Disclairmer: Tanto la historia como los personajes me pertenecen, cualquiera que quiera publicarla en otro sitio necesita de mi autorización. Este fics también está publicado en Potterfics.
Summary: Priscilla Witman, una chica con un poder excepcional que odia, siente que su vida es un asco, pero no podía estar más equivocada. Luego de conocer a Benjamin Rusin su mundo se quiebra para dar lugar a una pesadilla de la cual no sabe si podrá escapar. La única certeza que tiene es que su don la ha conducido a aquel destino desalentador. T por escenas de violencia.
Capítulo 43: Lo inesperado
Todo lo que me rodeaba dejó de tener importancia, estaba contemplando a Benjamin, tan hermoso como siempre lo había sido, con el cabello rubio despeinado y tan pálido como la cal. Sus ojos color ocre, templados por la sed, me miraron por un segundo, con tristeza y desesperación; luego bajó la mirada hacía el suelo, unos cuantos pelos rubios ocultaron su rostro.
Sólo fue un segundo en el cual no recordaba casi donde estaba, siquiera los vampiros a nuestro alrededor. Contemplé a un despellejado Benjamín con las prendas rotosas y sucias mientras que su piel blanquecina seguía intacta. Era como ver a un guerrero vencido.
Volví a la realidad en cuanto vi como las manos largas y finas de Ingrid se posaban en la espalda del vampiro. Ella me sonreía.
-Como te prometí, Benjamín está sano y salvo- su voz angelical y malévola al mismo tiempo me traspasó los huesos. Tragué en seco.
Quería decir algo ingenioso para poder ganar tiempo, debíamos salir de allí como fuera pero Benjamín se veía muy reacio a cooperar, siquiera me miraba. Volví a mirar hacía el ventanal roto que había contemplado antes para escapar, cosa que ahora no podría.
-Sólo te pido una cosa a cambio de otra, es un trato muy justo ¿No te parece?- comentó la vampiro acercándose a mí. Me abstuve de dar un paso hacia atrás.
-¿Y Tiffany?- susurré con la voz entrecortada por la impresión que me había causado ver al ser más increíble para mí desmoronarse sobre el suelo mientras lo sujetaban dos sirvientes por los brazos.
Ingrid caminó hacía una de las columnas más próximas mientras daba resoplidos.
-El trato es un vampiro por tu eterna alianza conmigo, nunca hablé de que hubiera otro- siseó y se apoyó en al mármol como si estuviera cansada de estar parada- la señorita Rusin desobedeció deliberadamente una orden mía, por lo tanto recibió el castigo que todos los traidores reciben. La muerte- dictaminó muy pagada de sí misma mientras se le agrandaba la sonrisa de dientes perfectos.
Me faltó el aire al escuchar lo que las indiferentes palabras de la mujer decían. Tiffany. Miré a Benjamín pidiéndole con la mirada una súplica de que aquello no era verdad pero este seguía con la mirada clavada en el suelo sin mover siquiera un músculo para contradecir a su ama.
Los vampiros que se encontraban en el salón no parecieron afectados por el comentario de su jefa, siguieron mirándonos de hito en hito a Benjamín, a Ingrid y a mí.
Retrocedí unos pasos hasta dar con una columna, del lado opuesto al de Graff Weissbeck y la ventana rota, necesitaba un lugar en donde sostenerme o caería al suelo, las piernas me temblaban y sentía como el sudor frío bajaba por mi espalda. No dejé que las lágrimas cayeran por mis mejillas y respiré hondo para mantener la compostura.
A pesar de toda la historia que había tenido con Tiffany me dolía el saber que había acabado por culpa mía estaba completamente segura de por qué la habían matado, ella me había telefoneado desde quien sabe donde para advertirme que el vampiro llamado Peter me buscaría. Mi cerebro hizo muchas conexiones a la vez. Ella había llamado por qué a Benjamín lo tenían encerrado y con un cuestionario lleno de preguntas en la mano para descubrir en donde me encontraba, aquello había distraído a Ingrid y Tiffany vio la oportunidad de avisarme… cosa que no sirvió de mucho ya que al fin y al cabo había terminado en el mismo lugar que ellos.
Antes de volver mis ojos a la majestuosa vampiro que tenía enfrente mi mente repasó el hecho de que Serena debía estar al tanto de que Tiffany había muerto.
-¿Cuándo fue?- pregunté.
Ingrid no respondió al instante como yo había supuesto si no que se sorprendió de mi pregunta y vaciló.
-No te incumbe- dijo al final con irritación.
Fruncí el ceño no sabía por qué la había hecho enojar pero no debía volver a hacerlo ya me había dado suficientes sorpresas en tan poco tiempo como para querer volver a sufrir otro ataque.
-Libérelo- pedí mirando a Benjamín.
-Todavía no, querida- contestó, ahora sí, al segundo- primero lo primero…te transformaré.
Sentí mi corazón saliendo de mi pecho al escucharla, latía con fuerza queriendo salir de su cavidad. El pulso se me aceleró, los vampiros lo notaron también ya que sus ojos se tornaron más oscuros, y lo sentía en mis oídos.
-¡Oh, me olvidaba!- saltó la mujer abriendo los ojos y levantando un dedo largo y fino con la uña blanca- traigan a la otra humana- pidió y dos vampiros salieron por la gran puerta del salón.
Caroline. Se me había olvidado por completo que ella iba conmigo en el coche que se estrelló ¡Siquiera sabía si estaba con vida! ¿Dónde la tendrían? ¿Sabrían que podía convertirse en otras personas? ¿La transformarían también? Tenía muchas preguntar en la cabeza, además de la muerte de Tiffany y el chocante hecho de que tenía a Benjamín a menos de tres metros y no podía tocarlo, abrazarlo ni consolarlo.
-¿Que quieres de Caroline?- quise saber para borrar las horribles cosas que me imaginaba.
-Ya lo sabrás- respondió lentamente.
Sin respuesta no pude hacer otra cosa que no fuera esperar, así que me armé de valor y me acerqué lentamente, pero con pasos decididos a mi vampiro, a Benjamín, que al escuchar el sonido de mis pisadas levantó la cabeza y me miró suplicante. Sin embargo los secuaces de Ingrid no me dejaron llegar a él, me tomaron por detrás y me sostuvieron los brazos con sus frías manos, su agarré era pétreo. Mis débiles bracitos no podían competir con la fuerza sobrenatural de ninguno de ellos. Me arrancaron un gruñido al escoltarme hacía atrás y alejarme.
-No seas impaciente, Priscilla- canturreó Ingrid riendo- tendrás a tu vampiro por toda la eternidad, no es necesario ser impaciente- agregó mientras se separaba de la columna y caminaba sin rumbo por el salón, sus tacos resonaron por el recinto.
-Usted sabe mucho de paciencia- susurré con odio sabiendo que me escucharía de todas formas.
-Te he buscado por mucho tiempo, claro que he tenido que ser paciente pero como ves el ser perseverante me ha favorecido al final y si tú lo haces también tendrás lo que deseas- comentó como si estuviera dando una lección muy importante a un pupilo.
Apreté los dientes al sentir las manos frías e impenetrables de los vampiros que me alejaban de Benjamin, el cual ahora me miraba fijamente como queriendo hablarme con los ojos. Por un segundo recordé unos lejanos días en el instituto en los cuales él me deslumbraba con su intensa mirada dorada. Aquello se veía tan alejado del presente que sentí unas nuevas lágrimas intentar saltar de mis ojos, sin embargo con toda la fuerza de mi autocontrol, escaso en estos momentos, logré impedírselos.
-Sé que para ti debe ser difícil aceptar tu destino en estos momentos, pero luego de la transformación tendrás la eternidad para contestar a todas tus preguntas y ahí comprenderás lo esencial que eres para nosotros- añadió lentamente la mujer desde atrás de Benjamin.
¿Qué pensaría Serena de todo esto? ¿Cumpliría con su promesa si llegaba a convertirme en vampiro? ¿Me mataría? ¿Podría?
-¿Por qué no contestas a mis preguntas ahora?- inquirí aunque no tenía idea de que podía llegar a preguntarle, tenía la mente bloqueada con todas las casas que habían pasado en tan poco tiempo.
El recuerdo de la sangre de Carla ensuciando la piscina del instituto todavía seguía muy vivo en mi memoria ¿Qué sería de ella en este momento? ¿Qué le sucedería cuando se enterase de que ya nunca volvería a verme? Ya que estaba claro que sólo había dos salidas para mí, o me abalanzaba por aquella ventana vidriada o moría aquí. No quería pensar en que terminaría siendo un vampiro. Benjamin una vez me había dejado muy en claro que preferiría morir antes de terminar siendo lo que ya era, me pregunté si había estado esperando este momento para terminar con su larga vida inmortal. Se me cortó la respiración.
-Tengo toda la eternidad para hacerlo y preferiría que seas un vampiro para cuando conteste- dijo sonriéndome angelicalmente con sus ojos rojos y espeluznantes.
Benjamin no me quitaba los ojos de encima y aquello, a pesar de la situación, me desconcentraba, quería decirle que no lo hiciera pero para cuando volví mi vista hacía él reconocí algo en sus ojos, ya no había culpa y desesperación si no incentiva y una extraña mezcla de tristeza y rabia.
Necesitaba tiempo para comprender todas las cosas a la vez como también para escapar, pero tampoco podía dejar a Benjamin ni a Caroline. Mi idea de lanzarme por la ventana estaba quedando en el olvido. Mucho más cuando las puertas de roble volvieron a abrirse.
Caroline no estaba inconsciente, pero no podía caminar por sus propios medios, el accidente de coche le había afectado muchísimo más que a mí. Había recibido muchos cortes por los vidrios y noté unos cuantos moretones en sus brazos. Tenía mucha sangre seca por todas partes y por más extraño que me resultó alguien había vendado una gran abertura que tenía en la frente. Al parecer Ingrid la quería viva, o al menos por el momento.
-¡Caroline!- grité sin darme cuenta y quise correr hacía ella pero los vampiros que tenía detrás me lo impidieron afianzando su agarre.
Aquello me enfureció, fue la gota que rebalso mi vaso.
Miré a uno de mis captores, tenía el cabello negro y debía tener mi edad cuando lo transformaron. Su belleza era increíble, como la de todos en la sala. Le dirigí una mirada cargada de veneno y oscuridad, si llegaba a transformarme en un vampiro me cobraría su agarre sacándole los brazos o peor, tal vez lo matase tal y como Benjamin había hecho apenas se había transformado, por la rabia que me recorría.
-Suéltame- mascullé lentamente con los dientes apretados.
No sé que vio el vampiro en mí pero noté como sus manos me soltaban, por un segundo creí ver miedo en sus ojos negros. Miedo de mí, así que presa de lo poderosa que me sentía seguí mirándolo como si pudiera realmente matarlo en ese momento ¿Así sería como Serena mataba a los que se merecían un final horripilante? Me gustaría saber que sí.
El gran recinto había quedado en silencio, noté como todos los presentes observaban la situación y levantando la cabeza me volví a donde estaba mi amiga todavía sujeta por los otros vampiros. Ingrid me penetró con la mirada, su sonrisa había desaparecido por completo. Estaba segura que nunca hubiera esperado aquello de mi parte, que mi miedo se hubiese convertido en rabia y entereza.
Los demás vampiros guardaron silencio, algunos miraron a su compañero que había quedado algo estático después de nuestro cruce, los demás observaban de hito en hito mis movimientos y los de su ama. Benjamin era el único que seguía con la vista clavada en mí.
-Déjenla la en el suelo- ordenó la vampiro desde su lugar. Por un segundo creí que se trataba de mí, pero al ver que los dos vampiros que sostenían a Caroline la colocaban suavemente e inerte, como si fuera a romperse, sobre las baldosas de mármol frío no muy cerca de donde se encontraba el único vampiro que conocía, lo comprendí.
-Caroline ¿Qué te hicieron?- le susurré cuando estuve lo suficientemente cerca de su oído, la gaza que le habían puesto en su herida en la cabeza se había empapado de sangre.
-No lo sé…- farfulló con la poca fuerza que tenía.
Sabía que si no la llevaba a un hospital en poco rato sería tarde para ella ¿Pero cómo salir de allí sin que la terminaran matando? Una idea se me cruzó por la cabeza, una idea que no quería aceptar pero era la mejor que tenía.
-¿Qué le harás? ¿Por qué la retienes?- inquirí volviéndome a Ingrid quien se había acercado al oler la sangre de mi amiga, como unos cuantos de sus seguidores.
-Depende de ti. Es un incentivo- admitió la mujer y la tuve en menos de un segundo a mi lado. Mi estado de alerta se intensifico- si muerte: será una buena comida; si aceptas transformarte ahora mismo: será tu amiga por toda la eternidad, como Benjamin- explicó.
-No me vale, no creo que quieras perderte otro experimento- comenté con enfado y resignada a seguir con mi escalofriante idea.
Ingrid me miró por primera vez con perplejidad y por sobretodo rabia ya que había vuelto a hacerla enfadar con mi comentario fuera de lugar y dejándola sin palabras. El estómago se me encogió y asumí que ella no tenía idea de lo que era capaz Caroline
-No soy la única humana con poderes en esta habitación- admití sabiendo que luego me lo reprocharía pero si servía para mantener a Caroline con vida podría seguir insistiendo.
Los vampiros que anteriormente sostenían el cuerpo medio descompuesto de mi amiga miraron a su ama esperando instrucciones, pero no las había. Fue entonces cuando nuevamente las cosas transcurrieron demasiado rápido para mi gusto.
Escuché el grito que pegaba Benjamín desde su cárcel y cuando me di la vuelta para verlo uno de sus carceleros volaba por el aire mientras que el otro se enfrentaba a él y a su poder. Benjamin siempre ganaba sus peleas, yo lo sabía, por eso no comprendía porque no había luchado anteriormente.
La rapidez con la que se movieron todos los inmortales a mi alrededor me dejó desorientada, así que hice lo único que me resultó sensato: quedarme al lado de mi amiga, quien siquiera podía moverse de su lugar. Pero no me resultó nada fácil y la final me vi arrastrada por un montón de manos frías que rasgaron algunas de mis prendas con la brusquedad de su fuerza hasta que por fin una terminó por sostenerme y todo volvió a la calma nuevamente.
Caroline seguía en el mismo lugar en el que la había dejado, los vampiros estaba estáticos mirándome a unos considerables diez metros e Ingrid echaba chispas de rabia por los ojos. Pero ninguno se acercó a mí, fue entonces cuando noté que Benjamin no estaba del lado de ellos, que él era el que me sostenía por detrás.
Estaba apretado a mi cuerpo, una de sus manos me afianzaba a su frío y duro pecho por la cintura mientras que su otro brazo tenía mi cuello apretujado, no hacía fuerza, él no me haría daño, él estaba protegiéndome. Entonces caí en la cuenta de que si estaba protegiéndome su cuerpo debería estar enfrentando a los demás rivales, no detrás del mío. La sangre huyó de mi rostro al notar aquello.
-Si intentas acercarte a ella la mataré- dijo con firmeza mi novio, sosteniendo mi cuello preparado para degollarme.
