Aquí vengo yo algo tarde y con el último cap de la temporada :v
Que lo disfruten -w-
Advertencias: Escenas cursis, románticas, subidas de tono, chistes malos, escenas falta de inspiración (qué novedad), referencias de animes y chilenismos (?). Why? Because YOLO (?)
El desayuno en la casa de los Samejima era silencioso, algo inusual, puesto que siempre alguno de los cuatro, que por lo general era Taiga, tenía tema de conversación, incluso si se trataba de una divertida discusión de hermanos. Sin embargo, ese día, Taiga estaba distraído revolviendo el té en su tazón.
Un mes había pasado desde que regresaron a casa. Un mes desde la última vez que vieron a Sho. Junto a sus amigos, todos los días recordaban al castaño, realmente lo echaban de menos.
¿Qué pasó con Miyu? No la volvió a ver desde que regresaron, o por lo menos no volvieron a hablar, porque un día la vio en el parque discutiendo con un chico, el cual supuso que era el padre de sus hijos. Por un lado, sintió lástima por ella por tener un ex de mierda, pero luego recuerda toda la mierda que vivió con ella y se le pasa (?). Bueno, no, simplemente no se metía porque ya no era asunto suyo, porque Kyoichi le daría una paliza y ya había una chica ocupando sus pensamientos.
-Ok, este silencio es abrumador -habló la pelirroja mujer-. ¿En serio no tienen nada de qué hablar?
-Bueno -dijo Taiga-. El desayuno está delicioso -sus padres rieron.
-Tai, es el mismo desayuno de siempre.
Tostadas y té. Siempre tostadas y té. A veces con queso, mermelada, mantequilla o algún otro aderezo.
-No está de más decirlo -bromeó el pelinegro.
-¿No tienes de qué hablar? -repitió la mujer-. ¿Sobre Amaya? -Taiga se atragantó con el té-. ¿Qué pasa con Makoto al final? -Gabu escupió el té.
Sip, la madre Samejima sabía sobre los intereses románticos de sus hijos.
-Pues... -dijo Taiga, sonrojado.
-Su hermano da miedo -dijo Gabu, como un tomate (?).
Siempre que estaba con Makoto, el hermano de ésta no lo miraba como si quisiera hacer amigos, lo cual era lógico por todas las payasadas que hizo anteriormente.
-Un clásico -dijo el hombre de cabello negro-. Los hermanos mayores son muy protectores.
-Sí, pero no lo culpo -dijo Gabu-. Después de todo, es su joyita.
-Bueno, debo ir al instituto, se me hace tarde -dijo Taiga, levantándose tras acabar su desayuno.
Gabu se levantó después de él y corrió escaleras arriba para buscar sus cosas, mientras que Taiga subió con total tranquilidad. Tal vez por eso su hermanito era más veloz al correr, tanto de pie como en bicicleta.
Su celular vibró en el bolsillo de su chaqueta. Lo sacó y vio que Kyoichi le había mandado un mensaje.
Rubio Teñido
Imbécil, deja de ver fotos de Amaya y apúrate
Intento de Punk
No estaba viendo fotos de Amaya :v y ya voy en camino
Guardó su celular y agarró su mochila. Mientras bajaba las escaleras, su celular volvió a vibrar.
Rubio Teñido
Bueno, entonces deja de pensar en las fotos de Amaya (?)
Taiga rió.
Intento de Punk
No hará falta si la veré en clases, supongo
Rubio Teñido
Te vas a caer de espaldas cuando llegues :v
Intento de Punk
Por qué?
Rubio Teñido
Lo siento, no al spoiler -w- XD
Riendo, guardó su celular. Antes de salir, se despidió de sus padres, quienes le desearon un buen día. Gabu lo esperaba afuera, y cuando salió, comenzaron a caminar.
El camino a la escuela fue entre burlas y empujones, lo que no faltaba en una relación fraternal. Por lo menos hasta que llegaron a la escuela. Gabu se despidió mencionando el nombre de la pelirroja, como se había hecho costumbre, y Taiga le respondió con el nombre de la hermana de su amigo.
Las primeras semanas en el instituto, después de estar en la Zona X, habían sido un martirio en el sentido de que la gente los acorralaba y preguntaba por detalles, pero según ellos, no superaban a los reporteros. Ellos también siguieron molestando, pero duró unos pocos días.
No sólo eso, hasta las chicas se acercaban mucho a él y a su amigo.
Luego dejaron de molestar y siguieron con su vida como si nada, aunque aún habían chicas que le echaban el ojo, cosa rara porque en realidad, era el rubio el que tenía toda la atención por ser hijo de una temible profesora y ser el mejor alumno. El pelinegro pasaba a ser el "Amigo A" (?).
En el instituto Kurosaki, la presencia de los Shido era como firmar una sentencia. Así lo sentían algunos, incluyendo a Kyoichi, que siempre que ponía un pie sobre el lugar, veía a la multitud apartándose del pasillo para que caminara sin interrupciones. Él no era ningún matón o el mujeriego del instituto para que fuera tratado como un rey, sino que se ganó ese puesto cuando se supo que era hijo de la temible profesora de Historia, y ser el hijo del diablo era técnicamente la perfección.
Pese a ser un buen instituto, para el chico era un martirio. No le gustaba tener ese título, no le gustaba destacar entre la gente, tampoco le gustaba recibir todas las miradas cuando caminaba por los pasillos, pero ya llevaba mucho tiempo así, por lo que no había nada que pudiera hacer para remediarlo.
Taiga se compadecía de él porque ese mes que pasó de verdad fue una guerra para él, que odiaba a todo ser que pisara el instituto, y los únicos que se salvaban de ese odio eran el pelinegro, su novia y la emo. Además, era muy prejuicioso y una persona podía caerle mal con la simple primera impresión.
Caminaba por el pasillo ignorando a la gente que lo saludaba, hasta que llegó al salón y vio a sus tres amigos en la fila al lado de la ventana. Casi se le cayó la mandíbula al ver a Amaya ahí, sentada y hablando con la pareja de rubios. ¿Cómo no? Si Amaya siempre llegaba tarde.
-¿Quién eres y qué le hiciste a Amaya? -bromeó al acercarse.
-¿Tan raro es que, por una vez en mi vida, haya llegado antes de que suene la campana? -preguntó Amaya.
-Muy raro -dijeron los otros tres al unísono.
-Váyanse a la mierda.
-Sólo si vienes con nosotros -dijo Hitomi.
Habrían seguido hablando si no fuera porque la profesora había entrado al salón.
-¡Fíjate por dónde caminas!
-¡Fíjate tú a dónde lanzas tu mierda de balón! -gritó Makoto.
-¡Uy, dijo una grosería! -se burlaba el agresor de la pelinegra-. ¿Qué va a hacer la marimacho? ¿Golpearnos? ¡Ah, cierto, no se puede levantar porque se lastimó el tobillo!
El grupo de ese chico reía a carcajadas.
Resulta que, mientras Kakeru había ido a comprar algo de comida, Makoto caminaba por el patio cuando un balón de fútbol golpeó su cabeza, haciendo que perdiera el equilibrio y cayera al suelo. Como consecuencia, se dobló el tobillo y dolía de horrores.
-Hey -lo llamó alguien.
-¡¿Ahora qu...?! -no terminó la frase porque recibió un fuerte puñetazo que lo lanzó al suelo.
Cuando el sujeto alzó la mirada, se encontró con la ambarina mirada desafiante de Gabu.
-¡¿Qué quieres, Samejima?! ¡¿Viniste a defender a tu princesita?!
-¿Está prohibido defenderla? -Gabu alzó una ceja-. Lo único que sé es que no te gustaría conocer a su hermano, porque créeme, el golpe que te acabo de dar es nada comparado a los de un chico que estudia en Kurosaki -lo amenazó. El otro chico tragó saliva, nervioso, y sus amigos tampoco se atrevían a encararlo-. Ahora, será mejor que dejes de molestar a Makoto; si no, créeme que yo no tengo ningún problema en golpearte hasta que pierdas la consciencia o pedirle a su hermano que te deje en hospital, mejor aún, en la morgue, ¿te gustaría?
Sin decir una palabra, el chico se levantó y con su grupo, corrieron lejos de los "agapornis".
Kakeru había visto todo a lo lejos, y no llegó a tiempo para ayudar a Makoto, pero en cuanto los matones se fueron, se acercó rápidamente a su amiga y al pelirrojo para ayudarla a levantarse. El problema era que la pelinegra no podía mantenerse en pie, por lo que Gabu la cargó en su espalda y con Kakeru se dirigieron a la enfermería, pese a las quejas de Makoto, de que no era necesario, que pronto dejaría de doler, pero ninguno dio su brazo a torcer.
Makoto era más terca que una mula. Sin mencionar que se había sonrojado por las acciones del pelirrojo.
La dejaron al cuidado de la enfermera porque la niña prácticamente los obligó a volver a sus salones ya que la campana había sonado. Sin embargo, cuando acabó el día, pasaron a verla.
-¿Cómo estás? -preguntó Kakeru.
-Ya casi no duele -respondió Makoto-. Pero tendré que reposar -le bajó una gota por la nuca, por lo que Kakeru rió.
-¿Ya le avisaron a tus padres? -preguntó Gabu.
-Sí, mi papá está viendo si sale temprano del trabajo porque mi mamá tiene una reunión con el consejo -dijo la pelinegra-. Mientras, tendré que esperar a mi hermano.
-¿Él no tiene que trabajar?
-Por eso mi papá está intentando tomarse el día o mi hermano tendrá problemas con su jefe.
Al rato, la puerta se abrió y los tres voltearon a ver al rubio.
-¿Tienes comida? -preguntó Makoto. Kyoichi suspiró y sacó una barra de chocolate que tenía en el bolso para entregársela.
-¿Me puedes explicar qué pasó? -preguntó el chico, sentándose al borde de la camilla.
-Un chico de séptimo la golpeó con un balón -dijo Gabu.
-No tienes que preocuparte, le dio su merecido -dijo Makoto, mordiendo un pedazo de chocolate.
Gabu se estremeció al recibir la mirada fría del rubio, pero éste no dijo nada. Cuando todo quedó en silencio, de repente comenzó a sonar una guitarra eléctrica con algún que otro instrumento y unos gritos que no se entendía ni en qué idioma estaban (?).
Que vivan los subtítulos (?).
-¡La puta madre! -se sobresaltó el pelirrojo, al igual que Kakeru, mientras Makoto no parecía ni un poco asustada.
Kyoichi sacó su celular del bolsillo como si nada y contestó, para luego salir al pasillo.
-¿Qué tiene tu hermano con esos tonos rompe oídos? -se quejó Gabu.
-Pues, era la única forma de no tener llamadas perdidas en un lugar con ruido -dijo Makoto, con una gota en la nuca.
-Nunca cambiará -rió Kakeru.
-Tendrás que venir conmigo al trabajo -dijo Kyoichi, entrando mientras guardaba su celular.
-¿Mi papá no vendrá? -el rubio negó-. ¿Qué tal si yo me quedo en casa?
-¿Recuerdas lo que pasó la última vez que te dejamos sola?
-Hermano, me doblé el tobillo.
-Y esa vez tenías fiebre.
-No me dejarás en casa, ¿verdad?
-Nop, y aún sabiendo que no dejarás la escoba (1), mi mamá me mataría y créeme que no quieres ser hija única.
-Touché -suspiró-. ¿Viniste solo o con los chicos?
-Con ellos.
-Entonces no habrá problema -sonrió-. ¿Me llevas a caballito? -hizo un puchero-. ¿Como cuando era pequeña?
El rubio suspiró.
-Lo haré sólo porque no puedes caminar y no tengo silla de ruedas.
-Deberías hacerlo más seguido.
-No te aproveches de mi nobleza -bromeó, por lo que los niños estallaron en carcajadas.
-¡Pero si es verdad! -refunfuñó Makoto, subiendo a la espalda de su hermano-. Siempre lo haces con Hitomi y Amaya.
-Hitomi me lo pide y Amaya se me tira encima; tú eres la que no habla -comenzó a caminar, seguido por los niños.
Gabu llevaba las cosas de Makoto, ya que, suponiendo que su hermano siempre visitaba al rubio en el trabajo, tendría que volver a casa con él, y Kakeru no podía llegar tarde a casa.
-De todas maneras, dirías que no.
-Tal vez sí, tal vez no.
Makoto rió.
Cuando salieron del edificio, se encaminaron al bar donde trabajaba Kyoichi. Incluso Amaya estaba con ellos, y eso que la chica nunca los acompañaba al bar, a veces porque tenía que estudiar, otras veces iba a algún sitio en el que pudiera estar sola. Antes de llegar, Taiga cargó a Makoto, porque ya con el problema de su tobillo, Kyoichi se había atrasado en el trabajo, además de que después estaba la tarea de cargar las bandejas con los pedidos de los clientes.
-Shido, ¿dónde has estado? -preguntó un sujeto de pelo castaño, algo largo y atado en una coleta baja, quien posó la vista en los que venían detrás de él-. Veo que vino toda la familia -se fijó en Hitomi-. Saionji, ¿ya han echado un...?
-Basta, Dan -Kyoichi le cubrió la boca al sujeto-. A trabajar.
-Pero...
-Voltea, y deja de molestar a mi novia -lo fue empujando hacia la barra.
-Oigan, ¿eso es normal? -preguntó Amaya.
Todos la miraron de una forma... algo extraña, que de alguna manera, respondió a su pregunta.
Al sentarse en una mesa, el sujeto de antes volvió a acercarse.
-¿Nueva novia, Taiga? ¿Qué pasó con la otra chica? -preguntó, haciendo pasar un momento incómodo al grupo-. ¿Cómo era que se llamaba? ¿Miyu? Sí, estoy seguro que era ella. ¿La dejaste? ¿La engañas? ¿Ya han tirado?
-¿Disculpa? -espetó Amaya.
-Bueno, tal vez ustedes no lo entienden de esa manera -rió el sujeto-. ¿Ya han echado un polvo? Porque aquí tenemos espacio suficiente, ¿qué dices?
-Mira, imbécil, no sé en qué parte de tu cerebro podrido pasó que yo iba a acostarme con un pedófilo como tú, si tan urgido estás, existen los prostíbulos, pero a mí, maricón saco de mierda, me respetas, porque yo no me pienso a rebajar a tu maldito nivel, ¿entendiste?
El tipo la miró impresionado. Era la primera vez que una chica se atrevía a encararlo.
-Dan -el sujeto volteó al sentir un fuerte apretón en su hombro para encontrarse con los ojos verdes más terroríficos que jamás había visto-. Por última vez, deja de molestar y ponte a trabajar, pinche depravado subnormal.
-¡Pero, Shido, hablábamos de temas importantes!
-¡Temas que no son de tu incumbencia!
El resto soltó un suspiro de alivio al verlos alejarse.
-¿Me pueden decir qué le pasa a ese sujeto? ¿Tiene algún problema de abstinencia? -espetó Amaya.
-Él tiene de todo, menos abstinencia -suspiró Taiga.
-Él es Tadashi, su jefe, aunque tú puedes decirle Dan para ahorrarte la flojera de decir su nombre -dijo Hitomi-. Y eso es normal en él, no le hagas caso.
-¿Por qué? -preguntó la emo.
-¿Puedes creer que son quince empleados y doce de ellos son conejitas de playboy? -dijo el pelinegro-. No sé, pero si Kyoichi fuera el líder, despediría a todas esas chicas por ser buenas para nada
-El antiguo jefe del bar era su padre, pero falleció hace dos años -explicó Hitomi-, y desde que murió, él quedó a cargo, entonces todo cayó.
Todos voltearon a ver al rubio, que estaba ya con los pedidos y conversando con un sujeto de cabeza rapada y de un aspecto más maduro. Lo habían visto en varias ocasiones; se llamaba Yoshida, era el único con quien Kyoichi se llevaba bien y, a pesar de ser miembro de la mafia, trabajaba ahí para conseguir dinero para poder pagar los gastos de la rehabilitación de su pequeña hija de cinco años, quien padecía de leucemia. Su esposa había fallecido hace muchos años en un accidente de auto y por eso, tuvo que internar a la pequeña en un hospital para mantenerla a salvo, y cuando salió a buscar trabajo, ninguno lo quería como empleado por sus aires de mafioso, salvo Dan, de quien siempre desconfió, pero no tenía más opciones.
Para cuando terminó la jornada, el padre Shido había ido a recoger a sus hijos, para compensarlos porque no pudo ir por Makoto cuando se lesionó y le habría ahorrado el atraso a Kyoichi. Hitomi se había ido con ellos, porque desde su regreso, vivía con los Shido y no volvió a casa por no querer encontrarse con su padre.
De vez en cuando, iba para allá, sólo cuando la casa estaba vacía y para recoger algo que le faltaba.
Cuando los hermanos Samejima iban caminando a casa, se sumieron en un silencio muy incómodo, hasta que Gabu habló.
-¿Alguna novedad con Amaya?
-No, aunque ¿qué es eso de ser caballero con Makoto? -preguntó Taiga con picardía, a lo que su hermanito se volvió un tomate.
-¿Qué querías que hiciera? ¡Estaba lesionada!
-¿Y por qué no la cargó Kakeru?
-¡Agh, cállate!
Taiga rió por los pucheros infantiles de Gabu.
-Oye -lo llamó el pelirrojo-. Cuando tú y Amaya sean novios, no la cagues, ¿bien?
-¿A qué viene eso?
-Sólo no la cagues, te recuerdo que no tienes mucha experiencia en relaciones.
-Habló el experto -se burló.
-Taiga, tengo doce años, ni siquiera he besado a alguien, es lógico.
-Touché.
Cuando llegaron a casa, enseguida los acorraló su madre.
-¿Alguna novedad?
-Nop -dijeron al unísono los hermanos.
-Taiga, ¿hasta cuándo hay que esperar? Quiero una nuera -miró a Gabu-. Aunque podría decirte lo mismo, jovencito.
-Mamá, aún soy pequeño, ¿no crees? -a Gabu le bajó una gota por la nuca-. Pero si te hace feliz, la llevé a caballito porque se lesionó el tobillo.
-Taiga, hasta tu hermano es más rápido que tú.
-Es tan rápido que aún no se lo dice -esta vez, a Taiga le bajó una gotita.
-Pero a eso se le llama ser caballero.
Ambos suspiraron. Antes de que su madre siguiera hablando, avisaron que estarían en sus habitaciones y corrieron escaleras arriba.
Cuando Taiga cerró la puerta de su habitación, enseguida su celular vibró y vio una gran cantidad de mensajes del grupo que tenía con sus amigos.
Rubio Teñido
Como cuando Amaya llega temprano :v
Emo
Van a seguir con eso?
Oxigenada
Sip xD
Emo
Púdranse :3 .l. menos Taiga
Rubio Teñido
1313
Oxigenada
Por qué será? 7u7
Emo
Cállense!
Rió. Al parecer, escribieron cuando iba camino al instituto. Efectivamente, la hora a la que mandaron los mensajes era de la mañana. Pasó a los recientes.
Emo
No volveré nunca más a ese bar :)
Rubio Teñido
Gran elección :)
Oxigenada
Dan de mierda :)
Intento de Punk
Qué hizo ahora? :) (quería ser popular)
Rubio Teñido
Taiga de mierda XD
Oxigenada
Por la chucha XDDD
Rubio Teñido
El muy hueón (2) trató de besarla :v
Intento de Punk
Ese maricón -.-
Irán el fin de semana a la montaña?
Emo
Me da paja (3) -.-
Oxigenada
Makoto está tratando de convencerlo
Intento de Punk
Vamos, Kyoichi! No seas aburrido!
Oxigenada
Taiga, lo llevamos a rastras? xD
Intento de Punk
Lo haría si después no tuviera un chichón xD
Emo
Apuesto que están uno al lado del otro y Hitomi le está haciendo la cara de perrito XD
Oxigenada
Sí! XD
Intento de Punk
Kyoichi de mierda, contesta 77
Rubio Teñido está escribiendo...
Rubio Teñido
Buenas noches :)
Rubio Teñido se desconectó
Taiga soltó un pesado suspiro. Su celular volvió a sonar.
Rubio Teñido
Qué harás mañana?
Intento de Punk
Por qué lo dices?
Rubio Teñido
Lo olvidas?
Rió.
Intento de Punk
Mañana es el día
Rubio Teñido
Más te vale
Intento de Punk
Oye, sobre el fin de semana... piénsalo, sí?
Rubio Teñido
Dale
Bloqueó el celular y se lanzó sobre su cama. No tenía tareas pendientes, por lo que quiso perder el tiempo pensando en lo que pasaría al día siguiente.
Para cuando volvió a la realidad, revisó la hora en su celular; marcaba las doce. Sin más, se cambió el uniforme por su pijama y se fue a dormir.
Había pasado un mes.
Cuando el pelinegro llegó al instituto, se encontró sólo con la pareja de rubios. Al parecer, la rutina había vuelto a la normalidad, con los tórtolos llegando media hora antes de oír la campana y Amaya llegando siempre tarde. Los rubios jugaban al gato (4) en una hoja de papel mientras conversaban.
-¡No, no es justo! -escuchó quejarse a Hitomi, mientras Kyoichi reía-. ¡¿Por qué siempre ganas?!
-Suerte para la próxima -se burló su novio.
-¡Quiero la revancha!
-Ya me aburrí -Kyoichi guardó el lápiz y arrancó la hoja llena de garabatos, para luego arrugarla en una bola.
-¿Temes que te gane?
-¿Me dices eso cuando, de diez partidas, no ganaste ni una?
-¡Maldito zopenco! -hizo un puchero.
-¡Mala perdedora!
-¿Qué hacen? -preguntó Taiga al acercarse.
-¡Kyoichi hizo trampa! -dijo Hitomi.
-¡Tú no sabes jugar! -reía Kyoichi.
Taiga reía por la discusión de ésos dos. Hitomi podía ser infantil cuando quería. Llegaba a causarle gracia que dos personas completamente distintas pudieran llevarse tan bien.
-¿Irás el fin de semana? -preguntó al rubio, obteniendo enseguida las miradas de sus amigos, incluso Hitomi había dejado de acusar a su novio por tramposo, y éste recuperó su típica expresión seria-. ¡Vamos, Kyoichi! ¡Emperador Trueno debe estar oxidada!
-¡No exageres, ni que la hubiera lanzado al lago! -respondió Kyoichi.
-¿Intentar persuadirte cuenta como revancha? -preguntó Hitomi.
-No, no cuenta.
-Pues no me importa -lo estrujó entre sus brazos para luego alborotar su cabello-. ¡Debes ir a la montaña!
-¡Eso es, Hitomi! -reía Taiga.
Un grupo de alumnos entró al salón, seguido de la profesora, que se quedó quieta mirando al grupo por lo que dejó Hitomi.
-Resucitó Kurt Cobain -dijo, y el terceto tuvo que hacer malabares para no reír mientras que Kyoichi arreglaba el desastre en su cabello.
-Con permiso -todos voltearon a ver a Amaya, entrando como si nada y dirigiéndose a su asiento.
-Hayashi, ¿cuándo será el día en que no llegues tarde?
-Cuando acaben las catástrofes en Japón.
La profesora soltó un suspiro pesado y ordenó a todos a sacar sus libros de texto. Como robots obedecieron y, en menos de dos segundos, ya tenían los libros abiertos sobre la mesa, en las páginas que indicó la mujer.
Cuando la clase acabó, la profesora enseguida guardó sus cosas para luego salir. El resto hizo lo mismo luego de soltar un pesado suspiro por lo dura que fue la clase.
Amaya agarró sus cosas y salió del salón, sin esperar a sus amigos, los cuales, dos de ellos, la miraron extrañados, pero el rubio había notado que algo le pasaba a la chica desde que llegó.
-¿Qué le pasa? -preguntó Taiga.
Hitomi se encogió de hombros, mientras Kyoichi agarraba sus cosas y también salió para alcanzar a la emo, aunque probablemente no era necesario, porque siempre se reunían en la azotea.
Efectivamente, la chica se encontraba sentada en un rincón, abrazando sus piernas y ocultando su rostro en ellas. Al sentarse a su lado, Amaya alzó la mirada para posarla en él.
-¿Qué haces aquí? -preguntó.
-No entiendo por qué preguntas eso -dijo el rubio, sacando una manzana de su bolso y entregándosela.
-¿No comerás? -tomó la manzana entre sus manos. Kyoichi negó con la cabeza.
-¿Me vas a contar qué te pasa?
Amaya bajó la cabeza tras morder la fruta.
-Taiga, ¿no? -ella asintió.
-Odio sentir esto -espetó-. ¿Cómo te sentías tú cuando te enamoraste de Hitomi?
-De la misma manera, supongo -se encogió de hombros-. Ella estuvo ocho años esperando una oportunidad que pensé que ya se había rendido -le bajó una gota.
-Lo que hace el amor -rió.
-Podría decir lo mismo de ti.
-Es culpa de tu jefe, que me metió ideas raras en la cabeza -Kyoichi rió amargamente; por eso odiaba a su jefe. Amaya mordía el piercing de su labio con nerviosismo, aunque podía disimularlo, pero al ser como una hermana para el rubio, él lo sentía-. Supongo que Taiga no es así.
-Dan es el depravado, no Taiga, aunque diga cosas con doble sentido -rodó los ojos-, pero el hecho de ser gentil y un caballero no quita que seamos chicos; bien sabes que un hombre tiene sus necesidades.
-Llevas tres años con Hitomi, ¿nunca han llegado a otro nivel? -lo miró. Kyoichi negó.
-Aún si lo quisiera, no pienso forzarla.
-Tú sí que eres el novio perfecto -bufó, haciéndolo reír-. Oye, ¿qué hay con la otra chica?
-¿Te refieres a Miyu? -Amaya asintió-. No escuches lo que ese idiota diga, de seguro ni se enteró que cortaron totalmente la "relación".
-Qué manera de terminar una relación.
-Bueno, tampoco era como si hubieran esperanzas de terminar bien -se encogió de hombros-. No soy el indicado para decir esto, pero él te quiere, aunque no lo creas.
-¡¿Me estás...?!
-Nop -rió.
-¡¿Pero cómo?! -lo agarró de la camisa.
-Cosas que pasan.
En ese momento, la puerta se abrió y detrás de ella, aparecieron los dos miembros faltantes del grupo, quienes miraron extrañados la escena. Kyoichi se apartó de la emo y se levantó.
-Mi trabajo aquí terminó -dijo antes de agarrar el brazo de Hitomi y sacarla de ahí, dejando solos a Taiga y Amaya.
-Peeeero... -trató de decir Amaya.
Al ver la puerta cerrarse, bufó. Ahora pasaba un incómodo momento con el pelinegro más despistado del mundo.
-¿Debo preguntar por qué nos encerraron? -preguntó Taiga.
-Deberías saberlo, ¿no?
-Si lo supiera, no estaría preguntando.
-Eso es porque eres un idiota.
-Exacto -Taiga suspiró. Luego se dio cuenta de lo que dijo-. ¡Oye!
Amaya estalló en carcajadas, por lo que el chico bufó, pero la mueca enfadada duró unos segundos, siendo reemplazada por una sonrisa tierna. Por alguna razón, la chica le inspiraba tranquilidad con su risa para nada femenina, pero así era Amaya, y tampoco era como si quisieran cambiar su personalidad extraña. Así la quería, rebelde, directa y para nada femenina.
Momento... ¿qué?
Esos pensamientos le sacaron un sonrojo, y sacudió su cabeza para borrarlos, pero era imposible cuando la chica por la que había sufrido tanto estaba frente a él, riendo por su estupidez.
-¿Y bien? -preguntó Amaya, dejando de reír-. ¿Algo que quieras decirme?
-¿Qué?
-Taiga, te conozco de hace tres años, tiempo suficiente para saber leerte.
-Tres años para ti, pero a Kyoichi le basta con un día.
-No puedes decir eso cuando a él le costó agarrarte confianza cuando te conoció -alzó una ceja-. Pero no hablamos de Kyoichi, ni de Hitomi, ni de Pancho Melo (5) o cualquier otro hueón, te hice una pregunta, y tú sabes que siempre que hago una pregunta, quiero respuestas inmediatas.
El pelinegro suspiró y se rascó la nuca, sintiéndose más estúpido de lo que ya... ¿parecía? Pero ya había hablado con los rubios durante semanas, y no quería echarse para atrás ahora que tenía una oportunidad. Era eso o sufrir para toda la vida por su idiotez.
Amaya se levantó y comenzó a caminar, pero hacia el barandal de la azotea, porque conociendo a los tórtolos, no los dejarían salir hasta que hablaran. De seguro estaban afuera vigilando que no salieran. De repente sintió unos brazos rodear su cintura y unos labios posarse en su mejilla, por lo que volteó, sin tratar de alejarse, y tampoco se sonrojó, siendo que, a pesar de tener carácter y ser inexpresiva, era tímida en el tema del amor, porque ahí estaba, apresada por los brazos del chico del que se enamoró, algo que logró disimular, pero cuando tenía amigos como Kyoichi y Hitomi, no podía.
-No soy bueno con bonitas palabras -comenzó el chico-. Bien sabes que en nuestro grupo nadie lo es, pero en acciones somos muy obvios; soy el chico más despistado que has conocido, y como has notado, soy el último en enterarme de todo, incluso si algún día llega una extraña criatura a destruir el 70% de la luna, yo no me voy a enterar hasta unos años después -ambos rieron-. Soy un perfecto imbécil, lo admito; saco de quicio a Kyoichi, Hitomi es capaz de perseguirme con un hacha, y claro, tú te vas a reír y no me vas a a ayudar porque quizás me lo merezco o porque te da flojera ayudar -Amaya trataba de no reír demasiado fuerte-. Te conocimos hace tres años, y aunque nunca te lo dije, me sacaste del agujero en el que había caído, justo cuando ya había dejado de confiar en tonterías como el amor, y nunca pensé que llegaría este momento -rió, contagiándola-. El resto creo que no hace ni falta mencionarlo; el punto es que no soy perfecto, no puedo prometer que seré un príncipe porque soy, literalmente, una mierda en las relaciones y acabo de salir de una que terminó mal, cosa que no importa, pero si eres tú, no me molestaría intentarlo. No me importa tu apariencia ni tu mala conducta, me gustas así, tal como eres, y aquí tienes al mayor idiota, diciéndote lo mucho que te quiere, y todo sin tener nada preparado.
La chica ensanchaba su sonrisa idiota. Esperaba menos del pelinegro, pero acabó sorprendida, y por lo mismo, no podía parar de balbucear. Resignada, le devolvió el abrazo, ocultando su rostro en su pecho plano, pues era tan bajita que le llegaba a los hombros. Taiga reía mientras acariciaba su disparejo cabello.
-¿Por qué es difícil decirte que no? -refunfuñó la emo, apartándose para ver que el chico aún reía-. Supongo que tienes claro que no voy a ser la novia cursi a la que le regalan flores, chocolates y peluches, ¿no?
-Sip, y si no lo supiera, ni siquiera habría dicho todo ese testamento -ambos rieron-. Tampoco es como si lo esperara.
-Eres un idiota, Taiga Samejima.
-Amas a este idiota y no puedes negarlo~
-No imites a Kyoichi.
-No lo imito si él lo dice fríamente.
-Gracias a él, se va a adelantar la época de nevada -Taiga rió.
El chico la alzó un poco del piso para plantar un beso en los pálidos labios de la pelirroja teñida, quien rodeó su cuello con sus brazos. Los labios de la emo eran tal como se imaginaba; fríos y secos, pero no le molestaba, tampoco le molestaba el piercing. Tanto él como la chica sentían que tocaban el cielo mientras sus labios danzaban con ternura. Ninguno se quería separar, pero cuando Amaya jadeó por la falta de oxígeno, se vieron obligados a hacerlo.
-Mi mamá se va a morir cuando le dé la noticia -dijo Taiga.
-¿Ya lo sabía? -preguntó Amaya, riendo.
-Sí, me estuvo molestando todo este tiempo, ahora falta Gabu.
Amaya soltó una carcajada, contagiándolo. Se dieron un último beso antes de dejarla en el piso.
-Deberíamos volver con los tórtolos, ¿no crees? -dijo el pelinegro.
-Mira quién habla de tórtolos -se burló Amaya.
Recogieron sus cosas del suelo y abrieron la puerta, para ver a Hitomi haciéndole cara de perrito abandonado a su novio, que ignoraba la misma, pero no podía ignorar el que la chica lo molestara mil veces con lo mismo.
-Por favor -rogó Hitomi.
-¿Qué hacen? -preguntó Taiga.
-Volvieron rápido -la platinada los miró unos segundos antes de volver su atención a Kyoichi-. ¡Vamos el fin de semana, par favar!
-Qué paja -rezongó el rubio.
-Bueno, sabemos que no puedes contra Makoto -sacó su celular y marcó el número de la niña, poniéndolo en altavoz-. Pequeña, ¿cómo sigue tu pie?
-Al menos voy a estar bien el fin de semana -dijo la pelinegra-. ¿Lograron convencerlo?
-Estamos en eso -rió Taiga.
-Kyoichi, ¿vendrás con nosotros a la montaña? -dijo Hitomi, haciendo de nuevo la inservible cara de perrito.
-Vamos, sólo por esta vez -dijo Taiga, imitando a su amiga.
-Tengo aves en mi casa -lo "amenazó" Amaya.
-Amaya, llegaste tarde -dijo Kyoichi, con una gota en la nuca-. ¡Ya, bueno, ahora dejen de hinchar las pelotas (6)! -se quejó, levantándose para comenzar a bajar las escaleras, mientras que el grupo y su hermana festejaban.
Al final del día, seguían molestando al rubio por lo mucho que le costó aceptar la propuesta.
-Es difícil cuando molestan todo el día con eso y tu novia te hace una copia barata de Kurt Cobain.
-Te falta tener el cabello más claro y los ojos azules -dijo Taiga.
-¿Y si le cortamos el cabello a Hitomi? -sugirió Amaya. De hecho, casi podían ver su rostro diabólico al más puro estilo de Karma Akabane (?).
-¡No, todo menos eso! -chilló la platinada, escondiéndose tras su novio.
-De todos modos, no podría -se burló Kyoichi.
-¡Oye! -Hitomi corrió tras él, dejando a los otros dos atrás con una gota en la nuca.
-Son adorables -rió Amaya. Luego miró a Taiga-. Tendrás que soportar las preguntas de tu madre.
Taiga suspiró. Era lo que menos quería, pero al menos se sentía feliz por estar con la chica que quería.
El fin de semana llegó y tanto el Equipo Idaten como Shark Tooth estaban practicando en la montaña. Hitomi y Amaya se entretenían observando y Kakeru tomaba el tiempo que demoraban los hermanos Shido y Ayumu en llegar a la "meta".
Después de un buen rato, decidieron tomar un descanso, en el que Kakeru decidió darles un anuncio. Se trataba de una próxima competencia de MTBs, en la que comprobarían cuál de todos era el más hábil, lo que deprimió un poco a los chicos.
-Me pregunto qué estará haciendo en estos momentos -Makoto miró a su hermano.
-La verdad es que me hubiera gustado verlo competir -dijo Kakeru.
-¡Eso es genial, nos divertiremos mucho! -exclamó un tercero.
Todos voltearon al oír esa familiar voz. En medio del bosque, vieron una silueta de un niño empujando una bicicleta. Aunque no se podía ver con claridad su rostro, ya había logrado sorprender a todos, y cuando se acercó, simplemente la sorpresa crecía cada vez más, pues ahí estaba Sho, el castaño que siempre se entusiasmaba con la bicicletas, frente a ellos.
-¿Pero cómo? -dijo Kakeru.
-La energía de la Zona X está estable -dijo Sho, con su típica sonrisa contagiosa-. Mi papá se quedó allá y, como todos estaban preocupados por ustedes, decidí venir.
De repente, Hosuke salió de donde estaba oculto, sorprendiéndolos aún más.
-Ah, y Hosuke también quiso venir porque los extrañaba.
Todos rieron. Incluso los de Shark Tooth se habían acercado, y la sonrisa de Sho creció al ver al pelirrojo.
-Me debes algo -dijo Gabu.
-No lo he olvidado.
-Que gane el mejor.
Sho asintió, risueño.
Claro, tenían que darle una digna bienvenida a su amigo, y ¿qué mejor que una batalla? Todos estaban decididos a ganarle, y claro está que el castaño tampoco se dejaría vencer. La batalla finalmente había acabado en empate; algunos habían llegado antes que otros, pero nunca supieron quién llegó primero.
La rutina era la misma de siempre. La madre de Sho se sorprendió al ver a su hijo, y casi rompió a llorar por lo mucho que lo había extrañado.
El chico seguía siendo el idiota de siempre, pero se notaba que había madurado en todo ese tiempo. Ahora, como le había prometido a Gabu, competían por la atención de la pelinegra y ésta ni cuenta se daba; pensaba que era un juego de eternos rivales. Además, seguía haciendo rabiar a su madre por las malas calificaciones en la escuela, aunque no era tan seguido, pues al parecer, no sólo había madurado y también su rendimiento mejoró un poco.
Sin duda, todo había vuelto a la normalidad.
O al menos eso esperaban.
(1) Dejar la escoba: Causar desastre :v
(2) Hueón: "Tonto" en chilensis (?)
(3) Paja: Flojera
(4) Gato: Tres en línea, Cero y Cruz, Tic Tac Toe etc etc, en mi país, se llama "gato".
(5) Pancho Melo: Actor chileno.
(6) Hinchar las pelotas: Molestar
Este cap me salió largo =_= el final, una mierda xD pero qué hacerle? xDDDD
Seh, le cambié el nombre al instituto, ahora es Kurosaki :v sólo porque me gusta y no es por Bleach XD Saitama era mierda, hay que admitirlo :v
En fin... ayer fue el cumpleaños de mi mamá y no dormí nada porque empezó a toser y me espantó el sueño xD así que me dormí mientras escribía XD y me quedan tres días TT-TT pero es mi último año *baile de victoria*
Y... no tengo mucho qué decir :v
¿Cómo han estado? xD ¿Con qué personaje de la serie se identifican? Yo me identifico con Gabu xD y de hecho, mi cuñada me dice así XDDDD
¿Vieron los Óscar? Diré que me mareé de tanto escuchar "La La Land" -.- Akira, me acordé de ti cuando vi a Chris Evans XDDDD
Nos vemos en la próxima temporada! (iba a poner un avance, pero creo que no será necesario porque, bueno, la voy a publicar muy pronto, tal vez mañana =_=)
