Gui: Dedico este capítulo también al reto La Danza de Dragones de Alas Negras, Palabras Negras, porque no quería dejar desoído este magnífico episodio.

Disclaimer: ¿Si Georgie le ha robado ideas a la historia, y nosotros le robamos ideas a él, en realidad le estamos robando ideas a la historia?


Dragones bailando
o La Más Humana de las Tragedias: la Guerra Testaruda


Jon, El Que Resbaló

Al parecer, Ulf el Blanco roncaba bajo una mesa en plena batalla. No le mataría a traición. Empezaría por el peligroso. Jon se había preparado para llevar a cabo la misión de los Caltrops, el grupo de caballeros más leales a su majestad el rey, dispuestos a la acción malévola del asesinato por el bien de una causa mayor y más justa: deshacerse de los bastardos traidores. El ataque inesperado de Addam Velaryon a lomos de Bruma se presentaba como la mejor ocasión.

¿Dónde encontraría a Hugh Martillo? Donde estuviese "su" dragón, Vermithor. Una tan gran criatura para ese tipejo que se las da de rey…

Jon casi había puesto un pie en el estribo para galopar hacia el dragón cuando vio llegar a la tropa del reyecito rubiales de la corona de hierro. Con su líder de pelo blanco a la cabeza. Así que dejó el caballo y le encaró, antes de que nadie pudiese leer sus intenciones:

-Lord Martillo, mis condolencias -el muy imbécil ni siquiera se dio cuenta de que Jon Roxton, un noble de verdad, caballero, le estaba llamando Lord. La ironía que impregnaba esa sílaba no sacudió un solo pelo de la blanca cabezo de Martillo. Pero es que Jon, además de audaz, sabía poner cara seria.

-¿Pa' qué? -preguntó el iletrado, girándose con toda su masa corporal.

-Habéis muerto en la batalla -y con tan sencillas palabras, Jon Roxton el Audaz le clavó su espada, Hacedora de Huérfanos, en las entrañas y, de ahí, trinchó al traidor del estómago al cielo.

Ningún hueso es rival para el acero valyrio.

Aunque quizás diez hombres, seguidores del recién asesinado, sí que eran rivales para la espada, por muy hacedora de huérfanos que fuese. Jon Roxton tuvo tiempo de dejar sin padre a tres mezclas de hermanos y hermanas, si es que los tres hombres a los que consiguió matar antes de morir tenían hijos.

Al abrir a Hugh Martillo en canal, Jon había provocado una avalancha de entrañas viscosas. Y luego había olvidado su reciente heroicidad, añadida a la mejor broma de toda la guerra (sin contar quizás el ataque de Addam Velaryon que estaban viviendo en esos instantes en el campamento de Ladera). No conectó la idea de vaciar el estómago del bastardo en el suelo con el hecho de que para pelear es mejor mantenerse en equilibrio. Ergo, no tuvo cuidado de dónde puso los pies. La tierra, firme hasta entonces, se había impregnado de sangre y de miles de lazos intestinales, y era un campo minado para el apoyo de Roxton. Mil maneras posibles de provocarle una caída se presentaban a él.

Jon Roxton, el Audaz, resbaló al pisar un trozo de entraña deslizante y uno de los seguidores de Hugh Martillo le abrió a él en canal.

La muerte de Jon Roxton, y su potencial de ironía, dio mucho que hablar, a cronistas como historiadores, en los años que siguieron a la Danza de Dragones.


Creo que podemos dedicarle un minuto de silencio a este pobre señor tan bien intencionado. Él quería quedarse con el dragón de Hugh Martillo, nada más. Entendedle. Pobre alma en desgracia.

Recomendación para los lectores del reto: el capítulo anterior realmente vale la pena. Por si os habéis quedado con ganas de leer.

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Gui
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