Capítulo 47: Caos, Caos, Caos

Una sonrisa maliciosa se dibujó en su rostro. Bien, ésto no era precisamente lo que había planeado. Era aún mejor.

Caos, Caos, Caos. Empezaba a gustarle el caos.

No se había considerado a sí misma como una persona caótica. Su vida había sido predecible... Tan predecible.

Hasta el coma de Max.

El coma. Aquello había sido a la vez un golpe y un alivio. Sí, dolía perder a la persona que más amabas en el mundo, a la única que te había amado. Dolía mucho. Y lo que más dolía era la incertidumbre, la indecisión, el sentimiento de que faltaba un fin. No saber si despertaría o no... había sido frustrante. Un golpe.

Y un alivio. Cuando existía Max, cuando aún quedaba vida, una esperanza, había estado atrapada. Atrapada en una maldita vida de la que quería escapar pero de la que no podía salír porque lo amaba. Había sido una atadura, quedarse por voluntad propia en el infierno que más odiaba simplemente porque él estaba con ella. Cuando se había ido, ya no había ataduras. Era libre. Y eso era un alivio.

Volver a las andadas. A los planes de escape. No le quedaba tiempo ya para el plan original, así que había necesitado de algo más radical. Más fuerte.

Y era entonces cuando había descubierto de todo lo que éra capáz. Su capacidad matemática, aquella genialidad numérica a la que no había prestado jamás atención, de pronto había florecido a una velocidad increíble. Los distintos planos de existencia. Estudiar sus movimientos, comprender las direcciones... era algo que quería hacer desde hace mucho, pero no lo había si quiera intentado. Eran cálculos exorbitádamente grandes, operaciones demasiado complejas...

Hasta entonces.

Había mentido. ¿Años? No. No le había costado años encontrar la solución a los movimientos de las realidades. Sólo un par de meses.

El paso había sido algo más difícil. No tenía la tecnología para crearlo, necesitaba mágia. Y qué difícil había sido encontrar mágia en su realidad. Qué difícil había sido infiltrarse en las redes de información que tenía la A cerrada. Pero finalmente lo tuvo.

También había subestimado su habilidad mágica.

Originalmente sólo iba a ser un pequeño experimento. Si funcionaba... entonces Amy podría buscar la forma de quedarse en éste plano. Sólo estaba aquí para medir las consecuencias y los efectos secundarios.

Y ahora sobrevenía el caos. Y las uniones entre los planos de existencia se rompían. Muy convenientemente para ella.

¿Equilibrio? Nah. ¿Para qué quería el equilibrio de nuevo? ¿Peligraría su pellejo si lo dejaba así? Definitivamente, pero su pellejo siempre había peligrado. El resto del plano podía caerse a pedazos si le apetecía. Por ella, estaba bien.

Así sería más interesante.

-Amy, ¿estás bien?-

Era Ginny en la puerta del dormitorio, por supueso. Se la veía preocupada, como si sospechara algo.

Amy sonrió ampliamente de manera tan congruente que era imposible creer que algo fuera mal.

-Perféctamente. ¿Porqué?-
-No, por nada.- Ginny negó con la cabeza, como tratando de asegurarse de los malos presentimientos eran imaginaciones suyas.- Voy a bajar a cenar algo, ¿Quieres venir?-
-Claro...-

Cuando Ginny se volvió, Amy no pudo evitar que la sonrisa astuta volviera a pintarse en su cara.

Caos, Caos, Caos.

Empezaba a gustarle el caos