Capitulo 52
La declaración de la somnolienta pequeña turbó a Mina lo suficiente como para quedarse hasta las tres de la mañana pensando en el asunto, ¿realmente se le notaba tanto lo que sentía por su antiguo tutor?, era obvio sobre todo cuando se sabia plenamente correspondida, sin embargo él no tenia problema alguno; necesitaba averiguar por sí misma el como o el por que Severus Snape, su apasionado amante, el hombre que en la intimidad le confesaba que tan loco lo volvía, cuando se encontraba a la vista de todos era como siempre el mismo desagradable, odioso e insoportable profesor de pociones.
Entonces recordó de su ultima salida con Severus en Londres, el asunto de medico decapitado y su habilidad de occlumancía aumentada con el desagradable jugo de hipotálamo. Debía demostrarse a si misma que podia matar...que era capaz de ser una asesina... y a la vez acrecentar mágicamente sus murallas que estaban debilitandose... por ese sentimiento que al parecer asqueaba a los seguidores de su padre.
Mientras pensaba en todo ello, comenzó a vestirse para salir, trenzó su cabello ajustándolo en su cabeza y colocándose una gorra de lana cubriendo hasta el mas insignificante mechón, la pañoleta de su antigua incursión a la prisión muggle envolvía el collar de ojo de dragón, lo desenredo y la ato a su cuello, una blusa de manga larga y cuello de tortuga color negro, unos ajustados pantalones negros, ambas prendas de licra y unas botas tipo industrial completaron su extraña vestimenta, en vez de túnica decidió usar la gabardina negra que ya tenia rato guardada en el fondo de su baúl y vestida como un ladrón, salió por la ventana procurando evitar ruidos que alertaran a sus anfitriones, saltó la reja y como una sombra se deslizo por las oscuras y solitarias calles buscando un donador de cerebelo tan despistado e inocente que sirviera para demostrarse que era la fría y calculadora asesina que todos esperaban que fuera.
Rocío la observó desde su ventana, su primer impulso fue vestirse y alcanzarla, más desestimo la idea al recordar que el ministerio de Argentina tenía el ojo puesto sobre su padre y que además interceptaban su correspondencia al sospechar contactos con Riddle sr., suspiro decepcionada y volvió a la cama.
Aun no amanecía y un casi imperceptible crujido alertó a Severus que abrió los ojos sin moverse un solo milímetro bajo sus mantas, la varita bajo su almohada ya se encontraba presta para la defensa y se incorporó de un salto cuando un segundo crujido más cerca de él delato la ubicación de su visitante.
–Soy yo– la inconfundible voz de Mina se escuchó y al mismo tiempo la luz de la mesilla de noche se encendió –no quería despertarte– susurró y salió completamente de las sombras.
–¿Qué pasa?– gruñó un tanto contrariado dejando su varita en la mesita al alcance de la mano, observó a la chica que lucia extrañamente desvalida, triste o confundida, era muy temprano como para sacar una conclusión tan rápida sobre lo que la multiemocional muchacha sentía en ese momento.
–No pude– respondió ella –intenté… sin embargo ¡no tuve motivos suficientes como para matar a una estúpida muggle!– gimió Wilhemina dejándose caer sentada en la cama – se que tú o papá han matado a gente sin motivo alguno, sin necesidad de un pretexto, simplemente pueden hacerlo… yo no– lo miro con la tristeza reflejada en los ojos violetas.
–Tu padre, muchos mortifagos y yo mismo tenemos nuestros motivos, pretextos o justificaciones para poder matar… desde muggles a sangres sucias, magos, hombres, mujeres, niños, recién nacidos lo que sea– respondió con voz inflexible el profesor mientras se sentaba al lado de la chica y la tomaba de la mano –nuestro odio por la humanidad en general es lo que nos permite hacerlo–
–Sociopatas– susurró ella – pero te juro que intenté hacerlo–
–Lo se, me imagino cuanto te debió costar tan solo pensar en que forma hacerle daño a una persona que nada te ha hecho… lo vi cuando mataste al cirujano–
–¿Tanto se notó?– él asintió –pero finalmente lo degollé–
–Viste los diarios, te diste cuenta del mal que le había hecho a muchas personas, te percataste de que él mismo no deseaba vivir, así que solo diste un pequeño empujón, lo ayudaste– Le hablaba como si fuera la niña pequeña que años atrás no comprendía el por que los niños y niñas de Hogwarts la trataban tan mal, había consuelo y comprensión en su voz.
–¿Qué hago entonces?– lo miro con tanta tristeza que le provocó un nudo en la garganta.
–¿Es tan importante para ti lograr matar a un inocente?– la chica asintió y él tomó las pequeñas, pálidas y suaves manos de la pelirroja –eso puede acabar con mucho de lo que me ha salvado– respondió y ella hizo cara de no entender –eso que quieres destruir para ser como tu padre, como yo… me sacó del abismo donde estaba–
–No creo tener tanta influencia en ti– contesto Mina y una tímida sonrisa brillo en sus labios por un momento.
–Influencia no… es algo mas que ni yo mismo puedo definir – suspiro y la obligo a mirarlo de frente – Al convertirte en una asesina pura, como yo… sin sentimientos, sin remordimientos… caeremos ambos en ese abismo del que me has sacado–
–¿Debo entonces quedarme así, siendo la inútil hija del Señor Tenebroso?– susurro la chica – ¿ocultar mi inutilidad matando a quienes me dañen, a quienes se atrevan a dañarte?–
–Tu tienes una finalidad en tus actos ya sea venganza o justicia, yo no– concluyó el – no quiero perderte en el mismo lugar donde me perdí– la chica se alejó de el retirando sus manos del calido contacto.
–Pero yo debo ser una asesina, un mortifago– concluyó ella – algo que va a ser casi imposible pues sigo sin saber que soy realmente– se puso de pie y avanzó hacia la puerta –gracias…– se interrumpió sacudiendo la cabeza y abatida salió de la habitación cerrando con cuidado la puerta.
Por un momento pensó en seguirla, más la chica estaba creciendo, madurando y eso tenia que hacerlo ella sola; se acostó pero no pudo conciliar de nuevo el sueño y permaneció en la cama sin moverse, mirando fijamente el techo pensando en lo confundida que podía estar su chica en ese momento.
Al amanecer se levantó tan solo brillaron las primeras luces del día, una ducha rápida y en menos de una hora ya se encontraba en la salita de estar tomando una taza de café, todavía pensando en lo que Mina le dijo en la madrugada.
–Siempre de pie tan temprano profesor– le saludo Mauricio mientras se servia también un poco de café–
–Este día es diferente– respondió sin mirarlo –ha surgido una situación que me obliga a volver de inmediato a Londres– se giro para verlo de frente – me temo que esta misma tarde; ha sido un excelente anfitrión, afortunadamente hemos tratado los temas que tanto le interesan al Señor Tenebroso y creo que es conveniente que me reúna con él para concertar a su vez una cita entre ustedes dos–
–¿Cree usted profesor?– un poco nervioso Mauricio no creía su suerte – me imagine que podrían pulirse algunos detalles, de hecho esperaba que se quedaran al nacimiento de mi primer varón–
–Lo importante es compartir con nuestro amo lo relacionado con Rocío– respondió ocultando que le interesaba también ver el nacimiento del pequeño hermano de la niña
–Pero, acaba de llegar la Srita Riddle y…– Snape lo interrumpió procurando evitar ser grosero.
–La srita Riddle acaba de pasar por una situación muy difícil de superar, creo que es importante para ella reunirse con su padre– cerró el tema – le agradezco las atenciones que ha tenido con nosotros, pero esta misma tarde nos marchamos–
–Si ya lo ha decidió profesor, que mas puedo yo hacer– respondió con una sonrisa amable – de cualquier forma sabe usted que puede visitarnos y quedarse todo el tiempo que desee–
–Entonces debo comunicarle a la Srita Riddle que se prepare para el viaje– y haciendo una ligera inclinación Severus se dirigió a la habitación de la chica; toco con suavidad la puerta y la cerradura hizo clic abriéndose con delicadeza, entró y vio a la chica sentada frente al enorme ventanal.
–Volvemos a casa– susurró de manera casi inaudible, ella le miro apenas moviendo la cabeza para asentir y de nuevo se concentro en el ventanal.
–Es por mi culpa ¿verdad?– la dulce voz se quebró haciéndola carraspear.
–No– respondió acercándose y tomando sus hombros mirándola fijamente acerco su rostro al de ella –es por mi culpa– pego su frente a la de la muchacha y acaricio la mejilla pálida –tenemos mucho por hacer– le dio un suave y rápido beso en los labios que se asemejó más a una caricia y se levantó saliendo de prisa de la recamara.
Cuando Rocío salió de su habitación las valijas de Snape y Mina ya estaban en el automóvil, no se despidieron mas que con un apretón de manos y un "hasta pronto" por parte de Severus, la pelirroja ya se encontraba sentada en la parte trasera del elegante automóvil, con la vista fija en ninguna parte.
Mauricio hizo entrega a Severus de un sobre, dándole la indicación de hablar con determinado personaje en un pequeño puerto cercano se despidió con un fuerte abrazo y no dejaron de decirles adiós con la mano hasta que les perdieron de vista.
–El señor me ordeno llevarles al muelle– dijo el sirviente mientras conducía –¿podría usted permitirme el sobre para conocer el destino exacto?– Snape le alcanzo el sobre, el hombre lo leyó rápido y se lo devolvió –espero que no le incomode viajar en barco– Severus se quedó sin habla.
Menos de una hora más tarde, se encontraban frente a un muelle exclusivo, yates de todos los tipos, tamaños y modelos se encontraban anclados en el lugar y un hombre regordete y bronceado vestido pulcramente de blanco se acercó para saludarles con la amplia sonrisa cubierta por un tupido y platinado bigote.
–¿Profesor Snape?– el aludido asintió y le dio la mano –Mauricio me ha llamado y me pidió que les llevara a Londres –Severus se quedo frío, mirándolo sin saber que decir y el hombre siguió hablando mientras caminaban por el delgado y bamboleante pasillo de madera – Soy Raúl Esper, mi hijo estudia con Mauricio y somos grandes amigos– como Severus se mantuvo en silencio Raúl siguió hablando– se que son invitados especiales y me ha pedido que les lleve a Londres, mi pequeña "Naina" es uno de los yates mágicos más veloces, estarán en casa a mas tardar en dos días– Severus tragó saliva, ¿dos días en alta mar? Vomitaría antes su estomago, intestinos y demás órganos blandos.
–No queremos causarle molestias– Mina intervino percatándose del ligero temblor y sudor frío en las manos de Snape –Nos conformamos con conseguir un vuelo–
–¿Volar?– Raúl la miro sonriendo amable –no somos aves señorita, nada como mi "Naina"– insistió –además no hay vuelos directos a Londres, y si quieren tomar el barco mágico tendrán que ir hasta Norteamérica–
–¿Pero no echará de menos a su yate?– por fin Snape podía armar una frase.
–Un poco profesor, pero le debo mucho a Mauricio; unos días lejos de "Naina" no me harán daño–
–Es que no sabemos pilotar un yate– insistió Severus, su terror al mar se mantenía bien oculto pero en su interior estaba a punto de echar a correr tierra adentro.
–De eso no se preocupe– respondió el hombre con una carcajada –Joel es el capitán de mi niña– señaló hacia un yate donde ya estaban sus valijas –aunque es joven es muy experimentado y les llevara a salvo, sabe como tratar a mi consentida–
–Creo que entonces nos tiene atrapados– dijo con una bien fingida sonrisa Mina – muchas gracias– le dio la mano y el hombre en ese momento le habló serio y con cierto temblor en su voz.
–Se quien es su padre señorita, le ruego que hable bien de mi con él, se que soy un simple sangre sucia y reniego de mi lado muggle, seré un servicial esclavo con tal de que pueda seguir viviendo mi familia, por favor– imploro en un murmullo nervioso.
–No se preocupe– respondió la chica muy incomoda por la situación, pero en cuanto soltaron las manos, de nuevo el hombre sonreía y brillaba como el sol mismo.
–Las despensas están llenas, el equipo de pesca completo y pueden disponer de todo lo que encuentren a bordo– Severus muy a su pesar subió de un salto y dio a Mina su mano para ayudarla a subir.
–Gracias– respondió la chica y el hombre desató las amarras, el yate comenzó de inmediato su travesía.
Snape en cuanto percibió el movimiento del pequeño yate se atrincheró en una de las tres minúsculas cabinas y ella previendo lo que el pobre estaría sintiendo se puso a preparar de su maletín una serie de pociones relajantes y curativas para que él disfrutara un poco más del imprevisto paseo.
Joel era un hombre de mediana estatura, delgado y simpático, de poco hablar pero hábil en su trabajo pues él solo se apañaba en las actividades necesarias para mantener a "Naina" flotando, avanzando y acercándose poco a poco a su destino.
–¿Sev?– preocupada Mina permanecía fuera de la cabina del mareado profesor –ábreme por favor–
–no– gruñó desde el interior –no quiero que me veas así–
–ábreme Sevi– susurro ella y el silencio le respondió –¿Sevi?– nada, solo el inconfundible sonido de un profesor mareado.
–vete– gruñó de nuevo él después de un fuerte acceso de tos.
–Severus Snape ábreme en este momento– ordenó ella –o te juro que tiro la puerta– de inmediato le abrió preocupandola por su aspecto, lucia ojeroso, con la piel en un tono pálido verdoso, el cabello apelmazado y los labios resecos –¡Sev!– exclamo ella entrando de inmediato y tirándolo en el pequeño camastro, le dio un frasquito que llevaba en la mano –tómalo todo–
–No quiero nada– respondió y apretó los labios.
–Severus Snape Prince no seas caprichoso ni necio, debes beberlo todo– ¿en que tono lo dijo Mina? ¿Qué recuerdo chispeo por un momento en la memoria del profesor que suavizo el gesto y la miró con ternura?
–Ok– respondió y de un trago acabo con el contenido – ¿contenta?– la miraba fijamente al grado de incomodarla.
–A medias– ahora la rezongona era ella, tapo el frasco y lo dejo bajo el camastro.
–Me recordaste a alguien importante– susurró Snape tomando su mano acariciándola, sin que ella le dijera que "ese recuerdo" era lo que la molestaba un poco.
–¿En serio?– trato de sonar como si no le interesara, pero le interesaba mucho.
–Antes de entrar al colegio, hubo una epidemia entre los niños mágicos, un virus o algo así que nos ponía tan mal como estoy ahora… Eileen preparo esa misma poción que me diste, y me dijo exactamente lo mismo que tu– suspiro acostándose –creo que ella te ha enviado– se acomodó de lado sin dejar de verla.
–¿tu mami?– ups la culpa, para ella el recuerdo de Evans había vuelto por un segundo, pero que ahora el le dijera que le había recordado a su madre, sus atenciones, su cariño… wow.
–Gracias– murmuró él antes de quedarse dormido.
