LOS PERSONAJES DE INUYASHA NO ME PERTENECEN, SON PROPIEDAD DE RUMIKO TAKAHASHI. LA HISTORIA ES ÚNICAMENTE MÍA.

-43-

LO QUE ES ÉL

A media madrugada Kagome despertó, la luz de la luna le golpeaba suavemente la cara y abrir sus ojos había sido casi doloroso, por lo mucho que había llorado; su cabeza dolía y su estómago también la molestaba, sólo que éste, exigiendo alimento.

Kagome se maldijo internamente por tener hambre, cerró los ojos y se refugió en el calor que le proporcionaba una manta sobre su cuerpo. Frunció el ceño al extrañarse y se sentó sobre el colchón.

«¿Y esta manta?» se preguntó mentalmente. Ella no se la había colocado, entonces… Giró su rostro y buscó a Bankotsu quien definitivamente tuvo que haber sido el que la cubrió.

Observó primero la cama y se notó sola en ésta, su vista fue atraída a la hermosa visión de la ciudad, el enorme río que los separaba de ésta y uno de los puentes, dejó de darle importancia y volvió a recorrer la habitación con la mirada. Un par de sofás vacíos estaban cercanos al ventanal, una palmera de interior se encontraba en una esquina, a un costado había un tocador y algunos productos sobre él, una pantalla suspendida en la pared justo frente a la cama y bajo ella un mueble con un par de portarretratos encima. Al otro costado estaba sólo el closet y una puerta, del baño, supuso, pero no estaba él.

—¿Entró sólo a cobijarme y salió?— se preguntó extrañada.

Su estómago quemó de hambre.

—Maldición— susurró. No había probado bocado desde mediodía del día anterior y no podía ignorar el hecho. El tonto de Bankotsu le había dicho que comiera algo y ella lo ignoró al estar tan molesta.

Volvió a girar su rostro y observó el buró a un costado de esa cama, sólo estaba una lámpara y un pequeño reloj. Se quejó sin saber qué hacer… ¿por qué si Bankotsu había ido a cubrirla no le dejó algo de comer y le evitaba la pena de bajar y buscar alimento? Él era demasiado consciente de las cosas como para dejar pasar ese detalle, ¿se estaría burlando de ella?

Era un odioso.

Suspiró derrotada y se abrazó a sus piernas, así, sentada sobre la cama.

—¿Qué voy a hacer?— se preguntó y ocultó su rostro entre sus piernas.

¿Debería buscar a su padre y pretender hablar con él sobre todo eso? Sí, definitivamente, aunque conociendo lo drástico de sus decisiones, no sabía si estaba lista para volver a escuchar palabras tan hirientes como las antes dichas.

¿Y Bankotsu? ¿Ella creía en sus palabras?

Todo era un lío en su cabeza, lo único que sabía, era que algo, algo muy en su interior había dejado de angustiarle al grado de molestarle casi respirar… era tan tonta, seguro era por él, por saberse otra vez a su lado, ¿cuán patética se podía ser?

Gruñó molesta con ella misma y se puso de pie con cuidado, tenía mucha hambre y su estómago volvió a recordárselo.

Salió de la habitación y descalza comenzó a bajar. Un par de luces tenues mantenían iluminada la casa, una vez que se vio en la segunda planta lo que más le llamó la atención fue el bonito resplandor de la alberca varios metros afuera, si no hiciera tanto frío y no estuviera molesta con Bankotsu, ya se hubiese sumergido en ella.

Kagome se mordió el interior de su mejilla y siguió avanzando, apenas tuvo en su alcance visual la sala lo vio, Bankotsu estaba acostado en uno de los sofás, el televisor estaba encendido pero casi sin volumen, el chico se tapaba los ojos con uno de sus brazos y luego de verlo por unos segundos, ella se percató que respiraba con suavidad.

«Está dormido» se dijo «¿Tendrá frío?» se preguntó al ser consciente que las noches de invierno eran realmente crudas, y aunque en el interior estuviesen amparados por la calefacción, eso no desaparecía en la totalidad lo frío del ambiente.

Ella negó en silencio, no tendría por qué estarle importando tal cosa, se recordó molesta y aun así no fue capaz de apartar la vista del moreno. La pelinegra casi se asustó cuando sus pies se movieron solos y se acercó a él en silencio, lo vio fingiendo que no le importaba y notó su larga trenza pendiendo del sofá.

¿Por qué tenía que ser así Bankotsu? ¿Por qué no era como se supone que era cualquier otro chico y comportarse de una forma socialmente aceptable?, no era que le molestara, no del todo, pues había sido esa forma tan autosuficiente, segura y engreída de ser de él, lo que la hizo estar con él; porque de ser diferente, o de ella hubiese dependido, hubiesen solo sido un par de desconocidos que ocasionalmente se cruzaban por los pasillos de la universidad, ya que todo había empezado por ese capricho de él, que ella tuvo a bien aceptar.

Tragó pesadamente cuando casi le acaricia el cabello, entonces detuvo su mano y se arrepintió.

Que lo amara no significaba que ya no estuviese sufriendo por dentro o que olvidara lo que él y su padre habían hecho con su vida. Se sentía una tonta muñeca, o un vil adorno que pudiesen mover de un sitio a otro sin que nada importara, sin necesidad de ser informada y mucho menos pedir opinión al respecto.

Negándose a resignarse y continuar como sin nada, fue que se dio media vuelta para dirigirse finalmente a la cocina, dejando nuevamente solo y dormido al ojiazul. Al apenas haber dado un par de pasos fue que notó algo moverse en el sofá individual, achicó sus ojos y finalmente casi salta sobre el felino que volvía a ver luego de lo que le pareció mucho tiempo.

—Buyo, ¿dónde demonios habías estado?— le preguntó al adormilado gato luego de dejarse caer en la alfombra, a los pies del mueble donde él seguía acostado.

El felino pestañeó un par de veces y bostezó, Kagome no pudo más que sonreír grandemente y acariciarlo, sin pretender hacer ruido. Luego de la sepultura de su madre había ido a buscarlo, pero no lo encontró, había vuelto varias veces e inclusive lo había esperado por horas pero el gato no volvía, por lo que tuvo que suponer que había abandonado la casa; aquello se había sentido como un nuevo y pequeño golpe que la vida volvía a darle, por eso verlo ahí la puso realmente feliz.

—Me da tanto gusto verte— le dijo al cargarlo en brazos —¿Cómo llegaste aquí? No me digas que ese cretino te trajo, porque no pienso creerte— se burló al dirigirse a la cocina —¿Tienes hambre?— volvió a cuestionarle al gato y sonrió esta vez un poco más abiertamente al estar fuera del posible alcance visual del moreno —, por supuesto que sí, tú siempre tienes hambre, ¿cierto?

El regordete gato la siguió mientras ella se paseaba por la alargada cocina y comedor.

Kagome batalló para encontrar las cosas con la media luz del lugar, por lo que optó por abrir el refrigerador e iluminarse con esa fuente de luz, pues no quería verse descubierta, era humillante, consideraba.

—¿Qué?— se preguntó al abrir el refrigerador.

En el interior y frente a ella apareció un pequeño plato con un emparedado, abajo del plastificado que Bankotsu le había puesto, aquello lucía delicioso, sobresalía una hoja de lechuga y queso amarillo, el pan estaba tostado y eso sólo le abrió más el apetito. Ella extrajo el platillo con cuidado.

—Eres un cretino— murmuró luego de ver una pequeña nota asomarse entre el plastificado. "Sabía que daría hambre" se leía sobre el papel y ella sintió una punzada de molestia.

Entonces se debatió, comerlo y dejarle saber que tenía razón y que ella sí había bajado por comida; o, preparar algo por ella misma –arriesgándose a ser descubierta en su clandestinidad-, ocultar las evidencias y demostrarle que seguía muy molesta con él. La chica refunfuñó y se giró con el plato en sus manos —. Maldición—, susurró, mejor comería ese emparedado, de cualquier forma si él la descubría preparando cualquier otra cosa, iba a resultar más humillante.

Maldito fuese Bankotsu.

• • •

Por la mañana el chico de ojos azules se despertó con un leve dolor de cabeza y de cuello.

—Joder— soltó molesto mientras se levantaba con la ropa arrugada —, esas porquerías deberían de ser más cómodas con lo que costaron— dijo viendo el sofá en el que durmió.

Se talló la cara al dirigirse a la cocina, el televisor seguía encendido y no le prestó atención. Abrió el refrigerador y sonrió al darse cuenta que Kagome al final sí había decidido comer algo.

—Bien, al menos sé que no entrará en huelga de hambre— se dijo en medio tono irónico. Y aunque de momento le causó gracia, era algo que le preocupaba, no olvidaba que Kagome era todavía una adolescente, que aunque bien lucía mucho más madura que cuando la conoció, eso no quitaba que en algunas ocasiones se comportara infantilmente por meros impulsos.

Se sirvió un poco de jugo de naranja mientras se animaba a subir a ver a su pequeño tormento.

«¿Seguirá muy enojada?»

—Ni siquiera sé por qué me lo pregunto— se dijo al ir escaleras arriba.

El moreno suspiró cansadamente y tocó la puerta para de inmediato comenzar a desabotonar su camisa.

—Kagome, ¿estás despierta?

No hubo respuesta y eso lo hizo resoplar cansadamente.

—Kagome ne-… — él pausó sus palabras cuando la puerta se abrió. Tuvo ante el la figura de Kagome de espaldas, su cabello lucía húmedo y todavía portaba la ropa del día anterior — necesito entrar por algo de ropa, me daré un baño y…— dijo él al extrañarse al verla recogerse el cabello en media coleta alta —, ¿saldrás?— le preguntó al detenerse en medio del cuarto al verla ignorarlo.

Kagome asintió —Sí, tengo clases— respondió secamente.

—Pero no tienes tus cosas aquí— dijo el otro al seguirla con la mirada, la pelinegra recogió el plato de la noche anterior y comenzó a caminar directo a la salida.

—Iré por ellas entonces.

—Ayer te dije que hoy las traerían, no hace falta que vayas.

—Entonces iré a la biblioteca— respondió ella pasándolo de largo, su tono era distante y su mirada nunca se clavó en él.

—¿A qué se supone que estamos jugando?— preguntó secamente el moreno al detenerla del brazo antes de que saliera.

Kagome sonrió molesta —¿A la familia feliz?— respondió de inmediato al verlo de medio lado —Sólo que aquí, ambos tienen obligaciones, ¿o es que acaso pretendes tenerme encerrada aquí?

—Sabes que no haría tal cosa.

—Por supuesto que lo sé— se burló ella —, por eso estoy por salir.

—Kagome…

—¿Tendrás un juego de llaves para mí?— interrumpió ella al soltarse de su agarre.

—¿Y en qué demonios se supone que te irás?— preguntó molesto al seguirla a la planta baja —Ni siquiera tienes contigo tu coche.

Ella resopló molesta pero no lo dejó verlo, eso era algo que también tendría que agradecerle, pensó molesta e irónicamente —Pediré un taxi.

—De ninguna manera.

—No iré caminando— aclaró la chica al dejar el plato en el lavatrastos, para luego abrir con extraña confianza el refrigerador y también servirse un vaso de jugo, todo esto bajo la mirada azulina del chico recargado en la entrada de la cocina.

Bankotsu resopló cansadamente, así que sí seguía molesta, bien, no era para menos; aunque no sabía cuánto tiempo estaría él de humor para tolerarlo. Luego de unos segundos de verla beber, él terminó por negar en silencio y abrir uno de los cajones de un mueble cercano a la puerta.

—Este es tu juego de llaves— le dijo dejándolas sobre la barra, Kagome se apresuró a tomarlas pero él se lo impidió al no soltarlas. La vio a los ojos —. Estas dos son las principales— le dijo señalándoselas.

Kagome asintió sin darle mucha importancia.

—¿A dónde irás?

—No he decidido el orden, tengo varias cosas que hacer— dijo ella — ¿compraste comida para Buyo?— cambió de tema mientras husmeaba en los distintos compartimentos de esa cocina integral.

El moreno se dirigió a pasos firmes al fondo y de uno de los cajones sacó el pequeño costal de alimento, para dejarlo de mala gana sobre la mesa.

—Yo también voy a salir— dijo y sacó las llaves de su coche, cediéndoselo, para dejarlas sobre la mesa a un costado del alimento felino —. Asegúrate de estar aquí antes de las dos, que es cuando traerán tus cosas, ya que yo no podré recibirlas— dijo dándose media vuelta sin intención de discutir.

Ella pareció ignorarlo al acariciar a Buyo que recién llegaba.

—Me extraña que algo tan simple no lo tuvieses previamente resuelto— soltó ella sarcásticamente pero moderando su voz.

El moreno rodó los ojos y siguió avanzando, al parecer Kagome seguía a la defensiva, eso era algo que no iba a cambiar, no al menos ese día. Volvió a subir y tras buscar algo de ropa, se dispuso a ducharse, de no ser porque justo ese día tendría asuntos que tratar con su suegro y socio, no saldría de esa casa hasta no solucionar los problemas con esa necia chica.

Abajo Kagome tomó las llaves que Bankotsu le había dejado, sólo porque no tenía el de ella, ni dinero para pagar un taxi, ahí las hubiese dejado; para su desgracia lo necesitaba y tendría que usarlo. Subió de prisa a la habitación que sabía –por la ropa de Bankotsu colocada en el closet- también era de él, y esculcó entre las prendas varoniles algo que le quedase y le cubriera del frío; antes de que él saliera de la ducha, ella ya estaba bajando las escaleras externas para salir de la casa.

Kagome entró al auto que la llevó hasta ese lugar la noche anterior y suspiró cansada y melancólicamente al encenderlo… definitivamente todo eso estaba muy lejos de la ilusión que ella tenía de vivir formalmente con él, justo como lo habían planeado cuando volvían de aquél viaje que había sido de ensueño, al menos para ella.

Luego de salir de la casa y vagar durante eternos minutos por las grandes avenidas de la ciudad, Kagome dejó de pensar, siguió conduciendo y no se dio cuenta cuándo fue que llegó a las inmediaciones del panteón donde su madre había sido sepultada.

Una vez que se estacionó dudó sobre si debía bajar o no. Su mirada se clavó en sus manos sujetas al volante, y contuvo la respiración unos segundos, se sintió una cobarde y finalmente se obligó a bajar.

El viento frío en ese gris día le ondeó el cabello sujeto en esa coleta. Se abrazó de una chamarra de piel negra que le quedaba grande al ser justo de ese moreno que mantenía su mundo de cabeza, y no fue hasta que cruzó las grandes puertas abiertas que se armó de valor para recorrer los metros que le faltaban, y llegar ante esa tumba blanca y elegante que resguardaba los restos mortales de su madre.

Los altos árboles mecieron sus ramas al paso del viento entre ellos, y un par de hojas secas volaron frente a la mirada vacía de la pelinegra. Llegaría frente a la tumba con una sensación de culpabilidad que le apretaba el pecho.

Sonrió sin ánimos.

—Seguro me dirías que luzco deplorable, ¿cierto?— le habló a la tumba y sus ojos picaron en llanto. Kagome fingió una sonrisa y se sentó sobre el fino mármol.

Acarició la piedra en la que se grabó el nombre de su madre.

—Me pregunto si te sentirás traicionada— volvió a mencionar en voz alta y su garganta le dolió —. Ya debes saber todo lo que está pasando— dijo y esta vez su vista se distorsionó por las lágrimas que inundaron sus ojos.

Un par de personas caminaban a lo lejos y ella no les prestó atención.

—No creí nunca que algo como esto nos llegara a pasar a nosotros jamás— añadió y tragó dolorosamente —, tú no tenías la culpa y yo todavía no me acostumbro a que no estés— volvió a hablar e hizo una pausa intentando no llorar sonoramente —¿Sabes qué es lo peor de todo esto?— le preguntó a la mujer que jamás le respondería; Kagome dejó de lado los problemas con su padre y todo lo que de pronto había ocurrido es esos días luego del sepulcro — Que ahora vivo con el hombre al que mi padre acusa de haber provocado tu muerte— controló un sollozo pero dos largas y calientes lágrimas rodaron —, y yo lo amo más que nunca— fue ahí cuando su voz se quebró por completo y apoyó sus codos en sus piernas para llorar frustrada.

El viento hizo rodar medio centenar de hojas secas en el suelo y Kagome extrañó más que nunca las palabras de su madre. Ella hasta el final había apoyado su relación con Bankotsu aunque en ese tiempo desconociera su identidad… ¿qué le habría dicho en ese momento?

Luego de largos y fríos minutos, Kagome todavía continuaba llorando, no sabía qué le dolía más, saber muerta a su madre y ser consciente que nunca más la volvería a ver o escuchar, creer que le fallaba al amar a Bankotsu al sentir que era la traición que su padre decía, o no saber qué era lo que ella le diría en un momento como ese.

Limpió sus lágrimas y volvió a tapar su rostro con sus manos, ya no tenía el valor de hablarle a su madre en voz alta y tampoco se sentía digna de hacerlo. Volvió sus ojos a la blanca placa y repitió su caricia. No supo cuánto tiempo había estado ahí pero se había cansado de llorar, sus ojos ardían y ya no derramaban llanto.

—¿Me pregunto de quién habré heredado mi tonta forma de ser?— soltó al tiempo que se levantaba con poco ánimo.

Bajó la mirada y sonrió sin ganas, su padre era un hombre fuerte y de decisiones firmes, su madre una mujer de un carácter suave pero con una gran determinación y luego estaba ella, tan insegura y torpe.

—Algún día dejaré de ser tan patética— le dijo a la tumba a modo de despedida y volvió a acariciarla. Se paró frente a ésta y tras inclinar la cabeza y hacer una pequeña oración, se dio media vuelta y regresó tras sus pasos para salir de ahí.

Con la mirada clavada en sus botas y los pasos que daba, Kagome recorrió varios metros ignorando el frío y el andar de un par de personas que también visitaban el lugar. Fue hasta que estuvo a escasos metros de cruzar la puerta, que su vista fue atraída por la figura cansada y robusta de una mujer familiar. Ella detuvo sus pasos.

—¿Nana?— mencionó tan alto como le fue posible.

La mujer de cabello cano volteó a ver extrañada al reconocer esa voz. Kaede sonrió al ver a Kagome sonreírle apenas con ánimo.

—No creí encontrarte aquí— confesó la chica al acercarse a ella y abrazarla, teniendo cuidado de no arruinar el bonito arreglo floral que cargaba.

—Tampoco lo esperé— confesó la mayor —, creí que estarías con tu esposo— añadió y vio ensombrecer el semblante de la pelinegra, hecho que le extrañó de alguna manera, pues en ese par de semanas que Kagome estuvo viviendo en la mansión, había sido testigo de cómo ella extrañaba a aquél chico en silencio —¿Todo está bien?

Kagome negó al dar media vuelta y pretender acompañar a Kaede a dejar esas flores, necesitaba hablar con alguien aunque no lo dijese.

Kaede también retomó sus pasos y la vio de reojo —Estuviste llorando— le dijo y la pelinegra sonrió con tristeza.

—¿Cómo está papá?

—Supongo que bien, ya sabes que desde hace días apenas se detiene en la casa. Hoy salió a muy temprana hora— informó mientras caminaban a paso lento, Kagome asintió —. Me ha ordenado traer un ramo de flores cada cinco días, al parecer no se atreve a ser él quien ponga un pie en este lugar— le dijo y eso le formó a la joven una mueca de llanto.

—¿Cuándo fue que las cosas se volvieron tan terribles?— se preguntó en voz alta.

Kaede negó sin saber qué responder.

—Luces muy mal, mi niña— reconoció la madura mujer.

—No he dormido bien.

—Creí que estarías mejor lejos de esa casa y sus presiones, ¿tu esposo no…?

—Ni siquiera lo llames así— interrumpió la pelinegra extrañando a su acompañante.

Avanzaron un par de metros en silencio —No sé por qué siento que te estás culpando de todo esto— volvió a hablar Kaede al haber llegado ya a la tumba de Nahomi. Kagome no dijo nada y ella interpretó su silencio como una muy clara afirmación —. Nadie tiene la culpa de esto— dejó claro mientras limpiaba con calma el polvo acumulado sobre la lápida.

Kagome negó y sonrió con ironía, sin poder darle crédito por sus palabras.

—Deberías dejar de torturarte… eso diría tu madre— aconsejó y dejó saber la canosa mujer.

La pelinegra sintió una punzada de molestia que no pudo controlar —No me digas tal cosa sólo por hacerme sentir bien— pidió y su tono sonó más seco.

Ahora Kaede fue quien negó en silencio —Conocí a tu madre desde que era una casi una niña, la vi crecer y casi fui yo quien la crio en las horas de ausencia de tu abuelo— dijo y sonrió con nostalgia —, ese hombre trabajaba de más por darle lo mejor que pudiese— recordó y negó al sentir que divagaba —.La conocí mejor que tú, sin que eso te moleste— le dijo y tras sentarse sobre la lápida, la invitó a hacer lo mismo.

Kagome cedió negándose a creer en sus palabras, porque sentía que de creerlas, sólo se estaría justificando para dejar atrás el dolor de la muerte de su madre.

—Estoy segura que no le gustaría verte así— le dijo apoyando su cansada mano sobre la blanca de ella, la misma que todavía lucía el par de anillos que la distinguía como una mujer casada —. La vi llorar de alegría cuando te tuvo en sus brazos por primera vez— agregó haciendo llorar a Kagome —, lloró incluso al saber que estaba embarazada— dijo e hizo una pausa —. Tu madre te amaba más que a cualquier otra persona sobre este mundo, tal vez ahora te resulte increíble, pero cuando seas madre sabrás que la felicidad de un hijo vale más que la de uno mismo— le dijo y sobó su hombro mientras ella se ponía de pie, dejándola llorar libremente al mismo tiempo que ella pretendía no verla, al acomodar las flores.

Kagome tapó su boca y apretó sus ojos pretendiendo controlarse.

—Lo que le pasó…

—Lo que le pasó no es culpa de nadie, y nadie debe de sentir o creer lo contrario— interrumpió la madura mujer y Kagome volteó a verla —. Yo no culpo a nadie y me atrevo a decir que tu madre sentiría lo mismo.

—¿Cómo puedes decir tal cosa?— reprochó la pelinegra sintiendo que había ido demasiado lejos.

Kaede negó en silencio al acomodar uno de los muchos lirios blancos sobre los contenedores para las flores.

—Porque es la verdad— le dijo sencillamente, sin ningún cargo de conciencia o duda siquiera —. Tu padre se culpa, culpa a aquél chico, tu esposo— especificó —, tú también te sientes culpable y no sé por qué.

Kagome negó y bajó su mirada, en el acto dos gotas pesadas de lágrimas cayeron hasta sus piernas.

—Esto es a lo que llamamos destino— retomó la mujer —. Ese que nos fue marcado desde que nacimos y que nos encontrará, así nos encerremos en lo más recóndito de la tierra.

—Un absurdo— dijo Kagome sin atreverse a mirarla.

—No lo creo. El destino existe, nosotros decidimos cómo vivir, pero siempre habrá ese algo, o esa fuerza, que irremediablemente nos guíe o nos lleva al final de nuestras vidas, marcándola en el trayecto— Kagome volvió a negar, eso era tan absurdo e iba contra lo que ella creía.

Kaede tomó su tiempo en retirar un par de hojas y dejar las flores lo más bonitas posibles.

—Nadie es culpable de su muerte— volvió a decir la anciana viéndola de reojo —. Cada uno debería de avanzar, recordar a su madre tanto como les plazca, pero sin culpabilidades, sin sentir que le debe nada.

—Suena tan cruel.

—No lo es tanto— debatió Kaede —. Ella más que nadie desearía verla feliz, a ti y a tu padre— dijo y deseó algún día tener el coraje de decirle eso al padre de la desconsolada chica —. Tu padre tampoco es culpable aunque él lo sienta… ¿tú crees que él hubiese salido siquiera de la casa, sabiendo que aquél accidente ocurriría?

—Por supuesto que no.

—Nadie lo esperaba— dijo Kaede —. Si tu padre no sabía, ese joven con el que te casaste menos podría saberlo — le dejó claro y suspiró lentamente después —. Tu padre poco a poco deberá de entenderlo, mientras tanto tú deberías dejar de torturarte por eso, mi niña. Sé feliz.

—¿Cómo me pides eso en estos mo-?

—La última discusión que tu madre y tu padre tuvieron fue por ti— interrumpió Kaede dejándola helada —¿Sabes por qué?

Kagome apenas pudo negar, sus ojos temblaban suavemente de incredulidad y se apreciaban rojizos.

La anciana sonrió débilmente —Ella al final se negó a que se te obligara a casarte con el joven Inuyasha, como muchos años antes se había predicho.

Pasar saliva nunca le había dolido tanto a Kagome como en ese momento.

Kaede acomodó una última flor y entonces volteó a ver a la pelinegra sentada a un metro de ella —Entonces dime, ¿crees que ella estaría feliz de verte así?— preguntó y resbaló suavemente su mirada por el cuerpo de la llorosa chica.

—No lo sé— confesó la joven que sí, se sentía mucho mejor de lo que se sentía cuando llegó ahí, pero que todavía no se atrevía a aceptar esas palabras como ciertas y superar todo tan fácil.

Era todo tan sencillo, que más que absurdo, parecía una broma.

O.O.O.O.O

Luego de comer algo con Kaede, invitada vergonzosamente por ésta, Kagome regresó a la que desde el día anterior era su casa, un recorrido bastante bonito como para acostumbrarse pronto, pero que en esos primeros días lo sentía cansado.

Entró a la vivienda y suspiró al apagar el vehículo. Bajó del mismo y tomó dirección al segundo y principal piso de esa casa, ya con más calma, se tomó el tiempo de observar mejor el lugar, era bastante bonito aunque ella, a diferencia de Bankotsu, lo consideraba demasiado grande para sólo ellos dos. Ver a Buyo esperándola detrás de la puerta de cristal le habló de que Bankotsu no se encontraba en casa.

—Hola, bonito, ¿alguna novedad?— saludó al agacharse y cargarlo en brazos — Supongo que ninguna— se respondió al subir a la habitación para devolver la chaqueta del moreno.

Encendió el televisor y lo dejó sonar mientras miraba por el ventanal admirando la bonita vista de la gris ciudad. Minutos después y luego de tumbarse en la cama para pretender descansar luego de la mala noche, el timbre de la casa sonó.

—¿Eh? ¡Ah! ¡La mudanza!— se levantó y casi corrió escaleras abajo, siendo seguida de cerca por el curioso gato.

Bajó hasta la puerta principal y en segundos vio desfilar a tres hombre bajando y subiendo sus cosas, maletas, en su mayoría. Kagome abrió los ojos con sorpresa al ver también alguna lámpara y floreros que estaban en la casa donde vivió por unos meses luego de que sus padres cayeran en bancarrota, por lo que supuso que había sido Kaede la que se encargó de hacer subir tales cosas. Sonrió con nostalgia y algo de gracia al entenderlo.

—Su firma de conformidad, por favor— una joven que iba con los tres hombres se acercó a ella y le extendió el contrato.

Kagome firmó y así como llegaron, desaparecieron.

La chica suspiró cansadamente al darse cuenta que todavía debería subir ella las maletas hasta su habitación.

—Debí subir y pedirles que lo hicieran ellos también— se lamentó al cargar un par de maletas y comenzar con la cansada tarea.

Largas horas después todo estaba en la habitación, la pelinegra no había demorado en encontrarles lugar tanto a la lámpara como al florero, sonrió tristemente al percatarse que Kaede incluso había empacado los portarretratos que ella conservaba en su habitación, y donde se veía en compañía de sus padres en los que ella consideraba años felices.

Los dejó apilados sobre uno de los muebles de la habitación prometiéndose esparcirlos por la casa después. Sacó y colgó su ropa con el único fin de mantenerla impecable, no tanto por el deseo de permanecer ahí; no se molestó en desempacar todo y guardó un par de maletas cerradas en el closet. El tiempo restante lo ocupó desempacando sus libros y portátil, no tardó mucho en estar en línea e investigar las tareas de sus distintas clases, terminó con la tarea que el día anterior dejó pendiente y comenzó a avanzar con la que se agregaba.

—Mañana será el primer día de mi nueva rutina— se dijo al recargarse en la silla del comedor, lugar hasta el que había bajado para comenzar a estudiar. Mordió su labio al sentir hambre otra vez.

«Ya es tarde y Bankotsu no llega» pensó al ver las tonalidades naranjas del cielo apenas visibles.

Tampoco había llamado, ¿seguiría molesto?, pero… ¿él por qué?, era ella la ofendida.

Se levantó molesta y cerró tanto su portátil y sus libros, guardó éstos y dejó sus cosas listas para el siguiente día escolar. Se dirigió a la cocina y no le apeteció cocinar algo muy elaborado.

«Seguramente él ya comió» pensó molesta al prepararse un emparedado. Lo comió mientras recogía sus cosas dispuesta a subir.

—Buyo, ven bonito— llamó al felino para que al menos él le hiciera un poco de compañía.

Cuando el gato se desperezó Kagome lo vio salir de algún rincón de la sala, la sonrisa que ella había exhibido al verlo, se borró al notar que el gato no la seguía y que había optado por esperar sentado en frente a la puerta, justo donde estaba cuando ella llegó.

—Buyo, ¿qué…?— ella silenció sus palabras al ver aparecer a Bankotsu en ese piso — Oh, demonios— mencionó y se giró al mismo tiempo que él entraba.

—¿Así funcionará esto ahora?— preguntó secamente el ojiazul al entrar y verla pretender partir.

—No veo de qué otra forma podría hacerlo— respondió y se giró a verlo, todavía llevaba al hombro su mochila y en sus brazos su portátil.

Bankotsu cerró los ojos y dejó escapar el aliento desanimado.

—No seas inmadura, Kagome— le dijo al acercarse —. Podemos hacer de esto un infierno de seguir así, yo no pretendía tal cosa cuando…— le dijo al colocarse frente a ella.

—Seguro— interrumpió ella volviéndose a sentir nerviosa frente a él, pero sin permitirse demostrarlo —. Las cosas son como son, no pretendamos que no pasó nada. No somos un matrimonio feliz, tampoco dos personas que se tienen una gran confianza, ¿recuerdas?— añadió dejándole saber que mucha de la confianza que ambos se tenían se había destruido, ambos dudaron del otro y eso era una realidad.

—Arreglémoslo— sugirió él al sujetarle su barbilla —. Vengo muerto, bañémonos juntos— sugirió e intentó abrazarla.

Kagome sonrió irónicamente, no sabía hasta qué punto la ofendía que él creyese que eso se iba a solucionar así como así, sin una real explicación… la molestaba que hubiese sido tan autoritario y tan posesivo con ella y que pretendiese que ella aceptara tal acción o que la dejara pasar, joder, que gracias a eso ella se había dado cuenta de lo poco que a su papá le importaba, y eso Bankotsu no parecía estarlo tomando en cuenta.

—Ni lo sueñes— fue cortante y se soltó de su abrazo —. No pienso ducharme, meterme a la cama, ni siquiera dormir a tu lado. Así que o me dejas esa habitación, o esta noche soy yo la que se queda en la sala— dejó claro y se dio media vuelta.

—Debes estar bromeando, ¿cierto?— Bankotsu la detuvo del brazo — Eres mi mujer y vas a dormir conmigo— le dijo y la pegó contra la pared para enseguida besar sus labios.

Kagome se quejó por el brusco beso y quiso quitarse, pero él enredó sus brazos en su cintura y su rostro, para después pegarse a ella.

Kagome volvió a sentir su sabor embriagante y su fuerza, cuando Bankotsu bajó una de sus manos a tocarle el trasero, fue que ella se molestó todavía más.

—Agh, demonios, Kagome— se quejó el joven que tuvo que soltarla cuando ella lo mordió. Bankotsu se tocó el labio y observó un poco de la sangre que le había brotado —, supongo que quieres hacer esto difícil— dijo y sonrió de forma torcida —. Eso también puede ser excitante— bromeó.

—Eres un imbécil— dijo ella fastidiada o cansadamente —. Y yo no estoy jugando— le aclaró al tiempo que se giraba para ahora sí subir las escaleras. Besar a Bankotsu la estremeció, más cuando siempre le gustaron sus caricias, pero las cosas no podían seguir igual, él debía entender que ella estaba molesta, dolida, y que ya no estaba dispuesta a ser más un pedazo de carne que él pudiese llevarse a la cama.

Bankotsu dejó escapar el aliento cansadamente al resbalar su cuerpo por la pared y terminar sentado en el suelo. Buyo se le quedó viendo con total atención y él desvió su vista fastidiado.

—Lo que me faltaba… quedar en ridículo en frente de un estúpido gato— mencionó en voz baja, desanimado —¿Por qué demonios Kagome es tan complicada?— se preguntó ahora con un poco más de seriedad al suspirar profundamente.

Al menos había probado sus labios, se reconoció con algo parecido a satisfacción. Tenía que hablar con ella, pero en ese momento estaba totalmente fastidiado de los problemas que su suegro le estaba causando; lo único que deseaba era verla y llevarla a la cama, pagar con eso el sinnúmero de líos en los que se había metido, pero la tonta chica le ponía las cosas muy difíciles.

Bankotsu se levantó y observó las escaleras… reconoció que había sugerido a modo de broma que podía tomarla a la fuerza, aunque de seguir las cosas como estaban, podría considerarlo, Kagome era una tentación por sí sola, ahora teniéndola bajo el mismo techo lo era aún más.

—Bien, supongo que comienzo a volverme loco— se dijo al tirarse sobre el sofá, más tarde se daría una ducha y esperaría a ver cómo funcionaban las cosas. ¿Qué tan tardado podía ser?

O.O.O.O.O

—Vaya, Kaede siempre me pareció una mujer sensata, apoyo totalmente lo que te dijo— mencionó Yura que como sus dos compañeras, comían algo en la cafetería de la universidad —, ¿y qué vas a hacer?

—No lo sé— confesó Kagome al ver el humeante vaso de café frente a ella —, definitivamente eso me hizo ver las cosas diferentes, pero…

—¿Y qué hay de él?— preguntó ahora Sango cuando la vio permanecer en silencio —¿Te ha dicho algo?

—Al parecer pretende que las cosas sigan como sin nada.

—Es un bastardo— dijo la castaña molesta negando con la cabeza sin poder creerlo.

Yura sonrió emocionada —Aunque no podemos negar que el hecho de comprarte fue demasiado sexy— dijo e hizo comillas al acentuar la acción del chico.

—Estás loca— habló Sango acostumbrada a sus extrañas ideas.

Yura negó sin darle importancia al comentario —Digo, tú estabas a punto de cometer la locura de tu vida al casarte con un tipo con el que hace años que no hablas— le recordó —, es más, te aseguro que en tu vida se han sujetado siquiera de las manos… ¿te imaginas lo que sería que te tocara?¿estar con él en la intimidad?

Kagome negó sin pretender pensar en ello.

—No me salgas con que creías que él te respetaría y te dejaría dormir en tu propia habitación, tal como Bankotsu lo hace ahora— dijo y la vio fijamente —¡Por supuesto que no!, los tipos como esos son de los que no perdonan una— se burló —. Bankotsu seguro lo sabía y no pensó en compartirte, es más, casi estoy segura que si tu padre no acepta el trato, hubiese sido capaz de raptarte el mismo día de la boda— añadió y le guiñó un ojo a una Kagome que le dedicaba su entera atención—… aunque, eso hubiera sido un problema más grande.

—No sé qué pensar— dijo Kagome que contrario a Sango, sí tomaba con seriedad las palabras de su amiga.

—¡Joder, Kagome!— volvió a hablar Yura — Que si a mí un tipo me reclama de tal forma, eso me bastaría para no dejarlo dormir en toda la noche.

—Agh, ¿cómo puedes ser tan asquerosa?— se quejó Sango y por primera vez Kagome sonrió.

—¿Qué?—se quejó la pelicorta —Bueno, dejando eso de lado, ¿tú le vas a decir lo contrario? ¿Para ti ese no es un acto de amor?... Amor un tanto neandertal, pero amor al fin de cuentas— le preguntó a Sango y se encogió de hombros.

La castaña negó y resopló cansadamente mientras sentía las miradas de las dos chicas caer en ella.

—Yo detesto a Bankotsu, me molesta que la haga sufrir— le aclaró recelosa —, pienso definitivamente que si no se hubiera enamorado de él estaría mejor.

—Pero lo hizo.

—Lo sé— aclaró de nueva cuenta Sango —. Y lo que también sé, es que no fue sólo un capricho lo que lo hizo— dijo e hizo una pausa sin saber qué nombre darle al acto cometido por el moreno de larga trenza —regresarte con él— añadió, y aunque la molestaba, tenía que mencionarlo.

—¿Tú qué tanto sabes?— interrogó Yura viéndola con suspicacia.

Sango resopló cansadamente —Sólo lo que Miroku me ha dicho— confesó y no sabía bien si su entrometido novio le había contado tales cosas, para que ella se las contara a Kagome, como estaba a punto de hacer —. Al parecer, no saliste nada barata, Kag— añadió y, resignada, lo dijo a modo de broma.

Yura sonrió por eso y Kagome abrió los ojos con sorpresa.

—Bankotsu se metió en muchos líos por casi cederle el mando de su empresa a tu padre— le dijo lo que sabía.

—¿Qué?

—Es lo que sé.

—Oye, y, ¿no se supone que deberías estar molesta con ambos? ¿por qué sólo Bankotsu paga los platos rotos?— preguntó Yura recordando al padre de la su amiga.

Kagome negó sin poder explicar que no odiaba a ninguno, sólo se sentía enormemente decepcionada de ambos.

—¿Lo amas?— preguntó Sango cambiando el rumbo del tema, por lo que era realmente importante.

Las miradas cafés de esas dos se encontraron, Sango la vio con interés y Kagome con un poco de angustia.

—Estúpidamente— confesó la pelinegra.

Sango sonrió resignada y Kagome desvió su vista tras haberlo aceptado.

—Entonces, todo esto es simple— volvió a hablar Yura —. Aceptemos un par de cosas, lo que hizo Bankotsu, estuvo mal, sí, dejando de lado lo excitante que me resulta— dijo y fingió fastidio al ver a Sango —, lo que él hizo fue sólo ir por ti, no resignarse a perderte. Él no esperó que tú regresaras porque sabía que estabas dolida y que él se había equivocado; el del primer paso debía ser él, y lo dio, de una forma tan cuestionable, pero consiguió lo que era realmente importante… no dejarte equivocar y perderte en el camino— finalizó viéndola a los ojos.

Kagome apoyó su rostro en sus manos totalmente desanimada al aceptar como verdad, lo que la más impulsiva de sus amigas le decía.

—Nunca ninguna pareja me había dado tantos celos como la que formas con Bankotsu— cambió de tema al confesar tal cosa, y dejarla meditar lo anterior.

Kagome la vio con extrañez.

—¿Por? — preguntó Sango.

—¿Cómo que por?— replicó ofendida —¡Joder!, el tipo está buenísimo, un poco más que mi novio, y dejando eso de lado, estos dos tienen una vida sexual que cualquiera envidiaría, ¡por Dios! ¡follan más que conejos!— casi alzó la voz haciendo enrojecer a Kagome y ganándose la atención de la mitad de los presentes en esa cafetería.

—¡Cierra la boca, idiota!— regañó Sango al también avergonzarse.

—Es la verdad— se justificó la otra sin importarle las miradas sobre ella —, oye, y ¿has pensado si eso le generará algún inconveniente a Bankotsu?

—¿Eso?— preguntó Kagome sin entenderla.

—La abstinencia— especificó Yura —¿O qué, me vas a decir que piensan tener sexo si duermen en cuartos separados?

—¡Oh, por Dios!— Kagome se tapó el rostro —¿Cómo puedes pensar en ello ahora?

—¿Y por qué no? Cuando te dejes de indecisiones habrán pasado varios días, y eso no quita que el tipo es un hombre bastante sexual, ¡joder! Que tiene necesidades, y bueno… si ha hecho todo lo que ha hecho por ti, realmente me extraña que no te haya ya violado.

Sango vio a Yura como si no la conociera —A veces me pregunto qué tanta porquería tienes en esa cabeza.

—Es una realidad lo que estoy diciendo, Kagome puede estar tan enojada como ella quiera, pero eso no quiere decir que él esté igual de preocupado por eso. Bankotsu tiene claras sus decisiones, ahora la del problema es ella; y mientras él la espera a que termine de entrar en razón, es normal que piense obscenidades.

—Aquí la única obscena eres tú— ahora la que habló fue Kagome que si bien era consciente que Bankotsu sugirió bañarse juntos, no había presionado, ni tampoco se había metido en su habitación a hacer otra cosa, más que cubrirla del frío la primera noche.

Sango bufó incrédula por lo escuchado de la pelicorta.

—Lo que él piense o quiera, no debe de interesarle a Kagome, al menos no eso— dejó claro —. Él todavía no le da una razón de peso para haber hecho lo que hizo.

—¿Cuál jodida razón?— justificó Yura — La tonta esta— dijo señalando a Kagome a su lado—, había firmado la demanda de divorcio sin siquiera estar segura que deseaba separase— les recordó.

—¿Y tú de quién eres amiga?— reclamó Sango que creía que no estaba siendo justa con Kagome, colocándose de lado del moreno.

—Soy amiga de la relación que estos dos tenían— dejó claro sin titubear un segundo para luego llevar su vista a Kagome —. Él ya rescató lo que ustedes dos tenían— dijo seriamente y eso le provocó un dolor en el pecho a la pelinegra —¿Qué más quieres que haga? Ya Sango te ha dicho que eso casi le cuesta la empresa— dijo y luego de suspirar desganada, apoyó sus brazos en la mesa para ver a los ojos a su indecisa amiga —¿Y si se cansa? ¿Y si piensa que eres tan inmadura y que todo lo que ha hecho no vale la pena?, porque eso, es lo que estás queriendo decirle con tu actitud— reconoció y Kagome odió que hablara con tanta seriedad, porque eso siempre la ponía a pensar.

—Sería realmente estúpido luego de lo que ha hecho— debatió Sango sin pretender colocar más presión sobre Kagome.

Yura suspiró desanimada.

—Posiblemente— aceptó —. Pero no me vas a negar que incluso tú te has sentido mal con tu reaccionar— le dijo a Kagome —¿Recuerdas aquella vez que lo dejaste por primera vez? No querías hacerlo y te arrepentiste.

—Yura, no sé a dónde quieras ir, pero…

—¿Quieres volver a arrepentirte otra vez?— interrumpió a Kagome — ¿Qué pasa si Bankotsu te ve como la niña que estás demostrando ser?¿Y si busca a alguien mejor que tú?

Sango guardó silencio ante la seriedad de la pelicorta.

—¿No eras tú misma la que no sabía ni por qué razón él se había fijado en ti? ¿Y si él se pregunta lo mismo?

—Creo que estás presionando de más— reconoció Sango que a pesar que detestaba al moreno, dudaba que actuase de como ella decía.

—Creo que Kagome está pensando de más— devolvió ella.

—¿Cómo voy a pretender que no pasó nada?— volvió a hablar Kagome luego de lo que le pareció mucho tiempo.

—¿Entonces lo culpas?— cuestionó Yura que sabía que lo que más le dolía a su amiga era lo de su madre.

La pelinegra apretó el puente de su nariz sin poder dar una respuesta sincera.

—Lo de tu madre, Kaede lo ha explicado mejor que nadie; sobre lo de comprarte, ¿fue una estupidez? Sí, pero a la altura de tus propias estupideces— aclaró y esta vez ni Sango pudo debatirle.

La castaña observó a Kagome que bajó la mirada y luego de un par de segundos en silencio, se atrevió a hablar.

—Culpar a Bankotsu por la muerte de Nahomi es injusto, sin importar qué tan bajo pueda él jugar.

La mirada de Kagome lució mucho más atormentada al escuchar eso de la chica a quien consideraba una hermana.

—Si alguna vez piensas hacerme caso, piensa en lo que te dijo tu nana. Intenta ser feliz Kagome, sólo eso te traerá paz— mencionó con un tono bajo y serio la pelicorta.

Sango sonrió y le tocó la frente extrañada —Es extraño que digas algo tan seriamente, ¿te cayó mal la comida?

—Ah, no seas idiota— se quitó la mano de la castaña que se había apoyado en su frente —. Debo irme a clase— informó —. Ah, y si decides hacerme caso, piensa en el pobre tipo… no querrás que busque consuelo en otra parte— dijo y le guiñó un ojo mientras se levantaba —¿verdad?— añadió y se dio media vuelta, alzó su mano y comenzó a caminar con la sensualidad que siempre la caracterizó —¡Por cierto, Kag!— alzó la voz a un par de metros de llegar a la puerta —Si crees que has sido demasiado estúpida y te arrepientes y aun así, no sabes cómo hablarlo, intenta seducirlo. No hay un hombre que se resista a ello— dijo y se burló al momento de salir, dejando en completo silencio a toda la cafetería.

—Joder— susurró Sango avergonzada al sentir el peso de las miradas sobre ellas.

—¿Puedes creer cómo va de un tema a otro con tanta facilidad?— preguntó Kagome todavía sintiéndose incómoda por la forma como Yura le plantaba las cosas, con tanta simplicidad y seriedad, que se sentía tonta por complicarse tanto, y ahora le salía con eso.

Una vez que el pequeño parloteo de los presentes en la cafetería regresó a la normalidad, luego de lo soltado por la pelicorta fugitiva, Sango volvió a hablar:

—¿Y qué harás?— le preguntó mientras ambas se ponían de pie listas para marcharse.

Kagome suspiró desanimada —He sido una idiota, ¿verdad?

—Yura seguro diría que sí, pero yo no me atrevo a decir tal cosa— mencionó Sango que compartía su desganado estado, aun a pesar de estarle sonriendo.

Ambas salieron de la cafetería en silencio viendo a varios estudiantes ir y venir por los diversos caminos del campus.

—Creo que intentaré no estar a la defensiva— optó por decir.

—Oye y… ¿te atreverías a seducirlo como dijo Yura?— preguntó Sango con real preocupación, al entender que lo que ella había decidido, era lo que mejor la haría sentir.

Ambas se vieron a los ojos y se sintieron incómodas —Por supuesto que no.

—No, no, definitivamente ella está loca— aceptó Sango —. Lamento preguntar tal estupidez— dijo y se burló.

Kagome también se rio sintiéndose un poco menos mal.

—Debo irme, mi clase seguro ya comenzó.

Sango le asintió —Entonces, después hablamos sobre la visita a tu nueva casa, yo también muero de ganas de verla— le dijo y le guiñó un ojo mientras sujetaba su mochila al hombro y se echaba a correr.

Kagome le sonrió —Por supuesto— casi alzó la voz al ella misma tener que apresurarse.

O.O.O.O.O

El sonido de una música horrenda llenaba prácticamente todo el lugar, Bankotsu clavó su mirada azulina en el grueso vaso de cristal frente a él, lo tomó y dejó que el ardiente líquido resbalara por su garganta.

Miroku sonrió con medio tinte de ironía.

—Entonces todo sigue mal.

Bankotsu dejó su vaso vacío sobre la barra de ese bar y con un movimiento de mano le indicó al barman que volviera a llenarlo. Debía ser así, las cosas deberían estar muy mal para estar en ese bar de mala muerte junto a su estúpido primo, en lugar de estar en casa con Kagome.

—¿Qué dice ella de todo esto?

—No sé, apenas y me habla— confesó al apretarse el puente de la nariz sin mucho ánimo.

Miroku guardó silencio al tomar de su cerveza.

—Han pasado casi dos semanas, creí que las cosas mejorarían— confesó el de mirada cálida.

El moreno negó —No, seguimos sin dormir juntos y la verdad que a mí el trabajo también me ha tenido absorto.

—Escuché que tu suegro te da problemas.

«No tienes idea» pensó con fastidio, para su suerte Naraku era quien tenía que lidiar con él.

—Sango mencionó hace un par de días que Kagome se sentía también mal por cómo estaban las cosas, sinceramente creí que algo había cambiado— dijo optando por cambiar el tema, Bankotsu ya se veía tenso al salir de la empresa, no quería recordarle más del trabajo, pues seguro era lo que menos le interesaba.

«Así que se siente mal… vaya manera de disimularlo» pensó fastidiado.

—¿Has intentado hablar con ella?

—No— respondió el otro secamente al jugar con su vaso y fijar su mirada en el líquido marrón que se movía suavemente —. Una vez dijo que necesitaba tiempo de pensar las cosas, así que se lo estoy dando— añadió con simpleza al haberse cansado ligeramente de que las cosas fuesen mal.

Miroku negó y dejó escapar el aliento al apoyar sus codos en la barra.

—¿Y si piensa que no te importa?

—Kagome piensa muchas cosas— volvió a decir mientras vagaba su mirada por el lugar, su vista cayó en una chica rubia que le sonrió y le guiñó un ojo sin importarle estar abrazada de otro tipo. Miroku lo notó pero prefirió dejarlo pasar.

—¿Cuándo piensas informarle sobre la presentación de ustedes como matrimonio ante la sociedad?— le preguntó eso que a claras luces para todos era sólo un acto protocolario.

—Supongo que pronto— dijo fastidiado —. Ahora debo irme, ya es tarde— añadió y se levantó para luego dejar un par de billetes sobre la barra y girarse. Y aunque sabía que Kagome no estaba esperándolo, tampoco le gustaba llegar tan noche a la casa.

Miroku asintió y tras dar un lento trago a su cerveza y verlo partir, él optó por hacer lo mismo.

O.O.O.O.O

Kagome se había despertado momentos antes, cuando escuchó el auto de Bankotsu llegar. Se abrazó a su almohada al darse cuenta que el moreno seguía molesto, dos días después de hablar con sus amigas, él intentó buscarla al cortarle el paso cuando había bajado a desayunar, Bankotsu intentó besarla al decirle que esa situación ya había durado mucho, incluyendo en sus palabras la frase 'infantil actitud', cosa que sin lugar a dudas la había molestado, provocando una nueva discusión; ese día él se había molestado y la había culpado de la absurda situación por la que pasaban. Ella aun sintiéndose mal regresó a la habitación dejándolo solo y luego de varios minutos cuando regresó, él ya no estaba.

—Prácticamente esa fue la última vez que nos vimos— recordó desanimada.

Pensar en lo que pasaban había logrado aminorar su pena por el continuo rechazo de su padre, para colmo, también la había hecho prestar menos atención a sus clases y los constantes 'te lo dije' de Yura comenzaban a preocuparla de verdad.

¿Por qué era tan difícil bajar y decirle que hablaran?

Con el pasar de los días, la forma tan autoritaria como volvió con él, dejó de tener el peso inicial. La verdad era que lo extrañaba mucho, la inquietaba estar molesta con él, y la enojaba mucho que Bankotsu se mostrase tan indiferente, pues creía que habían pasado ya muchos días.

—¿Tú qué dices, Buyo?— le preguntó al gato recostado en la cama con ella —¿Bajo pretendiendo sólo buscar agua para encontrarme con él?— añadió dudosa. «Seguro ya está dormido» pensó al ver la hora en su móvil, eran cerca de las dos de la madrugada, Bankotsu esta vez había llegado más tarde que de costumbre, ¿qué habría estado haciendo hasta esa hora?

Se puso de pie sin resistir la curiosidad y ganas de verlo, tal vez sólo por la necesidad de saber si estaba bien, o cerciorarse que sí había llegado y no había sido sólo su imaginación. Después de todo él ni siquiera había subido.

—Vas a quedarte aquí, ¿de acuerdo?— le dijo al gato al momento de cerrar la puerta y dejarlo dentro del cuarto. Lo que menos quería es que hiciera algún tipo de ruido que delatara su presencia ahí abajo.

• • •

Bankotsu se había dejado caer en el sofá que había sido su cama por casi dos semanas. No se molestó en cenar, encender el televisor o asomarse a ver a Kagome, le había bastado ver el coche que usaba estacionado afuera para saberla en la casa.

Acomodó uno de los cojines y se recostó sobre él. Estaba cansado, molesto y frustrado, no necesariamente en ese orden, los días eran un fastidio y aquella maldita chica no hacía más que provocarlo con su sola presencia en el lugar, tal vez pensando en no presionarla, era que evitaba estar presente en esa casa. Kagome debía decidir y él lo sabía, aunque eso no le quitara las ganas que tenía por meterse en su cama por las noches.

La deseaba tanto, añoraba esas noches con ella. Sus erecciones matutinas eran cada vez más dolorosas y lo frustraba calmarse solo en la ducha.

—Sería tan diferente…— susurró mientras echaba su cabeza suavemente hacia atrás y cerraba los ojos mientras pensaba en esa chica —Kagome— la nombró al mismo tiempo que con su pulgar apretaba su miembro que había comenzado a endurecerse.

Sin pretenderlo estaba recordando aquella noche cuando se dio cuenta que la quería, luego de que habían discutido. Recordó cómo fue a buscarla y la vio besándose con Inuyasha, como Kagome había salido corriendo y cómo él fue tras ella. La forma como se la llevó con él y le hizo el amor en su coche, estando ambos en el estacionamiento de la universidad, sin miedo a ser descubiertos.

Recordó el cuerpo desnudo de Kagome bajo él, la forma casi violenta en la que la había penetrado y no se dio cuenta cuándo fue que había expuesto su miembro y había comenzado a acariciarlo. Kagome había gemido bajo su cuerpo y él la hizo reaccionar a él, a cada beso; recordó cómo había marcado con sus labios su blanca piel y cómo había seguido penetrándola tan fuerte, arrancándole gemidos y volviéndose a extasiar. Le resultaba tan sensual la forma como ella gemía, la forma como su interior lo recibía, abriéndose por y para él, apretándolo.

Se acomodó en el sofá, así, con una pierna pendiendo de él y siguió frotando la longitud de su miembro, sus ojos cerrados dejaron vivir la visión de Kagome montándolo; ahí, sobre él, con sus senos redondos moviéndose en los casi salvajes movimientos como su mano indicaba. La vio desnuda y sudada sobre él, con su cabello revuelto bañándole los senos, con sus labios entreabiertos y jadeantes, y su puño se cerró más sobre su caliente miembro, brindándose más placer. Casi pudo escucharla gemir y bajar a seguir gimiendo en su oído, aplastando sus senos sobre su pecho y seguirse moviéndolo.

Su miembro palpitó y todo su cuerpo se calentó sobremanera.

—Agh— gruñó sin poder controlarlo.

Los ojos de Kagome se abrieron grandemente al estar paralizada en la pared cercana a la sala. Minutos antes había bajado y lo escuchó nombrarla, se había quedado quieta pensando que había sido descubierta, pero Bankotsu no apareció. Había mordido sus labios silenciando cualquier sonido que delatara su presencia y su sangre se heló al verlo, la suave luz del exterior iluminaba parcialmente el lugar y ella lo vio recostado sobre el sofá y… y masturbándose con su nombre entre los labios.

Escucharlo una vez más la hizo jadear y recargarse en la pared. Una sensación electrizante se apoderó de su pecho y no se marchó. Estaba con una mezcla extraña de excitante temor. Aquello era un acto tan privado y aun así no dejó de escucharlo y un par de veces incluso se atrevió a asomarse y verlo.

Un gruñido tan ronco y profundo le erizó la piel y casi pudo imaginarse estando ella bajo él, disfrutando de su fuerza.

«Ay, no… Yura realmente me está pervirtiendo» pensó preocupada pues se suponía que ellos estaban molestos todavía; y es que, aun cerrando sus ojos podía ver ese perfecto rostro masculino contrayéndose al estar casi gruñendo de placer, mientras se tocaba.

Lo escuchó respirar agitado, casi jadeante y supo que debía huir de ahí… ni siquiera sabía si sería capaz de verlo mañana por la mañana a la cara luego de haberlo visto en ese acto tan bochornoso.

¿Por qué todo tenía que ser así de difícil con Bankotsu?

Subió las escaleras con sumo cuidado y aun sintiendo su rostro ardiendo y su corazón muy acelerado, se permitió cerrar los ojos al llegar arriba. Era tan tonta, Bankotsu podía tener mil defectos, pero ella siempre estuvo dispuesta a quedarse con él, porque así era… así lo amó; así, entre momentos bochornosos y fuertes discusiones, ella parecía siempre rendirse a él, se preguntaba si algún día eso cambiaría… ojalá que no.

Continuará…


Hola (:

Otra vez yo con uno de los últimos capítulos de este fanfic, ya me quedan escasas cosas por cerrar y espero que les siga gustando xD poco a poco volveremos con la zukulencia que era básicamente de lo que este fic se trataba xDD

Agradezco comentarios:

•Andi Soul •rogue85 •Daiisevani •frangarrido1993 •Kagome Wolf •Victoria LS •kokoroAai •Azura Reinhardt •cHiBiLeBaSi •Nena Taisho •Pamaig •Ave19 •KattytoNebel •Jadhi Brief •MeucheiPM •Titita Taisho •Roux •Pataisho •Yuli •verónica ramirez •Gabizitta •Nina Shichinintai y a una chica que olvidó poner su nombre.

Muchas, muchas gracias por seguir aquí conmigo, me dio mucho gusto volver a leer a chicas que andaban desaparecidas :') y a las nuevas que llegaron con toda esa energía que me devolvió el gusto por el fic –porque sí, se me andaba acabando ): - Besotes.

Nos leemos y que tengan linda semana :3

Como nota extra, hoy no pude cargar el archivo por no sé que lío con fanfiction y sus extensiones permitidas -nunca me había pasado- ¿a alguien más le pasó?, como sea, si no me dejaba publicar, lo iba a publicar ya únicamente en el grupo, después de todo, ya no queda tanto para terminar xDD