CAPÍTULO 42

LA TORRE DE LAS SOMBRAS

Tai se asomó por la puerta, sin entrar en el cuarto. Kenji yacía, inconsciente, en la cama. Mientras que Sora intentaba mantener la calma, costándole, su madre lloraba desconsoladamente. La madre de Izzy intentaba animarle, pero parecía que no daba resultado. Cerró la puerta despacio y se dejó caer al piso. Estaba harto, siempre eran sus hermanos los que tenían que salir perjudicados sin que él pudiera hacer nada. Satanmon se había llevado a Kari, y había dejado muy malherido a Kenji. Entonces, ¿en qué lugar le dejaba a él?

- Tai…

Agumon lo miraba preocupado. El digimon no es que supiera muy bien entender el comportamiento humano, pero sentía y padecía como su compañero. Si Tai estaba triste, Agumon se ponía triste, así de simple.

- No estés triste, salvaremos a Kenji-san y Kari-chan.

- Agumon…

- ¡Tai, he logrado hablar con Matt! ¡Está con Joe y Tk!

Izzy entró a toda velocidad en el piso, hasta se olvidó de descalzarse. Aunque eso ahora importaba bien poco. Por fin tenían noticias de sus amigos.

- Parece ser que Satanmon ha construido una torre en el centro de la ciudad y…

- No digas más… diles que nos vemos allí. Vamos a por ese desgraciado.

- ¡Vale! – Izzy se marchó corriendo para volver a su habitación.

Tai apretó el puño con fuerza. Con su hermano en ese estado, ahora le tocaba ocuparse él de Kari. Lo había hecho en la batalla contra Myotismon, y lo volvería a hacer. Su hermano ya había hecho demasiado en su lugar.

Kari miraba desafiante a Satanmon, mientras Dark Phantomon la mantenía quieta tras su guadaña. El digimon estaba gratamente sorprendido de ver como esa niña no mostraba ningún temor a lo que pudiera pasarle.

- Espero que te guste mi torre, desde aquí será donde gobierne el mundo humano.

Kari no respondió, se mantuvo firme, sin apartar la mirada. Satanmon también la miró fijamente, durante varios minutos y en ningún momento desvió la mirada. Esa niña tenía muchas agallas, eso le gustaba.

- Supongo que debo enseñarte algo, ven…

Dark Phantomon apartó la guadaña para que Kari pudiera caminar tras Satanmon, y así seguirla él destre atrás, asegurándose que no intentase escapar. La llevó por un pasillo largo, que terminaba en una puerta tallada en la piedra negra de las paredes. El digimon recitó algo en un idioma que Kari no entendió. Las puertas se abrieron, cubriendo el pasillo unas sombras negras. Kari sintió el frío poder de la oscuridad rodearla. Por un momento se asustó, pero logró mantenerse impasible. No debía mostrar miedo ante ese digimon.

En la habitación, justo en el centro, había un trono con unos adornos que a la niña le pareció horribles: calaveras, cabezas de demonios, símbolos extraños… por encima de este, tres anillos flotaban en el aire, dando vueltas a su alrededor.

- Este será tu trono, emperatriz.

- No me llames así. No soy ninguna emperatriz – reprendió, con asco.

Satanmon soltó una fuerte carcajada. Esa niña tenía valor para hablarle en ese tono. Alrededor del trono, arrodillados, estaban los cinco digimon que formaban el grupo de "los señores de la oscuridad", incluido Apollo en su forma humana. Satanmon lanzó las esferas blanca y negra que extrajo del cuerpo de Kenji a dos de los aros. Estos los absorbieron, comenzando a dar vueltas más de prisa.

- Cuando esté todo listo, se activará el tercer anillo. Entonces nacerás como la Emperatriz de la oscuridad.

- Mis amigos te detendrán.

- Oh, ¿estás segura de eso? – Chasqueó los dedos con una sonrisa maliciosa que a Kari no le gustó nada.

Apollo desapareció un segundo, volviendo a aparecer al poco. Lanzó una cosa blanca a los pies de Kari. Reconoció enseguida lo que era.

- ¡Gatomon!

La gata estaba llena de heridas. Por suerte todavía respiraba, pero por más que llamaba no abría los ojos.

- No está muerta – le avisó Apollo – Me he cuidado de eso.

- ¡¿Por qué le has hecho esto?

- Nos estaba siguiendo – respondió, encogiéndose de hombros.

- Imagínate pues lo que les ocurrirá a los niños elegidos si vienen a salvarte – le advirtió Satanmon - . Te dejaré sola, tengo que hacer los preparativos.

Satanmon abandonó la sala, seguido de Dark Phantomon. Luego pasaron uno por uno sus cinco subordinados, a excepción de Apollo, que se detuvo cuando Kari le habló.

- ¡Apollo-san, ¿por qué nos has traicionado? ¡Pensé que eras amigo de mi hermano!

- No tengo porque darte explicaciones sobre mis razones.

Las puertas se cerraron a su salida, dejando allí dentro sola a Kari con su malherida compañera digimon. De golpe, toda la seguridad y entereza que había demostrado desde que la llevaron allí, desapareció, como las hojas que se lleva el viento. Empezó a llorar, desesperada. Tenía miedo, y estaba muy preocupada por Kenji. Lo último que había visto era como se derrumbaba cuando Satanmon le extraía la luz y la oscuridad de su cuerpo, deseaba saber si estaba bien. Apretó con fuerza su pecho, rodeando con la camiseta el amuleto que tenía escondido. Kenji le dijo que no se separase de él cuando se lo regalo, y jamás lo había hecho. Rezaba porque estuviera bien. Al mismo tiempo, rogaba porque Tai y sus amigos vinieran pronto a rescatarla, tenía mucho miedo. Se acurrucó a un lado, con Gatomon entre sus brazos, mientras lloraba en la oscuridad. Solo podía esperar a que apareciesen.

Tai entró en la habitación donde estaba su hermano. Biyomon había ido a avisarle de que por fin se había despertado. Se quedó helado al verle; estaba muy pálido, con unas terribles ojeras y casi parecía que le costase moverse. Eso no era lo peor, estaba sentado, apoyado con unos cuantos cojines en la pared, y al no llevar la camiseta en su cuerpo podían verse decenas de cicatrices.

- ¿Q-Qué…? – No podía articular palabra alguna, le estaban empezando a aparecer incluso algunas en la cara, como por ejemplo la mejilla.

- Siento… no estar en mejores condiciones… - a pesar de lo apagada que sonaba su voz, se esforzó por sonar con humor.

Tai sonrió, al ver que pese a la situación su hermano parecía mantener su sentido del humor. Buscó con la mirada respuesta de esas heridas en Sora, quien negó con la cabeza.

- Al perder el poder oscuro de Diablomon, las heridas que recibió en su cuerpo durante su estancia en el mundo oscuro están volviendo a salir – le explicó Ginnae.

- ¿Heridas de… el mundo oscuro?

- Aunque se transforme en Diablomon, las heridas que este recibe también se traspasan a su cuerpo. Sin embargo, el poder regenerativo le curaba. Sin él, ahora… las heridas están saliendo otra vez a la luz.

- Bah, no exageres no es para tan… ¡ugh! – En su pecho apareció una nueva cicatriz, en forma de cruz. Su rostro se transformo en una mueca de dolor. Finalmente, pareció que pudo aguantarlo, pero se le veía agotado.

Tai lo miraba tan preocupado como el resto. Si seguía así, acabaría doliendo por culpa del sufrimiento provocado por esas heridas. Tenían que devolverle el poder oscuro que Satanmon le había arrebatado.

- Y aún no le han salido las más graves… solo tenemos unas horas, Tai-kun. Debéis ir a al torre de las sombras de Satanmon, y liberar el poder oscuro que le quito.

- ¿Las más graves? ¿Aún más que eso?

- Por ejemplo… la que le provocó Angemon en la espalda, ¿lo recuerdas?

Miró a su hermano. ¿Cómo iba a olvidarlo? Diablomon se había vuelto loco de improviso y les había atacado. Sin embargo, había protegido a Kari cuando Angemon lanzó su ataque para detenerlo. Si ya vio como el digimon jadeaba de dolor en aquel entonces, ¿qué pasaría con su hermano?

- D-Deja de comerle la cabeza con tonterías que no tienen importancia… ¿quieres?

- ¡¿Qué estás diciendo, hijo? ¡¿Es qué no ves como estás?

- ¡Más importante ahora es rescatar a Kari, mamá! ¡Yo estaré bien!

- ¡No digas tonterías!

- Ginnae… sé que voy a parecer un vampiro con esto pero… ¿tienes las muestras de mi sangre todavía?

El anciano lo miró interrogante por unos segundos, hasta que se le encendió la bombilla. Ya entendía por donde iba a Kenji. Se marchó corriendo a buscar su maletín, tardó un par de minutos en volver. Torpemente, lo abrió encima de la cama, sacando varias cosas que no eran de ninguna utilidad hasta encontrar un pequeño frasco de cristal que vació en una jeringuilla. Inmediatamente, buscó una vena en el brazo del chico, cuando la tuvo, pincho sin pensárselo dos veces.

Ante tal brusquedad, Kenji no pudo disimular el dolor que sintió por la inyección. Sin embargo, el resultado se vio rápido: lentamente, las heridas más pequeñas fueron desapareciendo, como por arte de magia.

- ¿P-Pero qué…? – Sora no daba crédito a lo que estaba viendo.

- Esta sangre de la extraje a Kenji durante su estancia en América, en otras palabras, todavía contiene el poder oscuro de Diablomon. Sin embargo, solo hay cuatro frascos, con esto no tenemos ni para empezar.

- Pero… será suficiente para Tai y sus amigos, así no se tendrá que preocupar por mí… ¿verdad qué no, hermano?

- Kenji…

Su hermano le dibujo una sonrisa, seguido de un guiño con su ojo derecho. Tai estuvo a punto de llamarle idiota, él estaba mucho peor de lo que podrían hacerle a Kari, y aún así seguía preocupándose por ella más que por él mismo. No podía ser con este chico.

- Te prometo que volveremos antes de que te des cuenta. Con ella.

- Ya estás tardando…

Tai marchó para casa de Izzy, seguido por los adultos. La única que se quedó en el cuarto fue Sora.

- Ve con ellos, Sora… estaré bien…

- Sabes que a mi ya no puedes engañarme, ¿verdad?

Kenji parpadeo, haciéndose el sueco. A Sora no le hizo ninguna gracia que se hiciese el despistado, cuando sabía perfectamente de lo que le estaba hablando. Pero formaba ya parte de su forma de comportarse. Estaba segura que Tai también se había dado cuenta, aunque lo hubiese fingido, y Kenji lo sabía.

- Solo vas a recuperarte de las heridas pequeñas, eso no ralentizara que aparezcan las más grandes, ¿a qué no? Además, te ha inyectado sangre, así que no puede hacerlo de forma seguida porque si no te explotaría el corazón por tener más de la necesaria, ¿verdad?

- Me has pillado – sacó la lengua, al verse atrapado.

Suspiró resignada. A veces, por mucho que su corazón lo amase, física y psíquicamente le agotaba esa forma de ser tan suya. Sabía que lo hacía para no preocuparlos, pero, ¿es qué no era capaz de ver el peligro que corría?

- Sé que no voy a poder convencerte de que te vayas con ellos… ¿así que, por qué por lo menos no vas a despedirles?

- ¿Te voy a poder dejar solo un par de minutos sin que hagas una tontería?

- Si, sargento – respondió, poniendo su mano derecha firme en su frente como un novato que acaba de recibir una orden de su instructor.

A Sora no le hizo gracia la broma, pero verle de buen humor la reconfortaba. Al menos parecía que la sangre había hecho algo de efecto. Le dio un beso en la frente y se marchó con Biyomon, para desear suerte a sus compañeros. También disculparse, por no acompañarles.

Tras oír cerrarse la puerta de la calle, la sonrisa de Kenji desapareció, retorciéndose en la cama. Había aguantado todo lo que había podido, pero ya estaba en su límite. La sangre lo había reconfortado un poco, pero no lo suficiente. No podía abusar de ella, o no tendría para resistir más si era necesario.

"No deberías sobre esforzarte de más", le dijo Diablomon, apareciendo uno de los cristales.

Su aspecto no era mucho mejor que el de Kenji. Se le notaba agotado, como si el solo hecho de usar un poco de poder para aparecer en el espejo le supusiera un terrible esfuerzo.

- Tú no estás mejor, compañero… ¿qué tal te ha sentado la "dosis" de oscuridad…?

"Me ha dado algo de poder, poco. Pero menos da una piedra…"

- Lamento haber hecho todo esto sin pedirte permiso. Ya sabes… la energía y el pacto oscuro…

"Hiciste bien. Aunque fuera a la batalla, sin poder digievolucionar no iba a poder hacer mucho… estamos mejor al margen…"

- Créeme, me da rabia no poder luchar con Tai y sus amigos…

"De todas formas le diste…"

Diablomon calló cuando la puerta de la habitación se abrió. Por ella apareció Tai.

- Nos vamos.

- Lamento no poder ayudaros…

- Ya has hecho suficiente, Kenji. Ahora deja que yo me ocupe.

- En cuanto a eso… hay una cosa que tengo que decirte Tai.

- ¿Si?

La puerta de la sala se abrió, pero Kari hizo caso omiso de ello. Gatomon todavía no se había despertado, y ella estaba muy cansada por llevar no sabía cuanto tiempo llorando. Apollo cargaba con una bandeja de comida que dejó a su lado.

- Será mejor que comas algo.

- No tengo hambre…

- No has desayunado nada, es mejor que…

- ¡He dicho que no tengo hambre! – De una patada, alejó la bandeja, tirando todo lo que llevaba al suelo.

Apollo suspiro. Había que ver lo que se parecía esa niña a su hermano mayor.

- ¿Sabes qué eres igual que tu hermanito? Cuando estaba enfermo o deprimido tiraba la comida y no quería comer.

- Y seguro que ahora hará lo mismo… por tu culpa… ¡por tu culpa le han hecho daño! ¡¿Por qué le has traicionado, Apollo-san? ¡El confiaba en ti más que en nadie!

Era increíble. Si hace un momento parecía triste y abatida, ahora le miraba con desprecio y reproche. No le extrañaba para nada. Si la chiquilla espera que, como en los mangas, esas palabras, afiladas como cuchillas, le afectasen se iba a llevar una desilusión. Se mantuvo impasible, como una roca.

- No sabéis nada, niña…

- ¡Seguro qué te habríamos podido ayudar! ¡¿Acaso Mimi-san no te hizo feliz el tiempo que estuviste saliendo con ella? ¡¿No fuiste feliz siendo amigo de mi hermano?

Apollo alzó la mano, dispuesto a darle una bofetada. Kari cerró los ojos, esperando sentir el golpe en su cara. Sin embargo, ese momento nunca llegó. La puerta se cerró de golpe, entonces abrió los ojos. Estaba completamente sola. De nuevo, se acurrucó como antes, con Gatomon entre sus brazos, deseando que todo eso acabase cuanto antes. Quería saber que Kenji estaba bien, como el resto de su familia. Rezaba en silencio por ellos.

En el otro lado de la puerta, Apollo se dejó caer en el piso, derrumbándose. Ante sus ojos pasaron cientos de imágenes: las operaciones, las pruebas, las noches dolorosas cicatrizando las heridas de los experimentos fallidos… pero también los momentos que había pasado junto a Kenji, y más importantes, junto a Mimi. La aparición de Satanmon detuvo su regreso al pasado.

- Espero que ahora no te vayas a ablandar.

- ¿Qué quieres? No estoy de humor para una de tus charlitas sobre fidelidad.

- Los niños están en las puertas de la torre. Los demás ya están en sus puestos.

- Está bien… iré a mi piso entonces.

Se levantó y pasó al lado de Satanmon sin decir ni una sola palabra. El digimon sonrió. ¿Charlitas de fidelidad? Que ridículos podían llegar a ser los humanos, incluso los que no lo eran del todo. Satanmon no se fiaba de nadie, ni se sus propios subordinados, ni tampoco esperaba que ellos lo hicieran de él. Pero de Apollo podía estar seguro que no le traicionaría. Era el arma perfecta: un humano que odiaba a los humanos y un digimon que odiaba a los digimon. Su sed de venganza era tal que haría cualquier cosa por lograr sus objetivos. Si, de sus subordinados era en el que más podía confiar.

Tai y sus compañeros se detuvieron ante la puerta de la torre. Según Ginnae y Gennai era conocida como la "Torre de las sombras". Habían detectado el poder de Satanmon en lo más alto, en una especie de cúpula creada con energía oscura. No tenían muchos datos de esa torre, salvo que estaba protegida por sus cinco sirvientes; "los señores de la oscuridad". Según la teoría de Izzy, eso debería significar que habría unos cinco pisos antes de llegar a la cúpula.

- ¡Bien, vamos allá! – Inició Tai la marcha.

Las puertas se abrieron, como si los estuvieran esperando. Los niños ya contaban con ello, así que no se detuvieron. Entraron en la torre, y tras pasar el último, que fue Joe, las puertas se cerraron. Ahora estaban solos, aislados del exterior, con una única forma de salir: derrotar a Satanmon.