Ninguno de los personajes mencionados me pertenecen, salvo los que no conocen... los demás son propiedad de J. K. Rowling. Espero que les guste... aquí va!
Capítulo L
"Me alegra que estemos todos aquí presentes" – Anunció Dumbledore luego de que Hermione dejara de abrazar a Apolo. – "Creo que la mayoría de nosotros sabemos porque estamos aquí"
"Hoy será la iniciación de los nuevos miembros de la Orden." – explicó Minerva. Había una gran jarra de oro en una mesa pequeña en la esquina del lugar y varias copas del mismo material sobre la gran mesa. – "Molly ¿serías tan amable de decirles a los nuevos miembros que entren?"
"Claro Minerva" – Molly se acercó a la puerta por donde habían entrado antes Hermione y Harry y desapareció por ella. Poco después se la vio entrar seguida por un grupo de personas y Hermione no pudo evitar sorprenderse.
"Por favor, los nuevo miembros tomen una copa sobre la mesa, Hestia se encargará de servirles de la jarra. Hermione, Ron, Luna, Draco, ustedes también." – Sonrió Dumbledore.
"Abuelo, yo ya..."
"Esa era Guinibege, ahora eres Hermione" – Explicó.
Cuando todos tuvieron sus copas, Alastor desplegó un largo pergamino y comenzó a leer los nombres de cada nuevo integrante.
"Hermione Granger, Draco Malfoy, Ginebra y Ronald Weasley, Padma y Parvatil Patil, Ernie Macmillan, Justin Finch-Fletcley, Lavander Brown, Dean Tomas, Hannah Abbott, Susan Bones, Terry Boot, Katie Bell, Lee Jordan, Fred y George Weasley, Angelina Johnson, Alicia Spinnet y Blasie Zabini... Están aquí para formar parte de la Orden del Fénix. Deben jurar lealtad, compromiso y honestidad hacia ésta y su miembros. Aquellos que serán sus mentores y sus guías a partir de este momento y hasta que nuevos miembros sean elegidos." – Habló Moody seriamente. – "Por favor extiendan su brazo izquierdo y descúbranlo." – Todos los nuevos hicieron lo que los fue pedido y acto seguido Minerva, Alastor y Dumbledore se acercaron con las varitas para pronunciar el hechizo que les haría el tatuaje representativo de la Orden, un gran y hermoso Fénix.
"A partir de este momento son miembros de la Orden. Cumplan con su deber de protegernos entre nosotros y a aquellos sin nombres. Beban del elixir para sellar la admisión" – Completó Dumbledore.
Hermione bebió de su copa de oro aquello que parecía un líquido verdoso pero que no tenía más sabor que el agua. En cuanto terminó la ceremonia Harry se acercó a sus amigos que estaban con un cohibido Zabini.
"Hey Chicos, felicitaciones" – Sonrió abrazando a Hermione por la cintura y tendiendo la mano a los muchachos.
"¿qué se siente ser parte de algo importante Blasie?" – Preguntó Draco que sostenía la mano de Ginny fuertemente.
"Pues, me siento desubicado... todos estos Ravenclaw y Gryffindor. Es extraño estar entre ellos ¿No Draco?"
"Uno se acostumbra" – Le dijo para luego sonreírle a Ginny.
"Disculpen" – Dijo Hermione y se encaminó donde Dumbledore y Apolo. – "Abuelo, Apolo... Creo que tenemos que platicar sobre algo importante"
"¿Sobre que Guin?"
"¿Donde están los Potter, Nick, Sam y Kate?"
"Ellos están a salvo... pero creo que sí debemos platicar sobre ello" – Apolo miró hacia Dumbledore y este asintió. – "Guin. La guerra ha tomado otro rumbo. No solo nos estamos enfrentando a Voldemort, también al Primero"
"¿Qué podemos hacer?"
"Hay una sola forma de vencer al primero, pero para ello... debemos encargarnos de juntar a todos las reencarnaciones de los dioses."
"Espera, si Lily, Susan y tu están bien... tenemos a Artemisa, Demeter y Apolo, también estoy yo, que soy Atenea, y mi abuelo es Zeus..."
"Así que eres tú Zeus, nunca me lo habías dicho" – Le retó Apolo al anciano.
"Nunca me lo habías preguntado" – Le respondió sonriendo.
"El caso es que nos faltan los otros siete, bueno, seis. Porque ahora que recuerdo está también Afrodita... abuelo ¿No sabes donde pueden ser encontrados?"
"Solo hay una forma de buscarlos... la Fuente" – Explicó Apolo
"Deberé volver y tener una larga plática con la Emperatriz"
Hermione estaba sentada en uno de los sofá de la gran mansión Black ahora remodelada. Miraba la chimenea y observaba como sus dos pequeños dormían. Sonreía de vez en cuando mientras intercambiaba la mirada entre ellos y su libro grueso.
"Son unas bellezas, como su madre" – Escuchó decir detrás del respaldo del sofá. Ella se volteó reconociendo la voz perfectamente.
"Gracias" – Sonrió.
"Bienvenida princesa" – Le dijo mientras le besaba la mejilla.
"No dejarás nunca de llamarme así ¿verdad?" – Sonrió ella viendo como James se removía en la cuna y luego sentía como la otra persona se sentaba junto a ella.
"No. Debes aceptar que eres mi princesa. Y no hay forma de cambiarlo. Tú eres mi princesa, la reina de James, el ángel de Sirius y la gitana de Nick. Eso es así" – Sonrió nuevamente.
"Ay Remus, eres un encanto" – Lo abrazó y le besó la frente.
"¿Sabes? Te he extrañado muchísimo."
"Pero si he estado aquí desde los once, además, tu me conociste a los trece."
"Pero eras Hermione, no Guin, nuestra Guin" – Dijo tranquilo observando a los niños"
"Gracias Remus." – Le observaba detenidamente. El licántropo se volteó encontrándose con esa mirada penetrante y oscura.
"¿Por qué me agradeces?"
"Por todo lo que me dijiste esa vez, en la enfermería ¿Recuerdas?"
"No" – dijo disimulando. Pero perfectamente sabía a que se refería. Quizá no se recordaba exactamente todas las palabras que le había dicho, pero si sabía que se había abierto totalmente con ella. – "Algo" – Se sonrojó.
"Yo lo recuerdo muy bien"
Flash BackRemus se puso de pie y se dirigió a la cama de Hermione. Sentándose en el lugar que poco antes había ocupado Ron. Tomó la mano débil y pálida del a chica la besó delicadamente. Se cercioró que ninguna de las otras chicas estuviera despierta y dirigió luego la mirada a la más cercana.
"Guin." – comenzó él en un susurro. – "Se que las cosas no son como deberían ser... se muy bien, que no todo se puede desear en la vida y poder obtenerlo. Pero aún así estoy aquí luchando, y como tú, buscando mi felicidad" – Volvió a detenerse y observó el rostro angelical de Hermione. – "Esa noche fue muy especial para mi, princesa. El beso que nos dimos... éramos solo niños pero fue ese algo que necesitaba para sentirme completo y fuiste tu la que me lo dio. Amo a Kate y lo sabes, pero tu eres algo más especial, algo distinto en mi vida. Eres mi princesa de cuento de hadas. Eres la fuerza que me permite despertarme cada mañana y la que me dice que será un maravilloso día. La energía que me hace olvidar mi condición por momentos. Eres mi ángel de la guarda y eso no va a cambiar a pesar de la distancia." – volvió a silenciar, vacilando si seguir o dejar de hablarle – "te amo de otra forma y te amaré toda la vida, así como James y Sirius también lo hacen. Eres nuestro pedacito de esperanza, ese que nos brinda el calor que necesitamos para poder seguir adelante todos los días." – besó la mano de Hermione y luego su mejilla. Con esfuerzo se dirigió nuevamente a la cama y se dejó caer en ella.
Fin del Flash BackRemus estaba más que sonrojado. Nunca creyó que Hermione escuchara todo lo que el había dicho esa tarde. Sintió de pronto una mano sobre la de él.
"Moony. Tu eres mi príncipe de cuentos de hadas. Nunca lo olvides." – Miró al frente, a los niños. – "No estaba predestinado. De esta forma cada uno tiene una vida distinta pero ambos encontramos el amor..."
"Pero nunca podré olvidar tu amor Guin."
"Ni yo el tuyo." – Se quedó en silencio y se puso de pie para poner el libro en su lugar. No sentía la presencia de nadie, cerca y se volvió a sentar junto a Remus. – "Eres tan especial que no podías esta con alguien normal. Kate es la indicada para ti." – Se acercó a él y sorprendiendo a Remus le besó ligeramente en los labios. Remus quedó sorprendido pero no dijo nada. Solo se le quedó observando como sonreía. – "Si se lo cuentas a alguien te cazo" – Le burló y se acercó a los niños.
"No te preocupes, no tengo intenciones de perder la vida tan prontamente" – Sonrió igual y se puso de pie. –" Tengo que volver a Hogwarts."
"Vete" – Le saludó.
Estaban todos los chicos esperado el expreso a Hogwarts para volver a los últimos dos meses de clases en el colegio. La mayoría cursaban el último año y otros volverían el siguiente año. Harry esperaba sentado en su baúl para que llegara el tren. Por alguna razón se había retrasado así que estaban todos los nuevos miembros de la Orden haciendo tiempo hasta que llegaran.
"no quiero irme" – Se quejaba Hermione.
"Vamos, es la primera vez que te oigo decir algo así" – La burló Ron.
"No quiero dejar a Lily y James en la casa"
"Vamos Mione. Mis padres los están cuidando. No te preocupes." – Le dijo Ginny abrazándola por los hombros.
"Además, solo quedan dos meses y volvemos a casa, vida" – Le dijo Harry desde el baúl.
"Harry¿Puedes venir?" – Le llamó Draco desde el otro lado junto con Zabini.
"Voy" – Les respondió – "Enseguida vengo. No me extrañen"
"Sí, claro" – Se rieron todos.
"¿Qué pasa Grim?"
"¿tienes todo listo para el gran día Tagus?" – Preguntó el rubio recibiendo una sonrisa de parte de Harry.
"Por su puesto. Lo haré el último día de clases"
"¿Crees que lleguemos?"
"Tu no sé. Nosotros claro que sí" – Se burló el morocho.
"Muy gracioso. Ve con tu querida novia que se está preocupando."
"Bah, me quiere demasiado. Por eso se preocupa. Es la diferencia entre nosotros y Ginny y tu."
"¿quiénes un duelo Potter?" – El tono había cambiado a uno retador pero la mirada era la misma, cálida y fraternal.
"Cuando quieras. Pero intentemos hacerlo fuera de la vista de las damas"
"¿tienes miedo que Hermione sufra?"
"Para nada. Tengo miedo que Ginny luego me ataque, por dejarte hecho trizas" – Se carcajeó y lo abrazó por los hombros. – "Zabini, Zabini."
"¿qué pasa Potter?"
"No se como puedes ser amigo de este aristócrata tanto tiempo. Yo ya quiero mandarlo al diablo"
"Hace tiempo que tengo los mismos pensamientos"
"Sï, pero no pueden. Tú, porque no sabrías que hacer sin mí y tu porque sabes bien de lo que es capaz de hacerte Ginny si piensas siquiera en algo contra mi hermosa y perfecta persona"
"Ya no te soporto Grim" – Sonrió y se volvió con los demás, escuchando la carcajada de Draco ante la reacción de Harry.
"Guinibege" – La aludida se volteó encontrando así a una muchacha d cabellos color arena y la piel bastante tostada. Sus ojos, sin embargo eran del color del petróleo.
"No puede ser" – susurró ella observando detenidamente a la mujer de unos treinta años. era hermosa, y tenía en su mirada un brillo especial. – "No puede ser"
"Hola, amiga" – Las dos se abrazaron fuertemente. Hacía tiempo que se habían dejado de ver. O por lo menos, tiempo desde que la adulta había dejado de ver a Hermione.
"Estás viva... es, me alegro tanto"
"También me alegro que tu estés bien. Sev me contó todo."
"Ese entrometido no puede mantener la boca cerrada un segundo"
"¿Crees que yo le permitiría que me ocultara algo a mi? Ni en sueños amiga" – Se sonrió.
"Me alegro tanto que estés bien, Merle"
"También lo estoy. Pero casi no lo logro"
"¿Cómo?"
"Ha habido un ataque en el EGEO. Tu padres y yo casi no lo logramos. Pero llegamos a tiempo para refugiarnos en el palacio."
"¿Y los demás?"
"Hubo muchas muertes...ese sujeto que asecha entre los magos y brujas entró en la isla en busca de El Primero."
"Maldito Tom" – Murmuró Hermione.
"Te necesitamos, Guinibege"
"¿A que te refieres?"
"Albus fue donde la Emperatriz. Se están encargando de encontrar a todos los dioses. Necesito que vengas conmigo"
"¿qué se supone que debemos hacer?"
"Se trata de un antiguo hechizo. El mismo que logró dejar encerrado a El Primero hace tiempo ya."
"Y se necesita de todos los dioses para hacerlo"
"Así es" – Dijo asintiendo. Hermione se volteó para donde estaban los demás. No habían notado que ella estaba fuera del grupo. Que actualmente se encontraba platicando con una completa extraña para ellos. Una lágrima rodó por su mejilla.
"Debo decirles"
"¿A quienes?"
"A ellos" – dijo Hermione señalando al pequeño grupo.
"¿quiénes son?"
"Mi familia" – Sonrió la chica.
"Pues entonces vamos a decirles..."
"No. Tu ve a la isla. Yo iré al colegio y les diré allí. No te preocupes. Iré en cuanto pueda."
"No podemos perder tiempo. Es necesario que esto termine cuanto antes. Tanto el mundo mágica como el muggle y el EGEO están en juego"
"Sin presión ¿eh?"
"Sin presión" – Sin saber como , la mujer desapareció.
"Mione ¿Quién era?"
"Era... una vieja amiga" – Sonrió distante. Debía ir. Claro que debía hacerlo. Pero eso involucraba encontrarse con sus amigo de antaño. Los merodeadores estaban allí y también las Peregrinas"
Esa noche, en la cena todos estaban muy animados. Platicaban emocionados. Algunos en secreto sobre la nueva oportunidad en la Orden. Otros emocionados por el inicio de las clases del ED. Otros tantos, alegres de estar terminando el curso escolar, y todo esto sumado a la presión de los exámenes.
Sí, Hermione no tenía de que preocuparse. Salvo de salir de allí, directo al EGEO para realizar un antiguo y casi desconocido encantamiento para encerrar nuevamente al aliado de Voldemort. Aquel que podía adaptar la imagen de cualquier persona muerta y tenía miles de seguidores casi deformes. Encontrarse con aquellos que se suponía estaban muertos y hacerle frente al hecho de que solo tenía diecisiete años y había vivido más que cualquiera en toda una vida.
Harry también estaba en silencio. No era fácil vivir con la conciencia llena de nombre, personas reconocidas para él y con la idea de tener que salvarlas a todas ella y a todos aquellos que ni siquiera él conocía. Además que estaba el hecho que era esposo y padre, con solo diecisiete años. Bueno, en eso no estaba solo, pero estaba seguro que Hermione no pasaba por los mismo problemas con respecto a eso, que él. Tenía bajo su mando, a casi ciento cincuenta chicos que esperaban que él les enseñara todo lo que sabía y no defraudarlos. Además que no tenía que defraudar a su mentor, Dumbledore y mucho menos a sus amigos, Ron, Draco, Ginny y Luna, o Remus y Minerva McGonagall. Diablos, esto de ser adolescente parecía mucho más fácil cuando no lo era.
Ginny estaba muy meditabunda hacia un tiempo. Estaba aterrada por el hecho que tenía todas las de perder. Todos sus seres queridos estaban dentro de esta maldita guerra. Sus padres, hermanos, amigos y el amor de su vida, Draco. Además que ni siquiera había terminado el colegio. Si lo hubieran dicho, cuando tenía diez, que sería apresada por el recuerdo de Voldemort, que conocería al grandioso Harry Potter y estaría enamorada de él pero luego se convertiría en una amiga muy cerca de él por solo ser la hermana de su mejor amigo, enamorarse de Draco Malfoy y encima participar de una guerra tan importante, pues, lo hubiera jactado de loco desquiciado. Sin embargo uno nunca sabe los idas y vueltas de la vida.
Las cosas habían dado un drástico cambio en la vida de Draco. Todo había sido tan repentino, tan radical, tan... extrañamente posible. Nadie le había dicho que en tan solo un año él iba a poder conocer personas tan distintas a él y que serían aquellas que le hicieran ver el lado bueno a la vida. Ginny, le enseñó lo que era amar de verdad. Harry, lo que era la amistad y Ron la confianza. Luna le dio la oportunidad de ser él mismo y Hermione, bueno. Ella aún no lo sabe pero ella fue la más hizo por él. Sí, esa noche cuando entró a la enfermería todo fue más que claro para él. Su padre se veía tan humano allí, platicando con ella. Claro que sabía que estaba en la enfermería. Él lo había visto entrar escabulléndose y los había oído platicar. Pero entonces no supo porque los interrumpió. Sentía que debía ver el rostro de aquel que en el futuro sería su padre y reconocer en esa persona a alguien que jamás pensó en conocer. Lucius, solo Lucius. Se los agradecería de por vida. A todos ellos.
Ron estaba preocupado. Sabía que algo no estaba bien. De vez en cuando se sentía desplazado por sus dos mejores amigos. Aún cuando no eran pareja, Harry que era el valiente y Hermione la inteligente y conocedora de todo. ¿Y él¿Acaso nadie nunca pensó en él? No había brindado nunca nada. Se peleaba constantemente con Hermione, desconfió de Harry en el cuarto año aún cuando este le juró y perjuró que no había sido él quien había puesto su nombre en le cáliz. Siempre fue temeroso. Las arañas lo aterran, aún hoy, y ni hablar en nombrar al, Señor Oscuro. Aún le cuesta hacerlo. Y aún así, después de todo lo que sucedió en estos siete años de escuela, en estos siete años de aventura tras aventura. Nada había cambiado. Aún seguían siendo el trío dorado para Dumbledore y la mayoría de los profesores. Seguían siendo aquellos que se meten en problema tras problema. Los que solucionan muchas cosas a pesar de tener inconvenientes y terminar recurriendo a Dumbledore. Y a pesar de todo, se seguía preguntando si él era alguien importante en el Trío, si tenía algún rol especial, como Harry o Hermione.
Luna nunca pensó que algún día tendía amigos de verdad. Claro que todos se burlaban de ella, con nombres como 'lunática' pero nunca le había importado. Tampoco creyó que Ron, le había siquiera prestado algo de atención. La única que había sido, en algunos momentos su aliada había sido Ginny pero no siempre había estado allí con ella. Pero ese año, en su cuarto año, cuando finalmente conoció en persona a Harry Potter, no pudo creerlo. Le costó no mirar la cicatriz de su frente pero ella muy bien sabía lo que era llamar la atención y que todos te miraran raro. Ela también era humana. Pero día, todo cambió para ella. Luego de ese día llegó Hermione con Ginny para decirle acerca del ED al que sin dudarlo pensó en participar. Las acciones de Umbridge para con Harry le habían hecho sentirse muy mal pero luego cuando los apresaron y se escaparon hacia el ministerio. Allí fue cuando todo cambió para siempre. Y ahora, ahora era finalmente parte de algo. De algo importante. Tenía a sus amigos, verdaderos amigos en quien poder confiar y apoyarse si se derrumbaba pero en especial, lo tenía a él. Ron es su pilar y daría y haría l oque fuera por él.
Dumbledore observa a diferentes direcciones pero Minerva y Remus que se encontraban a su lados lo pudieron notar. Sabían específicamente donde observaba y a quienes. Eran ellos los que estaban destinados a salvar el mundo. Lo sabía a la perfección. Coraje, inteligencia, lealtad, corazón, amistad y pasión... Harry, Hermione, Ron, Ginny, Luna y Draco. No había vuelta que darle, no había de otra forma. Albus escuchó el resto de la profecía cuando estuvo en el templo de Apolo, la había escuchado completa y no podía ser de otro modo. Ellos serían los héroes de esta historia, de esta hazaña, de esta vida.
