Emma se levantó unos minutos después y salió para recoger el desayuno de Regina. Antes de poder terminar de bajar los escalones el timbre sonó, Emma terminó de bajar rápidamente y abrió la puerta.
-¡Emma!- Gritó Sophia que se abrazó a la rubia, ambas habían creado un fuerte lazo.
-Hola, cariño.- Dijo la rubia.- ¿Dónde está mama?- Preguntó a la niña.
-Ahí, está sacando mi mochila con Graham.- Contestó ella.- ¿Dónde está Gina? ¿Puedo verla? ¿Y mi madrina?- Preguntó excitada.
-No te preocupes, ahora te llevo con ella. – Aseguró Emma que tenía sus manos colocadas sobre el hombro de la niña.
-Hola, ¿Cómo estáis?- Preguntó Anna que llegó a la puerta.
-Muy bien, ¿Qué tal tú?- Pregunto Emma colocando sus manos sobre la abultada barriga de la mujer.
-Pesada, estoy deseando de tener a este pequeño.- Aseguró la mujer.- Gracias por quedarte con Sophia.
-Es un placer.- Contestó la rubia.
-Ya me marchó, Graham os saluda después que esta contestado una llamada.- Dijo Anna dándole un beso a su hija y un abrazo cariñoso a Emma.
Ambas esperaron a que el coche se alejase, Emma cerró la puerta y llevó la bolsa de la niña a la sala para después dirigirse hacia la cocina a por el desayuno. Anna cogió un pastelito que allí había mientras que Emma terminaba de colocarlo todo en la bandeja.
-¡Tina!- Grito Sophia al ver a la perrita entrar corriendo desde el jardín.
-Pequeña, relaja.- Emma miró a la perra y se sentó esperando por su comida.- ¿Quieres echarle de comer? –Preguntó ella.
-Claro. – Contestó la niña.
-En esa estantería está el saquito del pienso, échale un cacharrito solamente.- Dijo Emma.- Cuando termines subes, ¿Vale?- Preguntó y ella asintió.
Emma salió de la cocina con la bandeja en sus manos, Regina debía de hacer reposo durante unos días aunque la morena se negaba a permanecer en la cama, la rubia era lo suficientemente persuasiva para acabar haciendo su voluntad.
-¿Quién ha tocado?- Preguntó la morena que estaba mirando a su pequeña en la cuna.
-Era Anna, habíamos quedado en cuidar de Sophia hoy para que ella pudiese ir a la última ecografía.- Contestó Emma dejando la bandeja sobre la cama.
-Cierto, ya no me acordaba.- Dijo Regina cogiendo una magdalena. - ¿Dónde está?- Peguntó al ver que no estaba detrás de ella.
-Jugando con Tina, viene ahora.- Aseguró la rubia que se levantó para abrir un poco la ventana para dejar entrar el sol.
-Ven aquí.- Pidió Regina pidiendo a la rubia que se subiese en la cama.
-Voy.- Contestó Emma quitándose los zapatos para meterse en la cama.
Emma cogió su chocolate caliente de la bandeja y un pastel para acomodarse en la cama. Disfrutaba de esos días en los que ninguna de las dos salía de ese dormitorio que tantos buenos momentos juntas.
-¡Madrina!- Gritó la niña lanzándose a la cama.
-Shh.- Dijo la morena abrazándola.
Gina se sobresaltó y comenzó a llorar, Emma se levantó rápidamente y la cogió en sus brazos para que se calmase. La niña adoraba estar en brazos y se calmó al instante.
-Lo siento. –Dijo Sophia.
-No te preocupes.- Aseguró Emma.- Mira quien ha venido a verte.- Emma alzó un poco a la niña para que Sophia pudiese verla.
-¿Mi hermano será tan pequeñito?- Preguntó ella cogiéndole la mano.
-Sí, será igual.- Contestó Regina que devoraba el desayuno con ansias.
-Ya quiero conocerlo.- Aseguró ella que jugaba con los dedos de la pequeña.
-Nosotras también.- Dijo Emma.
Las tres pasaron el resto de la mañana en la cama, la pequeña se había quedado dormida unos minutos después. Emma sacó el juego de mesa que le había regalado a la niña el último día que pasó con ellas y se pusieron a jugar.
-¡Gané!- Espetó Emma contentas.
-Eres una tramposa.- Se quejó Sophia.
-Claro que no.- Soltó ella fingiendo estar molesta.
-Claro que sí, ¿Verdad madrina?- Le preguntó a Regina.
-Un poco, sí.- Dijo entonces la morena guiñándole un ojo a Emma.
-Claro que no, no sabéis perder.- Espeto levantándose.- Ahora vamos a comer, y te llevaré un rato al parque para que descargues toda esa energía que tienes.
-Creo que no estoy preparada para tener más hijos.- Dijo Emma dejándose caer en la cama.
-¿Has cambiado de idea? –Preguntó entonces Regina con una sonrisa en la cara.
-Casi que si.- Contestó ella dándole un beso en la mejilla. – Sophia tiene mucha energía. Y ahora con la llegada del otro pequeño… madre mía, creo que vamos a tener que coger fuerzas.
-Todos los niños tienen mucha energía.- Aseguró la morena.
-Eso no me consuela.- Dijo Emma levantándose para acercarse a la cuna.- ¿Cómo habéis pasado la tarde? –Preguntó cogiendo a la niña que estaba despierta en sus brazos.
-Emma, has estado fuera una hora y media… claro que no ha pasado nada.- Contestó Regina que se rio por el lado sobreprotector de la rubia.
-¿Solo una hora y media? Me ha perecido mucho más.- Aseguró metiéndose en la cama con Gina en sus brazos.
-Solo ha sido ese tiempo… aunque me ha parecido una eternidad.- Dijo Regina.- Llevo cuatro días sin moverme de aquí y te aseguro que mañana iré a dar un paseo.
-De eso nada, el médico dijo que una semana.- Le regañó Emma que le soplaba suavemente a la cara a Gina que se reía cuando se lo hacían.
-Emma…- El tono de Regina dio a entender que no había nada que pudiese hacer para cambiar su opinión.
-Vale, iremos a dar un paseo. ¿Vamos a estrenar tu carrito?- Le pregunto a la niña soplándole otra.
-Deja de hacerle eso.- Espetó Regina que le regañaba.
-Sí le encanta.- Contestó la rubia.- Por cierto, he hablado con Gus.- Dijo Emma.
Regina se puso seria cuando escuchó esas palabras. Emma tenía un par de conciertos en una semana fuera de la ciudad, como en teoría ella debería de seguir embarazada el plan era que la morena la acompañase a donde tenía que ir, pero ahora las cosas eran diferentes. A Regina no le hacía gracia que la rubia se fuese, la echaba de menos cuando lo hacía pero no se lo dijo pues sabía que su carrera era importante y no quería ser egoísta con ella.
-¿Qué te ha dicho?- Preguntó cuándo salió de su ensimismamiento.
-He hablado con él y hemos cancelado los próximos conciertos.- Contestó Emma meciendo a su hija.
-¿Por qué? –Preguntó Regina que en el fondo estaba alegre por eso.
-¿Cómo que por qué? Obviamente no me voy a marchar de la ciudad, al menos hasta dentro de unos meses.- Contestó Emma muy segura.- Le he dicho que cierre todos los conciertos que tenga aquí pero que los que incluyan viaje o tener que pasar noches fuera los cancele de momento. Dentro de unos meses volveré a trabajar.- Aseguró la rubia.
-¿Te puedo confesar algo?- Preguntó Regina que se había girado para mirar a Emma a los ojos. Emma simplemente asintió dejando de mirar a la niña para mirar a su prometida.- Me alegra mucho esa noticia, no te lo quería decir pero no quería que te fueses.- Sentenció la morena.- Sé que es tu trabajo y habría respetado tu decisión pero me gusta la idea de que no te alejes de nosotras, al menos durante un tiempo.- Concluyó Regina.
-¿Cómo me iba a alejar de ese bizcochito? –Preguntó dándole un sonoro beso en la mejilla a la niña.
-Creo que estoy algo celosa.- Contestó Regina.
-Más celosa debería de estar yo, además de ser su madre favorita… tengo que esperar a que te recuperes para poder hacerte el amor, eso es una gran injusticia.- Dijo en tono de broma Emma.
-Sí que lo es, cariño, sí que lo es.- Aseguró Regina que también deseaba a Emma profundamente.
FIN
Mañana os publicaré el epigolo ya que aún no lo tengo escrito, sólo puedo agradeceros todos los comentarios. Me encanta ver ese 500 cuando entro en los comentarios, espero que la otra historia os guste también.
