Capítulo 51

Deseo

¿La luna se había ocultado por pena o por miedo?¿Las estrellas se habían consumido o simplemente habían sido ocultas por la noche?¿A dónde se había ido el ruido característico de las altas montañas, de los rebosantes bosques, de los cristalinos ríos? Aquel silencio más que tranquilizar, inquietaba.

¿Qué era esa rápida y gigantesca sombra que avanzaba con abrumadora velocidad sobre todas las cosas que se cruzaran en su camino y le privaba súbitamente de la luz?¿Qué estaba pasando con las nubes, realmente estaban tornándose tan penetrantemente grises que podían fácilmente confundirse con el inmutable negro?

Pisadas, respiraciones agitadas, miradas furtivas llenas de malicia y bañadas en el carmesí, seguidas de sonidos destructivos donde los alrededores empezaban a desmoronarse por los impactos creados por todos esos seres, por esas criaturas que se movilizaban en la noche, acechaban y ansiaban apagar la luz que se esmeraba por continuar avanzando y detener la pesadilla que estaba recreándose.

El trueno azotaba con fuerza la tierra, la hacía partirse en pedazos y aniquilaba todo lo que estuviera a su alcance. El imparable fuego arrasaba con todo a su paso, resumiéndolo a cenizas. El agua con su tranquilidad era capaz de tornarse mortal e inclemente mientras se transformaba en algo indómito. Pero el cielo también contaba con un dueño y desde las alturas también se libraba otra batalla.

Esas relucientes máscaras resaltaban tenebrosas y llamativas ante la luz bermellón de una luna corrompida y ahogada en pecado. Se habían reunido sobre una misma área y dispersado en tres direcciones que hacían referencia a los puntos cardinales. Tras su caminar avanzaban esos seres de la penumbra, mostrando sonrisas amplias y llenas de crueldad, exponiendo miradas tenebrosas y ansiosas por llevar a cabo una extinción total.

Los rugidos de los cuatro sagrados entes retumbaron y hacían retroceder por instantes a las bestias que atendían a las órdenes de esos tres enmascarados.

—Nos conocimos hace muchos años atrás y ahora una vez más nos volvemos a ver de esta manera –expresó el ser que portaba la máscara del sol-. Nostalgia es lo que me provoca esta escena.

—Han peleado como los grandes. Han soportado lo que pocos y ahora están aquí, a nuestra merced, dispuestos a ofrecernos su última batalla –expresaba la poseedora de la máscara de luna.

—Sus padres también recorrieron este sendero. Esto no es más que el eco de una vieja historia pasada –comentó el de la máscara de estrella.

—Aunque me siento un poco decepcionado por ustedes…Seres que aspiran a la divinidad han decidido aliarse con humanos como éstos, tan poco significativos –habló Sol con vileza para esos majestuosos entes.

—Ustedes son los que deberían sentir decepción por el poco temple que sus espíritus han sido capaces de mostrar. Hundirse en su oscuridad no fue su pecado, sino el haber traído tantas desgracias sólo por su deseo de abandonar lo que eran –expresó seriamente aquel pokémon de fuego.

—No tienen derecho de privar de la vida ni a pokémon ni humanos. En sus manos no tienen el poder de decidir el destino de nadie –espetó aquel ser volador.

—El orden debe ser preservado y aquello que rompe el equilibrio tiene que ser detenido. Ya han sido demasiadas existencias arrancadas de este mundo por sus caprichos –expresaba con enfado el ente del trueno.

—Por esa razón nos hemos convertido en los compañeros de estos humanos…Hemos decidido luchar juntos para ponerle fin a su locura –concluyó aquel pokémon de agua.

Fragmentos metálicos habían caído sobre el suelo, esparciéndose en una pequeña área, luciendo endebles, como si hubieran sido cortados por una destructible llama, incluso cuando se sentían totalmente fríos. ¿Qué es lo que había pasado con aquella estructura completamente sólida, resistente e inquebrantable?¿Cómo había sido posible que terminara en tal estado cuando hace unos segundos atrás se hallaba siendo sujetada firmemente por un par de manos?¿Qué confusión era más grande en ese instante, la de un objeto tan duro como ese dodecaedro de bronce o el hecho de que ya no se contemplaran a sí mismos como antes?

Se miraban con sorpresa, como si se tratara de una pesadilla que aunque pareciera haber terminado no se estaba del todo seguro de que así fuera. Unos parpadeos adicionales así como unos minutos más de asimilación bastaron para que pudieran entender lo que estaba ocurriendo.

Aquel período de infantilismo había llegado a ellos de forma misteriosa, y al mismo tiempo se había desvanecido gracias a una metodología que no comprendían ni en lo más mínimo.

Completamente de pie, bastándose de aquellas mantas cafés para cubrir la falta de vestimenta, se encontraban frente a aquellos dos hombres. Las miradas que les dedicaban eran fijas y lo suficientemente pesadas como para hacer que cualquiera doblegara la mirada.

—¿P-Pero qué es lo que nos ha pasado? –preguntaba Green sacudiendo un poco sus ideas.

—Pareciera como si hubiéramos rejuvenecido…aunque eso suena imposible…-Red se había percataba de que alguien más había llegado, pero en esta ocasión se trataba de quien resguardaba su rostro tras una máscara singular.

—El efecto ha desaparecido al fin.

—¿Quién eres?¿Y a qué te refieres con eso del efecto? –preguntó con cierto ímpetu el castaño. Simplemente no podía estar tranquilo.

—Una pregunta a la vez, tampoco deseen obtener el mundo de un solo golpe –llamó a la calma Alexey.

—¿Qué es lo que quieres? –el pelinegro le miraba tajantemente.

—Yo no deseo nada con ustedes, si es que ésa es su mayor preocupación. Mejor dicho no creí que terminarían viéndose afectados por mi pequeña travesura. Mismo por lo que los ayudé a escapar de ese hombre para tener una oportunidad de hacerlos volver a su estado natural.

—Pero qué es lo que está pasando aquí…-el castaño no podía encontrarse más confundido.

—Digamos que si hubiéramos demorado más tiempo en encontrarlos, probablemente ustedes ya hubieran dejado de existir –sentenció Alexey.

—Estás de broma –Red trató de contener su mal genio. Algo que fue completamente inútil.

—No, no estoy bromeando. No me gusta jugar sobre el tiempo y sus variaciones.

—¿Cómo que sus variaciones? Habla más claro que solamente estás enredándolo todo –demandaba Green.

—Que soy un viajero y en mi travesía me he dado cuenta de que es mejor tener un poco más de apoyo.

—¿Viajero? –expresó el oji carmín sin poder entender de todo el real trasfondo de esa profesión.

—Mi profesión no es sustancial ahora, sino más bien lo que ustedes hagan a partir de este momento –comentaba el enmascarado.

—¿Sobre qué aspecto hablas?

—Ustedes mismos lo vieron…y literalmente podían sentirlo en carne viva.

—Lo que vimos…-expresaba Red evocando aquellas escenas, esos momentos que desconoció por años y que ahora debía enfrentar de la mejor manera.

—Eran recuerdos de nuestros padres…Ellos también se enfrentaron a esos…monstruos…-susurraba Green con pesar e impotencia mientras su mirada se notaba dolida y llena de cólera.

—Algunos hechos del pasado sencillamente son demasiado llamativos como para dejarlos ir…-agregaba como último Alexey antes de dar media vuelta y dirigirse hacia la salida.

—No comprendo nada de lo que está ocurriendo aquí –espetaba el castaño. Su viejo amigo no estaba mejor.

—Quizás nosotros podamos ayudarles a entender lo que Alexey ha querido decir.

Se mantenía recargada sobre la pared, ignorando por completo el trayecto que conducía hacia un punto sin salida; en ese instante lo único que parecía ser lo suficientemente interesante para su mente era aquel descenso, peligroso y lo suficientemente alto como para sentenciar a cualquier existencia.

—Gracias por esperar aquí –indicó con cierta cortesía el de la máscara.

—No tengo derecho alguno para entrometerme en los recuerdos que competen a sus padres –expuso como si nada Shade.

—Ustedes no han cambiado desde la última vez que nos vimos.

—Nos has tomado por sorpresa todo esto…-se encargó de mantener su mirada en otro sitio, parecía sentirse mucho más tranquila llevando las cosas de ese modo.

—De haber podido hacerlo, lo hubiera hecho sin dudarlo.

—Estuvo bien de ese modo, Alexey.

—Pensé que dirías algo como eso, o mejor dicho, es algo que ustedes dirían. Es bueno saber que hay cosas que se mantienen en ustedes desde que nos vimos por última ocasión.

—Sólo nos esforzamos en no cambiar demasiado nuestra esencia, es todo. Aunque sin duda quedé muy sorprendida de lo que has hecho –dijo al tiempo que le observaba detenidamente.

—Hay historias que deben y pueden ser reconstruidas.

—Sin embargo, hasta yo me encuentro asombrada –sonrió ante sus propias palabras-. Esto es una locura total; ya me imagino la reacción de Sol y los otros.

—¿Vas a esperarlos?

—No creo que sea necesario…ya que han vuelto a la normalidad y dudo que les ocurra algo por obvias razones, por lo que lo mejor será que vaya a ver cómo están Max y los demás. Ya tendré tiempo de agradecerte por haber recuperado esos restos y lo ocurrido en aquel momento…-expresaba seriamente.

—Ya pensaré en el pago de mis servicios –hablaba con cierta burla.

—Entonces me retiro –se despidió y montó nuevamente en su Dragonite-. Max debe de tener el mismo rostro de sorpresa que yo –no demoraría demasiado tiempo en adquirir altura y desaparecer.

—No va a ser el único que la posea, Shade…

Esa esfera de flamas estalló rápidamente, dispersándose en llamas adyacentes a gran velocidad y con una precisa dirección. Al mismo tiempo aquella columna de fuego en espiral, tornando mucho más peligroso y consistente a ese ataque de sofoco. Y a la vez se había generado lava alrededor de aquel ser, misma que crearía una explosión de un instante a otro, empezando a congestionar y quemar a los contrincantes.

—No lo haces nada mal, anciano –estipulaba sonriente Rose quien miraba con satisfacción que aquel grupo de compañero suyos se mantenían resistentes pese al golpe de esos tres pokémon de fuego.

—He escuchado las noticias de que un grupo de entrenadores ha estado llegando a los gimnasios de los líderes de gimnasio más fuertes, robándole no sólo sus pokémon, sino también dejándoles malheridos. Por lo veo me ha tocado el turno de enfrentarlos –Blaine acomodó su sombrero y observó a ese Girafaring, Miltank, Luxray y Electivire-. Deberías sentirte avergonzada de usar los pokémon de otros entrenadores.

—Y usted por tener pokémon tan anticuados como ésos –dijo despectivamente al tiempo que admiraba a ese Arcanine, Flareon y Magmortar.

—Nunca subestimes a un hombre viejo como yo, donde la experiencia le respalda –exponía con seriedad a la vez que sus pokémon simplemente se realineaban y se preparaban para acatar órdenes.

Apenas hubo tiempo para reaccionar ante la intromisión. Dificultosamente se había contemplado la naturaleza de quien osaba intervenir en el duelo. Y aquello había servido absolutamente para nada.

Ese ataque que no únicamente era desconocido, sino también prácticamente infalible había sido desatado por aquel grupo de criaturas, con la viva intención de llevarlos al extraño estado en que ellos se encontraban. Sin embargo, alguien más se había encargado no únicamente de recibirlo, sino de devolverles tan amable bienvenida.

¿Acaso una criatura como ésa era completamente inmune a lo que esa ofensiva era capaz de producir?¿Era eso o se trataba de algo más que no estaba al acceso de la comprensión en ese momento?

El estruendoso estallido coloreado de magenta recubría todo el cuerpo de ese siniestro ser y simplemente se expandió hacia un punto, hacia una dirección, hacia delante, arrasando sin compasión alguna con aquellos rivales que poco habían logrado hacer para intentar defenderse. Su caída no había sido producto de una reacción lenta, sino de que les superaban en poder y había bastado un simple ataque para dejarlo totalmente claro.

Un estallido más se hizo presente, trayendo consigo la llegada de aquel pokémon de fuego, quien aseguraba el área arrojando su feroz lanzallamas y creando de forma inmediata una instantánea barrera, que delimitaba el campo de batalla en dos secciones.

Ese Charizard había aumentado su velocidad, manteniéndola constante mientras se mantenía al lado de aquel Flygon. Mismo que también llevaba consigo mismo un pasajero, que había sido el entrometido entrenador que frenó el combate y le sacó de aquel sitio.

—¿Era tuyo ese Zoroark, chico? –cuestionaba Blaine al joven de mirada amatista.

—Sí –contestó como si nada Joshua viendo unos instantes hacia abajo para percatarse que Zoroark le siguiera.

—Cualquier líder de gimnasio se sentiría ofendido por lo que acabas de hacer.

—Prefiero que se sientan de esa manera a verlos tumbados sobre una cama de hospital mientras alguien más usa a sus compañeros de equipo para herir a otros. De modo que lidiaré con la responsabilidad.

—¿Cuál es tu nombre?

—Joshua.

—¿Cómo es posible que un chico como tú haya sabido sobre esto? No es que sea una noticia que todo mundo sepa; de ser así ya habría un caos monumental.

—Tengo los contactos y al mismo tiempo, tengo problemas con los que andan divirtiéndose de mala forma, valiéndose de trucos como éstos.

—¿Puedo preguntarte algo más chico?

—¿Qué pasa? –se limitó a mirarlo de reojo.

—Me has recordado a alguien en particular, bueno, a un par de personas –dijo con una sonrisa, retirándose sus lentes oscuros-. Así que me dio curiosidad, ¿tienes alguna relación con Byron y Aeryn?

—…Fueron mis abuelos…-contestó con honestidad y cierto orgullo.

—Ya lo decía yo…Conservaste el color de ojos de Aeryn y la tendencia a hacer maniobras arriesgadas y prácticamente suicidas, como Byron. Vaya combinación ha emergido de ese par –sonrió con alegría y cierto tono nostálgico.

—No pensé que todavía quedaran tantas personas que los conocieron –mencionaba con interés.

—Ellos visitaron prácticamente todas las regiones que conformaban nuestro pequeño mundo en ese entonces. Eran conocidos por lo que se decía de su persona y también porque algunos entablamos amistad con ellos.

—Sí, mi madre me decía que ellos se habían hecho de varios amigos, pese a que no permanecían demasiado tiempo quietos y guardaban su distancia por los problemas que poseían.

—Sí, siempre pensando en el bien de los demás; a veces pensaba que nunca vieron por el suyo. Pero probablemente eran los únicos que podían lidiar con ello.

—Lo que importa es que sus pokémon están sanos y salvo. Ninguno de ellos recibió ese ataque –señalaba Joshua.

—¿El tuyo va a estar bien?

—Descuide, Zoroark es inmune a esa ofensiva, por el simple hecho de que es un pokémon tipo siniestro y el ataque que esas criaturas usan es de esa misma naturaleza.

—De funcionar así significaría que…

—Son poco efectivos contra pokémon tipo lucha, acero y siniestro. Pero lamentablemente solamente un siniestro puede hacerle cara. Claro, siempre y cuando tenga un buen nivel, sino el resultado será el mismo.

—¿Cómo has sabido algo como eso en tan poco tiempo?

—Basta con ver a qué líderes de gimnasio han derrotado y hurtado sus pokémon. Erika usa tipo hierba totalmente que involucra al tipo veneno, volador y siniestro. Sabrina por su parte tipo psíquico con naturaleza adicional de tipo peleador y hielo. Whitney emplea el tipo normal con naturaleza secundaria de tipo psíquico y agua. Jasmine por su parte maneja tipo acero con características de tipo psíquico, agua, tierra y volador. Y bueno, Lt. Surge se basa en pokémon tipo eléctrico.

Ese ataque daña a pokémon por igual, sin importar su naturaleza al parecer. ¿Y cómo supe que a Zoroark no le hacía nada? Bien, digamos que tuve un encuentro antes de llegar acá, con uno de esos pokémon e intentaron llevárselo. Admiré con sorpresa que no hacía efecto alguno en él y entonces empecé a hacer deducciones.

—Parece que alguien ha estado haciendo sus deberes adecuadamente –expuso con burla el anciano-. Y cambiando de tema, ¿hacia dónde vamos ahora?

—A la Meseta Añil, allá se encuentran el resto de los líderes de gimnasio que no fueron atacados y también los que postulan dentro de los más fuertes. Incluso los de Hoenn, Sinnoh, Teselia y Kalos se hallan allí. Es una reunión interesante –sonrió motivado.

—Las cosas realmente empiezan a calentarse.

Aquel tornado relucía con un tono verde claro y brillante, resguardando esas pequeñas hojas que se tornaban peligrosas en conjunción con ese creciente viento; mismo que se encontraban dañando a esos seres que se encontraban en cantidades suficientes para considerarse un verdadero fastidio.

Un dorado e intenso rayo emergió de la boca de aquel pokémon hierba y empezó a impactarse de lleno en un mismo punto. Desde arriba aquel giro fuego asolaba sin compasión alguna contra los seres que no se habían vistos afectados por el primer ataque.

El cuerpo de esa criatura acuática se había cubierto totalmente de agua, empezando a moverse a enorme velocidad, recreando en prácticamente nada un jet viviente que poseía dirección y facilidad de cambio de objetivo. Por otra parte, las afiladas garras de aquel feroz pokémon impactaban contra sus contrincantes haciendo el efecto de un corte en tijera.

Aquella batalla había demorado lo necesario para que esas criaturas entendieran la diferencia de fuerzas y analizaran que una batalla prolongada no traería buenos resultados.

—Empoleon, usa hidrobomba y sofoca el fuego –ordenó explícitamente Rayne-. Serperior, Volcarona y Zangoose buen trabajo –felicitaba a sus compañeros, quienes mantenían puesta la vista en quienes se acercaban a él, atraídos por el ruido de la pelea-. Hola –saludó con amabilidad.

—¿Pero qué es lo que estás haciendo aquí, Rayne? –cuestionaba Green mirándolo extrañado.

—En realidad es una mera coincidencia, ya que vine hasta acá siguiendo a unas cuantas de esas cosas. Aunque me pregunto, ¿por qué están vestidos de esa manera? –preguntaba curioso y con cierta burla.

—Nada que sea de tu incumbencia –contestó Red.

—Bueno, de todos modos ahora ya no tendrán inconvenientes en salir de aquí. Esas criaturas se han ido por el momento y no volveremos a ver el rastro hasta caída la noche.

—Es bueno saber eso –agregó el de ojos bermellón.

—Me imagino que se dirigirán hacia Pueblo Paleta, ¿no? –cuestionaba Rayne.

—Así es –contestó Green.

—Será un camino un poco largo para llegar –Rayne depositó su mirar en ambos chicos.

—Hay asuntos que atender allí, de modo que no importa –el pelinegro poseía una mirada llena de seriedad.

—Esto huele a que habrá problemas –comentaba con una sonrisa el blondo-. Pero ya que los dos me caen bien, me tomaré las molestias de llevarlos hasta allá.

No había razones para largas explicaciones por lo que los saludos era lo único que estaba establecido en ser seguido sin modificación alguna.

Una mesa lustrosa ubicada dentro del cuarto de hotel era decorada únicamente por ese portafolio tono vino; las cortinas se hallaban totalmente corridas y los muebles que allí habían pecaban de sencillas. Fuera donde se colocara la mirada la sensación de simplicidad era lo que dominaba.

Sobre esa silla permanecía sentado aquel hombre, luciendo pensativo, como si estuviera analizando posibilidades que ninguna otra persona hubiera siquiera considerado. Incluso con aquellos invitados él no parecía salir de sus pensamientos rápidamente.

—No pensé que lo lograrían tan rápidamente –espetó Jayson sin posar su mirada en esos entrenadores.

—Todo se resumía a que si cumplían con los requisitos –explicaba Max.

—Pero hasta a usted le parecía correcto nuestra presurosa elección –comentó Allen.

—Así que es cuestión de que se cumplan las condiciones adecuadas y el tiempo se llegue –agregó Dylan.

—Pero pese a todo no estás muy convencido de esto, ¿verdad? –cuestionó Shade.

—Han ocurrido muchas cosas que no se tenían previstas. Una de ellas fue la aparición de esos entes que acudieron a ustedes pidiéndole ayuda.

—Ese problema quedó saldado. Y de todos modos, ellos serán de gran ayuda.

—¿Realmente puede confiarse en ellos? –preguntó seriamente, mirando al peli rosa.

—Si nos vinieron a pedir ayuda, entonces es porque podemos confiar en ellos. No son muy diferentes de todos nosotros, Jayson. Y además, se requerirá el mayor apoyo posible. Considera que ya fueron derribados cinco líderes de gimnasio, al tiempo que les han hurtado sus pokémon y los han dejado en un estado cercano al de esas criaturas.

—No tenemos tiempo para estar siendo tan roñosos con nuestros posibles aliados –criticaba el rubio.

—¿Cómo van ellos? Joshua y los demás –Jayson poseía cierta curiosidad sobre ese tema en particular.

—Bastante bien. Gracias a que han intervenido se logró evitar que tres líderes más sufrieran ese mismo destino –aseguraba el peli vino.

—Ellos son buenos y sus pokémon avalan su propia fuerza –exponía con una media sonrisa Dylan.

—No por nada llevan en sus venas la sangre del Primer Alto Mando –hablaba Jayson mientras se ponía de pie solamente para colocar su mano derecha en aquel portafolio-. ¿Estuvo bien que permitieran que Alexey hiciera algo como eso?

—No se han detectado consecuencias como tales, de manera que el haber hecho algo como eso no repercutió de forma negativa, sino todo lo contrario –informaba Shade complacidamente.

—Esto solamente nos ha traído una posibilidad que no habíamos percibido siquiera –sonrió Max-. Una que hará berrear a Blake y los demás.