-Estoy harto.
Pansy, Blaise y él se giraron para mirar a Nott, que acababa de entrar en el dormitorio y estaba atravesando a Pansy con la mirada y poniendo cara de asco.
-Esta también es nuestra habitación – dijo Blaise, con un tono de voz cortante pero calmado –. Podemos traer aquí a quien queramos.
-Ya. Y yo debería poder caminar por aquí desnudo cuando me diera la gana – contraatacó Nott.
A su lado, Pansy bufó.
-Qué desagradable.
Nott se acercó a su cama y empezó a quitarse la túnica y los zapatos mientras, con un tono perfectamente normal, contestaba:
-Lo que es desagradable es tener que compartir habitación con un tío que tiene una escoba metida por el culo.
Draco inhaló muy rápido, al mismo tiempo que Pansy. Ninguno de ellos tuvo tiempo de contestar.
-Hasta ahora era soportable porque se encerraba en su cama, pero ahora tengo que soportarte a ti también todo el puto día dentro de la habitación intentando animarle –. Se quitó la camisa y estiró un poco los hombros antes de alcanzar una camiseta más cómoda y pasársela por encima de la cabeza –. Lo que Malfoy necesita es una buena borrachera, no que le laman el culo y le traigan la comida.
-¡Cómo te atreves! – chilló Pansy, descruzando las piernas para levantarse de la cama de Blaise. Su amigo estiró el brazo rápidamente para atrapar su muñeca. Draco, a pesar de que su instinto le estaba pidiendo a gritos que se defendiera, decidió mantenerse al margen. En parte porque se sentía sin fuerzas, y en parte porque el gesto de Blaise le hizo pensar en lo doloroso que habría sido que alguien apretase su muñeca en aquel momento –. ¡Suéltame! – gritó la chica, mirando a Blaise con expresión furibunda.
Él no hizo caso a la orden de Pansy. Simplemente le envió un mensaje con la mirada, negando con la cabeza muy despacio. Pansy, entonces, miró a Draco.
-¿No vas a decir nada?
-No merece la pena – contestó él con un tono de voz monótono. Salazar, qué rara sonaba su voz a sus propios oídos. Necesitaba dormir.
Ella emitió un sonido de frustración. Al otro lado de la habitación, Nott se rio. No lo hizo con malicia, sino como si ellos tres fuesen niños pequeños discutiendo por tonterías y él el adulto a cargo.
-Podríamos hacerlo – intervino Blaise, de pronto. Draco frunció el ceño.
-¿Hacer el qué?
-Beber –. Su tono fue completamente serio, y su respuesta fue seguida de un instante de silencio.
Y entonces se desató el caos. Pansy sonrió con malicia, y en un instante estaba liberando su muñeca del agarre de Blaise y saltando de la cama mientras hablaba a toda prisa sobre cómo conseguir las bebidas, dónde celebrar la fiesta y a quién invitar. Parecía convencida de que Draco se lo pasaría bien si se dejaba llevar por los efectos del alcohol.
Nott se la quedó mirando con cara de incredulidad, Blaise dejó que siguiera hablando mientras intercambiaba miradas con Draco, y él trató de respirar profundamente para no perder la calma.
-No podemos hacerlo – trató de razonar cuando su amiga terminó de hablar –. Faltan unas semanas para los ÉXTASIS y todo el mundo tiene que estudiar.
-Bah, ¡relajarse una noche no va a matar a nadie!
-Bueno, pues yo no quiero relajarme – insistió él, cada vez más nervioso. ¿Por qué no estaba Nott quejándose de que lo había dicho de broma? ¿Por qué no le defendía Blaise? –. Y no creo que se te una nadie.
No podía permitirse beber, y menos delante de otra gente. Recordaba perfectamente lo que le había ocurrido antes de navidades en las cocinas: medio vaso de alcohol había conseguido hacerle vomitar. Y no estaba dispuesto a repetir aquella experiencia delante de sus compañeros de casa.
El problema era que Pansy era mucho más testaruda de lo que parecía. Ni siquiera la gente que la conocía desde la infancia había logrado dar con una forma de detenerla cuando algo se le metía entre ceja y ceja, ya fuera arrastrar a Draco hasta el campo de Quidditch o emborrachar a toda su maldita casa.
Por eso, a pesar de que se inventó todas las excusas que pudo y de que intentó encerrarse en su cama de una forma que Blaise definió como "un tanto patética", Draco terminó asistiendo ese sábado a la pequeña congregación de Slytherins que habían accedido, o tal vez habían sido obligados, a jugar a un par de juegos que involucraban alcohol.
Draco entró en la habitación de las chicas de octavo fingiendo que no se sentía mareado. Millicent, que había accedido a que usasen su dormitorio, ya estaba allí, hablando con Astoria Greengrass y otra chica de séptimo cuyo nombre no lograba recordar. Estaban charlando sobre lo que la hermana de Greengrass, Daphne, estaba haciendo en aquel momento en el extranjero. Pansy estaba retocando la habitación para que los cojines del sofá formasen un círculo perfecto en el suelo, dentro del cual estaban colocadas ya las botellas de whisky de fuego e hidromiel.
Fitzroy estaba también allí, por supuesto. Se había sentado en la cama de Pansy y estaba observando la habitación con curiosidad y algo de recelo, como si acabase de entrar allí por primera vez.
Draco avanzó junto a Blaise y se sentó en uno de los cojines cuando Pansy se lo indicó. Poco después, Nott apareció por allí, para sorpresa de todos, y levantó una ceja en su dirección cuando Draco se lo quedó mirando, como retándole a decir algo si se atrevía. Y Draco no se atrevió. Ya estaba bastante nervioso sin meterse en una pelea innecesaria.
-¿Estamos todos? – preguntó Millicent cuando Nott cerró la puerta y se sentó en el extremo opuesto del círculo.
-Eleanor me dijo que iba a venir en cuanto terminase el mapa de Astronomía – contestó la chica sin nombre de séptimo.
-Podemos empezar sin ella – decidió Pansy –. Sentaos en los cojines.
Fitzroy se levantó y se dirigió al círculo, donde se sentó al lado de Nott, dejando un hueco entre Blaise y él. Pansy le lanzó una mirada a Draco, como deliberando sobre si debía ponerse a su lado o no, y terminó sentándose entre Blaise y su novio. El sitio entre Nott y Millicent fue reservado para Eleanor Foss, y la chica desconocida se sentó al lado de Millicent. Lo que dejó a Astoria Greengrass al lado de Draco.
Iba a matar a Pansy.
Se sirvieron las bebidas y, mientras la gente empezaba a dar los primeros tragos, la anfitriona decidió que iban a jugar a "prueba o verdad" girando una botella en el suelo. Draco rechazó la botella de whisky de fuego que Blaise le estaba tendiendo, tomando la decisión rápida de que solo iba a servirse hidromiel, que era mucho más suave. Creyó oír a Nott haciendo un comentario al respecto, pero decidió ignorarlo.
A su lado, Greengrass le tendió la botella de hidromiel para que pudiera servirse. Él asintió con la cabeza a modo de agradecimiento y la aceptó.
-Hola – saludó ella, dedicándole una sonrisa –. Soy Astoria Greengrass.
-Draco Malfoy – contestó él por educación, mirándola de reojo un momento. Llevaba su pelo negro recogido en una trenza, y un mechón se había salido del peinado y se había pegado a su mejilla. Era casi tan desconcertante como el hecho de que su voz fuera aún más aguda que la de Pansy.
Cuando se dio cuenta de que Astoria seguía mirándole, como si estuviera esperando a que dijera algo más, Draco apartó la mirada, incómodo. Aquella chica no se parecía en nada a su hermana mayor. Draco había llegado a conocer bastante bien a Daphne, ya que había sido la mejor amiga de Pansy. Era una persona callada, que solo se dirigía a los profesores y a las personas que consideraba dignas de mantener una conversación con ella. El resto del mundo, a sus ojos, era completamente irrelevante.
Astoria, al parecer, era el tipo de persona que saludaba a mortífagos aleatorios que terminaban sentados a su lado en un juego de alcohol.
Draco prefería a Daphne.
Su mirada se encontró con la de Pansy, y ella miró un momento a Greengrass antes de volver a posar la vista en él. Sonrió de lado y movió las cejas. Draco bajó la vista al instante, incómodo, y, mientras se servía la bebida, deseó más que antes no estar ahí. No solo iba a tener que beber alcohol; además, seguramente tendría que soportar que intentasen emparejarlo con una chica sonriente de trenza deshecha. ¿Y cómo iba a explicarles a sus amigos que él solo quería pensar en chicos? En chicos con ojos verdes, en concreto. Preferiblemente enmarcados por unas gafas ridículas y una mata de pelo negro que aparentase ser mucho menos suave de lo que lo era en realidad.
Mierda. Otra vez. Draco tenía que dejar de pensar en Harry. No iba a volver con él. Quería hacerlo, sí; quería devolverle las miradas en clase, volver a la Sala de los Menesteres y a su pasillo del séptimo piso, dormir de nuevo entre los brazos del chico y seguir turnándose con él para hacerse preguntas aleatorias. Pero no podía hacerlo; no si Harry no le quería realmente. No si estaba siendo utilizado.
-... y si no queréis hacer la prueba o no queréis contestar a la pregunta, tenéis que beber un trago antes de girar la botella. ¿Todo el mundo lo ha entendido?
Draco no se dio cuenta de que no había estado escuchando las normas del juego hasta que todo el mundo asintió a su alrededor. Tragó saliva. Había vuelto a distraerse pensando en Harry. Y no podía distraerse. Tenía que estar alerta para saber exactamente qué estaba ocurriendo a su alrededor y cómo evitar beber un solo trago de alcohol.
Asintió con los demás, confiando en entender las normas antes de que le tocase jugar a él.
-Bien, yo empiezo – dijo Pansy, que procedió a estirar el brazo para hacer girar una botella en el centro del círculo. Cuando dejó de moverse, la boca apuntaba hacia Millicent –. ¿Prueba o verdad?
-Verdad – contestó la chica.
-Voy a empezar suave – dijo Pansy con una sonrisa pícara –. ¿Con cuántos chicos te has acostado?
¿Eso era suave? Draco no quería saber cuáles eran las preguntas fuertes según su amiga.
-Dos.
Millicent giró la botella, y esta apuntó a la chica cuyo nombre él no conocía.
-Prueba – dijo ella. Tenía la voz grave, y no pudo evitar compararla con la de Pansy o la de Astoria. Eso, junto con su piel oscura y su complexión ancha, hacía que contrastase con Greengrass casi a la perfección.
-Quítate una prenda de ropa – repuso Millicent.
La chica se desató un zapato y lo dejó a un lado. Giró la botella, que apuntó a Fitzroy.
-Verdad.
La puerta se abrió en ese momento y Foss entró en la habitación.
-Siento llegar tarde, chicos. ¿Habéis empezado sin mí?
-No pasa nada, acabamos de empezar – aseguró Pansy –. Estamos jugando a prueba o verdad. Giras la botella, y a quien apunte debe elegir si quiere que le pongas una prueba o que le hagas una pregunta. Si la persona no quiere contestar o realizar la prueba, bebe un trago.
-Ya he jugado antes, pero gracias – se rio la chica, sentándose entre a Nott y Millicent. Hubo un momento de silencio mientras se servía una bebida, y entonces la amiga de Greengrass señaló a Fitzroy con el dedo.
-No me he olvidado de ti. ¿Alguna vez te han hecho una mamada?
El chico levantó las cejas y, tras dedicarle a Pansy una mirada fugaz, levantó su vaso y bebió un trago.
-Qué aburriiidooo – se quejó Millicent.
La botella se paró en Draco justo después. Mierda. ¿Prueba o verdad?
Tenía claras dos cosas: no podía beber, y no podía contestar a ninguna pregunta, mucho menos de índole sexual. Nadie podía descubrir lo suyo con Harry. Ni su amistad, ni su supuesta relación, aunque no tenía ni idea de si ésta última seguía en pie desde lo ocurrido en el partido de Quidditch. Si Blaise y Pansy se enterasen, le dejarían por ser gay, sí; pero si el resto del mundo descubriera algo, ¿quién sabía qué podía ocurrir? Tal vez fuera acusado de darle a Harry un filtro de amor. ¿Y si tenía que volver a pasar por un juicio en el Ministerio? O, peor, ¿y si se lo llevaban a Azkaban a pesar de que él no había hecho nada?
Así que solo tenía una opción.
-Prueba.
Fitzroy pareció considerarlo un momento. Draco no estaba muy preocupado, porque el chico y él no tenían ningún tipo de confianza; seguramente no se atrevería a decirle que se quitase una prenda de ropa, como había hecho Millicent con la chica que claramente era amiga suya, ¿no?
-Aún no has bebido nada – comentó entonces Fitzroy –. Bebe dos tragos de tu vaso.
¿Qué? ¿Tenía que escoger entre beber dos tragos o beber uno? Con el corazón palpitando a toda prisa y la indignación fluyendo por su cuerpo, Draco maldijo a Pansy por enésima vez y se llevó el vaso a los labios. Seguro que ella tenía algo que ver; le habría contado a su novio por qué había surgido la idea de celebrar aquella mini-fiesta en primer lugar.
Tragó la cantidad mínima de bebida como para que pudiera considerarse un "trago" y volvió a dejar el vaso en el suelo con rapidez. Esperó un momento, temiéndose lo peor, pero, salvo por un pequeño retortijón, no sintió nada. No había náuseas.
-¿Vas a girarla o qué? – se quejó Nott. Draco le dedicó su peor mueca de desprecio antes de inclinarse para girar la botella. Apuntó a Eleanor Foss.
-Verdad – dijo la chica al instante.
¿Qué podía preguntar? Apenas conocía a aquella chica. No quería preguntarle nada demasiado vergonzoso o personal, ni mucho menos algo sexual.
-¿Por qué necesitaba el buscador del equipo de Quidditch un sustituto? – inquirió al fin, a falta de algo mejor que decir.
- Lo siento, Draco, pero esa no es mi historia y no me corresponde a mí contarla – dijo la chica antes de beber un trago.
El juego siguió durante varios minutos sin que él volviera a verse involucrado. Nott tuvo que quitarse la camiseta, Greengrass se bebió un vaso entero de whisky de fuego y Millicent le dijo a Pansy que le hiciera a su novio un chupón en el cuello delante de todos. Cuando le preguntaron a Blaise si alguna vez había hecho el sesenta y nueve, él se rio antes de beber un trago, y lo mismo hizo la chica desconocida, cuyo nombre real, descubrió Draco, era Zola, cuando Millicent la retó a que les enseñase las tetas.
Y entonces, la botella se detuvo apuntándole a él.
Más o menos.
En realidad, estaba apuntando al espacio que había justo en medio de él y Greengrass, por lo que se vio forzado a intercambiar una mirada con ella para saber a quién de los dos le tocaba jugar. La chica se encogió de hombros.
-Creo que está más cerca de mí – opinó en voz baja, con un tono de voz amable. ¿Cómo podía alguien sonar amable diciendo una frase tan genérica?
A su alrededor, se desataron varias conversaciones sobre qué se hacía en un caso como ese. Al final se decidió que Zola, que había girado la botella, tomase la decisión. La chica se levantó para observar la posición de la botella desde todos los ángulos.
-Astoria, te está apuntando a ti – concluyó –. ¿Prueba o verdad?
-Prueba.
Zola sonrió de lado y le lanzó a Draco una mirada extraña.
-Ya que os estaba apuntando a ambos, te propondré algo que tenga que ver con él – decidió –. Dale un beso a Malfoy. Donde tú quieras.
A Draco se le fue todo el color de la cara. ¿¡Qué!? ¿Por qué un beso? ¿De una chica? No, aquello no estaba bien. Su barriga emitió un sonido extraño.
Miró a Astoria con horror y se encontró con que ella estaba estudiando su reacción con el ceño fruncido. Tras analizar su expresión facial un segundo, la chica asintió.
-Está bien – dijo, con una sonrisa –. Dame tu codo, Draco.
Asombrado, confuso y algo molesto por que aquella chica se tomase la libertad de usar su nombre de pila, él obedeció. Greengrass se inclinó hacia delante y posó sus labios sobre la ropa de Draco en la punta de su codo durante un momento antes de volver a apartarse. A su alrededor, algunas personas hicieron sonidos de queja y otras se rieron.
Su mala suerte no terminó ahí. Cuando la chica giró la botella, esta se paró apuntándole a él otra vez, de forma completamente inequívoca.
-Verdad – dijo sin pensar. No quería que le mandasen besar a nadie más esa noche.
Greengrass pareció dudar un momento. Por su cara, parecía que estaba considerando todas sus opciones y decidiendo cuál sería la más provechosa; al fin y al cabo, ella, al igual que todos allí, era una Slytherin.
-¿Por qué estás deprimido? – preguntó al fin, mirándole directamente a los ojos y casi en un murmullo, como si pretendiera que aquello fuera una conversación privada entre los dos.
Lo llevaba claro si creía que iba a desvelar sus secretos tan fácilmente. Draco levantó su vaso, decidiendo que podía arriesgarse a tomar un segundo trago, y se lo llevó a los labios.
Entonces fue cuando empezaron las náuseas. No eran nada que no pudiera ocultar fácilmente, pero hicieron que se diera cuenta de que tenía que tener cuidado. No debía probar ni una gota más si no quería que aquello terminase mal.
-Joder, Malfoy, no bebes nada – comentó Nott, con un tono más asombrado que atacante. Como si quisiera probar su punto, rellenó su propio vaso y se lo bebió todo de una vez. Algunos de los demás imitaron el gesto.
-Déjale en paz – contestó, para su asombro, Foss. Se habría esperando aquella respuesta de Pansy, o tal vez incluso de Blaise, pero no de la capitana del equipo de Quidditch –. Puede beber lo que le dé la gana.
Nott se encogió de hombros y murmuró algo entre dientes. Draco giró la botella.
-¿Qué es lo más asqueroso que has comido nunca? – le preguntó a Blaise, deseando cambiar la atención a otra persona. Aquella pregunta se la había hecho Harry hacía unos meses, y, por algún motivo, Draco acababa de acordarse.
Mientras Blaise describía un plato de hígado de pavo con verduras supuestamente vomitivo, Draco recordó otra conversación que había tenido con Harry.
-Entonces... tu mayor deseo es ser admirado.
-Menuda sorpresa. Llevo años actuando como si fuera superior a todo el mundo. ¿Te enteras ahora?
-No. No, Malfoy. No quieres que te admiren porque te teman o se crean inferiores a ti. Quieres que estén orgullosos de ti, que se rían contigo. Y lo más importante: lo que quieres no es morir.
Qué irónico. Al parecer, en su corazón deseaba que le admirasen, pero, a la hora de la verdad, estaba haciendo todo lo posible por que aquella gente no se fijase demasiado en su presencia.
Durante las siguientes rondas, descubrió que Zola había tenido tres novios hasta la fecha y que a Blaise le habían ofrecido un puesto de prácticas en Gringotts en cuanto saliera de Hogwarts si sacaba buenas notas en los ÉXTASIS, y tuvo que ver como Nott y Millicent se daban el lote y que oír a Foss cantando una canción en francés, entre algunas otras cosas un poco más desagradables.
Los últimos restos de su suerte se esfumaron en cuanto Nott giró la botella y esta se detuvo en él.
-Prueba – dijo rápidamente.
-Todos sabemos que ya nadie en su sano juicio sigue esa norma estúpida de los sangre pura, pero tengo curiosidad por saber si los Malfoy están a la orden del día – empezó Nott. Sonrió con malicia y añadió –: escribe con tu varita en el aire el nombre y apellido de la última persona con la que te hayas acostado.
A su alrededor, todos se rieron y observaron a Draco con expectación.
Estaba jodido. No podía escribir el nombre de Harry en el aire. Podría mentir, sí, pero ¿qué nombre podía escribir? Estaba seguro de que aquella gente querría comprobar que lo que decía era cierto. Y alegar que era virgen habría supuesto darles a todos un motivo para reírse de él.
Lo peor era que, de no ser por Harry, esa habría sido la verdad. Él habría seguido tratando de mantener el honor que su padre le había grabado a fuego en la cabeza a pesar de que todos a su alrededor estuvieran pasando completamente de "esperar al matrimonio".
De cualquier manera, su única opción era beber.
"Puedes hacerlo," se dijo a sí mismo mientras levantaba el vaso y daba un trago muy pequeño. Trató de hacerlo parecer más largo cerrando los labios mientras inclinaba el vaso, pero aún así tragó una cantidad bastante peligrosa de líquido.
Se llevó una mano al estómago a toda velocidad, sintiendo un retortijón y una oleada mucho más fuerte de náuseas. Cerró los ojos con fuerza, concentrando todas sus fuerzas en respirar y en mantener los contenidos de su estómago dentro de su cuerpo. Deseó que nadie estuviera prestando atención, pero los sonidos de sorpresa que se desataron a su alrededor terminaron con sus esperanzas.
Haciendo un gran esfuerzo, logró abrir los ojos para mirar a la gente que lo rodeaba. Fue capaz de captar muchas cejas levantadas y unas cuantas caras de confusión, y entonces tuvo que bajar la vista al suelo de piedra porque las paredes estaban dando vueltas a su alrededor. Se concentró en tomar bocanadas de aire lentas y profundas para que la bilis dejase de intentar subir por su esófago.
-¿Estás bien, Malfoy? – preguntó una voz femenina a la que no pudo poner cara.
-Draco, ¿qué te pasa? Apenas has bebido.
-¿Draco?
Unas manos fuertes y grandes se aferraron a sus hombros, y se dio cuenta de que Blaise ya no estaba sentado a su lado, sino acuclillado detrás de él. Draco se permitió apoyar algo de su peso en su amigo; solo lo mínimo, para que nadie más notase su debilidad.
-Estoy bien – trató de decir. Su voz salió entrecortada y temblorosa.
-No, no lo estás – contestó Pansy con su conocido tono de preocupación, que hacía que su voz se volviera una octava más aguda.
"Inspira, espira. Inspira, espira," repitió él como un mantra. "No vas a vomitar. No vas a vomitar."
-Se ha puesto muy pálido – le llegó una voz aguda procedente de su izquierda –. Deberíamos llevarlo a la enfermería.
-¿A estas horas? No creo que sea la mejor idea.
-Pues llevadlo al baño, porque parece que va a vomitar.
"No habléis de vómito," pensó, incapaz de articular las palabras en voz alta o de identificar quién estaba diciendo qué.
-No lo entiendo. ¿Por qué te has puesto así, Draco? – preguntó alguien, tal vez Foss o Millicent.
Pero Draco no contestó. Localizó lo que esperaba que fuera la puerta del baño con la mirada y se apartó del agarre de Blaise para correr hasta allí. Apenas consiguió llegar hasta el váter antes de empezar a vaciar sus entrañas.
Por suerte, sus compañeros y amigos fueron lo bastante inteligentes como para no seguirle allí dentro; se habría asegurado de maldecir sus malditas caras si lo hubieran intentado.
Tardó bastante en dejar de vomitar, y se pasó unos minutos más allí encerrado, enjuagándose la boca y limpiándosela repetidas veces con su hechizo para lavarse los dientes hasta que dejó de sentir el ardor del ácido en la garganta y los dientes. Después, conjuró un peine para arreglarse el pelo y, tras alisar su ropa, apoyó una mano sobre el pomo de la puerta.
No quería volver a salir ahí. Estaba seguro de que se encontraría con miradas extrañadas, de que sería juzgado, de que aquella gente pensaría que había arruinado la fiesta. Si tan solo pudiera aparecerse en su habitación...
También podía simplemente salir de allí, atravesar la estancia, ignorar a todo el mundo e irse a su cuarto. Pero entonces todos se reirían de él, e interaccionar con ellos al día siguiente le resultaría mil veces más incómodo.
Haciendo acopio de la poca dignidad que le quedaba, abrió la puerta y caminó hacia el círculo. La conversación murió bruscamente en cuanto lo hizo, pero él mantuvo la cabeza alta hasta que llegó a su cojín y se sentó con las piernas cruzadas.
Todos los ojos estaban sobre él. Tragó saliva y encuadró los hombros.
-¿Tenéis algún problema? – espetó, mirándolos a todos y a nadie en concreto.
El eco de sus palabras pareció rebotar en las paredes de piedra y en la ventana que daba al agua verde del lago.
-Teniendo en cuenta que acabas de echar la pota después de haberte tomado como un vaso de hidromiel, creo es seguro decir que el problema lo tienes tú – comentó Millicent, rompiendo el silencio. Varias cabezas asintieron.
-No seas desagradable – la amonestó Greengrass. Después le miró a él y, por algún motivo, puso una mano en su hombro –. ¿Te encuentras mejor?
-Sí – contestó Draco rápidamente, apartando el hombro sin disimulo para que aquella chica captase el mensaje de que no quería ser tocado –. No sé por qué me ocurre, pero ya estoy bien.
-¿Te "ocurre"? – preguntó Nott, su tono meramente curioso –. ¿Te ha pasado esto antes?
Draco no era el tipo de persona que se sinceraba sin más. De hecho, unas cinco contestaciones evasivas diferentes se prepararon para salir de su boca al mismo tiempo. Pero había vuelto a sentarse en aquel círculo para recuperar el orgullo que acababa de perder; conseguir que aquella gente no le viese como a un bicho raro. Ser borde y sarcástico parecía lo más fácil, pero no lo más sabio.
Así que, por algún motivo y sin que sirviera de precedente, decidió contestar con sinceridad a una pregunta personal.
-Sí, la única otra ocasión en la que he bebido alcohol me ocurrió lo mismo.
Una mirada en dirección a su amiga le permitió comprobar que Pansy, tal y como era de esperar, estaba deseando interrogarle acerca de cuándo, con quién y por qué había probado el alcohol sin decirle nada.
En cambio, fue Zola quien habló.
-¿Por qué?
-No lo sé – admitió él.
Tras otro instante de silencio incómodo, Nott volvió a sorprenderle interviniendo en la conversación para decir, ni más ni menos:
-Creo que yo sí.
Como era de esperar, todo el mundo se lo quedó mirando.
-¿A qué te refieres? – preguntó él con recelo. Nott no parecía estar a punto de reírse de él, pero no estaba de más estar alerta, por si acaso.
El chico no contestó directamente, sino que se dedicó a estudiar a cada uno de los miembros del círculo, como si estuviera dándole dramatismo al momento o decidiendo si decir o no lo que estaba pensando. Pansy hizo un sonido de impaciencia, pero, por lo demás, nadie dijo nada.
Al final, Nott volvió a mirar a Draco antes de decir:
-Tú lo has preguntado –. Encuadró los hombros sin dejar de mirar a Draco a los ojos, y él sintió un nuevo calambre en su estómago. La cabeza aún le estaba dando vueltas –. Cuando mi padre se fugó de Azkaban hace dos años, no vino a casa conmigo directamente. Se obsesionó con dar caza al auror que lo había capturado tras la Batalla del Departamento de Misterios y no descansó hasta encontrarlo y torturarlo. Quería dejarlo vegetal.
Astoria Greengrass emitió una especie de sonido ahogado de horror, y Zola y ella se dieron la mano. Foss estaba mirando a Nott con la boca abierta, como si no pudiera creerse que hubiera sacado un tema tan horrible en una fiesta, y Pansy estaba negando muy despacio con la cabeza mientras atravesaba a Nott con la mirada.
-¿Qué tiene eso que ver con nada? – preguntó su amiga antes de que el chico tuviera la oportunidad de seguir hablando. Draco asintió en sus adentros. Él tampoco entendía a qué venía aquello.
-Más de lo que crees – contestó Nott sin ningún rastro de sarcasmo en su voz –. Mi padre encontró al auror, sí, y usó contra él la maldición Cruciatus. Pero un grupo de aurores se los encontraron antes de que pudiera acabar con él y mi padre tuvo que desaparecerse. Se pasó días y días hablándome de lo que había hecho. De cómo había disfrutado torturando a ese auror, y de lo mucho que yo lo disfrutaría cuando lo hiciera. A mí me daba asco. No quería oírle. Azkaban lo había dejado más loco de lo que siempre había estado, y su comportamiento era obsesivo.
Había capturado la atención de todo el mundo. Todos allí, o al menos los alumnos de octavo, sabían de sobra que Nott detestaba a su padre. El chico ni siquiera había organizado un entierro para él tras su muerte en la Batalla de Hogwarts; no había querido que su cuerpo yaciese junto al de su madre, al parecer.
Ahora, Draco podía hacerse una idea de por qué.
-Después de unas semanas volvió a irse. Decía que quería comprobar qué era lo que le había hecho al auror; cómo se había quedado tras la tortura – prosiguió Nott –. Y luego me contó a mí lo que había visto. Al parecer, el hombre había tenido que retirarse porque mi padre, que había apuntado directamente a su pecho cada vez que empleaba la maldición, había dejado sus pulmones permanentemente dañados. Apenas podía bajar unas escaleras sin sufrir un ataque de asma, y nada de lo que los sanadores hicieran podía curarle.
En el silencio sepulcral que siguió a la historia de Nott, Draco pudo oír los sonidos que su propia barriga estaba emitiendo y cruzó los dedos para que nadie más los estuviera oyendo.
Su barriga. Eso era lo que había dejado implícito Nott, ¿verdad? Que a Draco lo habían torturado y el hechizo le había dado tantas veces en el estómago que había quedado afectado.
Como a cámara lenta, todos se giraron para mirarle; algunos con expresiones de pena, otros con incredulidad o con el ceño fruncido.
Pansy fue la primera en romper el silencio.
-¿Es cierto? – inquirió –. ¿Te... apuntaron al estómago?
Pues claro que lo era. ¿Cómo no lo había pensado antes? Apenas era capaz de probar bocado cuando estaba nervioso sin empezar a sentir un dolor agudo en su barriga. No podía ni probar el alcohol sin vomitar. Y sí, Voldemort había apuntado con su varita al vientre de Draco todas las ocasiones en que lo había torturado para "recordarle" de qué lado estaba.
Mirando solamente a su amiga para no tener que pensar en el resto de personas que le estaban observando en ese momento, Draco asintió de forma casi imperceptible.
-¡Oh, Draco! – exclamó Greengrass, agarrando su brazo al mismo tiempo que Pansy y Fitzroy musitaban "joder" y "mierda".
-Qué fuerte – murmuró Millicent.
-Lo siento, no tenía ni idea – dijo Blaise a la vez.
Lo primero que hizo él fue apartarse de la chica que tenía a su lado, que había vuelto a tocarle sin su permiso y, por si fuera poco, había rodeado algunas de las heridas de Draco con sus dedos. Después, se sentó recto y se obligó a sí mismo a respirar con profundidad.
-No pasa nada – aseguró. Lo último que necesitaba era la pena y compasión de sus compañeros de casa –. Gracias por contármelo, Nott.
Nott se lo quedó mirando, sorprendido, como si hubiera estado esperando que Draco le arrancase el cuello de un mordisco por haber expuesto así algo tan personal. Inclinó la cabeza, aceptando su agradecimiento, y contestó:
-Eres un tío legal, Malfoy.
Esa respuesta, por algún motivo, le hizo sentir ligero. Sus nervios aminoraron un poco y los músculos de sus hombros se relajaron.
-Bueno – contestó, la comisura de su labio levantándose en una sonrisa –. Técnicamente, Teddy es mi sobrino segundo, pero quizá me vea como a su tío cuando crezca un poco.
Tras un insoportable segundo de silencio lleno de miradas de incredulidad, sus compañeros se rieron, algunos sacudiendo la cabeza.
-¿Se supone que eso ha sido una broma? – dijo Pansy. A pesar de su tono de queja, estaba sonriéndole a Draco.
Él le devolvió la sonrisa. ¿Cuánto tiempo llevaba sin hacer reír a nadie que no fuera Harry? No podía recordarlo. Ni siquiera sabía qué le había llevado a hacerlo en ese momento; simplemente le había salido. Y se sintió bien cuando sus compañeros se rieron con él. Mejor de lo que se había sentido desde el partido de Quidditch.
