Ninguno de los personajes de Southern Vampire Mysteries o de True Blood me pertenecen. Son propiedad de Charlaine Harris y de Alan Ball.
Un enorme camión Mercedes permanecía aparcado en un claro entre los árboles, al lado de la carretera local que comunicaba Bon Temps con el pueblo de al lado. Una vampiresa joven le abrió las puertas del remolque. Subieron los tres: Gaspar, Raquel y Eric. La joven vampira cerró y luego Eric la oyó caminar y subirse en otro vehículo. Dentro de la cabina se extendía una habitación lujosa, con un sofá de cuero blanco, una pantalla de plasma y un frigorífico repleto de sangre sintética. También había tres ataúdes de viaje.
-El contenedor está insonorizado, blindado y por supuesto los rayos del sol no nos afectarían aquí dentro si decidiéramos, por ejemplo, dormir en el sofá. Pero yo descanso mejor dentro de un ataúd. No me quito la costumbre. ¿Tú?
-…
-Oh, bien, esa es para ti. Espero que quepas dentro. Ya me habían avisado que eras un tipo grande, pensé que exageraban…-En la tapa llevaba el sello homologado de la compañía, que certificaba que cumplía todos los requisitos de seguridad estipulados por la Agencia de Salud vampírica-Hay sangre en la nevera también, yo voy a echarme un trago, si no te importa...
-Por favor, adelante-respondió con algo de sorna.
-¿Otra para ti?-Pensó en negarse, pero había participado en una dura batalla e incluso él necesitaba recuperación. Gaspar se acercó a la nevera-Tienes pinta de ser de O negativo ¿me equivoco?
-No.
-¿Tú quieres una, Raquel?
-No.
-¿Estás segura?-se encogió de hombros-Solo acepta beber sangre directamente de la fuente, tú ya ma entiendes-le dijo a Eric pasándole una botella de Royal-Aunque a veces consiente en beber sangre de donantes en bolsa.
-Gaspar-le advirtió, pero él hizo un gesto con la mano quitándole importancia-La noche ha sido larga y creo que nos conviene a todos descansar. Apenas falta una hora para el amanecer.
Eric tomó la Royal de un trago, y sin pedir permiso, se sirvió otra. Gaspar ni lo miró, pero Raquel le lanzó una mirada reprobatoria. Dejó las dos botellas en el suelo, al lado del sofá, y se encaminó a su ataúd. La abrió y se acostó. Una vez dentro, Eric la reprogramó para que nadie salvo él pudiera abrirla durante el día. Pensó en Sookie y en Pam, y les envió una oleada de amor a ambas, sin estar seguro de si su esposa lo sentiría.
...
Jason derrapó con la camioneta por el camino de grava de su hermana. La bruja y su aquelarre la habían ocultado y ni siquiera él sabía dónde estaba. Le cabreaba un poco, pero lo entendía y había apoyado a Eric en lo de esconderla hasta que las aguas volvieran a su cauce.
Habló con un par de lobos de la manada de Alcide, que le aseguraron que su líder estaba de camino. Había dormido durante buena parte del día y luego se había dedicado a cosas mundanas, solo para probarse a sí mismo que sus vidas aún podían ser normales: hizo la compra para él y para Sookie (aunque ella no comía), se compró unas botas con puntera de acero nuevas y se agenció unas cuantas herramientas en la semana del bricolaje.
Aprovechó las últimas horas de luz para arreglar unos cuantos maderos del porche de su hermana y se lamentó por haber olvidado comprar barniz de exteriores y pintura blanca.
En cuanto cayó la noche se oyeron los primeros lamentos y los vampiros aliados de Eric que se habían recuperado bajo tierra se levantaron. Pam también lo hizo y envió a los vampiros de su zona a cubrir el Fangtasia y a seguir con la mayor normalidad posible, ahora que los enemigos habían sido subyugados. Bill, que había descansado en su casa, se acercó a unos cien metros. Se hicieron un gesto con la cabeza y el joven vampiro sureño desapareció a toda velocidad.
-¿Ya puedes dedicarme un minuto?-le preguntó Jason.
-Tengo una zona que organizar y por si no te has dado cuenta, no está mi señor.
-Ha pasado algo hoy, Pam.
-Han pasado muchas cosas, Stackhouse, en las últimas horas.
-Me refiero a mi hermana.
-Dime que Sookie está bien.
-Ella está bien-le garantizó.
-¿Se ha despertado?
-No. Es otra cosa.
-No han dejado de pasarle cosas raras a tu hermana desde que cayó en ese sueño.
-¿Dónde está Eric? Tengo que hablar con él.
-No lo sé, y yo también quiero hablar con él. Stackhouse, si Eric no da señales de vida durante esta noche…
-¿Qué quieres decir?
-Quiero decir que estoy conectada a mi creador de una manera que tú no puedes imaginar… si la señal de alarma me llega, tendremos que ir a buscar a Sookie y salir de aquí.
-¿Salir a dónde?
-Lejos. Muy lejos. A Europa. Eric aún tiene poderosos amigos allí. Vampiros que nos acojerían en sus zonas y nos brindarían protección.
-Y quieres llevarte a mi hermana.
-Tú también tendrías que venir. Eric no confía en mucha gente, en ti tampoco, pero piensa que de lo malo, eres el mejor para cuidar de Sookie durante el día.
-Vaya, gracias.
-No te lo estoy pidiendo. Es lo que hay que hacer. No sería para siempre…-le mintió-Ten todo preparado para salir pitando-Jason le sostuvo la mirada unos segundos y luego asintió-Necesito un coche, debo ir a Shreverport.
-Coge el de Sookie-Pam frunció el ceño-Te he dado mi sangre, no seas tan abusona-A pesar de todo, Pam sonrió, cogió las llaves del trasto de Sookie y puso rumbo a la ciudad, a su casa y a la de Eric, recogió lo más valioso sentimentalmente, cogió dinero en euros que Eric tenía en la caja fuerte y compró por ordenador tres billetes de avión en todos los vuelos que saliesen a Europa en las siguientes veinticuatro horas. Iba a salirle por un pico.
Eric se despertó un rato después de que cayera el sol; tan cansado estaba. Cuando abrió su ataúd se encontró en una habitación decorada de manera clásica, con grandes muebles de roble en los que se apilaban libros de todas las clases y de todos los tiempos, ajados y gastados, por los años y las lecturas.
El suelo era de suave palosanto, liso, casi sin nudos. La madera brillaba rojiza y lujosa bajo sus pies. Se descalzó para notarla. La misma madera cubría las paredes, hasta cierta altura, luego la pared se cubría de terciopelo rojo. Cuatro trompas daban paso a una cúpula en la que un fresco representaba la escena en la que Narciso se ahoga en el lago, enamorado de sí mismo.
Llamaron a la puerta y Eric retiró la mano de la pared, que había estado acariciando. Abrió y un joven mozo entró para dejar sobre la cama de Eric ropa limpia y varias toallas de un blanco impoluto. Se despidió con una reverencia y dejó de nuevo solo a Eric.
Una joven, de no más de veinte años, llegó mientras llenaba la bañera. Eric la rechazó amablemente, se desnudó y se metió en el agua caliente y aromatizada. Echó de menos a Sookie. Hacía demasiado que no estaba con ella, que no yacía con nadie.
Le gustaba pasarse las horas muertas en el baño, ya que eran las únicas ocasiones en las que su cuerpo cambiaba de aspecto, aunque solo fuesen las yemas de los dedos que se arrugaran por efecto del agua. Después de pasarse dos horas en el agua, estuvo otra hora arreglándose el pelo y echándose los potingues que le habían dejado allí.
No había sido hombre de lujos en vida, y durante buena parte de su existencia como vampiro tampoco había podido permitirse los excesos. Por eso ahora gustaba de estas frivolidades.
Tres horas después de levantarse estaba tan limpio y arreglado como una capilla lista para una boda. Se sentó en la larga cama, en albornoz, para pensar en todo lo que había pasado. Y todo era todo: sus difíciles primeros días, cuando se aferraba a su vida humana y a sus hijos, sus hijos… Se acordó después de la época de los viajes. Ocella le llevó por toda Europa, incluso Asia Menor… qué pocos vampiros eran entonces. Rememoró el momento en que su creador decidió liberarlo y el gozo que sintió; gozo que, sin embargo, se tornó en angustia en los siguientes años, hasta que encontró a alguien que aliviara su soledad, alguien con quien compartir la eternidad: Pam. De repente, el mundo, empezó a girar deprisa. Los largos años medievales con Ocella y sin él dieron paso a unos años frenéticos que culminaron con la Gran Revelación. Y luego llegó Sookie.
Sonrió.
¿Cómo demonios había acabado en Lousiana? Durante los últimos quinientos años había frecuentado las mejores casas de Europa, los más lujosos palacios, las familias más influyentes, todas las cortes reales… y a muchas de sus cortesanas. Y un día decidió cruzar el charco, algo que no había hecho desde sus tiempos humanos. Qué viaje tan diferente había sido a aquellos que había hecho en su juventud agarrado a un remo.
La noche pasó rápido, como pasa el tiempo cuando se espera lo peor. Sin embargo, lo peor no parecía llegar. El tono del móvil interrumpió sus pensamientos, momentos antes del amanecer.
-¿Qué ocurre?-le dijo Pam.
-No ocurre nada.
-Has estado toda la noche muy tranquilo.
-Noto cierto rintintín en tu tono, Pam.
-Yo llevo toda la noche de culo, reservando asientos en cada uno de los malditos vuelos que salen a Europa. Y estaba preocupada.
-Aún deberías estarlo. No arrugues el morro como un perro-le dijo a sabiendas de la cara que debía estar poniendo ella-Si te sirve de consuelo, aunque mañana me decapiten, hoy me están tratando a cuerpo de rey.
-¿Has comido?
-He tomado algo.
-Deberías comer bien.
-No me trates como a un crío-le contestó-Duerme tranquila. Recupérate del todo, y espera noticias. Pam-le dijo después de un silencio.
-¿Qué?-contestó bajito.
-¿Sabes que te quiero, verdad?
-No tanto como yo a ti-le dijo con un hilo de voz.
-Eso es lo que tú te crees-le respondió con una sonrisa-Duerme bien.
Al día siguiente la conversación fue parecida, pero con una Pam muy cabreada, porque se había vuelto a dejar un dineral en billetes de avión que no habían usado. Eric le contestó que debería estar contenta por no haber tenido que usarlos, pero su chiquilla era inconsolable…. ¡la de pares de zapatos que habría podido comprarse con ese dinero!
Pero entre frivolidad y frivolidad, hablaron de temas serios. Eric había hecho de tripas corazón y le había hincado el diente a la joven que le habían enviado para cenar esa noche. Comentó con Pam la posibilidad de que estuvieran deliberando qué hacer con él.
-Esos vampiros vinieron a ayudarnos, ¿no?-le dijo Pam, que quería ser optimista.
-Puede que solo quisieran detener a Víctor.
-¿Tú crees? Felipe tampoco era especialmente popular entre los otros reyes-opinó Eric.
-Demasiado ambicioso.
-Aunque Víctor era aún peor.
-Pero más fácil de eliminar, como ha quedado demostrado-concluyó Pam-¿Alguna pista?
-Nada. No he vuelto a ver a ningún vampiro desde que dejé a Gaspar y a Raquel. Tan solo humanos: un botones y la cena. ¿Cómo está ella?
-Está bien. Jason habló con la bruja y decidió traerla a tu casa, por si teníamos que salir huyendo. Pero hay más…
-¿Qué?
-Ya casi va a amanecer.
-Continúa, Pamela.
-Le dije a Stackhouse que tú no querías que ella saliera de su escondite. Pero cuando fue a verla…-Eric se estaba poniendo de los nervios.
-¿Qué?
-No quiero contártelo por teléfono, Eric-No sabían cuánto más iban a vivir, ¿por qué angustiar la mente y el corazón de su señor?
-Tienes prohibido ocultarme cosas, así que lárgalo de una maldita vez.
-En la habitación en la que estaba Sookie olía a sexo. Y la cama, y las sábanas y ella olían a sexo. Jason cree que alguien ha abusado de ella-Pam alcanzó a oír una retahíla de maldiciones y el sonido del estropicio que causa una persona cuando se ceba con los objetos de su alrededor. Esperó a que Eric se tranquilizara, luego él le gritó por teléfono de nuevo-Jason llamó a Herveaux, sabes que tiene buen olfato, pero no hallaron el rastro en ninguno de los brujos del aquelarre de Amelia. Siguen buscando al culpable-quiso tranquilizarlo-Está saliendo el sol-Eric escuchó a su progenie articular unas cuantas palabras más, ininteligibles. A ella el día le vencía sin que pudiera presentar reacción.
Se quedó un rato maldiciendo, pensando, cabilando, enfurecido; pero al final el día también le venció a él.
Volvemos con Eric. Sé que no es un capi muy interesante, pero luego la cosa, creo, se pone mejor.
