~*~Los Personajes de este fic no me pertenecen, excepto los OCs marcados por la misma historia. Los derechos correspondientes pertenecen a NINTENDO y a los creadores de THE LEGEND OF ZELDA.
~*~Este fic no está hecho con fines de lucro sólo es por entretenimiento y diversión.
Raya (cambio de escena, con una o varias alteraciones Cronológicas)."Pensamientos"*Asterisco en el intertexto* (notas de la autora, marcadas con N.A al final del texto en el mismo orden correspondiente de la lectura)."Referencias a otras frases",Recuerdos muy efímeros, Los sueños aparecerán en cursiva precedidos y seguidos por dos puntitos.
AVISOS Y COMENTARIOS (si es que los hay), al final del capítulo.
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*.~Capítulo 47: Retomando el Camino~.*
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Los días habían pasado y la ansiedad también había desaparecido un poco, Link suspiró al descubrir que las cosas no serían tan difíciles después de todo, si mantenía su cabeza fría nada tendría porque cambiar entre él y Zelda.
A pesar de todo ella parecía haber tomado el otro rumbo, se había vuelto más tierna y más atenta, le apetecía estar al lado de Link todo el tiempo, aunque eso a él lo ponía muy nervioso, en parte porque ya no podía controlar su cuerpo y la sangre se le iba a la cabeza demasiado seguido, de la nada en una noche pensó que de seguro terminaría por morirse de un infarto porque la taquicardia se había vuelto más fuerte que antes.
Aun así, y de forma extraña, su corazón parecía sentirse más feliz que nunca, como si hubiera vuelto a encontrar su lugar en ese mundo.
Tomodachi por otro lado no había dejado de reírse de forma discreta porque era gracioso ver como Link se había metido en demasiados apuros.
—Vamos a ver— masculló mientras extendía el mapa.
Llevaban días viajando hacia el norte y les quedaban muy pocos kilómetros para poder salir de las Tierras del Oeste, la corriente cálida que también se despedía del cinturón de fuego aun los acompañaba en su viaje. La falla era tan inmersa y tan impresionante que de vez en cuando seguían topándose con aguas termales y ríos de corriente tibia
—Dos, tres…mmm no, creo que dos, dos kilómetros hasta el siguiente pueblo, es bastante, si cruzamos el rio acortamos camino.
Link asintió ante las indicaciones de Tomodachi, llegaron hasta el rio y Zelda clamo "¡Cielos!" al ver lo profundo que era, llevaba mucha corriente y no había ningún puente cerca.
—¿Cómo vamos a pasarlo?— preguntó con voz triste mientras sus ojos se perdían en la corriente de agua.
—Nadamos— Clamó Tomodachi, se quitó su alforja y la echó al cuello de Beast como si nada.
Los jóvenes hylians simplemente escucharon el chapuzón y después lo vieron emerger desde el fondo con esa carita boba, se reía de forma graciosa al tiempo que se iba nadando hasta la otra orilla.
—¿Y por qué no cruzó sobre Beast?
—Porque le gusta mojarse— clamó Link con el ceño medio fruncido.
El verdadero problema sería pasar a Epona, la yegua también miraba atentamente el agua y lanzo un curioso relinchido al ver como Link se sumergía en el rio. El agua le llegaba hasta el tope pero la corriente no era demasiado rápida.
—Espérame aquí Zelda
—¿No voy en la montura?— preguntó preocupada.
—No toco fondo y si Epona se resbala, es mejor si sólo pierdo el equipaje
Jaló la rienda de Epona y la yegua lo siguió con cuidado. El agua le llegaba casi al lomo, pero como se puso a nadar el equipaje llegó seco y a salvo hasta la otra orilla. Tomodachi volvió dando curiosas pataditas y después se sacudió a un lado de la princesa.
—¡Tomo!— gruñó de manera fingida cuando el caviidae la empapó casi completa.
El caviidae se echó a reír de modo tierno.
—¿Qué pasa señorita Zelda?, es agua está caliente, ¡Vamos!— clamó de modo juguetón.— nadaremos juntos.
—No puedo, Tomo.
—Claro que si— dijo con una sonrisa, la jaló un poco y la invitó al agua, Zelda se tambaleó y puso los ojos como platos, cuando sintió que se caía al río cerró los ojos, y después, cuando pensó que iba ahogarse emergió de forma milagrosa. Por ahí había una roca que sobresalía y se aferró a ella como gato empapado clavándole las uñas
—Ahhhhhhhhhhh! ¡Me ahogo!
—¿¡Que!?
—No sé nadar, Tomo.
—¿¡Que!?
—¡Ayúdame!— gritó cerrando los ojos por el miedo.
Corrió de forma sumamente espantada sin saber que hacer o cómo sacarla del río, al final sólo atinó a tirarse, pero era tan pequeño que no podía hacer nada para arrastrarla de vuelta a la orilla, también pensó en utilizar algún conjuro mágico pero no tenía ninguno preparado para ese tipo de situaciones.
—¡Caviidae idiota!— bramó Link sumamente enfurecido. Lo apartó a un lado y abrazó a Zelda con cariño.
Cuando ella sintió el abrazo de Link se soltó de su férreo agarre contra la roca y llevó sus brazos hasta el cuello del hylian.
—Link..— musitó su nombre sintiendo un gran alivio.
—Ya, tranquila.
—Lo siento tanto, no sabía que no podía nadar— clamó Tomodachi con una carita triste.
Zelda suspiró y después de un rato le dedicó una sonrisa.
—Está bien Tomo, yo, debí de haberlo dicho de forma clara.
—Aun así, lo siento.
—Y lo seguirás sintiendo— gruñó Link, lo tomó por cuello y lo dejo ahí un buen rato.
—Basta Link, también quieres que me ahogue— musitó de forma nerviosa.
—Creo que ya pasaron más de tres minutos— clamó en son de burla mientras lo soltaba.
Y el pobre Tomodachi se hundió hasta el fondo del rio.
—Ah?, ¿Qué paso?, creí que Tomo si nadaba.
—Casi, casi
—¿Qué?— preguntó de forma curiosa, mientras Link la llevaba a la otra orilla.
—Si se queda demasiado tiempo por ahí su pelaje se vuelve pesado— le dijo con demasiada parsimonia.
—¿¡Entonces, de verdad se está ahogando!?
—Creo que si
—¡Link!
El joven mercenario se echó a reír de forma tierna, a sus espaldas Zelda escuchó como Beast se zambullía, tal y como solían hacerlo las águilas pescadoras, y de esa forma sacó al pobre Tomodachi.
Cierto silencio se formó entre ellos, aunque de alguna forma era cómodo, tal vez no había sido tan malo casi ahogarse, porque ahora él parecía retenerla de una forma sumamente protectora.
—Gracias— musitó mientras se recargaba en su pecho.
—Deberías aprender a nadar.
—Si… quizás algún día
—¿Por qué no ahora?
—Tengo miedo— le susurró abrazándolo aún más fuerte
—Está bien— le susurró de forma tierna.
Era inevitable portarse así con ella y más ahora que sabía lo mucho que la amaba, la cercanía se volvió aún más dulce y cálida, y para cuando alcanzaron la orilla Zelda deseó que el rio hubiera sido más ancho.
—¿Estas bien, Tomo?— preguntó la princesa
—Si…— musitó casi medio muerto
—Eres valiente para tirarte así sabiendo que podías ahogarte.
—Si… pero es porque no siempre puedo.
—¿Cómo?
—Mi pelaje no es impermeable y no siempre tengo agua caliente a la mano, si me meto a cualquier otro rio seguro que me muero de hipotermia, eso pasa porque los caviidaes no podemos retener demasiado el calor corporal una vez que nos mojamos.
—Oh, Vaya!
Link nuevamente se sacudió como perrito lanudo para quitarse el exceso de agua, y después fue justo adonde estaba Epona, la yegua lo miraba con ojos risueños mientras disfrutaba el cálido sol de la tarde, Link sacó de ahí una toalla y después fue a ponérsela a Zelda.
La joven hylian suspiró un poco, se veía tan guapo con la ropa pegada a su cuerpo, se obligó a mirar a otro lado antes de que nuevamente el termostato se le descompusiera. Un pequeño ruidito sonó a sus espaldas y cuando se viró encontró a Tomodachi rebuscando algo entre sus alforjas.
—¿Qué haces, Tomo?
—Busco algo…hmmm, ya, aquí esta— dijo sacando una pequeña palita de arqueólogo— vi algo interesante mientras me ahogaba.
—Eh?
—allá abajo pegado en las rocas del fondo
A Zelda le escurrió una gotita de sudor frío por la nuca.
—¡Cielos!, de verdad que eres profesional para estas cosas.
Tomo asintió de forma alegre y después se volvió a tirar al agua.
Zelda sintió la necesidad de gritarle "¡No te ahogues!", pero se contuvo al ver que Beast lo seguía de cerca, de forma tímida no puso evitar sonreírle a la distancia y recordaba ciertas palabras que alguna vez le había dicho caviidae "le confiaría mi vida ciegamente".
Cuando se viró nuevamente casi se desmaya, el despistado de Link se había quitado la túnica y la camisa para ponerlas a secar en una roca, la pobre Zelda se quedó hiperventilando, aunque después logró recomponerse. Nunca creyó que sus clases de modales y nobleza le ayudarían tanto fuera del castillo, aunque ahora se alegraba de poder cubrir un poco sus emociones.
—Ay Link…— susurró de forma atolondrada y tierna, porque desde hacía días que la metía en verdaderos líos.
También se quedó pensativa por un momento, llamó a Epona y juntas fueron a los arbustos cercanos, se cambió sus ropas de princesa que ahora estaba mojadas y se atavió con el atuendo que Link me había regalado en la villa del norte, de verdad que era una ventaja tener ambos cambios, y eso la dejo aún más pensativa. Cuando salió de los arbustos le pareció que Link mismo se había tendido al sol como una prenda cualquiera.
—Dime Link,— habló mientras se sentaba su lado.— ¿cada cuánto te cambias de ropa?
—Eh!?— respondió de forma atolondrada.
— Ahora que lo pienso siempre te quedas mojado por mi culpa— musitó de forma triste
Link parpadeó como ido y después soltó una risita.
—Bueno— clamó un poco avergonzado— antes solía hacerlo cuando se me desgastaba la ropa
—¿Y ahora?
—También, pero ya no es tan seguido
—¿Cuantos meses tienes con eso?— preguntó mirando hacia la túnica verde que descansaba bajo el sol.
— De hecho tiene como cinco años
—¿¡Qué!?— clamó sumamente sorprendida, sin pensarlo demasiado llevó una mano hacia la tela y la inspeccionó de cabo a rabo— ¿me estas bromeando verdad, Link?
—No
Pero la tela no parecía tan vieja, es decir, considerando la ajetreada vida del joven mercenario, de hecho si Zelda se hubiera puesto a adivinar hubiera dicho que tenía uno meses, porque el único signo visible de desgaste era la mordedura del Wolfo y la chamuscada que se había dado al pelar contra el imponente King.
—Me la dio ella… con esa sonrisa tonta y burlona.
—¿Ella?— clamó de forma triste—….¿Tu persona especial, Link?— susurró tratando de controlarse.
—Ah?. ¡No!— contestó echándose a reír— ella no tenía una sonrisa burlona. Estaba hablando de la otra ella, la que siempre me molestaba y me hacía hacer cosas estúpidas, pero eso me pasa por meterme a sus territorios, creí que iba a comerme pero sólo se divirtió conmigo tratándome como una mascota, Grrr, a veces cuando pienso en eso tengo ganas de volver en el tiempo y montarme en su cuello para jalarle las orejas, seguro que con la fuerza que tengo ahora no se hubiera metido conmigo.
Perpleja y desconcertada Zelda no entendió nada de eso.
—¿Comerte?
—Era una Dragona Zelda, y era enorme… era más grande que el Buen Augurio y cuando gruñía, sus berrinches hacían eco en toda la montaña.
—Eh!
Link se rio de forma tierna aunque después puso una carita triste.
—Jugaba conmigo por considerarme un simple humano pero… su corazón era noble, no como el de las personas de sur, también me enseñó muchas cosas y justo cuando accedió a liberarme me dio la túnica… antes me quedaba más grande, supongo que de alguna forma utilizo sus ojos de dragona para ver que tanto crecería.
—¿La querías, Link?
—Si… creo que sí, pero no lo supe hasta que fue tarde.
—¿Por qué?, ¿le paso algo?
—Si…
El instinto lo movió para llamarla, y Zelda se acercó sin pensarlo. Link la abrazó y se acurrucó junto a ella, le susurró unas cuantas palabras sintiendo cierto dolor en su pecho.
—¿De veras?— musitó la princesa de forma muy triste
Link sólo asintió con la cabeza, le pasó la alforja y la dejó que husmeara dentro de ella.
—Te mentí… es verdad que al inicio fui a matar a Zilant por el contrato que había hecho con Tomodachi pero… después hubo cosas que cambiaron.
—No estés triste Link, seguro que ella está contenta— clamó de forma tierna mientras lo abrazaba.
Cuando Tomodachi regresó simplemente ignoró la escena, era curioso que últimamente ese par de hylians estuvieran todo el tiempo pegados, pero en esos momentos la mente del caviidae vagabundeaba por otros rumbos.
Analizó un poco la piedra y sólo después de comprobar que no se desharía por el "cambio de condiciones"* se puso a limpiarla con mucho cuidado.
—¿Qué crees que encontró Tomodachi?
—No sé, desde aquí sólo veo una roca, seguro que es algún fósil, después de todo transitamos por una zona volcánica, seguro que hay muchísimos por ahí a causa de los deslices tecto… tecto? Hmmm— gruñó un poco porque se le había ido la palabra
—Tectónicos Link— completó ella de forma graciosa.
—Si eso— dijo de forma tierna mirándola con esos ojos de cachorrito.
Cualquier otra persona se hubiera burlado de él, pero la princesa era paciente y además últimamente parecían brincar información de un lado a otro. La inteligencia de Link no dejaba de asombrar a Zelda a tal punto que estaba segura que si el destino lo hubiera querido, y él hubiera nacido en una buena casa, sería realmente un prodigio. Pero las cosas eran tal y como Link se las decía desde siempre había tenido que aprender simplemente solo, aunque ahora la tenía ella, y a Zelda le gustaba contarle cosas de hyrule, cosas con las que a veces Link divagaba porque de manera rara parecían activar extraños recuerdos de su memoria.
—Vamos a ver— dijo Zelda de forma alegre mientras se acercaba a su amigo peludo.— ¿Qué encontraste Tomo?
—No estoy seguro… me parece familiar, aunque no recuerdo de dónde.
—¿Es una escama de pez?
—No, más bien parece algo hibrido, de echo tiene más pinta de la de algún reptil
—¿Así de grande?
—Si... tal vez no era de algún animal corriente. En fin creo que la guardare para enseñársela a Yahab luego.
Zelda asintió y le ayudo a Tomodachi a envolverla en un pañuelo.
Link bostezó con pereza y volvió a ponerse su túnica, Zeda nuevamente irguió una ceja y pensó en que tendría que resolver eso cuanto antes.
Casi al caer la noche llegaron al arco que marcaba la entrada del siguiente pueblo, había bastante muchedumbre en las calles y el bullicio hizo sentir a Link incomodo, aunque estando al lado de su princesa las cosas eran más sencillas, al igual que en ciudad Ropy, sus emociones parecían fluir más lento y la ansiedad desaparecía por periodos indeterminados aunque generalmente largos. Todas las posadas estaban completamente llenas y Link gruñó al percatarse de aquello, Tomodachi le había advertido de no ir a coquetear a las chicas porque eso a Zelda le molestaba.
Sin más remedio caminaron a paso lento haciéndose a la idea de que dormirían a la intemperie.
—Tengo sueño— gruñó Zelda entre bostezos
Link la montó en Epona y después se subió junto a ella para poder abrazarla.
Unos ojos curiosos se dieron cuenta de aquella escena y comenzaron a cuchichear a la distancia.
—¿Son ellos?— gruñó una voz juvenil aunque algo grave.
—Si— musitó otra voz cantarina.— mi señora los quiere, pero desea que el elegido tenga esa cosa.
—Bien— asintió la voz anciana con cierta amabilidad.
—Cuento con ustedes— clamó de forma amable dirigiéndose al anciano, aunque después atinó a acertarle una mirada inquisitiva al joven que lo acompañaba.
Desapareció como por arte de magia ante sus espectadores y estos simplemente sintieron un poco de escalofríos.
…
—Vamos princesa, no te duermas… hay que bajar para armar un campamento.
Zelda gruñó mientras se viraba y se acurrucaba en su pecho, Link por su parte suspiró de forma atarantada, definitivamente estaba enamorado de ella, sólo a ella le permitiría hacerle ese tipo de cosas, cosas que él no toleraba de otras personas, violar su espacio personal como por ejemplo. La respiración de Zelda chocó contras su cuello, y lo que hace algunos meses hubiera considerado desagradable y molesto estando con Zelda lo sentía como una agradable caricia.
Bajó con mucho cuidado de la yegua y se las arregló para también bajar a Zelda que ya estaba medio desmayada.
—Viajeros…— la voz anciana los detuvo antes de que volvieran a salir del pueblo.
—¿Si?— murmuró Link siendo cuidadoso.
—¿No les interesa una estancia?, allá afuera hay animales peligrosos y se nota que vienen cansados— clamó la ver a la pobre Zelda.
Link lo miró cuidadosamente, tenía una sensación extraña, pero al mismo tiempo su cuerpo no alcanzaba a percibir el peligro, después de todo, quien le hablaba era un anciano de mediana estatura, de larga barba blanca y cejas muy pobladas, aunque…
Gruñó después de ver a su acompañante, era un joven pelirrojo, alto, fortachón… tenía un aura pesada y pegajosa que a Link no le agradaba nada. En otra ocasión no le hubiera importado de no ser porque aquel joven le había clavado la mirada a Zelda de una forma un tanto pervertida.
—Nos interesa— habló Tomodachi antes de que Link dijera algo.— ¿Cuánto por la noche?
—Dinero… es lo de menos,— clamó el hombre— estamos en las vísperas de El Festival de Din, es tradición ser amble con los viajeros, a la diosa le gustaban las caravanas y las festividades.
— ¿A, si?—Preguntó Link con cierto recelo.
—Sí, si…— murmuró Zelda entre sueños.
Link le dedicó una mirada tierna.
—Es escandalosa y le gusta el baile… sólo se la pasa por ahí revoloteando.
—Zel, no hablamos de tu amiga— le susurró Link de forma linda cerca de su oído.
—Es Din… ella.. es así en todas partes.
Entonces el joven mercenario suspiró de forma tierna.
—¿De qué habla la señorita Zelda?— preguntó Tomodachi.
—Pues de Din. Tiene una amiga que así se llama, igual que la Diosa, pero esta semiinconsciente y hablando en sueños, creo que se ha confundido.
—Hmmm— suspiró el caviidae— de todas formas aceptamos. La verdad si necesitamos un lugar de descanso—Clamó nuevamente viendo a la princesa.
Link asintió, aunque no le quito la vista al chico pelirrojo, también cargo a Zelda el resto del camino y Tomodachi profirió una pequeña risita.
Siguieron al anciano hasta el otro lado del pueblo, y pusieron cierta cara de asombro cuando se toparon con aquella enorme herrería.
— ¡Vaya!— Farfulló el caviidae de forma casi divertida.
— ¿Qué le pasa al peludo?— Clamó el joven pelirrojo.
La mirada de Link nuevamente se volvió escrutadora.
—También es herrero, eso es todo.—dijo Link
— ¿Herrero?— preguntó el anciano con asombro— Vaya que sorpresa, ¿Cómo se llama pequeño compañero?
—Tomodachi, a sus órdenes— dijo de forma graciosa.
—Bien. Yo soy Smith, creo que está bien presentarnos, éste de aquí es Vilán, es el hijo del alcalde del pueblo.
—Mucho gusto, bueno… él es…
—Un mercenario— gruñó Link con desconfianza.
Se detuvieron de golpe y el anciano abrió los ojos con algo de sorpresa, en tanto que el otro se le acerco de forma un poco amenazante.
— ¿Y a la chica, te la robaste?— preguntó con recelo clavándole la mirada a Zelda.
—Si… eso no te importa. El asunto es que podría decirse que me pertenece y punto.
—Oye, oye, ¡Qué haces!— clamó Tomodachi, lo jaló de la tela del pantalón y lo alejó un poco de la escena.
— ¡Mi sexto sentido se está volviendo loco!— gruñó por lo bajo
— ¿Con un anciano?
— ¡No!— masculló— con el tal Vilán, ¿Qué no lo sientes caviidae?
—No realmente, pero si tú lo dices… bueno..
Guardaron silencio y meditaron durante un rato, comenzaba a sentirse un poco el sereno y Link tenía miedo de que Zelda fuera a resfriarse.
—Sólo será una noche Link.
—Bien…. Pero, Tomo. Que ni se te salga decirles que Zelda es princesa, suficiente tienen ya con saber cuál es su nombre.
— ¿Y el tuyo?
—Ni siquiera quiero que me lo nombren— clamo un poco triste.
Tomodachi, suspiró un poco confundido mientras volvía con sus extraños anfitriones.
—Está nervioso, eso es todo— explicó al anciano— la verdad es que si es un mercenario— habló con cautela— de vez en cuando se pone a la defensiva, pero tranquilos es inofensivo.
—Si…lo es— afirmó Smith mientras miraba el amor casi desmedido con el que Link cargaba a Zelda.
Siguieron al anciano hasta la puerta de la Herrería, y ahí, Vilán volvió a mirar a Link con mala cara.
—Bueno, bueno, es noche, Vilán vete a tu casa.
—No desea que me quede a su lado anciano Smith.
—No, no, además tendré bastante compañía, ¿Cierto?— clamó con un tono alegre dirigiéndose a los jóvenes viajeros.
—Si— respondió Tomodachi sabiendo que si se quedaban a solas las cosas serían menos difíciles.
—Bien,— Gruñó el pelirrojo— pero si necesita algo no dude en llamarme.— Se dio la media vuelta y miró a Link de frente— Mercenario, no hagas cosas indebidas.
—Soy un mercenario, pero no soy un buitre— gruñó por lo bajo a modo de contestación.
Se tiraron miradas matadoras hasta que Vilán desapareció adentrándose en el pueblo.
—Discúlpalo, sólo está preocupado, la verdad es que después de su padre yo soy la persona más cercana de su familia.
—Pierda cuidado— clamó el caviidae— llevare a Beast y a Epona a la parte trasera.
—Si— musitó Link
—Sígame joven, le mostrare un lugar confortable.
La curiosa sonrisa del anciano hizo que las ansias de Link desaparecieran, sin Vilán por ahí el ambiente se sentía muy muy diferente, tanto, que por instantes Link bajó la guardia y siguió al anciano de forma cómoda.
—Cuál es tu nombre hijo, es decir, Vilán podrá ser indiferente pero a mí no me gustaría llamarte mercenario.
—Da igual— murmuró casi entre susurros— de todas formas sólo pasaremos aquí la noche.
—Eres terco, ¿verdad?— clamó con una risita risueña.
La casa del viejo herrero era sumamente grande, tenía una sala enorme decorada con muebles viejos pero en buen estado, una hoguera ardía en el fondo del recinto llenando el lugar de una sensación cálida. Al fondo estaban las habitaciones y Smith abrió una de las puertas indicándole a Link que ahí podía recostar a Zelda.
Sin la menor duda Link acomodo a la princesa en la cama y la cubrió con unas cuantas mantas.
—Por aquí puedes dormir tú— le dijo el anciano abriendo otra puerta.
—No, no— murmuró moviendo la cabeza de forma graciosa— yo me quedo aquí con ella.
—Hmmm?, De verdad es tuya, ¿verdad?, tienes alma de guardián enamorado— clamó con una curiosa risita— debe ser que adoras a tu novia.
—No es mi novia. — contestó desviando la mirada.
—Pero si eres su guardián enamorado, ¿verdad?— le refutó de forma picara.
—Que indiscreción— gruñó— con guardián basta. Me quedare a su lado para cuidarla durante la noche.
—Como quieras— susurró con una sonrisa— ven a cenar entonces, prepare una rica cena.
Tomodachi entró en la casa y se sacudió un poco para desesponjarse, afuera se ponía un poco frío y se preguntó a que se debería, sin pensarlo demasiado desplegó el mapa y verificó el rumbo que hasta entonces habían llevado, estaban cruzando de largo dejando tras de sí al cinturón de fuego.
—Vaya— musitó de forma curiosa, se le había olvidado por completo que ya casi entraban de lleno al invierno.
—Joven colega, venga a la mesa conmigo.— clamó el anciano de forma risueña y amable.
—Sí, sí, voy enseguida— profirió cerrando el mapa.
— ¿Qué pasa con su amigo?, ¿no cena?.
—Hmmm— déjelo, es terco como mula.
—Puede hacerle daño.
—No, ¡Que va!, puede vivir como una semana sin comida, créame, lo he visto hacer cosas extrañas que nadie más hace.
El anciano se echó a reír y a lo lejos escucharon que Link bufaba con enojo. Tomodachi tampoco se aguantó la risa, pues pensaba era divertido molestar a Link siempre que se podía.
—Vaya, que bonito trabajo— habló con admiración mirando hacia las paredes.
El anciano Smith tenía ahí colgadas muchas espadas de diferentes tipos y tamaños. Tomodachi admiró aquella escena y por unos segundos sintió un poco de envidia.
—No voy a mentirle, su nombre me suena, ¿de dónde es?
—Sur de Dragonsterra, Ciudad Ropy
—Un lugar lejano, escuché que por ahí alguien trabaja con objetos mágicos.
—Seguro que soy yo— clamó soltando una carcajada.
—Los rumores corren amigo, especialmente entre el gremio.
—El gremio… antes hubiera deseado unirme, pero… últimamente soy un alma aventurera.
—Debe mostrarme su trabajo algún día.
—Sí, si— murmuro asintiendo con la cabeza de forma graciosa. — Hey, ¿quiere ver algo lindo?
—Claro— clamó el anciano con gusto.
Tomodachi dio un buen salto de la mesa. La puerta de la habitación de Zelda seguía abierta y entró sin dar el menor aviso, sabía que Link seguía despierto y lo encontró sentado en el borde de la cama. El joven mercenario se había quitado el gorro y miraba hacia su interior con algo de insistencia, tenía una mirada profunda como si se hubiera perdido en sus propios pensamientos.
Ya no sabía si sentía tristeza o algo por el estilo, solamente tenía claro que su corazón se sentía herido cada vez que miraba las costuras de su gorro.
— ¿Qué estás buscando?—Clamó Tomo de forma graciosa mientras se asomaba dentro del gorro.— Fiuuu, huele a Link
Link irguió una pequeña venita en su frente y le dio un zape para apartarlo del sitio.
—Claro que si… es porque, es mío— susurró de forma triste desviando la mirada— ¿Qué quieres?
—Ah, sí.— volvió en si mientras se sobaba la cabeza y el chichón que Link le había hecho.— Préstame a Ryuuji— soltó sin más y tomó la espada con una pata, estaba a punto de irse cuando sintió que la espada oponía resistencia, se viró de forma atolondrada y descubrió que Link había agarrado con fuerza el otro lado.
—De ninguna manera, ¡Estás loco! – masculló con cierto enfado.
—Sólo voy a enseñársela a Smith, no seas paranoico.
—No lo conoces Tomodachi, no seas confianzudo.
Tomo hizo berrinche porque quería enseñarle su propio trabajo al viejo herrero, forcejearon durante un rato hasta que un pequeño respingo salió desde la cama, Zelda se viró con cierto fastidio ante el sonido y su mano terminó por enredarse en la cintura del joven hylian. Link soltó la espada como reflejo involuntario y Tomodachi salió volando debido a su propia fuerza.
— ¡Sí!— clamó victorioso mientras se escabullía fuera de la estancia.
—Ahhhh!, ¡Caviidae aprovechado!— resopló Link, al darse cuenta de que Tomo se había aprovechado de ese pequeño momento de ventaja.
Por razones obvias no pudo seguirlo de inmediato, ya que para eso tendría que haberse puesto brusco y arrojar a Zelda al otro lado de la cama para lograr su cometido, pero no deseaba eso, la hubiera despertado y era algo que no quería, durante los segundos que siguieron se quedó mirando su rostro, era tan bonito y delicado, tan suave que no pudo aguantar las ganas de acariciarlo con cariño.
…
— ¡Sí!, ¡La tengo!— clamó de forma sonriente
Cuando volvió a la mesa Smith había acomodado varios tazones para servir la cena, el viejo herrero miró con gracia cómo el pequeño caviidae salía a trote para después subir a la silla con un saltito gracioso.
—Vaya— susurró mientras sus ojos se perdían en la pieza que Tomodachi colocaba sobre la mesa, el caviidae desenfundó con cierta agilidad. y después, el brillo de Ryuuji se apoderó de los ojos del anciano quien, sin pensarlo demasiado llevó la espada hasta sus manos— ¡Es magnifica!
—Ajá— clamó con cierto orgullo.
—Es un trabajo muy detallado, que tipo de material tiene en el alma.
—Uno que ahora es imposible de conseguir, esta espada es única, fue forjada con una aleación de mineral de Eldin y diente de Wyvern.
—Conozco el mineral de Eldin porque lo he trabajado en varias ocasiones, aunque no puedo decir lo mismo del diente de Wyvern, es algo que sólo conozco por ciertos rumores, se dice que es un metal con características de piedra semipreciosa, al parecer únicamente existe en las cavernas de las montañas sureñas y su nombre se le concedió en honor al parecido que tiene el mineral con los dientes de la creatura, cuando se encuentra en bruto.
—Buenos rumores, y muy exactos. Es muy difícil encontrar los yacimientos, pero bueno, al fin y al cabo yo soy un caviidae puedo reptarme por cualquier sitio en donde me quepa la cabeza— dijo de forma burlona para después soltar una risita.
— ¿Y el corazón?— preguntó con curiosidad desmedida, podía sentirlo sólo con ver la espada, algo salvaje y bravo le latía adentro.
—Su nombre es Ryuuji y es un dragón mismo.
Durante algunos instantes Smith se quedó pensativo, su mirada también se volvió triste y su mano acaricio el filo con nostalgia.
—Era…?, ¿Cómo era?— preguntó sabiendo las condiciones que requería conseguir una escama de dragón en buenas condiciones.
—Era un Dragón malo— Profirió Tomodachi con un tono severo.
— ¿Era malo?
—Asesinó a los de su propia especie sólo por avaricia. Pero… no puedo decirte su nombre.
Durante cierto tiempo el silencio se volvió tangible.
— ¿Fue él, verdad?, fue tu amigo quien asesinó a esa creatura, entonces ¿se convirtió en alguna clase de fugitivo?
—Todos los mercenarios lo son de alguna u otra forma, "Pero si te digo que es el alma de Zilant la que descansa aquí adentro, sabrás que es a Link a quien buscan los Dodongo"— había sido una decisión difícil entrar en aquel pueblo sin precaución alguna, pero ya no tenían shampoo y la capucha de Dulac no podía ocultar a Link del todo, y menos estando tan cerca de alguien tal como en ese preciso instante, aun así, no parecía dar señal de advertencia delante del anciano lo cual indicaba que las acciones de Smith eran sinceras, antes se había puesto reacio con Vilán, pero en el fondo Tomo sabía que solamente eran rezagos de celos.
La frágil estructura de los muros de la casa le permitió escuchar a Link hasta el más mínimo detalle de la conversación que se llevaba a cabo en el otro lado de la estancia, los recuerdos de aquel día fluyeron de forma clara en su memoria, no sabía por qué pero de repente se sentía mal, se deshizo del brazo de Zelda y mientras volvía a reacomodarla en la cama le brindó una nueva caricia dejando su rostro libre de los largos cabellos dorados.
—También tiene magia sagrada, es probable que no me crea pero utilice una pluma de Neburi para sellarle de nuevo la herida.
— ¿Se había roto?— preguntó Smith completamente sumido en la plática.
—Ha librado incontables batallas, y además, cuando la reforje descubrí algo interesante, parece ser que las escamas de Dragón se llaman las unas a las otras, es como una clase de magia gemela, si las separas por mucho tiempo parecen perder fuerza, no hay motivo por el que no puedas forjar el corazón con una sola escama, pero creo que corres el riesgo de que se fosilice y pierda la magia igual que ciertos dragones cuando mueren, si las dejas juntas la magia no parece sufrir ningún desperfecto.
—Interesante.— nuevamente sus ojos se perdieron el arma hasta que el rumor de ciertos pasos lo hizo alzar la vista.
Link estiró el brazo reclamando su pertenencia y por breves instantes la hoja de Ryuuji brilló de una curiosa manera, en esos pocos segundos cierto pensamiento se irguió de forma curiosa en la mente del viejo herrero, la espada emanaba una energía cálida como si estuviera feliz de reencontrarse con su dueño.
—Tenga cuidado Smith— musitó Tomodachi al ver que el anciano enfundaba el arma— tiene un carácter terco y parece que sólo se está quieta con este loco mercenario.
—Un espada con alma.. que maravilloso— la espada volvió a los brazos de su dueño y Link se sentó un rato en la mesa, parecía nostálgico aunque no por ello había perdido su semblante firme, solamente fue consciente de su propia presencia cuando Smith le arrimó un plato de comida, se había negado claramente en el pasado, aunque ahora que estaba sentado en la mesa no perdía absolutamente nada, dio un pequeño sorbo al guiso mientras sus ojos se quedaban fijos en una de sus muñecas.
Tomodachi volvió a mirarlo de forma inquisitiva.
—Paranoico— murmuró soltando una pequeña risita.
Cenaron de forma casi silenciosa y a pesar de todo Link lamentó que Zelda se hubiera derrumbado del cansancio, el guiso era delicioso y por momentos sintió cierto retorcijón al recordar que ella no había cenado.
No sabía cómo se había quedado dormido, el cuerpo le pesaba más que nunca en su vida, abrió un ojo pero volvió a cerrarlo, la luz del día lo había herido de manera fiera y en ese instante entendió que ya era sumamente tarde.
—Buenos días Link— musitó Zelda sentada al borde la cama.
Él se irguió con cierto mareo, solamente una vez en su vida se había enfrentado a esa sensación bochornosa, allá años atrás cuando ciertos mercenarios habían querido inducirlo al maravilloso mundo de la bebida, era un recuerdo tan grotesco que de inmediato lo exilió de su memoria.
—Vaya, ¿Qué te paso?
Se llevó una mano a la cabeza y simplemente se sacudió con desgana.
—Nada— musitó al darse cuenta que la sensación lo abandonaba,— ¿Por qué hay tanta luz en el cuarto?, ¿es muy tarde?— preguntó sumamente sorprendido.
—Ya pasa del medio día— clamó ella de forma cantarina.
— ¡Medio día!
—Estaba preocupada, pero no parecías tener ninguna molestia, así que intuí que sólo estabas cansado, o tal vez sea porque las camas de Smith son muy esponjocitas, Tomodachi todavía no despierta— le tendió las manos y Link las tomó por inercia, Zelda jaló de forma graciosa y de esa forma consiguió ponerlo en pie.
—Qué extraño— susurró con cierto enfado, podría haber estado roncando, y si hubiera habido algún enemigo cerca, seguro ya estaría en el otro mundo, definidamente había sido un verdadero descuido, eso, o tal vez Tomodachi tenía razón y se estaba poniendo paranoico.— ¿Te has quedo cerca todo el tiempo?— preguntó sin poder retener una sonrisa.
—Si...
— ¿Y eso?
— ¿Esto?— se señaló el cuello en el que colgaba un cristal rojo con terminaciones ambarinas, era un adorno rustico aunque en ella lucia bonito— Me lo ha dado Aryll
— ¿Quién es Aryll?— preguntó de forma boba, sus ojos se posaron en el cristal y sin más se cerraron en un signo de desaprobación absoluta, el nombre no le daba indicios de que clase de persona era, ¿era otra chica? ¡O un chico!
Respiró tratando de controlarse, ¡Algún chico había osado regalarle algo a su Zelda mientras él dormía!, otra vez le estaba dando un ataque de celos pero su semblante se ablandó cuando vio los ojitos de Zelda.
— ¿No te gusta? Link.
—No… no debes aceptar cosas de extraños Zelda.
—Pero ella fue muy amable conmigo, sabes, creo que se parece un poco a su abuelo Smith en el carácter bondadoso.
Él soltó cierto suspiro, al menos ya sabía que Aryll era una "ella" y eso hizo que su tensión disminuyera de forma notable, se encaminó con Zelda hasta la parte externa de la casa y ahí encontró a la susodicha, era una chica de estatura mediana con largo cabello rubio y grandes ojos juguetones, tenía tal vez unos catorce o quince años.
Link torció el gesto cuando la vio colocarle un collar a Epona, la yegua resopló de forma confusa aunque no se apartó de la chica. También la vio tratando de atrapar a Beast pero el águila arpía batía las alas cada vez que se le acercaba, finalmente consiguió sobornarla con una fruta y Beast se quedó quieta para que le pusieran su collar brillante, era un adorno ajustado que se pegaba al cuello y Link se preguntó para que servirían.
—Ahora sí, ya están listas— el joven mercenario se viró para encontrarse con la cara del herrero, de cierta forma pareció ver un semblante triste aunque se esfumó de inmediato mientras avanzaba hacia ellos.
—Listas?
— ¡Para el festival de Din!, es tradición que las chicas lleven ese adorno, representa El poder de la diosa
—Gracias, pero no gracias— refunfuñó, no sabía de donde se le salía lo amargado, pero su instinto así lo guiaba y él simplemente lo seguía— nos marcharemos en cuanto despierte a ese caviidae.
— ¿Llevas prisa?— preguntó Aryll con una vocecita un poco inocente.
Link simplemente evitó contestarle, si era inteligente sabría por si misma que los mercenarios nunca se quedaban más del tiempo necesario en algún pueblo. Cierto bostezo se escuchó a sus espaldas, Tomodachi salió de la casa a cuatro patas y después se sacudió para desesponjarse el pelaje, lucía un poco ido como si hubiera estado sumido en un sueño sumamente pesado.
—Los tres días del festival de Din comienzan hoy— recalcó el viejo herrero— sería una lástima que se perdieran las inauguraciones.
—No estamos aquí para para divertirnos— refunfuñó Link de forma seria— es sólo una parada de descanso.
—Pero seguro que Zelda quiere quedarse— refutó Aryll mientras se colgaba del brazo de la princesa.
La mirada de Link se desvió hacia su rostro y Zelda bajó la vista un poco avergonzada, ante tal gesto Link no pudo evitar incomodarse y cuando menos lo pensó ya estaba buscando con la vista a Tomo. El joven caviidae simplemente soltó una risita graciosa.
—Sólo es un día — le dijo mientras se acercaba a su Águila arpía, se sorprendió un poco al verle puesto el collar brillante, pero dejo ir el detalle al ver que Zelda, Epona y la nieta del herrero llevaban uno parecido— además— musitó mientras revolvía un poco sus alforjas.— este parece un buen sitio para abastecernos de provisiones.
—Provisiones, ¡venga!— gruñó de forma bajita— sólo necesitamos unas cuantas horas para eso.
—Quiero descansar otra noche, ¿No crees que sería bueno si también dejas descansar a la señorita Zelda?
Nuevamente su mirada pareció perderse en la nada.
—Vamos Link, baja la guardia por un rato— entonces se crispó de forma verdadera, detrás de él, Vilán lo había llamado con cierto descaro entonando su nombre con cierto ápice de burla.
Evitó virarse y gruñirle de mal modo, sabía que tarde o temprano pasaría y más teniendo en cuenta que se había quedado dormido, Zelda había terminado por nómbralo en voz alta y ahora su nombre estaba al descubierto, no entendía por qué no le gustaba la idea de escuchar su nombre en labios de aquel chico pelirrojo.
—Quédate Caviidae, y haz lo que se te pegue la gana— su voz rajó la aparente tranquilidad de aquel escenario, y después, sin pensarlo demasiado tomó la mano de Zelda y se internaron entre las calles.
…
Después de todo, habían terminado caminado de forma casi vagabunda, el bullicio que ascendía desde el corazón de la plaza se escuchaba de forma constante.
— ¿A dónde vamos, Link?
—A donde sea princesa.
— ¿A dónde sea?
—Zelda… yo, bueno, ¿Quieres quedarte?— preguntó con cierta vergüenza.
—No es necesario Link— respondió ella desviando un poco la mirada.
—Si tú quieres, sólo dime— volvió a susurrar de forma apenada.— no sé lo que piensas, así que simplemente me la paso soltando bobadas, pero es porque soy algo torpe y no puedo leer tus expresiones abiertamente, yo… quiero que estés contenta.
Entonces sintió como ella lo abrazaba con cariño.
—Estoy contenta si estoy contigo.
—¿Pero quieres ver el festival de Din?, antes cuando estuvimos en casa de Yahab dijiste que deseabas ir a uno sin los soldados de tu padre merodeándote, creo que fui desconsiderado al decidir irnos sin siquiera preguntarte.— su voz sonó un poco triste pero su expresión cambio cuando Zelda le dio un beso en la mejilla.
—Vayámonos— susurró con una sonrisa y bastante ligereza.— sólo es un festival, Aryll es muy entusiasta, pero nunca le dije que quisiera quedarme, sólo le había hecho algunas cuantas preguntas por curiosidad, además ese tal Vilán se la paso revoloteándome cerca toda la mañana, el Señor Smith dijo que era un chico bueno pero a mí me pone muy nerviosa.
Nuevamente Link torció el gesto, pero Zelda no perdió su semblante alegre, sabía que Link odiaba las multitudes y aun así se había ofrecido de forma linda para que se quedaran, aun sabiendo lo difícil que era y también los riesgos que aquello contraía. Ahora que los ladrones Dodongo conocían el rostro de ambos era mejor si se movían deprisa hacia Dragonsterra.
—Pero…
— ¿Si?
—Me gustaría comprar algunas cosas, ¿Podemos volver con Aryll?
—Eh?
—Ya sabes… son cosas de chicas.
—Ah.. esto.. sí.. por supuesto— contestó un poquito avergonzado tratando de hilar sus propias palabras— ¿quieres que te cuide desde afuera de las tiendas?— preguntó tratando de no colapsarse, se abanicó un poco y agachó de forma distraída la cabeza.
—Si, como tú quieras.
Nuevamente la tomó de la mano sintiendo como su corazón tamborileaba como loco, esa alegría de tenerla cerca era la mejor recompensa que le habían dado en años, todavía se sentía bastante perdido respecto a sus sentimientos pero no por eso se negó a si mismo esa pequeña felicidad, aunque en el fondo sabía que sería efímera tal y como el viento que rondaba en ese preciso instante sobre su cabeza…
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Continuara...
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N.A.: *Cambio de condiciones: de forma extraña se sabe que los arqueólogos son los mayores destructores de las evidencias históricas/Arqueológicas, quitar o remover algo significa sacarlo de su contexto, una vez que lo haces ya no hay marcha atrás… si sacas algo de forma descuidada puedes destruirlo irremediablemente, eso pasa con las cosas sumergidas bajo el agua, por eso es que los arqueólogos dejan las evidencias o descubrimientos en condiciones similares dependiendo del material que sea, las cosas orgánicas son más susceptibles a los cambios bruscos de las condiciones del medio en el que se encontraban reposando.
Comentarios del Capitulo:
Y bueno hemos llagado justo al interlude, desde el capitulo pasado ya veníamos viendo estos cambios de rumbo en la historia, aunque supongo que precisamente en este son mucho más tangibles xD
Tal y como leyeron ahí arribita, estamos a pasos cortos de abandonar las Tierras del Oeste para internarnos en Tierra de Dragones, aunque han sido "sutiles" las referencias que he dado hasta el momento una vez que entremos a Dragonsterra ciertas conversaciones "vacías" que se habían estado dando a lo largo de la historia van a cobrar sentido.
Como dato curioso mencionare que este capitulo es uno de varios que van directamente Ligados con el segundo extra de esta historia (aun en proceso) "Interludio del Otoño" por lo que les recomiendo que una vez que lo publique mantengan sus mentes unidas a esta parte de la Narrativa.
Link dejó que Zelda husmeara en su alforja ¿Había algo especial ahí adentro?, de hecho, en "Entrada a las Tierras del Oeste" hay una cuestión sumamente curiosa, dado que Link se había lastimado y su alforja pesaba mucho, le pidió de favor a Zelda que cargara con parte de sus pertenencias, curiosamente hubo un objeto del cual no pudo desprenderse lo cual fue un golpe de suerte, porque como saben, en capítulos posteriores a ese Zelda perdió muchas de sus cosas debido a la corriente del rio en el que se cayeron cuando eran perseguidos por los ladrones.
La otra cuestión que destacó por aquí nuevamente fue Ryuuji, ¿Por qué parece feliz estando cerca de Link?, parte de esto se entenderá después de que sepan como fue que Link asesino a Zilant.
y bueno, hasta aquí los dejo descansar con mis millones y millones de rompecabezas xD, la próxima vez que nos leamos en esta historia llevaremos un ritmo un poco más lineal y ameno xD
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Aviso:
La Semana que viene retomo marcha en "Caballeros de Hyrule", en el mismo día que solía publicar Kai :9
así que sin más por el momento espero tenerlos por aquí rondando nuevamente los miércoles.
