DISCLAIMER: Los personajes del manga y anime de "Candy Candy" no me pertenecen, son propiedad de Kyoko Mizuki, Yumiko Igarashi y Toei Animation Co. Yo solo suelo tomarlos prestados en esencia a veces para inventar con ellos historias con finales felices, tal como me hubiese gustado que sucediera en la trama original.

Amigas (os) bellas (os), vuelvo aquí después de tanto tiempo para traerles la parte faltante de este fic que les había quedado debiendo. Espero que no me odien por demorar tanto pero ocurrieron cosas en mi vida que me quitaron de verdad de algún modo la inspiración para seguir creando esta historia. Lo bueno es que ya estoy de regreso para concluir lo que un día con mucha ilusión empecé.

Les agradezco inmensamente por todo el apoyo, por tantos reviews recibidos y por sus suscirpciones, así como por su inmensa paciencia y prometo nombrarles a todas (os) en el siguiente capi para que vean que les tengo en cuenta. No les conozco pero les aprecio mucho aunque suene cursi jajaja, y les envío un grandísimo abrazo de Navidad. Este es mi regalo para ustedes.

Les quiero. Gracias de nuevo por seguirme en esta aventura

Atte.

Belén

NOTA:

A partir de aquí damos inicio a la tercera y última parte del fic, que confieso no será muy apegada a la trama original (porque entre nos, es la que menos me gusta), sin embargo trataré de conducirla en situaciones parecidas para no perder el estilo, hasta que por supuesto, nuestros protagonistas encuentren su propio rumbo hacia su felicidad.

Adicional a ello, quisiera hacerles partícipes de otras pequeñas historias (o spin off, podría quizás llamarles jajaja) que cree en estos dos años de ausencia, derivadas de este fanfic. Detallo la lista a continuación, por si las quieren leer:

1."Preludio de un enamoramiento" (que narra aquello que Anthony empieza a sentir por Candy)- Aunque la escribí con mucha anterioridad creo que bien puedo incluirla aquí.

2."La Alondra y el Búho" (referida a los inicios de la vida de Candy en Lakewood junto a Anthony y los chicos)

3. "Ensueño estival" (Concerniente a las primeras etapas del enamoramiento de Candy y Anthony)

4. "El preferido de Eliza" (que aborda una explicación sobre los sentimientos hacia Anthony de la pelirroja)

5. "A través del Océano" (One-shot inspirado en Terry y lo que sintió cuando conoció a Candy en el Mauritania)

6. "Inolvidable" (Un primer final alternativo y "light" prometido para Candy y Terry)

7. "El joven que me ama" (Un segundo final alternativo para Candy y Terry convertido en una historia larga y para personas de criterio formado)

Espero que puedan ser de su agrado. Me gustaría leer sus opiniones.

Ya no les canso ni confundo más, con ustedes el inicio de la conclusión esperada.

CAPÍTULO XLIX: El internado, la fábrica de estrellas y la lejanía

Los primeros meses de estudios para Candy habían transcurridos largos y complicados entre soledad y libros. Sintiendo la falta de sus amigos y del amor a su lado, cuya ausencia escasamente intentaba ser compensada por medio de cartas.

La adaptación a la Escuela de Enfermería, a una metodología estudiantil de tercer nivel, le trajo sus dificultades en un principio, que tuvo que soportar en silencio sin tener a nadie con quien conversarlas abiertamente de forma inmediata, teniendo así que aceptar la idea de empezar a abrirse paso sola en el mundo, comenzando una nueva vida desde cero. Lo curioso era que aun estando en su tierra natal, se advertía fuera de lugar, pues ahora que a todo lo que un día se acostumbrara había cambiado tanto, ya no la consideraba ni siquiera como suya… pero debía seguir adelante, lo tenía presente.

De vuelta en Chicago, en su nueva vida, había encontrado amigas y compañeras pero también detractoras, haciéndole saber que en el ambiente laboral tanto allí como en un futuro siempre encontraría competencia y envidias, más gracias a su don de gente, su inquebrantable fuerza interior, su natural carisma y optimismo, se sentía confiada de que podría lidiar con ello y sobrellevaría esas contrariedades, tal como se encontraba haciendo hasta entonces con las que se le atravesaran en el camino sin que consiguieran amargarla, como era el propósito de sus contrincantes.

Kilómetros lejos también de su familia de corazón en la cual a menudo ansiaba refugiarse, se obligó a permanecer estoica como siempre y optó por enfocarse de lleno en sus estudios, esmerándose cada día por ser mejor, lo que le llevó a la larga a obtener buenos resultados reflejados en su aprendizaje y calificaciones, descubriendo además que la total concentración puesta en sus prácticas y deberes le ayudaba a lidiar y evitar pensar mucho en la tristeza maquillada e inevitable que se le había instaurado en el alma debido a la nostalgia por las cosas que alguna vez fueran y que ya no serían jamás.

Su romance con Terry muy aparte de ello, seguía viento en popa. Era su refugio cuando la soledad por la noche intentaba apoderarse de ella, las veces en que no conseguía cansarse lo suficiente durante el día y tenía que soportar horas de desvelo. Sacaba del armario la caja de zapatos llena de sus esquelas donde le contaba sobre sus vivencias en New York y la colocaba en la cama a su lado para leer y releer sus palabras escritas con su hermosa caligrafía hasta que se quedaba dormida, y en ciertas ocasiones el sueño la alcanzaba en cambio con lápiz y cuaderno en mano mientras redactaba borradores para escribirle otras.

En tanto esperaban a que transcurrieran los meses que faltaban para la boda, ambos continuaban luchando por profesionalizarse en sus carreras. Él buscando abrirse camino con la actuación y ella en su rama de salud, estando consciente de que su título sería su arma de defensa para poder trabajar en New York, cuando le tocara irse a radicar allá en su futura vida de casada. Candy oraba hasta entonces para que todo les saliera bien, para que pudiesen cumplir sus planes trazados sin inconvenientes, para que del cielo los cuidaran y rigieran en sus destinos hasta que lograsen alcanzar la tan ansiada y mutua felicidad. Y oraba en especial por su causa, porque le deseaba lo mejor de corazón, tal como procuraba recordárselo a menudo en la correspondencia semanal que mantenían. Buenos deseos que eran respondidos a ella en agradecimientos los lunes por la mañana, cuando el mensajero le entregaba el pequeño paquete con sus misivas en la mano… Aunque aquello en el fondo solo empeoraba la falta que le hacía y sus propias inseguridades secretas por momentos, al tener presente que en el ambiente artístico en que se desenvolvía podía atraerle a diferentes tentaciones… Se recalcaba siempre que no era una novia celosa, que comprendía lo comprometido del ámbito del espectáculo, pero al final de cuentas era humana y no podía evitar que le surgieran dudas al respecto.

Y aquella cuestión combinada con el estrés que a diario descubría en las prácticas de enfermería y en lo complicado de sus estudios, conformaba la cereza del pastel de sus cavilaciones, algo de lo que no trataba con sus nuevas amigas por no considerarlas lo suficiente de confianza y que le llevaba a su vez a echar de menos aun más a las que se encontraban al otro lado del océano, cuyas contestaciones a sus misivas tardaban semanas en llegar hasta sus manos.

En resumen, de tal forma transcurrían los días de lo que podía decirse su vida adulta anticipada, de su independencia. Envuelta entre tareas estudiantiles y quehaceres hospitalarios, aprendiendo responsabilidades para desenvolverse en un futuro. Por suerte la política del internado respetaba el asueto del fin de semana, días libres que aprovechaba para descansar y dormir hasta tarde para reponerse a sí misma, tomar un tren hasta las afueras de Chicago para ir a visitar a sus madres y amiguitos del Hogar de Pony, salir a pasear por el sector con sus nuevas amistades o hacer compras de los productos personales que necesitaba.

Fue así como una mañana de sábado al entrar a una tienda de abastos del centro de la ciudad, como por esas coincidencias del destino que ocurren cuando uno piensa de casualidad en alguien y poco después lo vuelve a encontrar, se topó de cara con Dorothy, quien en esos momentos terminaba de cancelar sus compras.

Está demás decir lo efusivo del encuentro, en la típica forma que dos buenas amigas después de años se vuelven a ver. Ambas gritando y dando saltitos de alegría se abrazaron frente al anciano cajero que las observaba con curiosidad al igual que el pequeño niño que la joven castaña llevaba en brazos.

-¡Mi Dios, esto es increíble, Dorothy, no puedo creer que seas tú!-

-¡Candy has crecido tanto, eres toda una mujer!-

-Tenemos que conversar harto- declaró Candy con su natural alegría tomándola del brazo sin dejarle opción a reparos

-Ya lo creo. Ha corrido demasiada agua por debajo de nuestros puentes- argumentó Dorothy pero entonces el nene que no aparentaba tener más de dos años comenzó a llorar, incómodo de continuar en ese lugar encerrado, además de con ruido de coches y caballos que provenían de la calle, por lo que cual mujer autosuficiente, después de arreglarse el bolso de las compras en su hombro izquierdo, procedió a mecerlo en su otro brazo intentando calmarlo.

-¡Oh, permíteme ayudarte!- ofreció Candy enseguida, solicitándole que le dejara cargar el carterón con las cosas en tanto a su vez se encargaba de acariciarle la mejilla y hacerle mimitos al bello niño que había notado desde el primer momento poseía la misma tonalidad de cabello de su amiga y los ojos de Pierre, el profesor de Lakewood, con quien se había casado –Y este joven príncipe, ¿es tuyo y de Pierre?- necesitó comprobar aunque ya sabía la respuesta.

-Así es. Es la luz de mi vida. Iván saluda- contestó Dorothy, haciéndole mover la manito a su hijo, que ya se encontraba más calmado debido a las atenciones y caritas graciosas de la chica rubia.

-Es… increíble- expresó Candy con sinceridad, analizando la situación de corazón –Un niño que salió de ti…- Una oportunidad que ella todavía no tenía pero que consideraba debía tratarse de una maravillosa experiencia al vivirla junto al hombre que se ama –Pierre y tú deben ser muy felices-

Más Dorothy guardó silencio al escuchar esta última acotación y su semblante pareció de algún modo amargarse.

-Si supieras- contestó suspirando con un notorio cansancio que a Candy asombró, permitiéndole comprender de inmediato que las cosas no eran para nada como ella las imaginara. Su impresión fue tal, que después meditando los acontecimientos de ese día en las sombras de su habitación antes de dormir, se preguntó qué cara habría puesto porque enseguida Dorothy le tomó de brazo para hacerla reaccionar –Me gustaría contarte muchas cosas. Voy a preparar el almuerzo y te invito a casa, pero antes vamos por lo que tú viniste a ver- y recordándole aquello la condujo hacia el interior de la tienda.


El departamento donde residía Dorothy no era muy lejos del centro de Chicago. Era pequeño pero acogedor, y sobre todo adecuado para dos personas, que en este caso eran ella y su hijito.

Dorothy había renunciado a laborar para los Ardley luego de que se casara con Pierre confiando en que a partir de entonces sólo iba a dedicarse a su propia familia, más no habían resultado sus planes como los imaginara, terminándose pronto su cuento de hadas.

Pierre no había resultado ser el hombre ideal como parecía, tenía defectos y muy arraigados. Vicios que escondía, como su afán por los juegos de azar, su propensión a descontrolarse al ingerir alcohol y además tendencia a andar con diferentes mujeres, que terminaron afectando no únicamente la parte económica sino el bienestar de la familia, por lo cual en contra de las conservadoras opiniones que los conocidos o cualquiera pudieran tener, aun cuando el divorcio no era bien visto, Dorothy decidió separarse y emprender su propio camino anteponiendo el futuro de su hijo a todo. Por suerte, Pierre para entonces ya embarrilado en una nueva relación amorosa con una colega de la escuela donde laboraba; le permitió hacerse cargo del niño considerando que estaría mejor con ella por ser mujer.

Sin suplicarle que se sentía devastada, Dorothy supo enfrentar la adversidad y como madre soltera se lanzó al mundo, consiguiendo un empleo de obrera en una fábrica de dulces, lo que le permitió alquilar un cuarto y empezar a mantenerse a sí misma junto al pequeño Iván sin ayuda de nadie. Todo un ejemplo a seguir para Candy, de alguien que había caído aprendiendo a volverse a levantar.

-Se me hace tan difícil asimilarlo- profirió después de que la noticia le dejara en estado de estupefacción

-Uno nunca termina de conocer del todo a la gente. Reconozco ahora que aquel dicho es verdad- profirió Dorothy con la mirada durante un momento en el vacío. Ambas se encontraban entonces sentadas a la mesa del comedor aunque ninguna quería probar un bocado – ¡Oh santo cielo, Candy!, discúlpame por haberte aburrido tanto con toda esta complicada historia, pero necesitaba tan desesperadamente compartirla con alguien. Mi familia como sabes vive lejos de la ciudad y yo no puedo simplemente volver a refugiarme en ellos como quisiera, cuando tanto dependen también de mi ayuda- expresó de repente la joven castaña avergonzada, reparando en que había estado charlando sobre su problemática situación desde que comenzaran a preparar los alimentos hacía casi una hora, en lo cual Candy como siempre comedida se había ofrecido a ayudarla –Mejor ahora cambiemos de tema y cuéntame por favor de ti, ¿Cómo te va?, ¿Cuándo regresaron de Londres?, ¿Cómo está Anthony?-

Y esta vez fue Candy quien bajando la mirada guardó silencio ante una pregunta que esperaba

-En realidad volví sola- le compartió con el dolor apesadumbrándole el alma. Dorothy permaneció escrutándola un par de segundos sin entender, a la espera que se explicara mejor

Anthony y yo rompimos- Candy al final le confesó y al hacerlo tuvo que levantarse y acercarse a la ventana abierta para tomar aire porque de súbito sintió que le faltaba, mucho más cuando su propio comportamiento le recordó al de Pierre en el sentido amoroso, provocándole que sintiera repulsión de sí misma –…Él se quedó en Europa junto a su padre y yo vine aquí para encontrar mi propio rumbo... Ahora estudio Enfermería-

-Candy lo siento tanto- expresó Dorothy con genuina pena, quien siempre fuera de quienes principalmente les apoyaban –Pero en lo que sea que haya acontecido para que su relación terminara, estoy segura de que tú no tuviste la culpa-

Dorothy todavía confiaba de forma intachable en ella y enterarse de eso a Candy le lastimó más que nada, pues le hizo recordar al mismo tiempo sus anteriores palabras sobre la cara oculta de la gente, lo cual sin lugar a dudas era su caso. Cerrando los ojos de espaldas a su amiga por lo tanto, mientras una lágrima se le escapaba, se armó de valor para contarle toda la verdad.

-En realidad sí lo fue… yo lo eché todo a perder-

-¡Candy!- exclamó Dorothy asombrada sin dar credibilidad a lo dicho, sin embargo fue condescendiente en una situación que a la par como la suya descubría complicada -…Bueno, en tal caso supongo que algo grave debió haber sucedido que te empujara a hacerlo- opinó mientras le daba de comer unas cucharaditas de puré de patatas a Iván, sentado en su silla alta de bebé junto a ella.

-…En realidad… conocí a alguien más. Alguien maravilloso y ahora estamos juntos- abrazándose a sí misma, con valentía Candy reveló, pues la culpabilidad por sus actos también era un peso en su interior del que buscaba a gritos liberarse – Él se dedica a la actuación, ahora está viviendo en New York siguiendo sus sueños y yo lo adoro- continuó, luego se volteó despacio atreviéndose a mirarla, encontrando que Dorothy la observaba sorprendida. No pudo entonces seguir conteniéndose y empezó a llorar.

-Dorothy tú eres mi amiga, dime de verdad que opinas... Soy una mala mujer, soy como Pierre en versión femenina, ¿verdad? Me comporté muy mal con Anthony y lo lastimé… ¿Crees que merezco perdón? ¿Tú me condenas?-

-Candy…- expresó una vez más Dorothy pero en esta ocasión con benevolencia, intentando comprenderla, Candy lo intuía. La chica de larga cabellera empero continuó –En realidad es un asunto que da para pensar. Cuando un hombre comete infidelidad la sociedad no lo condena y los de su gremio hasta lo ensalzan, pero si sucede aquello con una mujer, ésta es tildada con los peores insultos. Por mi parte, soy de la opinión que cada quien tiene derecho a elegir su camino y lo respeto. No soy quien para juzgar Candy, cuando me gustaría tener una máquina del tiempo, de esas que soñaba con inventar Stear, para volver al pasado y que se me presentase una oportunidad así de elegir otro rumbo antes de que Pierre terminara conmigo. Ahora vamos, seca esas lágrimas que no eres una mala chica. Te he visto crecer y puedo dar fe de ello- le animó haciéndola sentir mejor, por lo que Candy absuelta de un calvario fue hasta ella y arrodillándose se debruzó a llorar en su regazo, buscando en su consuelo el afecto de una madre o hermana que tanto necesitaba en medio de su soledad.

-Gracias, gracias Dorothy, por comprenderme, por no señalarme. Yo sé que me porté mal y que algún día deberé pagar por mis malos actos- expresó sollozando.

-Está bien, ya pasó- Acariciándole la rubia cabeza con fraternal ternura, Dorothy intentó confortarla. Sin embargo con el pasar de los minutos al verla llorar así no pudo evitar que una incógnita en su interior empezara a generarle gran curiosidad y con toda la confianza que ser amigas de años conllevaba, terminó por consultársela.

-Candy, dime la verdad, ¿extrañas mucho a Anthony?-

Candy se enderezó un poco y se secó lo que mejor pudo con la mano las mejillas húmedas antes de contestar

-Sólo espero que donde sea que se encuentre, esté bien y feliz-


Al presentarse a la audición para "Hamlet" de la Compañía teatral Strandford, una de las más afamadas de Broadway, Terry no imaginó encontrarse con tantos aspirantes, y aunque venía de varios meses de estudio en actuación con reconocidos dramaturgos por recomendación de su madre y experiencia en papeles menores de compañías más pequeñas, como cualquier artista en busca del primer protagónico de su vida tuvo sus dudas sobre si podría conseguir el papel.

Lo primero que hizo por ello, después de que le asignaran la numeración para presentarse, en pro de librarse de los nervios tan molestos que odiaba sentir, fue separarse del resto y explorar el lugar por sí solo, porque le ayudaría a calmarse. Se encontraba entonces en los territorios de una compañía con teatro propio. Modesto pero con historia. Desde el cual habían despegado los sueños de muchísimos actores de las tablas y donde los suyos también podían volverse realidad.

Curioseando sigiloso así como un alma en pena, haciendo caso omiso como siempre a las restricciones advertidas con obstáculos a los inicios de algunas escaleras para no pasar, se abrió camino sin ser notado hasta la galería del tercer piso, desde donde inmerso entre las sombras pudo contemplar el desempeño de los demás competidores, permitiéndole pulir de tal modo las ideas sobre lo que debía hacer para volver más impactante su actuación en cuanto llegara su turno, al igual que conocer los detalles que al Director no le gustaban.

La prueba consistía en recitar el Acto IV de la obra, siendo puntos importantes a calificar el famoso monólogo del "Ser o no ser" y la interacción con el principal personaje femenino de la obra, para el cual las audiciones ya se habían realizado con anterioridad, resultando elegida una chica esbelta de largos cabellos rubios, la cual aunque no alcanzaba a ver su rostro desde la altura donde se encontraba, advertía que era bonita y en especial que se desempeñaba bien en su interpretación, poniendo toda su concentración en el papel.

Examinaba Terry eso, cuando fue testigo de una escena singular. Al parecer el joven con el que le tocaba interactuar a ella en esos momentos, un tipo rubio de estatura no muy alta pero sí de contextura fornida, al tenerla cerca no se resistió a sus encantos y en un impulso o quizá de forma planeada, intentó en la parte de más exaltación del diálogo, besarla. Acción por la que se ganó un buen empujón de su parte, además de un regaño de la directiva por no adaptarse del todo al guion al incluir una escena fuera de lugar, y para concluir también hubo una llamada de atención para ambos, exigiéndoles mayor profesionalismo, con lo que se rompió visiblemente y a totalidad la cordialidad entre los dos actores.

Más, pronto tuvo que dejar de centrarse en lo interesante que acontecía en el escenario y levantarse alerta de la butaca donde se había sentado, al descubrir que el lugar que eligiera para estar tranquilo también atraía a otros.

-¡Ese cretino de Gastón intentó sobrepasarse con mi Su! ¡Lo voy a matar!- declaró con coraje una voz masculina

-Jajaja, ya me lo decía yo que le tenía ganas- se burló otra, una femenina, mientras subían desde la galería inferior hasta donde él se encontraba. Terry maldijo así en mala hora haber decidido permanecer cerca de la escalera.

Se trataban de un chico y una chica quienes por la confianza de sus acciones, se notaba que conocían bien aquel sector del teatro, y quienes al verlo se llevaron una gran sorpresa.

La muchacha, alta, algo desgarbada y con una abundante y ondulada cabellera castaña rojiza, fue la primera que reparó en su presencia y el susto que se llevó en aquel instante inesperado sería algo que Terry no olvidaría, causándole de inmediato ganas de reír. Por otro lado el muchacho, delgado, de cabello castaño oscuro, rizado y corto y con un remarcado acento francés, al ver la palidez de su amiga, se volteó enseguida contagiado de sus actos y en un principio también se sobresaltó pues no contaba con encontrarse a alguien allí.

Su siguiente accionar sin embargo a Terry le agradó, al verlo cuadrarse en posición de pelea, manteniendo a la chica detrás, dispuesto a defenderla como todo un caballero, lo que decía muy bien de él. Creyendo quizá que se encontraba junto a su amiga frente a un malhechor.

-¿Quién eres?- demandó saber y para sorpresa de Terry antes de que pudiera responder, fue la misma chica quien se manifestó al momento siguiente, ya perdiendo el miedo y escrutándolo de arriba abajo con cierta coquetería.

-Otro aspirante- contestó en su lugar y Terry se dio cuenta siguiendo la dirección de su perspicaz mirada que había concluido en ello al percatarse de la cartilla con la numeración que le asignaran a la entrada, la cual en lugar de colocársela en el bolsillo superior de su gabán como era lo adecuado, llevaba en ese rato entre las manos para poder esconderla rápido en caso de que los de seguridad lo llegaran a encontrar merodeando por allí, en cuya defensa de darse el caso tenía planeado argumentar que se trataba tan solo de otro miembro del staff, quienes a decir verdad eran muchos, y de tal forma no perdería su audición.

- Y ustedes también lo son- respondió sin amilanarse, señalando a su vez las cartillas con el turno de ambos. No obstante, como pocas veces con desconocidos, sintió la necesidad de demostrar algo de amabilidad para con ellos -Soy Terrence Grandchester- se presentó al final de buena gana, algo por lo general inusual en su manera de ser, optando por hacerle caso a su intuición de que valdría la pena hacerse amigo de ambos, que eran por lo visto rebeldes tal como él.

El muchacho lo escrutó un momento hasta que al parecer lo encontró confiable y sólo entonces accedió a presentarse también.

-Me llamo Maurice Colleman y ella es mi amiga Karen Klein- se encargó de presentar a su vez a la chica

-¿Y entonces, llegaste hasta aquí solo, sin miedo de que te descubran?- ella de inmediato quiso saber con interés

-¿Miedo?, miedo solo a los poderes superiores- Terry expresó con una media sonrisa a modo de burla mientras buscaba en un bolsillo de su largo abrigo café un cigarrillo, que de inmediato encendió –Necesitaba un sitio para fumar tranquilo- les explicó al tiempo que se arrimaba en la baranda del balcón retomando su atención en el desempeño del resto de competidores. No le importaba si iban con el chisme sobre su comportamiento, de cualquier forma ellos tampoco siendo aspirantes iban a salir bien librados al infringir las reglas al igual que él.

-¡Excelente!- opinó Maurice empero con un sincero dejo de admiración –Esta idea no se me había ocurrido. Creo que empezaré a ponerla en práctica-

Terry en respuesta le extendió la cajetilla a ambos convidándoles, y tal como lo esperaba, vio que hasta Karen aceptaba sin escandalizarse o detenerse a meditar en si aquello estaba mal como hubiese hecho cualquier chica de sociedad. Punto que le confirmó lo que pensara de la indisciplina de los dos en un principio, terminando de convencerle que no le resultaría difícil llevarse con ellos. La chica continuó en tanto con lo que desde un principio quería opinar

-Es solo que es inusual toparnos con un aspirante nuevo capaz de violentar las reglas… por lo general los nuevos siempre son los más cuidadosos al respecto, buscando no desagradar a los directivos-

Terry que no era precisamente un novato como ella mencionaba y que venía de interpretar papeles varios en modestas compañías de teatro, no le prestó importancia al comentario.

-Supongo que ustedes cuentan aquí con vasta experiencia- acotó sin embargo por tener algo que decir, sin ganas de discutir

-En realidad ella se refiere a reincidentes- explicó mejor Maurice

-Quiere decir que ya hemos estado aquí adicionando varias veces…y sin conseguir el éxito que esperábamos- añadió ella entonces con la vista también en el centro del escenario, mientras se arrimaba junto a Terry en la baranda y del otro lado lo hizo Maurice –Pero que es de esperarse si la última palabra sobre las elecciones en los castings la suele tener la gran Susana…- agregó

-¡Karen!- exclamó Maurice enojado y por la forma en que ella se había referido a la fémina mencionada, Terry se dio cuenta que no le caía para nada bien.

-¿Qué? ¡Pero si lo que digo es verdad!- protestó Karen y en esos instantes a Terry de verdad le alivió que se encontraran en el sector más alto del teatro porque de lo contrario abajo les hubiesen escuchado y echado.

-¡No te consta, eso es solo chisme de sus odiadores! ¡Por supuesto tú figuras entre ellos!- defendió a la aludida Maurice

-¡Y tú siempre de su lado! ¡Lo dejas pasar porque te gusta!- le acusó Karen señalándolo con el dedo y dirigiéndose donde él para continuar con la pelea – ¡Y lo peor es que ni te registra, jamás te va a dar una oportunidad!-

-¡Karen basta!-

-¡Es que me da coraje que no recapacites!-

Los nuevos conocidos de Terry continuaron haciendo suya la platea del tercer nivel para sus discusiones mientras él sintiéndose fuera de lugar en un problema que advertía por parte de la chica con un tinte de celos, decidió enfocarse mejor en lo que continuaba pasando en el escenario para pulir sus estrategias. El objetivo que le había llevado allí. No obstante, no tardó mucho en llegar a su entendimiento quien era la manzana de la discordia.

-Es ella ¿no es así?- consultó con una media sonrisa, mirando a la rubia desempeñar su parte y su acotación sirvió sin querer para calmar un poco lo encendidos ánimos.

-La misma- profirió Karen con fastidio, alejándose de Maurice para volver a posarse a su lado observando al frente –Se trata de la única hija de Newland Marlow, el galardonado y muy querido dramaturgo de Georgia. Él fue uno de los fundadores de esta compañía conocida como la fábrica de estrellas- le contó

-He escuchado sobre él, falleció hace algunos años- recordó Terry, interesándose en el tema

-El mismo y parece que por aquella razón los directores y organizadores siempre muestran un cariño especial por "Susanita"- añadió con visibles ganas de molestar a Maurice, volteándose a verlo, quien de brazos cruzados un tanto molesto permanecía un tanto apartado.

-Lo que pasa es que Karencita está celosa porque Susana le ganó el papel de Ofelia- indicó Maurice imitando el modismo de la enojona chica mientras volvía a acercárseles –Pero no deberías quejarte niña, el papel de la Reina Gertrudis es el segundo femenino más importante y además el Director te pidió que te aprendas todos los diálogos de la obra para que puedas reemplazar a Susana en caso de que deba ausentarse. Cualquier otra estaría conforme de tener una oportunidad de abrirse camino aquí-

Terry tan solo la miró, asintiendo, demostrándose de acuerdo con lo dicho. Karen lo notó, sintiéndose ofendida de parte de ambos.

-Ya lo sé y eso no lo discuto- expresó con altivez –Sin embargo a mí me gusta ganar- declaró antes de dar media vuelta y marcharse sin siquiera despedirse.

-La chica con carácter más difícil que he conocido- confesó Maurice moviendo la cabeza. Terry mientras tanto se percató que faltaba poco para que llegara su turno al verificar el número cantado del siguiente aspirante.

-Debo alistarme- dijo acomodándose el abrigo, percibiendo sus anteriores nervios opacados ya por la emoción de la adrenalina. Listo para dar guerra, y al parecer a Maurice su actitud no le pasó desapercibida.

-Buena suerte hermano- le deseó con sinceridad.


Cual si hubiese esperado por aquel papel toda la vida, Terry entró en escena para hacer suya una obra que era de sus favoritas y que se sabía casi de memoria. Con una seguridad y presencia imponentes que notoriamente encantaron a la coprotagonista y gustaron al Director.

Se imaginó que los diálogos los compartía con la chica de sus sueños, su amada Candy, su estrellita brillante, quien sabía se encontraba en aquellos momentos durante su semana de exámenes en el internado y esperaba que le estuviese yendo muy bien, como intuía con fe que le iba a ir a él. Cuánto ansiaba volver a verla. Cuántos problemas y obstáculos habían superado para estar juntos. De sólo recordarlos se llenaba de coraje y aquello le ayudó en su interpretación haciéndola más convincente.

No tuvo muchas objeciones en su presentación como los demás aspirantes. Un par de indicaciones sobre su postura en el escenario y se encontraba libre después de brindar una excelente prueba. Algo que les dio una idea a sus competidores de que se encontraban de cara a un poderoso adversario.

Se pensaba que los resultados en el ámbito masculino iban a conocerse al final de la tarde de ese mismo viernes pero luego les comunicaron que serían publicados por la mañana del día lunes, por lo que muchos se retiraron renegando. Sin embargo para Terry que desde un principio quiso pisar ese gran escenario estado solo, para imaginar lo que se sentiría ser una estrella principal, no fue molestia. Esperó por lo tanto con paciencia en uno de los camerinos, aunque no estaba muy acostumbrado a ello, a que todos se fueran para poder ir al sitio ansiado, luego podría salir sin inconvenientes por una de las ventanas de los mismos camerinos que no poseían barrotes. Era un plan fácil, pero no contaba con encontrarse frente a una escena dramática genuina de camino cuando se disponía a llevarlo a cabo.

-No puedo hacer aquello, de verdad mamá- profirió la voz llorosa de una chica

-No es que no puedes, la verdad es que no quieres, pero lo siento querida, no tenemos otra opción- se escuchó hablar a una mujer un poco mayor.

Antes de descender por una pequeña escalera que llevaba a la antesala del auditorio, Terry se detuvo un momento a escuchar, no queriendo pasar por allí en medio de ellas e interrumpir. Además de que la primera voz no tardó en reconocerla, pues la había escuchado toda la tarde a lo largo de las pruebas.

-Por favor mamá, ¿no podríamos tan solo esperar un poco más? La obra será puesta en escena para finales de mes y comenzaré a recibir un sueldo. Hasta mientras con nuestros ahorros podemos pagar las deudas de la casa- propuso la chica en una tonalidad nerviosa, más la segunda mujer se comportó tajante

-¡Susana!, ¡No seas irracional!, Es que no entiendes que no podemos vivir de miserias. Tu padre murió, ya no gozamos de su fortuna, debemos buscar la manera de salir a flote y pronto-

-¡Si hemos llegamos a esta situación es porque tú te malgastaste la fortuna de papá y aun así continúas endeudándote!- envalentonándose la chica rubia entonces le confrontó, pero su fuerza no prevaleció mucho puesto que enseguida se vio frenada por una sonora bofetada

-Que sea la última vez que dices eso- la dama mayor le advirtió – ¡Todo lo que hice fue por educarte a ti, para que tengas un brillante futuro y así me pagas, insolente! El hijo del productor Wickham es una honorable persona, adinerada y me ha pedido tu mano. Si no fuera por tu abuelo que tanto te sobreprotege ya hubiéramos acordado el matrimonio. No obstante, tengo esperanza de que lograré convencerlo pronto. Ahora te estoy dando la oportunidad de que lo conozcas y te vayas familiarizando antes del compromiso formal, él desea salir contigo previamente, pero si te niegas será bajo tu responsabilidad, pues el acuerdo sucederá lo quieras o no. Esta es la oportunidad de tu vida y no te dejaré desperdiciarla-

-¡Mamá pero no entiendes, yo no siento nada por ese tipo más que aversión!, hoy intentó besarme sin mi consentimiento. Además el día en que una mi vida a alguien deseo que sea por amor- manifestó suplicando la acongojada chica y Terry entendió desde su escondite que el mencionado no era otro más que el tal Gastón, quien de entrada le cayera mal a él también.

-Jovencita, yo no te lo estoy preguntando, te estoy dando una orden y con eso cerramos el tema- Con aquello la mujer se retiró dejando a su hija en un mar de lágrimas.

Terry apenas pude ver su sombra reflejada en la pared alejándose, se preparó para salir pero sólo lo hizo cuando dejó de escuchar el eco de sus pasos resonando en el linóleo del edificio semivacío. Así era preferible o de lo contrario quizá no se hubiese contenido de decirle a aquella mujer unas cuantas cosas.

Susana Marlow se encontraba para entonces llorando abrazándose las piernas, sentada en los últimos escalones y no advirtió su presencia hasta que él se detuvo frente a ella.

-Si no estás de acuerdo con algo, debes decirlo. Manifestarlo fuerte, para que no hagan un títere de ti- sin conocerla bien, más allá de lo que por encima en el casting le presentaran, con una sensación de que no podía permanecer ante aquello sin hacer nada, Terry se atrevió a aconsejarle, y la chica que en primer momento lo miró asombrada, poco a poco en medio de su sufrimiento, bajó la mirada aceptando sus palabras.

-¿Eres Terrence, no es así?- musitó con algo de timidez

-Así es- corroboró él mientras descendía despacio, mirando al suelo sin poder evitar sentirse un entrometido, los pocos escalones que le quedaban

-¿Escuchaste todo?, Debes haber encontrado esto como un espectáculo patético y gratis- expresó la rubia avergonzada sin darle la cara y secándose las lágrimas.

-Yo solo bajaba por aquí en mala hora y sin querer les escuché. No soy de los que les gusta inmiscuirse en la vida ajena ni en asuntos personales, más no me gustan las injusticias y mucho menos ver a la gente sufriendo por causa de ello- explicó él, deteniéndose antes de proseguir su rumbo -¿Estás bien?- quiso por último comprobar. Ella cabizbaja únicamente asintió, pareciendo intentar ocultarse del mal rato detrás de su largo cabello claro cayendo como cortina a los costados de su cara. Él creyó así que ya había cumplido su parte y emprendía la retirada pero entonces le escuchó hablarle en voz bajita, haciéndole aminorar el paso.

-…Gracias-

-No hay de qué- respondió Terry, de repente prefiriendo abandonar su antiguo objetivo y decidiendo mejor irse a su casa.


Había un ambiente bélico en todo el mundo, sobre todo en Europa y Candy procuraba mantenerse siempre informada de las últimas noticias corriendo a recoger el diario temprano en la mañana de manos del portero del hospital, con quien había acordado que cada día se lo comprara, y también permanecía pendiente de las nuevas que acontecían por boca de los pacientes o visitantes en los pasillos.

Fue un lunes en que por suerte le había tocado libre, mientras regresaba a su dormitorio en el internado luego de realizar sus compras y habiendo visitado previamente a Dorothy, quien por cierto la había elegido como madrina de su niño; en que comprobó que como un fenómeno poco suscitado, las vidas de las personas en general pueden cambiar de un momento a otro al mismo tiempo por motivos de fuerza mayor de proporciones indescriptibles.

Pensaba antes de ello al tiempo que caminaba, en todo lo que había pasado su amiga, asemejándolo casi como una catástrofe inesperada, pero admirando a la vez su fuerza para seguir adelante por su propia cuenta sin apoyo de un hombre a su lado, en tanto se reprochaba a sí misma un tanto avergonzada el haberse estado quejando de sus problemas y sufrimiento que no eran nada en comparación a los suyos. Dorothy en el corto lapso en que la había vuelto a encontrar le estaba enseñando con su ejemplo que una mujer es capaz de superar las adversidades aunque sea considerada del sexo débil, y ella esperaba ser igual. Se había reforzado para entonces su convicción de continuar laborando aún en su futura vida de casada, en pro de poder valerse por sí misma en caso de que su relación con Terry un día llegase a terminar. Nada estaba dicho.

"El mundo da vueltas y no se sabe" se repetía en su interior.

Ahora su ex nana quien alguna vez fuera su mejor amiga, lo era de vuelta, aunque no por ello dejaba de pensar con cariño en las que tenía lejos. La causa por la que compraba prensa escrita todos los días, para saber cómo estaba el ambiente en el que vivían junto a los chicos que amaban en el viejo continente. Esperando de corazón que se encontrasen bien y que todo les fuese bien en sus vidas, en los caminos que eligieran y que por sobre cualquier inconveniente que se les presentara, fuesen amorosos, estudiantiles o de cualquier tipo, supieran sobreponerse también con espíritus fuertes.

El mundo mientras tanto continuaba dando vueltas, como rezaba aquella frase y la sorprendió de repente al doblar por una esquina de una calle tranquila que llevaba al parque que se hallaba frente del hospital, al encontrarse inmersa en una conmoción general, entre la cual en medio del montón de personas conversando preocupadas aún sin conocerse, divisó a un niño periodiquero que voceaba angustiado el asesinato del Archiduque de Sarajevo y la inminente declaración de una guerra de proporciones nunca antes vistas en el corazón de Europa.

Se quedó estática en ese instante con un escalofrío recorriéndole el cuerpo, sin saber qué hacer, y los ojos se le llenaron de lágrimas a causa del terror, porque sucedía lo que tanto había estado temiendo y pensaba en sus amigos y en el montón de gente que moriría de forma inocente. Hasta que un ancianito asustado pasó por su lado pregonando que se acercaba el fin de la humanidad. Sólo entonces reaccionó recordando que ella era una Enfermera y que debía mantener el control en ratos como ese… su profesión conllevaba ser valiente e inclusive la posibilidad de ser enviada a ayudar en el frente de darse el caso.

Intentando dejar por lo tanto de lado sus miedos, hecha al dolor, corrió hacia el hospital.


Los resultados de las audiciones totales para Hamlet de la Compañía Strandford fueron publicados sin variación según lo acordado el lunes por la mañana, aún a pesar de la incomodidad y conmoción que imperaba en el aire debido a las noticias con las que el mundo se despertara.

Terry llegó cuando sus nuevos amigos ya habían visto los resultados y por los rostros de todos los varones que habían audicionado para el papel principal vueltos hacia él, algunos no muy amables en cuanto le vieron acercarse a la pancarta con la lista de nombres, supo aún antes de comprobarlo con sus propios ojos y de que lo gritara Maurice, que había tenido éxito.

-¡Ahí estás Terius! ¡Felicidades compadre!- el muchacho castaño exclamó mencionando el mismo apelativo con el que le llamaban sus pocas amistades en el colegio, ocasionándole un dejo de nostalgia que como siempre guardó dentro de sus capas de coraza –Me hubiese enfadado con el que le tocara interactuar con mi Su, pero lo paso porque se trata de ti- añadió dándole unas palmadas de felicitaciones en la espalda al tiempo que él se encargaba de leer los resultados en la pared. Era Hamlet.

-Gracias, y felicitaciones a ti también, conseguiste a Laertes- le dijo Terry satisfecho consigo mismo por su logro y a la vez contento también por su amigo, con quien compartiría escenas en la obra, mientras caminaban hacia el tablado según indicaciones previas del Director para los que resultaran escogidos, a esperar su pronunciamiento. Maurice según le contara en el trascurso de la semana, era oriundo de Vancouver, Canadá y ya lo consideraba una persona confiable.

-Gané el papel del hermano de Ofelia, eso quiere decir que seré tu cuñado- expresó bromeando, en tanto le protegía rodeándole el hombro con camaradería al pasar por donde se encontraba el insoportable de Gastón Wickham, observándolos de brazos cruzados con cara de pocas pulgas, tal como si quisiera reclamar algo, sobre todo a Terry, y a éste aquello no le pasó desapercibido, enfrentándolo con la mirada hasta que se hubieron alejado.

-De todas formas opino que es menos aburrido que el papel del Rey Claudio- agregó Maurice en voz bien alta para molestar al rubio, quien sería el principal antagonista dentro y fuera de la obra.

Ya intuyéndolo, de alguna manera a Terry no le extrañó verle levantar la voz de protesta después una vez empezara la reunión, mostrándose en total desacuerdo con su designación como protagonista.

-Disculpe mi interrupción Sr. Director pero no puedo quedarme callado ante algo que me parece una injusticia para mí y los demás aspirantes. La persona quien obtuvo el papel no es otro que el hijo de Eleanor Baker. Nos hubiesen avisado que íbamos a competir con él y no nos hacíamos tantas ilusiones. Era obvio que iba a salir favorecido- manifestó

Terry no sabía cómo se habían enterado de su verdad. Una verdad que tanto se esforzaba por esconder por tratar de labrarse su propio sendero en el mundo del teatro, pero de pronto recordó haber visto entre la larga fila de aspirantes a los diferentes papeles, un par de rostros conocidos, con quienes había trabajado en anteriores obras y maldijo el tener que cruzarse en el camino con gente tan bocona.

-..Aparte de que no dudo que quizá haya utilizado otras tácticas para asegurarse el triunfo- con cizaña y mala intención añadió Gastón al tiempo que se acercaba a rodear a Susana, que se encontraba próxima al Director, haciéndola sonrojar aún dentro de su estupefacción por lo que se acaba de descubrir, al entender lo que el envidioso sujeto quería decir, y Terry tuvo que luchar contra su monstruo violento interior además de hacerle caso a Maurice que al percatarse de su enfurecida reacción, tuvo que retenerlo con fuerza del brazo; para no lanzarse a partirle la cara.

-Cálmate, no son ni el momento o el lugar adecuados para una trifulca con este idiota. Al menos no delante de los directivos- le recordó y Terry se vio obligado a respirar profundo para tranquilizarse

-Pues yo rebato aquella acotación- se hizo oír de inmediato con altivez y sin dejarse amedrentar por la opinión de nadie –El desempeño que uno demuestre es independiente del seno familiar del que se provenga. Yo además jamás revelé la identidad de mi progenitora- agregó. Pudo ver entonces la sorpresa en la mayoría de los presentes ante la confirmación, percibiendo en incremento la antipatía hacia su persona por parte de los varones y la admiración en las mujeres, sobre todo en Susana Marlow, quien en esos instantes lo observaba con genuina fascinación, tal como si fuese un ser salido de un mundo mágico, un genio de una lámpara o un príncipe encantado.

-Grandchester dice la verdad- intervino enseguida el Director para apaciguar a los detractores cuyas voces ya se escuchaban en protesta –Nos acabamos de enterar por usted señor Wickham de sus raíces familiares. Claro que si hubiésemos estado al tanto de ello con anticipación hubiese generado mayor interés y ocasionado hasta revuelo su participación, pero me alegra que las cosas se hayan dado de este modo pues puedo decir con seguridad que hemos descubierto un gran talento. Grandchester tengo mi confianza puesta en ti, no me falles- Terry agradeció con una inclinación de cabeza las palabras dirigidas hacia él, expresándole que no lo haría y luego le vio volver a dirigirse al resto. El Director, el señor Aywoold era un maestro de renombre, alguien muy admirado en el medio -Y ahora continuando con la selección, quienes no estén de acuerdo con los roles obtenidos están en la libertad de abandonar el edificio y dejarle la oportunidad a otros que sí quieran interpretarlos- su opinión fue definitiva e inalterable, y a los contradictores no les quedó más que guardar silencio y acatarla –Ahora, como ya todos están enterados, nos encontramos de cara a tiempos venideros muy difíciles, en los que de seguro seremos criticados por dedicarnos a la industria del entretenimiento mientras en el mundo los vientos de guerra se trasforman en irremediables enfrentamientos. Por ello les recuerdo que el deber de un actor es convencer y transportar por ende al espectador al universo de la historia llevada a escena, lejos de los problemas cotidianos y mundiales. Nuestra misión es traer alegría, emoción y paz cuando no la hay. ¿Comprendido?-

Ante aquellas palabras finales todos asintieron motivados a dar los mejor de sí en sus papeles.

-Bueno, que más les puedo decir, ¡Bienvenidos sean todos a la "Fábrica de estrellas", bienvenidos la Compañía Strandford!- por último el sr. Aywoold les animó con calidez y hubo aplausos junto a pequeñas exclamaciones de júbilo de algunos. Más tarde les serían indicados los horarios en que comenzarían los ensayos.


Al día siguiente durante la hora del almuerzo, Candy en lugar de dirigirse al comedor del internado se dio una escapada así como solía hacer en sus tiempos de colegio. Sólo que su parada fue en la Iglesia más cercana, donde arrodillándose en el reclinatorio de una banca ante el silencioso escrutinio de Dios, oró para que sus amigos estuviesen bien y que pudieran volver sanos y salvos a su tierra natal, pues en todas partes se hablaba del regreso a América y huida masiva de personas desde Europa.

"Annie, Archie, Patty, Stear, Albert…"

Rogó para que nada malo les pasara y para que Dios siempre los protegiera en donde quiera que en esos momentos se encontraran…

"Anthony…"


A veces en el susurro del viento le parecía escuchar su voz. Aquella tonalidad por momentos un poquito chillona que temía empezar a olvidar. Llevaba a cuestas tantos recuerdos de alegrías, de experiencias vividas, de aventuras, de esperanzas ahora lanzadas a la basura, de lo que alguna vez había constituido su mayor felicidad, pero que ahora le resultaban dolorosos al evocarlos, cual heridas sin cicatrizar. No obstante, no quería perderlos porque constituían el motor de su vida junto con su profesión elegida aunque no se lo dijera a nadie, ahora que llevaba una existencia completamente diferente a la que en un principio soñara. Aquellas eran memorias de cuando había tenido corazón y amado de verdad, como se jurara nunca más volver a hacerlo a totalidad.

-¿Todo bien hijo?- su padre al ver que observaba el horizonte bajo la poca luz del crepúsculo se acercó a consultarle. Sabía que igual que a él, contemplar el mar en su vasta inmensidad aliviaba un poco las penas de su alma.

-Sí, estaba ordenando las cañas de pescar y ya iba a encender las luces de cubierta. Me distraje un rato contemplando la lejanía bajo el catalejo pero todavía no se ve nada- Anthony respondió

-¿Es el catalejo de tu primo Alistear?- preguntó el Capitán Brower revisando entonces entre sus manos el artefacto que su hijo le pasara y dio una ojeada alrededor con el mismo –Es una verdadera magnífica pieza antigua- opinó –No creo que haga falta que te diga que la cuides bien pues sé cuánto aprecias todo lo que te rememora a tu familia. Pero no te preocupes, quizá no avistemos tierra hoy todavía pero cada vez estamos más cerca. Pronto volverás a reunirte con ellos- le hizo ver después de rodearlo con el brazo de forma alentadora. El chico rubio de piel bronceada con ello se sintió mejor y asintió con una sonrisa melancólica mientras su padre le daba unas palmaditas afectuosas en la espalda.

Kiki salió en esos momentos a buscarlos y sonrió al verlos juntos encontrando muy tierna la escena.

-La cena ya está lista, pueden venir- les llamó

-Vamos, sé que ha hecho unos panqueques que están de ataque, ¡madre mía!- le animó el Capitán Brower a su vástago, en tanto la elogiada jovencita cocinera les esperaba jugueteando de forma sutil y nerviosa con su delantal.

-Adelántate papá, yo iré enseguida- Anthony indicó.

El Capitán volvió entonces al interior del buque a su cargo, conduciendo amablemente con él a su nueva nuera, aunque ésta hasta el final se empeñó en verificar si Anthony les seguía. Con todo él le sonrió con cariño para que no considerase que pudiera estar enfadado con ella y anduviera tranquila. Era una buena chica y no quería lastimarla.

Una vez solo, el ahora joven grumete se encargó esta vez sí de realizar la tarea que le llevara a cubierta al tiempo que pensaba en las palabras apacibles de su padre que parecían siempre tener el poder de calmarle en sus momentos de tribulaciones o enojo. Él lo conocía bien y sabía que uno de sus principales alicientes para retornar a América era la dicha de poder reunirse con los parientes con los que creciera. Stear, Archie y la tía abuela, quienes sabía por la última vez que se escribieran, que también regresaban al nuevo continente en busca de refugio y protección de la gran guerra a punto de estallar en Europa.

Estaba emocionado por verlos, tanto que ni bien arribaran se disponía a movilizarse para ir a visitarlos, así tuviese que aparentar el no sentir nada por encontrarse en la misma ciudad donde residía y estudiaba Candy sola, según le contaran. Así tuviese que esforzarse y reprimirse sus ganas de verla… y de volver a luchar por ella.

"Cada vez estoy más cerca de ti" no pudo sin embargo evitar decirse para sus adentros.


Continuará…

¡Mil gracias por leer!