Planetarium del Cometa — Capítulo 51: Enganchados
—Por los juguetes baratos; Buenos días y buena semana, mis monigotes.
Leyendo la carta del sobre plateado de esta semana, Sonic es el centro de atención para desvelar la prueba semanal. Link y Peach están detrás del erizo, de pie, mientras los pocos demás permanecemos en la mesa sentados.
—Todos o gran parte de vosotros habéis jugado y malgastado vuestros ahorros en esas míticas máquinas de peluches donde por tan solo una moneda podíais disfrutar de juguetes y premios… ¡siempre y cuando fuerais hábiles!
Aunque haga memoria no recuerdo haber probado ninguna. Es cierto que he visto muchas en las ferias anuales que hay en la Ciudadela de Hyrule, pero a mí no me es permitido ir a jugar con los niños.
—Si queréis que esta prueba se califique como superada, tendréis que sacar entre todos cuatrocientas veinte bolas de dentro de las máquinas con el gancho. Para incentivaros a cumplir la prueba con creces, os dividiréis en dos equipos que competirán para ver, en la próxima gala, cuál de los dos ha logrado mostrar más mano con dicha tarea. Esto no acaba aquí —Sonic hace una pausa porque se cansa de leer.
—¿Quieres que siga yo? —pregunta Link.
Sonic se lo agradece y Link toma la responsabilidad. El erizo tiene cara de haber dormido fatal, aunque la duda queda en si ha sido porque su espalda no se ha acostumbrado a la nueva cama o por la expulsión de su acosadora.
—Esto no acaba aquí —Link sigue—, pues para poder jugar deberéis pagar un precio como en todas las máquinas de peluches. Cada intento requiere dinero, y solo algunas de las bolas que tendréis que conseguir guarda en su interior un papel con un número. Dicho número son las monedas que recibiréis por premio y que tendréis que ir a cobrar a la biblioteca.
—¿Y si nos quedamos sin monedas?
Link hace un gesto para indicar que esa pregunta se resuelve a continuación en la carta:
—Si sois lo suficientemente torpes os podéis quedar sin nada que dar a la máquina para poder jugar. En ese caso se tendrá que acudir a la biblioteca para pedir un pequeño préstamo, aunque este debe ser devuelto con intereses.
Esta prueba tiene bastante más elaboración, se tiene que admitir.
—Por último, el equipo que tenga más esferas se proclamará ganador del duelo. Solo los integrantes de dicho grupo recibirán un premio que puede salvarle la vida en este concurso.
Todos necesitamos ese premio pese a no saber qué es. Recogemos todo lo que hay sobre la mesa y limpiamos la zona antes de ir todos juntos al ático mediante las interminables escaleras. Abrimos la puerta del ático para quedar petrificados ante las dos máquinas de peluche: Son extremadamente grandes. No tienen pinzas y los controles no solo se basan en una palanca y un pulsador.
—Buenos días, concursantes —nos recibe la Voz.
—Esto es muy grande, ¿no? —pregunta Peach.
—Y están rotas —dice Ike refiriéndose al detalle de que no hay gancho.
—Están en perfecto estado —nos hace callar—. Para comenzar tendréis que dividiros en dos grupos de cinco personas.
Lo tenemos fácil gran parte de nosotros. Midna, Kirby, Peach y yo formamos un grupo; La parejita, Sonic y Lucario otro.
Tan solo faltan por decidirse Link y Pit.
—Ve tú con ellos, Pit —dice el rubio señalándonos.
—¿No prefieres…?
—Estaré bien aquí.
Link se queda con el otro grupo y ordena al ángel que se nos una.
Midna me mira con la misma cara de sorpresa que tengo yo.
—Después le diré cuatro cosas a ese idiota —susurra.
Finjo no escuchar eso y nos enseñan los controles de las máquinas: Hay cuatro botones para controlar el movimiento de la supuesta garra y un quinto para ordenarle que baje a por el premio. Principalmente pensamos que cada botón es para un miembro de cada equipo, pero después nos desvelan que solo cuatro estarán operando los controles y que el concursante restante deberá actuar como garra mediante un traje de una sola pieza que se conecta por un gancho a los cables del interior de la cabina.
—Una última norma, chicos. Los equipos no pueden jugar a la vez, así que deberéis acordar horarios para poder tener las mismas horas diarias sin coincidir.
Seguidamente nos dan treinta monedas a cada equipo, lo que equivale al mismo número de intentos. Cada jugada vale una moneda, aunque no nos aseguran que cada día permanezca el mismo precio.
—¡Me pido primero para ser el gancho!
Pit sabe bien que el que se ofrece de garra no tiene que hacer nada más que indicar a los demás lo que deben hacer. No se exige ningún tipo de habilidad para ocupar este puesto, aunque sí que hay un inconveniente en nuestro equipo:
—Kirby, tú no te puedes poner ahí dentro —comenta Peach mientras Pit se pone el traje.
—¿Por?
—A ver, ¿cómo te digo esto…?
—Eres redondo —dice Midna conservando una expresión seria.
Kirby no podría tomar ninguna esfera del interior de la máquina principalmente porque son casi iguales que él, así que no tiene el suficiente margen con sus cortos brazos para tomar una de ellas.
—Bueno, realmente eso no importa —dice Kirby despreocupado—, en el otro equipo no creo que Samus se cuelgue teniendo la pierna como la tiene.
Así que ambos grupos tenemos una plaza fija en los controles. Eso es bueno saberlo.
Empezamos con los primeros intentos de calentamiento. El botón que se me ha asignado es el que ordena al cable conectado con el traje de Pit que se mueva hacia la derecha. Estoy al lado del pulsador que se mantiene libre, así que cuando los demás lo ven oportuno dejo caer mi mano en él y Pit desciende hasta topar con una bola. Esta, pero, está encajada entre otras más y no se deja coger por el ángel.
—Vale, a por esa no tenemos que ir. Seguimos con el otro lado de la cabina, venga.
Midna toma el control de la situación extremadamente rápido y muestra una faceta suya que no habíamos visto casi nunca; una combinación entre la twili y el orden. Seguimos sus indicaciones y logramos depositar en la trampilla catorce pelotas durante toda la mañana. Terminamos con varios papeles que canjear en la biblioteca y que entre todos suman veintidós monedas.
—Ya voy yo a cambiar esto —digo yo con las tarjetas del tamaño de un folio en la mano.
Llego a la biblioteca tras dejar a mi equipo en la mesa a punto de comer. Una vez tomo el pomo y lo giro veo que la puerta está cerrada.
—Estará ocupado... —me susurro a mí misma.
Espero un rato hasta que escucho un pestañeo en el cierre de la entrada y esta se abre.
—Perdón, ya puedes pasar —dice Sonic tratando de ocultar unas evidentes lágrimas y alejándose de mí.
Entro sin darle vueltas a lo que acaba de pasar, pues sé que tampoco tengo la información necesaria como para juzgar al erizo.
—Buenas, Zelda.
—Hola —suspiro.
En la biblioteca hay un cajero automático en lugar de un televisor. Espero que para la próxima gala lo hayan cambiado, porque se tiene que decir que es muy feo.
—¿Dónde dejo esto? —pregunto alzando los papeles.
—Mételos por la ranura de la máquina y espera al cambio.
Hago lo que me ordenan y me siento en el sofá a esperar.
—¿No hay nada que quieras contar aprovechando esta espera?
—No, estoy bien —digo sin dudar.
Hay concursantes que se desahogan en la biblioteca rutinariamente, pero yo suelo contar mis problemas a mi grupo de amigos. De hecho, mientras van cayendo las monedas, empiezo a pensar que me han hecho esperar por si me podían sonsacar algo.
Tomo nuestras veintidós monedas doradas y se las doy a Kirby al llegar. Puesto a que hemos decidido que él nunca actuará como garra, se ha ofrecido como tesorero.
El plato está caliente en la mesa y comienzo a comer junto con los demás. Tan solo estamos mi grupo de prueba semanal; Samus, Ike, Sonic, Lucario y Link están en el ático tratando de superar nuestra marca.
—¿Y lo de Link? —saca Midna el tema— Eso no es normal.
—Yo ya no digo nada —me resigno.
—¿El qué?
Pit no está muy metido en la situación.
—Que Link y Zelda se gustan, pero ninguno de los dos se atreve a dar el paso porque la ley doscientos diecinueve barra 18XX decreta que el gobernante del reino no puede mantener relaciones amorosas durante su mandato. Desde hace un par de días o tres Link está más distante y es una rallada total —cuenta Midna sin ningún tipo de filtro.
—Link y yo no nos gustamos —corrijo principalmente, pero todos menos el ángel me lanzan una mirada de discrepancia—. Es decir, que Link nunca me ha dicho que yo le guste o algo por el estilo.
Peach aporta su granito de arena:
—Bueno, y que Link no ha dejado de acercarse a nosotros por esto. Si está así de frío con nosotros es por mi culpa, porque hace unos días nos peleamos en una de esas salas de descanso y desde entonces no nos hemos vuelto a dirigir la palabra.
Pese a no saber si es cierta, defiendo esa teoría por la cuenta que me trae afirmando con la cabeza.
—Menudo lío tenéis montado. Los sentimientos de Zelda y de Link ya los sabía, yo vengo de un montón de galas en plató, aunque esto de que estéis distanciados ya es otra cosa —Pit sigue comiendo tras eso.
Hay un silencio bastante incómodo.
—Es decir —Midna se centra en la mirada del ángel—, que según tú "ya sabías los sentimientos de Zelda y Link" como diciendo que el amor es mutuo, ¿no?
La astucia de la pelirroja me enrojece. Pit para de comer analizando la situación por si ha dicho algo que no debía. Aun así, disimular no es su fuerte:
—Yo no puedo decir nada del exterior.
