¡Konichiwa! Aquí en el siguiente capítulo. Emm…la verdad no sé quién sea, pero hay una persona que ha dejado reviews en mi fic, de verdad se lo agradezco, y como dije al principio del capítulo pasado, las peleas estarán en la segunda parte, es que ésta constará de 60 capítulos, y en la siguiente habrá mamodos muy fuertes, así que no desesperen por favor y si tienen ideas para darme, se los agradeceré de todo corazón y trataré de adecuarlas al fic :):). En fin, comenzamos.


Capítulo 52: Interrupciones.

Arashi se encontraba caminando por las calles de la ciudad, un poco perdida a decir verdad, había buscado a Brago durante un largo tiempo y ahora sí no daba con él, no sentía su presencia ni una pizca de cerca. Supuso que era mejor regresar puesto que se estaba haciendo más tarde, pero un problema: ¡Ni siquiera sabía dónde estaba la casa del tío Kei! No podía tener más suerte. Además, se sentía extraña, algo iba mal, parecería que alguien la había estado siguiendo desde hace un tiempo pero no se sintió intimidada. Si era un humano, no habría problema, pero si era un mamodo…ya estaba metida en un lío y más porque su compañero estaba descansando, pero eso le pasaba por salir sola. Siguió su camino, para ver si hallaba la forma de lograr regresar. Venía caminando muy distraídamente con la mirada baja. Atravesó una calle sin ni siquiera fijarse si podía cruzarla con seguridad. Al momento en que estaba a la mitad, un auto dio una vuelta rápida y venía a un exceso de velocidad considerable. Cuando Arashi volteó a ver lo que ocurría, el auto se hallaba a pocos metros de ella.

-¡Quítate del camino! –gritaron los que venían manejando.

La mamodo quedó inmóvil y paralizada por el miedo. Cerró sus ojos, después sintió un leve empujón y se estrelló contra una pared. Cuando los volvió a abrir, se encontraba del otro lado de la vía. Estaba muy confundida, tal como los jóvenes que venían conduciendo, pero que pasaron de largo al ver a la chica sana y salva.

-Ok…¡¿qué rayos fue eso? –se decía la mamodo.

Miró para todos los lados que veía pero no había nada y como un rayo, sintió la presencia de Brago muy cerca. Se apresuró corriendo para ver si trataba de alcanzarlo. A la vuelta de la cuadra, una figura solitaria iba caminando muy tranquilamente.

-¡Brago!

El mamodo no le puso atención y siguió su camino. Arashi no paraba de gritar y estaba molestándolo. Finalmente se detuvo.

-Brago…tú…

-No molestes quieres –respondió él rudamente.

-Sólo quería agradecerte.

-Hmp…¿y de qué sirve? Siempre me dices malagradecido. Habría sido mejor dejar que ese auto te arrollara y hubiera sido más divertido.

Ella se sintió mal por este último comentario.

-Y si te parecía tan divertido, ¿por qué no simplemente dejaste que me atropellara? –cuestionó ella.

-Porque eso te habría mandado de vuelta al mundo mamodo, pero yo seré el único que quemará tu libro.

Arashi se paralizó. ¿Qué acaso Brago no se daba cuenta de lo que estaba diciendo? ¿O en verdad quería eso? Conociéndolo, ella sabía que lo decía en serio.

-¿Por qué rayos sigues allí parada?

-¿Qué? –inquirió la peli-rosa confundida.

-Deberías ir a descansar después de semejante susto que te dieron.

-Estoy perfectamente bien.

-Sí, como no.

-Además…no puedo regresar.

-¿Y por qué?

-Me perdí…

-Mhm…ni siquiera sabes memorizar un camino –se quejó Brago.

-Y no me digas que tú siempre lo haces.

-De hecho…sí. No soy tan idiota como para no fijarme por donde vengo.

-Pero… -decía ella con el rostro entristecido.

-Si quieres regresar, más vale que me sigas y si no eres lo suficientemente rápida como para alcanzarme, ese será tu problema.

El mamodo se fue corriendo rápidamente, brincando varios obstáculos, Arashi lo siguió lo más que pudo, pero sus piernas le temblaban continuamente. Ya no pudo más.

-¡Brago! ¡Espera por favor!

Él desapareció. Arashi comenzó a llorar y se sentó en una banca que se hallaba cerca. ¿Por qué Brago estaba haciendo todo esto? No lo había visto tan molesto desde su primer encuentro en el mundo humano. Sí, tenía razón para estar enojado, le había dicho malagradecido y un sinfín de insultos, pero él debía comprender que ella siempre dice tonterías cuando está colérica…de hecho ya lo sabía, como en la ocasión que la hizo enfurecer para que nadara…pero en este día era diferente, él lo decía en serio. Se sintió terrible. Agachó su cabeza y su mirada quedó fija en el suelo, el cual se mojaba poco a poco por sus lágrimas. De pronto, vio una figura enfrente de ella.

-¿Qué?…¿no se supone que te ibas a ir si no seguía tu paso? –dijo ella.

-Por favor, no durarías ni un minuto sola sin mí. Vámonos ya –le indicó el mamodo.

Ella se puso de pie y lo siguió por detrás. Iban caminando y Brago con las manos en los bolsillos. Alcanzaba a oír unos sollozos.

-¿Y ahora por qué estás llorando? –cuestionó él.

-¿De verdad quemarías mi libro…?

Él no le contestó.

-Brago…necesito que me lo digas…¿lo harías?

-Estamos en una batalla, aquí todo puede suceder.

La respuesta estaba clara para Arashi, él si la destruiría sin importar nada.

Pasaron unos cuantos minutos cuando Adrián despertó, se sobresaltó de repente, pero al parecer no había ocurrido nada de importancia, Arashi no se encontraba en la habitación. Habrá salido, ¿qué más da?

Salió de la habitación medio adormilado para ver qué "había de nuevo" o si encontraba algo bueno que hacer. Bajó a la cocina, donde se topó con Joel y el tío Kei.

-Oh, ¿qué tal bello durmiente? –saludó Kei.

-¿Descansaste? –preguntó Joel.

-Hola, sí gracias, ¿qué es lo que hacen? –inquirió el chico.

-Preparando un pavo para la cena –respondió el tío Kei.

-¿Uno sólo? ¿No creen que les hará falta para Brago y Arashi?

-Ah, no te preocupes, lo tenemos todo arreglado –contestó el padre de Cymbeline.

-Además, planeamos una sorpresita –siguió Kei.

-¿Qué tipo de "sorpresita"?

-Ya lo verás –le aseguró Joel.

-Bueno…¿y los demás?

-Arashi y Brago no están, pero Ariasu y Cymbeline, creo que andan en la sala.

Las chicas estaban platicando sobre lo sucedido con el dibujo.

-Dile que lo viste y ya, porque…conociéndote, eso no te va a dejar descansar –le decía Ariasu.

-Ya lo sé –replicó la castaña.

-Mmm…y hablando de Adrián, allí viene.

-¿Sabes? Yo me voy.

Rápidamente, salió al jardín y se sentó en un columpio, meciéndose suavemente. Adrián llegó con Ariasu.

-Qué onda –la saludó.

-Hola.

-¿Y Cym?

-Emm…afuera, en el jardín.

-¿Te sucede algo?

-¿Por qué?

-Te ves algo…tensa.

-Bueno…no es por mí…es que creo que Cymbeline quiere hablar contigo –murmuró Ariasu.

-¿Conmigo? ¿Sobre qué?

-Pregúntaselo a ella.

Él también salió al jardín y se acercó a Cymbeline.

-Hola, ¿puedo sentarme? –preguntó el chico.

-Seguro –respondió ella.

-¿Qué cuentas? –dijo colocándose en el columpio de a lado.

-¿Yo? Nada…

-¿Desde cuándo tiene columpios tu tío?

-Oh, desde que mi prima era pequeña.

-¿En serio? Nunca los había visto, jeje.

Hubo silencio un momento.

-¿Y bien? –continuó Adrián.

-¿Qué?

-¿Qué es lo que me quieres decir?

-¿Ha? –Cymbeline se confundió.

-Ariasu me dijo que querías hablar conmigo.

-¿Eso te dijo?

-Sí.

-La mataré –susurró la castaña.

-¿Qué?

-No, nada.

-Entonces…¿vas a hablar conmigo sí o no?

-Está bien…pero primero necesito una pistola.

-¡¿Una pistola? ¡¿Para qué? O.O ¡¿Piensas matarme? –Adrián se alteró.

-No, es para darme un tiro a mí misma.

-No te entiendo.

-Ok, te lo diré…es que…primeramente, ¿me perdonarías sin importar lo que haya hecho?

-¿Qué? ¿Tan malo es?

-Creo que sí. ¿Me perdonarías?

-Seguro.

-De acuerdo…verás…mientras estabas dormido, yo, pues…entré a la habitación y…abrí un cajón que tenía un candado.

Al pobre chico se le helaron las venas. Trató de articular palabra pero lo único que logró fue mover los labios.

-Y pues…logré ver algo que tenías guardado allí…pero…sólo perdóname por haberme inmiscuido de esa manera…es que…soy muy curiosa y quería ver lo que estabas haciendo y…te diré otra cosa…no sabía que dibujaras tan bien, tienes buen ojo para los más mínimos detalles –siguió la castaña.

-Y…¿leíste lo que estaba detrás? -pudo decir él por fin.

-Sí…y fue maduro de tu parte…y muy tierno.

-Gracias –respondió él aliviado.

-¿Gracias? ¿Por qué? ¿Porque te dije maduro?

-Aparte, me hiciste un gran favor. Yo…tenía miedo de dártelo porque creía que no te iba a agradar, pero ya que lo viste…supongo que no tendré problema.

Joel estaba viendo atentamente lo que sucedía desde una ventana en la cocina y el tío Kei había puesto el pavo en el horno, estaba esperando a que se preparara correctamente.

Ariasu también se encontraba viendo lo que ocurría desde la puerta transparente de la sala.

-Joel, ayúdame con esto –le decía Kei.

-… -el hombre no respondió.

-¡Joel!

-¡Espera un momento! ¡Tengo que ver esto!

-¡Aaah! ¡Está bien! ¡Yo mismo lo haré!

Brago y Arashi llegaron a la barda del jardín de la casa. Él subió primero.

-¿También necesitas ayuda para treparte?

Arashi no le contestó y subió rápidamente en un salto. Llegó hasta arriba y se sentó a un lado de Brago, éste último yacía de pie.

-Ya te puedes ir…gracias por traerme –le dijo la peli-rosa.

Él estaba a punto de bajar, pero Arashi lo tomó de la mano, jalándolo un poco.

-¿En verdad quemarías mi libro? Sin importar que…

-No –contestó él interrumpiendo-. Sólo lo dije porque sí…era una perfecta excusa por haberte salvado.

-Gracias –murmuró sonriendo levemente.

Y otra vez él ya se iba…

-Espera.

-¿Ahora qué? –preguntó Brago fastidiado.

-Creo que no debemos interferir –contestó apuntando hacia donde estaban dos humanos.

-¿Y por qué?

-Porque están hablando de un dibujo que Adrián le hizo a Cymbeline.

-¿Cómo lo sabes?

-Por mi súper oído.

-Mhm…-el mamodo torció los ojos.

Ambos se quedaron observando desde lejos.

-¿Y de verdad crees todo lo que escribiste? –preguntaba la castaña.

-Y mucho más aún…no te imaginas todo lo bueno que puedo decir sobre ti –respondió Adrián.

Ella sonrió y el chico se le quedó viendo medio embobado.

-¿Estás bien?

-Sí, es sólo que…sí tengo razón…tu sonrisa es hermosa…puede iluminar un día oscuro en cualquier persona –dijo él.

-Waa...¡¿cómo puede decir todas esas cosas?

Ambos chicos fueron aproximando sus rostros lentamente y cerraron sus ojos al mismo tiempo.

Joel seguía viendo muy emocionado y Brago y Arashi más que sorprendidos.

-Joel, por todos los cielos. Deja de hacer lo que sea que estés haciendo y ayúdame –dijo el hombre.

-¡Silencio Kei!

El pobre señor trató de sacar el pavo del horno, pero como el relleno era mucho se le hizo muy pesado y sin la ayuda de Joel, no podría hacerlo sólo.

-Está bien, le pediré ayuda a Adrián –dijo por fin.

-¡¿Qué? ¡NO KEI! –exclamó Joel.

Cymbeline y Adrián estaban muy cerca cuando de pronto…

-¡Adrián! ¿Podrías ayudarme con…? –habló el tío Kei cortando sus palabras al ver lo que pasaba.

Los dos chicos se separaron al instante y dirigieron sus miradas al lado opuesto.

-Bueno…yo…ya me voy…

Volvió a entrar a la cocina, donde Joel y Ariasu casi lo estrangulan.

-¿Y tú a qué horas llegaste? –le preguntó Kei a la chica.

-¡Al momento en que interrumpió lo que podría ser una ocasión que no pueda volver a suceder en la vida! –contestó Ariasu.

-Bien Ariasu, yo lo mato y tú lo entierras –le dijo Joel.

-Cálmense…O.o A mí nadie me explicó lo que pasaba y tú Joel estabas muy distraído como para hacerme caso y bueno pues…¡LO SIENTO! –exclamó el tío Kei.

Todos se calmaron.

-Emm…creo que será mejor ir a ver en que me necesita tu tío –le dijo Adrián a la castaña.

-Seguro.

Adrián entró a la casa y Cymbeline se tiró al pasto boca arriba. Arashi y Brago se le aparecieron por un lado.

-Hola Cym –habló la peli-rosa.

-¡Aah! ¡Niña, asustas! –gritó la oji-verde.

-¿Qué? ¿Estoy tan fea?

-Bueno a decir verdad…

-Es broma –reiteró la chica.

Brago la miraba fijamente.

-¿Y a ti qué te sucede? –cuestionó su compañera.

No recibió respuesta y el mamodo se fue hacia el otro extremo del jardín.

-¿Por qué me miraba así? –volvió a preguntar la castaña.

-Deberías saberlo –dijo Arashi.

-¿A qué te refieres?

-A mí me parece que a cierta muchachita le está gustando cierto muchachito.

-¡¿Qué?

-Traducción, a mí me parece y no creo que sólo a mí, sino a todos aquí, que a ti te está gustando Adrián.

-¡Claro que no!

-Aaa no, sobretodo porque estabas a punto de besarlo.

La humana no contestó nada.

-¿Y entonces?

-No quiero hablar de esto –contestó Cymbeline.

Se levantó y estaba dispuesta a entrar a la casa. Mientras, Adrián estaba en la cocina.

-Dígame señor, ¿en qué necesitaba mi ayuda? –inquirió el muchacho.

-Aaa…no si quieres yo lo hago sólo, regresa a tus asuntos –respondió Kei.

-Sí, a tus asuntos románticos –siguió Ariasu.

-Oigan…sobre lo que pasó…yo sólo… -trataba de decir el oji-azul.

-Ja te dije que a ella también le "agradabas" –repitió Joel.

-Por Dios, ya cállese con eso de "agradar" ¬¬. Bueno ya, ¿en qué le ayudo?

-No, en nada.

-¡¿Cómo que en nada? ¡Sí necesito ayuda! –contradijo el tío Kei.

-Dijiste que lo hacías sólo –argumentó el padre de la castaña.

-¡Pero yo…!

-Tranquilo Adrián, en serio, yo lo ayudo.

-De acuerdo –respondió el muchacho.

Cymbeline entró a la cocina por un vaso de agua. Hubo silencio muy incómodo. Todos, menos Adrián la miraron apuntando al chico con los ojos. A ella comenzó a darle un tic nervioso en el ojo. Dejó el vaso estrellándolo fuertemente contra una mesa de madera y se fue repentinamente.

-¿Ya ven lo que ocasionan? –les dijo Adrián.

-Aayyy qué tierno, muy preocupado por su amada –respondió Ariasu.

-¡Ya cállense!

-Está bien, vámonos, trae a Cymbeline, a Brago y Arashi, porque creo que estos dos ya llegaron –dijo Joel cambiando el tema.

-¿Y para qué? –preguntó el muchacho.

-Sólo tráelos –reiteró Ariasu.

-¿Y tú ya sabes para qué?

-Sí, no es nada malo, va a ser divertido.

-Como tú digas.

Fue con Brago y Arashi y dijo que fueran a la cocina. Allí esperaron y ahora la parte difícil, ir con Cymbeline. Entró a la habitación, donde ella yacía con los brazos sobre la cabeza y recostada boca arriba y con las piernas colgando en una cama.

-Si sigues así, las piernas se te van a acalambrar –le dijo el chico.

-¿Ya eres médico? –preguntó ella.

-Me gustaría, pero no, es que cuando era pequeño siempre me gustaba dejar las piernas colgando y cuando trataba de levantarme las traía todas entumecidas.

-Está bien –contestó sentándose en una mejor posición-. ¿Qué pasa?

-Aa…los demás dicen que vayas a la cocina.

-Acabo de estar allí.

-Sí, ya saben, pero dicen que es para algo importante.

-De acuerdo.

Ambos bajaron y ya estaban todos reunidos.

-Bien, vámonos –habló el tío Kei.

-¿He? –preguntaron Cymbeline y Adrián con sus respectivos mamodos.

-Vamos ir a la casa de verano de Kei –dijo Joel.

-¿He? –volvieron a decir.

-Ey, es para que la conozcan según lo que me dijeron –contestó Ariasu.

-Eee muévanse, vámonos –repitió el padre de la castaña.

-¡¿QUÉ? –repitieron.

Casi sin entender, éstos últimos cuatro se subieron a la camioneta. Al cabo de poco, habían llegado a una hermosa y grande casa rodeada de pasto y una gran alberca en medio.

-Tío…¿desde cuándo tenía esta casa? –preguntó la oji-verde.

-Desde hace pocos meses.

Todos bajaron y disfrutaron de una rica cena, y de los "regalitos" de comida para Brago y Arashi. Se había hecho de noche y Cymbeline salió al aire libre para contemplar la hermosa, blanca y grande luna que estaba en el cielo.

-Ándale…ya ve –le decía el tío Kei.

-No –respondió le oji-azul.

-Si no quieres, lo haremos por las malas –lo retó Joel.

-Inténtenlo.

Joel, el tío Kei y Ariasu lo empujaron hacia la puerta para que hiciera lo que les había dicho, pero el muchacho se resistió aferrándose de todo lo que encontrara, entre ello, los marcos de las puertas.

-Bola de niñitas, ni siquiera pueden empujar a un mocoso –comentaba Brago.

-¡No soy ningún mocoso! –reclamó el chico.

-¡¿A quién les dices niñitas? –gritaron los hombres.

-Háganse a un lado –les ordenó.

El mamodo oscuro tomó a Adrián, lo levantó, lo arrojó por la puerta y después la cerró.

-Así es como arrastras a alguien en contra de su voluntad –señaló.

El chico ya estaba afuera y la puerta estaba cerrada, no había más remedio, lo hacía ya o se le iba la oportunidad. Llegó hasta donde estaba Cymbeline y se sentó a un lado de ella.

-¿Te aficionas mucho con la luna, eh? –dijo él.

-No es eso…es que me agrada la noche –respondió seria.

-Oye…yo quería…

-¿Sí? –preguntó volteándolo a ver.

-Te quería dar algo.

-¿El dibujo?

-No, otra cosa.

Sacó un pequeño estuche color negro con un moño dorado encima de él.

-¿Y esto qué es? –cuestionaba la castaña.

-Un detallito, espero que te guste. Te lo quería dar en tu cumpleaños pero falta mucho. Cierra tus ojos.

Ella hizo lo que le pidió. Él abrió la cajita y sacó una hermosa pulsera de oro fino con el nombre de "Cymbeline" grabado en ella. Tomó la mano de la chica y se la colocó en la muñeca. Todos los demás estaban viendo atentos y disimuladamente por entre las cortinas de una ventana, todos menos Brago, que yacía recargado con los ojos cerrados en una pared.

-Ya puedes abrirlos –le indicó.

Y así lo hizo.

-Oh, por Dios…¿qué se supone que es? –preguntó asombrada.

-Ya te lo dije, un pequeño obsequio.

-¡¿Pequeño? ¡Esto debió costarte una fortuna!

-Aaah no te preocupes…jeje…le tomé prestado dinero de una cuenta a mi papá, pero ya le mandé una carta explicándole todo, porque imagínate que llegase al banco a sacar dinero y encontrara que a su cuenta le falta.

-Sí, qué buen susto se llevaría. ¿Y cómo lo conseguiste?

-Oh bueno…le dije a tu papá que fuera a una joyería y que te lo hicieran. Y creo que hace juego con tu collar.

-No sé cómo agradecértelo.

-No es nada –aseguró el muchacho.

Ambos volvieron a acercarse, Adrián tomó suavemente el rostro de Cymbeline con una mano cuando…

-¡Sof!

Una ráfaga de aire les pasó por en medio haciendo que se apartaran.

-¿Ahora qué? –preguntó Joel desde adentro.

-Brago –lo llamó la peli-rosa.

-¿Dónde rayos dejaron los libros? –decía el mamodo.

-Creo que están en una bolsa…en la camioneta –respondió el tío Kei.

-Oigan, problema, problema, es la misma mamodo… -indicó Ariasu.

-Colette –habló Cymbeline en el exterior.

-Hola querida –contestó la mamodo.

-Hola Cymbeline –dijo también su compañera humana.

-Sheridan...

-¡Gou sof!

El ataque iba dirigido a los humanos, y Brago y Arashi no alcanzarían a llegar para detenerlo, pero algo, o mejor aún, alguie,n se puso en el camino creando una gran capa de humo, pero…¿quién habría sido ese alguien?


Wii, terminando el capítulo, sale me voy, se cuidan y ¡sayonara!