Cap. 48: Probationem Graviditatum
—Estás muy callado, Severus. ¿Has pasado mala noche?
Snape tuvo que disimular una sonrisa ante esa pregunta llevándose la copa de zumo de calabaza que se había servido a los labios. Dumbledore lo observaba con curiosidad, seguro de que el hombre escondía algo.
—Tan mala como la haya podido pasar usted, director— respondió, dejando la copa en la mesa.
—Entonces, habrás dormido como un bebé— replicó Albus con una sonrisa.
Severus miró a Hermione durante unas milésimas de segundo. Acababa de entrar en el Gran Comedor con su amiga Weasley. Seguramente le estaría contando lo de la poción y que él sería el encargado de llevar a cabo su elaboración y la prueba posterior.
—Y supongo que la señorita Granger también, ¿no?— añadió con tono casual—. Severus...
El profesor bufó con fastidio, cortando un pedazo de su tostada.
—Ya lo sé, Dumbledore, lo sé. No es conveniente... pero no puedo evitarlo.
Albus negó con la cabeza, derrotado. Estaba más que agotado de que él dijera una cosa y Severus hiciera lo que le diera la gana...
—Está claro que no podré convencerte de nada nunca más, muchacho— asumió en voz alta.
—Con referencia a la señorita Granger, no... Desde luego que no.
— ¿Has sabido algo más de Narcissa?
—Nada desde la última vez que nos vimos. No ha vuelto a ponerse en contacto conmigo, y dudo que lo haga.
—De todos modos, ten los ojos muy abiertos, Severus. Bellatrix está al acecho.
—Ya le dije el otro día que no tiene que preocuparse por mí. Sé cuidarme solo, y conozco a Lestrange... No en vano he compartido con ella varios años de mi vida— admitió, asqueado de lo que eso suponía.
—Lo sé, muchacho, lo sé... Pero el colegio terminará en algo más de un mes, y entonces la señorita Granger y tú estaréis fuera del castillo. Sólo te sugiero que no bajes la guardia.
Snape volvió a resoplar, harto de que Dumbledore le dijera siempre lo mismo. ¿Es que se había creído que él no le había estado dando ya vueltas a eso? Le preocupaba Hermione más que su propia vida, por Merlín. ¿Cómo no iba a haber pensado en todas las precauciones que iban a tener que tomar si querían estar juntos fuera de los muros de Hogwarts?
—En fin, voy a prepararme para el partido. ¿Te veré en el campo de quidditch, Severus?
—No lo creo, director— respondió, mirando con los ojos entrecerrados al frente—. Tengo cosas más importantes que hacer que ver cómo Potter hace gala de su arrogancia encima de un palo.
—Admite que no bajas, Severus, porque no es tu equipo el que juega— comentó el director, divertido.
Snape hizo un gesto de desdén con la mano y se llevó a la boca un nuevo pedazo de tostada. Con poca mantequilla y una leve capa de mermelada de arándanos... Un bocado exquisito para sus papilas gustativas.
—De ahí que haya dicho que tenía cosas más importantes que hacer— repuso el profesor con una sonrisa torcida—. Algunos trabajamos también los sábados, director.
Y mientras Dumbledore se marchaba entre risas, Severus miró hacia la mesa de Gryffindor, a la que estaban llegando ya Potter y Weasley. Hermione levantó la cabeza mientras sus amigos se sentaban, y también lo miró. Hizo un inapreciable asentimiento con la cabeza, seguido de una levísima sonrisa, dedicada única y exclusivamente a él. Eso era que tenía luz verde para preparar la poción. No dejaba de sorprenderle que la joven Weasley hubiera accedido. Debía de estar realmente desesperada. «Cómo me gustaría contárselo a Potter para que él también lo estuviera», se dijo con malicia, clavando los ojos en el chico que en eso momentos trataba de tragar como podía un bocado de huevos revueltos.
El profesor esperó un par de minutos más, dedicándose única y exclusivamente a vaciar el contenido de su copa, y después se levantó. Salió del Gran Comedor por la puerta que estaba al lado de la mesa principal y se dirigió a sus aposentos. Con suerte, el partido se alargaría lo suficiente para que a él le diera tiempo a elaborar correctamente la poción que iba a utilizar en la prueba. ¿Quién le iba a decir a él un año atrás que acabaría haciéndole una especie de test de embarazo a la mejor amiga de Insufrible Sabelotodo Granger y novia de Harry Potter? Esbozó inconscientemente una sonrisa torcida. La verdad era que la situación lo divertía en extremo.
—Y no estaría de más que intentases aparentar un poquito de normalidad con Harry, ¿sabes?— le recomendó Hermione, viendo que los chicos acababan de entrar en el Gran Comedor.
—Es superior a mí, Herms. No me siento capaz ni de mirarlo a la cara.
—Pues disimula. La que miente fatal soy yo, ¿recuerdas?
—Buenos días a las dos— saludó Ron, sentándose junto a su hermana, movimiento previamente acordado con Harry.
—Hola— dijo Harry en tono huraño.
—Bueno, ¿estás preparada para el partido, Ginny?— preguntó su hermano, dándole un suave golpe en el hombro.
La chica sonrió por primera vez en todos esos días y asintió con convencimiento. Hermione agradeció que le hubiera hecho caso. Era lo mejor. Fue entonces cuando ella aprovechó para desviar la mirada hacia la mesa de los profesores. Vio que Severus la observaba con atención, así que asintió con la cabeza de modo imperceptible y sonrió un tanto. No en vano el hombre había accedido a hacer lo que le pedía, y eso significaba mucho para ella. Volvió a centrar la atención en sus amigos y cuando buscó a Snape unos minutos después, éste había desaparecido ya. «Se habrá ido a preparar la poción».
— ¿Os habéis estudiado bien la estrategia de la que hablamos en los entrenamientos?— preguntaba Harry a su vez, mucho más serio y concentrado que de costumbre, pero algo más relajado.
Hermione supuso que ver que Ginny "volvía a la normalidad" había tranquilizado sus nervios.
—Vamos, tío, está todo controlado.
—Ron tiene razón, Harry— lo apoyó Hermione—. Eres un buen capitán. Gryffindor no ha perdido ni un partido este año, y estáis a punto de ganar la final... ¿Eso no te dice nada?
—Sólo es que no quiero que nada salga mal. Era lo que me faltaba...
Sus amigos lo miraron, comprensivos, mientras el hijo de Lily y James vaciaba su plato de desayuno.
—Buena suerte hoy, Potter— dijo de pronto un chico alto de Hufflepuff, de aspecto atlético, que pasaba en ese momento junto al grupo.
Era castaño, tenía los ojos claros, y todas las chicas de su casa estaban locas por él. Se trataba del Capitán del equipo de quidditch, además de buscador, Efrom Zacharian.
—Lo mismo digo, Zacharian— contestó Harry, levantándose y tendiéndole la mano, que el otro estrechó de inmediato.
—Que gane el mejor.
Y salió del Gran Comedor a paso rápido, seguido de una ola de admiradoras a las que les hacían los ojos chiribitas.
—Ese Zacharian es un imbécil— refunfuñó Ron, engullendo su última salchicha.
—Ron, ¿qué chico guapo no te parece imbécil?— preguntó su hermana con una sonrisa malévola en la cara.
—Eso no... Eso... Eso no es verdad, Ginny. Lo que pasa es que los que van de creídos me revientan los...
—Nos hacemos una ligera idea— lo cortó Hermione, riéndose, lo que provocó que el pelirrojo enrojeciera.
— ¿Habéis acabado ya?— preguntó Harry, poniéndose en pie—. Lo mejor será que vayamos ya al campo. Si Zacharian ya ha salido, eso significa que su equipo iba delante de él. Además, no estaría de sobra repasar una vez más lo que hemos practicado y...
—Vamos, Harry— lo interrumpió Ginny, sonriendo con ternura—, no exageres. Lo haremos bien, ya verás. Ganaremos este partido y la copa de quidditch.
El muchacho sonrió con agradecimiento a las palabras de su novia.
—Yo voy con vosotros— comentó Hermione—, y así podré irme directamente a las gradas.
Entonces todos se levantaron de los bancos y emprendieron el pasillo entre su mesa y la de Hufflepuff hacia la puerta del Gran Comedor. El día había amanecido soleado... Eso sólo podía augurar cosas buenas.
Hacía un rato que Severus había escuchado el sonido del silbato que anunciaba el inicio del partido, y aunque le llegaban los ecos amortiguados de los vítores, no habría sabido decir con exactitud quién iba ganando. Albergaba ciertas esperanzas de que fuera Hufflepuff, aunque en su fuero interno tenía el presentimiento de que era Gryffindor quien llevaba la delantera. Si sólo ese idiota de Potter no capturara la snitch...
El calor que hacía ese día, sumado al que emanaba del caldero estaban haciéndolo sudar. No recordaba que el vapor de esa poción pudiera quemar tanto. La levita le apretaba en la zona del cuello, pero no podía hacer nada, porque el líquido pastoso que borbotaba dentro del caldero requería su constante movimiento con un cazo: tres vueltas en sentido horario, cinco en antihorario...Y así continuamente, sin cambiar el ritmo ni la cadencia, ni siquiera cuando tenía que echar algún ingrediente más. Una sola parada podía arruinar el líquido completo. Pero Severus no fallaría... Era demasiado bueno en la elaboración de pociones para que ocurriera algo así... Era el mejor, y no dejaría que nadie pusiese eso en entredicho. Y mucho menos quería fallarle a Hermione. Ella confiaba en él... Así se lo había dicho. Y él le demostraría que sabía ser merecedor de esa confianza, de ella... Quería que se sintiera orgullosa. Sí, ya lo había admitido: Quería que la joven tuviera algo por lo que enorgullecerse de estar con él.
Y así, concentrado como estaba en que la poción alcanzase la perfección, no se dio cuenta de que los minutos seguían corriendo, y pasaron tres cuartos de hora como si el tiempo hubiera acelerado su paso a propósito. No salió de su ensoñación hasta que alguien llamó a la puerta. Soltó un respingo sin dejar de mover la poción, espetando un seco "Adelante", irracionalmente molesto porque alguien hubiese roto su momento de éxtasis pocionista.
Hermione esperaba. Había acordado con Ginny que se verían nada más acabar el partido en la puerta de los vestuarios femeninos. La pelirroja aseguró que se ducharía en cinco minutos y saldría disparada. Hermione confiaba en que así fuera.
No pudo evitar rememorar los minutos anteriores, cuando Harry y Zacharian habían desaparecido del terreno de juego en busca de la snitch, y había sido su amigo, y no el otro, quien había descendido sobre las gradas de Gryffindor, mostrando la pequeña pelota dorada en su mano izquierda. Gryffindor había ganado. ¡Eran los campeones!
—Ya estoy— le dijo una alterada Ginny Weasley, llegando a su lado.
No tardaron más que unos instantes en ponerse en marcha a paso ligero hacia el castillo. Hermione se imaginaba que el interior de su amiga debía de ser una olla a presión en esos momentos: Por un lado, Gryffindor se había alzado con la victoria; por otro, no había podido quedarse a celebrarlo con sus compañeros; y por otro, todo se debía a una prueba de embarazo que le iba a realizar el mismísimo Severus Snape... Era como para estar tranquila, claro.
Entraron en el castillo sin cruzarse con nadie, y enfilaron rápidamente el pasillo de las mazmorras hasta el despacho de Severus. Se pararon al llegar junto a la puerta.
— ¿Estás lista?— le preguntó Hermione, mirándola a los ojos.
La pelirroja asintió, colocando un mechón de cabello mojado detrás de su oreja derecha y cogiendo aire. Hermione levantó el puño entonces y dio tres fuertes golpes. Oyeron que la voz de Snape las autorizaba a entrar, y entonces la castaña asió el picaporte y abrió la puerta. En la habitación reinaba una semipenumbra dominada por un denso vapor azulado, y hacía un calor infernal.
— ¿Severus?— preguntó Hermione, tosiendo.
Ginny cerró la puerta a su espalda, un poco más temerosa de lo que había entrado. ¿Dónde demonios estaba Snape? Hermione descubrió el foco del vapor y se dirigió hacia él, indicándole a Ginny que se quedase donde estaba.
— ¿Severus?— volvió a preguntar, prácticamente al lado del caldero.
—Lo mejor sería que te apartases de aquí, Granger. No quiero que esta masa de humo haga que te desvanezcas.
La chica frunció el ceño y rodeó el caldero. Ahora sí pudo distinguir la oscura figura del hombre inclinada levemente sobre la poción, removiendo el contenido con los ojos fijos en el cazo de su mano derecha.
— ¿Cómo es posible que no te hayas asfixiado aquí ya?— preguntó la chica, acercándose a él un poco más.
—He tenido que hacer pociones mucho peores. Créeme, Granger: Estoy acostumbrado.
La chica resopló, desabrochándose un botón de la camisa que se había puesto esa mañana, y fue consciente de su propio sudor cuando vio el de Severus.
—El calor que hace aquí es insoportable, Sev. Por Merlín, ¿cómo puedes aguantarlo? Y encima con esa maldita levita... Lo que me sorprende es que no te hayas caído en redondo al suelo.
— ¿Quizás porque debía mantener mi atención en la poción que tengo entre manos?— repuso con sarcasmo, intentando no perder la cuenta de las vueltas.
Hermione bufó, terminando de pegarse a él, y se dispuso a liberar a su cuello de la presión a la que la tela negra lo estaba sometiendo. Severus luchó con todas sus fuerzas por mantener la concentración, pero la chica se lo estaba poniendo muy difícil. Por suerte, en cuanto hubo realizado su misión, Hermione volvió a apartarse de él.
—De nada— dijo, sonriendo con suficiencia.
«Maldita Granger... ¿Es que buscas que la pifie con la poción para tu amiguita? Pues no voy a darte la satisfacción de pensar que me dominas de algún modo. Aún no ejerces un control tan poderoso sobre mí» pensó Snape, silenciando de malos modos una voz que surgió inmediatamente después, y que decía que había cosas que ni él se creía o algo parecido.
—La poción está casi lista— dijo un par de minutos después, aumentando entonces la velocidad de removido.
Hermione sonrió levemente y volvió junto a Ginny para informarla. La pelirroja asintió, incapaz de disimular su preocupación. Su amiga la abrazó por los hombros para darle su apoyo, y ambas se sumieron en sus propios pensamientos. Sólo un humo blanco y una breve exclamación de triunfo las hicieron separarse y mirar al profesor, que en ese momento salía de detrás del caldero.
—Ya está— les anunció con un brillo de satisfacción en los ojos que Ginny nunca le había visto.
Tenía el grasiento cabello pegado a su rostro sudoroso y respiraba con dificultad, seguramente debido al esfuerzo final que había supuesto la poción. Ginny miró de reojo a Hermione y la vio extasiada ante la visión del hombre frente a sí.
—Iré a asearme mientras se enfría. No tardaré.
Y salió del despacho hacia una habitación contigua, dejando solas a las dos chicas. El humo había empezado a disiparse por sí solo, como si la última ráfaga blanca que había salido del caldero se lo estuviera comiendo. La temperatura también había empezado a regularse. «¿Tanto poder tiene una simple poción?».
—Tierra llamando a Hermione, Tierra llamando a Hermione, ¿me recibe?— oyó la castaña a su lado, volviendo en sí repentinamente.
Miró a su amiga, que la observaba con expresión divertida.
— ¿Qué?
—Que un poco más y tenemos que recoger tus babas con una bañera. Por Merlín, Hermione, es tan extraño verte mirando así a Snape... O desabrocharle la ropa con esa familiaridad...
—Se estaba asfixiando. Y estoy segura de que no lo había hecho él mismo porque tenía las dos manos ocupadas.
—Ya, claro...— una sonrisa pícara se instaló en los labios de su amiga—. Y supongo que ha supuesto un esfuerzo inconmensurable para ti... Admite que estabas deseando acercarte y tocarlo— la señaló con el índice y entrecerró los ojos—. Vamos, si no hubiera estado yo, te lo habrías comido enterito ahí mismo.
— ¡Ginny!— exclamó Hermione escandalizada.
La pelirroja se echó a reír, ya más tranquila. Aún tenía la euforia por haber ganado el partido corriendo por sus venas, y necesitaba liberarla de alguna forma.
—No puedo evitarlo— se excusó Hermione con las mejillas coloradas—. Es mi novio y me resulta muy sexy. Entiende que sólo lo he visto así de sudoroso en situaciones muy específicas.
Las carcajadas de Ginny aumentaron.
—Además, fíjate en quién me lo dice— contraatacó la castaña—, la que mira a Harry como si el mundo desapareciera a su alrededor.
—Es que el mundo desaparece a mi alrededor cada vez que miro a Harry— razonó su amiga.
—Bueno, pues como si fuera un osito de peluche.
—Eso es un golpe bajo...
Hermione rió, quitándole importancia a su comentario con la mano.
—Sin embargo— continuó Ginny con tono malicioso—, lo más gracioso de todo es fijarse en cómo te mira él a ti.
La castaña dejó de reírse y observó a su amiga con los ojos entrecerrados.
—Sorpréndeme— la retó.
—Te mira como si... Y esto es muy raro verlo en Snape, ¿eh? Como si... fueses lo más valioso del mundo. A pesar de todo ese sarcasmo, no lo puede evitar...
— ¿El qué?— preguntó Hermione, más ansiosa de lo que quería aparentar.
—Demostrar con los ojos que te quiere de verdad.
Su amiga enrojeció y eso provocó una carcajada en la pelirroja, que además añadió:
—Bueno, eso y la serie de guarrerías para mayores de dieciocho que le gustaría hacerte. No sé si dejará de pensar en ello en algún momento...
—Solamente— susurró una acariciadora voz a su espalda, haciendo que toda la piel se le erizara— para centrarse en el modo más doloroso a la par que silencioso de torturar a los alumnos entrometidos sin llegar al derramamiento de sangre.
Ginny y Hermione se dieron la vuelta lentamente, para ver cómo Severus volvía a incorporarse con elegancia. El sudor había desaparecido de su cara y volvía a lucir igual de amenazador que siempre. Al salir de sus aposentos, se había deslizado sigilosamente hacia las dos chicas, comprobando con satisfacción que no había perdido sus facultades de ocultación.
—La poción está lista— añadió, yendo hacia el caldero y dejando a una Ginny Weasley con la cara completamente roja, en contraste con su cabello anaranjado heredado de su familia.
Hermione no pudo contener una risilla, y le dio dos palmaditas a su amiga en el brazo.
—Nunca puedes bajar la guardia cuando él esté cerca— le susurró.
Ginny iba a asentir, pero mirar hacia el caldero y ver a su profesor vertiendo un poco de la poción que había preparado en un alargado vaso de cristal la hizo enrojecer aún más.
El hombre volvió a dejar el cazo en el recipiente y se dirigió hacia las dos chicas.
—De acuerdo, señorita Weasley— dijo Severus, tendiéndole el vaso—, ahora le explicaré lo que vamos a hacer.
La pelirroja lo cogió abrumada. Luchó con todas sus fuerzas por no desviar la mirada y poder mantener los ojos clavados en los del profesor durante toda la conversación. Se llevó el vaso a los labios, pero antes de que pudiera beber nada, Snape dijo:
—Le recomendaría que se sentase antes. No tiene un sabor muy agradable, y no me gustaría tener que recogerla del suelo.
Ginny obedeció, dando la vuelta a una de las sillas que había junto al escritorio de Severus. Hermione fue con ella y se quedó de pie a su lado. Antes de volver a subir el vaso, la chica miró a su amiga, que le puso una mano en el hombro para apoyarla. Observó a Severus una última vez y, cogiendo aire, echó un largo trago. Al principio pensó que no sería tan difícil, pero en la mitad del segundo, una enorme arcada le subió por la garganta, lo que hizo que retirase el vaso y se llevase una mano a la boca para no vomitar.
— ¡Ginny!— exclamó Hermione, preocupada.
—Todo, señorita Weasley— oyó la pelirroja que decía el profesor—. En ese vaso está la dosis exacta, así que no aceptaré remilgos.
— ¡Severus!— dijo la castaña con tono recriminatorio.
—Intente bebérselo más despacio...— continuó Snape, ignorándola—. Piénselo de este modo: Si vomita, tendrá que volver a tomarse una dosis entera.
Ginny asintió, tragando con dificultad lo que tenía en la boca. Temblaba y un sudor frío había cubierto su frente, pero decidió obedecer al profesor. Empezó a darle pequeños sorbos a la poción, lo que hacía más soportable su ingesta.
—Como le decía, esto es lo que haremos: Después de que consiga tomarse hasta la última gota de la poción, esperaremos quince minutos hasta que haga efecto, que será cuando pueda aplicársele el Probationem Graviditatum.
— ¿Cómo sabremos que ha hecho efecto?— preguntó la joven con aprensión, entre sorbo y sorbo.
Severus no pudo evitar que se le formara una sonrisa torcida.
—Lo sabremos, señorita Weasley, no se preocupe.
Eso no tranquilizó precisamente a la chica, y Hermione miró a su novio con el ceño fruncido.
— ¿Podrías ser un poquito menos tú por un rato, Severus?— le preguntó cruzándose de brazos—. Ginny ya está lo suficientemente nerviosa sin que tú seas un derroche de amabilidad.
—Sentirá que una leve somnolencia empieza a apoderarse de su cuerpo suavemente. Para eso está preparado ese sofá de ahí. ¿O acaso pensaba que lo había traído para dedicarlo a otros... menesteres, señorita Granger?— preguntó, mirando a Hermione con malicia.
La castaña se sonrojó, y Ginny hizo un amago de sonrisa mientras se terminaba su último sorbo de poción. Iba a dejar el vaso encima del escritorio, pero antes de que se diera cuenta, su amiga lo había cogido y se aproximaba al profesor con él. Las cosas ocurrieron tan rápido que, cuando acabaron, Ginny se preguntó si no se las habría imaginado: Hermione cogió a Severus del cuello abierto de la levita y lo besó con violencia durante unos instantes. Después se separó de él, dejándole bruscamente el vaso en el pecho, y volvió tranquilamente junto a Ginny. La pelirroja pudo apreciar que las pálidas mejillas del profesor habían cogido un poco de color, más por la sorpresa que por el azoramiento.
— ¿He de deducir por su efusividad que Hufflepuff ha perdido el partido?
Hermione y Ginny intercambiaron una sonrisa exultante. La castaña respondió:
—Sí, Severus, Gryffindor ha vuelto a ganar la copa de quidditch... un año más.
Snape alzó una ceja y, tras hacer desaparecer el vaso con su varita, se cruzó de brazos con fastidio.
— ¿No te alegras?
El profesor no contestó. Se limitó a mirarla con intensidad a los ojos, y por un momento, Hermione tuvo la sensación de que estaba desnudándola con la mirada. Quizás Ginny tenía razón, después de todo.
—Por cierto, señorita Weasley, se me había olvidado comentarle un pequeño...
De pronto, la tripa de la pelirroja emitió un sonoro quejido, como si acabara de despertarse y se estuviera estirando ruidosamente para llamar la atención. Ginny bajó rápidamente la cabeza, intentando asumir que había sido su tripa la que había hecho eso. Los colores volvieron a apoderarse de sus mejillas. «Genial, no sólo tengo que cagarla haciendo que Snape escuche una conversación con Hermione sobre sus sentimientos y más bajos instintos, sino que además mi tripa decide dar un recital delante de él», se lamentó interiormente la chica. «¡Y encima me está haciendo una prueba de embarazo! Mátame, Señor...».
—Un par de pequeños detalles— se corrigió Severus, mirando con expresión divertida a la amiga de Hermione—. El primero de ellos, como habrá podido notar, es que su estómago empezará a producir una serie de sonidos parecidos al de hace un momento. No se preocupe: todo es debido a la poción.
Ginny asintió y su tripa volvió a sonar, como corroborando lo que el profesor acababa de decir.
—El segundo... No sé si su amiga la habrá informado, pero mi modo de actuar después de la prueba dependerá de su resultado— se regodeó durante unos instantes en el miedo que apareció en los ojos de la pelirroja, pero continuó—. Es decir, si la prueba da negativo, me olvidaré de todo esto como si nunca hubiese existido. Pero si da positivo...
Hizo una pausa dramática.
—Si da positivo... ¿qué?— preguntó Ginny, incapaz de aguantarse.
—Estoy en la obligación de comunicárselo al profesor Dumbledore. Y él, en su caso y seguramente, lo pondrá en conocimiento de sus padres.
A Ginny se le descolgó la mandíbula. Miró a Hermione con horror.
— ¿Tú lo sabías y no me lo habías dicho?
Su amiga no dijo nada, sino que la miró con expresión de culpa. La pelirroja se puso en pie de golpe, tambaleándose.
— ¡Me engañaste! ¿Cómo has podido?— la increpó, señalándola con un brazo acusador—. Me dijiste que él nunca...
—Ginny, yo...
—Señorita Weasley— dijo Severus, superponiendo su voz a la de Hermione—, vuelva a sentarse si no quiere caerse en redondo al suelo.
— ¡No voy a sentarme! Me marcho de aquí— exclamó la joven con decisión, intentando darse la vuelta sin tropezar con sus propios pies hacia la puerta—. ¡Métase la prueba por donde le quepa!
No había alcanzado a dar dos pasos, cuando Severus llegó a su lado y la agarró por los hombros.
— ¿Qué cree que está haciendo, insensata?
— ¡Suélteme! No puede hacer esto... Yo... ¡Gritaré! Gritaré tan fuerte que vendrá todo Hogwarts a ayudarme, y les diré que es usted un maníaco y un...
—Cállese, señorita Weasley.
— ¡Y entonces Harry lo matará por haberse atrevido a ponerme una mano encima, murciélago del demonio!
Hermione observaba la escena estupefacta. Severus forcejeaba con Ginny, que intentaba escabullirse de su amarre de malas maneras y que no dejaba de ponerlo literalmente a caldo. Lo que más la sorprendía, sin embargo, era que el hombre se lo tomara tan bien... Es más, parecía divertido con la situación.
— ¡Y Dumbledore lo despedirá, y lo enviarán a Azkaban por hacerles pruebas estúpidas a menores!
—Que se calle— le ordenó Severus con voz firme, provocando que la chica enmudeciera.
Un instante después, y como si de una marioneta a la que le hubieran cortado los hilos se tratara, Ginny se desplomó. El profesor la cogió en brazos a la velocidad del rayo y la llevó hacia el sofá, que había sido ampliado mágicamente para que cupiera a la perfección una persona completamente estirada. La dejó con cuidado y, una vez incorporado de nuevo, se encaminó hacia su escritorio, de cuyo cajón principal sacó un pequeño frasco.
—Severus— escuchó que Hermione decía a su espalda—, ¿me puedes explicar qué acaba de pasar?
—Un mero efecto secundario— respondió como para sí mismo—. Nada de lo que preocuparse.
— ¿Nada de lo que preocuparse? Por Merlín, pensaba que Ginny iba a sacarte los ojos.
— ¿Tanto así, mi insufrible sabelotodo?— preguntó divertido, guardándose el frasquito en el bolsillo.
Se acercó a la chica en dos grandes zancadas y la agarró por la cintura.
— ¿Estabas preocupada por mi integridad personal?
—Más bien por el estado mental de Ginny... Parecía que había enloquecido.
—Era algo que podía ocurrir. Al parecer, la señorita Weasley no es demasiado tolerante a las alas de doxy, y ha tenido un pequeño ataque de histeria.
—Tú sabías que eso podía pasar— no había sido una pregunta.
—Sí, lo sabía. La mayoría de la gente tiene esa misma reacción al tomar una poción con alas de doxy. Como ya te he dicho, era una posibilidad.
Hermione lo miró con los ojos entrecerrados. Un momento después su boca se abrió sola.
— ¡Por eso le dijiste lo de Dumbledore y sus padres, para provocarla!
—Se trataba de una mera comprobación.
— ¡Oh, vamos! ¿Me has visto cara de idiota? ¡Lo has hecho a propósito! ¿Cómo puedes ser tan retorcido?
—Me limité a acelerar un poco el proceso. Si tu amiga tenía que tener ese ataque, cuanto antes lo supiéramos, mejor. ¿Crees que quería pasarse los quince minutos que tardaría la poción en hacer efecto charlando conmigo? Le he hecho un favor, en realidad.
— ¡Oh, sí, qué amable eres!
—Y, bueno... Yo también tenía derecho a divertirme.
Hermione le dio un golpe en el hombro a modo de reprimenda, pero luego se rió.
—Espero que, por lo menos, se despierte más tranquila de esa suave somnolencia en la que está sumida— dijo con ironía.
Severus no contestó. Estaba demasiado entretenido concentrándose en su completa visión. ¿Cómo podía ser tan preciosa? ¿Cómo podía ser tan adorable? ¿Cómo podía ser suya?
— ¿Qué?
Había fruncido el ceño y lo miraba con suspicacia. El profesor no pudo contener una media sonrisa.
—Aún quedan unos minutos para que tu amiga se despierte...
— ¡Severus!— exclamó Hermione escandalizada—. ¿No estarás pensando en...?
La ceja de Snape se alzó orgullosa.
—Para variar, tu sabelotodismo se equivoca de nuevo, Granger. Aunque no lo creas, yo no estoy tan desesperado como tú porque forniquemos en todas las esquinas del castillo.
A la chica se le abrió la boca por la indignación, y ya iba a replicar cuando Severus aclaró:
—Sólo estaba sugiriendo que nos sentásemos.
—Me pagarás estas ofensas, murciélago— contestó, apretando en sus puños la tela de los costados de la levita de su profesor.
Severus se inclinó a besarla brevemente y fue a sentarse en la silla que había dado la vuelta Ginny, asegurándose así de que no perdía de vista a la pelirroja. Hermione fue a imitarlo cogiendo la otra silla, pero él la detuvo al chascar la lengua con fastidio.
— ¿Es que tengo que explicártelo todo, Granger?
La joven lo miró confusa.
— ¿Perdón?
— ¿Acaso tenía que añadir el juntos al verbo "sentarse"? Ya veo que me equivocaba al confiar en tus dotes de deducción...
Hermione bufó molesta, y fue a sentarse sobre él, que la detuvo poniendo las manos en sus caderas.
—Así no, Granger, espera... – se puso recto en la silla mientras regulaba la bajada de la chica con sus manos.
A simple vista, parecía que estaba intentando encajar dos piezas de un puzle. Hermione se cruzó de brazos con el morro torcido, irritada por lo quisquilloso que estaba el profesor con ella. ¿Es que ese día no hacía nada bien o simplemente Severus disfrutaba picándola más de lo habitual? «Joder, Hermione, como si no conocieras la respuesta perfectamente...». Sin embargo, cuando sus piernas entraron en contacto con las de Severus, todo su alrededor se borró. Suspiró. Claro, ¿cómo no lo había imaginado? Entonces, mientras su alma se dividía para que la mitad pasase al cuerpo de Severus a través de las cicatrices en forma de corazón roto, ella se reclinó hacia atrás y apoyó la espalda en su pecho.
—No te enfurruñes— ronroneó el profesor contra su oreja—. He dicho que me habían decepcionado tus dotes de deducción, no de seducción...
Sin embargo, era tan agradable el cosquilleo que Hermione no tuvo fuerzas ni para soltar un comentario sarcástico sobre el tema. Respondió con un suave gruñido y acomodó la cabeza sobre el hombro de Severus, en la posición perfecta para girarla hacia la derecha y rozar su cuello con la nariz.
El profesor apoyó la mejilla sobre la parte superior de su frente y rodeó su cintura con los brazos.
—Hacía mucho que no establecíamos la Unión de Suertes— murmuró la chica contra su cuello, haciendo que se le erizase toda la piel del cuerpo.
—Lo sé.
Lo había pensado en mil y una ocasiones desde la última vez, pero se había dado cuenta de que el sexo los dejaba tan exhaustos que, un día por Hermione y otro por él mismo, acababan durmiéndose siempre en los brazos del otro. Sin embargo, ése era un momento perfecto. Una espera, y sin tener nada mejor que hacer... ¿Qué podía pasar?
—No recordaba que fuera tan placentero— siguió diciendo Hermione—. Me siento en paz.
—Yo me siento en paz por el mero hecho de tenerte en mis brazos— respondió Severus, besando su frente y volviendo a apoyarse en ella.
La chica cerró los ojos, centrándose con todas sus fuerzas en esa energía que nacía en su pierna y se extendía por todo su cuerpo, alterándola, vigorizándola, desnudando su alma con suaves caricias de luz. Severus además había empezado a acariciarle la tripa dulcemente, lo que provocaba que su piel tuviera que poner atención a algo más que a la Unión de Suertes. Era un reto nada desdeñable.
Severus había cerrado los ojos a su vez, tan extasiado por la presencia de Hermione en su interior que el mundo real no le parecía más que un mal sueño. Su mano se movía sola por encima de la tela de la camisa que la chica llevaba ese día, sorda a sus órdenes de que se detuviera. Un escalofrío recorrió su espalda cuando notó que las manos de ella se posaban sobre las suyas, llenándolas de una calidez a la que cada vez le costaba menos acostumbrarse.
—Te quiero, Severus— fue lo último que escuchó antes de dejarse llevar por completo por esa sensación de plenitud y felicidad.
Ginny abrió los párpados pesadamente, intentando averiguar dónde se encontraba y por qué estaba tumbada. Los ojos se le desorbitaron al recordar que estaba en las mazmorras haciéndose una prueba de embarazo y que antes de desmayarse— había concluido que era eso lo que tenía que haber pasado—, le había gritado a Snape una serie de cosas que no creía que hubieran sido de agrado del profesor. Se incorporó despacio, temerosa de darse la vuelta y ver a Hermione atada y amordazada en una silla, y a Snape armado de mil y un instrumentos de tortura para divertirse con ella en los, digamos, siguientes diez años. Sin embargo, su sorpresa no pudo ser mayor: Era cierto que Hermione parecía fuera de juego, pero el Murciélago también. Permanecían juntos en la misma silla, con los ojos cerrados. Parecía que incluso respiraban a la vez. La pelirroja se frotó los ojos, pues pensó que se estaba imaginando la especie de resplandor dorado que emitían los cuerpos de ambos. «¿Será esto la famosa Unión de Suertes?», se preguntó la chica, recordando de pronto la rotura del frasco en las piernas de ambos, tan maravilladaque no se atrevía a hacer ningún movimiento. Sabía que estaba presenciando algo único, algo que era posible que no volviera a ver nunca más, y quiso llenarse de esa visión hasta la última célula. Viéndolos así, no le extrañaba en absoluto que estuviesen tan enamorados el uno del otro. Encajaban a la perfección, como almas gemelas, como piezas vecinas de un rompecabezas, como... dos mitades de un mismo corazón.
Le dolió de verdad el carraspeó que salió de su garganta para llamar su atención, pero no sabía si a la poción que había tomado se le pasaría el efecto, y no quería arriesgarse a tener que tomar otro vaso de nuevo. Como había supuesto, alumna y profesor abrieron los ojos súbitamente.
— ¡Ginny!— exclamó Hermione sorprendida, levantándose con tanta brusquedad que el vacío que solía formársele en el estómago se extendió a todo su cuerpo.
Se precipitó hacia delante como una muñeca rota y cayó al suelo.
— ¡No!— gritó la pelirroja, asustada.
Fue a levantarse para ayudar a su amiga, pero la voz ronca de Severus la hizo detenerse.
—No se le ocurra moverse, señorita Weasley. Es preciso que se quede donde está. Yo me ocuparé.
Ginny vio cómo el hombre cerraba los ojos y se acariciaba con dos dedos el puente de su prominente nariz a la vez que echaba la cabeza hacia atrás. Cuando los abrió, en vez de ponerse en pie, se deslizó en la silla para arrodillarse en el suelo directamente y se acercó a Hermione. Con suma delicadeza la levantó un tanto y le apoyó la cabeza en su pecho, sujetándola con los brazos para que no volviera a caerse.
— ¿Estás bien?— susurró con tono sedoso, acariciándole la mejilla con la mano que tenía libre.
Hermione subió su propia mano y se frotó un lateral de la cabeza con gesto dolorido.
— ¿En qué pensabas, niña tonta? ¿Es que nunca recuerdas lo que pasa cuando rompemos el vínculo?
—Yo... Ginny...— balbuceó la chica, aún sin soltarse la cabeza.
—Supongo que tu amiga ya había visto lo suficiente... No era para que reaccionaras así.
—Lo siento— se disculpó Hermione con tono arrepentido.
—No vale la pena lamentarse por algo que ya ha ocurrido... ¿Puedes levantarte?
—Creo que sí.
—Sin caerte, me refiero.
Hermione lo fulminó con la mirada, a la vez que él esbozaba una sonrisa sarcástica.
—Vamos, vamos, Granger... ¿Dónde está tu sentido del humor? Venga, ¡arriba!
Y haciendo alarde de un gran equilibrio, consiguió poner en pie tanto a Hermione como a sí mismo. Se apoyó rápidamente en su escritorio y tiró de la chica para que hiciera lo mismo.
—Agárrate aquí y no te muevas— le ordenó, mirándola amenazadoramente.
Hermione asintió, demasiado mareada para negarse. Se sorprendió de lo mal que había reaccionado esa vez a la ruptura de la Unión de Suertes, y se preguntó a qué sería debido. Antes de que se diera cuenta, Severus se había ido y había vuelto a su lado, portando un pequeño tarro en las manos. Al desenroscar la tapa, Hermione había descubierto en su interior una sustancia pastosa de color amarillento que olía a ciénaga.
—Severus, ¿qué...?
—Si queremos evitar que esa maravillosa frente luzca un bonito chichón en pocos minutos, tendremos que aplicarle un poco de esto.
— ¡Puaj! Huele a rayos. Por favor, Sev, no...
—Oh, cuánto lo siento— dijo Snape con fingido tono de afectación, ignorando las reticencias de Hermione y untándole una generosa cantidad en el lugar en que se había dado el golpe—. No voy a permitir que nadie sugiera que tu integridad física se ve dañada estando conmigo.
Hermione bufó, pero no se movió de donde estaba. No quería que, por un descuido, el mejunje de su frente pasase a su ojo y acabase perdiéndolo...
Ginny observaba la escena como si de una película se tratase. Llevaba rato sintiéndose una mera espectadora del asunto. Pensó que los dos tórtolos se habían olvidado de su presencia hasta que oyó a Snape decir:
—Deja de comportarte como una niña caprichosa, Hermione. Tu amiga va a pensar que lo que hago cuando estamos juntos es darte azotes en el trasero por tu infantil comportamiento.
— ¿E iría muy desencaminada?— repuso la castaña con picardía—. ¡Ay, basta! Ya me has puesto bastante de esa cosa. Y todavía tienes que hacerle la prueba a Ginny. Para eso está aquí, ¿recuerdas?
Severus limpió la mano que había utilizado para extender la pomada en la frente de Hermione con la varita y se volvió para guardar el tarrito en uno de sus cajones. La castaña fue hacia su amiga, segura ya de que no iba a volver a caerse.
— ¿Estás bien, Ginny? Tuviste una especie de ataque antes de desmayarte.
—Sí, lo sé— se incorporó un poco más para mirar a Severus, que en esos momentos se acercaba a ellas con la varita en la mano—. Siento lo que le dije, profesor. No controlaba lo que... Nunca habría...
—No se preocupe, señorita Weasley. Me temo que eran las alas de doxy las que hablaban por usted. Sin embargo, no dejaba de resultar divertida la idea de Potter viniendo a matarme por haberme atrevido a ponerle una mano encima...
Ginny enrojeció y Hermione miró al hombre con los brazos en jarra. No había podido evitarlo... Sacar el tema de Potter cuando estaba a punto de saber antes que él si iba a ser padre o no era demasiado tentador.
—En fin, creo que ha llegado el momento... Señorita Weasley, túmbese bien, por favor.
Ginny sintió que su estómago daba un salto y se apresuró a obedecer.
—Lo que haré a partir de ahora es muy sencillo de comprender: el Probationem Graviditatum no hace sino iluminar su abdomen, y gracias a la poción que ingirió hace veinte minutos, sobrepasará la piel y podremos vislumbrar su interior. Si está embarazada, un punto rojo se mostrará al paso de la varita en unos minutos. ¿Está lista?
Ginny tragó saliva, pero se imbuyó de seguridad al sentir la mano de Hermione apretando firmemente la suya. Miró a su amiga un momento y asintió.
—Cuando quiera, profesor.
Severus dio una seca cabezada y se acuclilló al lado de la chica.
—Necesito que mire hacia arriba, señorita Weasley, y que permanezca muy quieta.
Tras la confirmación de Ginny, Severus empezó a murmurar el hechizo, en una voz tan baja que no parecía algo distinto de un ronroneo. Paseó con lentitud la varita por encima del abdomen de la pelirroja, y Hermione ahogó una exclamación de asombro cuando esa zona del cuerpo de su amiga empezó a emitir un resplandor azulado y a transparentarse, hasta dejar a la vista sus órganos internos. Resultaba un tanto desagradable, pero también era fascinante. Ahora entendía por qué los muggles se hacían médicos.
Llegado un momento, estos órganos empezaron a desaparecer, y sólo quedó visible el aparato reproductor de la chica. Severus dejó de pronunciar el hechizo, concentrado, mientras una luz blanca salía sin parar de su varita y se introducía en el cuerpo de Ginny.
—En pocos segundos sabremos el resultado— las informó, con los ojos clavados en el útero de la joven Weasley.
Hermione apretó aún más la mano de su amiga, intuyendo que los nervios estarían carcomiéndole las entrañas con una dolorosa agresividad y lentitud.
Unos diez segundos después, Severus levantó la cabeza, miró a Hermione y, aclarándose la garganta, dijo:
—Felicidades, señorita Weasley...
Uff, llego con la lengua fuera, pero llego... Sé que ésta actualización se ha retrasado un día con respecto a la anterior. Os pido disculpas. ¿Cuela que diga que he estado ocupada?
También he de decir que ha sido un tanto complicado estructurar este capítulo y llegar a algo aceptable... Espero que a vosotros también os lo parezca, porque si no la única solución que se me ocurriría sería borrarlo entero y escribirlo de nuevo.
Bueeeno, sé que el capítulo acaba en una zona un tanto problemática, pero no os preocupéis. Sólo tendréis que esperar a la semana que viene para la continuación *risas*.
En cuanto a mí, seguiré contestando a vuestros comentarios a paso de tortuga, pero acabaré algún día, y llegará el momento en que los lleve a tiempo.
Gracias por vuestra paciencia y amabilidad.
Un abrazo
L&S
REVIEWS Cap. 47 de no usuarios/no PM de FF:
Araceli: Jajaja, espero que tu corazoncito no se resintiese al final del capítulo. Me alegra de verdad saber que te pareció creíble la reacción de Severus ante la idea de que Hermione estuviera embarazada.
sailor mercuri o neptune: Anda, anda, que más te habría gustado emplearla tú, ¿eh? Pues bienvenida al club. Apúntate a la lista, que creo que es un tanto extensa xD.
