sus pensamientos.

¿Macabro? Lo que había visto había sido realmente… ¿Macabro?

No, no podía llamar a aquello macabro, por que desde un punto muy diferente de vista… había sido bello. La conexión entre su hijo y la joven a la que él amaba era tan fuerte que podían experimentar lo que el otro vivía, a pesar de que dicho don no podía ser considerado absolutamente como una bendición, pues podía ser al mismo tiempo la peor de las maldiciones.

Dumbledore se derrumbó en su asiento y retiró cuidadosamente sus gafas de media luna, dejándolas encima de su escritorio. Unió las yemas de sus dedos en un gesto meditativo, quedándose quieto algunos segundos.

El labio inferior del anciano tembló sin control alguno y finalmente se cubrió el rostro entregándose a un amargo y desesperado llanto.

Su largo cuerpo se inclinó hacia delante, apoyando los codos en el escritorio. Su cuerpo entero se estremecía mientras su mente era bombardeada en una despiadada sucesión de recuerdos en donde podía revivir una y otra vez cadi dos décadas de convivencia con su muchacho.

Alguien tocó a su puerta en aquél instante, Dumbledore dio un ligero salto realmente sobre saltado y luego trató en vano de limpiar sus lágrimas.

- Adelante.

Susurró él mientras volvía a ponerse sus gafas. La puerta se abrió lentamente, revelando un rostro de hermosos ojos azules enmarcado por dos cortinas de largo cabello pelirrojo.

- Hola abuelo.

Una sonrisa forzada apareció en los labios del anciano, el cual hizo un breve gesto indicando a la mujer que se sentara en la silla frente a su escritorio.

Quindi no se movió inmediatamente. Se lo notaba indecisa sobre la razón que le había llevado hasta la oficina de su abuelo, sin embargo, al final se decidió a aceptar la invitación que le había sido echa.

- ¿En que puedo servirte, querida?

La pelirroja suspiró sin saber como debía empezar con aquella conversación.

- Cuando me pediste ayuda para ser maestra de pociones, y me contaste lo que ocurría en relación a Severus, te olvidaste de contarme que él estaba saliendo con una alumna.

- Sabía que Severus se veía con alguien, y que era algo serio. Pero hace solo tres días me enteré de que era una alumna.

- Pero sabías de su relación con ella.

- Era irrelevante y no creí que necesitaras que te lo contara.

La bella mujer apretó los puños.

- Yo creí…

- Tu relación con Severus terminó hace muchos años. Encontraste a alguien mas, tienes a una hermosa niña en cuarto año en Beauxbatons, ¿Para qué lo necesitas nuevamente en tu vida?

Ella no respondió, tratando de tranquilizarse.

- ¿Sabes por qué me separé del padre de Morgana?

Dumbledore no contestó.

- Una vez, en la cama… lo llamé Severus.

Hubo un pesado silencio entre ambos docentes, y el anciano se echó hacia delante, obviamente interesado en el giro que aquella conversación estaba tomando.

- Ya hay alguien esperando a su regreso mi querida niña… de nada te serviría hacerte ilusiones.

- Es algo tarde para eso… ya me he hecho ilusiones… muchas… pero por lo que veo, no serán otra cosa que eso… ilusiones.

Albus recargó su rostro sobre sus manos entrelazadas.

- Nunca he visto a Severus con esa muchacha, no puedo leer su mirada… pero pude verla a ella… y con solo verla una vez, comprendo por qué Severus la ama… como nunca me amó a mí.

Quindi sonrió y se puso de pié, comenzando a marcharse.

- Vine aquí con la intención de volver a conquistarlo… pero después de lo que he visto… ahora se que su felicidad nunca estará conmigo, y prefiero rezar por que regrese… para que pueda ser feliz con esa chica.

- Eres una persona muy buena.

- Es una manera suave de decirme que soy una tonta.

Ambos sonrieron ante aquél comentario.

- Severus me enseñó muchas cosas en el tiempo que duramos juntos, pero la mas importante me la enseñó el día que se marchó… me enseñó a saber cuando he perdido.

Con aquellas palabras, la nueva profesora de pociones se marchó.


Lejos de la seguridad que ofrecía el castillo de Hogwarts, en una oscura habitación, los ojos rojos de Voldemort se paseaban entre las dos jóvenes mujeres que se encontraban en su presencia. Finalmente, su mirada se posó en la joven de rasgos orientales.

- ¿Cuál es el nombre de tu amiga?

- Marietta Edgatocombe.

La muchacha de cabellos rizados emitió un chillido y se cubrió el rostro, negando desesperadamente. Voldemort las observó con gesto meditativo.

- Edgatocombe… como la jefa de regulación de la red Flú.

- Es su madre, señor.

- ¡CHO!

Chilló horrorizada Marietta observando a quien creía su amiga como si esta se hubiera vuelto completamente loca, sin embargo, Cho la ignoró.

- Ya veo…

El lord oscuro se puso de pié, observando fijamente a la joven de cabellos negros, la cual tras algunos segundos bajó la mirad. El poderoso mago sonrió.

- No necesito adentrarme en tus pensamientos para darme cuenta de las razones que te han llevado a cometer una estupidez tras otra. Joven, impulsiva y desesperada. Tu única razón puede ser un hombre… uno que le hizo mas caso a una sangre sucia que a ti, ¿Me equivoco?

- En lo absoluto señor.

Una sonrisita burlona escapó de los labios de Voldemort, el cual se cruzó de brazos.

- Y has venido a mí buscando alguien que te ayude a vengarte… puedo darte todo lo que necesites para destruir a la sangre sucia, quien quiera que ella sea.

Cho abrió la boca para decir algo, pero el lord oscuro levantó una mano, indicándole que se mantuviera callada, por lo que ella volvió a bajar el rostro.

- No me interesa en lo más mínimo quien pueda ser… lo único que me interesa que me digas, es ¿Qué estás dispuesta a darme a cambio de facilitarte lo que tanto deseas?

La joven levantó lentamente la mirada, retirando su cabello de encima de su rostro.

- Lo que usted desee… mi señor.

Voldemort se mantuvo en silencio, aceptando aquellas palabras.

- Sin embargo, hay algo que… me molesta.

Las pupilas verticales se desplazaron en aquellas pozas de sangre hacia la muchacha que aún seguía temblando de miedo.

- Una joven rebelde, llena del deseo de la venganza, es alguien que me sirve. Incluso me agradas. Pero una pobre imitación de bruja que no sabe hacer otra cosa que temblar… no me sirve siquiera como diversión.

Los ojos de Marietta se abrieron desmesuradamente, por lo que se abrazó al brazo izquierdo de Cho.

- El único uso que podría darle es para chantajear a Madame Edgatocombe… pero ya tengo a suficientes espías dentro de ese departamento como para malgastar mi tiempo en estupideces.

La muchacha sintió como se paralizaba al escuchar aquello.

- ¿E-espías?... ¿En el departamento de mamá?

- Así es mi pequeña. No me sirves para negociar, y no voy a malgastar una de mis celdas en ti. No me sirves…

La sonrisa de Voldemort se ensanchó.

- Para nada.

- Y-yo no… yo-yo…

- Lo único que eres, es una molestia para mí. Una testigo. Y no me agradan los testigos.

Los largos y fríos dedos de Voldemort se cerraron en torno a su varita con empuñadura de hueso, deslizando luego la lisa superficie de madera sobre su antebrazo, mientras sus ojos rojos se encontraban con los oscuros de Cho.

- Apártate…

- No Cho, no, no me dejes por favor, Cho, no me dejes, ¡Cho, no me dejes!

Marietta se abrazó con todas sus fuerzas al brazo de su compañera, sin embargo, la joven oriental logró soltarse, alejándose lentamente.

- No por favor… señor, se lo juro que no diré nada… no diré nada, por favor…

Comenzó a caminar hacia atrás mientras sus ojos se movían frenéticamente buscando una vía de escape, observaba suplicante a la que ella había creído su mejor amiga, la cual le observaba con absoluta indiferencia.

La joven se dio la vuelta y salió corriendo contra la puerta, forzándola desesperadamente para poder abrirla.

Una luz esmeralda iluminó la habitación, y un segundo mas tarde, el cuerpo de Marietta golpeó el suelo, totalmente inerte.


Era muy avanzada la noche en la torre de Gryffindor. En la habitación de los varones de séptimo grado, Harry y Ron continuaban despiertos.

El chisme de Hermione siendo cargada por medio colegio por Draco había corrido tan rápido como el del romance con Snape, creando nuevos y sucios rumores en torno a la chica.

Harry apretó los puños al recordar a Padma y Lavander secreteando sobre lo que una chica de Hufflepuff les había contado, diciendo que ella había visto a Hermione coqueteándole descaradamente al joven Malfoy.

Aquella era una asquerosa mentira, pero la gente parecía dispuesta a creer cualquier estupidez que escucharan.

- ¿Harry?

El muchacho giró el rostro hacia su mejor amigo, girándose y apoyándose sobre su codo.

- No puedo dormir.

- Yo tampoco.

Ron se enderezó para acomodar mejor su almohada, y sus ojos vagaron hacia la cama vacía de Neville.

- Si él estuviera aquí… no podríamos dormir tampoco, por que sus ronquidos no dejan descansar a nadie.

- Entonces deberíamos de aprovechar la ocasión para tener un sueño tranquilo.

Ambos esbozaron falsas sonrisas, pero al final suspiraron incómodos. Ron se abrazó a su almohada.

- Todo es culpa de Snape.

- Ron…

- ¿Lo vas a defender?

Harry abrió la boca para decir algo, pero al final decidió que lo mejor era meditar lo que iba a responder.

- No creo que ayude de mucho echarle la culpa a Snape.

- ¿Por qué Hermione no se da cuenta de lo enferma que es… toda esta situación con Snape?

- Por que está enamorada.

Ron gruñó y hundió su rostro en la almohada, mientras Harry volvía a colocarse boca arriba y contemplaba el techo.


- ¡Profesor Dumbledore!

- ¿PERO QUE LE HICIERON A MI ENFERMERIA??

Chilló la mujer llevándose una mano al pecho mientras observaba como su estancia estaba revuelta y un par de sus camas estaban patas arriba,

- ¡Fuera de aquí todos ustedes! ¡Fuera, FUERA!!

Los muchachos se miraron entre ellos bastante molestos, sin embargo, la mano de la joven castaña se enredó en la túnica de Harry, haciéndolo girarse.

- No me dejes… por favor… por favor no me dejes…

Sus ojos melados estaban llenos de lágrimas, su expresión era suplicante.

- Por favor…

El muchacho giró su mirada hacia el anciano director, el cual se acercó a la Gryffindor, la cual temblaba descontroladamente en la camilla.

- Puedes quedarte Harry, y usted también señor Weasley… ¿Señor Malfoy?

- Yo me largo.

- No lo detendré.

Draco dio media vuelta y comenzó a marcharse, sin embargo, el grito a sus espaldas le hizo detenerse, girando el rostro para observar a Hermione retorciéndose en un nuevo episodio de dolor.

El muchacho de cabellos platinados apretó los puños y se marchó.

La enfermera se acercó a Hermione realmente preocupada, realizando varios hechizos en un vano intento de mejorar su situación, sin embargo, nada parecía funcionar.

- No lo comprendo.

- ¿Qué ocurre Poppy?

- El lazo mágico entre dos personas que se encuentran lejos es algo especial. No tan común como para verlo en cada pareja, pero si es posible en al menos una de cada diez… pero nunca había visto un lazo tan excesivamente fuerte.

- ¿Qué diferencia hay en ellos dos?

Dumbledore observó a la joven mujer, la cual respiraba dificultosamente, aparentemente experimentando una pausa en aquella situación.

- Profesor… profesor Dumbledore…

- Aquí estoy señorita Granger.

- ¿Qué es lo que pasa?... ¿Qué ocurre?

El anciano se mantuvo en silencio largo rato, sin saber como debía explicarle a la Gryffindor la precaria situación que se encontraba viviendo, por lo que al final extrajo un pañuelo de su bolsillo y se limitó a limpiar el abundante sudor que bañaba la frente de la muchacha.

- Tu magia está ligada a la de Severus… y lo que tú estás viviendo, lo está viviendo él ahora mismo.

Los rostros de los tres estudiantes reflejaron una inmensa sorpresa, sin embargo, solo el de Hermione se tiñó de terror.

- El bebé… es el bebé de Severus… ¿Cierto?... Lo está teniendo justo ahora.

- ¿Usted lo sabía?

- ¿De qué bebé están hablando?

Preguntó Ron verdaderamente confundido al escuchar una segunda mención a un bebé en aquél corto tiempo, sin embargo, fue ignorado.

- Lo deduje… hace un par de días.

Dumbledore sonrió con cariño mientras acariciaba los castaños mechones de la joven. No había duda de su increíble inteligencia, probablemente una de las cualidades por las cuales su muchacho se había enamorado de ella.

En aquél instante, Hermione emitió un grito que sobre saltó a los presentes, las manos de las muchacha se enterraron con fuerza en las sábanas hasta que sus nudillos se volvieron completamente blancos mientras su cuerpo se ponía completamente rígido.

- ¡Hermione!

Ella emitió un grito desesperado de intenso dolor jalando su cabeza hacia atrás exponiendo su cuello, en el cual lucían algunas venas severamente saltadas.

- ¡HERMIONE!!

Ron se apresuró a rodear la cama y tomar la otra mano de la joven, la cual estaba completamente arqueada.

- ¡Abajo, abajo!! ¡Bájenla, rápido!!

Ambos muchachos se apresuraron a tomar a su amiga por las caderas y obligarla a apoyar su cuerpo nuevamente en la cama. La enfermera se acercó y le subió el suéter escolar, abriendo luego la blusa blanca que se encontraba debajo.

- ¿QUÉ DIABLOS ES ESO??

Bramó Ron al observar una línea rojiza la cual descendía lentamente por el vientre de su amiga.

- ¡HAGANLO QUE PARE, HÁGANLO QUE PARE, POR DIOS, BASTA, BASTA!!!

- ¡Albus!

La enfermera tomó por el brazo al director verdaderamente aterrada.

- ¡Le están haciendo una cesárea sin ninguna clase de anestesia!!

Hermione volvió a gritar presa de la agonía.

- ¡Tenemos que romper el lazo entre los dos!

- No sabemos como hacerlo.

- Si no lo rompemos, morirá de dolor.

- ¡NO, ELLA NO PUEDE MORIR!

- Señor Weasley, ahórrese sus gritos.

Por encima de las exigencias de la enfermera, Hermione sollozaba ruidosamente, siendo contemplada con profunda impotencia por sus compañeros.

- Profesor Dumbledore ¿No hay manera de salvarla?

- Tenemos que romper el lazo mágico entre ellos.

- ¿Cómo hacemos eso?

- No tengo idea mi muchacho, sería normal si ella presintiera que algo malo ocurre, pero una unión de semejante fuerza debe tener un objeto mágico de por medio. Algo que los conecte.

Harry observó nuevamente a su compañera. Le dolía en el alma verla sufriendo aquella horrible tortura. Hermione lloraba desconsolada y el muchacho soltó su cadera para poder sostener su mano.

Los ojos melados se encontraron con los verdes, y el joven de cabellera azabache trató de sonreír para consolar a su amiga.

- Vas a estar bien… lo verás…

Se inclinó y besó el dorso de la mano de su amiga.

- Vas a…

Harry se censuró a si mismo y clavó su mirada en el anillo de compromiso que Snape le diera a su amiga dos días atrás.

- El anillo.

Todos se giraron a observarle, y una luz de esperanza iluminó el rostro del muchacho.

- El anillo de compromiso tiene un encantamiento de permanencia. Mientras Snape esté vivo, el anillo continuará en su dedo.

- ¡Perfecto muchacho!

Dumbledore negó con la cabeza realmente apesadumbrado.

- Si esa es nuestra única esperanza, Severus tendrá que morir para que ella sobreviva.

Harry se mordió el labio preocupado, sin embargo, un nuevo recuerdo abordó su mente.

- También se puede quitar si ella lo desea. Si Hermione ya no desea seguir siendo la prometida de Snape, podrá quitárselo. ¡Eso rompe el encantamiento!

- ¡Excelente Harry! ¡Vamos Herms, tienes que quitártelo!

La muchacha negó desesperadamente.

- ¡Hermione, escúchanos!!

- ¡No!!

Ron la observó verdaderamente furioso, olvidándose de sostenerla para prácticamente lanzarse por encima de su compañera y tratar de atrapar la mano izquierda de Hermione. Harry gritó debido a la sorpresa y lo apartó de un manotazo.

- ¡BASTA! ¿QUÉ CREE QUE ESTÁ HACIENDO WEASLEY??

El pelirrojo retrocedió un par de pasos mientras la joven Gryffindor se lanzaba a los brazos de Harry, el cual entrecerró sus ojos al sentir el dolor de las uñas de su amiga encajándose en sus costados.

- ¡LO SABÍA, LO SABÍA!! ¡TODO ES CULPA DE ESE BASTARDO!!!

- ¡Weasley, márchese de aquí ahora mismo!

- ¡No lo haré!

- ¡WEASLEY!

Aquél grito hizo estremecer al muchacho, el cual se giró realmente asustado hacia Dumbledore, el cual le observaba realmente enfadado, como pocas veces se le había visto.

El muchacho pareció a punto de replicar, sin embargo, al final guardó silencio y se marchó.

- Harry… Harry…

- Hermione… tienes que quitártelo… TIENES… que quitártelo.

- No… no… no puedo, no…

Un grito de dolor interrumpió sus palabras, por lo que el muchacho de ojos verdes la abrazó tan fuerte como le fue posible.

Hermione apenas fue consiente de las manos de Dumbledore en su espalda, dándose cuenta de su presencia cuando le habló.

- Señorita Granger… tiene que hacernos caso, debe quitarse el anillo.

- No lo haré… no… es… es todo lo que me queda de él…

- Si Severus muere, podría arrastrarla con él.

Ella gritó nuevamente como única respuesta.

El anciano se enderezó y se acercó a la enfermera, la cual se mantenía alejada, incapaz de hacer nada para ayudar.

- Poppy, tiene que haber otra solución.

- Su magia está unida, ni siquiera puedo ponerla inconsciente.

Dumbledore observó nuevamente a su alumna, la cual gemía suavemente mientras se estremecía con un breve ataque de hipo.

Frunció el ceño.

- Poppy…

Hermione aspiró con dificultad, relajándose lentamente en los brazos de Harry, el cual se giró a observar a Dumbledore con una clara expresión de asombro, misma que adornaba las facciones del anciano.

- ¿Señorita Granger?

La enfermera se acercó a la joven, recostándola nuevamente en la camilla. Tomó sus signos vitales y la revisó cuidadosamente, girándose luego hacia el director.

- Todo terminó.

- ¿Ella estará bien?

La mujer aceptó brevemente.

- Estará adolorida debido al tremendo esfuerzo. Deberé monitorearla un par de días.

- Severus…

La voz de Hermione brotó como un débil murmullo, y la joven tiró suavemente del anillo, sonriendo cuando este permaneció en su sitio.

- El sigue… sigue vivo…

Y con aquél último esfuerzo, cayó inconsciente.



Harry abrió los ojos lentamente. No se había dado cuenta del momento en que había cerrado sus párpados, ni cuanto tiempo llevaba sumido en sus recuerdos.

Bostezó largamente y se acurrucó en su almohada, dejándose envolver lentamente por el sueño.

A su lado, Ron se mantuvo despierto toda la noche.


El dolor agudo y constante en su vientre hizo que los ojos negros de Severus se abrieran lentamente. Trató de identificar su alrededor, pero estaba demasiado mareado como para pensar correctamente.

Lo primero que sus sentidos pudieron captar, además del lacerante dolor, fue la ropa verdaderamente asquerosa que estaba vistiendo.

La observo atentamente e hizo una mueca de asco al observar que eran las mismas prendas que había vestido durante los últimos dos días.

Ahora no solo estaban sucias debido al uso continuo, o por haber estado en el suelo de un mugriento calabozo. Había sangre seca manchando la tela oscura, lo cual ocasionaba una peste difícil de soportar, así mismo, había manchas blancosas que se extendían por sus pantalones.

A pesar de estar aturdido, sabía lo que aquellas manchas eran, no más que los fluidos que su cuerpo había creado para la criatura que nunca existió.

Simple líquido creado para un propósito inútil y que ahora servía no mas que para hacerlo sentir sucio.

El cuerpo del hombre se estremeció al sentir una oleada de dolor, apretando sus puños y mordiendo sus labios. Contuvo la respiración mientras aquella sensación se calmaba, para finalmente dejarse caer contra la superficie de madera a sus espaldas.

Aquello fue un nuevo descubrimiento.

El lugar estaba demasiado oscuro para poder identificar correctamente en donde se encontraba, sin embargo, el aire era mucho mas ligero, y la superficie de era completamente lisa.

La puerta se abrió lentamente y una gran cantidad de velas se encendieron a su alrededor, robándole un gemido de dolor cuando la luz lastimó sus ojos.

- Gildor, has despertado.

El maestro en pociones emitió un bajo quejido a manera de respuesta, tratando de ocultar su rostro entre sus cabellos.

- Bien, bien, eso es muy bueno. Me preguntaba si tardarías más en hacerlo, pero como siempre, eres sorprendente en todas las pruebas que te he puesto.

Los ojos de Severus se abrieron lentamente, ajustándote al brillo que ahora le rodeaba. Se encontraba en la habitación de Voldemort, encadenado a una de las patas de su cama.

- ¿Qué hago aquí?

El lord oscuro no respondió, dedicándose a servirse una copa de vino.

- Creí que me dejarías refundido en ese calabozo.

La botella de vino golpeó con fuerza el suelo, y Voldemort se giró a mirarle enfadado. Snape le observó por un instante preguntándose que diablos le ocurría, hasta que finalmente sonrió divertido consigo mismo.

El muy desgraciado no estaba acostumbrado a que alguien le hablara sin respeto alguno.

- Gildor, Gildor… ¿Crees que dejaría a mi pareja simplemente pudrirse en ese calabozo?

- No soy… tu pareja.

Los ojos rojos de Voldemort se abrieron en toda su capacidad, y antes de pensar cualquier cosa, Snape se dio cuenta de que el señor oscuro se encontraba arrodillado frente a él, situado entre sus piernas y sosteniendo con fuerza su mandíbula.

- Entiende una cosa, pedazo de escoria. No voy a permitir que simplemente te pudras en un calabozo… por que tendría que bajar para disfrutar del show y ver como tu cuerpo y tu mente se desmoronan días con día… no, te necesito cerca para poder verlo todo…

Se acercó a él y deslizó su lengua por le mejilla de Severus, el cual trató de moverse bruscamente para alejarse, ganándose solamente un terrible dolor que lo hizo gemir.

- Me suplicarás que te mate… cuando veas lo que te voy a hacer…

Soltó su mandíbula y esta vez tomó su rostro con ambas manos, besándole con una furia intensa, mordiendo sus labios sin compasión hasta hacerlo sangrar.

Snape trató de defenderse, sin embargo, le era completamente imposible dada su actual condición.

Voldemort se alejó algunos centímetros, su lengua se pasó por entre sus labios disfrutando del gusto de la sangre en su paladar.

- Eres mío Gildor… no importa que ocurra, no importa lo que hayas echo ni como me hayas traicionado… eres… mío…

Le soltó con lentitud, contemplándole luego de manera larga y serena.

Sus dedos pálidos como las manos de un muerto alcanzaron el cabello de Snape, comenzando a peinarlo de una manera que casi podía llamarse como cariño. Para finalmente deslizar uno de sus dedos sobre los labios jadeantes de su acompañante.

- Compréndelo de una vez… eres mío… y no te dejaré ir tan fácil.

- ¿Qué estás planeando?

Preguntó Severus en un breve susurro, Voldemort solo sonrió.

- Estoy planeando seguir adelante con mis planes… los que tú no pudiste cumplir.

- Ya te he dicho que soy estéril.

- No eres el único mortífago que me sirve para ese propósito. ¿Ves eso?

Snape siguió la dirección que el lord le señalaba, hacia su repisa, la cual tenía encima al menos diez pociones doradas. Las reconoció inmediatamente. Pociones de fertilidad.

- Le he ofrecido esa misión a Bellatrix, ¿Y sabes qué? Ella aceptó.

Le hablaba pausadamente, como si él fuera un niño pequeño al cual le estuvieran explicando por qué es malo portarse mal en casa de los familiares.

- Y tú, Severus, continuarás siendo un espía de Dumbledore. Un muy buen espía. Antes no te enterabas de todo lo que ocurría a mí alrededor, había detalles que te perdías. No te era posible estar a mi lado las veinte cuatro horas… ¿Pero sabes que? De ahora en delante, estarás a mi lado siempre…

La mano fría del lord le tomó por la mejilla mientras su rostro se ladeaba.

- Siempre…

Severus sintió un escalofrío recorriendo su cuerpo. Aquél miedo fue capaz de casi hacerle olvidar el dolor que estaba sufriendo debido a la cirugía.

- Y para que me demuestres lo increíble que eres como espía de Dumbledore, te pondrás a prueba a ti mismo, por que no verás nada, sino que escucharás desde las sombras.

Ambos se quedaron en silencio, y Snape pasó saliva.

- ¿Qué es lo que vas a hacer?

Hubiera deseado decir "¿Qué es lo que vas a hacerme?" pero deseaba mantener al monstruo tan alejado de su cordura como le fuera posible.

- Te voy a cuidar… es lo que uno hace cuando su pareja está… discapacitada de alguna forma.

Voldemort levantó el brazo y rasgó su manga, sosteniendo en sus dedos un largo trozo de tela negra.

- Mírame Severus… mírame… por que seré lo último que tus ojos vean.

No pudo evitarlo, y sus ojos se clavaron en el señor oscuro, el cual sonrió de manera casi gentil. Sus labios estaban curveados de forma indulgente. Sin embargo, su gesto comenzó a transformarse lentamente, y aquella sonrisa se transformó en una mueca capaz de demostrar la tremenda locura que aquél genocida poseía.

Sostuvo la tela entre sus manos, y Severus trató de echarse hacia atrás, golpeando contra la superficie de madera.

Lo último que sus ojos vieron, fue aquella sonrisa salvaje y demente. Luchó inútilmente, y todo a su alrededor se volvieron sombras.

- Quítame esta cosa… ¡Quítamela ahora mismo!!

Los labios de Voldemort tocaron su cabeza mientras sus dedos acariciaban nuevamente su cabello, y Severus fue capaz de escuchar que el monstruo a su lado murmuraba un hechizo, el cual le fue imposible comprender.

Un gemido brotó de sus labios al sentir que sus ojos ardían, sin embargo, así como aquella sensación llegó, se fue.

Severus sacudió la cabeza realmente frustrado, tratando en vano de mover el vendaje de encima de sus ojos, pero este no se movía un solo centímetro. El hombre jadeó con cierto espanto al comprender que la tela había sido encantada con un hechizo de permanencia.

- ¿Mi lord?

- Adelante Bellatrix.

El espía no fue capaz más que de percibir el sonido de la puerta abriéndose, seguido del ruido seco que provocaban los tacones de la mortífaga.

Se provocó un silencio entre ambos, y Severus trató de moverse, empeorando solo su situación. No sabía lo que estaba ocurriendo, lo único que podía comprender era que Bellatrix lo estaba ignorando.

Tan bajo había caído en aquél momento, que ella ni siquiera se interesaba en insultarle.

- ¿Le gusta lo que ve, mi lord?

No hubo respuesta, y Severus trató de no imaginarse lo que aquella mujer habría echo para impresionar a Voldemort, buscando satisfacer la nueva misión que le había sido encomendada.

El sonido de besos ardientes y desesperados llenó el ambiente, y un instante después, Severus emitió un quejido de dolor cuando ambos cuerpos cayeron en la cama, golpeando al hombre de negros cabellos.

Snape se mordió los labios angustiado al razonar lo que iba a ocurrirle cuando el mueble se sacudiera de veras, golpeándole a él en el proceso.

Levantó el rostro y sus pensamientos se dirigieron hacia su única esperanza, y la razón por la que debía salir vivo de ahí.

Aún en la oscuridad pudo distinguir con claridad absoluta su hermosa cara, y llenar sus sentidos del suave aroma que emanaba de ella. Se vio a si mismo reflejado en sus ojos melados, y una sonrisa brotó de sus labios, encomendándose a su precioso rayo de luz.

- Hermione…

TBC…


Hola!

Espero que les gustara el capi. Desafortunadamente, esta vez no hay respuestas a los reviews, me cayò el tiempo encima y no pude hacerlo.

Tengo un anuncio IMPORTANTE que hacer.

Finalmente conseguí empleo. Sip, es algo muy bueno la verdad, pero eso quiere decir que mi tiempo se va a recortar bastante, y posiblemente no pueda escribir tanto como me gustarìa, ni publicar tan seguido.

Se que lo van a comprender.

Nos veremos pronto, espero!

Besos!

Lady Grayson