Advertencias

Los personajes, salvo excepciones, no me pertenecen

La historia contiene escenas explicitas de sexo, violencia y lenguaje soez.

NO soy escritora, esto es por diversión, estoy abierta a cualquier duda o crítica fundamentada y respetuosa.

No todos sale de mi imaginación, con lo que es posible hallar diálogos, escenas, etc inspiradas o tomadas de los juegos u otros lugares. Igualmente, el hilo argumental de la historia coincide en puntos con los de los primeros juegos, pero sólo será en parte, otras cosas serán inventadas y no coincidirán.

Capítulo 50

Yusuf abrió la puerta del cuarto de Ezio tras inspirar con fuerza, sabiendo que encontraría al italiano en uno de sus peores momento desde que lo conocía, y aunque el turco no sabía cómo podía ayudarlo a superar la marcha de Nuray, no podía dejar que el florentino se hundiera en la más absoluta tristeza.

Como esperaba y había observado durante los dos días transcurridos después de la ruptura, Ezio se encontraba ebrio, tumbado en la cama con la copa de vino agarrada en la mano que sobresalía del lecho, derramando de vez en cuando algunas gotas del líquido sobre el suelo.

Yusuf se acercó lentamente mientras trataba de no tropezar con las jarras vacías y prendas tiradas por el suelo, hasta llegar al escritorio de madera de un lateral, y encender la vela que allí descansaba para escapar de la penumbra de la sala.

-Ezio. ¿Me escuchas? –Preguntó acercándose a él, percibiendo el fuerte olor a alcohol.

-Vete, Yusuf. O tráeme más vino.

-No, de eso nada. No puedes estar así, debes reponerte. Mañana partimos hacia Atenas y no vas a poder ni ponerte en pie.

-Estoy perfectamente, mira.

El italiano se incorporó torpemente, poniéndose en pie para después dirigir la mirada hacia su amigo, tratando de mantener el equilibrio con dignidad, sin conseguirlo.

-Siéntate, Ezio. Tienes que hacer algo aparte de beber y recrearte en tu dolor. Tienes que salir de este cuarto y centrarte en el trabajo, así despejarás tu mente, amigo.

-¡Estoy bien, no lo ves! Vamos a hablar con Antonio, mañana nos vamos muy temprano. –Añadió dirigiéndose hacia la puerta, pero Yusuf lo siguió, deteniéndole.

-Será mejor que te quedes aquí.

Ezio se alejó de su amigo, apartando sus manos de él, acercándose a la mesilla de noche para agarrar la jarra de vino a medio acabar, pero el turco se la arrebató.

-Se acabó, Ezio. Tú no eres así. Sé que te duele y es pronto para asumir que ella se ha ido, ¡pero debes luchar!

-¡Cállate, Yusuf! ¡Cállate!

Los gritos del asesino retumbaron en la estancia, mientras forcejeaba con el turco para hacerse con el vino, pero pronto tuvo que alejarse rápidamente, llegando hasta una jarra vacía en el escritorio para vomitar en ella.

Su amigo le dio unos minutos para reponerse, observando que aquello lo había calmado y transportado un poco hacia la realidad, pero pronto se dio cuenta de que aquel estado de patetismo le había hecho romperse del todo, cuando su voz habló en un susurro apagado y ahogado por las lágrimas.

-Me ha dejado, Yusuf, y no lo entiendo. Yo la quiero tanto... No puedo aceptar que se haya ido.

-Lo siento mucho, amigo. Ojalá pudiera ayudarte y hacer que recapacitara en su error, pero me temo que es ella quien debe darse cuenta, y nada más servirá.

-No va a volver. Ha tomado una decisión. Está vez está claro.

-Está aterrada por lo del embarazo, se le ha juntado con todos los problemas de Luigi y Caterina, pero puede que se dé cuenta de que irse no cambiará lo que siente...

-No intentes darme falsas esperanzas augurando un futuro mejor que probablemente no llegará jamás. –Le dijo cortándole al hablar. –Se ha acabado, no va a volver, y aunque sé que no va a dejar de dolerme, tengo que aprender a vivir con esto para el resto de mi vida.

Yusuf se acercó hasta el hombre, quien seguía apoyado en el escritorio, dejando que sus lágrimas cayeran sobre la oscura madera, y posó su mano en la espalda de Ezio sin decir palabra.


Ezio había recuperado la suficiente sobriedad a la noche como para salir de su cuarto y hablar con Antonio y los altos mandos del ejército de Forli, dejando atado el plan de actuación y las formas de contacto entre todos cuando al día siguiente partiera con Yusuf.

El italiano había vuelto a su alcoba tras terminar la reunión con profundo alivio, ignorando las palabras de Yusuf para que cenara algo junto a él. Lo único que deseaba era enfrascarse en los mapas que le habían facilitado de Atenas, y tratar de olvidarse de todo lo demás.

Con aquella actitud pasó una hora delante de mapas y cartas, luchando contra el dolor constante de su corazón y las últimas palabras de Nuray rebotando en su cabeza, de lado a lado, desgarrando su interior.

Finalmente Ezio se levantó de la silla rindiéndose al no poder concentrarse, llenando la copa de vino con ansiedad para beber y volver a las andanzas de la tarde, puesto que el alcohol al menos lo distanciaba de poder pensar con claridad.

Una vez hubo vaciado la copa de un largo trago, alguien llamó a la puerta haciendo que maldijera interiormente ante las nulas ganas de conversación con nadie. Caterina entró en la alcoba sin esperar a que él la diera paso.

-Creo que no deberías seguir por ahí, Ezio. –Comentó la mujer al verlo llenar el vaso y llevárselo a los labios.

-Ya soy mayorcito para tomar el camino que quiera, Caterina.

La mujer se acercó hasta sentarse en la cama guardando unos instantes de silencio, suspirando para volver a intervenir, entendiendo que él la hablara de aquel modo.

-Emborracharte de nuevo como esta tarde no hará que dejes de quererla ni que regrese Nuray, Ezio. Sé que lo sabes, pero no sé que decirte para alejarte de tu autodestrucción.

Ezio depositó la copa en la mesa, y tomó aire antes de encarar a la mujer.

-Perdóname, Caterina. Sé que sólo quieres ayudarme.

La condesa se levantó y caminó hasta ponerse frente a Ezio, cogiendo sus manos y mirándolo a los ojos. Aquellos ojos inundados por la tristeza.

-Dime cómo puedo ayudarte a que te sientas mejor. Di lo que sea. Es horrible verte así.

-No puedes ayudarme. Sólo el tiempo puedo calmar mi dolor, pero nunca se irá.

-La soledad puede curarse, Ezio. Sé que la amas, pero también puedes querer a otra tanto o más que a ella. Aunque ahora seas incapaz de creerlo por el dolor.

El hombre bajó la mirada al sentir que su vista se nublaba por las lágrimas, cuando las manos de Caterina alzaron su rostro para que la mirara.

-Te recuperarás, la gente que te quiere no dejará que te sientas solo.

Caterina abrazó a Ezio tras una sonrisa a media asta de este, sintiendo como el hombre la correspondía después de unos segundos, apretándola fuertemente ante el gran vacío de su interior.

Ambos deshicieron muy lentamente el abrazo, mirándose una vez más mientras la condesa se acercaba despacio hasta los labios del asesino, besándolos con suavidad mientras él aguardaba inmóvil.

La pasividad de Ezio no detuvo a la mujer que intensificó los besos con cuidado, rodeando el cuello del asesino con sus manos, sintiendo como él poco a poco empezaba a responderla.

El asesino acabó aferrándose al calor que Caterina le trasmitía, tanto físico como emocional, y apretó su cuerpo contra el de ella, dejando que sus lenguas jugaran con pasión, mientras sentía las manos de la mujer acariciar su torso, levantándole la camisa para deshacerse de ella.

Caterina desató su pasión pronto, contagiando al hombre al desnudarse frente a él, besándolo mientras lo empujaba hasta la cama del dormitorio para pasar a deshacerse de la ropa que a él le quedaba, deteniendo sus manos al llegar al miembro de Ezio para acariciarlo rítmicamente.

Ambos acabaron pronto entregando su cuerpos al placer con una voracidad animal que distrajo sus mentes de todo lo que no fuera aquel sexo desenfrenado, sabiendo que cuando aquello terminara, las cosas volverían a estar igual que antes, algo que ninguno podía soportar, con lo que continuaron enredando sus cuerpos con pasión hasta que no aguantaran más, guiados por la posibilidad de dejar al mente en blanco aunque sólo fuera por unos minutos.

Sin duda la mejor opción era dejarse llevar y no pensar en nada.

Muchas gracias por leer!

Arwin, me alegro mucho que te guste tanto y de que hayas vuelto por aquí! Gracias por tus comentarios, de verdad! ;)