Capitulo 49

Pv Peeta:

Una vez más observa todo, atenta, sacando fotos con la mirada. Me acerco a ella y siento que tiembla. Es normal, trataré de darle seguridad. Me mira.

Me quito el reloj y la americana. Me mira sin moverse.

Continúo. Me quito las Converse y los calcetines.

Katnnis sigue quieta.

De repente me doy cuenta de que tendremos que usar preservativos. Mierda. Odio usarlos. Siempre me hago análisis y hago que mis sumisas se los hagan también. Una vez que este tema está resuelto, busco que usen algún método anticonceptivo que nos permita evitar el preservativo. De todas formas, siempre tengo algunos en mi cajón.

—Supongo que no tomas la píldora—le digo.

—Me temo que no.

De acuerdo, intentaré no pensar en esto. Saco los condones y los dejo sobre la mesilla. La miro y le advierto:

—Tienes que estar preparad. ¿Quieres que cierre las persianas?

Quiero que se sienta cómoda y segura. Como veo que sigue un poco temerosa, adecúo el espacio a su gusto.

—No me importa —responde con sinceridad—. Creía que no permitías a nadie dormir en tu cama.

No sé si su afirmación es una provocación, pero me hace gracia.

— ¿Quién ha dicho que vamos a dormir? —le pregunto.

—Oh.

Esta chica me encanta y deseo que se sienta bien. No voy a hacer nada brusco, pero sí seré seguro y preciso para ayudarle. Quiero que guarde el mejor recuerdo posible de lo que está por suceder.

Me acerco a ella lentamente. Sus ojos brillan. Está expectante y excitada. Disfruto de cada rasgo de su expresión.

—Vamos a quitarte la chaqueta, si te parece —le susurro.

Katnnis no responde. Sigue extasiada por la situación. Entonces, deslizo lentamente la chaqueta por sus hombros y la apoyo sobre la silla.

Sentir el roce con su cuerpo me excita aún más. Quiero hacerle el amor toda la noche.

— ¿Tienes idea de lo mucho que te deseo, Katnnis Everdeen? —le pregunto.

No puede responder. Lo dice con la mirada. Ella también me desea y el brillo de sus ojos es bellísimo. La cojo del mentón.

— ¿Tienes idea de lo que voy a hacerte? —vuelvo a decirle dulcemente.

No deja de mirarme ni un instante. Me gusta su mirada sostenida. Comienzo a besarla, mientras desabrocho su blusa. Luego, sin despegarme de sus labios, le quito la blusa y la dejo caer al suelo. Entonces, me separo levemente de ella y observo su torso casi desnudo.

Tiene sujetador azul de encaje que le queda muy sexy. Y su piel es blanca y perfecta. La contemplo y deseo besarla centímetro a centímetro. Se lo digo.

Parece ruborizarse al escucharlo. Yo no dejo de mirar cada parte de su cuerpo.

Me detengo en su cabello. Le deshago el peinado y veo como cae el pelo sobre los hombros. Es tan terriblemente sexy. Y parece no saberlo. Lo cual la vuelve mucho más sexy todavía.

—Me gustan las morenas —le cuento.

Quiero que gane toda la confianza posible. Que se sienta cómoda y halagada a mi lado.

La sujeto de la cabeza con firmeza y la beso. Su gemido se siente dentro de mi boca. La acerco hacia mi cuerpo y la aprieto. La cojo de su trasero y la empujo hacia mí. Sí, nena, quiero que sientas mi erección.

El contacto con mi pene erecto multiplica su excitación. Sus gemidos se vuelven más agudos y fuertes. La deseo con locura.

Entonces, empieza a moverse. Me toma de los brazos y luego sube hasta mi pelo.

La llevo lentamente hacia la cama. Llegamos al borde. Allí nos quedamos, de pie.

Me arrodillo frente a ella. La sujeto de las caderas y lamo su ombligo. Luego, la beso y mordisqueo de una cadera hacia la otra. Ella gime cada vez más fuerte.

Pone sus manos sobre mi pelo y tira con suavidad. Desabrocho sus vaqueros. La miro desde allí abajo. Contemplo su belleza. La huelo.

Ahora sí la tiro sobre la cama. Desnudo sus pies y los lamo. Luego, los recorro con los dientes. Puedo sentir que le gusta, que lo está disfrutando.

—Katnnis, no te imaginas lo que podría hacer contigo —le advierto.

Son tantas las cosas que se me pasan por la cabeza. Esta chica me inspira, saca lo mejor de mi instinto sexual.

Le saco los vaqueros. La observo casi desnuda sobre mi cama.

—Eres muy hermosa, Katnnis Everdeen. Me muero por estar dentro de ti.

Ahora quisiera ver cómo se toca. Es que esta chica es una verdadera belleza. Y es virgen. Entonces, quiero ver su experiencia en darse satisfacción a sí misma.

—Muéstrame cómo te das placer—le pido.

Ella se queda mirándome. Veo que su vergüenza es muy fuerte. Quiero que se relaje y me muestre lo mejor de sí.

—No seas tímida, Katnnis. Muéstramelo —le ruego.

Me vuelve a mirar, un poco asombrada.

—No entiendo lo que quieres decir —me dice casi jadeando.

— ¿Cómo te corres sola? Quiero verlo.

Estoy ansioso por ver eso. Ya mismo.

—No me corro sola —me dice con voz inocente.

Me sorprende esa información. ¿De dónde ha salido esta niña? No puedo creerlo. No veo motivos para que me mienta, pero, sinceramente, me cuesta creer lo que escucho.

—Bueno, veremos qué podemos hacer —le digo, invitándola a un juego delicioso.

Katnnis acaba de confesarme que nunca ha tenido orgasmos. Parece increíble, pero al mismo tiempo es una invitación al placer más exquisito.

Veo cómo disfruta de cada caricia y me excito más y más. Me quito lentamente los vaqueros. La tomo de los tobillos, separo sus piernas y le pido que no se mueva.

Subo y beso el interior de sus muslos. Avanzo y llego hasta sus bragas. Se mueve extasiada de placer. Ya le he dicho que no lo haga.

—Vamos a tener que trabajar para que aprendas a quedarte quieta, nena— le advierto.

Subo por su cuerpo. Lamo el ombligo y sigo ascendiendo. Disfruto de sentirla tan receptiva. Araña las sábanas.

Me tumbo a su lado y comienzo un lento y delicado trabajo sobre sus exquisitos pechos. Caben exactos entre mis dedos.

—Encajan perfectamente en mi mano, Katnnis —se lo hago notar.

Bajo la copa del sujetador con mis dedos, dejando sus pechos al aire. No puedo dejar de mirarlos. Los pezones se endurecen más y más.

—Muy bonitos —le comento con un suspiro.

Ella está en silencio. Y disfruta. Me encanta como se va entregando.

Chupo un pezón, mientras tiro del otro con la mano. Gime.

Descubro que sus pezones son una zona muy sensible. Me gusta que así sea.

—Vamos a ver si conseguimos que te corras así —le susurro.

Continúo chupando y apretando sus pezones hasta que la tensión llega a su punto más alto. Me seduce sentir su placer. Gime y pasa sus manos por las sábanas.

—Oh… por favor —me dice extasiada.

Tira la cabeza hacia atrás. Siento que está a punto de sentir su orgasmo.

—Déjate ir, nena —le digo.

Entonces, llevo mis movimientos al máximo. Muerdo un pezón y tiro con fuerza del otro. Katnnis se retuerce de placer y tiene un orgasmo fuerte y sostenido.

Subo rápidamente hacia su boca y la beso, ahogando su gemido.

Ha sido perfecto. Su rostro está pleno. Lo ha disfrutado mucho y me halaga. La miro y sonrío.

—Eres muy receptiva. Tendrás que aprender a controlarlo, y será muy divertido enseñarte.

La beso. Es momento de continuar. Ya ha tenido su primer orgasmo. Seguiremos con su virginidad.

Mi excitación es extrema. Quiero estar dentro de ella.

Bajo con mi mano hacia su cintura. Luego, avanzo hacia el clítoris y empiezo a trazar círculos. Ella sigue quieta con los ojos cerrados.

—Estás muy húmeda. No sabes cuánto te deseo.

Puedo percibir su disfrute, lo que me invita a seguir. Introduzco un dedo dentro de ella. Repito el movimiento. Sus gemidos de placer aumentan a medida que avanzo con mis movimientos.

No puedo esperar un instante más. Quiero estar dentro de ella. Me siento y le quito las bragas. Luego, hago lo mismo con mi bóxer. Cojo el condón y me lo pongo.

Katnnis me mira un poco preocupada. No creo que tenga miedo, pero no sabe muy bien de qué se trata todo esto y necesita estar tranquila.

—No te preocupes. Tú también te dilatas—le digo para calmarla.

Me acomodo sobre ella, las manos a los costados de su cabeza. Es hermosa y la deseo.

— ¿De verdad quieres hacerlo? —le murmuro.

—Por favor —me ruega. Su tono de voz es muy seductor.

—Levanta las rodillas —le indico.

Rápidamente me hace caso.

—Ahora voy a follarla, señorita Everdeen. Duro —le digo con una leve sonrisa.

Y la penetro.

Grita. Su grito multiplica mi excitación. La he desvirgado de una sola embestida. Sin embargo, siento resistencia en su vagina.

No quiero detenerme, pero lo hago por un momento.

—Estás muy cerrada. ¿Estás bien?—le susurro.

Estoy dentro de ella. La observo. Ella asiente como pidiéndome que siga, que no me detenga. Y obedeceré a ese deseo ya mismo.

—Voy a moverme, nena —le advierto.

Voy hacia atrás, casi saliendo de su cuerpo. Y vuelvo a embestir con más fuerza. Grita y me detengo. Puedo reconocer que su grito está lleno de placer ahogado.

— ¿Más? —le pregunto muy excitado.

—Sí —me suplica.

La sensación de estar dentro de ella es perfecta. Podría quedarme horas haciéndolo.

— ¿Otra vez? —la provoco.

—Sí —grita.

Entro y salgo de su cuerpo cada vez más rápido. Siento como chocan nuestras caderas. Ella encaja perfectamente con mis movimientos. Todo está resultando mejor de lo esperado.

Estoy a punto de correrme, pero no lo hago, porque disfruto del momento. La beso y tiro de su labio inferior con los dientes.

Su excitación aumenta junto con la mía. Esto es delicioso.

Sí, señorita Everdeen, todas son sensaciones nuevas…Y yo soy el dueño de todas esas sensaciones.

Sus piernas se tensan, creo que volverá a correrse.

Oh, sí, esto es fantástico.

—Córrete para mí, Katnnis —le ordeno.

Siento cómo se contrae su vagina y se expande hacia un duradero orgasmo. Esa sensación hace que me corra junto a ella.

Apoyo mi frente en la suya. Perfecto. Ha sido perfecto. Mi respiración se va regularizando de a poco. No puedo abrir los ojos. Cuando lo consigo, la beso suavemente y comienzo a salir de su cuerpo.

Katnnis se queja.

— ¿Te he hecho daño? —le pregunto con cierta preocupación.

Me tumbo a su lado y me apoyo en el codo. La observo. Me sonríe.

— ¿Estás de verdad preguntándome si me has hecho daño?

—No me vengas con ironías. En serio, ¿estás bien?

De todas formas, sus ironías son muy sexys, aunque no se lo digo.

Me sonríe. Pareciera que no tiene ganas de hablar. Su expresión está plena. Me dice que está feliz con la mirada. Sus ojos me gratifican.

Muchas cosas pasan por su cabeza. Mucha información que no puedo saber. Pero no me dice nada. Se queda en silencio y vuelve a sonreír.