Las calles de Berlin Oriental estaban vacías, toda la gente estaba congregada en la Honorable Sala. El diseño del recinto permitía que en las ocasiones especiales, las paredes huecas que dividían el congreso en tres salas, se desmontaran y se creara una única sala con mucho espacio para todos los habitantes, como esa noche que todo el país estaba atento para el informe de gobierno del General Klaudius y en la ciudad de Berlin, todos querían escuchar en vivo lo que su líder tenía que decir.

Lana no era la excepción, ella iba acompañando a su madre pues su padre estaría sentado en el presídium como representante del Sindicado de Transportes, por esa razón ellas tenían los asientos especiales en la parte de arriba de la sala, desde ahí podrían observar absolutamente todo de manera cómoda. Pronto los Kirchner aparecieron en la misma zona, saludaron a Lana con la mano y se sentaron unas butacas cerca de ellas. Esta vez Volker no los acompañaría, pues tenía que estar en el presídium y asumir su puesto como General de Brigada.

Louise por su parte estaba sentada abajo en una de las primeras filas, mientras que su marido estaba sentado justo alado de Volker mirándolo no de muy buena manera.

Andreas aun no aparecía por la sala, lo cual llamo la atención de la pelinegra que últimamente se la pasaba preocupada por ese joven platinado que no tenía la culpa de la suerte que le había tocado. Era muy probable que el llegara con Klaudius por ser su asistente personal, lo cual debía envidiar muchísimo Hunter, el presidente de la Sala Juvenil que estaba sentado en el último lugar del presídium.

Lana trataba de observar quien otro de sus conocidos estaba en la gran sala, pero el lugar estaba atestado de reporteros con todo su equipo, militares resguardando al presidum y una muchedumbre de personas acomodarse en su sitio. Para la población, era una tradición asistir al informe, en los primeros años de reconstrucción la gran sala podía albergar a sus habitantes pero debido al incremento de la población esta construcción cada vez era más pequeña y no lograba su propósito. Por esa razón, las personas que no alcanzaban un lugar en la sala, podían presenciar toda la ceremonia por televisión en la comodidad de sus hogares. Los diez canales que existían en la televisión alemana oriental lo transmitirían sin interrupciones y en tiempo real, lo mismo pasaba con las dos radiodifusoras. Desde que la pelinegra tenia memoria, había presenciado ese discurso pero nunca le había prestado atención hasta hacia unos siete años atrás y con el tiempo empezó a aprendérselo de memoria. Klaudius era un orador extraordinario, cualquier persona podía creer fervientemente sus falacias sin dudar de su retórica, como decía Fabian "un mentiroso con suerte" y no importaba cuantas veces repitiera el mismo discurso, todo el mundo lo ovacionaría. El ligero tacto en su hombro derecho la hizo salir de sus pensamientos, al mirar quien había sido se encontró con un hombre desconocido. Era un pelirrojo, alto y robusto muy intimidante que nunca antes había visto.

—Buenas noches, ¿es usted la señorita Svetlana Weigel?—inquirió con su gruesa voz, al mismo tiempo que Lana hacia memoria para averiguar de dónde podía conocer a una persona tan exótica y su madre escudriñaba al joven con la mirada.

—Buenas noches, si esa soy yo—respondió amablemente—¿en qué puedo ayudarle?—el hombre extendió un papel cuidadosamente doblado.

—Traigo una nota de Andreas Lundberg—le dijo con solemnidad.

—Gracias—susurro tomando el papel con inquietud.

—Con su permiso, me retiro—musito sin decir más dándose la vuelta. Ella lo observo irse, estaba confundida por la extraña actitud del joven. Sin darle más importancia se giró a mirar el papel.

—¿Quién era ese?—interrogo su madre tratando de ver que era lo que su hija tenía entre sus manos.

—Creo que es un amigo de Andreas—contesto alzándose de hombros.

—¿Y qué quería?

—Nada mamá, solo vino a saludarme—mintió—. Mejor sigue haciendo lo que sea que hacías. Ahora vuelvo, necesito ir al servicio—dijo apresuradamente levantándose de su asiento.

—No tardes mucho, ya está por comenzar la sesión—musito Helena mirándola irse por una de las salidas de las filas. Lana camino con rapidez hasta que se encontró en un lugar seguro para abrirlo. A primera vista, se impresiono por la caligrafía tan bonita que ni si quiera parecía ser de un chico.

Lana:

Esta noche tengo que cumplir con una misión muy desagradable. Por favor te imploro que confíes en mí y no te alteres de más por lo que pueda suceder, prometo explicarte luego.

Andreas

La pelinegra se sintió nerviosa, ¿Qué clase de misión tendría que completar su amigo?, se preguntó con temor. Guardo el papel con cuidado en el bolsillo de su abrigo azul marino y con calma camino de regreso a su lugar. Con cada paso que daba se sentía más intrigada y angustiada por lo que pasaría en la sesión, le daba la impresión de que esta sería muy diferente a lo que estaban acostumbrados a vivir. Pero esperaba que no pasara nada malo por el bien de todos los que estaban ahí presentes.

Cuando Lana llego a su lugar, el General Klaudius iba entrando a la sala acompañado de su gabinete y curiosamente, Andreas era su único asistente que caminaba a su lado. El himno nacional era interpretado por la banda de guerra y del lado izquierdo de la gran sala se izaba la bandera nacional y la del partido. Sin embargo Lana estaba distraída observando a Andreas que a pesar de verse apuesto en su traje de gala, tenía una expresión tan fría que le helaban los huesos.

El rubio estaba pensativo, estrujando su pequeño sobre amarillo entre sus manos. Desde que llego a Berlin había estado preparándose para ese momento, no sabía que contenía el discurso que tenía que decir sin estropearlo pero tenía que obligarse a confiar en la sabiduría de sus jefes occidentales. En la sala la gente cuchicheaba, era extraño no ver al Secretario Lundberg y que en su lugar estuviese sentado su sobrino; aunque tampoco era nada del otro mundo. Muchas personas sabían que para el Secretario de Gobierno no era una obligación asistir al informe, era un asunto protocolario pues él era quien podía encargarse de las relaciones internacionales con otros países por Klaudius como su suplente y además mano derecha.

Volker miraba con detenimiento a Andreas. En unos cuantos meses el joven se había ganado la confianza de su padre, tan era así que lo dejo ocupar el sitio de su tío justo aun lado de él lo cual le hizo sentir repulsión hacia ese antipático joven, odiaba tener que compartir fila con las personas que le desagradaban. Pero al desviar un poco su mirada al frente, noto la presencia de Louise. Ella se veía radiante en su traje azul marino para los eventos especiales y maquillada de forma sencilla, como a él le gustaba. Sonrió para sí mismo, pero tuvo que salir de sus ensoñaciones al escuchar el carraspeo del General Von Helker que estaba a su lado izquierdo. Fue un gran recordatorio de que él lo único que podía aspirar a ser de Lolo-como cariñosamente le llamaba-era su amante y eso le traía grandes dolores de cabeza, nunca estuvo en sus planes ser el amante de cualquier persona y menos de Louise, pero tenía que asumir las consecuencias.

De un momento a otro la sesión comenzó e inicio con el informe de Hunter y la Sala Juvenil. Demoro treinta minutos exactos y termino con un estruendoso aplauso de parte de los asistentes. Para el joven platinado esos dos minutos de halagos hacia el presidente juvenil fueron los más desesperantes de su vida. El momento había llegado y su corazón estaba muy acelerado. Discretamente tomo su carpeta, saco el sobre color amarillo y lo abrió. Justo cuando se atrevía a leer un poco de este, Hunter lo llamo al estrado. La Sala se quedó en silencio y Andreas inhalo profundo tratando de que en su cara no se notara el pánico que sentía. Con cada paso que daba hacia donde estaba el micrófono escuchaba el eco de sus firmes pasos, el incontrolable latir de su corazón y en su mente trataba de calmarse. En un abrir y cerrar de ojos Andreas el joven estaba frente a un millar de personas que lo miraban y esperaban escuchar lo que tenía que decir. Se aclaró la garganta, acomodo su carpeta y su hoja en el atril para comenzar a leer.

—Presidente de la Federación, Honorable Congreso de la Federación Alemana, camaradas Secretarios, Jefes Distritales, camaradas presentes esta noche, antes de cederle el micrófono al Camarada Heisenberg, me presento ante ustedes para hacer una denuncia pública—Andreas en seguida se dio cuenta que los asistentes empezaban a cuchichear—. Uno de nosotros, alguien a quien hemos considerado una persona honesta y ferviente seguidor de los ideales de nuestra nación y de nuestro partido nos ha traicionado—Lana lo miraba con los ojos llenos de lágrimas, sentía que su cuerpo estaba temblando incontrolablemente. Aquel discurso debía ser lo que Andreas quería decirle en su nota. ¿A quién estaba a punto de traicionar?, se preguntó llena de temor. Por suerte, nadie le estaba prestando atención y todos tenían las miradas llenas de morbo sobre el joven de cabello platinado. Para ese mismo instante, la vista de los Heisenberg estaban sobre el joven rubio que parecía estar demasiado en sus palabras.

—Ciento que es mi deber como ciudadano denunciar estos atroces crímenes que esta persona está cometiendo contra nosotros, ya que no solo está afectando a la comunidad alemana, sino a toda la Alianza de Federaciones Socialistas Orientales—se aclaró la garganta—. Esta persona es el actual Secretario de Gobierno, el General Richard Lundberg—el joven espía sintió un escalofrió al escuchar todo el bullicio que se había producido con el simple hecho de mencionar el nombre de su jefe. ¿Esa sería la reacción que esperaba el ministro Lütke?, se preguntó mirando inmutablemente a la Sala que estaba a punto de convertirse en una jauría.

Volker sintió un vacío en el estómago al escuchar el nombre del Camarada y su mirada se llenó de odio. Esa era la jugada más sucia que había escuchado en su vida para ganarse la absoluta confianza de su padre, era una gran mentira.

Lana en cambio sintió que se desmayaría en cualquier momento, ¿acaso Andreas tenía conocimiento de lo que acaba de hacer?, se preguntó y esperaba que si lo tuviera, pues acaba de condenar a muerte a su propio tío. Aunque ya para ese momento no sabía si Lundberg podía ser su familiar o no. Todo el mundo estaba incrédulo y consternado por la acusación que el propio sobrino del Secretario estaba realizando, hacía muchos años que no se vivía tan cerca la acusación de traición públicamente y menos de un familiar.

—¡Silencio!—vocifero Klaudius levantándose de su asiento para dar una palmada. En un segundo la sala se quedó en silencio. Aunque él estaba un poco sorprendido con las declaraciones de su asistente, también era algo que se esperaba. Nunca había confiado del todo en Richard y en ese momento podía notar que había hecho bien en no haberlo hecho. Sin embargo también estaba extasiado por el hecho de que esa bizarra situación fuese provocada por la propia sangre y que ese joven hubiese tenido el valor de delatarlo frente al pueblo. El joven era una muestra de que la familia no era lo más importante y que podía realmente inculcársele a los jóvenes un amor superior a su nación, a su partido y el.

Miro a su hijo que tenía la mirada llena de ira y sonrió con malicia, el ya no podría defender a Richard nunca más—. Por favor continúe, Andreas—le pido el presidente volviendo a su asiento.

—Gracias, camarada—respondió con ligereza. Se tomó un minuto para volver a traer la concentración a el—. Es difícil y vergonzoso reconocer ante todos ustedes que mi tío es un traidor, nadie espera encontrarse con algo así en su familia. Pero el gran amor que le tengo a mi patria supera el amor de una familia, que como ya he dejado entre ver no tenía los mismos ideales que se me fueron inculcados desde pequeño. Hace unos días descubrí estas cartas—dijo sacándolas del folder para dárselas al cabo que estaba a su lado para pasárselas a Heisenberg—Aquí se puede comprobar que Richard Lundberg venia información extra confidencial a los Occidentales lo que ha creado gran tensión en ambos lados del muro y ha puesto en riesgo nuestra seguridad—la sala lanzo un horripilante suspiro que erizo la piel de Andreas—. En cada una de esas cartas se relata de manera clara y concisa todos los planes que los Occidentales tienen para derrocar a nuestro amado Partido y con vergüenza he de reconocer que mi tío era quien daba las ideas precisas para atacar a nuestra nación—Klaudius y algunos de sus secretarios observaban las cartas cuidadosamente con indignación—. Sé que él tiene claros nexos con los rebeldes que están por toda Europa. Fue el, el autor intelectual de la sublevación Rusa en septiembre del año pasado—Volker apretó los puños con fuerza, esa era una gran mentira. Junger era el autor del casi golpe de estado ruso y ninguno de los líderes de la revolución tenían contacto con Lundberg ¿Por qué diablos ese rubio se empeñaba en hacer de su tío el culpable?, se preguntó iracundo—, pero para mi sorpresa ese no era el único de sus planes. Richard tenía planeado asesinar al presidente—dijo con voz entre cortada que dio más credibilidad a su discurso, aunque eso no estaba planeado. El ya no quería ni podía seguir mintiendo con entereza, se estaba doblegando—, para este verano durante la Cumbre Internacional de Helsinki—sonidos llenos de pánico inundaron la sala. Todos estaban aterrorizados por los graves crímenes que ese gentil hombre que un día conocieron planeaba llevar acabo.

—¡Estas mintiendo!—grito Volker con desesperación parándose de su asiento. Andreas sintió el pánico correr por sus venas otra vez, pero trato de no mirarlo. Louise y Fabian miraron con angustia a Volker, estaba incontrolable y ellos al igual que el rubio sabían que todo lo que Andreas decía era mentira, pero esperaban que el joven General no abriera la boca y se dejara llevar por su furia.

—No está mintiendo, General—le interrumpio Klaudius sosteniendo una carta—. Aquí está la prueba—la hizo pasar con uno de sus cabos hasta el—y es su caligrafía—menciono con severidad. Cuando Volker sostuvo la carta entre sus manos, se desplomo en su silla. Aunque claramente en ese papel lo expresara, no podía creerlo. Algo andaba muy mal, por supuesto que Volker tenía la pequeña intuición de que Richard tenía contacto con los Occidentales, pero nunca lo había logrado comprobar. No obstante Richard no era tan tonto como para dejarse descubrir tan fácilmente, algo andaba muy mal y está dispuesto a descubrirlo.

Andreas aprovecho esos instantes para tranquilizarse y seguir, no podía dejar su discurso a medias, ya faltaba poco para concretar la misión.

—Justo la noche anterior—continuo captando la atención de los presentes—me marco desde Praga. Me invitaba a ser partícipe de sus actos de deslealtad a mi país, me negué rotundamente y me sentí asqueado de que un ser como el, alguien a quien yo admiraba pudiese cometer crímenes tan atroces contra mi país. Espero, camarada Heisenberg—dijo mirando a Klaudius a los ojos—que arreste a Richard Lundberg lo más pronto posible y que sea castigado con todo el peso de la ley. También que sea benevolente con mi familia, pues es una desgracia lo que nos ha sucedido pero en caso de que entre mis familiares se encuentren más culpables no tenga piedad con ellos y espero sean procesados para indemnizar este grave daño a nuestro país. Por ultimo—miro hacia la sala—espero que algún día el pueblo Alemán pueda perdonar a mi familia por los crímenes que cometió Richard Lundberg—la sala se quedó en silencio. Andreas sentía como sus pies temblaban y el trataba de mantenerlos firmes.

—Amigos—escucho decir a la voz recia del Camarada Heisenberg, que se levantó hasta donde estaba el rubio—, en este momento me encuentro muy sorprendido por las acusaciones declaradas y probadas hechas por este valiente joven—le dio una palmada en la espalda—. Al igual que ustedes, aun no puedo asimilar que el General Lundberg al que consideraba mi mano derecha y mi amigo haya sido capaz de traicionar y vulnerar la paz de mi país y de mi pueblo al que prometí defender hasta la muerte. ¡Son actos imperdonables!—exclamo dando un manotazo en el atril—. Pero ahora no me queda duda de la basura de hombre que nos vio la cara a todos. Por eso pueblo alemán, les pido que vuelvan a confiar en mí y esta noche ¡les prometo! ¡les juro! ¡que a ese traidor lo capturaremos y lo haremos pagar por todo el daño que nos ha causado!—declaro de manera iracunda. De un momento a otro todos los presentes en la Sala ovacionaron las palabras de su presidente, poniéndose de pie y aplaudiendo con tal fervor que dejaron sordo a cualquiera que estuviera cerca de ellos. Sin embargo ni Volker, ni Louise, ni los Kirchner ni Svetlana ni el mismo Andreas podían hacerlo. Miraban con indignación como la gente había creído esa perfecta y diseñada mentira—¡Un acto de impunidad como este no puede quedarse sin castigo y en nombre de todos ustedes, juro que tanto el cómo sus cómplices recibirán lo que merecen!—dijo en completo éxtasis, observando a todos los presentes aplaudir con euforia haciendo sentir muchas nauseas al joven Andreas. El dirigió su vista hacia sus compañeros de misión, que con dificultad y amargura tenían que fingir estar jubilosos por la valentía de Andreas y las promesas del presidente despótico—Y aún tengo una cosa más que decir—continuo Klaudius—. Andreas Lundberg es el ejemplo de la nueva generación de jóvenes que son leales al partido. Sé que debió haber sido muy difícil reconocer que alguien como Richard Lundberg, Su misma sangre fuese un traidor a nuestra patria. Pero aun así supo decidir de manera correcta entre su familia y su país y lo ha denunciado ante nosotros. Andreas—lo miro a los ojos—tu valiente acto será reconocido y recordado por el pueblo alemán por mucho tiempo—el rubio no pudo sonreír siquiera, pero aun podía escuchar más aplausos. Él sabía que se había convertido en un monstruo.

Unos minutos más tarde, el joven regreso a su sitio con un sabor metálico en sus labios y se sentía aun peor porque Volker no le quitaba los ojos de encima. El informe presidencial continuo, pero Andreas no le presto ni la más mínima atención. Aún estaba consternado por lo que había hecho y no podía asimilarlo del todo.

Al término de la sesión, él tuvo que acompañar al Camarada hasta su oficina en el Palacio de Gobierno, donde iban todos los jefes militares a la reunión de emergencia. Andreas fue el centro de atención, había recibido más felicitaciones por ese inescrupuloso acto de traición que en su graduación de la universidad. Escucho en silencio el plan que tenían para atrapar a Lundberg. Como había predicho el mismo Richard, Klaudius desplegaría a todos sus agentes y militares por todo Oriente. Incluso sus secretarios se estaban poniendo en contacto con los presidentes de otros países que ayudaran en la captura del "gran traidor de Alemania". Volker también estaba presente en la reunión igual de silencioso que el rubio platinado. Pero en cuanto termino la reunión salió disparado de la oficina. Seguramente, pensó Andreas, quería encontrar a Lundberg para ponerlo a salvo.

Esa noche, el presidente Heisenberg, invito al joven rubio a pasar la noche en su casa, debido a que los peritos de la PSO estarían analizando la escena del crimen. También eso ya estaba preparado desde hace semanas. Andreas había guardado en casa de los Leedman todo lo que pudiese relacionarse con Occidente que no hubiese sido contemplado en la misión 1001, para que así no descubrieran el verdadero plan.

Y su fatídico día termino, tomando con Klaudius una copa de vodka. Brindando por el nuevo puesto que le asigno en su gabinete como el Secretario de Gobierno más joven que Oriente hubiese tenido. La misión había sido completada, el objetivo había sido cumplido y el infierno de Andreas Lundberg apenas comenzaba.