51 Otoño
Las semanas transcurrían y traerían, eventualmente, cambios al paisaje. Las hojas comenzaron a teñirse. Los dorados, ocres y rojizos comenzaron a tomar posesión de la masa boscosa de la manera más sublime; los prados cayeron en sus acostumbrados letargos, las formas de vida se preparaban para las temperaturas que irían descendiendo con el transcurso de cada día.
Kagome había decidido caminar por los alrededores, en el linde donde los jardines comenzaban una delicada transición hacia la pradera y luego al bosque. El silencio de aquel remoto sitio traía paz a su espíritu y la soledad de su momento ofrecía el espacio propicio para pensar en sus circunstancias.
—Señorita Kagome.
La voz paternal de Miroku la arrebató de su ensimismamiento y volviéndose, le sonrió.
—¿Puedo hacerle una pregunta personal?
—Claro.
—¿Ha perdido a alguien cercano?
—A mi padre.
—Porque mañana es el Equinoccio de Otoño y como usted sabrá, es costumbre visitar a los difuntos.
—Sí, lo sé.
—¿Le gustaría participar del festival? Había pensado en algo simbólico ya que no podremos ir hasta Tokio.
—Me encantaría —y la luz llegó a sus ojos cuando sonrió una vez más.
Miroku le devolvió el gesto y con una inclinación de cabeza, la dejó sola. Kagome se alegró ante la perspectiva de un evento de esas características; una parte de ella necesitaba dejar de lado su presente y regresar al recuerdo de su padre. El Equinoccio de Otoño arribaba oportuno.
Una voz la distrajo otra vez y Kagome inició una nueva conversación.
El anfitrión, como una gárgola contra la ventana, observaba el intercambio, absteniéndose con cierta dificultad de escuchar. No se consideraba lo suficientemente infantil como para querer saber qué era lo que su ridículo medio hermano tenía para decirle a Kagome.
Todavía se preguntaba por qué rayos había accedido a ese incordio.
Aunque no oía deliberadamente sus palabras, la risa femenina le llegó con la claridad de un amanecer. La distancia no era un obstáculo por lo que también pudo ver la sonrisa idiota en el rostro de Inuyasha. Lo único que faltaba era un cartel de neón. Sus intenciones no podrían ser más obvias.
«Sé qué ocurre con ella.»
En el momento se había tenido que morder la lengua para no preguntarle a Miroku qué era lo que sabía. Él podía circunscribirse a especulaciones e hipótesis, pero detestaba esos derroteros inacabables. El daiyoukai era criatura de hechos factibles y conclusiones viables, no podía darse el lujo de permitirle a su cabeza deambular o perdería el juicio.
Esa miko prometía hacerle perder las riendas de su cordura.
Entrecerró los ojos cuando vio a Inuyasha iniciar una patética y poco sutil aproximación.
Inconscientemente hizo sonar los dedos de sus manos.
Detén esto, se reprochó, no estás siendo racional.
—Me pregunto qué evento cósmico ocurrió para que le hayas permitido a Inuyasha estar aquí.
—Mm.
Miroku se acercó a su amigo y sobre su hombro echó un vistazo a lo que ocurría en los jardines.
—Koga cree que está enamorado de ella —comentó casual.
Silencio. El monje no lo advirtió pero Sesshomaru tensó la mandíbula.
—Ha evolucionado favorablemente en su preparación —cambió el tema, sintiéndolo urticante—. Aprende muy rápido.
—Es menester, el mundo depende de ella —dijo entonces, caminando hasta su escritorio, apoyándose sobre la madera labrada y cruzándose de brazos.
—No obstante —Sesshomaru lo miró, el conector no siendo de su agrado—, su estado emocional sigue siendo su mayor obstáculo.
—¿Incapaz de controlarlo aún?
—Está triste —el daiyoukai percibió el tono acusador.
Triste. Se preguntó si esa situación era su completa responsabilidad.
—Fallo al comprender por qué crees que es mi culpa.
—La has estado ignorando, Sesshomaru.
Ya no sé qué hacer en su presencia. Y alguien como él jamás dejaría al descubierto sus verdaderos sentimientos, sus pensamientos, sus reacciones. Pero con ella ya no sabía cómo enmascararse, cómo permanecer oculto detrás de una indiferencia que cuando se trataba de esa mujer, no lo era más.
Porque le importaba. Y mucho.
Miroku miraba por la ventana.
—Primero era divertido —habló—, luego se volvió sencillamente absurdo.
—No forzaré ninguna circunstancia.
—Y con esa excusa —se volvió—, dejarás pasar la oportunidad.
—¿De qué oportunidad me hablas?
—Creo que Kagome es lo mejor que te ha pasado en la vida y planeas dejarla ir. ¿Entiendes la inconsecuencia de esa decisión?
—Es humana, Miroku, es una sacerdotisa. No hay punto de cohesión entre nosotros.
—¿Los sentimientos de ambos te parece poco?
—No puedes decir que sabes lo que ella siente. Te arriesgas a ser ufano.
Miroku se permitió una risa.
Sesshomaru creyó por un segundo que asesinaría a su amigo a sangre fría.
—¿Ufano? ¿Es que pasas por alto deliberadamente sus emociones? Sesshomaru, es más allá de obvio que corresponde a tus sentimientos.
—Mi determinación es final. Por otro lado, amar no es siempre lo único que se necesita, deja tus románticas concepciones.
—Lo es ahora —su cuerpo se predispuso para macharse, pero antes agregó:—. Y aunque no lo fuera, te has puesto en evidencia. ¿Comprendes eso?
Sesshomaru cerró los ojos derrotado, descubriendo muy tarde su pequeño pero trascendental error. Tal fue irritación que expuso su verdadera naturaleza y hundió con fuerza apenas medida las garras en el mueble de madera. Rítmicos cracs dieron cuenta del fatal destino que le aguardaba al escritorio y el daiyoukai detuvo su obra destructiva.
Pero dentro suyo aún rugía la bestia. Se sentía belicoso, violento, con insoportables deseos de derramar sangre.
Por primera vez en su vida añoró las épocas pasadas, cuando la vida era más sencilla e impartía justicia y castigos de acuerdo a su parecer sin consecuencia alguna, sin comparecer ante nadie. Maldito siglo XXI y sus molestas leyes contra los homicidios.
Un gruñido nació desde su abdomen y ascendió hasta quedar atrapado en su garganta.
NA: Ok, dije que iba a intentar cumplir con sus pedidos, no que fuera a ser automático *sonríe nerviosamente*
Hace rato que vengo leyendo que quieren más acción y es vergonzoso porque de 51 capítulos, uno ha hecho alusión a algo cercano a la acción. Prometo que se viene, lo juro, pero antes tengo que presentar ciertas situaciones para que en el momento de la verdad entiendan mejor. Moon Plain pidió una mascota, una mascota tendrá... eventualmente, aunque sería algo anecdótico. Ah, también, y como dato general, los capítulos irán siendo más largos, gradual pero decididamente.
Y aparecí pronto, ¿no? Es que hoy es un día especial porque es MI CUMPLEAÑOS y un cuarto de siglo es una gran cosa, así que no me maten por hoy.
Me di cuenta que en sus comentarios me dejaron sus nombres Blanca y Laura, así quisiera saber el del resto. ¡Este trato personal me encanta! Es un placer tenerlas como lectoras.
Esta nota de autor se extendió demasiado. ¡Nos vemos el lunes! :*
J.
