La suerte de mi vida ― El canto del loco

La hora del concierto llegó y Lizzy sintió, por decimoquinta vez aquella tarde, la tentación de irse. No sabía si era buena idea estar allí, pero ya no podía marcharse. Ya estaban en el local y las luces se habían apagado. El concierto estaba a punto de empezar y a ella el corazón amenazaba con salírsele del pecho.

Rose, a su lado, sonrió y posó una mano en su brazo. Estaba nerviosa y esperaba que todo le saliera bien a James. Después de que Albus consiguiera arreglarlo con Alice, quería que James y Lizzy pudieran solucionar sus problemas y estar juntos también.

―¡Buenas noches, Madrid!

La banda salió, las luces se encendieron y todo el mundo empezó a gritar y aplaudir.

―Un, dos, tres y…

Empezaron a tocar y Lizzy frunció el ceño. Siempre empezaban con Princesas. Y no estaban tocando Princesas. ¿Qué estaba pasando?

―«Yo que soy un animal, que no entiendo de nada, que todo me sale mal, te tuve cien días dentro de mi cama y no te supe aprovechar» ―empezó a cantar James.

―Rose ―Lizzy la agarró del brazo y la miró―, ¿por qué han cambiado la canción?

―Ah, ni idea ―mintió―. Solo sé que, como es el último concierto, iba a ser un poco más especial.

―«Yo pienso en aquella tarde cuando me arrepentí de todo. Daría todo lo daría por estar contigo y no sentirme solo».

Siguieron tocando y, cuando terminaron, el público volvió a aplaudir y James sonrió de forma nerviosa. Buscó a Lizzy con la mirada y fijó sus ojos en ella antes de empezar a hablar.

―¡Buenas noches a todos! ―Volvió a saludar―. Hoy es nuestro último concierto por el momento como ya sabéis. Pero no os preocupéis: no es por nada malo. Todavía no podemos decir nada, pero se avecinan cosas buenas. Estamos muy emocionados y queríamos daros las gracias por estar aquí hoy y siempre. Además, este concierto es muy especial para mí. ―Suspiró―. Siempre empezamos los conciertos con Princesas, pero hoy no. Hoy teníamos, bueno, tenía que empezar con esta canción porque tengo que contaros una especie de historia. ―Sonrió―. A veces soy un idiota y no me doy cuenta de las cosas hasta que es tarde. Y, por supuesto, me arrepiento. Así que una vez le dije a una persona muy especial que le dedicaría un concierto entero canción por canción si ella quería y creo que no hay mejor momento que este para hacerlo. Porque pienso en aquella tarde y en cómo lo arruinamos todo y… no quiero arrepentirme durante toda la vida.

Lizzy se cubrió la boca con las manos y apretó los labios. ¿Estaba dedicándole su último concierto a ella? ¿De verdad estaba haciendo eso? Era lo más bonito que habían hecho por ella en toda su vida y, además, demostraba que la quería, que le importaba. Aquello no era cosa de un rato ni de un día. Aquello era amor de verdad y ambos habían sido dos necios que habían tardado demasiado en darse cuenta.

―¿Tú lo sabías? ―Le preguntó a Rose.

―Solo disfruta del concierto, ¿vale? ―La pelirroja sonrió y le guiñó el ojo.

―Y, bueno, vamos a por la siguiente canción. A esta personita le gusta mucho la música de las 80. Le encanta Mecano, le gustan los Hombres G y escucha a Duncan Dhu, a Los Rebeldes y a un montón de grupos más así que tenía que haber algo de esa época hoy. Y sé que hay una canción que le gusta especialmente así que vamos allá.

Miró a los demás, hizo un gesto y comenzaron a tocar Cadillac solitario y Lizzy suspiró. Tenía razón: aquella canción le gustaba mucho. Tocaba su fibra sensible y, además, le encantaba como la cantaba James. Siempre le había parecido súper sexi.

―«Quizás el Martini me ha hecho recordar. Nena, ¿por qué no volviste a llamar? Creí que podría olvidarte sin más y aún a ratos ya ves. Y al irse la rubia me he sentido extraño, me he quedado solo fumando un cigarro, quizás he pensado: nostalgia de ti».

La morena murmuraba la canción al mismo tiempo que él la cantaba, con los ojos llorosos y mil mariposas en su estómago. ¿Podía parar el concierto para decirle que se había comportado como una orgullosa y que el otro día había intentado ir a hacer las paces con él, pero se había acobardado al final?

La canción terminó y James volvió a coger el micro y mirarla.

―Bueno, seguimos con la historia, ¿no? ―El público vitoreó (muchos ya miraban a Lizzy, consciente de que estaba haciendo aquello por ella) y él amplió su sonrisa―. Nos conocimos por casualidades del destino. Fue bonito que el destino nos cruzara aquel día en un ascensor un poco destartalado.

Todos rieron y Lizzy negó con la cabeza. Bendito destino.

―He tenido la oportunidad de conocerte poco a poco, de descubrirte un poco cada día. Me has contado media vida escuchando a Funambulista. Así que, bueno, podría decirte que soy un idiota, que bendita mi suerte por tenerte o que quiero que vuelvas, pero prefiero arriesgarme un poco más y confesarte que, cerca de ti, simplemente, tiemblo.

La siguiente canción empezó y la chica le dedicó una enorme sonrisa a James, que suspiró aliviado. Menos mal que le estaba gustando el concierto.

―«Me contó media vida desnuda, escuchando algún disco de Frank. Revolvimos la cama y las dudas y vuelta a empezar…»

La gente encendió las linternas de los móviles y Lily empezó a grabarlos con su móvil. Lo empalagosos y románticos que podían ser sus hermanos cuando se lo proponían. Primero, Albus se declaraba en mitad de un tren y se iba con Alice. Y ahora esto. En el pueblo no la creerían cuando lo contara.

―Bueno, y ahora, ¿qué tal si le damos un poquito más de ritmo a esto? Porque, sí, las canciones ñoñas que tanto le gustan a esta persona están muy bien, pero también queremos haceros bailar ―siguió diciendo―. Vivimos muy cerca el uno del otro. Tan cerca, tan cerca, que solo nos separan unos cuantos escalones y, aunque en la canción dicen que son 32, en realidad son solo 16. Y, como te dije una vez, algunas veces esos 16 peldaños se me han hecho eternos.

―Tío, tampoco hace falta que te pases ―lo interrumpió el bajista, poniendo los ojos en blanco―. ¡Pero qué bonito es el amor! ―Miró al público y sonrió a su novia―. Cariño, el próximo te lo dedicamos a ti, ¿vale?

El público rió y la banda se preparó para la siguiente canción que Lizzy conocía perfectamente. Aquel repertorio estaba pensado desde el principio hasta el final para ella, que no terminaba de creérselo.

―«Me he ganado tus maneras, el olor de tus quimeras y tu corazón difícil de domar. Alma de montaña rusa, la batalla por excusa, un encanto de desastre natural. Me he aprendido de memoria tus 32 escaleras…»

―¿En serio son 16? ―Le preguntó Theo a Rose en un susurro.

―Ni idea, pero, conociéndolos, me lo creo. ―La pelirroja sonrió y señaló a Lizzy con la cabeza―. Le está encantando. Esta noche acaban juntos.

―Ya era hora.

―Sí, lo era.

Terminaron la canción y Lizzy tuvo que contenerse para no subir al escenario, besarlo y decirle que todo estaba olvidado. Pero se obligó a esperar. Quería ver qué más canciones le había preparado.

―Bueno, sigamos, ¿no? ―James sonrió―. Total, que esta persona y yo nos llevábamos muy bien, pero… pero la perdí. Por idiota. Y me tocaba mirarla de lejos, arrepentirme de todo y echarla de menos. Porque era tan perfecta, tan inteligente… tan guapa.

Tocó los primeros acordes y la banda comenzó a tocar su versión de Tan guapa, que era un tema que no solían cantar, pero que James sabía que a Lizzy la encanta y que la tenía en, al menos, tres listas de reproducción de Spotify.

―«Tan guapa, tan serena y clara que tocarte curaba. Tan guapa, mi chica valiente que me diste la espalda». ―Guardó silencio y dejó que la música siguiera sonando a pesar de no estar cantando. Miró a Lizzy, que volvía a tener los ojos llorosos, y suspiró antes de continuar―. «Porque soy idiota y te dejé marchar».

―No lo has hecho ―dijo ella, moviendo los labios para que él pudiera leérselos―. Nunca lo has hecho. Menos mal.

Más aplausos y un pequeño descanso para beber agua y retomar con más fuerza la segunda parte del concierto. Todos miraban a Lizzy, que no paraba de sonreír, y Rose enarcó una ceja.

―¿Ves por qué tenías que venir esta noche?

―Es precioso ―dijo―. Gracias por insistir.

―Si alguien se merecía un concierto, eras tú sin duda ―comentó Scorpius, sonriendo―. ¡Aunque estoy bailando muy poco hoy!

―Sí, te he visto mucho menos desfasado que la primera vez. ―La morena se mordió el labio, pero sonrió y dio un pequeño salto al ver que volvían al escenario―. ¡Ya empieza otra vez!

―¡Y sigamos con el concierto, ¿no?! ―El del teclado dio un pequeño grito, animando a la gente.

―Sí, sigamos. Y esta vez vengo con una declaración de intenciones. Tomad notas porque esto es una propuesta formal. A ver si así dejamos de comportarnos como críos, ¿no? ―Agarró el micro y sonrió―. «Cada vez que dudas un minuto, parecemos dos chavales de instituto».

Lizzy abrió mucho la boca, antes de echarse a reír. ¿De verdad acababa de decir que estaban comportándose como dos idiotas adolescentes?

―Atentos todos, ¿eh? ―Se unió con la guitarra―. «Quiero invitarte a salir. Cenaremos en un sitio caro. Luego puedo hacerte reír, llevarte al cine y meterte mano». ―Le guiñó el ojo y Lizzy negó con la cabeza―. «¿Sabes? Somos tal para cual: enemigos de los errores. Qué fácil te pueden liar y agitar los corazones. Qué fácil puedes liar y agitar los corazones. Voy a llevarte a mi casa hoy. Sé que mereces la pena. Después camino de la habitación, hazme cumplir la condena».

Lizzy levantó el dedo pulgar, aceptando, y James arrugó la nariz.

―Una auténtica declaración de intenciones, ¿no? ―Dijo al público, nada más terminar―. Y ahora nos vamos a poner un poco más románticos otra vez. Porque quiero enumerar algunos de los motivos por los que quiero estar con ella. Supongo que casi todos habréis paseado por la Gran Vía de noche. Bien, pues imaginaos caminando entre los edificios iluminados, con esa persona a vuestro lado. Y que se ría y os mire. Que os mire como si valierais la pena, como si pudierais conseguir cualquier cosa. Hay miradas que nos hacen sentir grandes. Y la suya siempre lo ha conseguido.

Lizzy suspiró en ese momento y se mordió el labio. Sabía de qué noche hablaba James. Habían salido a cenar algo después de un ensayo de la banda. Él estaba bastante deprimido y, mientras paseaban, ella no había parado de recordarle lo buen cantante que era y lo muchísimo que se esforzaba. Pero no solo se acordó de eso. Se acordó de James sentado en el suelo, punteando la guitarra, y mirándola estudiar. Sonriendo al verla rebuscar en papeles e insultar a la nada por no encontrar algo. Cada vez que levantaba la vista, sus miradas se cruzaban y él la hacía sentir un poquito más fuerte y válida.

―«Tu mirada me hace grande y que estemos los dos solos, dando tumbos por Madrid y sin nada que decir. Porque nada es importante cuando hacemos los recuerdos por las calles de Madrid. Necesito verte aquí».

―Yo creo que si ahora mismo James sacara un anillo y le pidiera matrimonio, Lizzy aceptaría sin pensárselo ―murmuró Lily al oído de Theo, sin apartar la mirada de la morena, que tenía otra vez las lágrimas saltadas.

―Joder, creo que aceptaría hasta yo ―contestó él.

―Qué fácil se te conquista… ―La pelirroja sonrió―. Así que, si te quiero pedir matrimonio algún día, solo tengo que cantarte un poco, ¿no?

―Yo creo que ni eso te haría falta. ―La abrazó por la cintura y le dio un beso en el cuello―. Así de loquito me tienes.

―Si sigues diciéndome esas cosas, al final saldré corriendo ―respondió, mirándolo por encima del hombro.

―¿En serio?

―No. ―Empezó a reír y lo besó.

Él sonrió y lo abrazó con un poco más de fuerza, moviéndose al ritmo de la música hasta que la canción terminó.

―Personas así son muy especiales, ¿verdad? ―James suspiró y acarició las cuerdas de su guitarra―. Pero, a veces, las perdemos y nos preguntamos cómo seguirán nuestras vidas por separado. Nos ahogamos en recuerdos y creemos que jamás podremos olvidarlo todo. Las historias no siempre acaban bien.

―¿Pero qué le pasa? ―Lizzy se agarró al brazo de Scorpius, que empezó a reír―. Claro que va a salir bien.

―Me refiero a que, a veces, no podemos solucionar las cosas ―siguió diciendo el chico, que se había dado cuenta del cambio de expresión de la morena―. Por eso no nos queda otra que vivir con el recuerdo de lo que pudo ser, pero no fue. Y de eso va esta canción. No siempre se puede solucionar todo y yo hoy estoy lanzándome el vacío, esperando no estrellarme.

―¿Eso era un chiste? ―Le preguntó el bajista―. Ya sabes. Estrellarse. Los estrellados.

Tanto James, como el resto de sus compañeros lo miraron y él se encogió de hombros y murmuró que era solo una broma y que no tenían sentido del humor, haciendo que todos rieran.

―Lo mejor será escuchar seguir con el concierto, ¿no? ―James cogió la guitarra con fuerza―. Vamos a ello.

Empezaron a tocar Cuentos que olvidé en tu desván y Lizzy se mordió el labio. No sabía cómo se estaba aguantando las ganas. Otra canción que le tocaba la fibra sensible. Tenía hasta mariposas revoloteando por el estómago y el pecho.

―«Mi vida, ¿quién te hará el amor cada segundo como la primera vez?».

Y se acordó, sin poder evitarlo, de aquel día que James fue a buscarla a clase en moto. Fueron al piso, para que pudiera dejar sus cosas, y, después, hasta el Xanadú. Comieron en un brasileño, jugaron al minigolf y, al volver, hicieron el amor «de verdad», como lo había definido él. Le dijo que no podía consentir que nadie le hubiera hecho el amor y que, si le dejaba, le gustaría hacerlo con ella. «¡Pero si ya nos hemos acostado un montón de veces», replicó ella, riendo. «Sí, pero hay maneras y maneras».

―Y ya estamos llegando al final del concierto. ―Se escuchó alguna queja y James sonrió―. Lo sé. A mí también me da mucha pena, pero esperamos volver muy muy pronto. Es solo un hasta pronto así que estad muy atentos a las redes, ¿de acuerdo?

―Pronto tendremos noticias, lo prometemos ―añadió el batería.

―Bueno y esta canción habla de que a veces no es todo perfecto en la vida. Como os he dicho, me he lanzado hoy al vacío y sabía que no tenía el éxito asegurado así que quería una canción agridulce, por si la jugada me salía mal. ―Alguien en el público abucheó y él negó con la cabeza―. Todo el mundo es libre para decidir. Con este concierto no quiero coaccionar a nadie. De hecho, no lo habría hecho si no hubiera recibido una señal. Esto es solo un gesto, una pregunta al aire. La respuesta no depende de mí.

―La respuesta está muy clara ―murmuró Lizzy.

―Así que vamos con la que puede ser la última canción. O no. Todo depende de la respuesta.

James comenzó y el grupo comenzó a tocar París de Dani Martín. Pero, cuando ya estaba casi terminando y había cantado el estribillo por segunda vez, en la parte instrumental, bajó de un salto y, sin dejar de tocar, empezó a avanzar hacia Lizzy, que sonreía sin parar.

―«Y queremos siempre rosas y Venecia, Verona y París. Y la vida es otra cosa» ―empezó a cantarle, haciendo que ella negara con la cabeza.

―De eso nada. La vida es eso.

―«La verdad, la mentira y un sí».

Terminó de tocar y suspiró, interrogándola con la mirada.

―No te quiero poner en un compromiso, pero…

―¿De verdad tienes que preguntar? ―La morena enarcó una ceja y le dio un pequeño pellizco en la camiseta―. Me has estado viendo durante todo el concierto.

―Bueno, siempre hay que preguntar. Lizzy, ¿estamos bien?

―Me dan igual las etiquetas y los formalismos ―contestó―. Solo quiero estar contigo.

―Pero yo estoy dispuesto a ponerle a esto una etiqueta ―replicó él―. Te quiero.

―A ver si ahora va a ser la pelea al contrario. ―Lizzy sonrió―. Salgamos.

―Salgamos.

―Yo también te quiero. ―Ambos guardaron silencio y ella se encogió de hombros―. ¿Vas a besarme ya o qué?

James asintió, sonrió y la besó, apoyando una mano en su cadera para acercarla más a él.

―¡Ya era hora! ―Lily silbó y miró a Rose, que reía al ver cómo la gente empezaba a aplaudir―. Por favor, dime que están grabando todo esto.

―Tienen un par de cámaras puestas y seguro que hay gente con el teléfono ―contestó su prima―. Es surrealista.

―¡Pero al fin lo han arreglado todo!

―¡Menos mal!

James y Lizzy se separaron y ella, un poco roja, enterró el rostro en su cuello.

―Qué vergüenza.

―Para nada ―contestó―. Te quiero.

―Y yo.

―Ven, que hay una última sorpresa.

Entrelazó sus dedos y ella lo miró, con el ceño fruncido, aunque dejó que la llevara hasta el escenario. Soltó su mano y se colocó junto al micrófono.

―Como parece que me ha salido bien, vamos a cantar una última canción.

―Así de caprichoso es el niño: el concierto dependía de él, los demás dábamos igual.

El público rió y James miró al bajista, poniendo los ojos en blanco.

―Sea como sea: vamos a por la última porque, Lizz, eres la suerte de mi vida.

Sin dejar de mirarla, comenzó a tocar la canción mientras ella se mordía el labio e intentaba mantenerse serena bajo la atenta mirada de todos los presentes. De nuevo cuando la canción estaba a punto de terminar, James se acercó, aunque esta vez dejó de tocar también. La abrazó y empezó a murmurar en su oído, para que solo ella pudiera escucharlo.

―«Y voy a darte mi alma y mi verdad, borrar tus heridas y pensar que tu eres la suerte de mi vida». ―La abrazó con más fuerza y besó su frente―. «Y voy a mirarte, a morirme y a luchar. Llorar de alegría, quererte aún más. Que tú eres la suerte de mi vida».

Se besaron y él cogió de nuevo el micro.

―¡Y esto es todo por el momento, Madrid! ¡Muchísimas gracias por todo!

Lizzy sonrió y empezó a aplaudir. Él también era la suerte de la suya. Y que bien sentaba poder decirlo.


Ay. AY.

Creo que este capítulo está más escrito para mi yo "fangirl" que para nadie, peeeeeero *-* ¡POR FIN, POR FIN! Y menuda manera de volver juntos, jo. James es un amor, mandadme uno así, porfis.

La verdad es que este capítulo está en mi mente desde que empecé a planear la historia y me ha costado muchísimo no spoilearla xD Así que espero que os haya gustado :)

¡Nos leemos el viernes!

Un beso enorme,

María :)