2 años después.

Regina se movía nerviosa por toda la casa, Emma seguía sin terminar de vestirse y empezaba a perder la paciencia.

-Swan como no bajes ahora mismo te juro que te pido el divorcio.- Espetó Regina viendo a Emma bajar en ese momento por la escalera.

-No estamos casadas, Mills.- Soltó Emma ajustándose su chaqueta de cuero roja.- Porque tú no deseas que así sea…- Añadió besando los labios de Regina.

-Poco a poco, cariño.- Dijo la morena.- Ahora vamos que la gerente de la inmobiliaria nos está esperando.

-Vale, vale.- Soltó entonces Emma.- Vámonos.

Emma entró en la sala donde se encontraba Henry, que casi cumplía los 3 años ya, junto con Cora y Henry padre que revisaba unos papeles. La rubia sonrió a sus suegros y se arrodilló para despedirse del pequeño.

-Junior.- Lo llamó Emma ya que el niño estaba enfrascado en sus juegos.- Un beso que me voy.

-Ena.- Henry se había acostumbrado a llamar a Emma así y a esta le encantaba.

Regina sonrió también y se arrodilló para darle un beso en su frente al igual que hizo Emma. Las dos se despidieron y salieron de la casa de Regina.

Hacía unos meses que habían decidido comprar una casa a medias, Emma no deseaba que Regina siguiese pagando el alquiler de esa casa sola y Regina no daba su brazo a torcer por lo que había decidido buscar una casa nueva un poco más grande.

Después de varios meses donde Regina vetaba cualquier casa que le enseñaban parecía que habían encontrado el perfecto lugar donde vivir. Emma conducía mientras que Regina le comentaba los beneficios que tenía esa casa, realmente a la rubia le preocupaba poco todo eso, el solo hecho de ver feliz a su morena le era más que suficiente.

-Ya hemos llegado.- Dijo Emma aparcando delante de la gran casa que había decidido comprar.

-¿Te gusta?- Preguntó por enésima vez Regina esta vez observando la fachada.

-Me encantas.- Contestó abrazando a la morena por detrás.

-Hablo en serio, Emma.- Dijo Regina.

-Yo también.- Afirmó la rubia.- La casa es perfecta, una cocina enorme y magnifica para que podamos cocinar lo que nos apetezca, un gran comedor para poder reunir a toda la familia. El salón es magnífico, me tiene enamorada esa chimenea, que encenderé en las noches de invierno para calentarnos mientras vemos una película. Tiene cuatro dormitorios, muy práctico teniendo en cuenta que pronto Henry tendrá hermanitos…- Emma iba a continuar pero Regina se giró y se quedó mirando a la rubia.

-¿Qué has dicho?- Preguntó Regina.

-¿Qué parte de todo?- Preguntó Emma aunque sabía muy bien a lo que se refería. Llevaba varios meses con la idea en la cabeza, deseaba poder tener hijos con Regina. Henry ya casi cumplía los tres años y era el momento perfecto para ir a por otro bebe, Emma se comportaba como una madre para ese pequeño aunque tanto ella como Regina le hablaban de Kat, de quién tenía una foto en su dormitorio.

Ambas habían decidido que Henry debía de conocer a su madre biológica desde que fuese pequeño aunque no le contasen hasta que fuese mayor todo lo sucedido.

-La de los hermanitos.- Contestó Regina.

-Regina, te lo dije hace mucho tiempo. Quiero tener hijos contigo, me da igual si no deseas casarte pero quiero darle un hermanito o hermanita a Henry. Llevo algunos meses pensándolo pero no sabía cómo abordar el tema contigo.- Reconoció Emma.

-Cariño, no es que no quiera casarme contigo.- Dijo la morena con cariño.- Tengo miedo, ya sabes cómo acabó el primero y me da miedo todo.- Contestó Regina.- Te amo, te has ganado mi corazón, mi respeto y mi admiración. Además de amar y querer a Henry por encima de todo.- Empezó a decir Regina.- Y respecto a los hijos, Henry desea tener un hermano pequeño…- Soltó sin pensarlo mucho.

-¿Qué?- Preguntó Emma.- ¿Cómo lo sabes?

-Se lo pregunté hace unos días.- Contestó Regina haciendo que Emma sonriese, si la morena le había preguntado eso a su hijo era porque deseaba tenerlos también.

-¿Quieres que empecemos a mirar clínicas?- Preguntó Emma.

-Primero quiero que compremos esta casa y hagamos la mudanza, después miraremos lo que quieras.- Contestó entonces Regina.

Emma asintió y después de darle un beso a la morena entraron en la casa donde la vendedora las estaba esperando. Después de entregarle todos los papeles y firmar el contrato de compra venta se marcharon de nuevo a casa, en unos días podrían irse a vivir allí.

Dos meses después.

Emma seguía arreglando todos los adornos de la casa, era el cumpleaños de Henry y ambas habían decidido prepararle una fiesta por todo lo alto en su nueva casa. La rubia era la encargada de hinchar todos los globos y poner todas las pancartas, Regina junto con Cora y Mary Margaret estaban en la cocina preparando todos los platos.

David había sido el encargado de llevarse al niño al parque para que no viese nada de lo que le estaban preparando, Henry cumplía tres años y querían que se sorprendiese al ver todo lo que había preparado para él.

-¿Emma?- La llamaba Henry que entraba del jardín.

-En el salón.- Contestó ella subida en las escaleras aún.

-El castillo hinchable está listo y la piscina perfectamente tapada para que ningún niño pueda caer al agua.- Aseguró el hombre mayor mirando lo que hacía su nuera.

-Muchas gracias.- Contestó entonces Emma.- ¿Esta recto?-Preguntó mientras sostenía de una lado una gran pancarta de superhéroes.

-Un poco a la derecha y listo.- Contestó él.

Emma se bajó entonces y se quedó contemplando todo lo que había colocado. La casa estaba quedando realmente bien. El timbre sonó y la rubia fue a abrir. Era la tarta, aunque Regina estaba preparando una decidieron pedir otra para que fuese adornada con todos los personajes favoritos del pequeño.

-La tarta.- Gritó Emma entrando en la cocina con Henry.

-Déjala en el frigorífico.- Dijo su madre que seguía preparando los bocadillos para los niños.

-A sus órdenes.- Espetó guardándola allí para después acercase a Regina y dejarle un beso en su mejilla.- ¿Puedes venir a ver una cosa de la decoración?- Preguntó Emma en voz baja.

-Ahora no, cariño. Estoy muy ocupada.- Dijo afanándose en la preparación de la tarta de mancada que Emma tanto adoraba.

-Yo me encargo, ve antes de que haga algún desbarajuste.- Soltó Cora.

-Gracias, suegra.- Le dijo para molestarla. Sabía que a Cora no le gustaba nada que la llamase así.

Emma cogió la mano de Regina y la arrastró hasta el dormitorio que ambas compartían, una vez allí la rubia se colocó delante de esta y pasó sus manos por las caderas.

-No íbamos a mirar algo de la decoración.- Soltó Regina molesta.

-Sí, después…- Contestó Emma.- Necesito preguntarte algo.

-¿Qué pasa, Emma?- Preguntó Regina preocupada.

-¿Puedo decirles a todos que estamos embarazadas?- Preguntó Emma inquieta.

Regina soltó una carcajada, no pensaba que Emma estaría tan ansiosa con el tema. Hacía algo más de un mes que habían hablado con sus familias y les habían dicho que estaba en tratamiento para quedar embarazadas. Regina se había hecho las pruebas unos días antes y había salido positivo pero nadie a parte de ellas dos conocía la noticia aún, Emma tenía que morderse la lengua constantemente para no contarlo, estaba realmente emocionada con el tema.

Realmente el tratamiento había salido mucho mejor de lo imaginado, ya que normalmente no suele funcionar a la primera.

-¿Quieres hacerlo?- Preguntó Regina.

-Sí, mucho.- Soltó Emma.

-Está bien, pero solo después de partir la tarta.- Contestó la morena.

-Claro, claro. Junior es el protagonista hoy, aunque sé que le va a encantar nuestro regalo.- Aseguró la rubia.

Después de esa conversación cada una volvió a sus quehaceres. Emma revisó que todo estaba seguro, que no había ningún lugar donde los niños pudiesen sufrir algún daño.

Los invitados empezaron a llegar, la mayoría eran compañero del colegio de Henry acompañados por sus madres y sus padres. Después llegaron Cassidy junto con su hija y su mujer, la pequeña se había hecho muy amiga de Henry. Los últimos en llegar fueron Killian y Graham que habían tenido que trabajar esa mañana.

David llevó al niño a la casa unos minutos después de que todos estuviese allí, el pequeño estaba tan nervioso cuando vio todo que no pudo evitar saltar a los brazos de sus madres con una gran sonrisa en su cara.

-¿Te gusta?- Preguntó Emma que lo había cogido en sus brazos para evitar que Regina tuviese que estar mucho rato agachada.

-Sí, Ena.- Contestó él. Aunque ya sabía pronunciar su nombre perfectamente el pequeño seguía llamándola de aquella cariñosa manera.

-Me alegro mucho, junior.- Dijo la rubia besándolo. Todos los que allí había presenciaban la escena y sonreían.

Emma se marchó con todos los niños al castillo hinchable mientras que Regina se quedaba con el resto de padres de los pequeños. La rubia tenía los zapatos quitados y estaba sentada en una esquina del castillo. Su cuerpo se movía en función de los saltos que daban los pequeños y eso la relajaba.

-Ena.- Dijo entonces Henry sentándose a su lado.

-Dime, junior.- Contestó Emma que vigilaba a todos los pequeños para que no les pasase nada.

-¿Voy a tener un hermanito?- Preguntó él mirando a Emma.

-¿Por qué dices eso?- Preguntó entonces la rubia sorprendida por las palabras del pequeño.

-Te escuché hablar con mami.- Contestó él.

-¿Cuándo nos escuchaste?- Preguntó entonces Emma.

-Hoy.- Contestó él.

Emma se quedó pensando, y soltó una carcajada. Esa misma mañana la rubia había hablado del tema con Regina cuando aún no se habían levantado, además unos momentos después Henry había entrado y se había acostando con ambas.

-¿Es verdad?- Preguntó al ver que la rubia no le contestaba.

-Sí es verdad.- Contestó Emma.- Pero mami no puede saber que lo sabes.- Le explicó la rubia.

-¡BIEN!- Gritó él abrazándose a Emma que correspondió al gesto con cariño.

-Shhh.- Le dijo la mujer evitando el que niño siguiese gritando.- No puede saberlo nadie aun.-Repitió ella.

-¿Por qué? Yo quiero un hermanito.- Dijo él con simpleza.

-Pero mama y yo queremos decírselo a todos cuando tú hayas soplado tus velas de cumpleaños.- Explicó con paciencia Emma.

-Vale.- Dijo él tendiéndole el meñique.- Prometido.

Emma entrelazó el meñique con Henry y este se fue a seguir jugando y corriendo tan contento como siempre. Emma jamás imaginó que podría ser tan feliz con algo tan cotidiano como eso.

-¿Quieres que cambiemos?- preguntó Regina sacando a Emma de sus pensamientos.

-Me has asustado.- Contestó Emma saliendo del castillo hinchable.- No hace falta, hace mucho sol para que estés aquí.- Aseguró la rubia.

-Llevas mucho rato ya aquí, podemos mandar a los niños a merendar.- Comentó Regina.

-¡Niños a comer!- Gritó entonces Emma.

Todos los niños se quejaron y Regina soltó una carcajada. Aun así poco a poco todos los niños fueron bajando y colocándose sus zapatos, Henry fue el último en bajar y antes de entrar en la casa le dejo un beso a cada una de sus madres.

-Henry sabe lo del bebe.- Soltó Emma cuando iban de camino al interior de la casa de la mano de Regina.

-¿Ya se lo has dicho?- Preguntó Regina.

-¡Qué!- Espetó molesta.- ¡No!.- Añadió después.- Nos ha escuchado esta mañana hablando en la cama.- Contestó Emma.

-¿Qué te ha dicho?- Preguntó ahora preocupada por la reacción de Henry. Una cosa era desear tener un hermano y otra era que eso se vea de verdad.

-Que quiere un hermanito y me ha prometido no decir nada hasta cortar la tarta.- Contestó Emma relajando su mujer.

-Entonces es bueno.- Aseguró Regina dándole un beso a Emma en los labios.

Las dos entraron en el salón, todos los niños ya comían sus bocadillos mientras que los padres charlaban animadamente. Emma también comió algo mientras que Regina no estaba cómoda, tenía nauseas desde hacía unos minutos.

-¿Te encuentras bien?- Le preguntó Emma al intentar darle un canapé y que Regina lo rechazase.

-Voy a ir al baño.- Contestó Regina y la rubia la siguió intentando no llamar demasiado la atención.

Cora y Mary Margaret que charlaban juntas se dieron cuenta de lo que había pasado pero prefirieron no hacer ni decir nada. Henry, David, Graham, Killian y Cassidy charlaban sin percatarse de nada más.

-Respira hondo, mi vida.- Decía Emma que se había arrodillado al lado de Regina para sujetarle el pelo.

Emma había vivido esa misma situación en un par de ocasiones anteriormente, sabía lo mal que se ponía la morena pero ella siempre estaba a su lado para ayudarla y apoyarla en lo que necesitase.

Regina levantó la cabeza del váter después de haber vomitado toda la comida, Emma la ayudó a levantarse y tras cerrar la tapa y tirar de la cadena animó a Regina a sentarse sobre la misma.

-Toma un poco de agua.- Dijo Emma tendiéndole una botella de agua.

-Gracias.- Contestó Regina dando dos pequeños sorbos.

-¿Estas mejor?- Preguntó arrodillándose en frente de ella.

-Sí, bueno no. Sigo teniendo nauseas pero creó que ya he vomitado todo lo que tenía.- Aseguró entonces Regina.

-Ya sabes lo que nos dijo la ginecóloga, esto puede durar unos meses así que debemos tomarlo con calma.- Dijo ahora Emma dejando un beso sobre la frente de su mujer.

Regina no dijo nada más, dio otro sorbo a la botella de agua y se quedó mirando a las losas del fondo. Se encontraba algo mareada y si no fuese porque era la fiesta de cumpleaños de su hijo se habría ido a dormir.

Emma que conocía muy bien a Regina sabía lo que estaba pensando por lo que simplemente la ayudó a levantarse.

-Vamos, soplaremos las velas. Daremos la noticia y te iras a descansar un poco. Los invitados no tardarán en irse y creo que yo podré hacerme cargo por un rato.- aseguró Emma mientras salían del baño.

Regina solo sonrió ligeramente mientras que Emma la cogía de la mano antes de entrar al salón donde todos charlaban alegremente.

-¡Junior!- Lo llamó Emma y el pequeño apareció a su lado medio minuto después.

-¡Qué!- Espetó con la respiración entrecortada por la carrera.

-Vamos a soplar las velas.- Dijo y este sonrió.

Todos los allí presentes comenzaron a cantarle a Henry mientras que Emma encendía las velas. Ambas mujeres miraban al niño que sonreía y esperaba el momento para soplar las velas.

Una vez que lo hicieron todos aplaudieron y miraron a Henry que abrazaba a sus madres con cariño.

-¿Qué deseos has pedido?- Preguntó su abuelo Henry que fue quién le dijo que al soplar las velas debía de pedir algo que desease.

-¡Tener un hermanito!.- Gritó él dejando a todos los presentes mudos.- Y ya se ha cumplido.- Espetó él girándose para Emma y tocándole la barriga.

Toda la sala estaba muda, ni siquiera Emma o Regina era capaces de decir nada, su hijo había sido tan expresivo y tan impulsivo que las había dejado sin palabras. Fue Emma la que primero se recuperó.

-Realmente, junior. Tu hermanito está en la barriga de mama.- Contestó Emma y este encantado se lanzó en brazos de su madre dándole muchos besos.

-¿Emma?- Preguntó Mary Margaret que se olía algo pero no había querido decir nada.

-Era lo que íbamos a comunicar una vez que Henry soplase las velas pero se nos han adelantado. Regina y yo estamos esperando un bebe.- Soltó Emma abrazando a su mujer que seguía con Henry en sus brazos.

-¿Es en serio?- Preguntó ahora Graham.

-Claro que es en serio. Vas a ser tito y padrino.- Espetó Emma abrazando a su amigo.

Todos felicitaron a la pareja, estaban muy contentos por ambas. Las dos había deseado con ansias que ese momento llegase así que solo podían felicitarlas y alegrarse por ellas. El cumpleaños terminó y tan solo se quedaron en la casa los familiares y amigos más cercanos de ambas. Henry abría regalos frenéticamente mientras que los demás estaban en la sala sentados charlando animadamente.

-¿Para cuándo la boda?- Espetó entonces Cassidy para picar a la rubia.

-Eso no depende de mí.- Contestó Emma mirando a Regina que se tensó un poco.

-Claro que sí, Swan. ¿Se lo has pedido?- Preguntó él.

-En realidad si lo ha hecho.- Contestó Regina.- Tres veces.- Añadió sintiéndose un poco avergonzada.

-¿Y le has dicho que no?- Preguntó ahora Cora.

-No fue así. No me sentía preparada para ello.- Contestó Regina.

-¿Sentías? ¿En pasado? ¿Ahora sí?- Preguntó Emma emocionada.

-Tal vez sí.- Contestó Regina.

Emma se levantó precipitadamente y subió corriendo las escaleras ante la mirada de sorpresa de todos los allí presentes. Unos segundos después volvió a bajar corriendo con una cajita en la mano.

-Lleva guardado meses en un cajón si crees que estas preparada me encantaría que lo llevases.- Dijo Emma abriendo la caja para mostrar el anillo con el que le había propuesto matrimonio a Regina la última vez.

-Será un placer.- Contestó y Emma deslizó el anillo por su dedo.

Ellas dos se besaron como si no hubiese nadie alrededor. David y Henry fueron los que pararon esas muestras de afecto carraspeando a la vez. Ellas se separaron y se enrojecieron un poco.

-Entonces vamos a tener boda doble.- Soltó Killian que se había acercado muchísimo a ellas después del secuestro.

-¡Qué!- Espetó Emma.- Maldito bastardo… no me has dicho nada.- Casi gritó a Graham lanzándose contra él dándole un fuerte golpe en la mandíbula sin querer.

-No me lo desfigures, Swan.- Bromeó Killian.- No te ha dicho nada porque se lo pedí ayer.- Contestó él cogiendo la mano de Graham.

-¿Tú se lo pediste a él?- Preguntó Emma alucinando. -Eres un lento, Graham.- Soltó riéndose.

-¿Os gustaría que fuese una boda doble?- Preguntó Regina sonriendo a ambos. Se habían convertido en muy buenos amigos.

-¿Hablas en serio?- Preguntó Graham.

-Claro que sí, la casa es suficientemente grande. Podemos hacerla en el jardín, montamos unas carpas, contratamos un catering…

Emma se quedó contemplando a la mujer que amaba pero sin escuchar lo que decía, para ella era suficiente con ver ese magnífico brillo en sus ojos. Un brillo que solo le veía cuando miraba a Henry o cuando la miraba a ella.

FIN

¡MUCHAS GRACIAS! A todas las que habéis comentado, las que habéis dado a favorito o las que simplemente leéis. Espero leeros en mis próximas historias.