La segunda audiencia

- ¿Cuál es la primera pregunta que nos hacemos cuando vemos a estos dos estudiantes parados al centro, acusados de hacer algo bastante, digamos, grave?- Sami miró a Artemis y a Saba por encima de los ojos y luego miro a los tres bloques frente a ellos- ¿Por qué ellos? ¿Por qué no estudiantes mayores? De último año, tal vez, haciendo jugarretas como ritual de despedida. A todos nos gustan los rituales de despedida. Y también nos gusta innovar cada año. Volar de noche, nadar en el lago de Stormenhand sin ropa, cambiar los olores de las salas de estudio de Valthemoon, en fin… ustedes han tenido un ritual- les dijo a los miembros de la Trinidad, a Viper y al señor Edge- nosotros- miró a los representantes del Consejo Estudiantil- esperamos el nuestro. Pero no hay en la historia de Goldenwand un solo ritual que implique tanta violencia y tanto desdén por las normas como la liberación de las criaturas del señor Edge. Eso no es un rito de pasaje, ni está hecho para divertirse. Es un acto que requiere planeamiento, esfuerzo y mucho control de la magia que se usa, acciones que a su vez necesitan de un motivo mucho más fuerte que la despedida de la escuela para realizarse- Sami suspiró- pero sigo sin responder mi primera pregunta. ¿Por qué ellos? Porque no necesitan ser estudiantes de último año. Son una caja de Pandora-

- ¿Y usted va a abrirla y a desatar todos los males del mundo?- preguntó Viper, con gracia.

-Si me dan la oportunidad-

-Abrir la Caja de Pandora, Artemis. Tu caja. Tus secretos-

-No, no lo haría-

- ¿Segura?-

-Adelante- invitó Viper.

Sami asintió, complacida. Estaba parada al lado de la silla que ocupaba el señor Edge, con los brazos cruzados y una mirada indescifrable. Ese gesto y esa postura hicieron que Artemis recordara la única fotografía que había visto del papá de Sami, Antón Sodeburg, en la que estaba parado de la misma manera, rodeado de gente muy importante (según lo que su mejor amiga le había dicho). Ella atesoraba esa foto.

-Primero quiero preguntar algo- dijo Sami, con tranquilidad, mientras giraba la cabeza para ver directamente a Saba a los ojos- señor Schnuppermault-

-Puedes llamarme Saba. Y tutearme- la voz se Saba retumbó en todo el Salón con una seguridad que no parecía venir del chico alto y delgado que había sumido toda su luz y era lo menos brillante que podía. De pronto, Artemis lo sintió perfectamente, Saba desencadenó todo su brillo y fue elfo, veela y brujo de golpe.

Todos lo notaron, incluso Sami, quien demoró un rato en contestar.

A pesar de que Artemis se alegrara, se preguntó si hacer eso era inteligente. Tonda tal vez se habría negado, tal vez estaría palmeándose la frente si lo viera. Tal vez Saba, siendo todo lo que era, se estaba poniendo en evidencia.

-No- retomó Sami- no puedo, el Código—

-El código lo permite- cortó Saba, secamente- las audiencias deben ser lo más horizontales posibles, no son juicios, son más como claustros, juntas, reuniones. El código también dice que tú y yo somos pares, así que me llamarás Saba y yo te llamaré Sami-

Eso sí no era una buena idea, Artemis estuvo segura. Llamar a Sami por su nombre durante todo ese proceso lo haría más personal. Cerró los ojos con pesar y esperó que la luz de Saba la volviera tan pequeña e insignificante como en los viejos tiempos.

-El Código también habla de conflicto de intereses y dado que está estipulado que nosotros tenemos una relación de amistad…-

-Justamente por eso, quiero que si me acusas de algo lo hagas en mi cara y diciendo mi nombre-

-El Código…-

-Si alguien vuelve a mencionar ese código, cancelaré las audiencias- advirtió Viper, irritado.

-Saba tiene razón Sami- dijo el profesor Dimber, casi sobre las palabras del Subdirector- estamos tratando una denuncia seria que debiera ser resuelta de manera… menos impersonal-

-Pero…- Sami miró a Dimber y a Viper con los labios pegados, conteniendo, de seguro, las mil y una acepciones del Código que demostraban que eso que los dos hombres más poderosos de la escuela estaban diciendo estaba mal. Luego miró a sus compañeros del Consejo Estudiantil y estos asintieron, compartiendo el tenue terror en la mirada. Sami se tomó unos segundos para recomponerse y asintió- bueno- volvió a mirar a Saba- ¿eres 100% humano?-

Saba soltó una risotada antes de responder.

Una representante de Darkenlord suspiró.

-No- respondió Saba.

- ¿Entonces eres…?-

-Mi padre es un elfo y mi madre es mitad veela y mitad bruja-

-O sea que tu parte dominante es la élfica-

Saba volvió a soltar una risita y miró a Artemis, quien lo acompañó durante unos minutos.

-Eso está por verse- respondió, sonriendo y haciendo reír a Artemis y al resto del Salón (aunque los demás no supieran por qué lo hacían). Sami, en cambio apretó los labios.

-Pero fuiste criado como un elfo- continuó.

-Y como veela, y como humano y como brujo-

- ¿Dónde viviste hasta los ocho años?-

Saba miró a Artemis fugazmente. Su sonrisa había desaparecido. Sami había empezado a usar como información los recuerdos que ellos habían compartido en amistad.

-En la comunidad élfica a la que pertenecen mi padre y mi abuelo, en Nueva Zelanda- respondió Saba, mirando fijamente a Sami.

- ¿A la que regresas seguido?-

-Todos los años-

-Entonces, digamos que sí fuiste criado dentro del marco de la cultura élfica- apreció Sami, como quien no quería la cosa- es más, tu lechuza…-

Artemis giró bruscamente para ver a Sami y por un milisegundo ella le correspondió la mirada, seca y calculadora, indolente ante el reproche que le hacía Artemis, quien se había dado cuenta de la trampa que le había tendido a su mejor amigo: Saba no soportaba que alguien se dirigiera a Lossentaur como nada menos que una magnífica criatura mágica. Y odiaba que le dijeran que era simplemente una lechuza con brillo, Sami lo sabía bien, porque lo había molestado de esa manera durante años. En broma.

-Aven- corrigió Saba, calmado.

Seguro él también se había dado cuenta de la trampa.

-Aven, qué tonta. Perdón. Entonces, tú, como elfo, tienes un aven que te sirve de mensajero ¿no?-

-No. Los avens no sirven- miró a Artemis nuevamente, contrariado y molesto, miró a quienes los miraban y luego volvió a su mejor amiga, a quien le dedicó una sonrisita resignada- los avens y los elfos están ligados desde la existencia de ambas especies- explicó, mirando a su público- sus almas son afines. A lo que Sami quiere llegar es que les cuente que me dieron a Lossentaur cuando era un huevo y yo, muy niño, porque suele hacerse con todos los elfos cuando son muy niños, tuve que cuidarlo. Abrigarlo, limpiarlo, evitar que se rompiera… hasta que saliera de su cáscara. Mis ojos fueron los primeros que vio. Mi calor fue el primero que sintió. Crecimos juntos, como hermanos y lo más probable es que muramos juntos-

-Es tan lindo…- suspiró la presidenta del Consejo Estudiantil.

Todos parecían conmovidos por el discurso de Saba, incluso Viper, que lo miraba con una sonrisita anhelante, como si él también quisiera tener una relación así en su vida. Artemis sintió la calidez del alivio expandiéndose por su pecho, pero no durante mucho tiempo, porque sus ojos volvieron a chocar con los de Sami. Y parecía furiosa.

-Listo, te ahorré la saliva- le dijo Saba.

-Sí y también estableciste tu motivo- dijo Sami, pero no parecía complacida.

- ¿Cuál es ese?-

-Está clarísimo: teniendo una relación tan íntima con tu mascota—

-No es mi mascota-

Sami sonrió. Artemis buscó su mirada para pedirle que se detuviera.

-Perdón. Lossentaur y tú son como hermanos, ¿verdad? Sienten lo que el otro siente-

-Es verdad-

- ¿Y también es verdad que los avens son criaturas igual de sensibles que los elfos?-

-En cierta manera sí-

-Pueden morirse de pena, digo-

-Sí-

-Los avens-

-Sí-

-Y los elfos-

-También-

-Es increíble que tengamos a alguien tan sensible frente a nosotros y apenas nos demos cuenta- miró a los miembros de la Trinidad, a Viper y a Morgana Gabrián- entonces, ¿se imaginan cómo fue la primera vez que Saba supo que muchos avens, hermanos de su hermano, hermanos suyos, por lo tanto, estaban encerrados en un cuarto tan pequeño? ¿Tal vez llorando?-

- ¡Hey! La estancia en la que los tengo es enorme. Una de las más grandes de esta escuela, dígaselo, director Dimber- intervino el señor Edge, poniéndose de pié y mirando ofendido a Sami.

-Lo siento señor Edge, pero puede que esa estancia grande no sea lo suficiente para animales tan libres y sensibles como—

-Yo me he asegurado todos los años que mis tesoritos vivan la mejor—

- ¿Sus?- preguntó Saba.

-Saba, no- susurró Artemis.

Sami sonrió.

-Los avens no le pertenecen a nadie- aseguró Saba.

- ¿Ni a ti?- preguntó Sami, con inocencia.

-Lossentaur es mi hermano, no mi… podría irse si lo quisiera, lo que lo mantiene unido a mi es el lazo-

-Bueno, bueno, no quiero pelearme con tus creencias, hijo- trató de tranquilizar el señor Edge, sonriendo- las respeto—

-No son creencias, son hechos. Un aven es un ser sensible, no puede estar encerrado y mucho menos puede ser el tesorito de nadie-

-Saba…- Artemis intentó tomar su brazo disimuladamente para que se detuviera, había empezado a alterarse.

- ¿Y si alguien encerrara a Lossentaur en una jaula?- preguntó Sami.

-Nadie haría eso-

-Imaginemos que sí. Los avens lloran también, ¿no? ¿Lloraría?-

-Basta- intervino Artemis sin poderse controlar.

Lossentaur se la había pasado llorando toda la noche anterior y Saba había tenido que sacarlo con mucho cuidado de la lechucería y acariciarlo toda la noche para que se tranquilizara. También le había cantado, Artemis lo escuchó todo desde su balcón. Y escuchó cómo la voz de Saba se quebraba en algunas ocasiones, pero volvía a recomponerse.

Era obvio que la pena de Lossentaur hería profundamente a Saba. Y por alguna razón, Sami parecía saber lo que había pasado.

-Lloraría- intervino Saba.

Nadie pareció haber escuchado a Artemis.

-Ayer en la noche- empezó a contar Sami al quienes la oían- quise enviar una carta a casa, pero ninguna lechuza estaba en la lechucería. Sólo Lossentaur, emitiendo un cantito ligerito, relativamente triste, sí, pero… ¿llanto? En fin. Me quedé esperando a que alguna lechuza volviera y cuando una lo hizo, se dio media vuelta- Sami fingió sorpresa- chillando. Batió sus alas y se alejó. ¿Fue por el llanto, Saba?-

-Es probable-

- ¿Tanto dolor puede causar un cantito como para alejar a los demás animales?-

-Sí-

- ¿Y más de veinte? ¿Cómo sería si más de veinte avens lloraran a la vez? Ningún pájaro se acercaría y probablemente se distinguiera mejor la pena. Pero yo soy sólo bruja. Tú- Sami se acercó a Saba- Saba. ¿Qué sentirías?-

Saba trató de respirar profundamente, pero era demasiado tarde. La mirada de Sami penetraba sus pensamientos y no le dejaba espacio para la tranquilidad. Artemis tomó su mano para darle fuerzas y notó que estaba cubierta de ese sudor espeso y frío que caracterizaba a sus episodios.

-No lo sé- respondió Saba como pudo, parecía a punto de ahogarse- no me ha pasado-

-Basta- le dijo Artemis a Sami, aprovechando que estaba cerca.

- ¿No? Porque yo recuerdo haber estado ahí-

-Basta-

-Contigo. Hace unos años, cuando escuchamos un sonidito a través de una puerta-

-Sigue usando recuerdos personales, Sami- le dijo Saba, casi sin aire- vamos, ya casi lo logras-

Sami lo ignoró.

-Era la puerta que llevaba a la estancia de los avens del señor Edge. ¿Recuerdas cómo reaccionaste?-

-No. ¿Tú sí? Qué conveniente-

-No se trata de conveniencia, pero bueno. No sabes cómo reaccionarías al escuchar a veinte avens atormentados. Bueno- Artemis volvió a buscar la mirada de Sami con urgencia, ambas sabían que Saba sí lo recordaba, que ese momento lo había vuelto loco, que esa fue la primera aparición en su vida del perfil de ave y que habían tenido que pasar años para que el recuerdo de ese sonido, de esa sensación no le diera pesadillas- recapitulo. El aven es el hermano de un elfo, su compañero de vida- sonrió mirando al profesor Viper- lo leí por ahí- por eso a veces mueren juntos, como nos contaste-

-No siempre…- susurró Saba. Artemis se volteó a verlo y luego miró al profesor Dimber y al profesor Viper con temor: su mejor amigo estaba pálido, sin luz. Y el perfil de ave, ese perfil maléfico, estaba a punto de aparecer, por mucho que su mejor amigo intentara controlarse-

- ¿Perdón?-

-No siempre son compañeros de vida-

-Pero en tu caso sí-

-Basta, Sami- intervino Artemis, lo suficientemente fuerte como para que la escucharan todos.

-Estoy interrogando a Saba, después te tocará- le respondió Sami.

-Eso… eso no te incumbe-

-Nos incumbe a todos, Saba. Si tu compañero de vida estaba en riesgo…-

-Lossentaur nunca estuvo cautivo-

-Pero podría. ¿Qué hubiera pasado si el señor Edge lo confundía? Habría puesto en peligro a tu compañero de vida. ¿Lo podrías soportar? ¿Saber que sufrirá algún daño? ¿Estar lejos de él? ¿No harías cualquier cosa por intentar liberarlo?-

- ¡Sí!- exclamó Saba, casi sin voz- pero Lossentaur… no es…-

- ¡SUFICIENTE!- bramó Artemis. Todos la miraron, pero ella sólo miraba a Sami con los ojos de quien ve a alguien por primera vez- ¿no te das cuenta de que está enfermo?-

-Es fuerte, puede—

-No. Ha estado enfermo hace poco tiempo y toda tu instigación le ha devuelto las migrañas. Míralo- se volvió hacia el profesor Dimber- si quieren, alguien puede venir a confirmar su estado-

-Yo lo haré- se ofreció Sami, dejando por un momento la careta acusadora.

-No, tú no- negó Artemis.

Sami la miró como si acabara de abofetearla.

-No será necesario- dijo el profesor Dimber- todos podemos ver a Saba… será mejor que suspendamos la sesión por hoy y que lo llevemos rápido a la enfermería-

-Sí, por favor- pidió Artemis.

Sami miró a sus compañeros del Consejo Estudiantil y estos negaron disimuladamente.

-Director Dimber- llamó Sami, a prisa- estoy de acuerdo con que Saba tenga un descanso, pero Artemis está sana y puede—

- ¿Qué más quieres?- le preguntó Artemis, sin creer lo que estaba escuchando.

-Terminar mi trabajo- respondió Sami.

- ¿Estarías dispuesta a hacer eso, Artemis?- preguntó el profesor Dimber.

-No- susurró Saba, que ya se sostenía del cuerpo de Artemis para mantenerse derecho.

Artemis miró a Sami y a la sombra de Tonda detrás de ella, también le decía que no, que dijera que no, que quería estar con su mejor amigo. Así el juicio podría posponerse indefinidamente.

-Sí, ¿pero puedo acompañar a Saba un rato afuera?-

El profesor Dimber asintió con cariño.

-Puedes tomarte 10 minutos. Que nos sirva de receso a todos-

-Yo me encargo de acompañar a Black y a Schnuppermault- la gárgola Gamma se puso de pié con agilidad y escoltó a los dos estudiantes fuera, haciéndolos pasar junto a una Sami que no terminaba de entender cómo el poder que tenía en sus manos se le había escurrido como arena.

Ni bien las puertas se cerraron tras ellos, Saba cayó sobre sus rodillas.

-Saba…- Artemis se hincó junto a él y con la ayuda del profesor Gamma, lo ayudó a sentarse en uno de los anchos sillones de madera que estaban pegados a los muros.

-No fue inteligente venir enfermo, Schnuppermault- masculló Gamma.

-No- ladró Saba.

Artemis se apuró para controlar la situación. Que empezara a ponerse hostil sin razón alguna era una mala señal.

-Profesor, ¿puedo hablar con Saba a solas?-

-Toca cuando quieras entrar. Nadie saldrá- le dijo Gamma, asintiendo.

Artemis esbozó la sombra de una sonrisa y asintió también.

Con mucho cuidado, Gamma se deslizó a través de un resquicio de la puerta y la cerró tras su larga cola de caballo. Artemis se acercó a Saba con cuidado y le dio un apretón cariñoso en el brazo.

- ¿Quieres que me quede un rato más?- le preguntó.

- ¿Por qué… estás… tan… tranquila?-

-No sé- admitió Artemis- sé que se te va a pasar el malestar si te echas un rato en el pasto y respiras…-

-No me… refiero… a mí-

-Anda de una vez-

-No… vas a… entrar- le advirtió Saba- no… sin mí-

-No voy a dejar que entres así. Te puedes poner peor-

-Sami está…-

Artemis asintió.

-Anda descansa-

- ¡No!- Saba se puso de pié con dificultad, pero decidido. Artemis lo retuvo con sus brazos, lo miró a los ojos y con un gesto, le indicó que la leyera.

Minutos después, Saba estaba sentado nuevamente, desarmado, con los brazos abiertos y la mirada tranquilizadora de Artemis encima.

-Sé lo que hago- le dijo, con seguridad.

-Ten cuidado- fue lo único que Saba pudo susurrar.

-Anda a descansar, nos vemos mañana-

Y sin esperar a que su amigo le hiciera caso, le dio la espalda y caminó mecánicamente a la puerta, pero antes de tocar, deslizó sus dedos a través de los pliegues de su túnica y tomó el frasquito que le había dado el profesor Gamma, aquel que ella se había ganado en ese punto de su entrenamiento, el que iba a impedir que se descontrolara. Abrió la tapita con los dientes y sorbió un poco por la comisura libre de la boca. Volvió a tapar el frasco y lo escondió nuevamente. Tocó.

- ¿La tomaste?- preguntó Gamma, rápidamente, al hacerla entrar.

Artemis asintió levemente.

Ambos compartieron el camino hasta el púlpito en silencio, no se miraron al separarse, pero Artemis pudo sentir una oleada de confianza que venía desde su profesor. Cuando llegó a su lugar se acomodó, con los pies bien plantados en el piso y la cabeza erguida.

- ¿Saba se encuentra mejor?- preguntó el profesor Dimber.

-Va a estar mejor- le dijo Artemis.

-Continuemos entonces- añadió el profesor Viper- Sodeburg…-

-Bueno, como ya se habrán dado cuenta, lo que estoy tratando de demostrarles es que tanto Saba como Artemis son responsables de la desaparición de los avens del señor Edge. Por un lado, creo que ha quedado más que claro, aunque no lo haya confesado explícitamente, que Saba fue el autor intelectual. Su amor por estos animales, así como su sensibilidad élfica lo llevaron a…-

-Ya sabemos- cortó Viper, parecía interesado en lo que seguía- Schnnupermault fue el de la idea… y Black ¿qué? ¿La fuerza bruta?- sonrió.

-Exactamente- admitió Sami, con seriedad- todos la vemos aquí jorobada y pálida, muchos de ustedes saben que su salud es delicada, que a veces pasa más tiempo en la enfermería que en su propia habitación… pero eso es sólo la cubierta del libro. Detrás de la palidez, de la enfermedad, detrás de la Invisibilidad y mediocridad de Artemis Black se esconde una persona capaz de hacer más de lo que los mejores estudiantes de último año pueden hacer-

- ¿Ah sí?- preguntó Viper, incrédulo.

-Señorita Sodeburg, es necesario detener el proceso en este momento- intervino Morgana Gabrián, cansada- todos estamos muy ocupados y no tenemos tiempo que perder en algo que, francamente, no puede ser posible- miró al profesor Dimber- yo soy tutora de Artemis. Tengo el record de sus notas desde primer año. Ustedes son sus profesores y saben bien que Artemis es una buena chica pero tiene muchas… falencias académicas. A excepción de la esgrima, claro, pero no veo cómo eso podría haber ayudado a lo que usted propone que hizo-

Sami sonrió.

-Sabría que diría eso. Pero Artemis ha demostrado ser tan buena escondiendo secretos como un Darkenlord. No voy a dar más vueltas porque… no quiero gastar más de su tiempo. ¿Sabía usted, por ejemplo, que Artemis participa en la Sociedad Secreta del Salto?-

Morgana Gabrián miró a Artemis con los ojos muy abiertos, ofendida.

- ¿Es cierto?- le preguntó.

-Es una Sociedad Secreta- admitió Artemis.

-No puedo creerlo…-

Viper soltó una risita y los miembros del Consejo Estudiantil empezaron a cuchichear entre ellos. Los miembros de La Sociedad Secreta del Salto eran considerados por todos como personas tan chifladas como la misma Ursa Áter, que no tenían nada más estúpido que hacer por la vida que lanzarse al vacío una vez al año.

Los únicos que permanecían impasibles eran el profesor Gamma, el director Dimber y Artemis.

- ¿Desde hace cuándo?- exigió saber Morgana Gabrián.

-Es una Sociedad Secreta- respondió Artemis.

- ¡Soy tu tutora y tengo el derecho de saber!-

-Las Sociedades Secretas sólo responden a sus miembros-

-No nos desviemos del tema- intervino Sami- lo importante de que Artemis Salte todos los años está en estos dos puntos: ha sido capaz de mantener el secreto durante muchos años y… no le tiene miedo a las alturas. Es obvio que es lo suficientemente temeraria como para entregarse a un proyecto casi suicida-

Los miembros del Consejo Estudiantil asintieron todos a la vez.

Artemis no se movió.

- ¿No te defiendes, Artemis?- preguntó Sami.

-No me estás atacando- admitió ella.

- ¿No consideras lo que acabo de decir como un ataque?-

-No. También he llegado hasta el fondo del Lago de Stormenhand en tercero- recordó Artemis con tranquilidad- es un lago muy profundo. Pero no creo que demuestre nada-

-Son dos cosas muy diferentes-

-Nos sumergimos entre compañeros y con un profesor a cargo. Es lo mismo. También pude haber muerto-

- ¿También lo haces todos los años?-

-Sí-

Sami miró a Artemis con gravedad.

- ¿Por qué?-

-Para conocer mejor la escuela. La vista desde arriba es impresionante. Desde abajo también-

El profesor Viper soltó una carcajada.

Sami enrojeció.

- ¿Y qué me dices de tu mediocridad en los cursos?-

Artemis se encogió de hombros.

- ¿Te consideras una bruja mediocre?-

-No lo he pensado-

-Claro que no. Yo que tú no lo haría, tendría la seguridad de que no lo soy, después de todo… hacer un patronus en forma de un halcón enorme es todo un logro-

El corazón de Artemis se detuvo.

La sala se quedó en silencio.

-Es imposible- susurró la presidenta del Consejo Estudiantil.

- ¿Es cierto, Black?- preguntó Viper.

Artemis sintió como su ojo todopoderoso se ceñía sobre ella, cómo la miraba con cada vez más interés y casi podía ver cómo su Invisibilidad desaparecía, cómo sus secretos empezaban a ser revelados, como quien desmadeja poco a poco una red muy complicada.

-Sí, Subdirector- respondió ella, no se atrevía a mentirle a Viper. Pero tampoco a verlo a la cara.

- ¿Es cierto?- aulló Morgana Gabrián.

-Muéstranos- invitó el Subdirector, intrigado y divertido.

Sami, a un lado, sonreía.

-No puedo- admitió Artemis, tratando de mantenerse compuesta, cuando lo único que quería era salir de allí corriendo.

- ¿Por qué?-

-Este no es el momento más feliz de mi vida, Subdirector-

-No tiene que serlo, sólo tienes que invocar ese momento en tu cabeza-

-No podría- admitió.

-Esfuérzate- ordenó Viper.

Y todos comprendieron que lo estaba haciendo. Artemis se estremeció y sintió cómo sus ojos se llenaban de lágrimas. Algo le dolía. Las miradas de todos, atentísimas a sus movimientos, incrédulas, expectantes, burlonas. Se sentía abandonada, desnuda ante un poder que se levantaba sobre ella y la miraba toda, se adueñaba de ella.

-Está bien, Artemis, muéstrales-

De pronto, el profesor Gamma se puso de pié de su silla y caminó hacia Artemis, una vez más.

- ¿Tienes algo que ver, Gabriel?- preguntó el Subdirector Viper.

-No- dijo Sami, rápidamente.

-Perdona por no habértelo dicho antes, Vega, pero fue algo tan insignificante que no valía la pena tu tiempo. Le estoy dando clases auxiliares a Black. Lamentablemente apenas tengo tiempo en el día para comer, así que nuestras reuniones tienen que darse muy temprano en la mañana o pasando la hora del toque de queda, de eso sí estás enterado, Black tiene un permiso-

-Sí, pero qué tiene que ver eso con que pueda hacer un patronus-

-Que tiene que pasar por el Bosque en horas en las que las Lámpades buscan comida cerca de los límites. Black vio una a lo lejos un día. No podía dejar que la ataquen. Así que le enseñé- Gamma llegó junto a Artemis y le estiró una mano para que bajara del púlpito, ella no la tomó pero se puso a unos pasos del profesor en el acto- quería que mantengamos esto en secreto, es lo más adecuado-

-No… no puede ser- susurró Sami.

- ¿Dime Sami?- el profesor Gamma se volvió a ella con el gesto duro.

-Nada, profesor-

-Muéstranos- ordenó Viper.

-Concéntrate- le susurró Gamma.

-No puedo-

-Sí puedes, hemos estado en peores situaciones-

-Profesor…-

-Hazlo y todo se acaba, te lo prometo-

Artemis lo miró fijamente a los ojos. Gamma le sonrió con confianza y esa sonrisa la llevó a lugares mejores, lejos de ese salón que se había puesto frío de pronto, lleno de ojos y de bocas que no se callaban. La llevó a su sala común, donde estaba Saba, echado, dormitando. Y más allá aún, a su casa, con su papá, su tío, su hermanito y Saba, que la esperaban en la sala de muebles destartalados tomando chocolate en medio de una lluvia torrencial, protegidos por el fuego y por la calidez de las bebidas. Y ella, protegida de todo por la calidez de quienes la rodeaban. De sus hombres que la querían más allá de las palabras y las miradas.

Recordó, entonces, el porte adusto de su padre, incluso cuando estaba haciendo algo tan mundano como tomar chocolate. Recordó cómo le sonreía cuando la llamaba por su nombre y le decía "pequeña buscaproblemas".

- Expecto Patronum- dijo, blandiendo la varita como un látigo, apuntando el encantamiento hacia Sami.

Todos soltaron una exclamación de sorpresa cuando un enorme halcón voló en dirección a ella y se mantuvo así, aleteando sus alas plateadas a unos centímetros de su cuerpo. Incluso uno que otro miembro del Consejo Estudiantil aplaudió.

-Está perfectamente definido y muy fuerte- observó el profesor Dimber- felicitaciones Artemis- le dijo, con una sonrisa- buen trabajo, profesor Gamma-

-No fue fácil- admitió este, dándole la espalda a Artemis sin más y volviendo a su lugar.

- ¿Esto prueba algo?- preguntó Artemis, sintiendo cómo las olas de la calidez de sus recuerdos llegaban a ella a través de su halcón.

-Que la profesora Gabrián no debe considerarte como una decepción- admitió el Subdirector Viper, mirando al halcón de Artemis con recelo- tampoco como un prodigio, claro, este encantamiento puede ser muy fácil de hacer si le agarras el truco y no hay nadie mejor que Gabriel para enseñar pequeños trucos-

Artemis no captó la indirecta, estaba demasiado ocupada mirando a Sami a los ojos, fijamente. Y ella sostenía la mirada, por primera vez en esos dos días. Sabía que lo estaba haciendo porque tenía el pico de su halcón prácticamente clavado en su nariz pero no le interesaba. Quería que la mirara, quería que le dijera…

No. Ya no quería que le dijera nada.

-No es sólo… no es sólo un pequeño truco- dijo Sami, intentando no ponerse nerviosa por la cercanía del patronus- es la prueba de que Artemis puede manejar magia poderosa desde muy joven-

-Aprendí el encantamiento este año- mintió Artemis.

-No es cierto, yo estaba ahí-

- ¿Cómo? Tú no llevas clases auxiliares-

-Yo estaba ahí… Saba estaba ahí cuando por primera vez hiciste el patronus, después de que ganaste el Pre Torneo de Esgrima-

- ¿Estás diciendo que el profesor Gamma miente?-

Todos miraron a Sami.

-No. Pero… ¿puedes quitarme tu halcón de encima, por favor?-

Artemis hizo que su halcón desapareciera al instante.

-Pero entonces- retomó Artemis- cómo explicas que yo supiera que podías hacer un patronus, de qué forma era y hasta de qué tamaño-

-Porque te lo conté, puede que te lo haya mostrado, como amigas. ¿No es lo que has estado haciendo todo el día? ¿divulgando información que conseguiste en amistad?-

-Artemis…- el profesor Dimber llamó su atención.

-Lo siento, profesor- miró a Sami- ¿qué más tienes que decir sobre mí que pruebe que hice lo que dices que hice? ¿Que mi papá es Sirius Black, el criminal? Todo el mundo lo sabe, pero sólo lo he visto una vez, en Azkaban. No me ha criado un criminal. Y no tengo "genes criminales" porque hasta el día en que llegó esta carta yo era una estudiante mediocre que no se metía con nadie-

-Una buena niña- admitió el señor Edge, sonriéndole a Artemis- si no fuera una buena niña no podría hacer un patronus con tanta facilidad, ¿no?- preguntó, pero Artemis no supo a quién, porque sus ojos estaban en Sami y en cada uno de sus movimientos.

-Ganaste el Pre-Torneo de esgrima- soltó Sami, intentando empezar otra discusión.

-A mediados de tercero- recordó Artemis.

-No significa que no fueras la mejor antes-

-Significa justamente eso-

-Buena, quise decir buena-

-Ya establecimos que soy buena en la esgrima, pero no tanto como para abrir puertas con mi florete-

Viper soltó una carcajada burlona.

Sami se puso roja.

-Creo que ya hemos escuchado todo lo que teníamos que escuchar sobre la señorita Black- dijo el Subdirector, cuando dejó de reírse- ¿podemos acabar con esta sesión de una vez?-

- ¿Sami?- consultó el Director Dimber.

Sami no supo que responder.

Artemis seguía con la mirada fija en ella, dura, atravesándole el cerebro como ella había travesado el de Saba.

-Supongo que por hoy hemos terminado, continuaremos la siguiente sesión con el último tramo de las interrogaciones y la sentencia- dijo Sami, tratando de retomar la compostura

-Un momento- el Director Dimber se puso de pié- yo sé que esto es muy importante para ustedes- miró a Sami y a los miembros del Consejo Estudiantil con mucho cariño- porque ha tomado tiempo y esfuerzo armar una acusación así. Tiempo que apenas tienen porque no han interrumpido sus funciones como Delegados ni Cordones Gruesos. Por eso les pido hoy que tengan la misma consideración con sus compañeros Artemis y Saba, que han desgastado sus cuerpos y sus mentes tanto como ustedes, aunque no de la misma manera-

- ¿Qué consideración pide, Director Dimber?- preguntó Sami, nerviosa.

-Que esto acabe ahora mismo. Artemis puede ir a buscar a Saba y en esos minutos que se tome, podremos llegar a una decisión-

- ¿En tan poco tiempo, director?-

-Mi mente está decidida-

-La mía también- admitió el profesor Gamma.

-Yo aún mantengo la duda razonable- dijo Morgana Gabrián.

- ¿Suficientemente razonable como para tomarte una semana en resolverla, Morgana?- preguntó el profesor Dimber.

-No, supongo que unos minutos serán suficientes-

-Muy bien. Media hora. Artemis, tenemos que pedirte que dejes el salón. Ve a buscar a Saba y regresa en treinta minutos- el profesor Dimber señaló seriamente la puerta- ¿entendido?-

-Sí, prof… Director Dimber-

-Ve-

-Tenemos que llamar a Marcus- le dijo Saba, cuando Artemis terminó de contarle lo que había pasado en su ausencia.

El semblante del elfo había mejorado considerablemente, incluso recuperó parte de su brillo élfico, pero las marcas rojas en sus ojos le decían a Artemis que el perfil de ave no estaba lejos. Por primera vez en todo el tiempo que Saba tenía esos episodios, no tuvo miedo, porque sabía que Sami no iba a hacerle nada más a su mejor amigo. ¿Cómo estaba tan segura? Porque ella no lo iba a permitir.

-Podemos hacerlo después- admitió Artemis.

-No, tiene que ser ahora. No me demoro-

-No deberías ir caminando por ahí así de débil-

-Caminar me ayuda-

Artemis asintió.

Saba volvió exactamente media hora después y encontró a Artemis encarando las puertas del salón dorado, con la espalda más derecha que nunca y una mano temblorosa sobre la madera. El elfo se puso a su lado sin decirle nada y ambos tocaron a la vez, sin planearlo.

Lo que pasó a continuación fue para Artemis una sucesión de palabras y acciones cubiertas por una nube demasiado densa como para atravesar. Oyó de lejos decir a Dimber que no sólo los declaraban inocentes, sino que se les borrarían los Sobres Blancos del registro permanente de la Confederación. Creyó distinguir entre los miembros del Consejo Estudiantil la frustración y la tranquilidad, sintió el abrazo cariñoso que el señor Edge les dedicó, mientras les decía algo parecido a que si hubiera sido por él, ellos jamás habrían tenido que… pero lo único que vio con claridad, como un rayo de luz, fue a Sami, con los brazos cruzados, derrotada sobre sí misma, oyendo el sermón que la profesora Gabrián le daba. Artemis se sorprendió porque esa chica era muy diferente a la niña que había conocido en primero, en segundo, en tercero y hasta en cuarto. Era más alta (o tal vez más imponente) de lo que recordaba y en su perfil había una marca de dureza que jamás había existido.

En algún momento, Sami había cambiado. Y ellos no estuvieron presentes.

Ni bien Saba abrió las puertas, Marcus empezó a caminar a su lado, disimuladamente.

-Dile a Tonda que ya está- dijo el elfo.

Marcus asintió y se despidió con una sonrisa de tranquilidad.

Si todo iba de acuerdo al plan de Tonda, y las cosas por lo general sucedían así, nadie recordaría el escándalo de los Sobres Blancos al día siguiente y el nombre de Artemis Black volvería a fundirse con el del montón de estudiantes de la escuela, gracias a un pequeño escándalo que el más grande informador de Valthemoon preparaba desde hacía mucho tiempo ("listo para soltar cuando sea necesario, así es como se hacen las cosas, chicos"). De lo que todos hablarían al día siguiente y que tendría las cabezas de Delegados y Comandos ocupadas por lo menos por una semana, sería del uso de ciertas sustancias prohibidas en los menjunjes que casi todos los de último año compraban clandestinamente cada vez que se acercaban los finales y que los mantenían despiertos, atentos y extrañamente más proclives al aprendizaje. Los Jugos Mágicos que el mismísimo Tonda preparaba y comercializaba.

"Un pequeño sacrificio para un bien mayor. Además ya me cansé de prepararlos, la demanda ha aumentado demasiado."

Artemis y Saba caminaron sin detenerse hasta llegar a la puerta del gimnasio. No tenían idea de por qué, pero allí pararon y allí se separaron, con palabras confusas y abrazos fallidos. Como una autómata, Artemis caminó hasta las habitaciones con chimeneas que servían para hablar con su papá, pensando en que lo único que quería era hablar con su papá y con su tío Remus. O tal vez estarse callada, pero sentir el brillo azul que los dos irradiaban cuando usaban ese líquido que se parecía a los polvos flu, pero que no era eso. No era eso.

Abrió la puerta lanzándose sobre ella y convocó a su familia con un latigazo.

Su papá y su tío aparecieron de inmediato, como si la hubieran estado esperando, al verla, sus rostros fueron de la anticipación a la preocupación en un segundo. A la pena. Artemis no supo por qué. Ella había estado tranquila todo el segundo tiempo que le había tocado quedarse sola con Sami y los demás, la había enfrentado, no había dejado que le hiciera más a Saba. Y no sudó. No lloró, no sintió nada de nada, incluso cuando la vio parada como nunca la había visto, al final de la segunda audiencia.

- ¿Y?- preguntó su papá.

-Somos inocentes. Van a borrar los Sobres del historial- dijo ella, con una voz demasiado suave para ser la suya.

-Artemis… ¿estás bien?- le preguntó su tío, acercándosele con cuidado.

Artemis negó y las lágrimas se le acumularon en los ojos de inmediato y toda ella tembló con el aullido gutural que fue su negación.

Un hombre sombra se deslizó por las paredes del Castillo Joven en una de las últimas noches frías del año. Llevaba más de una hora buscando a la mujer sombra, a la que había visto deslizarse también, escapándose de responsabilidades y deberes oficiales, fue sólo al final de su búsqueda, cuando ya se había rendido, que una idea lo golpeó con contundencia.

Gabriel Gamma reanudó su búsqueda y encontró, frente a la puerta de uno de los Salones de las Chimeneas, a Morgana Gabrián, con los brazos cruzados y la mirada piadosa sobre la aldaba, como si estuviera disculpándose con ella. Sonrió de medio labio. Morgana no tuvo que volverse para notarlo y él no tuvo que verla moverse para saber que ya sabía que estaba ahí.

- ¿Qué haces aquí?- le preguntó Gamma- te he estado buscando por todo—

-Artemis debe haberse quedado dormida ahí adentro- susurró Morgana Gabrián, llevándose una mano a la mejilla.

- ¿Y vas a escoltarla hasta la Fortaleza cuando se despierte y salga?-

-Como si lo necesitara…-

-Es una buena Stormenhand después de todo- Gamma se paró frente a Morgana Gabrián, justo entre ella y su aldaba- hey, mírame-

Morgana Gabrián se sacudió suavemente, en la noche y sin el sonido de sus tacones, sus movimientos parecían de seda.

-No la estoy espiando…- le dijo a Gamma.

-Sabes que no pensaba eso-

-…pero tenía que asegurarme de que estuviera bien, eso es todo-

- ¿Y?-

- ¿Qué?-

- ¿Está bien?-

-No ha dicho una sola palabra, sólo ha llorado- la voz de Morgana Gabrián se quebró por un segundo- desde que llegó hasta que se quedó dormida-

-No es para menos-

De pronto, Morgana miró con rabia a Gamma y le dio la espalda

-Tú no deberías saber eso- le dijo, volviendo a darle la cara.

- ¿Qué?-

- ¡Ella nunca habla!- chilló Morgana Gabrián en susurros- ¿cómo podrías saber tú, quien tampoco habla, que Artemis y Sami son, eran… tenían ese vínculo?-

-Soy tutor de Sami-

-No, Gabriel. He visto cómo te mira, cómo la miraste en todo este asunto del patronus… cómo te acercaste para ayudarla y ella te miró…-

-Morgana…-

-Como no me mira a mí en años. Ella confía en ti y a mí ni me mira y cuando lo hace es porque está respondiendo algo que le pregunto en clase… con esa mirada vacía que todo el mundo le conoce… ella… YO soy su tutora, Gabriel, yo tendría que haberle enseñado a hacer un patronus, porque, además, es parte de la currícula de mí curso… y francamente… ¿tienes idea de lo estúpida que me sentí ahí, mirando? No tenía idea de que Artemis tuviera la capacidad de hacer algo así tan grande, tan… poderoso. Y mientras lo hacía no dejaba de pensar que era imposible, porque en mi clase a penas si responde, pero contigo…-

-Conmigo es igual de mediocre, Morgana. Más, diría yo, la diferencia—

-No me refiero a eso. Por supuesto que es mediocre con todos, pero… confía en ti y no en mí. Ni Saba, los dos no me miran desde que eran niños… y yo debería… soy su familia. Son mis hijos en esta escuela. Pero no confían en mí. No me miran… y yo no tengo idea de la mitad de cosas que hacen. ¡Saltan! Le confían su vida a Ursa todos los años. ¡A Ursa! El otro día en clase tuve que ordenarles tres veces que hicieran silencio, minutos después, en esa misma clase, Ru Hugin quería hacer una observación, todos estaban practicando, haciendo ruido y moviéndose, pero sólo bastó que Ru levantara la mano y tosiera para que todos le prestaran atención. En ese momento no me di cuenta, pero ahora… los estoy perdiendo, Gabriel. A todos los de cuarto. Y no tengo idea de por qué… he hecho todo lo que un tutor debería hacer ¿O no? Tal vez sí soy demasiado joven, como decía el director Hamal… tal vez sí me falta experiencia o algo…-

- ¿Y qué tiene que ver Artemis en todo esto?-

- ¿Cómo que…? ¿No has escuchado nada de lo que he dicho?-

-Cada palabra. No me malinterpretes Morgana, no estoy subestimando tu problema, pero… la verdad es que estás aquí por culpa-

-No te atrevas—

- ¿Entonces qué haces aquí? ¿Has venido a asegurarte de que llegue sana a la Fortaleza? No-

-Porque sé que ella puede hacerlo sola-

- ¿Has venido a darle tu apoyo? ¿A consolarla?... ¿has ido a ver a Saba? No, a pesar de que él tuviera que regresar de su sala común a la enfermería porque le dolía demasiado la cabeza. Has venido a ver a Artemis porque ella confía en mí y no en ti. Y lo ha demostrado en público-

-Soy una horrible tutora, entonces. Soy una mala persona, una interesada… Ursa debe tener razón entonces, soy fría y desconsiderada…-

-Morgana, basta. Si quieres hacer de esto un drama anda con Cástor y Pólux. Estoy tratando de que entiendas algo importante-

-Me estás educando-

-Si lo quieres ver así, bien- aceptó Gamma, derrotado- no quiero ganarme una pelea contigo porque Artemis está en el medio de todo esto. ¿Quieres decir que te he educado? Bien, aquí va la lección: la razón por la que Artemis confía en mí y no en ti es porque yo no la subestimo. A pesar de que sea terrible en mi clase-

-Yo no—

-Eso es todo. Buenas noches-

- ¿Viniste sólo para hacerme sentir mal?-

-Vine para saber cómo estabas. Veo que no estás en el ánimo de una compañía como la mía, así que mejor me voy-

-Está bien- el enojo de Morgana Gabrián se desvaneció con esas últimas palabras- ¿no quieres que te avise como le va a Artemis?-

-No- admitió Gamma, mientras se iba- ella vendrá a mí-

Artemis despertó unos minutos antes de que amaneciera, sintiendo una brisa cálida acariciarle el brazo. Cuando levantó los ojos, notó que era su tío Remus, que seguía arrodillado ante ella, susurrando "shshshshshsh" bajito y mirándola toda, como cuando de niña tenía pesadillas y él iba en su rescate. Artemis imaginó que estaba en su cama en ese momento, con su tío espantándole los miedos, pero de pronto recordó lo que había pasado con Sami y sus ojos volvieron a llenarse de lágrimas.

-Tranquila… todo va a estar bien- susurró su tío Remus.

Artemis asintió sin convicción.

- ¿Mi papá?-

-Salió hace un rato, tenía que ver unos asuntos fuera de Escocia-

- ¿No han dormido nada?-

-Un poco, cada uno a un lado tuyo, por si te despertabas-

-Gracias tío-

-No podíamos hacer otra cosa, pequeña-

Artemis se incorporó torpemente, se sobó los ojos y miró a su tío.

- ¿Y ahora?- le preguntó.

-Sigues de frente- respondió él, con una voz tan llena de paz, que Artemis sintió que se contagiaba de ella.

- ¿Y si no puedo?-

-Entonces harás lo de siempre-

- ¿Qué?-

-Lo que se te da la gana-

-Tío…-

-No lo digo como algo malo. Puede que me traiga muchos problemas, pero tu instinto siempre te mantiene a salvo. Y eso es lo que cuenta-

"Tu instinto siempre te mantiene a salvo"

Artemis intentó sonreírle a su tío, pero se conformó con la mueca chueca que pudo formar. Al parecer su tío también se dio por satisfecho, porque le sonrió con calma y le acarició la cabeza antes de desaparecer.

Cuando salió del Cuarto de las Chimeneas, las primeras luces del día hacían que el Bosque se viera maravilloso, igual de adormilado que ella, entre la neblina y las gotas de rocío en cada hoja de cada árbol. Corría un viento helado delicioso, fresco, que terminó de establecer la tranquilidad que su tío había empezado a crear en ella. Se frotó mucho los ojos mientras caminaba hacia la fortaleza, los tenía llenos de legañas secas que no querían salirse de las comisuras y le picaban tanto como le dolían.

Al llegar a la Fortaleza, se deslizó como una sombra a través de los pasillos, para asegurarse de que nadie la viera llegar. Gracias a Merlín, la hora la ayudaba, debían ser las 6 de la mañana y en día de semana los únicos que estaban despiertos a esa hora eran los de últimos años, demasiado concentrados en sus tareas como para prestarle atención. Lamentablemente ni siquiera pudo llegar a la puerta de la sala común sin pasar desapercibida.

Ru la esperaba.

-Tienes la cara hinchada- le dijo, sorprendido. Obviamente había planeado decirle otra cosa, pero el semblante de Artemis le sorprendió tanto que no le quedó de otra que reaccionar- ¿has estado llorando toda la noche?-

Artemis lo miró con el ceño fruncido. ¿Y a él qué?

-Nos enteramos que los declararon inocentes. Y que quitaron los Sobres de sus expedientes… además lo que planeó Tonda ha funcionado perfecto, desde ayer en la noche todos hablan de los jugos con mandrágora- Ru la miró nervioso, pero sacudió la cabeza y se puso firme- ¿me vas a decir qué te pasa?-

-No ahora, por favor-

-No. Ahora. No es justo que…-

-Quiero bañarme-

-Artemis, esto es más importante-

-Permiso, por favor- pidió Artemis, cuando quiso entrar a la sala común, pero Ru no se movió.

-No has estado ayer en la enfermería porque yo estuve hasta la última hora de visitas con Saba. Que está igual que tú. O peor. Yo mismo lo llevé. Y me gustaría saber por qué ni has dormido en la Fortaleza, ni estás feliz por haber ganado-

Y toda la paz que había conseguido esa mañana gracias a su tío Remus, al viento, al bosque y al rocío en las plantas, se quebró. Volvió a recordar a Sami, a Saba sudando helado, a ella misma, parada al centro de una sala llena de gente que la miraba, obligándola a hacer algo que no quería…

-Sami era nuestra mejor amiga- tal vez fuera bueno decirle ese poco a Ru, con eso comprendería por qué ella y Saba no estaban celebrando.

-Por supuesto que no- bufó Ru- Ella los acusó, ¿qué clase de mejor amiga es esa?-

Artemis lo miró como si acabara de insultar a su padre.

-Ya es hora de que me dejes en paz- le dijo a Ru, con los ojos fijos en los de él.

Le dio un empujón y abrió la puerta. Ru la siguió.

- ¿Estás hablando de como amigos o de lo… otro?- preguntó, seriamente.

- ¿Tú qué crees?- respondió Artemis, cruzando la sala común a zancadas.

Ru asintió.

-Supongo que está bien. También lo había pensado-

Artemis asintió y empezó a subir las escaleras camino al cuarto de las chicas.

Mientras se bañaba no sintió pena ni desazón, al contrario, hasta le pareció un alivio, un peso menos sobre sus hombros. Además, ya sabía que pasaría y Ru tenía razón: estaba bien… para los dos. Ella no iba a aguantar todas sus preguntas y él no iba a dejar de preguntar jamás. Se vistió con calma y no se detuvo en la sala común en su camino a clases. Saba había pasado la noche en la enfermería y lo más probable era que lo encontrara en la puerta del salón de Transformaciones, pero Saba no apareció.

En su ausencia pudo comprobar que lo que Ru le había dicho temprano en la mañana era cierto: ya nadie hablaba de los Sobres Blancos, porque al parecer el hecho de que alguien estuviera vendiendo jugos con mandrágoras y quién sabía qué cosas más para mejorar el rendimiento, era mucho más interesante. Sólo Ru, Creixell y Marcus le echaban miraditas de vez en cuando, pero ninguna le incomodó lo suficiente como para cambiarse de lugar. Es más, ninguna miradita le incomodó, porque no había miraditas. Ni miradas directas, ni cuchicheos, ni nada alrededor suyo. En menos de 24 horas, Artemis había vuelto a ser tan invisible como amaba.

Tenía que reconocer que Tonda había hecho bien su trabajo.

Aprovechó la hora del almuerzo para correr a la enfermería a ver si Saba estaba mejor, pero no tuvo que llegar, felizmente, porque lo encontró a medio camino, con el andar decidido de siempre y una nube de chicas a su alrededor. Artemis sonrió cuando intercambiaron miradas… todo se veía tan normal, tan como siempre. Como antes. Saba también le sonrió y las chicas a su alrededor suspiraron y chillaron entre ellas, haciendo que los mejores amigos estallaran en carcajadas sin saber por qué.

Las carcajadas hicieron a Saba más brillante cada segundo, en algún momento tan brillante que las pobres chicas que lo rodeaban no pudieron soportarlo y se alejaron de él, confundidas, felices, inmersas en quién sabía qué fantasías que las hacían tropezarse entre ellas y con sus propios pies. Pasaron junto a Artemis sin prestarle atención, sin siquiera chocarse con ella. Artemis rió aún más.

-Ru debería vernos- dijo Artemis, de pronto.

-Sí, a mí también me vino con su rollo de "por qué no estar feliz"- Saba dejó de reír de a pocos- podríamos llamarlo… o reírnos en su cara cuando lo veamos-

Artemis negó. Sus asuntos con Ru habían terminado.

- ¿Cómo está tu cabeza?-

-Ya no me duele-

-Es bueno saberlo-

Artemis y Saba se quedaron de piedra, ninguno de los dos había dicho eso.

Detrás de Saba estaba Sami, con los brazos cruzados y la mirada fija en algún punto de la pared. Con ese cabello diferente que Artemis había notado el día anterior, con esa sequedad en la voz.

Tras ella iban dos miembros de los Cordones Gruesos, flanqueándola.

Artemis vio el rostro de Saba cambiar en un solo segundo y corrió hacia él para tomarle la mano, a prisa. Ese movimiento hizo que Sami se fijara en ellos, en sus manos unidas.

- ¿Qué haces acá?- preguntó Artemis.

-Vine a ver a Saba- empezó Sami- por órdenes de su tutora. Que es también la Coordinadora Adjunta de Disciplina, o sea, quien manda a los Delegados-

- ¿Y tenías que venir protegida?- gruño Saba.

-No es protección, es desconfianza. La profesora Gabrián no creía que yo fuera capaz de hacer lo que me pide, entonces llamó a otros dos Cordones Gruesos para que sirvieran de testigos-

- ¿Y la culpas?-

-Después de lo que me dijo ayer pensé que se había quedado sin motivos para avergonzarme, pero me equivoqué, claramente… no tengo que explicarles cómo esto es un retroceso-

- ¿Peor que nuestra amistad?-

- ¿Amistad? Nosotros ya no éramos amigos- aseguró Sami.

El corazón de Artemis terminó de romperse en ese momento.

-Me dejaron sola- continuó- no debería sorprenderles. Siempre supe que tenían proyectos suyos, cosas que hacían por su cuenta porque iban al mismo señorío y nunca me molestó. Pero… dejarme... sacudirse de mí así nomás fue demasiado. Y ahora veo- miró las manos unidas de Artemis y Saba- por qué-

-No es— empezó Artemis, pero Saba la cortó.

-Te buscamos por todas partes- le dijo él, volviéndose para confrontarla- pregúntale a tu amiga griega. Íbamos todas las tardes a tu torre, hacíamos guardia en la biblioteca, Merlín, en las últimas semanas parecía que estabas huyendo de nosotros-

-Lo estaba haciendo-

- ¿Por qué?-

-Porque no soy la tercera rueda. No me gusta que me dejen-

-Nosotros no te dejamos, Sami… simplemente…-

-Simplemente…-

Saba se encogió de hombros.

-Teníamos cosas que hacer-

-Juntos- recalcó Sami- como liberar a los avens. No, perdón, ustedes no lo hicieron…-

- ¿Tus colegas pueden irse? Ya vieron lo que tenían que ver-

-No, tienen que quedarse conmigo. Órdenes de su tutora, para proteger a sus pobres…-

-No nos está protegiendo- susurró Artemis.

-Pero no piensen mal. Ya no estoy molesta. Al principio sí, digo, los veía almorzando con amigos de su señorío cuando quedaban en almorzar conmigo, desaparecían de nuestras reuniones, me cancelaban, secreteaban más que nunca, hacían cosas que los tres hacíamos juntos—

-No eres la víctima, Sami- le dijo Saba, apretando la mano de Artemis- te buscamos. Pudimos buscarte antes, pudimos buscarte más y está bien, tú no sabías que lo estábamos haciendo pero al menos pudiste darnos el beneficio de la duda. ¿Tanto confiabas en nuestra amistad que lo primero que pensaste fue que ya no te queríamos? No. Y eso no me importa, no importa en lo que pensaste, importa lo que hiciste allá adentro. ¡Nos enviaste Sobres Blancos! Bien, entiendo, lo tenías que hacer, ustedes tienen que buscarse la autoridad que han perdido… te encargaste personalmente de dirigir las sesiones, bien, también lo entiendo, si yo tuviera algo que ver, te elegiría también. Pero usaste secretos míos, jugaste con mi cultura, con mis orígenes y te burlaste frente a todo el mundo del universo de mi padre y mi abuelo, fingiendo que yo no te había contado una y mil veces todo lo que me preguntaste ahí. Y luego usaste a Artemis. A tu mejor amiga- las manos de Saba empezaron a sudar- ¡la obligaste a hacer algo que no quería enfrente de todas esas personas que la miraban con necesidad, con incredulidad, cuando sabes perfectamente cómo la hace sentir eso!... no, tú quisiste hacernos daño. "Venganza" me decía tu olor, cada vez que me mirabas. ¿Venganza de qué?- Saba se detuvo un segundo para respirar, estaba agitado y cada vez más sudoroso.

-Hice lo que cualquiera en mi posición…- empezó Sami, pero tenía los ojos llenos de lágrimas y la voz se le cortó.

-Dile a la profesora Gabrián que Saba está bien- dijo Artemis rápidamente.

-Tenía… tenía también que pedirles… oh, maldita sea… tenía que pedirles disculpas-

-Ni creas— empezó Saba.

-Dile que también te disculpamos- cortó Artemis- al cordón ese que llevas puesto y que usas para defenderte-

-Obviamente- susurró Sami- porque a mí…-

-Tú ya no eres nada para mí- completó Artemis.

-Ni para mí- agregó Saba- ahora sí puedes llorarle a todo el mundo que te hemos hecho a un lado, no va a ser difícil, ya debes estar acostumbrada-

Sami les dio la espalda sin esperar una sola palabra más y casi corrió hacia el otro lado de los pasillos, con sus dos colegas siguiéndole los pasos como podían. Artemis y Saba se quedaron muy juntos el uno del otro, con las manos aún entrelazadas. Era extraño y no podía asegurar que Saba lo estuviera sintiendo también, pero Artemis tuvo la impresión de que Sami acababa de morir dentro de ella, haciendo antes todo el daño que pudiera, claro… entonces, junto con ese extraño sentimiento la embargó la rabia, el vacío y una soledad a la que Saba no podría acompañar, sin embargo también sintió alivio, como en la mañana, después de terminar con Ru.

Lloró y sonrió a la vez. Todo parecía originado por la estupidez más diminuta. Todo.

Carta de Saba a su padre, escrita en la noche de la última sesión de los Sobres Blancos, antes de que lo llevaran a la enfermería:

Fue una brisa de aire fresco, papá. Una brisa con olor a hogar que detuvo mi lucha interna por completo. Ella es mi hogar, mi compañera de vida. Y cuando me miró, papá, sus sentimientos transparentes me dijeron que no dejaría que me hicieran más daño porque me amaba. Me dijo que era el momento de defenderme, de cuidarme. Y no sentía miedo, estaba tan decidida que su valentía cubría toda la pena que sentía por la traición de Sami. "Confía en mí" me decían sus ojos.

Me ama, papá, lo sentí fuerte en el pecho. Y yo la amo también. Como a una chica que será mujer, como a mi par. Como a mi hermana. No lo sé, es de lo que el abuelo hablaba todo el tiempo cuando le dije por primera vez que Lossentaur no era mi compañero de vida, me decía todo el tiempo que tuviera cautela, que como no era un aven y yo también era humano podía llegar a confundir mis sentimientos, podía creer que sentía algo diferente que "el sublime sentimiento de quienes comparten almas. Amor de pareja, esa cosa romántica por la que los humanos tienden a perder la cabeza". No te confundas, Saba, me decía.

Tengo miedo, papá, porque ya estoy confundido.

Y ella está tan segura de lo que siente, pero no sé qué es. La he visto mirando a Ru, he sentido lo que ella siente cada vez que la mira, es diferente a lo que siente por los demás y por mí. No sé de qué manera… o no quiero saber de qué manera.

Tengo miedo.

Me ama, papá.