Cuando estoy en mi pijama, Kya me está esperando a la salida. Me acompaña de nuevo a mi cuarto con una sonrisa. Se alegra de que ya me haya recuperado. Al llegar, me vuelvo a incorporar en mi cama, con una manta muy suave. Mi madre me ha traído algo de cenar, y un vasito de leche calentita. Después de comer un poco, me siento mucho mejor.
Después, mi madre viene a darme las buenas noches. A pesar de todo, no consigo dormirme. Necesito aclarar las cosas, y me da igual lo cansada que esté.
Así que al rato de intentar dormir inútilmente, decido levantarme de mi cama. Me pongo una bata de estar por casa gruesa y mis pantuflas de ovejitas y salgo de mi cuarto. Me acomodo sobre el alféizar de la ventana con los brazos y me pongo a observar la noche. Luna llena, rodeada de oscuridad y de unos pocos luceros. Es muy bonito, sobre todo con las luces de los rascacielos de Los Ángeles para acompañar la escena.
Al cabo de poco rato, me interrumpen.
-¿Qué haces fuera de la cama? Vete a dormir, estarás agotada.
Es mi padre. De momento, decido no girarme.
-No puedo dormir. Estoy dándole muchas vueltas a algo, y me gusta mirar la luna cuando estoy hecha un lío.
Mi viejo se acerca a mí. Me pone las manos en los hombros afectuosamente.
-Luna llena. Tan resplandeciente y brillante como la que había el día que naciste.
(N.A.: En realidad, no tengo ni idea de si realmente el 24 de diciembre de 1981 y el 10 de febrero de 1997 había luna llena, no me apetece buscarlo. Me gusta la luna llena, y punto XD)
-Si tú lo dices… Tendrás razón. Como siempre. Siempre tienes razón.
-¿A qué viene eso, Kylie?
-Pues a eso. Siempre estás en lo cierto, incluso cuando me dijiste que no soy más que una mocosa caprichosa.
-Kylie, eso…
-Déjalo, ¿Vale? He tenido que estar en coma dos días para darme cuenta de que es así. No sirvo para nada, soy un desastre con pelo pelirrojo. Voy de súper-detective, pero no es tan guay como parece. He caído en una trampa. Y no he sido lo suficientemente audaz como para darme cuenta.
-No podías saberlo, Kylie. No digas eso.
-Ni siquiera he sido capaz de heredar tu instinto. Al fin y al cabo, lo has vuelto a usar. Me has sacado de allí. Aunque no tenías por qué. Quizás te hubiese hecho más servicio allí encerrada.
-¡No, Kylie! ¡He estado buscando la clave de esa puerta como un desesperado toda la semana! ¿Y crees que ha sido por orgullo a mi instinto? No. Por lo único por lo que el viejo madero ha resurgido de las cenizas es para sacaros de allí y que no os pasara nada.
-…
-Y he estado a punto de llegar demasiado tarde. Si hubiese tardado unos minutos más, no estarías aquí para contarlo de viva voz. Si te hubiese pasado algo…
-Estarías mucho mejor que ahora….- Bajo la mirada.
-No, yo no…
-Papá… No me digas nada, no lo entenderé. Soy una criaja, ¿Qué voy a entender? Pero sí que quiero que entiendas algo…
-Oye, Ky…
-No, déjame terminar. Yo… Lo siento mucho… Siento… Todo aquello que te dije, y la manera en cómo me comporté. No tenía derecho. Estaba equivocada todo el tiempo. Soy demasiado joven para conducir, y mucho más para investigar movidas que no me incumben.
-¡Kylie, no! ¡Estabas en todo tu derecho a protestar! El que hizo mal fui yo. No tenía que haberte tratado de esa forma. No dije lo que realmente pensaba, solo me importaba el demostrarte que estabas equivocada, pero no podía, porque no lo estabas. Y en este momento no me extrañaría que me odiases.
-Yo nunca… ¡Pero papá…! ¡Sí que lo hice mal, soy una inmadura! ¡Nunca debí decirte todo eso…!-tartamudeo.
Me he quedado en blanco. La verdad es que esa disculpa parecía sincera.
-Bueno… Ya. Pero yo no debí regañarte diciéndote cosas peores. Debí hablar las cosas contigo, y llegar a un acuerdo, no ignorarte. Eso es lo que un buen padre haría…
Hay una pausa. Mi viejo mira por la ventana, todo serio.
-¡Tú eres un buen padre! ¡Y no te odio, nunca te he odiado! ¡Y tampoco quiero otro padre, tal y como dije! ¡Yo…!
Me he puesto a llorar, aunque estoy haciendo un esfuerzo por no hacerlo.
-¡Yo te quiero mucho, papá! ¡Nunca nadie podrá ocupar tu lugar en mi vida! ¡Nunca podría odiarte, porque te aprecio mucho! ¡Cuando estaba allí arriba encerrada, y pensé que nunca más volvería a verte…! ¡Papá!
Corro a abrazarle con todas mis fuerzas, mientras lloro más.
-¡Se me cayó el mundo encima, papá! ¡Creía que no te vería nunca más, y que ni siquiera me despedí de ti! ¡Y en ese momento no quise vivir, papá! ¡Mi vida no tenía sentido si tú no estabas a mi lado! ¡Lo siento, papá, lo siento mucho!
Noto que él me abraza con más fuerza.
-Ya está olvidado, pelirrojilla. Yo también lo siento mucho. Siento que por mi culpa te hayas sentido así de mal, cuando en realidad eres una chica fantástica, y capaz de todo. Es cierto que te la han jugado, pero no es culpa tuya. Espero que todo lo que he hecho haya sido suficiente para demostrarte que yo tampoco te cambiaría por nada en el mundo, y que yo también te aprecio mucho. Perdóname, Kylie.
Sin dejar de abrazarme, mi padre se agacha a la altura de mis ojos. Intento dejar de llorar y sonreír.
-Entonces… ¿Empezamos de cero…Otra vez?
-Pues claro. Pero déjame que te diga un par de cosas, ¿Vale?
-Dime, papá… *Sniff*-accedo, secándose las lágrimas.
-En primer lugar, que… ¿Sabes esa clase de conducir que te di?
Asiento con la cabeza.
-En realidad… Me dejaste impresionado. Lo hiciste muy bien, te lo juro.
-¿De…De verdad?
-Sí. Lo hiciste tan bien… Que vi que habías madurado muy rápido, y que cualquier día podrías coger el coche… E irte, sin más. Y que ya no me necesitabas.
-Papá… Siempre te necesitaré… Por mucho que vaya sola a los sitios, o que aprenda a conducir, o que tome mis iniciativas. Siempre te necesitaré para apoyarme, para ayudarme con las dificultades… O para que me prestes pasta, ¡Ja, ja, ja, ja, ja!
-No te pases, que todo iba muy bien hasta ahora.
A pesar de su respuesta, está sonriendo sin dejar de mirarme.
-¿Y lo siguiente? Te escucho, papá…
-Ah, ya. Pues… Que… Por muy mal que estén las cosas, o por muy mal que creas que hayas hecho algo, nunca pienses que el mundo no te necesita, ni pienses en quitarte del medio, ¿Vale? Aunque yo no esté, siempre te necesitaré aquí, así que nunca pienses que no eres útil, ¿Sí? Siempre serás útil. Eres una gran chica, Kylie. No lo olvides.
Sonrío tímidamente.
-Te lo prometo, papá. Lo siento, supongo que no hablaba yo.
-Ya lo supongo. Lo importante es que te has despertado por fin de esta pesadilla. Vuelves a tu vida normal, Kylie.
-¿Ya podré meterme contigo?
-Por favor. Lo echaba de menos.
Ahora me río al pensar que por fin todo vuelve a ser como antes y que gracias a papá me he librado de una buena. No sé cómo agradecerle esto, pero ya que me ha dicho que echaba de menos mis bromitas…
-Estás más anticuado que los chistes del toc-toc, eres más raro que Los Ángeles sin coches, eres más cabezota que una mula, la gente prefiere comer basura a una de tus tortillas, y…
-¡No me busques que me encuentras, mocosa!
Me río a carcajadas. Por fin… Todo ha vuelto a ser como antes. Sin darse cuenta, él también se echa a reír conmigo. Ambos nos sentamos en el sofá y procedo a contarle mi aventura en el templo Nunakura. Además, dirá de mí, pero si se esfuerza, si él me busca, me encuentra.
(N.A: Lo de "buscar y encontrar" viene a cuento por lo del título, "Hide [Hyde] and Seek". Creí que era una buena ocasión para reflejar de dónde viene el título)
Cuando yo termino mi parte de la historia, mi padre me cuenta la suya. Parece que el viejo poli ha vuelto. Y sé que volverá cada vez que me meta en líos, así que es mejor que no se vaya demasiado lejos. Si lo digo porque no ande mucho, que ya está un poco abuelo, ¡Ja, ja, ja, ja, ja, ja!
Y hablando de abuelos, también me comentó lo de Ed. No es mi abuelo biológico, pero vamos, como si lo fuera. Me sentó mal enterarme de que había sufrido otro ataque al corazón, y más sabiendo que está delicado. Seguro que también tuvo la culpa mi "incidente".
Decido que mañana iré a visitarle al hospital. Espero que ya se encuentre mucho mejor. Porque yo también estoy muy a gusto aquí en casa, con los míos.
Antes de que pueda darme cuenta, pasa de la medianoche. Kya y mamá han venido a charlar con nosotros, en familia, y cuando ya se ha hecho tarde, se han ido a dormir. Yo quería hacerlo, pero no he llegado a mi cuarto. Me he quedado dormida en el pecho de mi padre.
De esto me enteré al día siguiente. De lo que también me enteré fue de que él se quedó frito conmigo, así que dormimos los dos en el sofá. Me contó que cuando era pequeña esto me pasaba a menudo, pero que él siempre me llevaba a mi cuarto para que durmiese mejor. Pero esta vez no le dio tiempo, porque estaba reventado de estar varias noches en vela por mí.
Otra cosa que me ha contado de su pasado. Es un detalle más bien puntillista, pero para mí es suficiente.
Y ahora, a ver a Ed.
