Lo primero de todo...PERDÓN A TODOS POR HABER ESTADO TANTOS AÑOS SIN ACTUALIZAR! sé que me estaréis odiando y seguramente ya ni os interesará saber lo que sucede con Sefirot y Aeris pero de pronto se me fue la inspiración y no tenía ni idea de como seguir...u.u por eso pienso y os doy un consejo: antes de comenzar una historia estaría bien que supieseis como continuarla y como va a finalizar, es eso lo que yo he aprendido...lo que pasa que ayer me pasé por aqui y al releer mi historia y vuestras reviews pues, no sé, me han dado muchas ganas de continuar y seguirla y terminarla...de nuevo perdón, esta vez me voy a comprometer y espero que me sigais hasta el final, y por otro lado me encantaría escribir una novela original, el problema que no sé donde promocionarla pero bueno, como diría Cloud...allé voy!
Sefirot había estado observando la escena desde su cuarto: sin perder detalle, había visto con disgusto la animada conversación entre Aeris y el recién llegado, incluído el efusivo abrazo que esta última le había dado. No podía decir exactamente a qué se debía su entusiasmo pero por alguna razón no estaba tranquilo. Sabía que él ya no tenía nada que ver con ella, ni siquiera se habían casado en serio, como Aeris le había recordado por lo que había sido fácil dejar la relación. Y sin embargo...apretó los puños forzándose a desviar la mirada, no tenía por qué inmiscuirse, que hiciese lo que quería, él ya no pintaba nada.
"Y pensar que había estado a punto de pedirle perdón...si Strife no hubiese aparecido con el medallón..."- se le hizo un nudo en la garganta al recordar la foto echa pedazos, su foto rota en pequeños trozos...apartó aquellos pensamientos de su mente y se tumbó sobre la cama, las manos bajo la nuca, la mirada fija en el techo. Recordaba su pasado pero...ya no era el mismo. Ya no sentía esa necesidad urgente de venganza, de destrucción, acabando con los que le habían herido profundamente hacía mucho tiempo. Había sido un experimento, sí, pero sus padres eran humanos...y él también. Su madre Lucrecia le había querido, cierto era que había sido una irresponsable ofreciéndose voluntaria para un proyecto científico de tal magnitud pero jamás había supuesto que sucedería lo que en efecto había ocurrido. Después de todo fue Hojo el culpable, el responsable, quien hirió no solo a su madre, sino a él mismo y a Vincent...al pensar en el hombre suspiró. Le hubiera gustado tener un padre como él. Todo hubiese sido diferente entonces...se imaginó creciendo como un niño normal, querido por sus padres, rodeado de niños y amigos...cerró los ojos, todo eso era una estupidez. Su vida había sido bien diferente...se avergonzaba profundamente de cómo su locura le había controlado, sabía que Jénova había tenido algo que ver pero no podía negar que también él había tenido culpa.
"No soy tan fuerte como todos piensan...al menos no psicológicamente, igual que Strife...él también lo pasó mal debido al Mako y arrebató la personalidad de su amigo para no admitir la verdad: que era un perdedor...al menos no le dio por...asesinar..."- Vincent le había explicado absolutamente todo lo acontecido antes de su muerte y la de Aeris camino a la cueva de Lucrecia.
Se llevó una mano a la frente, necesitaba despejarse, pensar...Aeris. La Cetra que le había detenido, la que se había interpuesto en su camino, la joven alegre y risueña que había dado su vida por el Planeta...aún recordaba el día en que la había atravesado con su Masamune, había disfrutado...¿o fue Jénova quien le había transmitido esa sensación de euforia, de victoria que fue inundando cada partícula de su ser, deleitándose con la sangre, la amargura, el dolor? Aún no lograba comprender lo que había sucedido con ella: ¿cómo era posible que le hubiese besado, abrazado, que se hubiese acostado con él, que le hubiese preferido por encima de Cloud? ¿cómo, después de todo lo que él había echo? Se sentía derrotado, ¿se había burlado de él? No tenía sentido, no ganaba nada con ello...y para colmo el Planeta parecía mofarse de él: el ultimátum era ridículo: o los dos vivían o los dos morían.
Podría hacerlo, quizás debería después de todo aceptar, morir y arrastrar a Aeris con él...no. No podía matarla.
"Maldita sea, se supone que no tengo que sentir nada hacia esa Cetra, es pasado, es imposible que ella...sienta algo hacia mi que no sea odio, asco, rechazo..."
Refugió su rostro entre las manos, tenía claro que deseaba morir, la vida sin Aeris ya no le interesaba. ¿Cómo convencer al Planeta de dejarla vivir su vida sin que por ello él debiese proseguir?
En ese momento escuchó un ruido y acto seguido unos pasos, voces...alerta, frunció el ceño. ¿Otra vez estaba ese Shin en casa, cuanto pensaba quedarse? Abrió la puerta de golpe y descendió hasta toparse con ellos, estaba poniendo la mesa. Aeris alzó la mirada y le miró pero no habló. La sonrisa que hasta ahora había mantenido en su rostro desapareció de golpe y Sefirot notó como si le hubiesen dado un puñetazo en el estómago. Shin se percató del ambiente tenso entre ambos, decidió hablar.
-Aeris me ha dado permiso para quedarme. Voy a vivir con vosotros.
Sefirot se volvió hacia él, sobresaltado. Trató de permanecer tranquilo, aunque por dentro temblaba de rabia. Primero, Strife, con sus celos, su manera infantil de querer llamar la atención...y ahora ese tipo, ese Cetra? Sabía que jugaba con ventaja, ella se sentiría comprendida y seguramente no tardarían en...apartó esos pensamientos de su mente. ¿Que más le daba?
-Haz lo que quieras.
Tras lo cual no volvió a mirarlos antes de abandonar la casa de un portazo. Aeris no comprendía nada. ¿Por qué si le disgustaba tanto su presencia se había empeñado en seguir viviendo con ella? Tenía muchos gils ya que se pasaba el día entrenando en los glaciares librando de monstruos la zona, ( inciso:...¿ para qué los monstruos de final fantasy necesitan dinero? fin del inciso) entonces ¿por qué no alquilaba o compraba otra casa, lejos de ella, quizás en otro continente donde nunca más tendrían que verse?
Shin vio la consternación en el rostro de la joven y le puso una mano en el hombro.
-Sé lo que sucedió entre vosotros...lo siento.
Ella trató de sonreir pero no pudo.
-Es...duro y extraño...él...me odia pero quiere estar cerca de mí...es...raro...
Shin lo sabía: sabía la condición del Planeta, sabía que debían permanecer juntos...si se lo decía a Aeris...dudó. No, no quería entrometerse. Además...bastante tenía con informarla sobre un asunto delicado...lo cierto era que no sabía cómo se lo iba a tomar.
Sefirot estaba furioso, no podía creer que aquel tipo fuese a vivir con ellos...sabía que las cosas entre ellos no estaban bien pero aun asi le gustaba estar solo con ella, disfrutando de su compañía...un momento. Se detuvo en seco. ¿Significaba eso que aún la quería? Sabía la respuesta, claro que la quería, que necesitaba estar con ella, verla...pero ese Shin...pensó en qué hacer. Strife.
Sin tiempo que perder se dirigió a su hogar y llamó sin buenos modales y con fuerza a la puerta con los nudilos. Fue Tifa quien acudió a abrirle, sorprendida de verle. Desde que había recuperado la memoria no habían mantenido apenas contacto. Se preguntó qué habría ido a buscar.
-¿Está él? - su voz era gélida como el hielo y Tifa se estremeció. Recordó el día de la excursión en Nibelheim, el terrible día en que él había arrasado la ciudad, matando a su padre. Comprendió de inmediato lo que Aeris debía estar pasando.
-N...no - tartamudeó sintiéndose cohibida. El hombre la examinó...otra persona que tenía razones más que suficientes para desearle la muerte. Pensó en como habían bailando juntos, como le había ayudado a solucionar sus problemas con Aeris...sintió que le debía una disculpa.
-Le esperaré, pero mientras quisiera hablar contigo.
Aquello sorprendió a la joven pero cerró la la puerta una vez que hubo salido al exterior. Por alguna razón no le invitó a pasar al interior. El sol hizo que entrecerrase los ojos, aguardó en silencio.
-Gracias. Por tu trato.
Tifa abrió mucho los ojos con sorpresa. ¿Se estaba...disculpando? No supo qué contestar a eso. El hombre prosiguió entonces, cruzado de brazos, serio.
-Lamento lo sucedido en Nibelheim. Sé que puede sonar a excusa y no tienes por qué perdonarme...es más, es imposible que lo hagas pero...es cierto que estaba bajo el control de Jénova. Vincent me ha hablado de la verdad, de..Lucrecia. - No le salía llamarla madre a pesar de que eso era precisamente lo que era.
Tifa asintió, sombría. Inspeccionó su rostro, sus facciones y expresión...estaba sereno. No había rastro de aquella locura que antaño había teñido su mirada de rabia y odio.
-Lo sé. Sucedió hace mucho tiempo, sé que no eras tú mismo, que Jénova te controlaba...- dudó antes de añadir.- Aeris me hizo comprender, hizo que dejase de odiarte. No se merece que la trates así.
El hombre desvió la mirada.
-Ella está bien, ahora tiene a Shin.
-¿Quién?
Sefirot le explicó brevemente quién era aquel Cetra misterioso que había irrumpido en sus vidas y cómo iba a vivir con ellos a partir de ahora. Tifa escuchaba atenta cada una de sus palabras, sin perder detalle.
-Puede que se lleven bien porque ambos son Cetras pero eso no significa que vaya a significar algo más para ella. Porque quien le interesa eres tú, siempre has sido tú. Ella te quiere.
El corazón le dio un vuelco. ¿Y si fuese cierto? Pero entonces recordó el medallón, la foto, el rostro de Cloud...
-No. Te equivocas. Estoy seguro que preferiría que hubiese muerto.
-¡No digas eso! - exclamó la joven con enfado. - ¿Acaso te crees que ella lo está pasando bien, que le gusta ver tu desprecio, tu...manera de ignorarla? Sefirot - dijo con firmeza - ella te ha perdonado de corazón, en serio.
Pero él no estaba tan seguro.
- Lo que no comprende, igual que ninguno de nosotros, es por qué ese cambio. Has recordado tu pasado, un pasado en que no eras tu mismo, en que puede decirse que estabas siendo manipulado por un ser maligno, algo ajeno a ti. Si ella ha sido capaz de perdonarte, ¿cual es el problema?
"Que yo no me perdono, no puedo"
-No es tan sencillo. No puede haber olvidado todo, es...eso es una locura. ¿Y si...volviese a suceder? ¿Y si yo...?
Tifa le miró comprendiendo al fin.
-¿Tienes miedo a hacerla daño?
La joven estaba empezando a alegrarse...Sefirot...¡él estaba loco por ella, aún la quería, estaba claro! ¡Cuando Aeris lo supiese...! Pareció que Sefirot adivinaba lo que estaba pensando porque habló con voz cortante.
-No podemos volver a estar juntos. Es mejor así.
La desilusión volvió a adueñarse de la joven. Aeris moriría de tristeza, estaba segura que no soportaría la amargura de verse separada de él. Era una chica muy fuerte pero nunca más volvería a ser feliz, estaba totalmente convencida de ello.
-¿Querías hablar con Cloud?
Por una parte temió dejarlos a solas, no se fiaba de Sefirot.
-Si, hay algo que debo aclarar con tu marido.
Tifa asintió, en ese momento apareció el susodicho, al ver a su mujer y a Sefirot su expresión se tornó seria.
-¿Qué estás haciendo aquí?
-He venido a hablar contigo.
Tifa se disculpó y regresó dentro de su hogar. No le gustaba dejarlos solos, no se fiaba del todo de lo que podía pasar...no era una persona cotilla, pero decidió quedarse cerca de la puerta y apretó la oreja.
-¿Y bien, a qué has venido? - Cloud le observó muy calmado, las manos en los bolsillos.
-Quiero que me lo devuelvas.
El rubio arqueó las cejas, igual que Tifa que seguía escuchando.
-¿El qué?
-El medallón de Aeris.
-No es asunto tuyo.
-Ni tampoco tuyo.
La tensión podia cortarse con un cuchillo. Sefirot se estaba controlando, por ganas la hubiese emprendido a golpes con aquel hombre, déspota y orgulloso.
-Sé que ella ya no quiere saber nada de mí, está claro. Pero el medallón se lo dio su madre y es justo que lo tenga ella. Aunque haya echo trizas mi foto. Lo más seguro que acabe poniendo la foto de Shin.
Cloud arqueó las cejas, confuso. ¿De qué estaba hablando?. Sefirot se regocijó ante la ignorancia de su oponente.
-Tenemos un nuevo amigo, Shin, un Cetra. -Se adivinaba la ironía en sus palabras-Vive con nosotros. No creo que tarden mucho en entablar una relación. -Su voz sonó casual, como si no fuese con él pero por dentro estaba temblando y le dolía el corazón, sentía una presión en su pecho que no le dejaba respirar.
-¿Y Aeris no nos ha dicho nada?
-Ha sido muy reciente. El caso es, ¿me vas a dar el medallón por las buenas o lo recupero...¿por las malas?- bajó el tono de voz y acercó su rostro peligrosamente al de Cloud, amenazante.
Este último tragó saliva. Si se lo daba y hablaba con Aeris se sabría toda la verdad, y ella seguramente se enfadaría por haberse intrometido...una vez más. Y ese Shin...¿por qué le molestaba tanto que tuviese tan buena relación con Aeris, no se supone que él ya lo había superado, que a quien quería era Tifa?
Sefirot examinó al joven rubio y vio su duda en el rostro. ¿Qué le sucedía, por qué parecía preocupado? Se le veía desamparado, recordó cómo Vincent le había hablado de él, de su solitaria infancia, de su sueño de convertirse en el mejor, como él...su ahora enemigo le había admirado cuando era niño, había deseado ser igual que él. Y le había fallado. Por primera vez se preguntó cuantos niños y adolescentes le habían admirado primero y temido y odiado después y por primera vez sintió culpa y ganas de pedir perdón. Se maldijo a sí mismo.
-¿Y bien, el medallón?
En ese instante la puerta se abrió de golpe y apareció Tifa con un pequeño objeto entre sus dedos...¡era el medallón de Aeris! La joven parecía realmente enfadada. ¿Qué estaban haciendo con el objeto de su amiga?
-Tiff...-Cloud quiso acercarse a ella pero la chica le esquivó, dirigiéndose directamente a donde Sefirot y entregándole el objeto. Este último lo atrapó entre sus dedos, sorprendido.
-¿Ahora me vas a explicar qué haces tú con el medallón de Aeris? - la joven estaba de brazos cruzados y su corazón latía fuerte, muy fuerte.
Sefirot se volvió hacia Cloud. Al ver que no contestaba. la joven prosiguió, alterada.
-Ella lleva tiempo buscándolo, me lo dijo, que no sabía dónde estaba, que era algo muy importante para ella...¿y lo tenías tú?
Cloud abrió la boca pero no dijo nada. No le iba a resultar nada fácil salir de ese embrollo en que se había metido él solo. Sefirot intervino.
-Aeris lo tiró lejos, tras romper mi foto y él lo cogió, nada más.
Tifa abrió mucho los ojos y se quedó boquiabierta. ¿Qué? Vio que Cloud la imploraba con la mirada que no hablase pero ella le ignoró. Aeris era su amiga y Sefirot merecía saber la verdad.
-Supongo que esa es la versión que le has dado - hablaba directamente con Cloud, quien incómodo no sabía cómo reaccionar. Deseaba que se le tragase la tierra.
-Tiff, verás...yo...
-Sefirot, puedo imaginarme lo que sucedió: Cloud encontró o quizás se llevó el medallón cuando Aeris no miraba, y después fue él quien destruyó tu foto para más adelante inventarse toda esa...historia sobre que ella no te quería ni ver...¿me equivoco?
Cloud no habló pero negó lentamente con la cabeza. Sefirot estaba atónito...¿entonces Aeris no había roto su foto, no había dicho que ya no quería el medallón? Por un lado deseaba partirle la cara a Cloud pero otro estaba demasiado contento. Se acercó a Tifa.
-Gracias, una vez más. Pensaba que ella...es igual.
Cloud tomó aire. Sabía que Sefirot se merecía una disculpa. Además, había algo más...después de saber de la existencia de Shin se había percatado de algo más...
-Sefirot.
El hombre citado le dio la espalda y comenzó a alejarse, Tifa regresó a casa no sin antes haberle lanzado una mirada llena de reproche a Cloud. El joven corrió tras Sefirot.
-¡Espera he dicho!
Sefirot se detuvo, se giró.
-¿Qué quieres ahora?
-Te debo...una disculpa.
Sefirot no habló, volvió a girarse dispuesto a proseguir su camino.
- Lo...lo hice porque no soportaba que te acercases a ella después de lo que le hiciste.
Sefirot volvió a detenerse, de espaldas a él.
-Ella te perdonó, olvidó lo que había sucedido tan rápido...- Cloud negó suavemente, por primera vez estaba siendo sincero con aquel hombre- No podía ni tampoco quería comprenderlo, pensaba que se merecía a alguien mejor, alguien menos...peligroso.
Sefirot escuchaba tranquilo. Así que era eso, en parte lo comprendía.
-Pero yo no soy quien para decidir por ella, ya no es una niña pequeña asi que...- tomó aire.- Si ella te acepta yo ya no...a partir de ahora aceptaré vuestra relación o lo que sea que tengais.
Sefirot se volvió lentamente a mirarle. Parecía sincero. Pensó en lo que le acababa de decir.
-Ya no somos nada. Tienes razón, ella debería mantenerse alejada de alguien como yo. Lo sé.
Cloud estaba consternado. Realmente Sefirot parecía que había cambiado, que se preocupaba por ella. ¿Tanto le importaba que estaba dispuesto a no estar a su lado por su bien? Quiso decir algo pero no supo qué. Por alguna razón, extraña razón, ya no le importaría tanto verlos juntos. Quizás porque, había comprobado que después de todo, él ahora recordaba su pasado y no estaba loco. Ya no.
Sefirot volvió a hablar, tranquilo.
-Ahora comprendo muchas cosas, tu actitud hacía mi. La de toda Avalancha en general hacia mi. Os entiendo, es normal que no os fiaseis de mi.- Frunció el ceño en un acto reflejo al volver a ver la imagen sonriente de Aeris, la confianza depositada en él. No podía entender cómo le había tratado tan bien.
-Jénova tuvo algo que ver.
Era la primera vez que Cloud decía algo semejante y Sefirot pareció sorprendido. Cloud prosiguió.
-Cuando era niño soñaba con ser como tú. Al entrar en Shinra, me pareciste alguien frío y distante, sí, pero no mala persona. Supongo que siempre has sido asi, nada más. Vuelves a ser tú.
Sefirot no quería admitirlo pero esas palabras hicieron que se sintiese mucho mejor. Primero Tifa, ahora él...parecían comprender que era Jénova quien le había controlado, quien le había trastornado...
-Viniendo de ti suena raro.- Dijo Sefirot - Pero gracias por el cumplido. Y...- esta vez volvió a ponerse serio - Lamento lo ocurrido, si pudiese volver atrás lo haría. Lo juro.
Cloud sabía que lo decía de verdad. Asintió. La conversación había finalizado.
Sefirot se sentía más ligero ahora, mientras se alejaba. Decidió que debía una disculpa a los demás miembros de Avalancha. Comenzó con Barret, prosiguió con Yuffie, Cid, Red 13...Todos parecían haberlo perdonado de corazón. Cuanto más hablaba, mejor se sentía consigo mismo. Al pensar en Aeris dudó. Lo suyo había muerto para siempre. No tenía derecho a pedirle nada, no después de todo lo que se habían dicho. Y sin embargo lo que más ansiaba era su perdón y sellarlo con un beso, decirle que la quería, que lo suyo era sincero, que era la primera vez que necesitaba a alguien a quien querer y que le quisiera...se detuvo en frente de su casa, era noche cerrada. Palpó en el bolsillo el medallón y una débil sonrisa iluminó su rostro. ¿Debía hablar con ella y explicarle lo que Cloud había echo respecto al medallón? No. Incluso si ella no había tirado el medallón, nada cambiaba lo que había ocurrido entre ellos, los insultos, los reproches...y ahora estaba ese Shin. Aguardaría. Necesitaba más pruebas que lo suyo podría funcionar, que ella realmente le quería. La primera de ellas era el medallón: era su foto la que había colocado en él, ni la de Cloud ni la de otro, la suya. Eso era algo. Si reunía dos pruebas más...entonces se convencería y actuaría.
Irrumpió en casa, era tarde, no se oía nada, supuso que estarían durmiendo. Lentamente abrió la puerta del cuarto de Aeris, justo lo que pensaba, ella dormía. Se acercó con cuidado de no despertarla y la contempló en silencio, durante largo rato. Los sentimientos de odio se habían desvanecido. Al revés, se avergonzaba de cómo se había comportado, necesitaba despertarla y pedirle perdón pero no lo hizo. Le hubiera gustado hablar con ella, o mejor dicho, haberse tumbado a su lado, agarrándola por la cintura y durmiendo contra su espalda, oliendo su cabello. Se limitó a extraer del bolsillo el medallón dorado y a depositarlo en la mesilla de noche. Después abandonó el lugar en completo silencio.
Tan pronto se hubo ido, Aeris se incorporó sobresaltada. Su corazón iba rápido, había oído cuando él había entrado en su cuarto, estaba despierta ya que estaba esperando que él regresase a casa. Lo que no comprendía era por qué había abierto la puerta y la había estado observando...¿y si volvía a herirla? No, en su corazón confiaba en él, estaba convencida que eso jamás volvería a ocurrir. ¿Y si...la echaba de menos? Solo de pensarlo hacía que se sintiese feliz, alegre...Algo llamó su atención. ¡El medallón! Asi que era Sefirot quien se lo había llevado, ¿pero por qué? ¿por qué se lo había devuelto ahora? Lo abrió y...descubrió la foto. Rota. En pequeños pedazos. Se le formó un nudo en la garganta. Así que eso era. Él mismo había roto su foto, el mensaje estaba claro: quería que le olvidase.
Trató de contener las lágrimas pero finalmente fluyeron y volvió a acomodarse contra la almohada, mojando esta última. Cerca de ella un hombre de cabellos plateados y ojos verdes dormía profundamente, sintiéndose más feliz y sobre todo más ligero, como si se hubiese quitado un gran peso de encima. Aquel día se había sentido perdonado un poco más, solo le faltaba un poco de tiempo para lograr perdonarse a sí mismo...y cuando lo consiguiese volvería a intentar volver con aquella a la que quería. Aunque fuese lo último que hiciese.
