Advertencias

Nada relacionado con la maravillosa mini-serie Band of Brothers me pertenece, salvo los OCs que aparecerán.

NO soy escritora, esto es por diversión. Estoy abierta a cualquier duda o crítica fundamentada y respetuosa.

El hilo de la trama se basa en el de la serie, de este modo, escenas, diálogos, etc, pueden estar inspirados o tomados de ella. Otras muchas cosas son ficción y surgidas de mi imaginación.

Esta historia puede contener violencia y lenguaje soez, así cómo escenas de carácter sexual subidas de tono.

Aunque esta historia surge del entretenimiento, no pretende ofender ni herir a nadie al tomar nombres y personajes que realmente existieron, ni al revivir acontecimientos históricos, ni al inventar cosas que jamás sucedieron

Capítulo 53

La casa número 12 de aquella calle de Landsberg estaba totalmente a oscuras y en silencio cuando Victoria llegó a ella a altas horas de la madrugada, sabiendo que a pesar de su gran cansancio por el duro día de trabajo, no podría dormir después de lo que habían visto en aquel campo.

La morena entró despacio, encendiendo un mechero que llevaba en uno de sus bolsillos para ver en la oscuridad y poder dirigirse a su habitación, molestando lo mínimo posible a los compañeros que dormían en los sofás del salón.

Victoria apagó el mechero tras haber subido la escalera, avanzando a oscuras hasta la habitación que la habían asignado. Una débil luz salía hacia el pasillo por la pequeña rendija que quedaba al estar la puerta del cuarto entornada, lo que hizo que la joven arrugara el ceño con extrañeza.

Por un instante la española sintió un nudo en la garganta cuando le vino a la mente el nombre de Ledger, pero se obligó a deshacerse de cualquier idea nefasta y caminar sin miedo hasta el lugar, abriendo despacio para enfrentarse con quién estuviera allí.

-Hola. –Susurró con alivio y una sonrisa al ver a Roe sentado sobre la cama. El médico se levantó rápidamente para encararla con un deje de preocupación en su rostro.

-¿Cómo estás?

La chica sonrió débilmente al vislumbrar su interés por ella, patente en su característico ceño fruncido y mandíbula ligeramente apretada. De inmediato sintió ternura y gratitud. Victoria se acercó despacio al doctor y lo abrazó con cariño, apoyando su mejilla contra el hombro de Roe.

-Ha sido horrible ver todo eso y estar en el hospital. Pero estoy bien –Respondió mientras se alejaba de él, sintiéndose mejor al tenerlo cerca. -¿Tú como estás?

-Asimilándolo también. Como todos.

Eugene esbozó una débil sonrisa tras su comentario, haciéndose el silencio al instante. Sabía que la española tendría mil cosas en la cabeza tras haber encontrado en ese horroroso lugar a un viejo amigo, que a su vez habría traído consigo de vuelta una tempestad de imágenes y dolor, pero el moreno dudaba en preguntar sobre el tema ante la nula mención de este por parte de la chica. Finalmente se lanzó a ello, encontrando en la muchacha una expresión demasiado pensativa y seria, la cual delataba su necesidad de apoyo.

-Victoria, no quisiera meterme donde no me llaman, pero sabes que puedes contarme lo que sea. No puedo imaginar lo que debe ser descubrir a alguien a quien quieres en un sitio así. Lo siento. –Agregó tras un segundo de silencio.

La chica inhaló aire profundamente para sentarse en la cama, mirando con una dulce sonrisa a Eugene, instándole con un gesto a que se sentara a su lado antes de hablar.

-No se me ocurre nadie mejor para reconfortarme que tú, en cualquier circunstancia. Siempre eres muy generoso, gracias. –Dijo para dejarle claro que no le molestaba que hablara sobre lo sucedido. Él sonrió levemente.

-No tienes que dármelas. Si quieres podemos hablar mañana, pareces muy cansada.

-No, estoy bien. Necesito sacar esto de mi cabeza. Ha sido horrible encontrar allí a Miguel en esas condiciones. Llevaba allí encerrado casi tres años por ser de la resistencia republicana exiliado en París. Los nazis se lo llevaron junto con su mujer, Ana. También era amiga mía. Miguel dice que debe estar muerta porque le detectaron una dolencia en el corazón antes de que se los llevaran.

-Lo siento –Susurró Roe mientras agarraba una mano de la chica suavemente, volviendo a hablar cuando ella lo miró. -Piensa que él ha sobrevivido y podrá empezar de cero. Te tiene a ti ahora.

-Sí –respondió la chica con una sonrisa, apretando la mano de Roe-. Le he dado los datos de la compañía para que me escriba y podamos estar en contacto. Cuando he estado hablando con él sobre el pasado en España, la vida de nuestros amigos después de que yo me fuera, he sentido tantas cosas diferentes... La alegría de saber de los que continuaron luchando y sirviendo de ayuda a los nuestros como enlaces, y de los que escaparon. También fue como una sensación de no estar sola, ¿sabes? Tener a alguien de mis raíces, que ha pasado lo mismo que yo, pero eso en parte es lo que ha traído lo malo. Todo el pasado y los recuerdos. Es como volver a verlo todo pasar por la mente. –Agregó con un murmullo, buscando la mirada de Roe con el dolor palpitante en el pecho. -Tengo miedo de no poder superarlo. Quiero recordar a mi familia, mis amigos, mi ciudad... Pero bloqueo todo lo relacionado con ello porque a pesar del tiempo la herida no cicatriza, sigue sangrando. Ni siquiera han desaparecido las pesadillas. ¿Y si nunca puedo volver a recordarlos, y termino recluyendo los recuerdos para dejar de sufrir? Bueno, para fingir que ocurre.

Eugene apretó los labios con impotencia mientras observaba a Victoria apartar momentáneamente la vista para limpiar una lágrima que recorría su mejilla izquierda, buscando las palabras y el consuelo necesarios para ella, que sin duda sabía no existía ante tal tragedia.

El moreno agarró las manos de la chica, haciendo que esta volviera a mirarlo, clavando sus ojos azules en los marrones de Victoria. Quería hacerle llegar todo el amor y ganas de protegerla de sus monstruos, era una necesidad para él después de todo lo que ella lo había ayudado en el pasado.

-Victoria, eres de las personas más fuertes que he conocido, y aunque no es nada fácil, lograrás superar esa fase. Ellos estarán en tu memoria de la forma en que necesitas. El dolor se mitigará con el tiempo.

-Intento poner actitud para ello, te lo juro. Además que desde que estoy con vosotros todo es mucho más llevadero. Pero sintiéndome así soy inútil, no puedo ayudar a los que me necesitan porque no tengo fuerzas y...

-Siempre has ayudado a todo el mundo muchísimo, y lo sigues haciendo sin fallarle a nadie –le interrumpió el hombre, posando una mano en su mejilla-. Victoria, deja que cuiden de ti. Tómate un respiro.

-Sí, tienes razón.

Roe asintió al comentario de ella, sonriéndola con ternura mientras la atraía hacia su pecho y la abrazaba con cariño y calidez.

-Yo voy a cuidarte. Siempre estaré cuando me necesites, ¿de acuerdo? Ya no estás sola.

-Gracias. –Susurró la española aún entre sus brazos, hablando de nuevo al deshacer el abrazo. -Oh, Eugene, te quiero tanto... Nunca podré devolverte todo lo que haces por mí.

-Ya lo has hecho –respondió con una sonrisa amplia-. Tú me salvantes primero a mí de mi crisis, ¿recuerdas? Fuiste como una bendición caída del cielo, y rezo cada día desde entonces porque Dios te mantenga a mi lado, porque eres todo lo que necesito para seguir. No quiero hacer otra cosa que no sea cuidarte y mantenerte a salvo de todo para agradecerte a ti y a Dios que sigáis siendo tan generosos conmigo.

La morena se acercó despacio para besarlo en los labios con todo el amor del que fue capaz, con la respiración entrecortada por sus palabras, viéndose por primera vez rezando a cualquier cosa superior y tejedora del destino para poder estar con él para siempre. Nunca había conocido a un hombre tan dulce como aquel, reparador para ella como el mejor bálsamo. Roe era su personal definición de ángel.

-Te has quedado hasta tan tarde sólo porque sabrías que estaría así. –Dijo Victoria con algo más de ánimo, mirándolo a los ojos.

-Sí. Te dije que iba a cuidarte –añadió esbozando una sonrisa. -He podido descansar algo, llegué antes. Tú deberías dormir, últimamente estás descansando muy poco, Victoria.

-Lo voy a intentar, aunque no es la mejor de las noches para ello.

-Lo sé, pero debes hacerlo. Yo estaré justo al lado, tranquila.

La española le devolvió la sonrisa suave, pero no pudo reprimir el miedo de la amenazadora soledad cuando el chico amagó con levantarse para dejarla descansar. Victoria habló en cuanto Roe estuvo de pie.

-Eugene. No quiero que tengas problemas por mi culpa, pero... Quédate conmigo por lo menos hasta que me duerma, por favor.

-Claro. –Respondió con una sonrisa llena de ternura, recordando como al comienzo de aquello, él le había pedido lo mismo cuando pasaba por horribles momentos en Bastogne.

El médico volvió a sentarse en la cama cuando Victoria se hubo tumbado de costado, contemplando como él se colocaba a su lado con suavidad. Fue entonces cuando la cirujana se abrazó a su cuerpo, suspirando con alivio al sentir su pánico disminuir.

-Gracias.

Roe no respondió, simplemente acarició el cabello suelto de la joven y la apretó contra sí mismo a la luz de una sonrisa satisfactoria por hacerla sentir mejor.

Todo vino de golpe a su mente; Jamás habría imaginado que todo aquello pudiera haber sucedido, en un lugar lleno de horrores y muerte había encontrado el amor, y una felicidad que no pensó sentir. Una fuerte oleada de gratitud lo invadió mientras apretaba más a la joven contra sí mismo, hablando en un susurro al sentir aquel impulso de demostrarlo.

-Victoria, te quiero.

La morena deshizo su postura para poder mirarlo, respondiéndole tras una leve sonrisa para después pasar a besarlo de forma lenta.