Disclaimer: Obviamente, todos los personajes –excepto unos pocos- pertenecen a Stephenie Meyer. Yo sólo echo a volar la imaginación, disfrutando con el universo que ella ha creado.
A/N: Aquí traigo otro capi nuevo. Muchísimas gracias por seguir ahí, por dejar vuestros comentarios, por contestar a la encuesta aunque sea en el comentario, por apuntarse a las alertas, y por seguir suscribiendo "Espejismos" en vuestra lista de favoritos.
Espero que os guste.
Capítulo Cuarenta y Ocho: "Inconvenientes"
Pv Claudia
Cuando la base de datos de la Guardia Vulturi me había revelado la información de que toda la familia Cullen había quebrantado gravemente las leyes vampíricas, la primera infracción que encontré o que creí descubrir era que habían puesto al descubierto su naturaleza a un humano: Isabella Marie Swan.
Porque ésa es la principal ley que debe acatar un vampiro: mantener en secreto su existencia.
Pero hacía escasamente unos veinte minutos que había sido testigo de una aberración aún mayor: la amistad de un grupo de vampiros con un licántropo.
Ése era un crimen mucho mayor. Porque, al fin y al cabo, si un humano te descubría, la solución era rápida y sencilla. Si tenías sed, lo dejabas seco: un par de forcejeos, un mordisco, y cosa hecha. Si no tenías sed, lo agarrabas del cuello y se lo girabas hasta oír el "crack".
Pero los licántropos, los hijos de la luna, habían nacido para exterminarnos sin contemplaciones, desde el principio de los tiempos.
El hedor que había llegado a mis fosas nasales en el mismo instante en que encaramos el muelle había desencadenado toda una serie de reacciones vergonzosas que el tal Emmett se había encargado de disfrutar, viéndome temblar como una hoja. Me había puesto en evidencia ante aquella descomunal presencia, perdiendo todo control de mi cuerpo, llegando casi incluso a hiperventilar como una novata asustadiza. Y nueve vampiros más habían sido testigos de mi histeria.
Lo más humillante de todo era no tener siquiera fuerzas para deshacerme de las cadenas que me apresaban en aquella estancia acompañada de Alec, mientras el yate, que apestaba a aquel monstruo se dirigía a vete tú a saber dónde.
- Si te estás quietecita, te ayudaré a deshacerte de ese capuchón.- ofreció Alec susurrando tensamente, haciéndome ver cuánto le molestaba mi continuo revoloteo.
- No puedo creer que ni siquiera hayas intentado liberarte.- protesté, susurrando del mismo modo. De lo contrario, podrían oírnos.- ¡Colaboran con licántropos!
Alec gruñó, y sentí cómo la tela abandonaba mi cabeza con unos cuantos tirones.
- ¿Es que no escuchaste nada?- increpó Alec, tras escupir la capucha al suelo.
La visión de Alec capturando la tela entre sus dientes, y escupiéndola con mueca de desagrado debería haber sido cómica. Pero teniendo en cuenta que el encargado de ponérmela había sido el tal Jacob, por sugerencia de Edward Cullen, me sentí muy agradecida de librarme de ella, a la par que asqueada.
- ¡Ya está! ¿Dejarás ahora de moverte?- reclamó mi superior.
Respiré entonces profundamente, y encontré el tufo un poco más llevadero, relajándome casi al instante. Con un rápido vistazo a mi alrededor, confirmé mis sospechas. Estábamos encadenados en el interior de uno de los camarotes del nuevo barco que aquella bestia había traído consigo. La inconfundible forma redonda de los ojos de buey no dejaba lugar a dudas.
- ¿Sabes dónde nos llevan?- inquirí, como si aún estuviera al mando, exigiendo la información de mi subordinado.
- ¿Perdón?
Se le veía claramente molesto, y no tardé mucho en darme cuenta de por qué.
- Gracias, por librarme de ese tormento.- reconocí, respirando hondo, ganándome un significativo levantamiento de cejas por su parte.
Tenía derecho a recriminarme mi falta de gratitud. Pero aquella capucha me había enervado seriamente durante los últimos minutos, y mis circuitos mentales no estaban en su mejor momento.
- Es mi deber. A fin de cuentas, sigo siendo tu superior. Un superior debe cuidar de sus subordinados.- contestó él muy formalmente.
- Tienes derecho a odiarme.- acepté.- por haber anulado tu voluntad. Entendería que me denunciaras.
- Por mi parte fue un descuido imperdonable. Aún no entiendo cómo vuelvo a ser el mismo.- contestó Alec con recelo.
- Tú lo has dicho, eres mi superior. No puedo permitirme anular toda tu voluntad. Te daba simplemente órdenes muy concretas. No quiero tener a toda la Guardia con ansias de venganza contra mi persona.- confesé.
Y mucho menos aún a Jane.
Era realmente increíble. Pero, en medio de toda mi ira y mi frustración, había sido capaz de planearme una salida segura. Sería justa, pero cruelmente castigada por mi osadía, si es que llegaba a enfrentarme cara a cara con el tribunal. La incertidumbre me mataba, y la garganta me ardía. Tosí.
- Ahora es cuando te empiezas a comportar como la novata que eres.- atacó Alec.
- ¿Acaso tú no sientes la sed?- espeté, fulminándolo con la mirada.
- ¿Con el latir continuo del corazón de la hija de Cullen resonando en mis tímpanos, además del del lobo?- se burló él.- No te haces una idea. Pero jamás te muestres débil ante el enemigo.
Había dado en el clavo. Una tortura tras otra. Sutiles y no tan sutiles, pero torturas después de todo. Las descargas eléctricas similares a la invasión de un potente rayo atravesándote el cuerpo de parte a parte. El repugnante hedor de aquella aberrante criatura aliada con los Cullen. La privación de alimento cuando casi desfallecía de sed. Y la cercanía de dos corazones humanos con ese aroma y ese sonido imposibles de ignorar.
Por si todo eso fuera poco, a mí, además, me habían puesto aquella ridícula capucha que apestaba a licántropo. ¡Como si pudiera recobrar mi capacidad sin alimentarme primero! Pero, pensándolo fríamente, tenía sentido. Lo habían hecho adrede. Sólo con ver lo desquiciada que me había mostrado en presencia de la forma lobuna de Jacob Black habían adivinado cómo doblegarme eficazmente. ¿Qué mejor manera de mantenerme a raya que tener un recordatorio constante de la cercanía de aquella pesadilla? Su peste anularía toda posibilidad de raciocinio por mi parte. Yo jamás me había tropezado con un licántropo en vivo y en directo. Y aquella demostración de fuerza y poder me había aterrorizado. Muy hábil, Cullen. Y sutil, muy sutil.
- Más a mi favor.- repliqué.- ¿Cuánto tiempo piensan tenernos así? ¿Es que pretenden matarnos de sed?
- Si no te callas, novata histérica, volveré a ponerte la capucha.- me amenazó Alec.
- ¡¿Novata?- reclamé, levantando la voz.- ¡¿Histérica?
- ¡SILENCIO, SOLDADO! ¡ES UNA ORDEN!- gritó Alec.
Y tenía que obedecerla. Con la cancelación de la captura de Cairé quedaba anulada también mi autoridad temporal sobre Alec, hecho que se acababa de encargar de remarcar gravemente con aquella llamada de atención, que bien podía haber alertado, mejor dicho, que con toda seguridad había alertado al resto del pasaje de que yo no me estaba quietecita, precisamente. Y de que Alec aparecía repentinamente enfurecido hasta extremos altamente intimidantes.
- Ya va siendo hora de que te enteres, niñata. ¡Hasta la hija de Cullen te supera en madurez!- siseó Alec ferozmente.- No eres más que una novata adolescente sin la más mínima idea de lo que supone entrar en combate.
Miré a mi superior completamente estática. Aunque me negara a reconocer el término abiertamente, la hija de Cullen tenía quince años biológicos, pero también vampíricos, supongo. Y yo había sido convertida a la edad biológica de veintitrés años. Pero tan sólo hacía diez años de eso. Ni siquiera era una adolescente. Era una cría.
- ¿Cuánto es lo máximo que has aguantado sin alimentarte? ¿Dos semanas?- se burló Alec, despectivamente.- No llevas siquiera eso… Tranquila, soldado. Un vampiro puede aguantar esto, y hasta diez veces más. El ardor que ahora te parece insoportable, se te antojará una nimiedad si llegas a experimentar el máximo castigo disciplinario de la Guardia. Cuando lleves seis meses bebiendo una única gota de sangre al mes, podrás quejarte de trato "inhumano".
No. Jamás. No sé cómo no había reparado en esa posibilidad. Conocía el castigo. Todos en la Guardia lo conocíamos, y sabíamos lo terriblemente agónico que resultaba. Por eso nadie se rebelaba. Porque la sola idea del ardor insufrible que esa miserable gota de sangre no podía llegar a calmar siquiera infinitesimalmente te tenía férreamente a merced de los caprichosos dictámenes de la Tríada. No sabía muy bien cómo, pero evitaría vivir ese fin.
- ¿Qué cree que hará el licántropo cuando le cuenten lo de las bombas, Señor?- pregunté dócilmente.
- No hará nada.- contestó él, muy seguro de sí mismo.- Obedecerá a regañadientes las indicaciones de Cullen. Y te lo repito, no es un licántropo.
- Lo vi convertirse en lobo.- repliqué, con los ojos entrecerrados.
- Los Quileute no son hijos de la luna. Son cambiadores de forma. No necesitan de las fases lunares para transformarse. La magia corre por sus venas. Si su antepasado el jefe Taha Aki se hubiera refugiado en el cuerpo de un ciervo, se trasformarían en ciervos. Y si se hubiera refugiado en una polilla, serían polillas.- explicaba Alec en tono claramente despectivo.
- ¿Magia? ¿Refugio? Explíquese, Señor.- reclamé, oyendo un gruñido grave, pero muy suave, proveniente de alguna parte del barco.
Un brillo de malicia iluminó los ojos de mi superior.
- Son seres mágicos. Aunque no todos ellos. Sólo los descendientes directos del Jefe Taha Aki. Muchos años antes de su mandato, los quileutes habían descubierto que podían separar su cuerpo de su espíritu, y defender a su gente comunicándose con los otros espíritus que los rodeaban: la tierra, el fuego, el agua, el aire, los animales, y las plantas. Los espíritus guerreros, que así se llamaban, mantenían la paz.- contaba Alec.
Seguí oyendo un gruñido distante, y una serie de cuchicheos.
- Durante el gobierno del Jefe Taha Aki, uno de sus guerreros lo traicionó y usurpó su propio cuerpo, dejando a Taha Aki atrapado en el mundo de los espíritus, sin cuerpo al que volver…
- A ver si lo entiendo. ¿El guerrero traidor ocupó el cuerpo de Taha Aki?- aventuré, y Alec asintió.- ¿No podía Taha Aki ocupar el cuerpo del traidor?
- No. El traidor había matado su propio cuerpo desde el cuerpo de Taha Aki, para no dejarle escapatoria. El usurpador prohibió la entrada al mundo de los espíritus para que nadie supiera el crimen que había cometido. Cuando Taha Aki estaba al borde la locura, viendo los abusos que el traidor cometía usurpando su identidad, pidió refugio al gran lobo dentro de su cuerpo.- proseguía Alec haciendo caso omiso al insistente gruñido.
- Una historia preciosa.- me burlé sarcásticamente. ¿Magia?
- Digamos que el espíritu del lobo y el del hombre se fusionaron, y ahí nos cruzamos nosotros. Si aquel vampiro no hubiera atacado su territorio, ni nosotros sabríamos de su existencia, ni ellos de la nuestra.- concluyó Alec.- Y si Edward Cullen no hubiera leído las mentes de la manada de Jacob durante sus prácticas de lucha para defender a su "familia" de la amenaza que se cernía sobre ellos, Aro jamás habría conocido su historia.
- ¡MALDITO VEJESTORIO COTILLA!- se oyó desde algún lugar del barco.
Alec sólo sonreía ampliamente satisfecho.
- Está fuera de su territorio.- anunció entonces en voz alta.- Si nos toca, estaría declarándonos la guerra. Y él sabe que no le conviene. ¿Verdad, Jacob?
¿Y no conocía la pequeña Cullen ese ínfimo detalle, cuando nos amenazó con su intervención? Así estaba Alec tan campante, sabiendo que el lobazo era tan solo un perrito faldero.
Pv Alice
¿Quién dijo que viajar en barco era relajante?
Desde luego no era un vampiro clarividente encargado de la seguridad de los suyos. Por si no tuviera bastante con la frustración de no poder nada de nuestro futuro –honestamente, creo que Edward debería haber recordado ese pequeño detalle antes de invitar a Jake a unirse a la expedición-, ahora tenía que lidiar con el repentino cambio de papeles entre Alec y Claudia. Justo cuando ya podía vigilar a Claudia, era el veterano el que volvía a tener el control, y no podía vigilarle porque Jacob y sus interferencias estaban presentes.
Cuando oímos la pérdida de papeles de Alec con aquel grito furioso, los vellos se me erizaron y bajé inmediatamente a las cercanías de la bodega, lejos de Jake y sus interferencias para intentar vigilar las intenciones del peligroso guardián. Entonces éste comenzó a ilustrar a su subordinada con un relato bastante acertado de por qué no era adecuado llamar licántropo a nuestro amigo, y al oír su primer gruñido –suave, un gruñido de advertencia-, supe que tenía que volver con el resto. Me tomé mi tiempo, pero aceleré el paso cuando oí el exabrupto de Jake.
Cuando llegué a cubierta, Edward aparecía consternado, y a Jacob le salía humo de las orejas.
- ¡Genial, Cullen!- exclamaba.- ¡Simplemente genial!
- Jacob, cálmate…- pedía mi sobrina, apoyando una mano sobre el tembloroso y fornido brazo del muchacho.
- ¡No! ¡No, Nessie, no!- negó éste sacudiéndose el tierno gesto de la chica. Antes claro de encogerse reconociendo lo poco acertado de su reacción.- Son secretos ancestrales, que únicamente deberían saber los de mi tribu. Era seguro contárselo a Bella porque él no podía leer su mente… ¿No lo entiendes? Ahora toda mi gente está expuesta. Y es mi culpa.
- Al contrario, Jake…- insistía ella, conciliadora.
- ¡Claro que sí! Porque la culpa ¡es del cotilla de tu padre!- arremetió él entonces, señalando maleducadamente con el dedo a mi hermano.
La exclamación indignada de Rosalie no se hizo esperar.
- Eh… Jake, chaval…- entró enseguida Emmett.
- ¡No te metas, Emmett! ¡Sabes que es cierto!- protestó Jake, cogiendo carrerilla.- Si el blandito de Edward no hubiera husmeado en las mentes de la manada y especialmente en la mía, para evitar que Bella y y…
- ¡JAKE!
Tanto mi sobrina como su padre habían explotado en el mismo momento. Nessie, para que no siguiera hablando, y Edward, como recordatorio no silencioso de que a Bella aún le quedaba mucho por recordar y ése no era el método más sabio para ayudarla.
Jake respiró hondo y se giró hacia Nessie.
- Es que así no puedo protegerte.- lamentó sosteniendo el menudo rostro de la chiquilla con sus dos grandes manos.
- Pff, Jake…- bufó mi sobrina, molesta- Sabes perfectamente que con lo que me ha enseñado el tío Jazz…
- ¡¿QUÉ?
¡Oh, Dios mío! ¡Tierra trágame! ¿Era el día nacional de la verborrea? Acto seguido, Edward clavaba una poco amistosa mirada en mi Jasper.
- ¿Qué es lo que le has enseñado a mi hija, tío Jazz?- preguntó acusatoriamente mi hermano.
La verdad, no entendía por qué no había intentado ya calmar los ánimos. Hasta que le miré a los ojos, casi negros. A lo mejor sí que lo había hecho.
- Exactamente lo mismo que yo hubiera querido enseñarle.- replicó Jake con un tono nada inocente. Quizá los ánimos estaban ya demasiado caldeados.
- ¡Como le pongas un solo dedo encima, chucho descarado…!
Bella interrumpió la amenaza de mi hermano. De repente allí estaba, en medio de los dos, cada una de sus manos presionando contra el pecho de uno de ellos, evitando que se acercaran más, aunque sus narices casi se tocasen.
- ¡Parad ya!- se la oyó sollozar.
No transcurrió siquiera un segundo más antes de que su cuerpo se quedara inmóvil, como el de una estatua, y sus ojos se abrieran como platos.
- ¿Bella?- preguntó tentativamente Edward, olvidándose de inmediato de su disputa con Jacob.
Pero ella sólo respiraba pesadamente.
- Hey, Bells.- llamó Jacob entonces.
- Dejad de pelear.- pidió unos segundos después Bella, casi en trance, con la voz estrangulada, y añadió en un susurro para sí, casi imperceptible.- No es la primera vez
Sólo cuando los sintió relajarse bajó sus manos, aún conservando la misma posición.
- Y por eso mismo, yo asumí esa enseñanza.- admitió Jazz.- Aunque Alice no haya visto nada en quince años, como estratega de esta familia, lo he creído conveniente. Y necesario.
- Jazz tiene razón, tío.- apoyó Emmett.
- Sabes que es así, Edward.- continuó Rose.- Del mismo modo que cuando no pudiste adiestrar a Bella, hemos sido nosotros quienes…
- ¡Rose!- siseó mi hermano.
- ¿Adiestrarme? ¿Para qué?- preguntó Bella, saliendo apenas de su estupor.- El cuerpo a cuerpo se me daba bien. Dietrich llegó a preguntarme si recordaba haber recibido algún tipo de instrucción militar, siendo humana. Claro, él ignoraba el jueguecito de Claudia…
- ¿Recibiste adiestramiento para la lucha en Volterra, Bella?- preguntó Jasper, y no se me pasó desapercibido el deje de impaciencia infantil.
No me fastidies… ¡Hombres!
- Más de uno y más de dos mordieron el polvo.- contestó ella, disfrutando del recuerdo.
Jasper sonrió, orgulloso de su pupila.
- Mis disculpas, Mayor.- reconoció Edward, exhalando un profundo suspiro avergonzado.- Supongo que no solamente entrenas a Nessie.
- No.- admitió Jasper, ligeramente divertido con su travesura.
- Y te estoy inmensamente agradecido por ello.- contestó Edward, sin quitar los ojos de su esposa.
De sobra era sabido por todos el sufrimiento que habría padecido Edward si Bella hubiera resultado herida en Volterra por no saber defenderse. Si un vampiro perdía un miembro podía recolocárselo, por supuesto, excluyendo el caso de la cabeza. Si la cabeza se separaba aunque fuera mínimamente del cuerpo, todo acababa. Pero no quería ni imaginarme cómo se sentiría Edward sólo con la mera idea de que Bella pasara por aquello.
Jasper tanteó brevemente a mi hermano, y oí la risita traviesa de Emmett. Con el imperceptible asentimiento de su broncínea cabeza, mi marido fijó sus ojos en Bella, haciendo que Jacob se apartara, sonriendo.
- Sólo una pequeña demostración de tus progresos, Bella.- tranquilizó, adoptando una postura de ataque.
- Jazz, cielo… estamos en un barco.- recordé a mi marido.
No es que él no lo supiera. Es sólo que la euforia de una inminente lucha podía con él.
- Tranquila, cariño.- me respondió, comenzando a acercarse a Bella, que seguía sus movimientos, repentinamente concentrada.- Suave, ¿de acuerdo?
Dicho esto, se abalanzó para atrapar el brazo izquierdo de Bella a su espalda. Pero ella esquivó acertadamente el ataque girando el tronco y apartándose de la trayectoria. Mientras Jazz volvía a encararla, Bella trató de golpearle a un lado de la cabeza para aturdirle, y Jazz se dobló hacia atrás evitando que le alcanzara. Sus ojos brillaron cuando vieron que Bella se había entusiasmado en el golpe y quedaba de espaldas a él. Trató de atrapar sus brazos contra su cuerpo rodeándola en un abrazo, pero Bella ya se había agachado y había rodado sobre sí misma, incorporándose sólo lo necesario para agazaparse y apoyarse sobre sus manos, estirando rápidamente una de sus piernas y girando como una exhalación, para asestar un tremendo golpe en las pantorrillas a Jazz y derrumbarle, haciéndolo caer a plomo sobre la cubierta. Todos agradecimos la rapidez con la que mi marido amortiguó el golpe con las manos, o habría quedado un bonito boquete en la cubierta del yate, y posiblemente habríamos tenido que terminar el viaje a nado o hacinados en la motora.
- ¡Suficiente!- ordenó, viendo peligrar la integridad de la nave.
- Más que suficiente.- apuntó mi hermano, eso sí, con una actitud mucho más animada.
Alivio y orgullo a partes iguales en su voz.
Bella sonreía, asintiendo a la orden de su entrenador.
- Guau, Bells… Eso ha sido impresionante.- calificó Jacob, mirándola apabullado.
Hasta yo misma me sentía más relajada, viendo la aceptación de Edward. Bella se giró hacia él, incorporándose con una amplia sonrisa adornando su rostro, y él acarició con adoración su mejilla.
- Nunca dejarás de sorprenderme, amor.- le dijo sonriendo de medio lado, la sonrisa favorita de Bella.
¿Seguís conmigo?
Apelo a vuestra paciencia. Este curso tengo que preparar Oposiciones y tengo que tomármelo en serio, esta vez. Me hubiera gustado acabar con la historia antes de empezar a estudiar, pero la musa me abandonó. No podré tener actualizaciones frecuentes, pero no abandonaré el fic. Lo prometo.
¡Besotes!
