Dear diary,
Mi madre, a pesar de lo mucho que le insistí en que no lo hiciera, permaneció conmigo el resto de la noche cuidando de mi fiebre para que no subiera. Para cuando se marchó yo me quedé dormida pues solo la recuerdo a ella cantándome nanas en chino y acariciándome el cabello.
A la mañana siguiente, es decir, hoy en el día desperté con las energías cargadas. Al mirar a mi alrededor en la cama vi a Tikki dormida sobre uno de mis almohadones. Eso me recordó a cierto gatito que permaneció ayer en el tejado de mi casa jugando con los kwamis y velando tras el cristal por mí al igual que mi madre.
Solo de pensarlo no puedo evitar sentir mi cara arder…
Me levanté de la cama con tal rapidez al recordarle que hasta estuve a punto de tirar el cojín sobre el que dormía mi kwami, la cual exclamó espantada al haber sido la causante de irrumpir su sueño. Para cuando estaba de pie en la azotea de mi habitación con la respiración agitada me quedé anonadada con la escena.
El rubio había permanecido durante toda la noche en el lugar y había quedado profundamente dormido sentado en el suelo y con la espalda apoyada sobre una de las paredes de ladrillo junto a mi claraboya.
Verlo de manera tan dulce e inocente durmiendo, me conmovió y no pude evitar agacharme junto a él y tras dudarlo muchas veces apartarle el flequillo del rostro para acariciar su cabello con suavidad y contemplarle mejor. El que susurrara mi nombre civil en sueños solo provocó que me apartara asustada por la posibilidad de haberlo despertado. La sangre se me subió al rostro al verlo sonreír en el momento y de manera inconsciente apretó uno de sus puños. Me sorprendí gratamente cuando vi que en su mano no solo llevaba la muñequera que le hice puesta en su muñeca, sino que también portaba el amuleto de cuentas que le regalé tiempo atrás para el torneo de videojuegos.
Plagg me volvió a asustar cuando apareció frente a Adrien y a mí pidiendo por camembert impacientemente. Tikki le recriminó su actitud mientras yo pegaba un pingo hacia atrás temiendo esta vez sí haber despertado al rubio. Pero no fue así. Tenía el sueño pesado.
Bajé a desayunar con mis padres y volví a subir con una pequeña bandeja de galletas y trocitos de queso para los dos kwamis. La pequeña mariquita sonreía alegre y agradecida y el pequeño gato volaba enamorado del nuevo sabor de queso que le había dado a probar.
Quería despertar a Adrien. No debía de ser cómodo y debería de comer algo, pero tampoco tenía corazón para irrumpir sus sueños, así que al final decidí coger una de las mantas más abrigadas de mi habitación y lo arropé con ella puesto que corría cierto aire fresco aún en la calle. No tenía fuerza suficiente para mover al rubio de sitio así que decidí permanecer a su lado al menos para velar por su sueño y más tarde decidir preguntarle por todas las dudas que me abrumaban y aún lo hacen.
El resto del día he permanecido con los pequeños kwamis entre risas y anécdotas del gato negro sobre su convivencia con el rubio. No pude evitar en más de una ocasión reírme levemente y lamentarme por las pequeñas torturas a las que lo habría sometido Plagg a Adrien.
Me quedé muda cuando Tikki me dijo que durante la noche, y mientras mi madre me cuidaba, Chat se encargó de hacer la patrulla con ella y se las ingenió para buscar por su cuenta algo de alimento como había estado haciendo estos días. Según mi pequeña amiga era sorprendente como podían llegar a ser de agradecidos los ciudadanos con los héroes, puesto que por ejemplo, Chat ayudó a un chico de reparto con su bicicleta ya que había tenido un incidente con ella y éste, a modo de compensación al héroe que admiraba le dio un trozo de la pizza que repartía o que iba a ser para él mismo. El rubio según Tikki siempre se molestaba intimidado por las ayudas y lo rechazaba con una elegancia y educación que era típica de su forma civil, pero al final, debido a la insistencia y su situación actual, fuera de casa, acababa aceptando.
No puedo evitar sentirme orgullosa y a la vez apenada por el chico a mi lado. Según Plagg, quejoso, una vez terminó la patrulla, no solo no le dio su Camembert porque no le quedaba, sino que no durmió en toda la noche observándome desde la claraboya desde que mi madre se marchó, no queriendo despertarme y hablar para no interrumpir mi sueño. Era justamente como yo lo estoy haciendo desde que lo encontré aquí.
Ahora estoy escribiéndote, querido diario, junto a él, quién ahora parece recaer un poco su cabeza sobre mi hombro, poniéndome el corazón a mil por hora y con un nudo en la garganta conteniendo el grito de emoción y fan loca por el chico que siempre me maravilló en todas sus facetas. Los kwamis ahora duermen después de que yo me hubiera marchado de nuevo para ir a almorzar. Esta vez aparté algo de mi propia comida para dejarla junto a mí y dársela al rubio cuando despierte. Solo espero que su tiempo a la interperie no le pase factura y enferme.
No puedo esperar por perderme en sus ojos verdes…
Todo esto parece tan…irreal…
See you tomorrow diary,
Marinette.
