NOTAS: Aquí está el nuevo capítulo, más bien, la primera parte del capítulo, porque es bastante extenso y si no lo partía iba a tardar más en publicarlo. Aún así, ya les aviso que esta primera parte es más larga que cualquier otro capítulo que haya publicado antes. Al ser tan largo pido disculpas si hay algún error de cualquier tipo porque es un infierno revisar esto, ya que tengo que releer mil veces xD En fin, espero que me digáis qué os parece, creo que es una primera parte del capítulo un poco "tensa". No me demoro más que ya me tardo bastante en actualizar como para estar dando la tabarra por aquí. Gracias por leer y comentar.


Sus ojos verdes comenzaron a abrirse con lentitud y la luz entró en ellos dolorosamente. Tamsin tuvo que cerrarlos de nuevo. Ella comenzó a escuchar murmullos y luego sintió dos manos apoyadas sobre sus hombros. Estaba acostada sobre una cama y se sentía bien, excepto por el ardor de su mano… La valquiria abrió los ojos de golpe y gimió por la luz, pero se acostumbró a ella rápidamente. Vio a Bo, que era la que tenía las manos sobre sus hombros, y luego a Lauren más retirada, con su bata blanca. Estaba en el laboratorio de las Sombras, dedujo. Ambas mujeres la miraban expectantes, pero Tamsin no estaba realmente prestando atención a ellas. La detective alzó su brazo y vio los rastros rojos e hinchados en la palma de su mano, formando tres triángulos entrelazados: el valknut.

—Mi chi curó todos tus golpes pero esa herida de tu mano se resiste a cicatrizar —dijo Bo mientras liberaba a Tamsin y daba un paso hacia atrás—. Estabas hecha una mierda, alguien te dio duro, ¿eh? —Bo añadió esas últimas palabras con una ligera sonrisa, pero todo lo que recibió de la valquiria fue una mirada seria y llena de confusión—. O sea, ni siquiera sabíamos qué hacer contigo y, aunque la vez que te dispararon no pude darte mi chi, lo intenté igualmente y parece que funcionó esta vez, ¿estás bien?

No hubo respuesta. Los ojos de la detective se movieron de Bo hacia Lauren y de nuevo hacia la súcubo. El lugar se quedó envuelto en un silencio tenso mientras Tamsin se incorporaba lentamente, hasta quedarse sentada sobre la camilla, y devolvió una mirada fulminante a las otras dos mujeres cuando trataron de acercarse a ayudarla.

—¿Estás bien o no? —dijo Bo con cierta molestia. Lauren posó una mano dulcemente sobre el hombro de la súcubo y al parecer eso la calmó un poco—. ¿Qué demonios pasó? —preguntó en un tono menos urgente, aunque por dentro sentía que cada fibra de su cuerpo iba a explotar por la tensión que estaba soportando.

Lauren observó las facciones de su novia endurecerse y cómo apretó su mandíbula ante el silencio que le brindó nuevamente la valquiria. Ella ejerció un poco de presión sobre el hombro de Bo de nuevo, pero la súcubo estaba empezando a perder la paciencia, ni siquiera ella podría calmar sus nervios si Tamsin no hablaba pronto. Claro, Bo no tenía tiempo que perder con la desaparición de Kenzi. Lauren sintió un hormigueo nervioso recorrer su cuerpo cuando se acordó de lo que había ocurrido. Si hubiera podido hacer algo…

—¿Qué pasó? —dijo por fin la valquiria sin apartar los ojos de las marcas en la palma de su mano. Su voz sonó débil y apagada.

—Dilo tú —le respondió Bo con cierto tono reticente—. Alguien realmente te odia, al parecer.

Lauren observó primero a Bo, que parecía que en cualquier momento se iba a lanzar sobre la valquiria para obtener todas las respuestas que quería rápidamente, y luego miró a Tamsin. Sintió la incertidumbre y el miedo que recorrían a la detective, que seguía sin poder apartar sus ojos de la marca que alguien dibujó en su piel.

—Sé lo que significan esos triángulos —le dijo Lauren a la valquiria. La humana apartó la mano del hombro de Bo y se acercó a Tamsin con lentitud—. Es una advertencia, ¿no? —acabó de decir sentándose al lado de la fae sobre la camilla del laboratorio.

—¿Mi padre te hizo eso? —preguntó Bo casi horrorizada al recordar la conversación que había tenido con Tamsin sobre las advertencias que él le había hecho a la valquiria en el pasado.

—Ya te lo dije —respondió Tamsin sin mirar a ninguna de las dos mujeres—, el puto Odín sabe que nuestro vínculo está rompiendo el suyo y va a tratar de evitarlo. Podrá matarme, pero no hay vuelta atrás, ya está hecho —añadió levantando los ojos hacia Bo.

Lauren miró hacia a la súcubo, intrigada por las palabras de Tamsin acerca de ese «vínculo» del que había hablado y, sobre todo, extrañada de que Bo parecía saber de lo que hablaba. ¿Bo le había hablado de un vínculo con Tamsin? Lauren se preguntaba si su mente había estado demasiado absorta en sus investigaciones y no se acordaba de ello, sin embargo, estaba segura de que Bo no le había dicho nada. Entonces, dirigió su atención a Tamsin, la cual la estaba poniendo de los nervios. Lauren sintió que las últimas palabras que dijo eran falsas, como algo que simplemente buscaba su propia tranquilidad, porque estaba muy asustada y nerviosa, había un miedo bajo su piel que estaba ocultando muy bien. A Lauren no podía mentirle en eso y quería tranquilizarla de alguna manera, sin embargo, Bo estaba allí y creía que cualquier gesto hacia la valquiria despertaría sus celos. Ella ya estaba soportando demasiada tensión con la desaparición de Kenzi, así que decidió permanecer en silencio.

—Me encontré con mi padre cuando traté de buscarte a través de nuestro vínculo —confesó Bo. Su voz sonó diferente esta vez, quizá menos exigente y más dubitativa, incluso con miedo—. Me dijo que al perderte a ti, perdería a todas las valquirias. Estaba demasiado cabreada para prestar atención a lo que dijo. Puede que por eso no quiera perderte, porque ya no tendría a las valquirias con él. —Entonces, la súcubo cruzó los brazos sobre su pecho y sus palabras sonaron con más confianza y determinación—. Quizá el vínculo entre tú y él todavía no se ha roto, no lo sé y no me importa, si vuelve a aparecer le patearé su culo.

Tamsin asintió y se quedó pensando en las palabras de Bo. Tenían sentido, después de todo, ella era la primera valquiria. Analizando más detenidamente el hecho de que Odín no las había creado, sino sometido de alguna manera, lo más correcto sería atribuirse a sí misma como la primera valquiria a la que esclavizó. Era posible que por eso él estuviera tan obsesionado con mantenerla, con no romper el lazo que la unía a él. Sin las valquirias el padre de Bo sería una triste alma encerrada en Asgard.

—Puede ser —dijo Tamsin, aunque no estaba segura.

—Bien —exclamó Bo después de tomar una bocanada de aire—. Tengo que ir a buscar a Kenzi.

Tamsin observó atentamente a Bo cuando dijo el nombre de su amiga. La valquiria observó cómo el rostro de la súcubo se volvió tenso y sintió de pronto un nudo en la boca del estómago que estimuló un miedo por todo su cuerpo. Fue Lauren quién se lo produjo. Movió los ojos hasta ella y vio preocupación dibujada en la mirada de la humana mientras Bo se acercaba a ella para dejar un beso breve sobre sus labios.

—Lauren, asegúrate de que Tamsin está bien —le pidió con apremio.

—Bo, ten cuidado —le dijo antes de que se alejara de ella, ahuecando su rostro con las manos.

—Tranquila —le respondió con una sonrisa mientras apartaba las manos de la doctora con cariño para poder irse—. Dyson me está esperando.

Lauren asintió en silencio y Bo le dedicó una nueva sonrisa antes de comenzar a caminar hacia la puerta del laboratorio.

—¡Y avísame si sabéis algo! —gritó Lauren, alzando la voz lo suficiente para que la súcubo pudiera oírla, pero ella ya había salido de allí y la humana no estuvo segura de si la escuchó.

—¿Qué pasa con Kenzi? —preguntó Tamsin, en cuanto Bo salió. La valquiria dio un brinco, bajándose de la camilla y poniéndose frente a Lauren. La humana la miró, elevando sus ojos un poco por la diferencia evidente de altura. Ella se estremeció, por la mirada severa e intimidante de Tamsin y una punzada de incertidumbre recorrió su cuerpo por culpa de la valquiria—. Lauren… —insistió la detective, terriblemente impaciente por conocer la respuesta.

—Se la llevaron…

—¡No! —gritó Tamsin sin dejar a la humana terminar la frase. Entonces, la fae dio un paso hacia atrás y le dio la espalda a Lauren, pero eso no sirvió para ocultar sus emociones, porque la doctora las sintió en su cuerpo.

—Tamsin… —trató de decirle Lauren poniéndose en pie, pero la valquiria puso el piloto automático y comenzó a caminar a paso ligero por el laboratorio, murmurando cosas que la humana no entendió—. Tamsin, espera —volvió a decirle mientras trataba de alcanzarla.

—Están equivocados… no es por ella… no es lo que creen —murmuraba mientras caminaba de un lado a otro, casi temblando.

—Tamsin… Tamsin… —Pero la detective no la escuchaba—. ¡Para! —gritó Lauren perdiendo los nervios y agarrando a la valquiria por los hombros, sujetándola para que no se moviera.

Entonces, los ojos vidriosos de ella se fijaron en los de la doctora y su mirada perturbada atormentó al ya alterado corazón de la humana. Cuando Tamsin la miró, la confusión y al miedo que reinaban en su cabeza le impidieron decirle algo coherente a la doctora.

—Cálmate —le dijo Lauren amablemente, sin dejar de sujetarla por los hombros.

—Lauren —susurró con un tono de voz tembloroso—. Si le pasa algo, me muero.

La humana observó cómo la mirada de la valquiria se rompió y su rostro se fraccionó en una angustia visible que dejó a Lauren sin respiración. La frialdad y petulancia de Tamsin desapareció completamente dejando ver a una simple chiquilla asustada. La doctora se estremeció, sintiendo que los siguientes latidos de su corazón fueron terriblemente dolorosos.

Las manos de Lauren recorrieron los laterales del cuello de Tamsin y se posaron sobre sus mejillas, tratando de buscar la calma al infierno de terror que se apoderó de ella. La doctora lo entendía, había visto los recuerdos de Tamsin y sentía lo mismo, para ella fue evidente lo que estaba ocurriendo, no necesitaba que la valquiria pronunciara ninguna palabra.

—Ha sido Massimo el que se llevó a Kenzi, ¿me oyes? —le dijo la humana acariciando sus mejillas tiernamente—. No tiene que ver con el valknut. —Los ojos verdes de la otra mujer se posaron sobre ella con cierta desconfianza, pero, sin duda, algo más calmados que antes. Lauren tomó aire antes de continuar explicándole a Tamsin—: Dyson, Hale y Bo van a ir a buscarla. Ella va a estar bien.

—Yo voy también —respondió inmediatamente después.

—No estás totalmente curada aún, pero podríamos usar tu pelo para…

—No —dijo tajantemente—. Mi pelo es la fuente de mi vitalidad, usarlo tan deliberadamente puede llegar a matarme. —Tamsin tomó una larga bocanada de aire tratando de recomponerse y Lauren se separó de ella dejándole espacio. La humana cruzó los brazos sobre su pecho e hizo un ademán para contestar a la valquiria, pero ésta se adelantó antes—: Estoy perfectamente bien y lista para partirle la cara a ese puto druida.

—No puedes matarlo —le dijo Lauren con una seriedad que sorprendió a la valquiria—. Necesito a Massimo vivo.

—¿Por qué? —le preguntó frunciendo el ceño. Lauren la miró un momento y se dio cuenta que su rostro volvió a ser duro e impenetrable, todo rastro de la vulnerabilidad de antes desapareció. Tamsin parecía ser la de siempre, pero estaba cada vez más ansiosa y asustada, eso lo podía sentir Lauren.

—Necesito una forma para revertir o frenar lo que le está pasando a Kenzi —le explicó—. Se lo hubiera pedido a Bo, pero lo menos que necesita ahora es saber esto. Casi enloquece en el Dal…

—¿Qué le pasa a Kenzi? —preguntó sin rodeos Tamsin.

—Una bacteria, por llamarla de alguna forma, ha provocado la mutación de su ADN y ha dotado su cuerpo de capacidades similares a las faes, pero está muy lejos de serlo. —Lauren observó que Tamsin la estaba escuchando en silencio y tomó una bocanada de aire antes de continuar explicándole lo que había descubierto sobre la condición de Kenzi—: Esta supuesta bacteria solo puede ser fae, nunca había visto nada hacer esto.

—Hacer qué, ¿cambiar un ADN? ¿Dotar a un humano de habilidades por encima de sus posibilidades? —le preguntó con el semblante serio la otra mujer.

—Quiero decir —trató de decirle mientras pasaba una mano por su cabello y lo colocaba hacia atrás—, esta cosa se alimenta de su huésped para sobrevivir y tiene que fortalecerlo porque si no apenas podría alimentarse algunos meses como mucho. He observado que se reproducen con demasiada facilidad y eso significa que necesitan que el huésped deba ser más fuerte. Por supuesto es solo una hipótesis y…

—Unoca —dijo de pronto Tamsin—, creo que ese era su nombre. Unos bichos diminutos que usaban en la Gran Guerra Fae para crear súper soldados. No sé nada más sobre eso, solo que al final estos soldados…

—¿Morían? —acabó de decir Lauren con una mirada impregnada de contrariedad. Tamsin solo asintió en silencio para pesar de Lauren—. Esto concuerda con mi teoría —dijo con cierta angustia—. El cuerpo colapsaría en algún tiempo porque estas cosas seguirán creciendo en su cuerpo y necesitarán más alimento aún.

—Así que tienes que eliminar esos unocas —sentenció la valquiria.

—Es… —Lauren titubeó un poco, incapaz de dirigirle la mirada a Tamsin, incapaz de continuar hablando, porque no podía admitir que había fracasado y menos cuando de la vida de Kenzi se trataba. Pero tomó coraje, aunque no fue suficiente para levantar la vista y ver los ojos de Tamsin, ella no podía mirar su dolor, tenía suficiente con sentirlo en sus propias carnes—. Es prácticamente imposible, se han reproducido por todo su cuerpo en todos estos meses. Está en sus órganos, su sangre… —Lauren fue incapaz de continuar hablando.

—Tiene que haber una forma —le suplicó desesperadamente Tamsin, que puso las manos sobre los hombros de la humana. Entonces fue imposible para Lauren esquivar el rostro de la valquiria, aunque para su suerte ya estaba armada con su fría armadura que impedía que observara lo que estaba sintiendo.

—He pensado en detener el crecimiento de los unocas y controlarlos, incluso reducirlos de alguna forma, pero necesito más información sobre ellos y Massimo debe saber algo más.

—Massimo… hijo de puta… —murmuró Tamsin. La valquiria se separó de Lauren mientras se mordía los nudillos con rabia.

—Por eso necesito a Massimo con vida.

Tamsin no dijo nada. Toda su repuesta se resumió en el puñetazo que dio contra la pared. Su puño se incrustó contra el yeso blanco en un crujido que no inmutó a la rubia fae. La detective retiró la mano hacia atrás y Lauren observó sus nudillos enrojecidos y la pequeña huella sobre la pared debido al golpe. La humana podía adivinar que el dolor físico era una forma que tenía Tamsin de mitigar su angustia y agonía. La valquiria dio varios pasos en círculo, apretando su puño dolorido. Lauren cerró los ojos soportando toda la estela de sentimientos en los que se vio envuelta. Tamsin estaba herida, furiosa, contrariada, desesperada…

—Dime la verdad —dijo de pronto la detective, obligando a Lauren a mirarla cuando habló—, si consiguieras lo que te propones, controlar a los unocas del cuerpo de Kenzi, ¿qué le pasará a ella?

La humana resopló desviando la mirada hacia el suelo. Tamsin permaneció tensa sin apartar sus ojos de ella y Lauren los sintió como desesperados puñales que trataban de alcanzarla si no hablaba con prontitud.

—Tendrían que seguir alimentándose de ella —le explicó dándole una mirada de reojo—, pero de una forma menos severa… —Lauren suspiró intentando aliviar la tensión de su pecho por toda la situación—. Quizá gane algunos años más de vida.

Tamsin no le dio el gusto de verla romperse por segunda vez. La valquiria no dijo nada, incluso antes de que acabara de terminar de hablar, ya estaba dándose la vuelta para salir del laboratorio. De pronto, la doctora comenzó a dudar de si Tamsin sería capaz de dejar a Massimo con vida, cuando comenzó a sentir toda la ira que estaba recogiendo la valquiria en su interior. Cuando Lauren se quedó sola, rompió a llorar.

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El calor era pegajoso, pero al menos aquella zona del bosque era lo suficientemente frondosa para mantenerlos caminando un rato por la sombra. Llevaban veinte minutos de caminata, como mínimo, y el paisaje se iba volviendo cada vez más repetitivo. Podrían estar dando vueltas como idiotas por el mismo sitio y ellos no se darían cuenta, excepto que confiaron en los sentidos de orientación y rastreo de Dyson. Bo se limpió el sudor de su frente con el reverso de la mano antes de dirigir una mirada hacia Hale, que la miró con seguridad en su mirada, mientras sujetaba con firmeza la glock entre sus manos. El sireno examinó los alrededores con la vista. Todo permanecía sumido en los sonidos de los insectos, pájaros y a veces un suave murmullo de brisa rozando las hojas de los árboles. La súcubo le insistió con la mirada, colocándose al lado de la puerta de la cabaña a dónde les había guiado Dyson. Ella estaba impaciente y hubiera tirado la puerta al suelo de una patada, pero Hale era prudente y la hizo entrar en razón. No se podían arriesgar, no sabían qué se encontraba al otro lado, ni en qué situación estaba Kenzi. Massimo no era estúpido y si había sobrevivido todo este tiempo entre los faes era por algún motivo. El Druida ya conocía a Bo, debería de saber de lo que podía ser capaz si se metía con alguien que le importaba, o eso era lo que creían ambos. Hale volvió a mirar a la súcubo, cuyo rostro se dibujaba tenso frente a él, y aferró los dedos sobre el mango de la pistola antes de asentir e indicarle con un gesto que ya podía ver lo que se encontraba en el interior de la cabaña.

«Bo, ten cuidado», las palabras de Lauren resonaron en su cabeza cuando con su hombro empujó suavemente la puerta astillada de madera. Un espacio destartalado, lleno de trastos, muebles viejos, basura y mucho polvo, fue todo lo que apareció. Bo se echó hacia atrás, tosiendo por la pesadez del aire que salió del espacio y que se metió en su garganta.

—¿Estás seguro que aquí es donde llega el rastro de Kenzi? Esto parece que hace siglos que no se abre —le dijo la súcubo a Dyson sin dejar de toser todavía—. ¿Crees que él me entiende? —le preguntó a Hale, que estaba quieto a su lado.

—No tengo ni idea, no se deja ver mucho en su forma de lobo —le respondió dirigiendo una mirada a su amigo que estaba revoloteando por los alrededores, sin dejar de olfatear cada esquina. Hale aprovechó el momento para volver a enfundar su pistola en la cartuchera que llevaba bajo la chaqueta.

De pronto, el lobo de pelaje grisáceo casi blanco, alzó el hocico y lanzó un pequeño gruñido para llamar la atención de Hale y Bo. Dyson en su forma de lobo comenzó a caminar entre los arbustos y esperó que los otros dos entendieran que quería que lo siguieran. El sireno y la súcubo así lo hicieron, hasta que el lobo se detuvo y se giró hacia ellos. Bo se acercó y agachó al lado de él, apartó con la mano algunas ramas que se cruzaban en su vista y observó la entrada de una cueva a unos seis metros, custodiada por cuatro hombres armados.

—Muy bien, Dyson —le dijo la súcubo dando unas palmaditas sobre la cabeza del lobo—. Te premiaría con una galleta, pero no traigo encima ninguna —bromeó sin apartar la vista de la entrada de la cueva, estudiando una forma de llegar allí sin peligro alguno.

—Podría haber más en el interior —susurró Hale agachándose al lado de Bo y examinando la zona.

—Sí, estaría bien si pudiéramos entrar sigilosamente sin armar demasiado alboroto —señaló la súcubo con determinación mientras sopesaba algún plan en su cabeza—. ¿Por qué tú y Dyson no despejáis la entrada con algún tipo de distracción mientras yo…?

—¿A qué diablos esperáis? —dijo una voz tras ellos que interrumpió lo que iba a decir. Inconfundiblemente, se trataba de Tamsin.

—¿Cómo has…? —preguntó Bo volviendo su cabeza hacia ella y sin levantarse de su sitio.

—Soy una excelente rastreadora y a Hale solo le falta poner un cartel luminoso en cada sitio en el que está que ponga «Aquí he estado yo» —le dijo al sireno mirándolo severamente.

—Necesitamos un plan —le replicó Hale molesto, ignorando completamente a la valquiria. Aún le escocía la nariz del golpe que le dio en el Dal el día anterior.

—Bien —le respondió la valquiria tirando de las solapas de su chaqueta para colocarla—, te daré un plan —añadió avanzando hacia la entrada de la cueva, apartando de un manotazo las ramas que se le cruzaron delante.

—¡Tamsin! —se quejó la súcubo tratando de no alzar la voz demasiado para no ser escuchada por los hombres que custodiaban la entrada de la cueva. Sin embargo, la valquiria hizo un gesto con la mano para que se callara y permaneciera junto a los demás. Dyson lanzó un tenue gruñido de desacuerdo, pero no se movió del lado de Bo.

Tamsin se acercó a la entrada de la cueva sin vacilación en sus pasos. Pronto los cuatro hombres que la custodiaban se percataron de su presencia y alzaron sus rifles hacia la dirección en la que estaba ella.

—¡Alto! —exclamó uno de ellos. Tamsin se detuvo en seco y se quedó mirando hacia ellos, frunciendo los labios en un gesto de contrariedad—. No puedes estar aquí.

—Solo estaba… em… recogiendo unas setas —les respondió ella mientras se encogía de hombros. Los hombres la miraron con cierta incertidumbre, no porque se hubieran tragado lo que dijo, sino porque no podían creer tremenda excusa tan pobre.

—¿En serio está improvisando? —se quejó Hale en voz baja. Dyson se movió inquieto alrededor de ellos.

—Voy a patear su culo escandinavo de mala manera —bufó Bo mientras enterraba los puños sobre la tierra del suelo, tratando de aliviar el nerviosismo que estaba sintiendo por toda aquella situación.

—Estas cosas no se me dan nada bien… —suspiró la valquiria con cierto aire de pena en su rostro cuando se dio cuenta de que las armas seguían apuntando insistentemente hacia ella. Entonces Tamsin los miró dejando que su poder de duda e intimidación saliera a flote. En seguida los cuatro hombres se quedaron petrificados en donde estaban, sin mover ni un solo músculo, mientras observaban a la valquiria con un horror evidente en sus rostros. Ella dio un paso hacia ellos, éstos retrocedieron, pero la detective siguió moviéndose y se fue acercando cada vez más. No podían huir de su influencia por mucho que quisieran salir corriendo. Los cuatro guardias acabaron por desplomarse pesadamente contra el suelo, uno tras otro. La valquiria sonrió orgullosa cuando los vio caer y, sacudiendo sus manos, se adentró en el interior de la cueva sin dirigir la vista atrás.

—Maldita, valquiria… Quédate aquí con Dyson —dijo la súcubo poniéndose en pie para tratar de alcanzar a Tamsin.

—¡Bo! —protestó Hale, pero ya era demasiado tarde porque la súcubo se dirigía hacia la cueva—. Bien —maldijo con ironía.

—Mejor nos aseguramos de que cuando esos tipos se despierten no avisen a los demás —escuchó la voz ronca de Dyson detrás del sireno. Había decido volver a su forma de hombre, al parecer—. También deberíamos asegurar los alrededores para tener una salida rápida y segura, no sabemos en qué condiciones estará Kenzi y si podríamos permitirnos una pelea.

—Estoy de acuerdo —dijo poniéndose en pie—. Y entonces entraremos tras ellas por si tienen problemas.

Hale asintió conforme con el plan y se dio la vuelta para ver a Dyson. Realmente olvidó que había regresado de su forma de lobo y estaba completamente desnudo, sus ojos cayeron inconscientemente hacia el miembro flácido que colgaba entre sus piernas.

—¿Algo que te guste? —bromeó el lobo, alzando sus cejas por la mirada de su amigo.

—Dios… Dyson, ¡tápate! —se quejó el sireno rápidamente poniendo las manos sobre sus ojos y dándose la vuelta para no ver al otro hombre.

—No seas tímido ahora —siguió bromeando mientras daba una palmada sobre el hombro de Hale—. Y que conste que te dije antes que cargaras con mis pantalones y no quisiste —dijo él riendo entre dientes.

—Sí, da igual, vamos al asunto —le respondió caminando hacia los cuerpos tendidos de los guardias y tratando de ignorar la desnudez de su amigo.

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La cueva era oscura, al menos Bo se había molestado en cargar una linterna consigo, en cambio, Tamsin aún seguía con la misma ropa con la que la había encontrado en el callejón, la súcubo dudaba hasta de que portara algún arma. Llevaban apenas dos minutos caminando allí dentro y no dejaban de discutir desde que Tamsin le arrebató de un manotazo la linterna a Bo, creyendo que eso le daría cierto poder de decisión sobre el plan que iban a llevar.

—No vamos a entrar ahí y empezar a matar gente a diestro y siniestro en plan Terminator —protestó la súcubo. Tamsin se paró en seco en cuanto la escuchó decir eso y se giró hasta verla de frente:

—¿Quién eres tú y qué has hecho con Bo?

—Estamos hablando de la vida de Kenzi, ¿de acuerdo? —le respondió algo molesta—. No la voy a poner en peligro.

—Ella está viva o muerta y cuánto más tardemos en llegar hasta donde está, más cerca estará de la segunda opción —le dijo Tamsin comenzando a caminar de nuevo.

—¡No vas a decidir lo que vamos a hacer con ella! —le replicó la súcubo siguiéndole el paso—. No voy a permitir que al hacer las cosas a lo loco a ella le pase nada.

Tamsin se detuvo de nuevo y esta vez tardó un rato en volver a encarar a Bo. Sus ojos chispeantes de rabia miraron fijamente a la súcubo antes de hablar:

—Quiero a Kenzi viva, ¿por qué cojones crees que estoy aquí?

—No lo sé —le respondió Bo con cierto desdén, no dejándose amedrentar por la actitud de la otra mujer—, por lo que a mí respecta solo te gustaba de ella follártela. —Tamsin bufó, rodó los ojos y se dio la vuelta para seguir caminando—. ¿Me lo vas a negar? —insistió la súcubo.

—Eso no quiere decir que no me importe lo que le pase —le replicó la valquiria que cada vez caminaba con un paso más enérgico, lo menos que necesitaba en esos momentos era que Bo le echara en cara su comportamiento con Kenzi—. ¿De verdad quieres tener esta conversación en este jodido momento? —le preguntó con malhumor.

—Sí, por qué no… —le respondió la súcubo que trataba de seguir su paso—. Primero te tiras a Lauren, luego pruebas conmigo y ya para rematar te acuestas con mi mejor amiga. Y eso es lo que sé, por lo que a mí respecta mañana te podrías estar haciendo un trío con Hale y Dyson.

—¿Y qué demonios te importa? Eres tú la primera en cepillarte a todo el mundo sin importarte nada. —Tamsin se detuvo un momento para seguir protestando por lo que Bo le estaba diciendo, pero todo lo que recibió fue una mirada severa de la súcubo que la hizo recapacitar y pensar las siguientes palabras que dijo—: Muy bien. Lo tuyo no fue por gusto y lo de Lauren es complicado.

—Mira —le dijo señalando hacia el camino que tenían delante y les quedaba por recorrer—. Parece que tenemos un largo trayecto que cubrir, creo que puedes explicármelo perfectamente.

—Pensé que estabas más preocupada por trazar un plan inteligente para salvar a tu amiga —refunfuñó la valquiria.

—Tamsin, no me toques las narices —le dijo agarrándola por un brazo para detenerla. Kenzi era importante, pero Bo ya no podía soportar nada más en aquel momento y la discusión con Tamsin había prendido sus nervios más si era posible—. ¿Qué está pasando entre tú y Lauren? Y quiero la maldita verdad.

—¡Nada! —exclamó ella molesta—. Ya te lo contamos, compartimos recuerdos y por alguna razón podemos sentir lo que siente la otra. Fue muy confuso al principio y estaban pasando muchas cosas, entre ellas tu desaparición. El sexo fue solo una especie de válvula de escape a tanta tensión, nada más. No estoy enamorada de ella ni ella de mí, te lo puedo asegurar. Ahora estamos más acostumbradas y podemos manejarlo mejor. Lauren seguirá siendo toda tuya y, de todas formas, con el tiempo irá despareciendo todo esto entre ella y yo.

—¿Vas a morir ahora? —le dijo Bo soltando el brazo de la valquiria.

—¿Qué? —preguntó frunciendo el ceño confusa.

—Digo, con eso de que nunca eres clara explicando las cosas me dio por pensar que hacerlo podía llegar a matarte —le espetó con ironía.

—Eres imbécil —bufó rodando los ojos y comenzando a caminar otra vez—. ¿Nos vamos ya a centrar en Kenzi?

—Sí… —le respondió la súcubo caminando a su lado, aunque todavía no estaba dispuesta a terminar lo que había empezado con la valquiria—. Que sepas que jugaste con sus ilusiones y cuando la saquemos de aquí sana y salva, después de patear el druida culo de Massimo, tú y yo vamos a tener una charla sobre eso.

—No la vamos a tener y menos con tu historial —le respondió con indiferencia Tamsin que ni se molestó en mirarla.

—¿Qué? —exclamó la súcubo sabiendo perfectamente a lo que se refería la valquiria—. Puede que al principio no supiera lo que estaba haciendo con Dyson y Lauren, pero una vez que aprendí y supe que estaba enamorada de Lauren, se lo dejé bien claro a Dyson. Si él sigue pensando que puede pasar algo entre nosotros, es su problema, no el mío. Y tú, señorita valquiria, eres un ser milenario que debe tener bastante experiencia sobre relaciones, cosa que yo no tenía porque todos mis amantes acababan muertos a mi lado, así que ni se te ocurra juzgarme.

—Bien, ¿por qué no me pegas en la cara y acabamos con esta mierda de una vez? —le dijo de mala manera dándole una mirada de soslayo.

—Sí, lo haré, como sigas comportándote como una gilipollas. Dices que te importa Kenzi, pero la ilusionaste y le destrozaste el corazón. Ella puede ocultarse en sus bromas y juegos, pero sé perfectamente que está dolida y es por tu culpa.

—Fue un maldito malentendido, ¿vale?

—¿Si? ¿En qué momento le dijiste «eh, Kenzi, que sepas que lo único que vamos a tener es sexo, nada más, espero que estés de acuerdo»? —Tamsin disminuyó un poco la marcha y se quedó mirando en silencio a Bo. No podía contestarle nada porque esa conversación nunca la tuvo con Kenzi. Cuando retiró la mirada hacia delante, lejos de la súcubo, Bo lo supo—. ¡Eso es a lo que me refiero, maldita sea!

—¡No hagas sentirme peor de lo que me siento! —le dijo sin dirigirle la mirada.

—A no ser que lo que teníais no fuera solo sexo —volvió a hablar la súcubo.

—¡Cállate! —la cortó inmediatamente la otra mujer.

—Es eso, ¿no? ¿Tienes miedo a comprometerte? —siguió insistiendo Bo—. No es tan aterrador, ¿sabes? No tienes que casarte y tener niños, solo estar con ella.

—No es eso —le espetó malhumorada.

—¿Tienes miedo por tu pasado? Espera… —comenzó a decir dando unos pasos más para colocarse cerca de Tamsin—. ¿Tienes miedo a enamorarte por culpa de mi padre? ¿Es eso?

—Esto no se trata de mí.

—¿Entonces? —no desistió Bo, observando que la valquiria seguía sin querer mirarla. Para ella era evidente que la detective guardaba algo que no quería confesar—. Tamsin, venga —insistió.

—Soy un ser milenario, ¿no? Y tú eres una súcubo bebé, así que deja de actuar como si comprendieras el mundo y concéntrate en lo que estamos haciendo —le espetó volviendo a caminar y resoplando de mal humor. Bo rodó los ojos, dándose por vencida y la siguió.

—Está bien, ahora no es el momento, pero hablaremos de esto —le advirtió cuando llegó a su lado.

—No, no lo haremos y si vuelves a sacar el maldito tema…

—Guarda esa ingeniosa amenaza para Massimo —la interrumpió Bo antes de que las palabras venenosas de Tamsin consiguieran salir de su boca. La valquiria suspiró con resignación y no dijo más nada.

El resto del camino lo hicieron en silencio. Tamsin alumbró el camino con la linterna y Bo caminó junto a ella. Al menos cinco minutos después, vieron unos destellos a varios metros de donde estaban. La valquiria apagó la linterna rápidamente y se acercaron a oscuras hasta que pudieron visualizar una puerta de donde provenía una luz. Estaba custodiada por dos hombres.

—Mierda —murmuró la valquiria—. Supongo que tendremos que quitarlos del medio, ¿qué opinas tú 'señorita no vamos a entrar como Terminator'?

—Bueno —le respondió la súcubo—, necesito chi, así que voy a drenarlos hasta que se desmayen.

—¿En este momento tienes hambre? —se quejó Tamsin en voz baja—. Eres increíble —dijo con ironía.

—Sí, soy increíble, ya me lo dijiste hace tiempo en mi bañera —le replicó Bo con soberbia—, pero por si no lo recuerdas, utilicé mi chi para curarte, guapita, necesito recargar mis baterías.

—Estoy al tanto de mis atributos físicos, gracias —se burló la valquiria imitando la contestación anterior de Bo.

—Idiota —farfulló la súcubo—. Yo voy a por los guardias y tú cuélate ahí dentro. Sin armar ningún escándalo —le dijo antes de alejarse—. Y me esperas antes de hacer ninguna tontería.

—Que sí, imbécil —le respondió tornando sus ojos en blanco.

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Tamsin se escondió tras el saliente de una pared cuando escuchó un ruido. Llevaba un rato esperando a Bo, pero la súcubo todavía no aparecía. Más le valía estar inmersa en una pelea o haberse caído en una trampa o algo de eso, porque si no le iba a virar el rostro a cachetadas.

Pasos. Alguien se acercaba a donde estaba. La valquiria intentó ocultarse entre las sombras mientras observaba que alguien se movía por el pasillo poco iluminado que conectaba con la sala en donde estaba. Tamsin asomó ligeramente el rostro y pudo verla más o menos con claridad. Era ya inconfundible para ella, con su pelo anaranjado y su largo fleco cubriendo parte de su rostro, casi podía ver el brillo de sus ojos azules y las pequeñas pecas que tenía sobre la nariz.

—Tú —dijo la valquiria saliendo de su escondite y encarando a la mujer—. ¿Por qué no me sorprende? Debí imaginarme que la paliza que me diste en el callejón con los ogros no fue pura casualidad.

La mujer se detuvo y miró hacia donde estaba Tamsin. El rostro de Antalya no tenía aquella característica sonrisa pícara en él cuando vio a la detective, esta vez la miró con un semblante serio y preocupado.

—Debes irte de aquí —le advirtió.

—Solo me iré con Kenzi, Antalya.

—Eres masoquista, ¿no? —le replicó incrédula.

—¿Qué haces aquí? —preguntó Tamsin. Sus ojos verdes se fijaban en la otra valquiria como puñales envenenados a punto de ser lanzados para matar.

—¿Es ella verdad? —le dijo ignorando su pregunta. Antalya negó con su cabeza mientras una pequeña risa irónica se escapó de entre sus labios—. Al principio pensé que era esa doctora humana, pero ahora veo que me equivocaba.

—¿De qué cojones hablas? —escupió con rabia Tamsin.

—Venga, no te hagas más rubia de lo que eres, sabes perfectamente qué hago aquí y cuál es mi misión.

El rostro de Tamsin se tensó. La detective apretó el puño donde todavía había restos del símbolo del valknut que Antalya había dibujado con la punta de una daga en la palma de su mano.

—Mira, no es lo que piensas —trató de explicarle—. Mi vínculo con Odín se rompe porque me he entregado a su hija. Él solo me quiere porque si rompo nuestra unión, todas las valquirias quedarán libres de él.

—Imposible, algo así hubiera roto el vínculo con Odín inmediatamente —repuso la otra valquiria—. Yo lo siento y seguro que tú también, incluso habrás soñado con él, no es eso y lo sabes, lo que pasa es que no lo quieres aceptar. Ironías de la vida… Tú y yo de nuevo discutiendo sobre esto.

—Estás equivocada.

—Vamos, Brynhild. —Tamsin rodó los ojos cuando la escuchó llamarla por aquel nombre, pero no dijo nada y la siguió escuchando—: Está bien esa actitud, pero te ciega de la realidad y, bueno, pasan estas cosas, que no eres capaz de ponerle remedio a tiempo.

—¿Qué dices? —escupió con rabia la detective, cruzando los brazos sobre su pecho y mirándola con escepticismo.

—Venga ya, tía, ¡te estás enamorando otra vez!

—No, no me estoy enamorando de Kenzi —protestó Tamsin, acercándose peligrosamente hacia Antalya.

—Bueno, yo no dije de quién —le respondió con cierta arrogancia.

Con precisión, aquellas palabras encendieron la ira de Tamsin. Si algo era capaz de hacerle explotar de aquella forma era porque le importaba. Tamsin no podía seguir engañándola.

—Mira, perra —la amenazó la detective—. Puedes decirle a Odín que me arroje a un mar de lava si quiere, pero que no se atreva a hacerle lo que le hizo a Sigurd, porque esta vez su propia hija se encargará de hacerle tragar sus propias vísceras, ¿te quedó claro?

—Vaya, cariño, tranquila —rió Antalya dando un paso hacia atrás y levantando las manos como en señal de rendición—. No tienes que ser tan agresiva, ya sabes cómo me pone eso y no quiero que tengamos sexo aquí.

—Voy a hacer que te tragues tus propios dientes como no te calles —le dijo con furia la otra valquiria.

—Woah… —exclamó un poco más seria—. Casi tengo un orgasmo —le replicó con sarcasmo.

—Venga ya, Antalya —se quejó Tamsin con un gesto de desesperación—, ella no tiene la culpa de lo que sienta yo.

—Es porque es mutuo, Bryn —le explicó más seriamente—, por eso no puede ser la doctora, Lauren está enamoradísima de Bo.

—¿Qué sabes tú de la doctora? —preguntó Tamsin tratando de confundir a la otra mujer.

—Quería conocer tus círculos cercanos, por eso me acerqué a la súcubo y descubrí cosas —le espetó desmontando las artimañas que intentaba armar Tamsin para despistarla—. Entonces, ¿es ella, no? ¿La chica gótica? —insistió. La valquiria rubia bajó la vista hacia el suelo sin responderle. Antalya no lo necesitó—. Oh, tía… Joder…

—¿Vas a matarla? —le dijo con cierta desesperación y rabia—. ¿Es eso a lo que te mandó Odín?

—Mierda, ¿por qué eres así? —le espetó la otra valquiria con exasperación—. No pudiste seguir con tu vida de mercenaria solitaria, no, tenías que meterte en las sábanas de la Morrigan y mandarlo todo a la mierda para que te mandara a ese programa ridículo de paz entre Sombras y Luces. Era divertido antes, tú, Acacia y yo…

—Acacia está muerta —la cortó con frialdad Tamsin.

—¿Cómo? —exclamó sorprendida Antalya—. Esa amazona era…

—Odín la mató —le explicó con rabia—. Estoy harta de él. Es un maldito farsante que lleva siglos enteros utilizándonos como sus marionetas. Ni siquiera le pertenecemos.

—¿A qué te refieres? —Esta vez Antalya miró con seriedad a Tamsin. La pregunta era sincera. A ella también le importaba Acacia y enterarse de que Odín la había matado no le había hecho ninguna gracia, fueran las causas que fueran. Por primera vez, después de mucho tiempo, Antalya decidió ceder con Tamsin. Algo la estaba haciendo dudar de sus lealtades de repente.

—Él vino a Asgard —le explicó la valquiria rubia—, nos aniquiló a todos y entonces resucitó a las valquirias solo para utilizarnos como sus verdugos.

—¿Qué disparate es ese? —dijo casi burlándose. Aquello que le contaba Tamsin parecía una historia de fantasía sacada de algún sueño sin sentido que había tenido.

—La verdad, Antalya —insistió Tamsin—. Estuve luchando a tu lado innumerables veces, salvé tu maldito culo otras tantas, estuvimos en situaciones bien jodidas y ¿todavía vas a seguir ciegamente todo lo que te dice el cabrón de Odín?

—Somos valquirias, tenemos que…

—¡No! ¡Él está lejos de aquí! —le gritó—. Ayúdame y entonces nos libraremos de él.

—¿Y si te equivocas? Él puede encontrarme, él puede… —Antalya retrocedió asustada mientras negaba con la cabeza. No podía hacerlo. Ella había sido testigo innumerables veces de lo que Odín era capaz si lo traicionabas.

—Eres una guerrera, lo llevas en tu sangre, lo tienes en tu corazón. Luchas —le dijo Tamsin poniendo una mano sobre su hombro—. Entiendes lo que es el honor, lo que es el deber. Lo que es correcto y lo que no. O algo de eso me dijiste cuando no quería aceptar la última misión que me mandó Odín.

—¿Te acuerdas? —le preguntó con la voz temblorosa.

Tamsin no tuvo tiempo de responder. Obviamente en su conversación con la otra valquiria no había sido lo que se dice silenciosa y había llamado la atención demasiado. El espacio enseguida se llenó de algunos humanos armados y varios infrafaes malolientes. Tamsin no se molestó en identificarlos cuando vio la figura de Massimo caminar por detrás de todos ellos.

—Antalya, ¿vas a escuchar a Tamtam? —le dijo el Druida con cierto aire de soberbia—. Cuando Kenzi muera, Odín recuperará el control de Tamsin y no va a ser agradable contigo.

La valquiria de pelo naranja volvió sus ojos hacia la mujer junto a ella. Tamsin leyó la confusión en su mirada y el miedo que le provocaba Odín. Ella no iba a seguirla si no tenía más seguridad sobre lo que le había dicho la detective.

—Ya sabes lo que tienes que hacer, valquiria —dijo Massimo antes de desaparecer de allí.

Tamsin lo observó alejarse detrás de los hombres e infrafaes que guardaban su huida. Él fue a esconderse como la vil rata cobarde que era. Tamsin no pudo sino sentir repugnancia hacia él.

—No puedo, Bryn… —susurró Antalya.

La detective tensó la mandíbula examinando su situación. Posiblemente podía derribar a los guardias de Massimo, pero una valquiria renacida no era tan fácil. Cuando utilizara sus poderes sobre los secuaces del Druida, se iba a encontrar más débil hasta que se recuperara, y eso lo iba a aprovechar Antalya. Mierda, estaba jodida.

—¿Llego tarde a la fiesta? —dijo una voz desde la otra punta de la estancia.

Tamsin tenía que admitir que nunca se había alegrado tanto de ver a la súcubo. Ella irrumpió de pronto con sus aires de prepotencia y sus brillantes ojos azules y de repente toda la atención estaba en ella y no en Tamsin.

—Creo que llegamos en la mejor parte —dijo otra voz que salió detrás de ella: Hale.

De pronto, un lobo de pelaje casi blanco se abalanzó sobre el cuello de uno de los hombres y la batalla comenzó. Hale inmovilizó a un grupo de infrafaes con su potente silbido y Bo se enzarzó en una pelea con al menos cuatro tipos a la vez. Antalya dio varios pasos alejándose de Tamsin y la detective no tuvo más remedio que fijar su atención hacia el grupo que se abalanzó sobre ella.

Los golpes no eran meditados y menos eran controlados para que ejercieran la mayor eficacia, Tamsin cayó al suelo y lo único que pudo hacer es lanzar puños y patadas para quitarse de encima a sus rivales, intentando también protegerse. La valquiria escuchó varios disparos, mezclados con algunos gritos, y su corazón se aceleró aterrado. La angustia se acumuló en su garganta y todo en lo que pudo pensar fue en que si no salían de allí, Kenzi posiblemente moriría.

—¡Vienen más! —gritó una voz. Tamsin creyó que fue Hale.

Entonces alivió la tensión con un grito mientras arremetía un fuerte golpe al infrafae que se había colocado sobre ella. El cuerpo del individuo salió disparado hacia atrás, golpeando a otro, pero más vinieron a ocupar su lugar. Tamsin sintió su piel calentarse, brillante por los símbolos que comenzaron a dibujarse sobre ella, y la adrenalina corriendo por su sangre y estimulando sus músculos, la llenó de energía renovada. Agarró con cada mano las fauces de dos infrafaes que trataron de atacarla y empujó las dos cabezas entre sí. Los cráneos de los dos seres chocaron con un golpe seco y varias gotas de sangre salpicaron el rostro de la valquiria, pero ella no tenía tiempo para que le importara eso, porque aún venían más a por ella. Sin embargo, de pronto, el peso sobre ella empezó a aliviarse y pudo ver algunos cuerpos volando por encima suyo. Alguien estaba a su lado ayudándola a quitarse a los infrafaes de encima y pudo verla enseguida, inconfundiblemente, las botas negras y sus pantalones de cuero, no podía ser otra sino Bo.

—Si alguien te va a matar algún día, esa seré yo —bromeó la súcubo tendiéndole una mano para levantar a Tamsin del suelo.

—Gracias —dijo la valquiria aceptando gustosamente su mano y posicionándose al lado de ella.

Bo tenía un corte bastante feo en su brazo izquierdo, también le estaba sangrando bastante, y algunos golpes en la cara. La súcubo mentiría si dijera que no le estaba doliendo un infierno la herida del brazo, pero ya tendría tiempo de curarla más tarde. En aquel momento, las estaban rodeando. Bo alzó su daga hacia delante y observó a sus oponentes. No eran muchos más de seis infrafaes furiosos y diez hombres pobremente armados con algunos cuchillos y palos. La súcubo examinó los alrededores y vio a Hale utilizando su silbido para alejar a más rivales de allí. Más alejado estaba Dyson, convertido en su forma de hombre, con su piel desnuda y cubierta de la sangre de sus rivales, y sus largas garras acabando con la vida de los últimos guardias humanos que quedaban allí. Ambos estaban bastante ocupados por el momento como para percatarse del grupo que se dirigía hacia las dos mujeres.

Tamsin suspiró cuando su espalda encontró la de Bo. No podía ver a Antalya, pero sabía que seguía por allí, observando la batalla y midiendo sus posibilidades. Tamsin creyó que estaba dudando sobre qué hacer, era la única explicación para no haber hecho acto de presencia durante todo el combate.

—Plan B, si los agrupamos podría drenarles el chi —dijo Bo en voz baja para que no la escucharan.

—¿Y el plan A? —preguntó la valquiria viendo cómo algunos infrafaes ya corrían hacia ellas.

—¿Rezar? —le respondió la súcubo con ironía.

—Puedo usar mi poder de intimidación hacia este lado y tú sucubear al resto —sugirió Tamsin golpeando con su puño al primer infrafae que saltó sobre ella. El atacante cayó hacia atrás contra el suelo y los otros se acercaron más lentamente, con cierto temor.

—Trato hecho —dijo Bo dando un paso al frente.

Fueron cayendo poco a poco mientras súcubo y valquiria ponían en marcha todo su potencial.

Dyson levantó su vista cuando su último rival cayó muerto al suelo por el desgarro que le había provocado en la garganta. Sus ojos se abrieron como platos cuando observó cómo Tamsin y Bo iban terminando con el resto de secuaces de Massimo. Zarcillos azules se movían de las bocas de las pobres víctimas de Bo hasta la súcubo y la iban revitalizando y curando sus heridas. Por su parte, Tamsin había dejado un reguero de cuerpos tirados en el suelo y parecía que estaba cansada. La valquiria jadeaba pesadamente cuando dirigió una mirada de soslayo hacia él. Dyson asintió haciéndole ver que estaba bien y trató de que leyera de sus labios que fueran a por Kenzi. Ella le respondió con el mismo gesto intentando que entendiera que eso harían. Fue suficiente para él, que volvió a su forma de lobo para ir a buscar a Hale. El sireno había hecho huir con su silbido a un grupo de enemigos que trataban de flanquearlos, seguramente los había sacado de la cueva y allí estaría él.

Bo continuó tomando el chi de los secuaces de Massimo hasta que vio caer al último, aunque pronto se dio cuenta que había alguien más entre la multitud, posiblemente ocultándose, alguien que la súcubo conocía: Antalaya. Ella fue la única que no cayó al suelo. La valquiria se encorvó y se apoyó en sus rodillas mientras tosía fuertemente. Por supuesto, ella era una valquiria renacida y los demás solo humanos e infrafaes.

—Joder —murmuró de pronto incorporándose y mirando con horror a Tamsin—. ¿Qué acabo de ver?

—Nuestro pasado —le respondió Tamsin, que se giró hasta ella al escucharla toser.

Bo dirigió una mirada a ambas y entendió que al alimentarse de Antalya había ocurrido lo mismo que con Tamsin y había visto algunas de las imágenes de cuando Odín sometió a las valquirias.

—Sí, mi padre os jodió bastante a vuestra raza, pero ahora es tiempo de buscar a Kenzi, ¿dónde está? —preguntó la súcubo impaciente, con sus ojos brillando en azul por toda la energía que corría por su cuerpo después de tomar toda aquella cantidad de chi.

—Puedo llevarte —dijo Antalya—. Os ayudaré.

—¿Pretendes que nos fiemos de ti después de todo? —replicó Bo con desconfianza.

—Tamsin —le rogó Antalya, llamándola por fin por el nombre que la valquiria había optado desde hace tiempo.

—Id a por Kenzi, yo me encargaré de Massimo —le dijo Tamsin a la súcubo recordando las palabras de Lauren de mantenerlo con vida, algo que no sabía si Bo iba a ser capaz de hacer—. Es solo un humano, no será rival para mí —le explicó la valquiria para tranquilizar a la súcubo.

Bo se giró hacia ella y la agarró por el cuello de la chaqueta, acercándola bruscamente. Los ojos centelleantes de la súcubo la miraron iluminados en un azul peligroso.

—Hazle pagar —le dijo, pero en su mente solo escuchó «Mátalo».

Tamsin retrocedió confundida cuando Bo la soltó, sin poder ignorar aquel mandato que había escuchado en su cabeza. La súcubo se alejó junto a Antalya y la detective se quedó allí quieta hasta que ya no las pudo ver más.

«Mátalo». Tamsin caminó, cruzó un pasillo y encontró la sala donde se había escondido Massimo. «Mátalo». Ella sacudió la cabeza tratando de ignorar aquellas palabras cuando se fijó en los ojos retadores del Druida, que se ocultaba tras una ancha columna. «Mátalo». Tamsin se acercó hasta él, Massimo retrocedió un poco, pero la fae continuó avanzando hasta él y lo tomó por su camisa con las dos manos. Bruscamente lo arrastró hasta que lo tuvo lo suficientemente cerca de ella.

—¿Qué le hiciste a Kenzi, desgraciado? —le escupió con rabia la valquiria. Massimo sintió el aliento de Tamsin golpear en su cara por la cercanía cuando sus palabras salieron disparadas de su boca, tratando de quebrarlo. Él trató de aguantar el tipo como pudo.

—Hacerla fae, como me pidió.

—¡Condenaste su vida, sucia rata asquerosa! —le gritó lanzándolo hacia el suelo.

Massimo se quedó sentado sobre las baldosas del suelo, mirando hacia Tamsin con media sonrisa en su rostro.

—No sabía qué efecto podían tener los unocas en su cuerpo. Fue solo un experimento —le respondió con cierta indiferencia—. Necesitaba que algún tonto fuera mi conejillo de indias.

«Mátalo». «Mátalo». «Mátalo». Tamsin se contuvo para no cumplir con lo que su cabeza le repetía sin cesar. La voz de Bo, ronca y peligrosa, quería hacerse con el control. Tamsin estaba deseando matarlo…

—¿Qué experimento? —le gritó con impaciencia.

—Ser fae. Es lo que cualquier humano que convive con los faes desea. Incluso yo, con mi poder y mis influencias, sigo siendo tratado como un ser inferior. Entonces apareció Kenzi y mi oportunidad para probar si los unocas eran viables para eso.

—¿Cómo se sacan de su cuerpo?

—Ojalá lo supiera —contestó poniéndose en pie y sacudiendo el polvo de sus pantalones—. ¿Por qué crees que acepté el trabajito de Odín? —Él la miró con aire de suficiencia. Ella simplemente tensó la mandíbula conteniendo la ira—. Los unocas no son estables —prosiguió el Druida—. No quiero ser fae si voy a morir en unos pocos meses, pero Odín me prometió la eterna inmortalidad si cumplía su tarea, así que acepté su trabajo encantado.

«Mátalo». Tamsin contuvo el aire en sus pulmones. «Mátalo». Tamsin no lo pudo ignorar más.

—¿Quieres jugar, Massimo? —le dijo acercándose a él de nuevo—. ¿Quieres que nos riamos un rato?

—Vamos, Tamsin —repuso él haciendo un gesto de indiferencia—, nos conocemos, tu soberbia sobra aquí, podrás hacerme lo que quieras, pero la chica tiene su futuro escrito y va a terminar dentro de poco. Lo siento, así es la vida, no puedes pretender que todas tus decisiones sean las correctas, a veces tienes que medir las posibles consecuencias. Ser fae… tremenda estupidez. Pobre ilusa muchacha si creía que con chascar los dedos podría dejar de ser humana.

—¿Tú crees que Odín no tratará de engañarte igual?

—Es diferente, él tiene el poder de darme la inmortalidad. Yo soy un simple humano, ¿en qué pensaba esa muchacha al pedirme ser fae? Odín estará contento con saber que, aunque salves a la humana hoy, igualmente morirá y tú volverás a su servidumbre.

—Bastardo… hijo de…

—Eh, Tamsin, modera ese lenguaje —la interrumpió—. Al fin y al cabo esto no habría pasado si hubieras entregado a la súcubo en primer lugar, ¿no?

La valquiria golpeó fuertemente la mandíbula del humano, haciéndolo tambalear y caer al suelo. Él rió como un histérico, llevándose una mano en el lugar donde Tamsin le había dado.

—¿Vas a matarme a golpes? Da igual, si me matas tú mi alma podrá llegar al Valhalla, donde está Odín.

—Odín —bufó Tamsin con repudio—. Recuerdo que había algo que especialmente le gustaba en los tiempos de los vikingos. Odín amaba a las águilas y ellos crearon algo para honrarlo.

—¿Qué dices, Tamsin? ¿Es que has perdido el juicio? Tan largo ciclo de vida te está afectando al cerebro —continuó burlándose de ella.

—¿Has oído hablar del Águila de Sangre, Massimo?

El rostro del Druida se ensombreció al escuchar aquellas palabras. Ella no podía hablar en serio, solo quería asustarlo. Tamsin debía de estar furiosa, por supuesto, pero ella no sería capaz… O eso es lo que pensó Massimo hasta que los ojos verdes de ella lo miraron con cierta locura brillando en ellos. Las manos de la valquiria lo agarraron con una fuerza contra la que él no pudo luchar. La espalda del humano se estrelló dolorosamente contra la pared y la mano de Tamsin se movió hasta el cuello de él con peligro. Los dedos de la mujer se aferraron a su garganta mientras acercaba su rostro hasta el de Massimo. Él casi gimió de miedo.

—Al principio no sentirás nada —susurró ella con una frialdad que heló la sangre del Druida—. Haré solo unas pequeñas incisiones sobre tu espalda.

—Tamsin… —suplicó él con apenas voz. Ella no le hizo caso.

—Entonces sí sentirás —continuó Tamsin. Sus ojos se habían oscurecido y sus facciones se habían endurecido. Había un extraño frío alrededor de ella, como si fuera la propia muerte. Massimo tembló asustado—. Tu carne rasgándose poco a poco mientras saco tus costillas, una a una, y escucharás el hueso quebrándose cuando tire de él. El aire se volverá muy pesado, apenas vas a poder respirar.

—Por favor —dijo él con los ojos humedecidos en lágrimas. Ella volvió a ignorarlo mientras le arrebataba el puñal que el Druida llevaba en su cinturón. Tamsin alzó el arma afilada hasta los ojos del humano.

—Voy a hacerte unas hermosas alas con tus costillas y tus pulmones —susurró con un tono de voz siniestro—. Y cuando mueras podrás ir al Valhalla y decirle a Odín que no le tengo miedo.

Entonces, ella lo agarró con fuerza por los hombros y le dio la vuelta, estampando la cara del humano contra la pared. «Necesito a Massimo vivo», escuchó dentro de su cabeza la valquiria. La voz tranquila de Lauren le advirtió, pero la oyó tan lejos, que no podía hacerle caso. Bo tuvo que hacerlo inconscientemente y por eso no podía ignorar lo que le había pedido.

—Yo no tengo culpa de lo que te haya ese cabrón —lloró desesperadamente Massimo mientras sentía cómo la valquiria rasgaba su camisa por detrás y descubría su espalda.

«Mátalo». Y eso iba a hacer Tamsin.

#

Bo corrió cuando Antalya le dijo que en aquella habitación estaba Kenzi. La súcubo corrió y tiró la puerta al suelo con una fuerza sobrenatural —quizá debida al extra-chi que se había tomado—, ella ni siquiera sintió el pequeño trozo de madera que se clavó en su hombro. Después de que el polvo, provocado al caer la puerta contra el suelo, se dispersara, la súcubo vio la menuda figura de su amiga encogida en el suelo. De pronto el aire se quedó atascado en la garganta de Bo y no fue capaz de escuchar nada más. Ella se acercó a su amiga y se agachó a su lado temblando ligeramente.

—Kenzi —la llamó tiernamente, pero la otra mujer no pareció reaccionar a su voz.

Los latidos del corazón de la súcubo se volvieron un incesante bombeo en sus oídos mientras tomaba con cuidado el cuerpo de su amiga. La tensión de su pecho se alivió cuando sintió la débil respiración de Kenzi al sostenerla entre sus brazos. Bo se frotó la mejilla con el hombro, limpiando una lágrima solitaria que bajaba por su rostro.

—Nena, ya estoy aquí y te vas a poner bien —le susurró.

No dudó ni un segundo en inclinar ligeramente la cabeza de Kenzi y separar sus labios empujando la barbilla de su amiga hacia abajo. Entonces se acercó lentamente a ella hasta que sintió el roce de los labios de la gótica contra los suyos propios y dejó que el calor de su chi fluyera hacia ella. Bo sintió cómo el cuerpo de Kenzi hizo un pequeño espasmo y cómo comenzó a moverse con lentitud. En ese momento se detuvo y se echó hacia atrás para poder observarla.

—Bo —masculló débilmente la mujer más pequeña. La súcubo no pudo responderle y solo sonrió emocionada, conteniendo las lágrimas en sus ojos—. Sabía que vendrías…

De pronto unos gritos impidieron que la súcubo hablara. Gritos desgarradores y que provocaron escalofríos de miedo en la piel de Bo. La súcubo agarró a Kenzi entre sus brazos con fuerza, en un instinto protector, mientras se percataba que el rostro desencajado de Antalya la estaba mirando desde la puerta.

—¿Qué pasa? —gritó Bo.

—Creo que es Massimo —contestó la valquiria con un gesto de terror.

Los gritos eran cada vez más siniestros y Antalya parecía que en cualquier momento se iba a echar a correr asustada. Bo no comprendía qué estaba sucediendo.

—¿Qué te pasa? —le dijo Bo a la valquiria.

—Está muriendo de una forma terrible —le respondió con un susurro tembloroso—. Las valquirias podemos sentir la muerte…

Bo se tragó el nudo de nerviosismo que se formó en su garganta. No quería ni pensar en lo que Tamsin le podría estar haciendo al Druida para hacerlo gritar de aquella forma y asustar a Antalya. Ella se puso en pie sosteniendo el cuerpo de su amiga entre sus brazos y caminó dispuesta a salir de aquel lugar.

Kenzi no parecía enterarse demasiado de lo que estaba pasando. Lucía como adormecida y Bo supuso que podría estar bajo el efecto de alguna droga, quizá, no podía estar segura. Antalya siguió de cerca a la súcubo mientras caminaban por donde habían venido antes. Los gritos se iban volviendo más nítidos y realmente sonaban cada vez más aterradores. Bo sentía que se iba a volver loca si no salía de allí pronto. Sin embargo, todo se sumió en silencio de nuevo cuando Bo ya estaba llegando a la estancia donde se había provocado la batalla. Sostuvo el cuerpo de su amiga con más firmeza y ésta murmuró algo inteligible, provocando que su débil aliento rozara la piel del cuello de Bo brevemente.

—Tranquila, Kenz, pronto todo habrá acabado —le dijo echando una mirada de soslayo hacia Antalya, la cual no dejaba de mirar hacia todas partes como si la estuviera rondando un fantasma.

La gótica movió ligeramente la cabeza contra el hombro de Bo y no dijo nada más. Su mente estaba como vagando en medio de una bruma y no podía concentrarse apenas en lo que le decía Bo, pero su voz la tranquilizaba, le daba seguridad de que ella estaba allí y, si así era, estaría bien pronto.

Entonces apareció. Antalya y Bo dirigieron su atención enseguida hacia ella. La mujer de pelo naranja esbozó una ligera sonrisa de orgullo en sus labios, recordando los viejos tiempos, las antiguas y sangrientas batallas… pero la súcubo hizo una mueca de espanto al observar la mirada depredadora y el aspecto de locura que emanaba Tamsin.

Las gotas de sudor resbalaban por su rostro tiñéndose de rojo. Cabellos rubios alborotados, caían sin orden sobre su rostro. La chaqueta que llevaba antes ya no estaba, y dejaba ver los últimos destellos que se habían dibujado sobre su piel. Sangre caliente la cubría de arriba a abajo. No parecía suya. No había que adivinar que se trataba de Massimo.

Tamsin ignoró completamente las miradas de Bo y Antalya, su vista se centró en el cuerpo acurrucado sobre el regazo de la súcubo. Kenzi estaba entre los seguros brazos de Bo y sus dos ojos azules se fijaron en ella. Las emociones se acumularon en su garganta cuando la observó vulnerable y herida, un pequeño aleteo de miedo en su pecho volvió pesada su respiración y sus ojos verdes se anegaron de lágrimas que luchó por no verter. Orgullo, quizá, o aturdimiento porque empezaba a ser consciente de lo que le había hecho a Massimo, de lo que Bo le había obligado a hacer. Ella era la hija de Odín después de todo, pero debía ser mucho más poderosa si podía obligarla de aquella manera a cumplir sus deseos. Tamsin sintió miedo de Bo cuando dirigió su mirada hacia la súcubo. Su corazón se agitó asustado en un sentimiento familiar como cuando miraba a Odín. Pero Kenzi seguía viva, y en eso quiso pensar, la tranquilizaba.