52. Normal.
-¿Así que…- preguntó Bella levantando una ceja- tu habitación es nuestra?
Edward se aclaró la boca para escupir la pasta de dientes y la miró por el reflejo del espejo antes de contestar. Se había quedado en el umbral de la puerta del cuarto de baño y tras escucharla deshacer maletas - aunque la ropa que contenían poco le iba a servir - y entrar y salir del vestidor buscando dónde Esme había ubicado sus cosas que habían traído de casa de su padre hasta que se mudaran definitivamente a Nueva Inglaterra no habían hablado en largo rato por lo que sonrió al verla llevando su pijama azul, donde la parte de arriba estaba considerablemente más rellena que antaño.
-¿Es demasiado pequeña? Podemos mudarnos a la de invitados- dijo él- Esme puso aquí tus cosas porque…
-No- se rió interrumpiéndole- Sólo que…- se encogió de hombros - me hace gracia. Que era tuya y que ahora sea nuestra. La habitación de Edward y Bella, suena bien, ¿verdad?- se rió.
Él también, dejó el cepillo dentro del vaso y fue hacia ella para darle un sonoro beso en los labios además de rodearle la cintura con los brazos que Bella le respondió colocando sus manos en sus hombros.
-Lo que suena muchísimo mejor es la habitación de Alexander- respondió en otro beso.
-¿Ves como tenía razón? Que era un niño. Podía sentirlo- contestó casi en una bocanada de aire- Y Charlie parecía feliz con la idea de enseñarle a jugar al baseball, ¿no? Al principio se lo tomó mal pero durante la cena…
La cena había transcurrido maravillosamente bien y eso que a mitad de la tarde no contaba con ello. Esme había insistido que dejara a Bella sola con su padre para que hablaran y aunque en principio era reticente porque si tenía que recriminar a alguien debía de ser a él, sabía que tenía razón. Él había tenido su charla atrás con Carlisle y ese era el momento de Bella. Se mantuvo pegado a la puerta de la cocina para comprobar si escuchaba algo, voces o algo por el estilo para salvarla pero como desde allí sólo conseguía que Esme le enseñara modales y le recordara que "es de mala educación escuchar tras las puertas", se mudó al comedor y entró cuando consideró que tenía que hacerlo.
Charlie Swan podía ser un terco, un brusco e incluso algo troglodita pero no era tonto y sabía que allí ocurría algo. No puedes ver día tras día al pretendiente de tu hija que se esconde cuando sale el sol, que se marche sin dejar rastro y que aparezca además trayendo un pastel para después de cenar. Tampoco puedes ver a la hermana de éste y mejor amiga de susodicha hija danzar por tu casa y maltratarle con sus trivialidades, casi mudándose allí cuando Bella estuvo impedida con una pierna rota y verla un año después con el pelo hasta mitad de la espalda - por mucho que fuera falso, como decía Emmett - y con un bonito bronceado. Y no podías estrechar la mano del doctor Cullen al que respetas sin darte cuenta de que ahora es cálida.
Pero Charlie Swan podía ser muchas cosas y aunque la transigencia no estuviera entre sus cualidades cuando se trataba del bienestar de su hija no le quedaba más que tragarse su orgullo y dar el brazo a torcer. Como hizo con una boda, una matrícula a una Universidad privada,…
Así que pasado durante el primer trance pudieron hasta disfrutar de una cena en familia. ¡Su primera! cena en familia. Esme disfrutó agasajando a los comensales con sus cualidades como cocinera, Carlisle habló de diversos temas para que Charlie Swan se sintiera integrado y cada vez que Bella suspiraba o se movía en su silla ya tenía allí cinco pares de ojos además de una mano en el vientre, que normalmente era la suya.
Después de disfrutar del ágape y tras un poco de tertulia en el salón, Charlie pidió disculpas porque estaba cansado y trabajaba al día siguiente y se despidió de todos. Bella le acompañó al porche y cuando regresó con su sonrisa le contó que al abrazarle el bebé de nuevo le había dado una patada así que parecía que realmente le gustaba.
-Tu padre será feliz siempre que tú lo seas. Y lo es, ¿verdad, señora Cullen?
Sonrió y besándole en los labios contra ellos mismos murmuró "mucho". Se colgó de su cuello y como acostumbraba a hacer en la isla dejó que la cogiera en brazos para que cargara de ella de un punto a otro, ahora a la cama. La acomodó en el que sería su lado - o al menos en el lado donde había dormido siempre que había dormido allí - y con otro beso él se incorporó.
Mientras él regresaba al vestidor para cambiarse de ropa vio que tomaba sobre la mesilla uno de los catálogos que le había guardado Esme de cosas para el bebé: sillitas de paseo, cunas, cambiadores…
¿Quién le iba a decir a ella que con lo zarrapastrosa que había sido siempre y lo desastre le encantara elegir muebles y cosas para Alexander? Esme le había dado un montón de catálogos para que fuera eligiendo muebles para su habitación, sus cosas para usar y su ropita, pero nada más porque para la casa de Nueva Inglaterra no le habían dejado ni musitar.
Se habían empeñado en regalarles la casa con todo lo que había dentro y como discutir con los Cullen respecto a presentes era una pérdida de tiempo incluso les había dejado hacer… aunque se asustara al pensar en todo lo que se estaban gastando.
Les hace felices, Bella, decía siempre Edward. Y por eso no rechistaba.
Marcó un cochecito que le gustaba mucho que parecía ir a juego con la sillita del coche que Edward le había regalado esa tarde y pasó las hojas porque había recordado ver unas cunas también con los mismos motivos cuando tras moverlas de golpe se dio cuenta que era en otro catálogo.
Se iba a estirar para bajarse de la cama e ir a buscarlo pero… ¡estaba tan cómoda! Tenía la espalda con la inclinación perfecta, la cantidad de cojines idóneos detrás y el trasero en el mejor sitio de la cama así que se aprovechó de su condición y de tener un marido tan servicial, así como hacía en la isla:
-Edward- dijo con la voz más dulce e inocente que pudo.
Se asomó del vestidor poniéndose una camiseta blanca y aún con los pantalones vaqueros que llevaba durante la cena seguro que con la mano estirada creyendo que se trataba de alguna patada del bebé.
-¿Podrías ir a buscar al estudio de Esme los otros catálogos? Así escojo ya su cunita para que la pueda encargar cuanto antes.
Edward se le quedó mirando unos instantes, primero no dando crédito a sus oídos y preguntándose cuán fuertes eran las hormonas del embarazo que desde que habían llegado no le había puesto pegas a nada. Como con el coche. Cuando se bajaron del Mercedes de Carlisle y antes de correr a su despacho para hacerse la ecografía, el Volkswagen ya estaba esperándoles en las puertas del garaje e incluso con un enorme lazo que Esme le puso y no musitó nada. Rió porque evidentemente Alice tenía razón y ese lo conduciría mejor y alabó la previsión de haber puesto una sillita en la parte de atrás pero incluso preguntó si él iba a cambiar de coche ahora que necesitarían uno con más espacio por los bultos que genera un bebé. ¿Qué era de la Bella que no quería que nadie hiciera nada por ella? Realmente no la echaba de menos.
Sonrió, meneó la cabeza y se bajó la camiseta del todo:
-Todo lo que mi bella esposa quiera- añadió dándole un beso en la frente para salir del cuarto.
Cruzó el pasillo y antes de ir hacia el estudio de Esme - donde se veía luz- se asomó en la puerta más cercana a su habitación: lo que sería la habitación del bebé. Le habían cambiado el suelo por una madera cálida clarita e incluso puesto un nuevo sistema de calefacción además de blindar también las cristaleras que daban al bosque además de construir una escalera que llevara directamente al cuarto de juegos del piso superior. Una completa locura, pero él sí que no podía contener a Esme: había hablado con Carlisle y parecía que no estaban teniendo nada de suerte en eso de agrandar la familia, al contrario de ellos que no habían tenido siquiera intención, así que no murmuraría nada del despliegue de medios si con eso la hacía feliz. Carlisle no estaba triste en absoluto y sólo decía que seguro que llegará cuando tenga que llegar si así lo quiere el destino porque yo ya siento que soy padre de todos vosotros.
Dio la vuelta mirando cada una de las paredes de la habitación e incluso se imaginó allí todos esos muebles, una mecedora donde acunarle y la sonrisa de Bella, esa sonrisa que siempre había en su mente, cuando se visualizaba con el bebé en brazos. ¿Pintarían las paredes de azul? Eso ni siquiera se llevaría ya. Qué más daba. Ahora eran color caramelo y eran bonitas. Aunque seguro que Esme las cambiaría. Podría ositos o… ¡su nombre en la pared! Alexander. Alex. Lex. Lexie. Le gustaba el diminutivo. A él no le gustaba en absoluto que acortaran su nombre - quizás porque en 1918 esos coloquialismos no se llevaban - y se molestaba cuando Emmett le llamaba Eddie - claramente para picarle objetivo que alcanzada- pero con el bebé sí que usarían ese mote cariñoso.
Salió del cuarto dejando la puerta abierta y siguió caminando hacia la parte iluminada del pasillo. El estudio de Esme quedaba en la esquina y enfrente estaba su habitación que tenía también la puerta abierta además de una luz más tenue saliendo hacia afuera así que se asomó sigiloso: no era más que Carlisle metido ya en la cama - y parecía que dormido - con un canal de noticias en la TV de plasma que colgaba de la pared que esperaba - sin frutos - a su mujer. Se adentró en el cuarto, tomó el mando de la mesilla y apagó la televisión. Carlisle ni se inmutó. Se regaló unos segundos observándolo porque parecía disfrutar del descanso y después salió de la habitación arrimando la puerta.
Esme estaba en su escritorio rodeada de bocetos. Bocetos pequeños, bocetos en papel de plano, en papel cebolla… Miraba uno con una expresión muy concentrada y cuando picó a la puerta para anunciar su entrada, se sobresaltó.
-¡Edward- exclamó en un suspiro- ¿Qué haces levantado? ¿No tienes jetlag?
-Bella quería el resto de los catálogos, así que mejor dárselos antes de que cambie de opinión y se dé cuenta el dineral que vale todo esto.
Se rió dejando el boceto sobre la mesa y dio una vuelta sobre sí misma como si no recordara dónde estaba lo que le había pedido. Murmuró algo para sí mismo y después suspirando de nuevo cogió unos cuantos librillos sobre la silla del escritorio.
-¿Qué significa el dinero? Absolutamente nada. Lo importante es que el bebé esté sano y sea feliz- respondió entregándoselos- Y para eso necesita un buen mobiliario y un cuarto de juegos. ¿Te gusta? Sólo es una idea y puedo cambiarlo.
Le plató delante un boceto de vivos colores: verdes, azules, amarillos y rojos. Se lo puso tan pegado a la cara que lo vio hasta borroso tomándolo él para poder echarle una ojeada. Eran las paredes del cuarto superior porque tres cuartas partes eran cristalera - blindada- y la otra pared era el dibujo de una jungla: había árboles, lianas y hasta animales: un elefante, un tigre, un león… En el centro había una casa como si la de un árbol se tratara con un puente, un tobogán, además de unas setas con setas más pequeñas que parecían mesas y sillitas.
-Es precioso, mamá. No lo cambies. Me encanta. Y a Bella también le encantará. Parece un sitio mágico.
-¿En serio?- se le pintó una sonrisa en el rostro- Gracias, cariño. Quería transmitir esa idea y no lo lograba. Quería que contrastara con las vistas y quería…- suspiró dejando los hombros caer- pero si te gusta mañana mismo los pintores estarán aquí. Así estará listo cuanto antes.
Él le sonrió y le devolvió el boceto además dándole un beso en la mejilla para volver sobre sus pasos, pero algo le detuvo: en la estantería repleto de libros y catálogos de Esme, además de fotografías y recuerdos de familia un nuevo retrato sobresalía del resto. Incluso de la imagen tomada de su enlace con Carlisle tras regresar de Italia: Bella y él el día de la boda.
Bella sonreía tanto y parecía tan radiante que su sonrisa hasta quedaba mal al lado. La tela del vestido resplandecía sobre su piel, las ondas que llevaba en el pelo le favorecía tremendamente y el hábil toque de maquillaje con el que seguro Alice la había maltratado la hacía parecer más adulta. En la imagen se les veía de cintura para arriba y ella estaba entre sus brazos y si no recordara exactamente el momento en el que el fotógrafo se las hizo, dudaría hasta que fueran ellos.
-¿Es bonita, verdad?- preguntó Esme- De todas es mi favorita.
Edward tardó unos segundos en contestar y se volvió para sonreír a su madre, asintiendo para acariciar el rostro de Bella en la foto.
-Parece tan feliz…- murmuró.
-Quizás es que lo es- respondió con otra sonrisa- Creo que nunca la he visto más radiante y saludable que cuando os vimos hoy, en el aeropuerto. El descanso en la playa os a sentado a los dos increíblemente bien. A los tres- añadió en un guiño.
-No te he dado las gracias aún por habernos dejado alojarnos en la isla. A Bella le ha encantado y a mí…
-Edward, ese sitio es tan tuyo y de Bella como mío. Podéis viajar allí cuantas veces queráis más si habéis disfrutado tanto.
-Bueno, entonces quizás debiera de decirte…- carraspeó- que hemos tenido algún problema con el mobiliario.
-¿Ah, sí?- frunció el ceño- Hay algunas antigüedades y pondremos aire acondicionado pero es todo bastante funcional, ¿no? Contando que era la primera vez que la isla la ocupaban dos humanos.
-No- carraspeó. Notó cómo ya se le encendían las mejillas. Vaya. ¿Ni estando casado iba a dejarle de dar vergüenza eso? Menos mal que con Bella ya había perdido el pudor porque si no estaba arreglado- La cama de la habitación blanca. Se le rompieron las patas. El equipo de limpieza la arregló. Pero sé que te gusta mucho y la pediste a Inglaterra así que intentaré encontrar otra que la sustituya.
Lo dijo tan deprisa que a Esme le costó seguirle tanto que cuando terminó de hablar parecía que aún procesaba la información y con su ceño fruncido. Pero unos instantes después sus labios se curvaron hacia arriba y se echó a reír incluso tapándose la boca.
-¿Las patas?- repitió entre suaves carcajadas- ¿Rompisteis las patas de la cama?- se volvió a reír- Perdona, hijo, pero no se lo comentes a Emmett o te estará haciendo de rabiar el resto de verano.
-Genial- refunfuñó- Un dato más para que me sienta bien.
-No te preocupes. La cama y el resto del mobiliario son cosas prescindibles. Quizás antes me preocupaba de esas cosas, pero ahora tenemos cosas muchísimo más importantes de las que ocuparnos. Y que disfrutarais en vuestra luna de miel, con rotura de patas incluida - volvió a reír- es lo único importante. Sólo vas a tener una luna de miel en la vida, cariño, y debe ser la mejor.
Medianamente más tranquilo, meneó la cabeza y volvió a besar a Esme en la mejilla. ¿Contárselo a Emmett? Ni soñarlo. Aunque estaba seguro que preguntaría, diría algo sobre su humor, el volumen de Bella…
Luego recapacitó sobre lo que había dicho Esme de preocuparse de cosas mucho más importantes y aunque esencialmente la Esme de antes sólo se diferenciaba de la de ahora por la temperatura de la piel, sus inquietudes sí que iban más allá. A otro nivel - superior, si era posible- de amor compasivo y maternal: Había convertido las necesidades de Bella y el bebé en la primera de sus prioridades, se volcaba al máximo en el resto y si sobraba un poco era para ella. Y ahora teniendo que dormir, comer y cocinar le quedaba muy poco tiempo.
-¿No os iréis papá y tú de viaje a ningún sitio?- preguntó- Habéis pasado todo el verano aquí y en diciembre estaréis en Nueva Inglaterra.
La sola idea le hacía feliz, muy pero que muy feliz. Tener a Carlisle y a Esme en Nueva Inglaterra, poder estudiar con él y saber que Bella tendría las atenciones de Esme. ¿Cómo se podía ser tan afortunado? Tras la buena noticia - por lo menos para Bella y sus predicciones - de que el bebé sería niño, se lo confirmó además tan desenfadado que hasta que pasaron unos instantes ni se lo creyó.
-Oh, ¿no te lo he dicho? Llevo varias semanas de comunicación con el director de la Escuela de Medicina de Dartmouth y me ofrecen impartir unos seminarios. Y tendría todo el sentido pedir el traslado para el Dartmouth-Hitchcock Medical Center, ¿no?
Así que tendría que buscar una casa porque como Esme decía no pensaban intrometerse en la vida de unos recién casados para instalarse allí, más muebles con los que decorarlos, otra mudanza…
Si hacía cinco meses con lo desesperanzado que se sentía alguien le hubiera dicho lo feliz que sería a estas altura, lo habría tomado por loco.
-Quizás- sonrió- Más adelante.
-Papá me ha contado que… estáis intentando concebir y parece que no hay suerte.
Esme borró la sonrisa de su rostro e incluso sus ojos color miel se entristecieron así que se arrepintió de habérselo dicho. Con Carlisle se sentía mucho más cómodo al tratar este tipo de temas porque quizás los dos recurrían al lado científico de las cosas pero con Esme - como con Bella- siempre salía la vertiente emocional y quizás no había tenido el tacto suficiente. Y sabía lo que seguramente le consumía: ya la había destrozado perder un bebé en su anterior existencia tanto que se había intentando suicidar y sólo con ver como se movía alrededor de Bella y cómo le preguntaba sobre las patadas del bebé era suficiente para comprender lo que deseaba encontrarse en esa situación.
-Perdona- dijo rápidamente- No quería molestarte, sólo que…
-No, no- le interrumpió- No pasa nada, cariño- sonrió de nuevo, levemente tensa- Tu padre te ha dicho la verdad: parece que no hay suerte. Pero como él dice quizás el destino lo quiere así porque ya somos más que afortunados por esta nueva oportunidad y poder estar todos juntos.
Iba a decirle que eso era una chorrada, que se lo habían ganado, que él había sufrido torturas por eso y las sufriría otra vez si meses después Aro les dejara marchar a todos con el corazón latiendo, pero alzó los brazos para abrazarle así que simplemente la aceptó para estrecharla. Le besó le mejilla sonoramente, olió esa maravillosa esencia floral de la Esme humana y le susurró al oído:
-Eres la mejor madre del mundo. Y la mejor abuela.
-Con eso, ya me basta- respondió ella.
Bella vio como Edward cerraba la puerta para salir hacia el pasillo y se volvió a centrar en su actividad cuando notó un zumbidito cercano que le asustó. Desconcertada miró directamente hacia los cristales porque quizás algún tipo de bicho golpeaba contra los cristales pero le sorprendió una luz proveniente de la mesilla, donde el móvil de Edward se iluminaba indicando una llamada entrante.
Los móviles. Ni siquiera los había echado de menos durante estos dos meses y medio. ¡Ni sabía dónde estaba el suyo! Cuando le sonó al llegar a Houston recibiendo una llamada de Carlisle que ya salían rumbo a Seattle para esperarse, la música hasta le miró extrañada como si fuera ella la que venía del siglo pasado y no supiera para qué servía tal artefacto. En la isla el teléfono vía satélite siempre estaba apagado excepto cuando tenían que llamar y había sido muy fácil acostumbrarse a estar incomunicados.
Lo tomó e incluso cogió aire para gritarle que volviera porque le parecía una intromisión responder a su teléfono, pero entonces vio de quién era la llamada entrante porque una foto con su cara de duendecillo sacando la lengua se activaba junto al nombre así que descolgó:
-Hola, Alice.
-¡Bella!- exclamó desde el otro lado- ¡Estoy tan frustrada! ¡Tan enfadada! ¿De qué sirve tanta jaqueca si no puedo ver el futuro cuando aún no ha pasado?
-¿Qué…?- titubeó Bella- ¿Qué ocurre?
-Quería ver cómo se tomaría tu padre lo del embarazo. Llevo toda la tarde a oscuras en casa intentando concentrarme y ¿sabes cuándo lo he visto? Ahora. ¡Oh! ¡Es horrible! Entiendo que mi familia biológica me internara en un Hospital porque pareceré una auténtica lunática. En Austin, en agosto y encerrada en casa. Lo sé- respondió sin parar para respirar- Pero no puedo hacer otra cosa.
Bella se rió porque la vitalidad era más desbordante ahora que incluso que cuando Alice no tenía que dormir. Su jovialidad era contagiosa lo mismo que su personalidad arrolladora pero incluso con eso Bella sintió un poco de lástima dado que en comparación con el resto - Esme, Carlisle, Rosalie, Emmett o el propio Edward - sí que se había traído lastre al volver a ser humana, como era su estado mental. Para ninguno de los Cullen Alice jamás sería una enferma como había sido para su familia biológica pero había sido la primera en pasar el reconocimiento médico de rigor e incluso Carlisle había insistido en que tomara un tratamiento con el que sobrellevar su hiperactividad o sus estados de lividez ya que un humano no los superaba tan bien como un vampiro.
-Está bien, Alice. Ha ido bien. Al principio no mucho, pero se fue bastante contento.
-Sí- bufó- Ahora. Lo sé. Oh, que fastidio- suspiró- Me gustan porque así me mantengo en contacto con vosotros y no os echo tanto de menos, pero me siento completamente inútil. Seguro que antes me querías más.
-Alice, no te puedo querer más de lo que te quiero. Eres mi hermana- dijo.
Alice, en su habitación, rodó por la cama para quedar bocabajo y así cogió sobre la mesilla la foto de la boda - realidad de aquella antigua visión - de Bella y ella. Sus sentimientos, ahora humana, los percibía de una manera completamente distinta que lo que recordaba de cuando era vampiro pero lo que sentía por Jasper, su familia y Bella era lo único estable. Sobre todo por ella. Seguir a Jasper para que cumpliera sus sueños era su máxima prioridad y si durante una décima de segundo se lo había pensando era sólo por permanecer junto a su mejor amiga, aunque gracias a sus frustrantes visiones al menos lo lograba extra sensorialmente.
Sí, si se lo contaba a alguien parecería una lunática.
-Creo que mañana iré al lago. No me gusta tomar el sol sobre el césped, me salen granitos- dijo como si la conversación debería ir por ese lado- Y después iré de compras. Pondrán rebajas en el centro. He encontrado unas tiendas geniales. ¿Quieres que te compre algo?
-Si es de mi tamaño y no va con zapatos de tacón, puedes comprar lo que quieras- respondió Bella.
-Me concentraré y te lo haré llegar. Gracias por seguir confiando en mi buen gusto. Creo que mi hermano no se quejó en absoluto de la elección de prendas del equipaje.
-Alice- respiró hondo desde el otro lado- Antes me habías prometido que no mirabas eso. Prométemelo de nuevo.
-Relájate, Bella- dijo riéndose musicalmente- Puedo ver que estás roja como un tomate y no creo que al bebé le siente bien que toda la sangre de tu cuerpo esté en tu cara. ¿Crees que con las jaquecas que me produce mis visiones quiero gastarlas en veros a ti a mi hermano retozar por la jungla?
-¡Alice!
-Es broma, es broma- se volvió a reír- Me vinieron algunos flashes pero los bloqueé de inmediato poniéndome a limpiar los cristales o haciéndome bucles en el pelo, cualquier cosa para olvidarme de vosotros. No es algo que hubiera querido observar, te lo prometo. Además, he estado muy ocupada con los muebles, con el papel pintado, con la elección de clases para el siguiente semestre, con el…
De repente se quedó lívida, lo único que sintió fue un frío extremo y a Bella llamarla desde el otro lado, pero dejó de sujetar el teléfono para que se le cayera y se dejó fluir. No sabía lo que las echaba de menos hasta que estaba viviendo una al completo. Tenía flashes, le venían imágenes, pero transportarse así al futuro, sabiendo que además era futuro… era increíblemente reconfortante.
Algo borroso pudo ver el Aeropuerto O'Hare donde Bella y Edward desembarcaban. Bella llevaba un conjunto precioso con una camisa de premamá que sería lo primero que buscaría al día siguiente en las rebajas y Edward cargaba con las maletas. Esas maletas en tonos café tenían que ser suyas también.
Chicago no era ya ni por asomo a lo que Edward o Carlisle recordaban: la ciudad se había extendido tanto que casi les fue imposible encontrar la zona del Hospital o incluso cementerios con más de 100 años de historia. A cada persona que les preguntaban les mandaban de un lugar a otro y sólo obtuvieron como respuesta unánimes que las víctimas de la gripe española del 1918 habían sido o cremados o enterrados en fosas comunes, algo con lo que ya contaban.
-¿En 1918, dice?- le preguntó el hombrecillo de la ventanilla.
-Sí- respondió Edward- En el verano boreal, no sabemos exactamente la fecha.
-Déjeme que lo consulte- murmuró tecleando el ordenador- Va a ser muy difícil, tras el gran incendio del 1871 se perdieron muchos registros y se reubicaron en numerosos edificios diferentes que llevaron su propio orden lo que nos deja un caos de unos 40 años, así que quizás no haya suerte con los de su familia. ¿Cómo dice que se llamaban?
Edward miró a Bella apoyada en el mostrados abanicándose con uno de los panfletos publicitarios de la ciudad que le regaló una mirada jocosa. Era la décima vez que contaba la misma historia: que estaba trabajando en el árbol genealógico de su familia que se remontaba al Chicago antes de los años 20 y que de suponerle el dolor de espalda que le estaba generando, además de mejillas encendidas por el calor, era al menos diversión.
-Edward y Elizabeth Masen. Sólo sé que fallecieron por culpa de la gripe española. Edward Masen en la primera oleada de la enfermedad y Elizabeth después. Tenían un hijo que también se llamaba Edward.
-Masen- repitió- Es un apellido un tanto común, lo mismo que el nombre. Déjeme ver…- volvió a teclear- Oh, sí, me sonaba haberlo visto. Ahora vuelvo.
El hombrecillo se levantó sin más y les dejó allí, delante de su silla giratoria vacía. Edward y Bella se miraron y sólo fue Bella la que se movió para tomarle de la mano, totalmente emocionada.
-¿Tendrá una foto? Quizás de un recorte de un periódico. ¿Te imaginas? Sabrás cómo era tu padre y podrás volver a ver el rostro de tu madre. O incluso una foto tuya. ¡Sería genial!- movió sus manos unidas arriba y abajo- Me gustaría tener una foto tuya de pequeño junto con tus padres.
-Bella, a principios del siglo pasado nadie tenía cámaras fotográficas en casa, como ahora. Ni siquiera se hacían retratos a no ser por alguna ocasión social en concreto.
-Lo sé, pero quizás… tu familia tenía una posición social importante y fuisteis noticia por alguna razón. Carlisle dijo que de no haber tenido un cierto poder adquisitivo no os habrían llevado al Hospital y recolectó varias joyas por lo que…
El hombrecillo volvió a aparecer con un libro de registros más viejo que el mismo Chicago que puso de un golpe sobre la mesa levantando incluso una nubecilla de polvo. Lo abrió para pasar el dedo por una hojas rumbosas y desgastadas y le dio la vuelta poniéndoles una página en concreto delante.
-No me consta nada más con el apellido "Masen", toda la gente fallecida por culpa de la gripe fue incinerada o enterradas en fosas comunes para evitar la propagación de la enfermedad, así que espero que esto le sirva de algo.
Bella apretó más la mano de Edward mientras ambos miraban la página donde se posaba el dedo del hombrecillo. E incluso contuvo la respiración. Con una preciosa letra redondeadamente gótica se veían dos nombres:
Edward Anthony Masen, Sr y esposa, Elizabeth.
Junto con una dirección. El nombre de dos criados que vivían con ellos en esa misma seña y un nombre más abajo.
Edward Anthony Masen, Jr.
-¿Dónde…?- titubeó Bella- ¿Cómo podríamos llegar a esta dirección? Quizás ahí sepan algo más.
-Lo lamento mucho, pero esa zona ahora es un Centro Comercial. La ciudad ha crecido mucho y si los herederos no reclamaron el terreno, no hay sitio donde puedan pedir información. Quizás si preguntan en el registro de la propiedad…
Bella miró a Edward pero éste seguía con la mirada clavada en el libro, incluso acariciando las letras con la yema de los dedos. Éste le apretó el brazo incluso para besarle el hombro deseando que el hombre se callara porque éste era el momento de Edward y si no iba a darles solución las negativas ya las sabían ellos, así que esperó a que después de unos instantes, tomara aire y dijera:
-¿Podría hacerme una copia de esta página? Es todo a por lo que he venido.
Después de salir de ese edificio el turismo que hicieron pasó demasiado deprisa en su visión: la visita al Museo, la Galería, un espectáculo de Jazz, un paseo por el lago, un transbordo en el tren elevado, la vista desde las Torres Sears,…
-¡Alice! ¡Alice!- exclamaba Bella desde el otro lado del teléfono.
El Hotel que ella misma había reservado - y cuyos datos ya se lo había enviado vía email cuando aún estaban en la isla porque también se había plantado ahí en plan flash - era más exquisito y acogedor de lo que había visto por primera vez: con vistas al lago Michigan y su propio embarcadero donde poder cenar a la luz de los candiles. Pero después de caminar casi todo el día, con la ola de calor de agosto que afectaba a Bella más de lo normal sólo pudieron disfrutar de pasada porque pidieron la cena al servicio de habitaciones.
Aunque estuvo a punto de gritar cuando la vio salir del cuarto de baño en vez que con uno de los camisones tan bonitos que le había comprado, con una camiseta de Edward que ya no le quedaban tan holgadas porque el vientre abultaba lo suficiente.
-¿Estás contento?
Edward, metido en la cama, levantó la vista de la fotocopia de la hoja del registro para sonreír. Así abrió la sábana para que Bella se tumbara a su lado para besarle sonoramente la frente.
-Mucho, mi amor. Sé que parece insignificante, pero hacer esto contigo lo hace muy grande.
-Ojala hubiéramos conseguido algo más.
-Hemos conseguido más de lo que esperaba: son sus nombres, sus nombres y el mío. Más de lo que he tenido en 90 años. Es todo lo que necesitaba, porque aunque seguro que fueron increíbles y que mi madre intentó hacer todo lo posible para salvarme, cada vez que pienso en mis padres veo el rostro de Esme y de Carlisle, ahora más que nunca. Y pronto tú y yo seremos padres, y eso es lo único que importa.
Bella sonrió y se estiró para besarle en los labios además para entrelazar sus manos y llevársela al vientre.
-Está tranquilo- observó él- Aunque en el concierto de Jazz dio un montón de patadas.
-Le gusta la música, como a ti- sonrió Bella- O quizás es que le guste Chicago- añadió- ¿Querrías que viviéramos aquí?
-Querría vivir allí donde estuviéramos todos juntos, mi amor- respondió en otro beso.
-¿Ah, sí?- preguntó Bella divertida- ¿Se acabaron las discusiones sobre Alaska o Dartmouth? ¿Sólo era una artimaña para volverme loca y ponerme el anillo en el dedo?
-Puede- rió- Todo ha cambiado desde que, durante 12 horas creí que los había perdido para siempre. O que después te perdería a ti y a Alexander. Así que si quieres ponerle cadenas a tu coche nuevo, nos iremos a Alaska.
-No creo que Alice encuentre abrigos donde esconder esta barriga tan enorme y a lo que le queda por crecer.
-Cierto- volvió a reír, ahora con un tono extrañamente susurrante- Y habíamos quedado en lo que me gusta que lleves poca ropa…
Batió la cabeza porque de nuevo no quería ver eso y recogió el teléfono sobre la cama para contestar a su interlocutor que la llamaba incesantemente.
-Chicago te gustará mucho, Bella- dijo, sin más.
-¿Qué?- repitió Bella- ¿Estabas teniendo una visión? ¿Por eso has tirado el teléfono al suelo? ¡¿Sabes que en mi estado no son buenos los sobresaltos?
-Oh- bufó la chica- ¿Y qué hay de eso que haces constantemente con Edward? ¿Es bueno en tu estado?
-¡Alice!- volvió a exclamar.
-Lo siento, lo siento- se rió- Pero es que la verdad que me lo ponéis bastante difícil. La visión viene y ¡puf! a veces no cierro los ojos lo suficientemente rápido. Vais a causarme algún tipo de trauma.
-¿Y si observas a otras personas? ¿Qué te parece a Rosalie y a Emmett?
-Oh, sí, a esos dos… Puede que Rosalie saliera de Forks con ideas muy claras respecto a lo de esperar al matrimonio, pero Emmett puede ser muy tenaz cuando se pone. ¡Ah! Y África no es tan glamoroso como siempre creyó. De hecho, los mosquitos les están abrasando, la arena del desierto se les pega a la piel y no se han echado suficiente crema protectora para el sol de la Sabana. Debieron ir cuando eran vampiros aunque las reservas de animales hubieran bajado considerablemente- soltó una risita.
-Vale- le cortó- Creo que no necesitaba tanta información. Porque tú lo sabes todo de nosotros y nosotros no sabemos nada de ti. ¡Y no es justo!
-Sabes que me quieres- volvió a reír- Y que me echas de menos.
-Mucho. No puedo esperar para volver a verte y abrazarte. ¿De qué me sirve que seas mi hermana si estás tan lejos? Desde que te conozco lo he deseado y ahora que lo eres te vas a miles de kilómetros.
-Tú también te vas a miles de kilómetros, pero de eso se trataba, ¿no? De ser libres. De hacer nuestras elecciones. De tener una vida normal.
-¿Lo echas de menos? Ya sabes…
-Absolutamente, no- respondió muy segura- Me encanta estar aquí. Y el sol. Y broncearme. ¡Y mi color de ojos! Ahora llevo flequillo, te mandaré unas fotos. Y estoy pensando incluso hacerme un tatuaje. Aunque a Esme y a Carlisle no les gustará mucho la idea. No tienen nada en contra de que viva con Jasper sin estar casados, pero, ya ves, lo de que me pinte un motivo en la piel con una aguja no les agradará demasiado- suspiró- Le diré a Emmett que lo haga antes para que estén tan enfadados con él que no se den cuenta del mío- soltó su risita- Dile hola a Edward- añadió.
Bella meneó la cabeza en el monólogo de su amiga y levantó la vista. La puerta seguía tal la había dejado al salir pero tres segundos más tarde volvió a aparecer proveniente de la oscuridad del cuarto con los catálogos por delante. Cerró la puerta y con su sonrisa se acercó a la cama para dejar los libros y besarle la frente.
-Es Alice- le susurró- Te manda un saludo.
-Voy a cambiarme, dile que no mire- respondió en otro beso para cruzar hacia el vestidor.
-Como si me apeteciera- bufó desde el otro lado- Que te hayas pasado dos meses y medio más tiempo desnudo que vestido no significa que lo haya disfrutado tanto como Bella- insistió levantando el tono.
-¡Alice!- exclamó Bella- ¡Estoy delante! ¡Y él ni siquiera te oye!
-Es cierto- rió de nuevo- A veces olvido que ya no tiene poderes… con todo el mundo.
-Basta. Esto me ha servido de entrenamiento cuando Emmett y Rosalie lleguen en un par de días. Ya me has abochornado lo suficiente. Así que voy a colgar.
-¡No!- rió otra vez- Perdona. Es que os echo mucho de menos. Echo de menos pelearme con Edward. No le digas que es un hermano genial y que lo único malo de Austin es que no estoy con vosotros. No se lo digas- repitió- O se lo creerá.
-Tu secreto, como todos tus secretos, morirá conmigo.
-Por eso te quiero tanto- respondió la chica- Buenas noches.
-Buenas noches, Alice.
Aún sonriendo puso el móvil sobre la mesilla y ahí pudo observar a Edward salir del vestidor, aunque ni siquiera llevaba un pijama como ella, por lo que la sonrisa como si estuvieran en la isla volvió a su cara: se había quedado simplemente con la ropa interior y llevaba el pecho desnudo.
Apagó la luz, la saltó para sentarse al otro lado y tras un beso incluso apagó su lamparilla.
-¿Cómo está hoy? ¿Tan hiperactiva como ayer?
-Nos echa de menos.
-Y nosotros a ella- añadió abarcándola con el brazo para que se acurrucara contra él- Pero esto es lo mejor para todos. Jasper está cumpliendo su sueño, Alice está con él, Rosalie y Emmett han podido viajar a África, irán a la Universidad en Nueva York, tú y yo tendremos a nuestro bebé…
Cada palabra la dijo con un beso y cada beso era en un trozo de piel más bajo que el anterior terminando en el vientre. Bella se fue resbalando por la cama hasta terminar con la espalda en el colchón sin borrar la sonrisa pero cuando Edward le levantó la camiseta para seguir por el vientre desnudo, incluso le detuvo.
-¿Qué… haces?
-¿No es evidente?- preguntó levantando una ceja.
-Pero…- se incorporó apoyándose en sus codos- Ya no estamos en la isla. Ni siquiera estamos solos. Esme y Carlisle están al otro lado del pasillo.
-Ya no nos oyen, no te preocupes- respondió para volver a su labor.
Se quedó unos segundos quieta mientras Edward proseguía con los besos e incluso se rió. Todo era tan… normal, que ni siquiera parecía real. Dormir en casa de los Cullen ahora sería lo que se convertiría en su habitualidad cada vez que volvieran a Forks y aquel cuarto - el que en principio fue del Edward de antes sin su cama y con cama para el Edward de ahora - sería su cuarto también. Como ayudar a Esme con la cocina ahora que se cortaba con un cuchillo o ver a Carlisle bostezar. El único puntito oscuro de su nueva vida era echar de menos a Alice, pero Edward tenía razón, era lo mejor para todos: para cumplir sueños truncados décadas atrás y que les traería un futuro prometedor donde por lo menos, ahora, habría un miembro más.
La penumbra se había marchado de su vida. Ahora sólo había luz, claridad y sol allá donde mirase.
