¡FELICES FIESTAS!

Como se acerca la navidad (que está a la vuelta de la esquina) he querido esforzarme y haceros un regalito: intentaré subir un capítulo por semana en lo que duran las fiestas. (Anne: luego no te quejes de sobredosis)

Muchas habéis comentado lo mucho que os gustó el capítulo anterior y las ganas que teníais de saber algo más de cómo habían sido las vacaciones del resto. No puedo explayarme en las experiencias de cada uno de los personajes por diversas razones, unas tienen que ver con la falta de narradores presentes y otras con la falta de detalles relevantes para la historia. Pero decidí que no estaría mal que pudieseis ver otro punto de vista que hasta ahora no había aparecido, salvo en algún comentario suelto. Espero que os guste el nuevo narrador que se apunta a la lista de los muchos que han dejado su modo de ver las cosas que suceden a su alrededor.

Un enorme besazo a todos y todas los que leen la historia y unas muy felices fiestas…

XXX

Hola, soy Zacharias Smith. (Pero qué estupidez…) Bueno, a ver, Draco me ha pedido que cuente un poco las cosas desde mi punto de vista, por eso de que le interesa ver algunos acontecimientos con otros ojos y eso. El caso es que yo era un mago, en realidad sigo siéndolo, pero antes era sólo un mago adolescente que estudiaba en Hogwarts, no me metía con nadie, de vez en cuando jugaba al Quidditch, pero mi equipo nunca ganaba. Claro, es lo que tiene pertenecer a la casa de Hufflepuff, a veces te da la impresión de que sólo estamos ahí para hacer un poco de bulto en las clases.

La primera vez que fui al colegio me quedé un poco decepcionado al entrar en esa casa porque, como todo mago, tenía ilusión de ser alguien importante algún día, si eres un Hufflepuff es que vas a ser un tío normal, del montón. Por muy mago que seas. Con el tiempo lo vas asumiendo, dejas de hacerte ilusiones de que te tengan en cuenta para las cosas, incluso haces lo posible por pasar desapercibido. Y es que no quieres tampoco meterte en los líos en los que se meten los demás, aunque parezca muy emocionante todo lo que les pasa. A mí me tocó estudiar al mismo tiempo que a Harry Potter. El chaval era famoso desde que estaba en la cuna por haber sido el único superviviente de la maldición de la muerte, el Avada Kedavra. También porque había sido el causante de la caída de Lord Voldemort, un mago tenebroso que quería conquistar el mundo y acabar con todos los hijos de muggles y cosas así.

Harry, como no, entró en Gryffindor, la casa de los valientes. También las pasó canutas año tras año en la escuela. No es que se metiesen con él ni nada por el estilo, no, lo que pasaba era que el Voldemort ese empezaba a despertarse del mundo de los muertos y quería acabar con el mocoso que le había hundido. No lo tuvo fácil, tanto es así, que terminó por rematarlo por completo cuando estábamos en el verano antes del séptimo año. Y aquí es donde empieza la parte interesante.

Resulta que Voldemort tenía seguidores, unos bastante conocidos eran los Malfoy, su hijo Draco incluido. No teníamos idea de cómo, pero se las había apañado para librarse de entrar en Azkaban, la cárcel para magos, y había vuelto a la escuela. Estaba muy raro, eso sí. Antes era el típico chulito que se metía con todo el mundo, siempre acompañado de los dos amigos tipo gorila, Crabe y Goyle, los otros dos chulitos de pasillo, Zabini y Nott, y la tía sádica y medio loca que era Parkinson. Cuando regresó después de ese verano, que se suponía que había sido socarrado por un dragón, aunque no se le viese ni una sola cicatriz, ya no iba con sus amiguitos, pasaba buena parte del tiempo solo. Al poco comenzó a hacer una cosa que rompió los esquemas a medio colegio… ¿Para qué voy a mentir? Le rompió los esquemas a TODO el colegio. Empezó a salir con Hermione Granger. La misma chavala a la que se había concentrado en hacerle la vida imposible los seis años anteriores, metiéndose con su aspecto, con su origen (es hija de muggles) y con su inteligencia (es la bruja más inteligente de su generación). Y de golpe y porrazo empieza a pasearse con ella por los pasillos, a llevarle la mochila, evitar que le lancen hechizos y encantamientos… vamos, todo lo que haces por la chica que te gusta de verdad.

Las rarezas no terminaron ahí. Sin saber muy bien de dónde había salido, apareció una piba impresionante con un cuerpo de infarto. Dijeron que era amiga de Draco y que era su entrenadora o algo por el estilo, el caso es que se quedó en el castillo y durmió en los dormitorios de Slytherin. Pero en vez de verla con Draco, la veías siempre acompañando a Hermione, como si las amigas fuesen ellas. Luego me enteré de que en realidad estaba allí para ser la guardaespaldas de Hermione… pero eso es más adelante. Porque, si no nos llegaba con esa recién llegada, nos apareció otro tipo de pronto, un tal Lucian, que decía ser el tutor de Draco. Desde lejos se le veía que era del estilo peligroso, guaperas, con kilos de autoconfianza y que se movía como si fuese el rey del mambo. Luego resultó que casi, casi…

En Navidades se fueron unos cuantos juntitos en amor y compañía de vacaciones, a la vuelta las cosas se fueron complicando cada vez más. De buenas a primeras, unos vampiros feos y raros atacan el Express de Hogwarts. Ahí es cuando nos enteramos de que Draco e Isabel también eran vampiros. Pero de los buenos, si es que se puede decir que un vampiro es bueno, claro. Digamos que estaban de nuestro bando. Se las arreglaron para cepillarse a todos los vampiros con mala leche e hicieron lo posible porque llegásemos vivos. Claro está que algunos murieron. A ver, era una batalla, no un picnic. Y entonces es cuando las cosas se salieron por completo de madre. Al poco vienen más vampiros. De los que estaban en nuestro bando, conste. Encabezados por Lucian, que es cuando te enteras de que es un vampiro. Cada uno de ellos era más raro que el primero. Isabel, que se había liado con Zabini mientras dormía en Slytherin, empezó a pasar un poco del chaval, pero no dejó de estar pendiente de Hermione. Es entonces cuando te enteras de que es la guardaespaldas de la Gryffindor. Lucian tiene una hermana, Lara, unos años mayor que él pero igual de buenorra. (Ahora que lo pienso, no conozco a ninguna vampira que no esté cañón… descontando a las que quieren matarnos, claro). Los otros vampiros son Tony y Julia, que parecen un poco locos. ¿A quién voy a engañar? Tony está como una regadera y Julia lo disimula muy bien. Lameth, ese sí que se puede decir que es un vampirito bueno, nunca he conocido a uno tan buenazo como él. Se desvivió durante una temporada por enseñarnos cosas de la magia que sólo habíamos conocido en los libros de historia, pero claro, él forma parte de la historia. Por último estaba Ennoia. Bajita, muy mona ella, con cara de pícara, ojos penetrantes, cuerpo escultural, sonrisa picarona… Sí, lo sé, se me ve el plumero.

Lo de Ennoia y yo, es una cosa complicada de explicar. Al principio le tenía cierto paniquito, por eso de que era una vampira. Pero como que te olvidas por completo cuando un gorrión se transforma ante tus ojos en esa belleza… ¡Y desnuda para más INRI! El trato era de los que no puedes rechazar, mucho menos si tienes el cromosoma Y en tus genes. Si una mujer así te propone tener sexo sin compromisos posteriores, tú dices sí como un bendito. Eso si consigues articular palabra, lo normal habría sido asentir como un loco hasta quedarte sin cuello. Aunque fui capaz de decir unas cuantas cosas y todo, creo que logré disimular un poco. Pasado el tiempo, que me pareció el más corto de mi vida y eso que luego me enteré de que fueron varias horas, cumplió lo acordado. Se convirtió otra vez en gorrión y salió volando por la ventana. Llegué a pensar que era un sueño. Tanto es así que me empecé a preocupar por las cosas que soñaba. Pero es que luego apareció en mi dormitorio, entrando por la puerta esta vez y me volvió a ofrecer el mismo trato, aunque a largo plazo. ¿Qué dije antes del cromosoma Y? Pues eso… que dije que sí. Esta vez ya no articulé muchas palabras. No recuerdo si logré decir alguna siquiera.

Al estar con Ennoia, porque luego empezamos una especie de relación y todo… me mudé a su cuarto, se preocupó por mis estudios, quiso interesarse porque comiese, durmiese y estudiase, es decir, me cogió cariño y yo se lo cogí a ella. Es lo que tiene el acostarte con una persona todas las noches, te encariñas y luego las cosas van surgiendo lentamente… A lo que estaba. Como tenía una relación con ella, también me vi inmerso en todo lo relacionado con los demás vampiros. Una vez que los empiezas a conocer de cerca te das cuenta de que no son tan malos tipos y que resulta que sí están ahí para defender el castillo por si los vampiros feos de antes volvían a atacar. Y volvieron a atacar, claro.

Ocurrió todo en mitad de un partido de Quidditch de Slytherin contra Ravenclaw. Los vampiros feos de narices entraron en el campo y empezaron a querer masacrarnos a todos, pero los vampiros de nuestro bando se los merendaron en un santiamén. El inconveniente es que se esforzaron mucho en cargárselos. Digamos que nosotros estábamos más acostumbrados a ver una batalla de rayos de colores que salían de las varitas y no tanto a ver cómo alguien era destripado, literalmente, ante nuestras narices. También está que nos pusieron la carne de gallina cuando los fantasmas, que pululan habitualmente por el castillo, se volvieron sólidos y no nos dejaron bajar de las gradas. Otra cosa que te deja bastante frío es ver a los vampiros blandir una espada. Lo primero es que no los ves, porque se mueven a una velocidad tal que sólo captas una especie de borrón, lo segundo es que la espada parece una prolongación natural de su cuerpo. Tú en realidad estás viendo cómo a un tío, así como quien no quiere la cosa, le cortan la cabeza con tanta rapidez que no se ve el corte hasta que no se cae rodando como una pelota. Y claro, Ennoia, ella sí que llama la atención cuando se mete en una pelea.

Aquí viene el momento en el que tendría que explicar que los vampiros están divididos en clanes, que cada clan tiene unas habilidades y unas debilidades, que también se organizan en sectas y todas esas cosas, pero creo que Draco ya se ha preocupado por las clases en ese aspecto, así que voy a ir a lo importante del asunto. Ennoia es una Gangrel, en realidad es LA GANGREL. Cuando comenzaron a atacar, se convirtió en un bicho prehistórico con unas garras enormes y afiladas, unos ojillos verdes muy despiertos y se movía como si fuese un borrón verde. Sí, no me preguntéis cómo, pero hasta en esa forma me pone cachondo. Será porque sé que después de una batalla se pone juguetona. Pero tras la batalla del campo de Quidditch no pudimos retirarnos inmediatamente a las habitaciones. Primero tuvimos que ir al despacho del director para escuchar el sermón. No me preguntéis lo que se dijo, estaba demasiado concentrado en no pensar que la vampira bajita que estaba a mi lado me estaba metiendo mano descaradamente. Pasó del modo "bicho verde come vampiros" a "pulpo de cien manos" en menos de diez segundos. Y mientras tu moza te mete mano, como que no te enteras de lo que dicen los demás. Tampoco pudimos irnos de inmediato al dormitorio, cosa que yo estaba deseando para que me quitasen el calentón tonto que me había metido la vampira con complejo de pulpo, sino que tuvimos que acompañar a la profesora Sprout, la jefa de la casa Hufflepuff, para hablar con mis compañeros de casa y dejarles claro que los vampiros no iban a comerse a nadie. Aunque reconozco que yo, secretamente en mi cabeza, estaba pensando que iba a dejarle a mi vampira particular que me mordiese todo lo que quisiese.

El calentón se me fue como si me tirasen un balde de agua helada en cuanto escuché cómo mis compañeros, mosquitas muertas la mayoría, empezaban a interrogar a Ennoia de un modo bastante impertinente. Y entonces es cuando descubrí por qué sus amigos llaman a mi novia "bicho". No tiene nada que ver con que se pueda convertir en cualquier animalito, no, tiene que ver con el escalofrío que nos recorrió a todos cuando mi novia se encabronó de verdad y dejó que una parte de ella, que siempre mantiene oculta, saliese a la luz. Imaginaos lo que es sentir que estás en una habitación con un dragón hambriento y os acercaréis un poco a la sensación que nos recorrió en ese momento. Por suerte, ella se sabe controlar, cosas de tener catorce milenios a la espalda. Dio por finalizada la ronda de preguntas, me cogió de la manita y me llevó al cuarto. Cromosoma Y: Si tu novia se cabrea y quiere pasar la noche en vela haciéndote el amor, tú no te quejas.

A partir de entonces las cosas se pusieron bastante desagradables. A la mayoría de mis compañeros de colegio se les fue la pinza. Sigo pensando que debieron de ponerles algo en el jugo de calabaza. La cosa viene siendo así: Los Gryffindor cambiaron la valentía por la estupidez colectiva, los Slytherin cambiaron la astucia por inteligencia, los Ravenclaw perdieron todas las neuronas que tenían y los Hufflepuff… siguieron más o menos en su línea de no meterse en berenjenales, pero hubo para todos los gustos. Primero la tomaron con los pobres caballos de los vampiros. Me dieron penita las bestezuelas, son majos e inteligentes, aprendí a cogerles cariño cuando me enteré de la comunión que tenían con sus monturas. El pintarlos de colores horteras y ponerles lacitos, era un insulto de los gordos. Pero los vampiros respiraron hondo (aunque no necesiten respirar, es una especie de reflejo automático), contaron hasta mil y decidieron que era mejor no tomar represalias, que era una chiquillada. Luego ya se enfadaron un poco más cuando le prendieron fuego a una sección de la biblioteca con el buenazo de Lameth dentro, ahí los ánimos se caldearon bastante. El fuego no es algo para tomárselo a broma. Pero Lavender, que es la ghoul de Lameth, quiere decir que ha tomado su sangre y está a su servicio y bajo su protección… ella (que me voy por las ramas) fue la que se vengó y lo hizo con estilo, claro, es Lavender, muy estilosa ella siempre, incluso para torturar o castigar a alguien. Agarró al culpable, le dio una especie de paliza y lo colgó del mástil de una de las torres, después de meterle la varita por donde no le da el sol.

Lo dicho, ahí ya las cosas se empezaban a poner complicadillas. Isabel y Draco quisieron vengarse un poco de los magos gilipollas, léase Ravenclaw y Gryffindor, y se dedicaron a sembrar varias putaditas y trampas por las dos torres. No les hizo ninguna gracia a los magos y se lo tomaron del peor modo posible. Si ya estaban cabreados, pues eso hizo que se olvidasen de tener cuidado. Primero los atacaron directamente en una clase, lo que hizo que saliesen por patas… no porque sean cobardes, sino porque no querían matar a nadie sólo por no ser capaz de razonar con las pocas neuronas que tiene en el cerebro. Una Slytherin, la hermana pequeña de Daphne (que se le veía a la legua que le tenía una envidia de elefante a la hermana mayor por estar liada con Zabini), tuvo la genial idea de meterse en el cuarto de Isabel (que es una asesina profesional y tiene cuarenta millones de trampas en su cuarto, todas las armas envenenadas… vamos, que salió con vida porque es tonta, otra explicación no hay) y robarle un colgante de su amor de toda la existencia. Ver a esa mujer cabreada es mirar a la muerte a los ojos. Primero se convirtió en un charquito de sangre que persiguió a la insensata hasta acorralarla, luego se volvió a materializar y la agarró por el pescuezo. Astoria tuvo la potra de que estaba Hermione cerca y detuvo a la asesina… (que ya hay que tener sangre fría para interponerse entre un depredador desatado y su presa, pero es que Hermi es de lo que no hay).

Ese mismo día, a Harry y Ginebra, bastante cabreados con sus compañeros de casa y ya ghoules de Lucian en toda regla, se les ocurrió proponerle a Steve, el capitán del equipo de Quidditch de Hufflepuff, que si quería que nos entrenasen para vencer a todas las otras casas. También se unió Draco, que tiene un mono de Quidditch desde que es vampiro, que no aguantaba las ganas de subirse a una escoba. Steve, como no es tonto, dijo que sí. Y ahí es cuando casi se monta el Apocalipsis, con los cuatro jinetes y una hidra y todas las fanfarrias que quieras. Al listo del prefecto de Hufflepuff, único de mi casa que quiso hacerse el valiente, no se le ocurrió otra mejor idea que hacerme pagar el haberme unido al enemigo. Me lanzó un encantamiento mientras estaba en la escoba, era un simple paralizador, pero cuando estás a varios metros del suelo, puede resultar fatal. Pero no hay problema, caí en blandito… un nido de acromántulas. Resulta muy útil entonces que tu novia sea LA GANGREL… porque se puso a bucear a toda leche por la tierra hasta llegar a donde yo estaba, se convirtió en un dragón enorme y se zampó a las acromántulas que querían comerme de postre. Lo que no me enteré muy bien fue de lo que ocurrió en el campo de Quidditch. Resultó que Tony se volvió un poco majara con tantas probabilidades (es que puede llegar a ver el futuro, más bien ve todos los futuros posibles) y tuvo una especie de cortocircuito que lo dejó KO. Eso provocó que su mujer se encolerizase y se volviese bastante loca, abriendo una brecha en el velo del inframundo del tamaño del campo, ahí es que apareció una hidra con no sé cuantas cabezas y todos se pusieron a pelear con ella, mi moza en su forma de dragón se las dio bastante bien. (¡Pero qué mona estaba con sus alitas y despidiendo fuego por la boca!) Y después vino el momento más raro de todos. Lucian me llevó al Abismo junto con todos los demás, es que él es un Lasombra y controla las sombras, valga la redundancia, para que no nos afectase la especie de bomba atómica que estalló cuando Isabel y la bruja en la que está encerrada el alma de su amor eterno se encontraron.

El día siguiente ya es que fue surrealista por completo. Lo primero es que Lucian, encabronado de mala manera, decide que Ginebra y Ziva (la brujita que tiene el alma del amor de Isabel y que se va encarnando cada dos es tres, uno de ellos era Merlín, mejor no mencionarlo… ni a él, ni a su barba, ni a sus pantalones) tienen que avanzar de curso y Ziva, para más narices, tiene que pasar a la casa de Slytherin para tenerla controladita. No vaya a ser que alguien le rompa una uña y la asesina pierda la paciencia otra vez. Snape se puso como un basilisco cuando se enteró de eso y fue a montarle un pollo a Dumbledore, pero eso me lo contaron, porque yo estaba en un examen. Lo que no supe hasta un poco más tarde es que mi encantadora moza, la depredadora sin remordimientos, estaba aprovechando para hacer un sondeo entre mis compañeros para localizar al responsable de que yo casi me convirtiese en cena de araña gigante. Y demostró lo mucho que le importo cuando se comió, literalmente, a Macmillan de camino al invernadero para la clase de Herbología con mi jefa de casa. (Sí, no me lo puedo creer ni yo, pero en vez de tener un shock al ver cómo dos smilodones gigantes se dedican a comerse a alguien… me puse cachondo como un burro. Esto de salir con una vampira de catorce mil años me estaba afectando a las hormonas y a la mente.) Mis compañeros se asustaron, la reacción lógica en estos casos, y se fueron corriendo hacia el castillo. Nosotros también fuimos y nos encontramos con una curiosa recepción, varios de los que menos neuronas tenían y que le habían cogido el gustillo a eso de meterse con los vampiros estaban allí para seguir con su deporte favorito. Pero les salió el tiro por la culata. Primero a Romilda Vane, que va y llama gabacho cobarde al caballero medieval aquitano, peor que si le llamas yanqui a un británico, vamos. Lucian y Lara salieron como centellas y la convirtieron en una especie de pollorniz sin plumas. Luego va uno de los Ravenclaw y se mete con Tony y su mujer. Creo que me olvidé de decir que Tony está como una regadera pero que tiene a su mujer en el Olimpo. No es sano cabrearlo y mucho más insano resulta el meterse con su mujer. El bocazas no tuvo tiempo de respirar más… se lo cargó en un santiamén a distancia.

Y de vuelta al despachito del Director. Seis años sin pisarlo y en menos de una semana lo he visto dos veces. Ahí de nuevo el desmadre. Isabel estaba que echaba chispas por los ojos, así es que fue la que llevó la voz cantante durante todo el rato, con el apoyo de Hermione, claro. Si quieres que alguien suelte las verdades como puños, siempre puedes confiar en esa chica, los puso a caldo. También es que Isabel se dedicó a desangrar un poco a los profesores más contestatarios, léase Flitwick y McGonagall, porque Snape, resulta que, a raíz de estar liado con Julia, conoce un poquito más a los vampiros y sabe de lo que son capaces, así como que su paciencia tiene un límite. En definitiva, les lanzaron un rapapolvo del quince y Lucian nos llevó a todos a su castillo de Aquitania.

Bueno, después del resumen rapidito de todo lo que pasó, he llegado al punto que Draco quería que contase, más o menos. El castillo es enorme, en realidad es una fortaleza ampliada varias veces a lo largo de los siglos y ahora es casi como una ciudad completamente independiente y autosuficiente. En esos mismos siglos, los vampiros que forman lo que ellos llaman familia, se han ido juntando poco a poco, de ahí las ampliaciones que hicieron en lo que denominan palacio. Está el edificio original que es el que ocupan Lucian y Lara, con sus ghoules y familiares, y luego hay un complejo de varios edificios que lo rodean, unidos por puentecitos, torres y mariconadas varias. Mi novia, Ennoia, tiene derecho a su propio edificio. Todos tienen cinco plantas, pero ella no se ha matado a amueblarlo mucho. La planta baja es como una especie de zona común, en la que recibe las visitas de los otros vampiros, porque no entran en la casa de otro si no tienen invitación. El segundo piso es de George, su ghoul, un tipo muy serio y rarito que le ha cogido gusto a la moda estilo surfero californiano. El tercer piso está para los invitados, si los tiene, en esta ocasión vinieron Hannah y Susan, mis dos amigas de Hufflepuff que ahora resulta que son pareja. (¡La de cosas que ocultábamos los Hufflepuff y yo sin saberlo!). El cuarto piso lo tiene reservado para relajarse, se lo hizo su amigo Lameth y es una especie de selva tropical, con lago y cascada incluidos. El último son sus dependencias privadas, es bastante espartana y no tiene muchas cosas, lo básico, una cama grande, un baño enorme, un armario con ropa informal. Pero reconozco que le cogí gustillo a eso de quedarme dormido completamente desnudo en la hierba, abrazadito a ella. Me encanta cómo se hace un ovillo, igual que un gatito, y se acurruca contra mí. Aunque sigue dándome un patatús cuando me despierto y ella sigue dormida, sin respirar, claro.

El primer día hicimos de anfitriones a Draco y Hermione, era la bienvenida oficial y había que ser un poco formales. La verdad es que aún no me siento del todo cómodo con todos ellos, serán paranoias de Hufflepuff, tantos años pasando desapercibido es lo que tiene. Pero me llevo bastante bien con Hermione, Draco aún hace que se me pongan los pelos de la coronilla de punta. Ella es mucho más cálida y agradable, tenemos algunas cosas en común y podemos charlar sin problemas. Esa noche asistimos a una cena en la sección de Lucian, que es enorme, ahí nos enteramos de que Harry se va a casar con una de sus sobrinas a la que dejó preñada. Pero sin rencores, todo alegría y fiesta. Este tío me desconcierta, por un lado parece intransigente con algunas normas sociales y por otro se las salta todas a la torera cuando le conviene. Al día siguiente tuvimos una fiestecita en la piscina. Ahí fue cuando definitivamente me di cuenta de que los vampiros estaban en casa. Bromeaban, charlaban tranquilos, se les veía relajaditos, sin prisas, a su ritmo. Ennoia estaba más cariñosa que nunca y se apuntó a venir conmigo a casa de mis padres para el resto de la semana de vacaciones.

El tercer día ya fue la releche. Al parecer Lucian se toma su papel de señor feudal muy en serio. Ennoia nos advirtió a las chicas y a mí que desayunásemos muy fuerte porque tardaríamos en volver a comer. Menos mal que lo hizo. Porque no vimos más comida hasta las siete de la tarde. Primero tuvimos que vestirnos de época renacentista. Tuve celos de George. Por primera vez en mi vida sentí celos, pero no me duró mucho. Pronto me di cuenta de que la relación de Ennoia con él es muy diferente a la que tenemos nosotros. Mientras él la ayudaba a ponerse el corsé, porque yo sólo quería quitárselo en vez de atárselo, me estuvo explicando que George llevaba varios siglos con ella. Lo conoció en uno de sus viajes al norte de Europa, un joven germano que sus compañeros habían dado por muerto tras una batalla, ella necesitaba alguien que hiciese el papel de su hermano mayor para no tener problemas al moverse por la zona, así es que le curó y lo convirtió en su ghoul. Desde entonces él se había tomado el papel de hermano mayor muy en serio, me lanzaba algunas miradas que me decían que me arrancaría los brazos de cuajo si se me ocurría hacerle daño a la cosita delicada que estaba envolviendo en sedas y brocados. ¿Cómo es posible que algo tan mortífero pueda parecer tan inofensivo e indefenso? (Sí, volvía a estar cachondo perdido. El cromosoma Y es una maldición, sobre todo si lo combinas con un cuerpo femenino enfundado en un corsé, de pronto te entran ganas de arrancar lazos como un loco, morder esos pechos tan blancos y perfectos que asoman por el borde.) Maldije los pantalones ajustados que llevaba porque Ennoia me miraba con esa sonrisa traviesa que siempre tiene, prometiéndome placeres desconocidos todavía con sus penetrantes ojos… Me pasé la misa mirándole el escote. Tres horas de pensamientos totalmente impuros y libidinosos, para colmo tenía a Tony con una sonrisa todo el rato, seguro que se estaba metiendo en mi mente y viendo todo lo que pasaba por ella. Logré ser algo multitarea y, de vez en cuando, para intentar distraer la mente y bajar algo la excitación, me dediqué a mirar lo que nos rodeaba. La Basílica era fabulosa. Quitaba el hipo. Los cuadros, las estatuas, los retablos, las tallas, los frescos… todo era de grandes artistas de la historia. Pero seguía cayendo en la tentación de sus pechos. Pero es que la gargantilla que llevaba provocaba que se me fuese la vista a la enorme perla que estaba entre ellos… ¡Así no hay manera de atender a una misa!

Luego tuvimos que asistir a la recepción que Lucian y Lara concedían a sus súbditos. Ahí tuve suerte, Ennoia estaba a mi lado. Sería de mala educación que mirase a sus pechos, así es que conseguí mantener la vista al frente durante todo el rato. Mientras escuchaba con interés todo lo referente al gobierno de la Fortaleza por parte de Lucian, no dejaba de darle vueltas al anillo que ella me había entregado aquella mañana. Me dijo que era para protegerme, que aquello me señalaba como parte de su sequito. Como entonces estaba un poco más atento a las cosas que me rodeaban, me di cuenta de que los demás también lucían algunos anillos bastante elaborados. El mío era de oro y tenía una decoración de marfil, idéntico al de George. Zabini llevaba una colección que daba miedo, me pareció reconocer el de Slytherin, pero llevaba otros cuatro que coincidían con los de Draco, Lucian, Isabel y Ziva. Si todos esos eran indicativos de protección, era el tipo más protegido de la Fortaleza. Aunque parecía el Rey Baltasar con el turbante.

Después de todo esto, nos fuimos a comer al fin. La mayoría conseguimos controlarnos, el ir vestidos de bonito ayudaba a mantener las apariencias, pero otros se lanzaron como chacales sobre la comida. Cuando nuestros apetitos estuvieron saciados, al menos aquellos que tenían que ver con la comida, comenzamos a charlar animadamente. Tuve bastante puteo por llevarme a Ennoia a mi casa con mis padres, pero es que lo mío es de locura. Estoy con la más vieja de todos en sangre y edad, pero es la que parece una niñita de catorce años, la edad en que fue convertida. Vale que, si se lo propone, puede aparentar mucha más edad, pero sigue siendo el espíritu de la golosina: dulce, deseable, preciosa, divertida, chispeante… ¡Mierda, estoy enamorado como un gilipollas de esta vampira!

A la mañana siguiente fuimos a casa de Draco porque iríamos con él hasta el aeropuerto de Heathrow, para seguir con la farsa de que ella era una muggle que había conocido durante las vacaciones. Cuando nos despedimos del señor Granger y los demás, cogimos un taxi para ir hasta mi casa. Ahora es necesario que explique algunas cosas. Mis padres son magos, puede que el apellido Smith sea muy común y no pertenezcamos a una de las familias más importantes de la sociedad, pero seguimos descendiendo de magos desde hace varias generaciones. A mí eso me la suda, la verdad. No doy un chelín por la pureza de la sangre y, desde que estoy con Ennoia, como que le doy otro significado. A ella le encanta el sabor de la mía, muy de vez en cuando me da un mordisquito. No quiere que me vuelva un adicto a los mordiscos de los vampiros, porque son como un chute de adrenalina mezclado con una dosis de drogas alucinógenas y un toque de afrodisíacos. Ella tampoco quiere cogerle demasiado gusto al chispazo que le da cada vez que prueba mi sangre, porque los magos podemos resultar demasiado adictivos también para ellos, la magia está en nuestra sangre y les pone a cien cuando les recorre. Si ella fuese maga también no le afectaría tanto, pero por eso se controla. Creo que me ha mordido en total unas tres veces desde que empezamos. ¡Ya me he vuelto a ir por las ramas!

El caso es que mis padres son normalitos, claro, por eso yo terminé en Hufflepuff. Lo que se sale bastante de lo normal es que mi padre trabaja en un bufete de abogados en el mundo muggle, por eso no había tanto problema porque llevase a una chica muggle a casa. Mi madre se dedicaba a sus labores, que en esos momentos consistían en criar a mi hermana pequeña. Una enanita de seis añitos que tuvieron cuando empecé a ir a Hogwarts, se ve que se sentían solitos. Cuando les presenté a Ennoia se quedaron de piedra. Mi padre la recorrió rápidamente con la mirada y luego me guiñó el ojo, mi madre comenzó a sonreír con esa sonrisa de loca que pone cuando algo no le gusta. Sí, me lucí. Por suerte, En se llevó de maravilla con la enana. Liza la acogió como la hermana mayor que nunca tuvo, la cogió de la mano y tiró de ella hacia su habitación para enseñarle todos sus peluches. Supongo que debió de ser un punto a favor de En el que pudiese imitar a la perfección el sonido de cada bichejo. Mientras yo tuve "la charla" con mis padres.

- ¿No es un poco jovencita para ti, Zach? – Preguntó mi madre, exagerando aún más la sonrisa.
- Tiene dieciséis años, mamá. Lo que pasa es que es un poco bajita, nada más. – Intentando mantenerme en mis trece.
- ¿Y desde cuándo dices que la conoces? – Siguió con el interrogatorio.
- Unos días.
- ¿Y ya decides traerla a casa?
– Vale, alarmas a todo trapo. No le cae bien En.
- Mamá, sus padres son amigos del nuevo tutor de Draco Malfoy… - Vamos a tirarnos un farol a ver si cuela. – Sabe que soy un mago, le encanta y no me pide que le haga truquitos. Se lo ha tomado como si fuese algo normal, igual que si le dijese que era católico.
- ¿Y desde cuándo eres tan amigo de Malfoy? –
Creo que voy a llamar a la Gestapo, se les ha perdido un agente.
- Pues hará ya unos meses… ahora sale con Granger. - ¡Toma! A ver si ahora se atrevía a poner caritas porque yo estaba con una muggle. Porque sé perfectamente que no tiene nada que ver con la edad de En.
- Cariño, no atosigues al chico. - ¡Gracias, papá! Supongo que el cromosoma Y incluye algo de camaradería. – La muchacha parece simpática… podríamos darle una oportunidad, ¿no crees?
- Supongo. –
Se le borró la sonrisa de un plumazo y puso una de sus muecas de: "Lo acepto porque no me queda más remedio".

Después de esta conversacioncita hubo unas cuantas más, cada vez que Ennoia se alejaba lo suficiente para que ellos pensasen que no podía oírles. Sigo diciendo que, el que se llevase tan bien con Liza, le daba puntos a favor. Mi hermana no quería separase de ella ni de noche. Ahí fue un puntazo el que mi novia pudiese dividirse en dos, de verdad. A veces dejaba a su "gemela" en el cuarto de Liza mientras los dos disfrutábamos del hechizo de insonorización que había hecho a mi cuarto. Tengo que darle las gracias a Draco por darme el dato antes de partir. Hubo un par de noches en las que su habilidad me hizo uno de los magos más felices de la historia, porque traía a su otro yo al cuarto. Sí, yo con dos Ennoias idénticas que pensaban igual y que se dedicaban a drenarme las fuerzas hasta dejarme inconsciente durante toda la mañana.

Por supuesto mi padre me llevó uno de esos días a su despacho, cerró la puerta después de comprobar que mi madre o Ennoia no andaban por las inmediaciones y comenzó a darme la "otra charla".

- Hijo, creo que tenemos que hablar seriamente… ya sabes… de hombre a hombre. - ¡Oh, oh! ¡Qué mal suena eso! – Me parece que vas muy en serio con esa chica y… bueno.
- Papá, no sigas, por favor.
– Lo detuve, comenzando a sudar frío. No quería tener una charla acerca de sexualidad con mi padre. ¿Cómo le explico que mi novia le da mil vueltas a cualquiera en la cama? ¿Qué no puede quedarse embarazada porque está muerta? ¿Qué le digo a este hombre para que se quede tranquilo? – Tomamos precauciones, no te preocupes. Lo tengo controlado. ¿Vale? – Cruzando los dedos.
- No es sólo eso, Zach. - ¡Mierda! – Ennoia es muy simpática, me cae bien… no querría que pensases que es un mero pasatiempo de vacaciones o que todo va a ser así si las cosas van a más…
- Papá… aclárate: o voy en serio con ella o me la tomo como un pasatiempo. –
Tomando aire antes de seguir. – Mira, lo que tengo con Ennoia no es fácil pero tampoco es demasiado complicado. Me gusta, nos llevamos bien y por ahora nos va de vicio… no quiero pensar en lo que ocurrirá mañana o pasado. Tengo diecisiete años, ella dieciséis… a ver, no estamos para plantearnos nada, ¿vale? Sólo queremos pasarlo bien y disfrutar que somos jóvenes, que aún no tenemos responsabilidades y todo eso… Razón por la cual tenemos cuidado y no somos un par de cabezas huecas. ¿Suficiente?
- Supongo que es una manera de mirarlo, pero no he podido dejar de observar cómo estáis pendientes el uno del otro… ¿seguro que no os conocéis de más tiempo? ¡Me sorprende que a veces ella pueda terminar tus frases!
– Claro que nos conocemos de hace mucho más tiempo, el suficiente como para conocernos a la perfección, pero no tengo manera de explicar que he conocido a una muggle en Hogwarts.
- Porque pensamos de un modo muy similar, eso es todo. – Toma excusa tonta. Creo que lo mejor será ir por la directa, sin medias tintas… puede que si lo incomodo lo suficiente deje la charla para otro día. – Lo de las miraditas… hombre, papá… en el colegio nos han enseñado algunos encantamientos muy útiles, ¿sabes? – Guiñándole un ojo. – Supongo que te haces una idea de por qué me he vuelto tan remolón por las mañanas, ¿no? – ¡Bien, ya se ha puesto rojo como un tomate!
- ¿Quieres decir que...? ¿Aquí?
- ¡Claro, papá! –
Riéndome por lo nervioso que estaba. – Tengo uno de insonorización que me dio un amigo que resulta pero que muy útil para este tipo de situaciones. Así no despertamos a la nena por la noche. Aunque me encantaría poder tener la energía de En, es capaz de pasar días sin dormir apenas y no se le nota… yo caigo como una piedra en cuanto comienza el día y se oyen los piececitos de Liza.
- ¡Hijo…! -
¡Uf! Menudo abrazo… casi me ahoga. – ¡Para que luego se metan con los Hufflepuff! – Dándome una palmada en la espalda que casi me tira. – Lo que pasa es que las matamos callando… - Saliendo del despacho y riéndose a carcajadas.
- Hola, machote. – Entró Ennoia con esa sonrisa picarona en sus labios.
- Lo siento, En… no sabía cómo salir del atolladero… - Me apresuré a disculparme.
- No pasa nada, lo comprendo. Además, es tu padre, le has hecho feliz al saber que su hijo es todo un campeón. – Abrazándome por la cintura y poniéndose de puntillas para besarme. - ¿Y si continuamos donde lo tuvimos que dejar esta mañana?
- Tú no quieres que regrese vivo a Hogwarts, reconócelo. –
Alzándola y sentándola en la mesa de mi padre. Tomé la varita y cerré la puerta de inmediato, levantando también el hechizo insonorizador.
- Vivo vas a volver… pero un poco más delgado… y con ojeras. – Sin dejar de besarme mientras sus manos me desnudaban con rapidez. – Eres un espécimen fabuloso… - jadeó. – No puedo mantenerme por mucho tiempo alejada de ti.
- ¿Sabes que a veces me siento como un hombre objeto a tu lado?
– Bajándole los pantaloncitos y besando su cuello. - ¡Y me encanta! – Mordisqueándola de tal modo que se arquease para buscarme.
- Sabes que lo único que me gusta más que tu cuerpo… es lo que escondes en su interior. – Besándome con fuerza mientras se enredaba alrededor de mi cintura con sus piernas, absorbiéndome por completo dentro de ella.

Pero las vacaciones no se fueron en hacer el amor como descosidos por la noche y dormir por la mañana mientras En hacía de compañera de juegos de mi hermanita. También tuvimos un poco de vida social. Mis tíos vinieron de manera escalonada por las tardes, como hacían cada año, se iban turnando para no llenar la casa con gente. La regla general entre los que llevan mucho tiempo sin mezclarse con muggles es que no tengan muchos hijos, supongo que por eso mis padres estaban todos contentos cuando nació Liza. Tengo cinco tíos y tías, mi padre tiene dos hermanos y una hermana, mi madre tiene un hermano y una hermana. Mi padre es el pequeño de sus hermanos y mi madre la mayor. Todos mis tíos están casados y tienen hijos, pero ellos, al revés que mis padres, están casados con muggles. Creo que ahora me doy cuenta de que eso no le hace ningún chiste a mi madre, antes simplemente pensaba que no le gustaba que la casa se le llenase de gente. Mis primos por la parte de mi padre son más o menos de mi edad, año arriba año abajo, por el lado de mi madre, son más bien de la edad de Liza. A todos les cayó bien Ennoia y la acogieron como una más de la familia. Mis primos varones me guiñaron los ojos en más de una ocasión, mis primas se dedicaron a reírse y darme palmaditas en el culo cada vez que podían. Estaba claro que aprobaban mi elección de pareja. Los pequeños adoraron a Ennoia del mismo modo que lo hacía Liza, pero es que para ellos era una pasada el que una persona mayor se tirase en el suelo sin preocuparse por ensuciarse. ¡Si ellos supiesen!

Cuando vinieron mis abuelos, los cuatro, Ennoia intentó portarse de un modo un poco más formal, algo bastante difícil cuando Liza se le subía a la espalda y le pedía que la llevase a caballito para ir a tomar el té con sus muñecos de peluche. Cuando vio que iba a ser imposible convencerla de que su compañera de juegos tenía que estar con los mayores, En se encogió de hombros y salió con mi hermana corriendo y riéndose las dos como niñas. Eso hizo que mis abuelas sonriesen de manera aprobatoria y mis abuelos me lanzasen una mirada de extrañeza. Las miradas fueron aún peores después de que pasasen un rato con mi padre… se ve que les contó que su nieto "las mataba callando".

Al fin llegó el día en que tuvimos que dejar la casa de mis padres, mi padre me volvió a dar un abrazo de oso y varias palmaditas en la espalda, mi madre continuó con su fría sonrisa y perfecta educación que había durado toda la semana. Por suerte el taxi llegó y nos escabullimos dentro rápidamente. Nos reunimos con los demás en el aeropuerto y regresamos a la Fortaleza por el Abismo. ¡Eso sigue dándome escalofríos! No sé cómo Hermione puede soportarlo… es lo más desagradable que hay. Ennoia se tuvo que ausentar para una reunión con los vampiros y yo me fui a la sala en la que estaban todos, charlando de las vacaciones. Me senté en un sofá y escuché tranquilo, volviendo a adoptar la actitud que ellos conocen de mí, en plan tranquilito, sin tampoco llamar mucho la atención. Poco a poco los voy conociendo mejor y me van cayendo bien.

Los ghoules de Lucian son muy parecidos a él. Dominique es una especie de maniática del control y Laurent tiene un punto de malicia que hace que te den escalofríos. Harry se ha ido soltando mucho desde que está con ellos, ya no es el tipo tímido que empezó conmigo el colegio, Ginebra sigue siendo un polvorín. Sus sobrinas son aún un misterio para mí. Felicia es quizás la que más me intriga, me recuerda un poco a Lavender porque tiene ese toque de inocencia absoluta que esconde una mente brillante y un conocimiento mucho más amplio de la vida de lo que aparenta. Las mayores, simplemente me asustan por lo echadas para adelante que son. Al menos me puedo contentar con que Justin parecía mucho más perdido que yo en medio de todos ellos. Al pobre le vino lo de estar con vampiros como de rebote, por ser amigo de Hannah y Susan, pero creo que se da cuenta de que sigue con vida gracias a ellos y que, es mucho más inteligente estar de su lado que en su contra.

Hermione cada día me parece más una vampira. Sé que su conversión ha quedado decidida desde hace tiempo que, en cuanto terminen las clases y sea el momento apropiado, Lucian será el que la reciba en la familia con todas las de la ley. En cierto modo, eso hacía que me fijase mucho más en ella. Cuando me dedicaba a observarla de esa manera podía apreciar la diferencia de edad mucho mejor, no es que hubiese cambiado mucho físicamente, un par de años tampoco son una diferencia abismal, pero sí que se le notaba en el modo de hablar y actuar. Algo había ocurrido durante las vacaciones, algo que le había hecho cambiar todavía más. Ahora la veía mucho más seria que nunca, sí, seguía riéndose y participando de las bromas, pero de otra manera.

Los que también habían pegado un cambiazo tremendo desde que los conocía eran los Slytherin, me imagino que tiene que ver con el que antes eran los abusones del colegio y ahora formaba parte del grupo. Crabe y Goyle seguían siendo un par de armarios roperos e impresionaban con su tamaño, pero en cuanto les dabas un poco de conversación o comida, se convertían en tus amigos inseparables. Blaise era un cabronazo encantador, que estaba igual de pillado con Daphne como yo lo estaba de Ennoia. Casi parecía irreconocible cuando lo veías todo meloso con la chica, pero es que ella se hacía querer. Inteligente y simpática. Los ingredientes básicos para que una chica te caiga bien. Los más difíciles de definir eran precisamente los que estaban siempre con el matrimonio de sádicos sociópatas, Theo y Pansy. Él a veces parecía un niño grande y gastaba algunas bromas muy pesadas, Pansy seguía estando como una cabra. Aún me recorren escalofríos cuando me acuerdo de cómo se lanzó a la pista de Quidditch lanzando Cruciatus y Avadas como una descosida. Me da miedo pensar que esos dos vampiros son los únicos capaces de controlarla.

Los ghoules de Tony y Jules también son raros de cojones. La de Tony es tan maniática por el orden como él, pero te rompe los esquemas porque es un pibón de medidas perfectas. Rubia natural, pecho generoso, cintura estrecha, cadera cómoda, piernas interminables, alta y, para colmo, se llama Bárbara, pero todos la llaman Barbie. Lo que te desconcierta de ella es que tiene una mente más que brillante y a saber cuántos siglos tiene a sus espaldas. Luca, el ghoul de Julia, es el opuesto a Barbie. Debe de medir un metro setenta, fuerte, moreno de piel y de cabello, ojos aceituna de mirada inquietante, siempre callado, nada escandaloso y con un aspecto temible.

Luego estaban las odaliscas de Haquim. Trece mujeres a las que sólo les había visto los ojos porque siempre llevaban un velo puesto, pero que provocaban escalofríos cada vez que los posaban en ti. En esos momentos me ponía a jugar con el anillo de Ennoia como si fuese un botón de pánico. La que más miedo me daba era la que parecía la portavoz, Aaliyah. Los dos sirvientes de Isabel también provocaban esa reacción, aunque tenían un aspecto mucho más afable, no dejaban de saltar las alarmas de peligro cuando estabas cerca de ellos. Se mantenían cerca de Ziva siempre que no estaba Isabel con ella, y no perdían de vista a Hermione. Supongo que consideraban que era su obligación continuar con el encargo de su señora cuando se encontraba ausente, a pesar de estar rodeados de la familia.

Hannah y Susan eran las que mejor llevaban eso de estar rodeadas de vampiros o ghoules centenarios. Puede que tuviese que ver con el hecho de haber salido del armario, que los veían como una especie de seguro de vida y de tranquilidad. Cuando estábamos en el colegio, sólo las veía tranquilas cuando tomábamos el té en la sala de descanso que ellos habían adaptado. Con quien hacían mejores migas era con Lavender. Pero es que es inevitable llevarse bien con ella. Ha sabido llevar como nadie lo de tener una relación con un vampiro, imagino que influye que le haya tocado el más bonachón de todos. No tiene que vérselas con sentimientos encontrados cuando empiezas a tener ideas zoofílicas o una ligera tendencia a la violencia, un creciente interés por las armas de filo o cosas así. Ella seguía siendo tan estilosa y encantadora como siempre. Y ahora podía jugar a las casitas con las dependencias de Lameth.

Ziva seguía siendo un misterio para mí, supongo que igual que para los demás. Sólo la conocíamos desde hacía unos días, aunque claro, ella sabía todo de nosotros y más. Al parecer recuperaba toda la memoria de sus anteriores encarnaciones cuando se encontraba con Isabel, por lo que te encontrabas que la mocosa de sexto te puede dar una clase avanzada de Encantamientos. Pero seguía siendo en muchos aspectos una adolescente de dieciséis años. También se comportaba de un modo protector con Hermione, me parece que le pasa como a los ghoules de Isa, se siente responsable de la protegida de Isabel.

Los más raritos de todos los ghoules eran George, Marco y Todd. A George lo iba conociendo poco a poco gracias a En, ya no me lanzaba tantas miradas asesinas y me daba cuenta de que se situaba cerca de mí cuando En no estaba, supongo que lo hacía de manera inconsciente. Marco era el ghoul de César, no había podido unirse a nosotros antes, por lo que era un completo desconocido para todos los que no conocíamos todo acerca de los ghoules de los vampiros. Estaba allí, con nosotros, pero estaba inmerso en su portátil, trabajando como un loco. Todd era un tipo callado, al principio no lo vi hasta que Aaliyah se quejó de que no quería que la tomasen por una loca por estar hablándole al aire, entonces se materializó en una esquina de la habitación. Era altísimo, casi tanto como Lameth, igual de delgado y llevaba el cabello rapado al uno, como si fuese un militar. Sus ropas eran oscuras y su rostro impertérrito. No intervino mucho en la conversación.

Un ratillo más tarde vuelven los vampiros, algunos vienen serios, otros sonrientes. A saber lo que han estado tramando esta pandilla ahí juntitos. Miedito me dan. Sobre todo porque En es de las que están serias. No me gusta verla con el ceño fruncido. Charlamos un poco de las vacaciones y luego Lucian nos manda a hacer las maletas. No me gusta cuando se pone en plan general a dar órdenes. Pero En se levanta y va sin rechistar o decir ni pio. Lo dicho, me tiene preocupado y, por la cara que está poniendo, George tampoco está muy contento de verla así. Vale, vuelven los celos idiotas… sólo porque el tipo lleva más tiempo con ella sabe interpretar perfectamente cada uno de sus estados de humor y yo no. Intercambian unas miraditas sospechosas y George asiente con la cabeza como si ella le hubiese dado una orden silenciosa. ¡Hola, yo también quiero! Nos separamos del surfero y las chicas y seguimos camino hacia el dormitorio de En, saltándonos la jungla artificial. Parece que realmente se va a poner a hacer las maletas.

- ¿Qué ocurre, En? – Le pregunto cuando cerramos la puerta de comunicación con las escaleras.
- No te va a gustar lo que hemos decidido hacer cuando volvamos al castillo. – Sin atreverse a mirarme a los ojos.
- ¿Vais a matar a todos los que se opongan a vosotros? – Eso era lo único que podría ponerme en su contra, la mayoría sólo eran estúpidos que se dejaban convencer por otros más idiotas.
- ¡No! – Me miró sorprendida. - ¿De verdad creerías que haríamos algo así? Sólo son niños tontos que se dejan llevar por otros más estúpidos, que no tienen un adulto que les diga lo que es correcto… - su labio tembló ligeramente. - ¿Tan despiadada crees que soy para matar a cachorros inocentes?
- Sé que tú no lo eres, En.
– Corriendo a abrazarla y sembrando su cabello de besos, intentando compensar el mal trago que le había hecho pasar. – Pero el resto sí.
- Supongo que pudo darte esa impresión… -
murmuró contra mi pecho. – En realidad vamos a tener que hacer algo un poco radical pero tampoco demasiado… vamos a invadir el castillo.
- ¿Invadir… Hogwarts? –
Tragué saliva. - ¿A eso lo llamas "un poco radical"?
- No queremos que haya víctimas, por eso lo hará Lameth… él tiene una relación especial con el castillo por ser atlante y un mago muy viejo. AJ es demasiado joven todavía, o sería ella quien lo hiciese. Luego impondremos una ley marcial. Lucian va a llevar a trescientos guardias para asegurarse de que no haya problemas. Tendrán órdenes de aplicar castigos no letales.
- Supongo que eso es lo más suave que podéis hacer… ¿no?
– Volví a tragar saliva, mi garganta parecía un desierto de pronto.
- Zach… - alzó la mirada y tomó mi rostro para obligarme a clavar la mía en sus ojos. – El próximo ataque del Sabbat será mucho peor, no podemos arriesgarnos a tener que pelear en dos frentes. Necesitamos la colaboración de los magos, aunque sólo sea para que se queden calladitos y alejados del peligro. Te aseguro que eso es por su propio bien y que no deseamos hacerles daño alguno.
- Te creo, En.
– Suspirando. – Pero aún me acuerdo de lo mal que lo pasamos cuando Draco dejó entrar a los mortífagos en Hogwarts… esto me recuerda demasiado a esa noche de locos.
- Zach… ¿quieres quedarte en la Fortaleza? Puedo quedarme contigo y mandar a mi doble con George para servirles de apoyo, tú no tendrás que pasar por esa experiencia si no quieres…
- Puse un dedo en sus labios para frenar su nerviosismo.
- En, voy a ir a Hogwarts contigo, terminaré el curso y, si me aceptas, vendré contigo a la Fortaleza. Me necesitarás para controlar a algunos de mis compañeros, puede que no sea una gran influencia, pero supongo que podré ayudarte a convencer a algunos Hufflepuff… - hice una pausa. – En cuanto les quitemos el pánico por haberte visto merendarte a Mcmillan. – Con una sonrisa amarga. – Pero no voy a quedarme como un cobarde en Aquitania mientras tú te enfrentas a esos tipejos.
- Eres mucho más valiente de lo que aparentas, Zach. Otro habría aceptado gustosamente mi oferta de un refugio seguro y alejado de la batalla. –
Besándome cálidamente.
- Supongo que estoy más loco por ti de lo que parece…
- Entonces quiero hacerte otra oferta, que también puedes rechazar… pero entonces tendrás que mantenerte alejado de la lucha o te ataré y ordenaré a George que te vigile todo lo que dure la contienda.
- ¿Qué oferta?
– Pregunté extrañado.
- ¿Quieres convertirte en mi ghoul? Tendrás parte de mi fuerza y de mis poderes, tu magia se intensificará, podrás ser mucho más resistente y no te afectará la magia de los otros magos. Soy muy vieja, Zach, George lleva conmigo desde hace casi mil años… mi sangre es muy poderosa y combinada con tu magia serás casi invencible.
- ¿Cuál es la pega?
– Pregunté por mera curiosidad, porque todo sonaba demasiado perfecto para ser verdad, pero sabía que ella no me lo ofrecería si no estuviese segura de que no sería dañino para mí.
- Tendrás una ligera tendencia a obedecerme y a cumplir mis deseos, puede que también se potencie lo que sientes por mí… - Tomó aire. – Zach, no quiero que ninguna de esas bestias te haga daño, no podría soportarlo… si quieres estar a mi lado, tienes que aceptar… lo contrario es consentir en que ordene a George que te proteja mientras yo estoy en la batalla.
- ¿Duele?
– Vale, la pregunta era más que nada para ganar tiempo y pensar un poco, no es que sea una nenaza.
- En absoluto, puede que lo encuentres agradable incluso. – Se sonrió. – Sólo tendrás que beber unas gotas de mi sangre, apenas nada. Como te dije, soy tan vieja que mi sangre es muy potente…
- ¿Y entonces podrás mangonearme a tu antojo?
– Seguía pensándomelo. No todos los días te ofrecen convertirte en un ghoul. Mucho menos una de las vampiras más antiguas del mundo.
- Sabes que no lo haré. George ya ni se acuerda de cuándo fue la última vez que le di una orden. Además, a ti te lo ofrezco para salvarte de ellos, para conservarte como eres ahora durante toda la eternidad… supongo que es un poco egoísta de mi parte el pedírtelo, mucho más que cuando lo hice con él… En aquel entonces necesitaba un protector, un seguro para que no me molestasen. Ahora lo hago porque no quiero perderte.
- ¿Eso quiere decir que me quieres, En?
– Tomando su barbilla y mirándola directamente a los ojos.
- ¿Aún lo dudas? – Me sonrió.
- Nunca me lo has dicho con palabras.
- ¿Por qué son tan necesarias las palabras si puedo decírtelo con mis actos?
- Porque los actos pueden ser malinterpretados y las palabras son concretas y definitivas.
- Te quiero, Zach. Quiero que estés a mi lado hasta el fin de tus días, ya sea porque no has aceptado mi oferta y te marchites con el paso del tiempo, ya aceptes y te unas a mí de tal manera que ni el tiempo logre separarnos.
- Reconócelo… te resistías porque no querías ponerte romanticona.
–Sonriéndome. – Te amo, Ennoia. – Besándola con dulzura. – Y acepto unirme a ti de todas las maneras que se te ocurran.
- Así sea.

Tiró de mí hasta que ambos caímos en la cama, enlazados aún por nuestro abrazo. Al principio pensé que simplemente haríamos el amor antes de llevar a cabo la ceremonia que fuese necesaria, por eso me sorprendí cuando sentí sus colmillos aparecer. Pero los recibí con agrado, en más de una ocasión se había dejado llevar y sabía que era un signo de su excitación, aquello hizo que me olvidase por completo de la conversación que acabábamos de mantener. Lo que más me sorprendió fue que rechazó mis intentos de acariciarlos con mi lengua, pero ella sí que permitió que la suya se dejase arañar por sus afiladas puntas. Sólo unas gotas brotaron de la herida. Nunca había saboreado su sangre, sí que había notado el sabor de la mía cuando la besaba después de que me hubiese mordido. Aquello fue una experiencia completamente diferente. No sabía realmente a sangre, no tenía ese regusto metálico, sino que era espesa y dulce, con una nota de canela en su sabor. El beso se convirtió en todo lo que podía pensar en ese momento, el sabor de su sangre, la suavidad de su lengua, sus labios unidos a los míos.

Sentí cómo mi corazón se aceleraba por todas las sensaciones que me recorrían. La excitación crecía con cada latido, era consciente del punto al que mi cuerpo estaba llegando, nunca antes había sido así. Era como si cada fibra de mi cuerpo fuese consciente del cuerpo de Ennoia. La ropa hacía tiempo que había desaparecido de nuestros cuerpos, no sabía exactamente cuando, porque estaba demasiado concentrado en el placer. Su cuerpo debajo de mí parecía mucho más blando que de costumbre, más cálido. De pronto me sentía mucho más fuerte y temía hacerle daño si me dejaba llevar. Me sorprendí y me separé ligeramente de ella, sosteniéndome con las manos para no aplastarla con mi peso. Pero ella dejó escapar una carcajada. El sonido más embriagador que había escuchado, como si lo escuchase por primera vez. Tomó mi cuello y me volvió a atraer hacia ella, esta vez no me pareció que su mano me sujetase con tanta fuerza como siempre y eso que me daba cuenta de que estaba haciendo más fuerza que de costumbre. Cuando volví a estar pegado a ella, hizo algo que nunca antes me había hecho, dejó pasar sus uñas por mi piel, provocando que mi excitación creciese aún más. Ya no se contenía conmigo, se estaba dejando llevar al fin. No tenía miedo de hacerme daño al abrazarme, no se contenía para no agarrarme, sino que me apretaba contra ella con una fuerza inusual. Pero no me dolía en absoluto, todo lo contrario… era algo absolutamente natural. Y me dejé llevar por esa nueva experiencia de no ser frágil.

Un rato más tarde, con ella abrazada a mí igual que siempre, me quedé flipado al abrir los ojos y ver lo que nunca había visto o sentido. Era como si mis cinco sentidos estuviesen trabajando todos a la vez al mil por cien. Ahora podía captar la diferencia entre su olor y el mío, ella tenía un ligero aroma a tierra que la convertía en una fuerza de la naturaleza, su piel era muchísimo más suave de lo que la recordaba y no era capaz de parar de acariciarla, podía ver que su consistencia era como de mármol, sí, era como si estuviese acariciando una estatua clásica de mármol blando y cálido. Pero lo que más me sorprendió fue escuchar mi corazón. Supongo que siempre había podido escucharlo, lo que pasa es que antes no me daba cuenta de ello, era una parte normal de mí mismo, quizás ahora era más consciente de ello porque estaba pensando en él. Iba más despacio de lo que recordaba. A ver, cada vez que hacíamos el amor, podía escuchar mi corazón latir como una locomotora, pero ahora iba al ralentí.

- ¡Guau! – Susurré en un suspiro.
- ¿Estás bien? – Preguntó ella de pronto, preocupada. Se alzó y me miró con detenimiento.
- Supongo que sí… es que… creo que estoy alucinando un poco.
- Es normal al principio, luego ya te irás acostumbrando a tantas cosas nuevas. –
Sonriéndome más tranquila. - ¿Pero te encuentras bien en general? ¿No te duele nada? ¿Algún tipo de efecto secundario o algo así?
- ¿Tu voz siempre ha sido tan dulce?
– Acariciando su mejilla y disfrutando de la suavidad de su piel. – Tus labios… - La besé de nuevo, porque tenía que comprobar que ellos también tenían esa misma suavidad, que su aliento era igual de dulce que su voz.
- Sí, Zach, yo no he cambiado un ápice. Eres tú el que percibe las cosas de otro modo. – Riéndose con esa risa tan melódica, como si fuese el canto de un ruiseñor. – Ahora necesito que me contestes… - Cogió mi cara entre sus manos y me miró directamente a los ojos, supongo que buscando algo. Yo me quedé alucinado al ver los suyos, era capaz de distinguir las vetas de colores en sus iris, no eran de un solo color, sino que estaba formado por un conjunto de varios tonos de verde y miel. - ¿Te hice daño de alguna manera?
- No me duele nada, si es lo que quieres saber. –
Me sonreí, intentaba dejar de mirarla como un idiota, pero me costaba. En lugar de haber sido yo el que había cambiado, me parecía que ella era aún más hermosa que nunca. Eso hizo que algo se activase en mi mente. – Lo que dijiste de que iba a estar mucho más pendiente de ti… ¿crees que es eso lo que me pasa? – Ligeramente preocupado.
- No creo. No te he dado ninguna orden, sólo me preocupo por tu estado. ¿Por qué lo preguntas? ¿Qué sientes exactamente? – Se sentó en la cama, un poco separada de mí.
- Bueno, es que no puedo dejar de mirarte como un bobo… a ver, antes me gustabas por muchas cosas, físicamente también, claro… - sin saber muy bien cómo explicarme.
- No tengas miedo de tus palabras, Zach. Sé que a veces es más fácil ser directo que correcto, no me ofenderás. – Cogiendo mi mano entre la suya, con ternura.
- Vale. Bien. Supongo que lo que quiero decir es que… tal como nos conocimos, lo primero que me atrajo de ti fue tu físico, más que nada porque era lo más evidente. Una mujer desnuda en mitad de un corredor y un chaval adolescente… no le pidas mucho más. – Me reí y ella también. – Luego vinieron más cosas, tu preocupación por mí, las charlas, las sesiones de estudio, dormir abrazado a ti, etc. Me empezaron a gustar muchas más cosas de ti cada día, el modo en que sonríes, las miradas que siempre me lanzas así como quien no quiere la cosa, la manera en la que te mueves… detalles de tu personalidad.
- Gracias. –
Bajó un poco la mirada. – Puedes estar tranquilo que nada de lo que has dicho me ofende, todo lo contrario… si tuviese la capacidad para hacerlo, creo que me estaría sonrojando.
- Bien… pues lo que me tiene un poco flipado ahora es… que me parece que me he vuelto a convertir en ese chaval adolescente que te ve por primera vez. Sigues gustándome por todo eso, no me parece que nada haya cambiado, pero sí me da la impresión de que te estoy viendo por primera vez. ¿Es por la sangre? Porque si es así, querría que supieses que antes también me parecías la mujer más guapa del mundo. A veces me parecía que tenía el veneno más poderoso del mundo en una botellita del más caro perfume, y que bebía cada noche de ese veneno para hacerme más fuerte… no sé porqué digo esto… no quiero que pienses que creía que eras mala, lo del veneno es porque me encantaba tu temperamento tan impredecible y porque sé que eres peligrosa… pero que nunca me harías daño… yo… -
Se acercó a mí y me besó para callarme. El beso era la hostia, pero lo más impactante fue el ver cómo se movía a toda velocidad, sentir el aire plegándose a su alrededor para dejarla pasar en esa corta distancia que nos separaba.
- Siempre hablas demasiado… - protestó divertida. – Porque hayas tomado mi sangre no me vas a querer más, Zach. No es eso lo que te pasa. Es lo que te he dicho, te costará acostumbrarte un poco a las cosas que percibes, tus sentidos se han agudizado y ahora eres capaz de ver muchas más cosas que antes tus ojos no podían detectar, tu olfato podrá diferenciar mejor los distintos aromas que te rodean, tus oídos captarán hasta el más leve de los susurros, también tu gusto será capaz de analizar sabores que antes te resultaban desconocidos y tu tacto ahora es un sentido mucho más útil. Supongo que te parece que me ves por primera vez, porque es cierto, si ahora entrase George también te quedarías mirándolo como un bobo, como tú dices. Y, que yo sepa, no te ponen los hombres. – Soltando una risita. – Puedes estar tranquilo, que te haya dado mi sangre no quiere decir que ahora me vas a adorar como a una diosa o algo por el estilo. Y me encanta que me compares con un veneno en un frasco ricamente tallado… me parece uno de los piropos más hermosos y acertados que me han dedicado jamás.
- He visto cómo te acercabas a mí…
- susurré. – Antes no te veía.
- Porque antes eras un simple humano. Ahora tienes mi fuerza, velocidad, resistencia, buena parte de mis poderes… eso te permite ver lo que antes no eras capaz de ver. También ahora verás el verdadero aspecto de los que suelen enmascarar su existencia con la ofuscación. Procura no asustarte mucho cuando veas a Calebros, a veces se pone muy sensible.
- Pero… lo que dijiste de que te iba a obedecer… vamos, el pago por todo esto… -
Balbuceé.
- Ya te dije que no era tanto como parecía, te darás cuenta cuando imparta una orden… las primeras veces no podrás resistirte, luego le irás cogiendo el truco y, con el tiempo, podrás decidir por ti mismo si quieres obedecerme o no. George hace mucho que no me hace ni puñetero caso.
- Bien… y… no es por nada pero… ¿ya está? ¿Ya soy tu ghoul? ¿No hay que hacer nada más?
- ¿Esperabas algún tipo de ceremonia?
– Riéndose por mi cara de desconcierto. – Como te dije, soy muy vieja, con un par de gotas es más que suficiente para que obtengas mis dones y estés protegido. Si te diese más, podría afectar a tu cerebro. Algunos novatos han dejado a sus primeros ghoules con menos inteligencia que los zombis de Adriana. Yo no suelo crear a muchos ghoules humanos, suelo dedicarme más a los animales, son mucho más sencillos de controlar y, además de buena parte de mis dones, también aumenta su inteligencia. Sobre todo cuando se dedican a criar, sus descendientes heredan una buena parte de lo que ellos han obtenido con mi sangre, sus crías son mucho más grandes que ellos y más receptivos a convertirse en ghoules a su vez. – Se sentó con las piernas cruzadas, como si simplemente estuviésemos repasando una lección de historia. – Si te das cuenta, Lucian hace algo muy parecido con sus ghoules, él fue un jovencito muy avispado en su época. Empezó con su escudero y una de sus damas de compañía, cuando todavía estaba muy alejado de Caín y bajo las órdenes de Monçada. La mujer le salió un poco ninfómana y aprovechaba cualquier oportunidad para seducir al escudero, así es que quedó embarazada. Tuvo que dejarla en la Fortaleza y tomar a otra a su servicio. Supongo que fue el primer sorprendido al ver las cualidades del pequeño a su vuelta. – Riéndose como una niña traviesa. – Luego decidió tomárselo un poco más en serio, al principio se centró en sus caballos de batalla, mezclándolos con buenas yeguas a las que también convertía en sus ghoules. – Me miró un momento con cara seria. - ¿Te acuerdas que te dije que los animales tienen una especie de aversión a las criaturas como nosotros y que la mejor manera de controlarlos es convertirlos en nuestros ghoules, para que no tengan miedo de nosotros? – Asentí. – Bien. Como los caballos se reproducen mucho más rápidamente que los humanos, pudo comprobar su teoría de que los descendientes de ghoules son como sus padres, mejorados por nuestra sangre, sin necesidad de que se la tengamos que dar nuevamente. Ahora él tiene dos familias predominantes de las que escoge a sus asistentes, pero sabe que no tiene que darles sangre a todos porque ya la llevan en su sistema. Todos los que pertenecen a la Fortaleza y viven en la ciudadela son descendientes de esas familias. Están bajo su protección, tanto política, económica, como sanguínea. – Jugó con las sábanas distraídamente. – Ya te digo que yo prefiero a los animales, son menos complicados que los humanos. Muchas veces son más nobles y no les importa recibir mis órdenes, a los humanos os sienta muy mal eso de perder parte de vuestro libre albedrío. Ellos lo llevan bien. Se sienten mucho más seguros cuando alguien les dice lo que tienen que hacer. Es como si yo fuese el líder de su manada. – Encogiéndose de hombros. – Lo ven más natural. – Volvió a sonreír. – También les gusta la Fortaleza y por eso están contentos de que su principal ocupación sea protegerla de los intrusos.
- Entonces… ¿no me vas a buscar una novia para que me dedique a darte mini-ghoules?
– Pregunté.
- No, pero si algún día te cansas de estar conmigo y quieres probar algo nuevo, no me ofenderé. Pero tendrás que tener en cuenta que, los hijos que tengas con esa mujer, se verán directamente afectados por la sangre que te he dado. Puede que quieras plantearte utilizar métodos anticonceptivos, pero no tendrás que preocuparte por infecciones o enfermedades… Ahora mi sangre reforzará tu sistema inmunológico. Podrías pasearte por una aldea arrasada por el ébola sin ningún tipo de preocupación. Nada que pueda llegar a atacar tu sangre sobrevivirá al encontrarse con la mía. – Suspiró un poco triste. – Lo malo de que ahora seas mi ghoul… es que vas a tener que pasar un poco de tiempo con George. Tiene que enseñarte a controlar algunas cosas.
- ¿No puedes enseñarme tú?
- Sí, pero él es el más indicado para explicártelo todo… Será mucho más rápido porque sabe perfectamente por lo que estás pasando, yo sólo podría enseñarte algunas cosas referentes a mis dones, pero él puede darte algunos trucos para soportar mejor estos primeros días.
- ¿Puedo pedirte una cosa? –
Mirándola con curiosidad, no sabía cómo se iba a tomar lo que iba a pedirle.
- Lo que quieras, querido. – Sonrió feliz.
- ¿Me puedes dar una orden? Quiero saber lo que se siente.
- No soy una mandona, Zach. George puede decirte que muy pocas veces le doy órdenes… y ya te he explicado que, con el tiempo, podrás resistirte a ellas.
- Es sólo por curiosidad, En. Aunque sea algo tonto… algo que no me pedirías con una orden, sólo quiero saber qué es lo que ocurrirá… para saber lo que tengo que esperar.
- Bueno, vale… pero sólo porque tú me lo pides, conste. Tampoco te creas que te voy a estar mangoneando todo el rato sólo porque puedo hacerlo. No me gusta. –
Frunciendo el ceño. – "Levántate"

Sólo por la diferencia en el tono de voz pude reconocer que era una orden. En lugar del tono dulce me di cuenta de que era ligeramente más áspero, pero aún así me resultó agradable al escucharlo. También pude darme cuenta de otra cosa, algo que no me esperaba. Fue como un aguijonazo en la cabeza, no era doloroso, en absoluto. Casi se podría decir que era como si tuviese un hilo enganchado a la nuca y le diesen un ligero tirón, no tenía la suficiente fuerza para dolerme, pero tuve la impresión de que quería hacer caso a ese tirón. También había más cosas. Era como si al escuchar esa simple orden de que me levantase, me pareciese que me lo estuviese pidiendo como un favor, casi me sentí mal por tardar tanto en hacerlo. Porque, cómo iba a decirle que no a algo tan sencillo.

- ¿Contento? – Me preguntó un poco triste.
- ¿Por qué no iba a estar contento? – Le pregunté.

Entonces fue cuando me di cuenta de lo que había pasado. No me había levantado porque quisiese hacerlo realmente. Sino porque ella me lo había ordenado. Es cierto que no me sentía mal por haberlo hecho, pero ahora entendía a lo que se refería cuando se preocupó tanto por asegurarme de que no iba a darme órdenes continuamente. Quería que siguiese haciendo las cosas por mí mismo.

- Vaya… - suspiré. – Creo que lo he pillado.
- Me alegro, porque no me gusta dar órdenes, Zach.
– Volviendo a jugar con las sábanas. – Sabes que puedes volver a sentarte cuando tú quieras, ¿verdad?
- Sí… sí… -
sentándome a su lado. – Es sólo que… bueno… estaba aún dándole vueltas a todo eso y... no me di cuenta. Lo siento. – Me disculpé. Acaricié su mejilla y tomé su mentón para hacer que me mirase. – ¿Por qué estás así?
- Porque… cuando doy órdenes… perdéis vuestra voluntad, no quiero hacerte eso, Zach. A George sólo le di órdenes al principio, cuando era necesario alejarlo de algún peligro. Es lo malo de los germanos… se lanzan a la batalla como locos, no les importa nada, ni el dolor, ni su vida… Si no le hubiese ordenado que se mantuviese en la retaguardia… no habría sobrevivido tantos años, ni siquiera con mi sangre. Tú eres diferente a él, tienes estudios, no eres un guerrero, eres un mago…
- Entrecerró un poco los ojos. - ¿Cómo te sientes a ese respecto? Con lo de la magia, quiero decir… Lavender ahora es mucho más poderosa, Harry y Ginebra también… tú también tendrías que ver cómo la magia es más fuerte dentro de ti.
- Sí que siento un ligero hormigueo que sólo notaba cuando lanzaba algún hechizo… pero ahora no es importante.
– Acercándome para besarla. – No me gusta verte triste. Quiero pedirte disculpas… - Atrapando uno de sus labios entre los míos y tirando de él. – Creo que dijiste que preferías los actos a las palabras…

Vale, sí, también influía un montón el que verla de esa manera me ponía como una moto. Quería hacerle el amor para ayudarla a ver que seguía sintiéndome a gusto con ella, pero también porque quería disfrutar de nuevo de ese nuevo modo de sentir. No era virgen cuando la conocí pero, con todo lo que ella había vivido hacía que mis pocas experiencias ni siquiera existiesen. (A ver, no soy un cabrón insensible, guardo buenos recuerdos de esas chicas y todo salió bastante bien, pero tampoco se puede comparar. No, no pienso decir quiénes fueron. Soy un caballero.) Acariciar su piel era una verdadera pasada. El que no tuviésemos que pensar en romper al otro también era una gozada. Creo que nos sentíamos mucho más libres y naturales que nunca. Muchas veces me había atormentado por si ella realmente disfrutaba de estar conmigo, si podía llegar a… bueno… A ver, sí, demostraba su "entusiasmo", pero como que un tío nunca puede estar del todo seguro. Ahora ella me agarraba de otra manera, se movía de un modo diferente y… (puede que esto sólo sea mi ego masculino, pero...) digamos que parecía mucho más entusiasmada que otras veces.

Por la mañana ocurrió algo que no me esperaba. Ennoia estaba dormida hecha un ovillo contra mí, como siempre hacía, pero esta vez no me asusté. Algo dentro de mí me decía que sólo dormía. No era como las otras veces en las que me daba la taquicardia porque tenía miedo de que hubiese caído en letargo o que le pasase algo, esa manía de no respirar puede ser bastante perjudicial para la salud de los compañeros de un vampiro. Pero era como si tuviese la seguridad absoluta de que sólo estaba dormida. No sé cómo explicarlo, pero sí puedo decir que resultó un alivio el que mi corazón no diese un vuelco nada más despertarme a su lado. Pero lo dio cuando me di cuenta de que no estábamos solos en la habitación. Otra vez era como una sensación dentro, también ayudaba el escuchar una respiración que sabía que no era la mía o la de En, el oír otro corazón palpitando lentamente… el mío no podía ser porque se había frenado por segundos, claro. Me giré rápidamente para revisar la habitación y me encontré con George que estaba haciendo las maletas con toda tranquilidad.

- ¡Menudo susto me has pegado, tío! – Exclamé en un susurro. - ¿Qué haces aquí? Eso podíamos hacerlo nosotros…
- Ya lo sé, pero supuse que si le adelantaba un poco de trabajo podría disfrutar un poco más de ti.
– Guiñándome un ojo, algo bastante inquietante cuando antes me miraba por encima del hombro. - ¿Cómo lo llevas?
- Bien, creo… -
Respondí confuso. Me levanté y me puse unos pantalones para no andar por ahí desnudo, no tenía la misma costumbre que En de caminar como si nada en pelotas. Y el guiño de George me había puesto un poco nervioso, a ver si es que ahora pensaba que como éramos "colegas" le daba por querer ponerse "cariñoso".
- Los primeros días son los más difíciles, son muchas cosas nuevas a las que tienes que acostumbrarte, pero luego se lleva mejor. – Siguió guardando la ropa con cuidado en un baúl.
- ¿Por qué antes eras un cabrón que me miraba como si quisiese arrancarme los brazos y ahora te portas como si quisieses ser mi amigo? – Solté a bocajarro. Las cosas claras desde un principio.
- Creo que ya sé por qué le gustas tanto. – Se sonrió. – Porque antes eras una amenaza para ella y ahora también serás su protector, como yo. – Encogiéndose de hombros. – Ya te dijo que me creó para que me hiciese pasar por su hermano mayor… pues digamos que me tomé muy en serio esa parte de la farsa. Tú tienes una hermana pequeña, ¿verdad? – Asentí. – Pues imagínate que cuando tenga dieciséis años se le acerca un tío como tú… ¿Qué es lo primero que se te viene a la mente?
- Que le corto los huevos como le ponga un dedo encima. –
Solté de golpe.
- ¿Ves? – Sonriéndose. – Pues a mí me pasaba algo por el estilo. Sé que es fuerte y que no podías hacerle daño físicamente, pero podías dañar la parte más frágil de ella, su corazón. No es una fanática de las reuniones sociales y tiene tendencia a ser más solitaria de lo necesario, pasa mucho tiempo con los animales… desde que la conozco le he dado muchas vueltas y creo que lo hace para que los humanos u otros vampiros no se acerquen a esa parte de ella que aún es capaz de tener sentimientos. – Siguió haciendo su trabajo como si tal cosa y yo le eché una mano para no estar ocioso, mientras asimilaba todo lo que me iba contando. – Cuando te presentó el primer día, me di cuenta de que tú habías sido capaz de atravesar todas esas barreras que ella pone a su alrededor. De todos los que viven en esta Fortaleza, eras la mayor amenaza para la más poderosa de ellos. Espero que no me guardes rencor por querer protegerla y estar pendiente de todo lo que hacías.
- No… bueno, me va a costar verte de otra manera… pero lo entiendo. –
Respondí al fin. – Además, dijo que tenías que entrenarme… supongo que es mejor que intentemos llevarnos bien, ¿no?
- Tú tranquilo, la mayor parte de las cosas vendrán solas, sólo necesitarás un poco de guía al principio. Es más natural de lo que puede parecer… A medida que tu cuerpo vaya asimilando su sangre también serás más consciente de tus limitaciones y de lo que puedes llegar a hacer.
– Dándome un golpecito en el hombro, en plan buen rollo.
- Oye… ¿no te sienta mal que me haya dado su sangre? A ver, antes eras tú solo, no sé… - Vale, se me da como el culo intentar hablar de sentimientos con un tío.
- ¿Te estás preguntando si me siento celoso porque ella te haya concedido el honor de compartir su sangre contigo? – Sonriendo divertido. – Para nada, ya te digo que casi es un alivio. Además, también te dije que la veo más como una hermana que como mi ama y señora. – Me miró de un modo raro, como si estuviese midiéndome. - ¿No estarás preocupado porque me hayas sustituido de algún modo, no? Ella y yo nunca hemos tenido el tipo de relación que tenéis vosotros, Zach. Y remarco lo de "nunca". Para mí sería como cometer incesto… - Riéndose por lo bajo, para no despertarla. – Supongo que habría aceptado si me lo hubiese pedido al principio… pero no le interesé de esa manera y me alegro por ello. A ella no le importa que tenga mis escarceos de vez en cuando, siempre que tenga cuidado de no engendrar, claro. ¡No sabes lo feliz que soy desde que se inventaron los condones! – Volviendo a guiñarme un ojo. – Antes no podías fiarte de las fundas de piel de carnero… tampoco es que fuesen muy agradables, la verdad. Terminabas pasando de todo y luego tenías que estar pendiente de que la mujer no quedase preñada… un agobio. – Examinó el contenido del baúl. – Sí, creo que será buena idea si metemos más ropa. No consigo que se acuerde de amoldar la ropa al convertirse en animales… sus chiquillos lo hacen sin problema, pero ella tiene la tendencia de olvidarse. – Negando con la cabeza como si hablase de una niña pequeña. – Yo creo que tiene un punto de exhibicionista y por eso no lo hace. – Sacando más ropa del armario para colocarla con la otra.
- Entonces no tiene que aparecer desnuda cuando se transforma… - saqué en claro. Dejando de lado la parte en la que George se había convertido en el tío enrollado que me contaba cosas de su vida.
- Para nada. La ropa podría simplemente quedar en una especie de segundo plano junto con su forma original, pero ella siempre ha sido muy salvaje y no se preocupa tanto por su desnudez. Cuando la conocí había pasado una temporada en el Nuevo Mundo, antes de ser descubierto, claro. Imagínate lo feliz que era, selvas vírgenes plagadas de animales salvajes. No sé por qué volvió. Aunque me alegro de que lo hiciese, por supuesto, o no estaría aquí. De todos modos a Adriana le encanta ir de compras y no le importa que de vez en cuando la acompañe. – Encogiéndose de hombros. – Aunque me alegro de que no le guste llevar ropa interior… ¿te imaginas cómo me mirarían en una tienda de lencería si pidiese cien cajas de sujetadores para ella? – Los dos nos reímos esta vez. – Eso mismo. La verdad es que, de todas las épocas que he vivido con ella, esta es una de las más cómodas. Eso de ir a una tienda y poder comprar la ropa ya confeccionada, es muy cómodo. No veas lo mal que lo pasé al principio… yo, un guerrero, cosiendo ropita. – Poniendo los ojos en blanco. – También es mucho mejor eso de no tener que dedicarte a robar a sus víctimas para conseguir dinero, las tarjetas de crédito son mucho más cómodas.
- Esto… -
demasiada información. - ¿Robar a sus víctimas? – Sí, sé que me iba a arrepentir de preguntarlo.
- No necesitaba alimentarse como otros más jóvenes que ella, pero de vez en cuando nos atacaban y claro, los asaltantes encontraban la muerte. Éramos bastante nómadas, por lo que no podíamos dedicarnos a ganar dinero de manera honrada, ella no necesitaba comer, pero yo sí. En ocasiones teníamos que parar en alguna posada, para que yo pudiese dormir, claro. Digamos que yo era su hermano mayor, pero ella era la que siempre estaba cuidando de mí. – Haciendo una mueca de fastidio. – Por eso desvalijábamos a sus víctimas, para tener algo de dinero, armas, ropa. Lo que nos permitiese tener algunas comodidades de tanto en tanto. Desde que estamos en la Fortaleza todo eso terminó. Al principio se sintió recelosa de aceptar la hospitalidad de Lucian, no en vano era un Lasombra que se dedicaba a avanzar comiéndose a los que eran más antiguos que él, pero vio en él algo que le gustó y al final aceptó. También tuvo que ver el que Lameth y César ya estuviesen aquí, claro. Conoce a Lameth desde hace eones y sabe que no es tan confiado como pueda parecer a primera vista. Y eso de que un Ventrue se lleve bien con un Lasombra… bueno, es bastante atípico. Entonces, a cambio de mejorar las defensas de la Fortaleza, Lucian se comprometió a ofrecerle un refugio seguro y mantenerla económicamente. Con el correr de los tiempos he ido aprendido algo de economía con ellos y sus ghoules, ahora ella tiene su cuenta bancaria, sus propiedades que le dan unas rentas regulares, inversiones en empresas. Nada demasiado exagerado, pero lo suficiente para comprarle ropa y mantener la casa sin problemas durante unos cuantos siglos.
- ¡Ostras! –
Me sorprendí. – Nunca pensé que fuese así… - Miré a la bolita tapada con la sábana, de la que sólo se podía ver su cabellera oscura sobre el colchón. Intenté imaginármela peleándose con balances bancarios y me resultó imposible. Pero sí que podía visualizarla llevando al guerrero de la manita a una habitación y arroparlo por la noche. – Supongo que es porque nunca hablamos de su pasado.
- No le gusta. Por lo menos, no le gusta recordar la época anterior a la Fortaleza. Era muy duro. A veces te puede contar algún detalle, pero lo hace muy por encima, sin detenerse a pensar demasiado en ello.
- ¿Cómo lo de su marido y sus hijos?
– Pregunté.
- Por ejemplo. Su vida humana no fue para nada agradable. No se sintió nunca ligada con sus hijos, tampoco con aquellos a los que convirtió en vampiros después. Supongo que es porque la decepcionaron mucho. Ella quería tener compañía, no quería estar sola… algunos no lo entendieron, otros se dejaron llevar demasiado por la bestia… llegó un momento que renegó por completo de todos ellos y no quiso volver a convertir a nadie más. Me puedo considerar afortunado de que en aquella época quisiese tener más que ver con los humanos, como para considerar la posibilidad de un ghoul humano para que la acompañase.
- ¿Y alguna vez la tuviste que proteger?
– Pregunté por mera curiosidad.
- Varias. Te enseñaré a blandir una espada como es debido, pero creo que harás un mejor trabajo protegiéndola como mago. Ahora no tendrás tantos problemas como los que yo tuve en su momento. A ver, párate a pensarlo un momento. Una mujer adolescente hermosa paseando de noche por las calles de una ciudad como Roma en la Edad Media. Aunque yo fuese tras ella, más de una vez tuve que atravesar a alguno con mi espada porque quería propasarse con ella. Cuando eran más de uno e intentaban reducirme para hacerle algo, entonces sacaba la bestia… pero tampoco quería hacerlo siempre porque eso la hacía menos humana. También porque llamaba mucho la atención de los otros vampiros y teníamos que irnos de la ciudad para ocultarnos en los bosques. Por suerte se lleva bien con los hombres lobo.

Resultaba surrealista estar escuchando todo eso de Ennoia. Me parecía que no la conocía en absoluto y al mismo tiempo me hacía ver que sí la conocía mejor de lo que me daba cuenta. Entendía muy bien que se llevase tan bien con George, que lo quisiese como a un hermano y se preocupase por él, porque esa parte de Ennoia la conocía perfectamente. También me daba cuenta de que ella siempre había sido solitaria, desde el punto de vista de no querer pasar mucho tiempo con otros vampiros o no querer tener demasiada relación con otros humanos… Digamos que, todo lo que me estaba explicando mi nuevo "amiguete" me ayudaba a quererla mucho más.

Me di cuenta de que le debía un poco de camaradería al tipo, por tener el detalle de contarme todas esas cosas. Por eso quise explicarle un poco lo que iba a encontrarse en el castillo, que estuviese preparado.

- Oye, George… - entonces me di cuenta de un detalle. - ¿Ese es tu verdadero nombre?
- No, lo que pasa es que me gusta más que el original y no da tanto el cante en estos días. Me llamaba Ulric.
– Haciendo una mueca de disgusto. – Me lo cambié hace unos cuantos siglos… a ella le hacía gracia, pero ahora ya se ha acostumbrado.
- Vale, sí… George te pega más.
– Asentí con la cabeza. – Mira, sobre lo que vas a encontrarte en el castillo…
- No te preocupes, Dom y Laurent ya nos han puesto a todos sobre aviso. –
Me detuvo. – Sé que son una pandilla de adolescentes gilipollas con ganas de pelea… pero que no puedo cargármelos a la primera de cambio.
- Bien… sólo quería decirte que la mayoría no son tan malos… lo que pasa es que no tienen muy claro cómo reaccionar con los vampiros o los ghoules. –
Suspiré. – A ver, a nosotros nos han estado contando siempre que los vampiros son al estilo Bram Stocker… Lo de que necesitan invitación, que les afectan las cruces, los ajos… todas esas chorradas que En me ha dicho que no sirven de nada… ¡No veas las risas cuando se puso a leer la parte dedicada a vampiros en uno de mis libros de texto!
- Me lo imagino. –
Sonriéndose burlón. – Todas esas supersticiones eran muy útiles cuando estábamos de paso por una aldea pequeña, como ella no requería invitación, no tenía problemas con el ajo e incluso llevaba una cruz al cuello… no se sentían amenazados. Yo era el que daba miedo por ir armado, ella mi joven hermanita indefensa.
- Ya, el caso es que esto de que vayan a invadir el castillo… puede que no se lo tomen muy bien al principio y quieran pagarlo con aquellos que creen que son su punto débil. No sé si te contó lo que ocurrió antes de que nos fuésemos… -
Intentando averiguar lo que él sabía.
- Me lo contó Laurent. Te pusieron en peligro. Ella te salvó y luego acabó con el culpable. Por eso me preocupé por lo que podías hacerle. Si sólo fueses un entretenimiento, no se molestaría en vengarte. – Ahora entendía lo que ella me había dicho de que me había demostrado su amor, comiéndose a uno de mis compañeros. – Pero a mí no es tan fácil ponerme en peligro, Zach… me entrenaron desde que nací para la batalla y es muy difícil pillarme por sorpresa. Tampoco tú eres ahora tan vulnerable. Y, en cuanto tu magia se una a su sangre… serás mucho más peligroso que yo. Lo he visto en Ginebra cuando entrenaba con Harry en el patio. La sangre de los vampiros potencia de un modo increíble vuestra magia, de tal modo que ya no requerís el palitroque ese para sacarla de dentro.

Ese comentario me recordó que quería probar algunas cosas. Me disculpé con él un momento y me fui a la terraza para asegurarme de que no rompía nada. Como le había dicho a En, notaba un ligero cosquilleo en la punta de los dedos como cuando era pequeño y hacía magia sin darme cuenta. Supongo que los años de práctica en la escuela habían impedido que lanzase ningún hechizo o encantamiento sin control. Desde la terraza se podían ver todos los edificios de los otros vampiros, el de Lameth era el que estaba al lado del de Ennoia. Era el más raro de todos porque era de metal. También sabía que estaba rodeado de magia y que no pasaría nada si le daba sin querer con algún hechizo. Al menos esperaba que no se cabrease por despertarlo o algo por el estilo. Pero no se me ocurría otro punto más controlado para practicar.

Como a muchos de los de mi casa, se me daba bien Herbología, por eso no me arriesgué a probar Encantamientos o hechizos que pudiesen ser verdaderamente peligrosos. La terraza de En tenía muchas plantas y conocía varios métodos para hacerlas crecer o modificarlas ligeramente, así es que me concentré en una enredadera que cubría una celosía que lindaba con el edificio de Lameth. Como estábamos en primavera, apenas había empezado a subir desde la zona de tierra en la que estaba, las hojas aún no ocultaban toda la vista del edificio metálico. Sin sacar la varita, me concentré en la planta, en que quería que creciese. Sentí algo muy diferente a cuando usaba la varita. Por regla general era como si algo subiese por mi estómago hacia mi brazo y entonces salía por la varita como una explosión. Ahora simplemente parecía que salía por todas partes, fluía más suavemente, sin ser algo tan fuerte.

- ¿Haciendo experimentos? – Ennoia apareció por las escaleras y observó la hiedra que ahora cubría por completo toda la celosía y que estaba comenzando a florecer. – Siempre me maravillo al verte crear cosas tan hermosas con tus pensamientos… - Acercándose para tomar mi brazo entre los suyos. – Consigues que la magia me parezca algo bello y no algo que deba temer. – Depositando un suave beso en mi hombro desnudo. - ¿Cómo te sientes ahora que la puedes usar más libremente?
- Extrañamente invencible… pero también… insignificante.
– La miré confuso. – El que no requiera de varita, todo lo que siento al dejar que la magia salga de mí de esta manera… hace que me plantee si realmente nos están enseñando correctamente en el colegio. ¿Acaso tenemos todo este potencial mágico desde que nacemos y nos obligan a utilizar métodos arcaicos para encerrarlo o mermar nuestras posibilidades? – Expresando mis dudas en voz alta.
- Sabes que no sé nada de magia, Zach, pero sí puedo decirte que lo único que hace mi sangre es darle fuerza… todo lo demás lo haces tú solito. Quizás Lameth pueda responder mejor a tu pregunta. – Desvió una vez más la mirada hacia la enredadera. – Siempre que no intentes practicar contra su torre, claro. – Sonriéndose al darse cuenta de mi elección.
- Creí que sería más seguro si probaba en las cercanías de su sección, la tiene protegida con magia, el resto no. – Aclaré.
- Todos tienen algún tipo de seguridad, Zach… pero no todas son visibles o palpables. Aún te queda mucho por aprender, querido. – Tiró suavemente de mí hacia las escaleras. – Será mejor que vayamos a prepararnos.

Nos arreglamos en un santiamén y luego bajamos todos hacia el palacete. Me pareció extraño cuando cogí mi baúl y noté que no me pesaba tanto como antes, era casi tan ligero como si estuviese hecho de cartón y completamente vacío. George y En se sonrieron cuando vieron mi expresión de incredulidad. Estaba claro que se lo pasaban en grande al ver cómo reaccionaba ante todas las novedades. Mientras esperábamos pude darme cuenta de otras cosas que habían cambiado, bueno, supongo que en realidad las veía porque el que había cambiado era yo.

Podía distinguir mucho mejor entre los ghoules y los humanos. Quienes ahora estaban al servicio de un vampiro parecían rodeados de una especie de resplandor suave, no era igual para todos, variaba según su señor. Los ghoules de los Assamitas tenían una especie de tono rojizo, los de los Lasombra era como si fuesen ellos los que brillasen en medio de una nube negra. Lavender era la que estaba rodeada del brillo más suave de todos. Me pregunté cómo me estarían viendo ellos ahora. También los vampiros eran distintos a como los había visto. Los más descarados eran Lameth y Calebros, por supuesto. El atlante era alto y delgado, casi demacrado, su piel tenía un tono blanquecino donde no le cubrían los tatuajes de un intenso color azul. Con el Nosferatu me llevé una sorpresa enorme e hice lo posible por no prestarle demasiada atención. Aunque era difícil pasar de un tipo que medía casi tres metros, con unos dedos largos como palos y cubierto de cicatrices como si se hubiese quemado. Lo que me hizo recordar que Draco había sido achicharrado por un dragón, lo miré y no vi ningún tipo de marca como las de Calebros en su piel. ¿Cómo se las habría arreglado para que no quedase rastro de su encuentro con el dragón? Pero no le pregunté. No quería entrometerme demasiado.

Volvíamos a estar en la sala que habíamos ocupado el día anterior, todos muy tranquilitos, en familia. Supongo que estaban disfrutando de los últimos momentos de tranquilidad. Llegó un momento en que Lucian se levantó, Lameth y Tony lo imitaron y le siguieron hasta la sala de al lado. La invasión estaba empezando. Crucé los dedos para que no fuese en absoluto traumática. Unos minutos más tarde, Lara se levantó y abrió las dobles puertas que había en un extremo de la sala. Empezaron a entrar guardias cargados con petates. Perdí la cuenta de todos los que allí había, pero parecían un ejército.

Supongo que debería aclarar un poco cómo son los guardias de Lucian, porque creo que Draco no se ha molestado en describirlos como es debido. Veamos, los hay de distintas estaturas, supongo que dependiendo de su especialidad. Los había bajitos y delgados, altos y fornidos, de aspecto normal, un poco de todo. Lo que todos tienen en común es que visten ropa de color negro. Es como una especie de uniforme. Creo que son varias piezas pero parece que llevasen una especie de mono negro ceñido al cuerpo, por encima tenían una especie de armadura sencilla que parecía de goma, imagino que es lo que les protegería de golpes o cosas así. Todos, sin excepción, llevan unas pistolas enormes en unas fundas atadas a los muslos, les sobresalen dagas de las botas militares, que tienen pinta de estar reforzadas con placas metálicas, tienen más dagas en los cinturones y en los brazos. El petate que llevaban también era negro, algunos cargaban con unas cajas alargadas, supuse que llevarían más armas dentro. Todos son ghoules. Sin excepción.

Se colocaron en formación como lo que eran, soldados perfectamente entrenados. Cuando Lucian volvió a abrir la puerta, empezaron a entrar en la sala sin necesidad de que nadie les dijese nada. Aproveché para contarlos y me di cuenta de que eran trescientos. Sabía que antes sólo había llevado a cincuenta de esos guardias y que les habían ayudado durante la batalla del campo de Quidditch, realmente esperaba encontrarse con problemas si ahora decidía llevarse a tantos.

Nosotros éramos los siguientes. ¡Cómo odio el tener que meterme en el maldito Abismo!

Lo del Abismo tiene mucha tela. Lo primero es que parece que te estás ahogando, sabes que sólo puedes respirar porque ese tío se está preocupando porque haya oxígeno a tu alrededor. Después está el que no ves un carajo. Pero cuando logras ver algo, casi preferirías seguir cegato perdido. Los monstruos que hay ahí hacen que Calebros sea un Adonis. Luego están las cosas raras que hay por ahí esparcidas. Dos fábricas raras, unos carros destartalados, edificios en ruinas, una estatua de una mujer con el ceño fruncido que me recordó vagamente a Hermione. Pero todo eso en distintos tonos de negro, no sé cómo explicarlo. Porque allí no existen los colores, pero sí existen, digamos que todo es negro, pero negros diferentes. No es que sean degradaciones de gris, no, siguen siendo negro. Lo único que sabes es que quieres salir de ahí lo antes posible. Para dejar de sentir el agobio de un aire enrarecido, de tener frío, de temblar como una nena porque todo te da pavor. Es la peor experiencia que puedes tener en la vida. Por muy útil que sea para viajar, donde esté una buena chimenea conectada por la red flu…

¡Al fin llegamos a la Torre de los Vampiros!

Estaba un poco cambiada, me daba la impresión de que era más grande y más alta. Pero tampoco quería pararme a pensar en ello, notaba el hormigueo de la magia a mi alrededor, supongo que los demás también. En nos tomó a George y a mí de la mano y nos guió hacia las escaleras para subir hasta su cuarto. Esperaba que la ampliación hubiese incluido una habitación separada para el otro ghoul, porque no me iba a sentir muy cómodo si tenía que compartir cama con él y En. Vale que ahora nos llevábamos un poco mejor, pero tampoco como para ponernos a ser compañeros de cama. Confianzas, las justas.

Sí, la ampliación había tenido en cuenta todo eso y algo más. Antes los descansillos sólo tenían una puerta que era la que llevaba al cuarto correspondiente a cada uno de los vampiros, ahora había más puertas. Nosotros teníamos derecho a tres. Una era el dormitorio en el que dormíamos En y yo, otro era el de George y la tercera correspondía a la nueva habitación que compartirían Hannah y Susan. Parece que Lameth y Tony habían pensado en todo.

Como aún era media mañana, aprovechamos el tiempo para deshacer los equipajes y aclararnos un poco con los cambios. George me vino a buscar para que le acompañase en una visita de control del castillo, quería conocerlo conmigo, para que le explicase la distribución y todo lo necesario. Sé que le han dado un plano completo que ha memorizado, pero me hizo sentirme un poco importante al ser el que iba a hacer de guía de ese germano mega viejo. En me dio un beso en la mejilla y se desnudó antes de convertirse en un gorrioncillo y salir por la ventana. Esa pilluela sabe que me encanta cuando se convierte en ese pajarillo tan divertido. Ya es definitivo: estoy enfermo. ¡Me pone cachondo un gorrión!

George y yo atravesamos la barrera de magia que impedía que nadie entrase en la torre y comenzamos a pasearnos por el castillo. La mayoría de los alumnos no había llegado todavía de sus vacaciones, pero en la semana de Pascua no es habitual que se vacíe el castillo. Muchos se quedan para aprovechar que la biblioteca va a estar vacía. Por eso nos pudimos encontrar con algunos por los pasillos. Por supuesto, se quedaron mirando a George. No había abandonado sus pintas de surfero californiano y, eso en un castillo en mitad de Escocia, da el cante.

- ¿Puedo hacerte una pregunta? – Empecé en voz baja cuando salíamos de la biblioteca, la que le había encantado, por cierto.
- Las que quieras, Zach. – Con una sonrisa amistosa.
- ¿Por qué llevas esas pintas? – Señalando con un gesto sus bermudas, las chanclas y la camisa de tirantes.
- Es cómodo, además, así no paso calor. – Me miró con una ceja enarcada. - ¿Tú no te asas con tanta ropa encima? – Tirando ligeramente de mi túnica de mago.
- Bueno, reconozco que tengo un poquito de calor… - Dándome cuenta de que antes habría llevado la túnica cerrada hasta el cuello, la bufanda y quizás el gorro.
- Estar al servicio de Ennoia tiene ese inconveniente, ella es una fuerza de la naturaleza… por eso ahora no te importará estar a la intemperie, incluso lo buscarás. – Pero me lo dijo distraído, su atención estaba centrada en un grupito de alumnos que nos miraban de soslayo. Me fijé en ellos, eran Ravenclaws de tercero. – Esos no traman nada bueno.
- Tranquilo, yo me encargo.
– Sí, sonó un poco prepotente, pero ya estaba conjurando un escudo por si se les ocurría lanzar algún hechizo contra nosotros. - ¿Tenéis algún problema? – Les reté cuando pasamos a su lado.
- No, ninguno, señor Smith. – Dijo uno, parecía el cabecilla. Tenía una sonrisa de autosuficiencia que me recordó a las de Draco cuando era el terror de los pasillos. Mal íbamos si los Ravenclaw empezaban a portarse como Slytherin.

Salimos al exterior para que pudiese ver los terrenos, el bosque y los invernaderos. Ahí sí que se notó que George era un tipo de espacios abiertos y no de estar encerrado en cuatro paredes. Lo que más me gustó es que un gorrión vino a posarse en mi hombro. Sabía que era Ennoia. No porque otro gorrión no habría hecho tal cosa, sino que sentía que era ella. Me gustó mucho el poder percibirla de ese modo, tanto que me atreví a acariciar el cuello del ave con un dedo. Gorjeó junto a mi oído. George se carcajeó y me dio una palmada en el otro hombro. Salió corriendo antes de que pudiese decirle nada. De camino hacia el Bosque Prohibido nos salió al paso Binky. El enorme gato se lanzó sobre George, lo tiró al suelo y rodó con él por la ladera, igual que hacía con Draco. Por supuesto que no le iba a hacer daño a George, ahora tampoco me lo haría a mí.

Llegó un momento que me dieron envidia. Me deshice de la túnica, de los zapatos, la chaqueta del uniforme y de la corbata. Salí corriendo tras ellos y disfruté de la velocidad en mi cabello. No podía creerme que estuviese corriendo a esa velocidad, casi parecía que estaba volando en la escoba en lugar de desplazarme con la fuerza de mis piernas. Los alcancé en muy poco tiempo. El enorme smilodón se lanzó sobre mí, juguetón. Sus zarpas tenían las garras replegadas y sentí cómo sus patas me rodeaban como si fuese un enorme peluche caliente. Mientras jugaba con ellos me olvidé por completo de la invasión, del Sabbat y de todos los problemas que vendrían más adelante.

XXX

Espero con impaciencia vuestra impresión acerca de la narración de Zach, también por saber qué opináis de esta nueva perspectiva en lo que se refiere a los ghoules, tema que tanto ha dado que hablar desde que apareció el término.

Respuestas a los reviews.

Hola, Anne!

Precisamente, como sabía que tenías una gran intriga acerca de lo que pasaba por la mente de Isabel y queríais conocerla un poco mejor, le pedí a mi amiga Kenshin (que es la que mejor la conoce) que escribiese el diario de Isabel. Se ha centrado en las partes más significativas de la historia.

El encuentro entre Lucian y sus futuros consuegros inevitablemente tendría algunos aspectos curiosos. Aunque él hace lo posible por comportarse como un humano normal, muchas veces se le escapa esa naturaleza de señor feudal junto con todos los aspectos adquiridos durante su larga vida de vampiro.

La invasión de Hogwarts promete ser muy intensa y diferente a todo lo que habéis visto hasta ahora. Por el momento los vampiros han sido muy indulgentes y han contenido una gran parte de su manera de ser mientras estaban en Hogwarts, cuando vuelvan al castillo, os encontraréis con los vampiros que en realidad son. La mayoría son fríos y calculadores, han sobrevivido durante siglos en un mundo repleto de traiciones y de otros vampiros que están dispuestos a cualquier cosa con tal de obtener una posición más alta en la sociedad o, simplemente, un tipo de vida mucho más agradable y acomodada que la que tuvieron en su vida normal.

Un besazo enorme,
Madie

Hola, Yune!

Tienes razón, los magos no van a llevar muy bien la invasión pero, todo eso se verá cuando llegue el capítulo correspondiente. Jejeje. Igual que la boda y todo lo demás. Cada cosa a su debido tiempo.

Un besote,
Madie

Hola, Kelen!

Yo también estoy muy orgullosa de que hayas sido capaz de contenerte durante dos días, seguro que tu esposo te lo agradece, jejeje.

El diario, como ya he dicho en varias ocasiones, todo el mérito es de Kenshin. Esos momentos en que menciona la sensación de tener que estar en otro lugar, son la consecuencia de que casi se active AJ durante el ataque al tren. No se han activado del todo, pero sí que se ha amplificado el deseo de encontrarse la una con la otra y finalizar la activación.

Estoy de acuerdo contigo, los padres de Hermione se han llevado una impresión del copón al encontrarse con los dos "hermanos" Deveraux. Es cierto que tienen que asimilar demasiado en poco tiempo, la ventaja es que hay muchas cosas que desconocen y que no se añaden a todo lo demás. Sería mucho más complicado para ellos si tuviesen que convivir con el hecho de que su hija va a morir para convertirse en un ser que se alimentará de sangre por el resto de la eternidad.

En lo referente a los nuevos lectores, muchas gracias por encargarte de hacerme publicidad. Sé que muchas otras lectoras han hecho lo mismo entre sus amigas y también a ellas les doy las gracias. Lo que dice Bor de imprimirlo, recuérdale que son más de mil páginas y sigue ampliándose: no sale rentable. Jejejeje.

Sé que Salesia habrá tomado nota de tu mensaje directo a ella, está encantada de ser la encargada de hacer las preguntas más apropiadas para ampliar vuestra comprensión de la historia.

Besotes, cielo
Madie

¡Hooooola, Salesia!

¡Y vamos con el testamento! Jajajaja. No te preocupes por no poder escribir comentario a tiempo, sé que tienes muchas otras que hacer que dedicarte a estudiar cada aspecto de los capítulos que subo, cielo. (Es más, entenderé que en estas fechas no puedas escribir grandes parlamentos como siempre, como buena anfitriona que sé que eres, tendrás un trillón de cosas que hacer.) Pero sabes que, tanto Kenshin como yo, estaremos deseando leer tus impresiones, siempre tan acertadas.

Tú tranquila, que si quieres te envío al equipo de "organizadores de bodas" para preparar tu décimo aniversario, jejeje. Supongo que con unos cuantos años de preparación lograrán tenerlo todo perfecto para la fecha.

Como siempre, intentaré contestarte siguiendo el mismo sistema de compartimentación que haces tú del capítulo. (Algo que agradecerán todas las que se olvidaron de preguntar, las que se perdieron algún detalle importante y, por supuesto, Kelen, tu gran fan).

El Diario de Isabel. Sí, el mundo está repleto de mentes pervertidas, yo llevo diciéndolo desde hace tiempo, pero la gente no me hace caso. Sin embargo, en defensa de todos los que tienen la mente un poco sucia, he de reconocer que muchas veces las malinterpretaciones son provocadas por la deliberada mala intención de la escritora que os describe unas situaciones que pueden ser mal entendidas. También está el que muchas veces se deja ver mi ascendencia gallega en la tendencia a escribir cosas con distintos sentidos, lo que nosotros llamamos retranca y que es un modo de utilizar el lenguaje de diversas maneras para decir muchas cosas que sólo son captadas por determinadas personas.

Una vez más estás acertada en tu suposición, Haquim no daba pie con bola con el nombre de Draco por culpa de los informes de misión de su querida y adorada hija. ¡Como para enterarse! No lo menta por el nombre en ningún caso, le llama de todo, incluso infiel. El propio Diario es en realidad el medio por el cual le llegaba esa información a Haquim y los Duat, por cierto.

Kenshin ya se encargó de proporcionar una completa explicación del acceso de Hermione al diario y la calidad de sus anotaciones, pero lo ampliaré para aquellos que no hayan leído su review. Durante la temporada en que esas dos estuvieron a sus anchas, sin el rubito tocando las narices, Hermione muchas veces era testigo de cómo Isabel escribía en su diario. Podría decirse que muchas veces iba viendo cómo la pluma iba trazando las líneas en la diminuta caligrafía de la Assamita por encima de su hombro. Cuando Isa se aburría se dedicaba a realizar los dibujitos en los que representaba las distintas maneras de acabar con la vida del rubiales. Sería en esas sesiones tranquilas en las que Hermione le robaría la pluma y añadiría los "No", "Lo quiero vivo", "Tampoco", "Ni en sueños", "Ya te dije que no". A partir de entonces las dos siempre han pasado algún tiempo juntas y el diario no esconde ningún secreto para la bruja.

Aclaro también que, durante aquella noche que compartieron todos la habitación, Isabel recibió las donaciones de todos ellos de muy distintas maneras. Hermione le pediría que la mordiese directamente, pues Isa sabe que es la manera en que ella puede también sobrellevar su adicción. Ginebra llevaba tiempo teniéndole ganas a la asesina, Harry y Lavender se ofrecen más por ayudarla que por el morbo que pueda causarles, por eso a estos tres no los muerde, sino que toma la sangre de otro modo. No llena copa alguna, el truquito de la copa sólo lo hizo con Flitwick para que fuese mucho más visual, nada más. Puede transferir la sangre directamente a su sistema o a un recipiente, según como desee.

Todos los Assamitas tienen una disciplina que es la Extinción (sí, ya sé que lo he explicado otras veces) que se caracteriza por el control de la sangre, tanto vampírica como humana. Pueden dotar a la sangre de propiedades específicas o eliminar dichas propiedades, son capaces de trasladarla de un punto a otro, convertirse ellos mismos en un charquito de sangre, envenenar sus armas con su propia sangre, etc. Aparte de eso, existe una filosofía creada por Haquim, que es el Camino de la Sangre, lo que les da un mayor control sobre la misma.

Vamos ahora con el peliagudo asunto de la conversación entre Draco y AJ, peliagudo pues fue la gota que rebosó el vaso de la paciencia de Kenshin (mira que ha tardado en estallar). Sí, durante esa conversación se revelan detalles de gran importancia para la historia y de los que se han ido dejando pistas a lo largo de la misma. Isabel y AJ saben perfectamente que Draco ha leído el diario, es un Lasombra, son cotillas por naturaleza, no pueden evitarlo, tienen que conocer los secretos de todos los que les rodean, pero no dirán nada porque no lo consideran importante. El dato importante no es en sí cómo los personajes quedaron prendados de sus parejas con una simple mirada, sino lo que ocurrió en realidad en ese momento. Tony y Jules, Isabel y AJ, Draco... todos ellos comparten un mismo defecto como vampiros, sienten amor verdadero por una persona. Es la unión de sus almas inmortales, no sólo el de sus miradas. Y una vez más das en el clavo, el único que puede temer a Ziva es el responsable de borrar dos milenios de la memoria de su amada, junto con todo el daño que le causó en el proceso.

La cenita. Más que por la capacidad de organización de Lucian y Lara, debieron de quedar asombrados por la manera de comportarse de dos supuestos adultos responsables. No te olvides que Lucian hace el papel de Tutor de Draco y lo primero que suelta es que tiene como amante a una compañera de clase de Hermione, más joven que ella. Lo siguiente es el intento de parecer simples terratenientes o agricultores, cuando luego empiezan a hablar como si preparasen una boda real. (Basílica, palanquín, vasallos, corte, pueblo, etc). Si se les ocurriese mencionar algo de hacer cambios en la clínica, en cuestión de una hora tendrían un proyecto completo de toda la reforma y una cuadrilla llamando a la puerta para comenzar con las reformas. Los contratos serían redactados por sus secretarios e incluirían alguno de sus vasallos o ghoules para asegurarse de que todo continuase como corresponde.

El vestido, por ahora voy a mantener el secreto, como se suele hacer en las bodas que aparecen en las revistas del corazón, jejeje. No pienso decir ni pío acerca de él, nonononono. Y no soy fácil de convencer cuando me pongo cazurra.

En lo que se refiere a la ceremonia, que será por el rito católico. Te recuerdo que Draco ya dijo que era de ideas católicas (o anglicanas) durante las navidades, de Hermione no se sabe del todo, pero se le puede suponer también una ligera educación en las costumbres anglicanas. Comprobado con sacerdotes en otra ocasión que no viene al caso, la iglesia anglicana y la católica apenas difieren en algunos aspectos, en lo que se refiere a si sería legal o no, con tal de que uno de los contrayentes esté bautizado, es más que suficiente. ¿Te imaginas un vampiro siendo bautizado? Menos mal que el chaval tiene fortaleza como para soportar estar en medio de una basílica con FE a nivel 10, porque mira que hacerle la putada de sumergirlo en agua bendita... Y no te preocupes porque Tony pueda raptarlos, te recuerdo que es un maniático del orden (tiene un TOC de niveles insospechados) y será uno de los que terminará encargándose de cuarenta mil detalles de la boda en sí.

Sí, entre los invitados que tengo planeados para la boda, están los amigos de Hermione. Aciertas en lo del avión privado (Aerolíneas Giovanni suele ser la encargada del transporte de personal para los vampiros, pero Luc tiene su propio Jet para cuando no quiere tener nada que ver con los Giovanni). La lista de magos asistentes a la boda será cortita también y no, Ron no está en la lista de invitados.

La decisión de invadir. En la familia tenemos un gran número de expertos militares, muchos de ellos generales en su época de humanos, por lo que es normal que cada uno haya recibido sus órdenes para encargarse de cada aspecto necesario durante la invasión. En cierto modo no sólo lo hacen para proteger a los alumnos, también está el que su paciencia ha llegado al límite y no piensan seguir aguantando a una panda de niñatos que quieren subírseles a las barbas.

En lo relacionado con las vacaciones de los otros, tampoco quise explayarme mucho con las explicaciones porque ya tenía pensado hacer este capítulo que acabas de leer, en el que el propio Zach daría su versión de las mismas.

Tengo intención de subir un capítulo por semana en estas fechas, por lo que la invasión se acerca y en nada podrás disfrutar de todos los detalles jugosos.

Hasta aquí puede mi mente hoy, te aseguro que tú solita aclaras gran parte de los intrigantes, luego yo los elaboro un poco más y dejamos una explicación bastante amplia de cada aspecto entre las dos. Kelen te lo agradecerá, seguro.

Besazos enormes, cariño.
Madie

PD: Tú tardaste tres días en poder leerlo y terminaste de escribir el review de madrugada... yo tardo más de una hora en responderte, jajajaja. Estamos como cabras, tú y yo.