NO SOY PARA TI

Capítulo 47: "Libreta de calificaciones"

Un año después

- Quinn… ¿Por qué no tomas asiento y tratas de calmarte un poco? – insistió la psicóloga. Quinn había entrado hace diez minutos al consultorio de la Doctora Lee y no había parado de caminar hacia un lado y hacia otro claramente ofuscada por algo, bajo la atenta mirada de la profesional. Después de que la empresaria ignorara su petición, la psicóloga se tomó su tiempo para llenar el vaso que le correspondía a Quinn de agua y luego volvió a levantar la mirada para encontrar a la rubia dándole la espalda y mirando atentamente el maravilloso cuadro que la mujer recientemente había adquirido por una importante suma de dinero en una subasta.

- Que mal gusto – murmuró Quinn lo suficientemente fuerte para que la mujer la escuchara y para después volver a iniciar una más tranquila pero aun retumbante caminata por todo el despachó de quien la atendía cada semana desde hace ya casi un año.

Lejos de sentirse ofendida por el comentario de Quinn hacia la pintura, la cincuentona sonrió disimuladamente. Llevaba tiempo conociendo lo que era cada rinconcito de la mente de Quinn Fabray como para molestarse por sus comentarios y para ser franca, a ella tampoco le gustaba la pintura, de hecho no la hubiera comprado si su estúpido ex esposo no hubiera pagado por ella – Quinn… - intentó de nuevo

- No es que me sorprenda el mal gusto que usted tiene por la decoración – La empresaria volvió a atacar.

La mujer no dejó se sonreír – Quinn…

- Es decir, mire ese otro cuadro – señaló hacia otra de las pinturas que colgaba en la oficina. La profesional miró simplemente por darle el capricho a su paciente – Es horrendo – apuntó Quinn – Y ni hablar de la escultura gigante que tiene en la entrada. Mi madre se puede llegar a morir de tan solo mirarla. Y no me quiero imaginar que pasaría si ve el desagradable color de pintura de sus paredes – soltó un bufido de burla – Tampoco es que me extraña, todo el edificio está hecho pedazos.

La psicóloga agitó su cabeza y no evitó que una pequeña carcajada soltara de su boca – Quinn ¿Te acuerdas que en la sesión que tuvimos… - la mujer giró varias páginas de su libreta para confirmar la fecha - … aproximadamente antes de las fiestas de fin de año… hablamos y descubrimos algunos de tus mecanismos de defensa? – Quinn iba a tener que reflexionar

- ¿Qué pasa con mis "mecanismos de defensa"? – se burló la empresaria mientras seguía dándole la espalda a la mujer e inspeccionaba la biblioteca de la misma pasando su dedo para luego hacer un automático gesto de asco al encontrar bastante polvo en él.

- ¿Cuáles habíamos dicho que eran tus principales formas de defenderte cuando algo te molestaba? – preguntó la profesional al mismo tiempo que tomaba una lapicera para resaltar algo de la página que había encontrado y para anotarse ella misma que tenía que pedirle a su empleada que limpiara la biblioteca.

-¿Y usted se piensa que puedo recordar esas estupideces? – reprochó la rubia minimizando la tarea de la mujer.

- Yo creo que si te acuerdas de ellos. Es más creo que ahora mismo estás usando uno de ellos ¿Te acuerdas de los dos principales y que con más frecuencia exteriorizas? – insistió. Con el paso de los años, y con su experiencia había descubierto que siempre era bueno hacer que los pacientes se dieran cuenta por ellos mismos de sus errores

Quinn había agarró un libro y lo empezó a ojear bruscamente. La profesional esperó con paciencia para que la voz de la rubia saliera – La agresión era uno de ellos – no porque Quinn fuera violenta con sus manos, al contrario lo era con sus palabras.

- Exacto, pero me gusta más cómo lo llama tu amiga… - la mujer concurrió a su primera hoja donde había anotado con nombre y relación seguido de sus propias conclusiones, las personas que eran importantes en la vida diaria de Quinn -… tu amiga Santana ¿Cómo es que le decía?

- Ser una maldita perra – respondió Quinn reconociendo que su principal mecanismo de defensa se basaba en usar todo tipo de estrategias para hacer sentir a la otra persona la pero cosa existente en el universo.

La mujer sonrió y tomó la lapicera para hacerle un círculo a la palabra "perra" – Muy bien y ¿el otro? – preguntó de nuevo.

Quinn hizo un gesto de enfado, odiaba cuando la tipa esa le hacía esas estúpidas preguntas - ¿Es necesario? –preguntó odiosamente la empresaria dándose vuelta para largarle su mejor mirada de irritación a la mujer - ¿De verdad le estoy pagando 500 dolares la horas para que repasemos cosas que dijimos hace seis meses? Es un poco estúpido de su parte ¿no cree? ¿Acaso usted no es una de las mejores psicólogas de la ciudad? Estoy perdiendo mi tiempo aquí – ataque tras ataque.

La mujer juntó sus manos y miró a la rubia mientras cruzaba sus piernas – Si tu quieres podemos quedarnos todo el tiempo discutiendo acerca de la decoración de mi oficina, tu eres la que paga. SI quieres puedo llamar a mi decorador para que le digas todo lo que te parece mal y hasta incluso podría comunicarte con tu madre – la mujer revolvió entre un grupo de revistas que tenía al alcance de su mano y le mostró a Quinn una que se titulaba "Diseño con clase" – Si no me equivoco de su revista salieron casi todas estas ideas ¿O no es ella la editora principal? – Preguntó divertida la profesional – O también puedo dejar que pases la hora entera minimizando mi trabajo o degradándome o haciéndome sentir la peor persona del mundo. Si eso es lo que quieres, por quinientos dólares la hora puedo aguantarme todos tus insultos – no era necesario esconderse ante esta paciente.

Quinn giró los ojos – No se haga la lista conmigo – le advirtió. Para nada le gustaba que su propia psicóloga se burlara de ella.

La mujer le sonrió – A ti no te gusta que te tomen el pelo, pues a mí tampoco – respondió la mujer – Entonces por favor, confía en mi sentido profesional y responde a la pregunta ¿Cuál es tu otro mecanismo de defensa? – preguntó más seria que antes.

Quinn tomó aire se cruzó de brazos dejando que el peso de su cuerpo descansara sobre la biblioteca – Creo que dijo que se llamaba algo así como "desplazamiento" – contestó sin mirar

- ¿Y cómo funciona en ti Quinn? – preguntó mientras circulaba la palabra para después dejar la lapicera, sacarse los anteojos y limpiarlos con un pequeño paño.

Quinn giró los ojos y se miró las uñas esculpidas – Según usted cuando tengo problemas o algún sentimiento sobre alguien sobre el que no puedo actuar, atacó a todo lo que se cruza sobre mi paso – definió – O alguna estupidez parecida – agregó haciendo que su primer mecanismo saliera a flote.

- ¿Estás de acuerdo conmigo en que estás usando los dos ahora mismo? ¿Estás de acuerdo que algo te está molestando y estás usando tus mecanismos para evitar exteriorizar lo que tanto te molesta? – la aceptación era el paso que seguía

Quinn la miró fijamente y apretó su mandíbula con fuerza – Si – respondió simplemente.

- ¿Y a qué se debe Quinn? – preguntó inspeccionando como sus lentes habían quedado

- Se supone que le pago para que me lo diga – reaccionó la rubia

La profesional suspiró, tomó su libreta, se colocó sus anteojos y con una última mirada a su paciente habló – A ver, si no me equivoco, hasta la última sesión de la semana pasada todo estaba bien, es decir que algo tuvo que pasar en estos días para que…

- Se equivoca, todo está pésimo – la interrumpió Quinn de mal humor

La psicóloga se quedó mirándola con sorpresa - ¿Pésimo? ¿No crees que estás siendo muy… - tenía que elegir bien las palabras si no quería que su paciente la terminara de fulminar con su mirada – Un poco extremista? – finalmente eligió.

La respuesta de Quinn fue darle la espalda a la mujer y soltar un fuerte resoplido que claramente quería decir "¿Yo extremista? Jamás"

La psicóloga agitó la cabeza con cautela y luego de aclararse la garganta volvió a hablar – ¿Qué tal el trabajo? Tenías una decisión importante que tomar si mal no recuerdo respecto a una nueva inversión… – ojeó su libreta con sus anotaciones recientes – Y además… - la psicóloga sonrió orgullosa mientras sacaba de su grupo de revistas la que se llamaba "Forbes" – me llegó el último número y ¿adivina quién está nombrada como la empresaria del año? – esperó que esa novedad hiciera que su paciente le dedicara un gesto o al menos que viniera algún cambio de humor o algo por el estilo, pero solo vio como los hombros de Quinn se levantaban.

- Yo por supuesto – contestó Quinn sin darle importancia. Años atrás hubiera mandado a enmarcar la revista y hasta hubiera hecho una gigantografía con la foto. Incluso hubiera organizado una megafiesta para que todos siguieran adorando y alabándola. Y si no lo hacía ella, estaba segura de que la iba a hacer Santana, pero ni siquiera eso pasó. Quinn ya no era la misma, esa frívola Quinn ya no existía.

- ¿No te alegra? – preguntó la mujer preocupada. Si algo tenía claro, era que en el mundo donde su cliente se movía eran importante ese tipo de frivolidades - ¿Ha pasado algo en el trabajo Quinn? – preguntó nuevamente cuando la respuesta a la pregunta anterior fue una simple levantada de hombros

- El trabajo está perfecto. Como usted dijo, esta semana tuvimos, más bien tuve que decidir acerca de una inversión en Subway y se puede decir que ahora soy más millonaria que antes. Y más poderosa también, salvé miles de puestos de trabajo, cree miles nuevos – contó como si estuviera hablando de lo que iba a cocinar esa noche.

- Todo eso es importante Quinn, muy importante. Esto también es importante – Quinn se vio obligada a mirar a la mujer y se la encontró sosteniendo la revista. Le dio la espalda nuevamente

- Si usted lo dice – respondió sin ganas la rubia – No es como si necesitara a una revista para saber de lo que soy capaz de hacer. Tampoco necesito que me estén adulando todo el tiempo. – las cosas habían cambiado y la psicóloga no pudo reprimir una sonrisa. Su paciente estaba creciendo, estaba mejorando.

- Además no creo que vuelvan a nombrarme en esa revista – esto sorprendió a la mujer mayor

- ¿Y eso por qué? – preguntó frunciendo el ceño. Estaba segura que esta poderosa y ambiciosa mujer no iba a parar hasta ser la número uno en todo

- Algo así como que les gané una demanda porque exigí que en la publicación no se nombrara ninguna de mis proyectos personales – contó

La mujer entendió perfectamente, había una página entera dedicada a las obras de caridad que Quinn hacía – Hablando de eso ¿Cómo va el proyecto "De vuelta en casa"? – la mujer sabía la importancia que tenía esa obra para Quinn. Y lo confirmó cuando la empresaria se dio vuelta para mirarla con una sonrisa.

- Todo marcha a la perfección – contó – La hermana Ana me llamó ayer para decirme que habíamos logrado acoger al niño de la calle número cien de este año y que ya estaba apadrinado. Se llama Fernando y le gusta mucho jugar a la pelota. Jane me mandó una foto de el y sus padrinos, es adorable realmente – los ojos de Quinn se iluminaban – Estoy muy contenta con eso – agregó – Y la construcción de los hogares en Los Ángeles y en Boston marchan a la perfección – agregó

- Lo que has hecho por todos esos niños es valorable Quinn – la mujer estaba al tanto de todo y no la dejaba de sorprender la cantidad de dinero y esfuerzo que al rubia ponía en esas obras. Ojeó la revista que tenía en sus manos y donde se podía ver a Quinn junto con dos mellizas enfrente de lo que parecía un renovado y completo hogar.

Quinn apretó los labios y asintió – No es mi crédito. Usted sabe de quién me inspiró para hacerlo – aceptó con humildad. Además tenía todo un grupo de trabajo que incluía hasta a sus mismos padres detrás de ella.

La mujer sonrió aún más orgullosa y anotó en su cuaderno el impedimento que Quinn tenía para nombrar a esa famosa persona en la sesión de hoy. Aun así se enfocó en seguir con el proceso de las preguntas y respuestas para llegar a qué era lo que verdaderamente le molestaba a la empresaria.

- ¿De esas construcciones me dijiste que se estaban encargando los padre de R…

- Si – Quinn la cortó rápidamente – Shelby y Hiram han desplazado prácticamente a Puckerman construcciones SA y son la empresa constructora número uno del país – La profesional notó como la rubia trataba de mantener los temas de la forma más frívola posible. – Por supuesto que después de que demandaron a Puck por el derrumbe del último edificio que construyó hace como diez meses, la costa les quedo libre a mis sueg… a los señores Corcoran prácticamente. Puck es un idiota – agregó

La psicóloga asintió anotó algo que tenía que ver con la relación entre Puck y Quinn en su libreta – ¿Aun sigues juntándote con Shelby y Hiram todos los jueves para almorzar? – La doctora Lee sabía que era un cita impostergable. Pensó que algo podría haber pasado en el último almuerzo con ellos.

- Por supuesto – admitió Quinn – Ellos… ellos se han convertido en mis padres aquí en New York y me hace muy bien tenerlos cerca. Me escuchan, los escucho. En cierto punto creo que son los que más me entienden, ellos también la perdieron y también luchan día a día para recuperarla. Me hacen sentir que la tengo a ella más cerca – agregó – Además es prácticamente imposible separarlos de sus nietas – dijo después de una pausa para cambiar el rumbo de la conversación

- Mhhm… - la psicóloga decidió que por ahí no venía el problema pero claramente Rachel estaba ganando la batalla en ese aspecto.

- ¿Cómo van las cosas con tus padres? – iba adentrándose en relaciones más personales.

Quinn le dio la espalda nuevamente a la mujer y caminó hasta la ventana más cercana – Antes de entrar aquí tuve una larga discusión con ellos – había sido una llamada grupal muy interesante y la psicóloga pensó que se estaba acercando al nervio de la cuestión

- ¿Discusión? ¿Quieres contarme qué pasó? – preguntó

- Pues lo de siempre – contestó muy a lo liviano

- ¿Por lo de siempre te refieres a que siguen insistiendo en que recuperes a…

- Usted sabe muy bien a que me refiero – la interrumpió y la psicóloga anotó algo más en su libreta – Pero más allá de eso están bien. Recién llegados de un crucero por Europa y desesperados por ver a las niñas, parece que se hubieran olvidado de que tienen dos hijas. Frannie me llamó para quejarse por la falta de mimos que estaba recibiendo de papá y mamá – dijo tratando de salir del tema anterior rápidamente.

La Psicóloga asintió y pasó rápido a otro punto importante - ¿La relación con tus amigas… Brittany y Santana? – Leyó la mujer - ¿Cómo llevan el matrimonio? ¿Sophie? – el matrimonio de sus dos amigas había sido causal de un gran ataque de histeria de Quinn en una de sus sesiones. La profesional tuvo que trabajar mucho con ella para sacarle la sensación de soledad que eso el acontecimiento le generó a la rubia.

- Lo llevan… genial – contestó Quinn aun sin entusiasmo y aun mirando por la ventana – Las veo muy felices, a ellas y a Sophie. La pequeña rechonchita está hecha todo una señorita y cada vez se parece más a Santana, francamente eso me asusta un poco – ambas rieron – y más ahora que la han puesto a dieta – todos se tenían que aguantar a una mini Santana con un carácter terrible – Al menos al fin terminaron de mudarse – contó la rubia con nostalgia. Le había costado mucho a las tres separarse – Ya estaba cansada de que Brittany entrara a mi oficina o al departamento llorando porque la idiota de a la idiota de la latina esa todavía le siguen dando pánico los cambios. Ya tiene el anillo puesto y aun así quería seguir viviendo como si fuera soltera. – gruñó Quinn haciendo reir a la señora Lee – No se ría, Santana es una idiota.

La mujer sonrió – Debo decir que me alegró mucho tu mensaje contándome que habían podido encontrarla el día del casamiento. Por sus antecedentes – de hecho la misma psicóloga en la descripción que había puesto de Santana había agregado una línea que decía "problemas para comprometerse" – pensé que no lo iba a lograr realmente.

Ante lo que dijo la mujer Quinn no dijo nada durante unos segundos – Usted sabe muy bien quien fue la que la encontró y quien fue la que hizo que Santana estuviera parada al lado de Brittany ese día – nuevamente la mujer tomaba nota que a Quinn le costaba nombrar a la famosa mujer.

- Cierto – apuntó – Debo decir que le quedaba muy bien el moretón en el ojo a Santana en las pocas fotos que alcancé a ver – la mujer tubo todas las intenciones de bromear al respecto pero cuando vio la espalda de Quinn tensarse decidió cambiar de tema.

- Quinn quiero hablar de Julian Tiffany – era otro de los nombres en su lista

- ¿Qué pasa con ella? – saltó la rubia de inmediato

- Me dijiste la semana pasada que habían tenido un intercambio importante de palabras en plena junta directiva – repasó lo anotado

- La muy… - cerró los ojos – Julian me propuso como presidente de la junta – informó – yo no acepté y la propuse a ella y por lo tanto ella volvió a tomar el mando de la empresa – resumió – Nadie de la junta se atrevió a ir en mi contra, ni siquiera el estúpido de George y ni siquiera Santana.

La psicóloga no entendía mucho de negocios pero supuso que eso no era nada malo

- Disculpa mi ignorancia Quinn, pero no veo el inconveniente. Hiciste que Julian recuperar lo que quería – dijo

Quinn soltó un suspiro dramático – La discusión no tuvo nada que ver con negocios. Julian es lo mejor que le puede pasar a esa empresa y todo el mundo lo sabe – aceptó – solo dio pie para que nos soltáramos varias cosas. Ella piensa que yo soy una cobarde y para mi ella es una metida – le dijo muy convencida de sus palabras.

- ¿Metida? Me habías dicho que entre ella y…

- No la nombre – otra anotación

- De acuerdo – se aclaró la garganta – Me habías dicho que entre ellas no había nada. Y si mal no tengo entendido Julian tiene pareja – Quinn asintió ante eso. La verdad es que estaba contenta por la joyera. A pesar de todo, en el último año se habían acercado bastante y de hecho se tenían confianza como para decirse unas cuantas cosas en la cara y por eso la alegraba un montón verla finalmente siendo ella misma y sin represiones.

- Tiene unas cuantas parejas diría yo – Había que aprovechar el tiempo perdido - Y No es a ese tipo de interferencia a que me refiero. Ella… Julian piensa que yo no estoy haciendo nada para… Usted sabe. Piensa que ya no la amo, que ya no me importa… puras tonteras – la psicóloga apretó sus labios y escribió la palabra "esquiva" en su cuaderno

La profesional miró un rato la espalda de Quinn mientras reflexionaba su próxima pregunta. Sabía que esto la iba a llevar hacia donde quería.

- ¿Cómo están las niñas Quinn? ¿Cómo está Beth? – Si la empresaria no quería hablar por propia voluntad, con algunos de los tantos trucos que le había enseñado hace años en la facultad y que fue perfeccionando con la experiencia, le iban a sacar las palabras como sea. Y de hecho cuando vio que la rubia giraba para mirarla con una hermosa sonrisa de madre orgullosa, supo que iba por buen camino.

Quinn caminó hasta llegar a la mesita con el vaso de agua. Bebió un sorbo y contestó - Beth está perfecta. Está alta y cada vez más hermosa. No conozco una sola persona que no se quede asombrada por su belleza – contó sonriente - Su problema de pronunciación solo sale si se pone muy nerviosa, y aun así es la primera en su clase y me atrevería a decir que hasta podría adelantarse unos años, es muy inteligente. Muy independiente, ni siquiera nos necesita para ponerle su medicina ya – dijo – Mamá dice que le hace acordar a mi cuando era pequeña, siempre lista para superar a cualquiera sin necesitar la ayuda de nadie – La misma Judy se había encargado de mandarle una foto de Beth jugando a la ajedrez con Russel. Su padre se había tomado tiempo y le había enseñado cuando las niñas se fueron a quedar unos días en Los Ángeles para el receso de invierno – Papa le regaló sus primeros palos de golf y ¿Sabes lo que hizo? Me preguntó cuánto dinero valían y si con ese dinero podía ayudar a los niños del hogar – Quinn nunca había estado tan orgullosa de alguien como en ese momento – Tiene un enorme corazón como Rac… como ella – finalizó bajando su vista

- Es una niña adorable – la mujer conocía a todas sus hijas. Quinn asintió y volvió a beber nerviosa, sabía lo que se avecinaba.

No viendo problemas en esa área, la mujer siguió - ¿Y Molly? ¿Cómo está la pequeña diablillo? – Molly ya tenía una reputación

Quinn soltó la primera risa de corazón que la mujer le había escuchado en lo que llevaban reunidas - ¿Por dónde quieres que le empiece a contar? ¿Por los mechones que le faltan a Roro en su pelaje porque a Molly le pareció buena idea ser su peluquera? ¿Por la cantidad de notas que recibo de su maestra quejándose de su comportamiento? ¿O cuando entró en mi oficina desnuda en plena firma del contrato con Wal mart porque simplemente tenía calor? – Obviamente eran preguntas irónicas. Quinn agitó su cabeza y contó la anécdota más reciente– Papá también le regaló palos de golf. – Dijo – Los usa para hacerle camas a sus ballenas – ambas rieron

- Nunca me voy a olvidar cuando la vi entrar con ese enorme inflable al despacho – la mujer había visto la obsesión que la pequeña tenía con esas cosas. Las dos volvieron a reír

- Molly está enamorada de mi – admitió Quinn con una sonrisa – A veces la agarro mirándome embobada y me la como a besos o le hago cosquillas o lo que sea. Esa niña puede conmigo como su… como ella. Son muy parecidas – el humor de Quinn iba y venía.

- ¿Y la pequeña hermosura? – la profesional nunca había visto una bebé tan bonita

La cara de Quinn se iluminó aún más – Alex es… es… nunca pensé que iba sentirme tan feliz de tenerla en mi vida. Después de nueve meses nunca me imaginé que tenerla en mis varazos me iba a dar tanta paz y que iba a ser capaz de amar tanto a alguien – su voz se quebró – Desde que nació, y con sus cuatro meses me tiene loca. No puedo dejar de mirarla ni un segundo – estaba enamorada de su hija – Es perfecta. Todas mis hijas son perfectas – agregó orgullosa. Amaba a esas tres niñas más que a su propia vida y solo había una persona por la cual sentía lo mismo. Quinn cerró los ojos y una lágrima cayó por su mejilla

- ¿Dónde están las pequeñas? – preguntó curiosa. De vez en cuando aparecían a buscar a su madre por allí

- Están…. Están con ella. Hoy es el último día de clases y ella… iban a recoger los boletines y esas cosas y después me las tiene que dejar en la oficina – contó tratando de recomponerse

- Quinn…

- No lo haga – la frenó la rubia

- ¿Qué cosa? -ya sabía pero igual iba a preguntar. Había llegado al centro del problema. Al centro de la vida de Quinn

- No la mencionemos hoy por favor. No me siento con fuerzas para hacerlo – Había tenido una semana muy difícil al respecto.

- Quinn sabes muy bien que tenemos que hacerlo – era momento de reflexión – Sabes muy bien que Rachel es el inicio y el fin de esta terapia – la rubia agitaba su cabeza en negativa

- No es cierto – agregó – Yo vine porque quise, porque pensaba que… porque se que tengo que resolver asuntos y esas cosas…

- Asuntos que no dejan que tu y Rachel estén juntas como deberían estarlo – le dijo la mujer – Asuntos que hemos trabajado durante un año y que ya prácticamente los tienes controlados. No eres la misma Quinn desde hace un año, eres la Quinn que tu querías ser cuando entraste llorando la primera vez por esa puerta – señaló la puerta de entrada de su despacho – Ya estás lista Quinn, hace mucho tiempo que lo estás – le aseguró

Quinn se paró de inmediato y muy bruscamente agarró su bolso como para retirarse – Esta sesión por hoy ha terminado – le dijo camino a la puerta.

- Al final Julian tenía razón parece – comentó la psicóloga por lo bajo – Eres una cobarde – agregó más fuerte.

La empresaria se frenó instantáneamente y después de tomar aire volvió a la profesional – Julian y usted no tienen la más puta idea de lo que yo siento – le dijo con rabia

La mujer ni se inmutó. Al contrario enfrentó a Quinn y le dijo - ¿Y por qué no me lo dices Quinn? ¿Por qué no te sientes de una vez así podemos empezar con la sesión? – Como si nada de lo anterior hubiera sido la cuestión – ¿Porque no te sientes y en vez de evitar hablar de cómo tus padres, tus amigas, tus negocios y todo el mundo sabe que tu y Rachel tienen que estar juntas menos tu? ¿Por qué no te sientas y me explicas que miércoles pasó esta semana con Rachel que te tiene tan mal? ¡Anda! ¡Siéntate y hazme trabajar de una vez por todas! – raras veces la mujer se involucraba tanto en la mejoría de un paciente como lo quería hacer con Quinn. Le había agarrado cariño a ella y a toda su historia

El pecho de Quinn subía y bajaba con dificultad, pero en minutos la rubia logró tranquilizarse y se sentó como la mujer quería. Tomó de vuelta agua y miró a su psicóloga – Rachel se va a ir de vacaciones a Londres – dijo sin preámbulo logrando la atención de la doctora

- ¿Y eso es un problema porque…

- Es un problema porque… porque… porque ¡DEMONIOS! – Quinn no aguantó mucho tiempo sentada y se paró de un saltó para volver a caminar por toda la oficina - ¡SE SUPONE QUE ES CONMIGO CON QUIEN SE TIENE QUE IR DE VACACIONES! – espetó

- ¿Quinn acaso Rachel no tiene negocios allá? – la mujer estaba al tanto de todo sobre la morena

- Santana dice que tiene trabajo pero que además va a pasar varios días con sus amigos de allá. Con sus amigos y amigas – resaltó el femenino.

La mujer estaba al tanto de los problemas de celos de la rubia, y si bien habían trabajado sobre eso, ella sabía que los Celos son algo natural en las personas, que no se pueden controlar, que lo que se puede controlar es la forma de demostrarlos – Quinn… Hay algo que no estoy entendiendo…

- Rachel está avanzando – murmuró algo por lo bajo

- ¿Puedes hablar más fuerte por favor? – no había escuchado todo

Quinn giró los ojos y cruzó sus brazos - Dije que Rachel está avanzando. Que Rachel está haciendo su vida sin mi, que está planeando cosas sin mi. Que está disfrutando la vida sin mi. Que está siendo feliz sin… - una carcajada de la psicóloga la frenó - ¿Acaso se está riendo de mi desgracia? Yo acá estoy muriéndome porque estoy perdiendo el amor de mi vida y usted riéndose de mi. Rachel se está olvidando de mi existencia y usted a la carcajada pura, no puedo creerlo. Gran ayuda resultó ser – iba a volver a agarrar su cartera cuando la mujer habló

- Me rio porque más equivocada no puedes estar – esto hizo frenar a la empresaria

- ¿A qué se refiere? – la rubia se estaba volviendo más loca que antes

La mujer soltó un suspiró y empezó a buscar hoja por hoja algunas anotaciones – ¿Quinn que pasó cuando le dijiste a Rache días después de la famosa separación que no pensabas quedarte sola con el embarazo y que estaba muy equivocada si pensaba que no se iba a hacer cargo del bebe? – preguntó

Quinn frunció su ceño pero contestó – Se mudó conmigo pero…

- ¿Y qué pasó cuando le dijiste a Rachel que no pensabas dormir sola y que ella era tan responsable de ese embarazo como tu y que tenía que estar junto a ti y al bebé tanto de día como de noche? – seguía indagando

- Dejó de dormir en el sillón para empezar a dormir en un colchón al lado de mi cama – contestó – pero…

- ¿Y cuándo le dijiste que te sentías sola en una cama tan grande? – la rubia ya no sabía que hacer para tener a Rachel cerca

Quinn giró los ojos – Dejó de dormir en el colchón y se metió a la cama – contestó avergonzada

- ¿Qué hizo Rachel cuando tú le dijiste que no querías que fuera a esa fiesta de fin de año porque seguramente iba a conocer otras mujeres que no estaban gordas como tu? – lo tenía anotado en la sesión del 10 de Diciembre justo cuando Quinn iba a terapia con casi seis meses de embarazo.

- Me dijo que sus padres le habían pedido acompañarlos para presentarla como su hija en la empresa – La relación de Rachel con los señores Corcoran mejora día a día pero era un trabajo a diario.

- ¿Y qué pasó con esa fiesta? – indagó aún más

- Rachel no fue. Se disculpó con sus padres y les dijo que no me quería dejar sola y que quería pasar tiempo con su familia – confesó. Había sido ella misma quien había escuchado sin que la morena supiera lo que ella hablaba con sus padres – Se quedó conmigo y las niñas viendo una película y explicándole a mi enorme barriga de ese momento lo que iba pasando en la trama – Quinn se rió cuando recordó esa costumbre de la morena. – Al otro día Shelby me llamó emocionada preguntándome si las cosas habían avanzado y… y… no se a dónde quiere llegar con eso – Se apuró a decir. Si sabía pero igual iba a disimularlo

- Tu sigue respondiendo que solita vas a llegar a la conclusión como lo has hecho toda la sesión – era cierto – Ahora dime una cosa ¿Qué pasó cuando nació Alexandra? Me acuerdo que me dijiste que nunca habías visto a Rachel tan nerviosa y preocupada por alguien y que nunca la habías visto mirar a alguien con tanto amor, ni siquiera a sus dibujos, ¿A quién te referías Quinn? ¿A quién miraba Rachel con tanta adoración? – presionó

Quinn soltó un bufido – A su hija por supuesto – si había algo que no podía negar era el amor que la morena tenía por sus tres pequeñas

- ¿Solo a ella Quinn? ¿Estás segura? – la mujer sabía que había algo más - ¿Te acuerdas que me dijiste que despertaste y te encontraste con sus ojos sobre ti y…

- Me miraba a mí ¿de acuerdo? Rachel me miraba como si fuera la única maravilla del mundo, como si fuera el único ser vivo del planeta – confesó recordando el momento exacto que luego de un exhausto parto había dormido bastante tiempo para despertar y sentir esos hermosos y cautivantes ojos sobre ella – Pero era porque le había dado a su hija y porque…

- Eso no es cierto y lo sabes – la felicitó la psicóloga - ¿Y qué te dijo Rachel el día del parto Quinn? ¿Más bien que hizo Rachel en ese momento? – preguntó.

- Si se refiere al beso que me dio y al te amo que me dijo tengo que recordarle que ese fue el único beso que me ha dado en un año y la única que vez que me ha dicho esas palabras también y que justo coinciden con el momento que le di una hija – Quinn había hecho de todo para lograr que volviera a pasar, pero la morena parecía inmune a sus encantos.

- ¿Tu cuántas veces se lo has dicho? ¿Cuántas veces la has besado? - la doctora sabía muy bien la respuesta

Quinn se encogió de hombros – Tengo que recordarle que ella fue quien me dejó y que…

- ¿Cuántas Quinn? – basta de rodeos

- Ninguna – respondió con culpa

- ¿Y por qué no lo has hecho? ¿Por qué no le has dicho que la amas si de todas las sesiones que hemos tenido durante este año lo qué más claro tengo es que amas a esa mujer como nunca vas a llegar a amar nadie en tu vida Quinn? – la mujer vio como los ojos de la rubia se iluminaban a esta verdad

Quinn puso su cabeza entre sus manos rápidamente – Tengo miedo de acuerdo. Tengo miedo de que Rachel me rechace. No quiero que se vaya a Londres porque tengo miedo de que Rachel ame a alguien más. Todos tienen razón, soy una maldita cobarde – agregó

- ¿Cuántas veces has visto o te has enterado que Rachel ha salido con otras mujeres? – volvían las preguntas

- Rachel ha estado saliendo mucho con Santana asique puedo estar segura de que con unas cuantas – dijo indignada con su socia y aún más afectada por la enorme amistad que se había generado entre ellas.

- ¿Estás segura de eso? – Quinn asintió con superioridad – Me preguntó cuándo Rachel podrá estar con otra mujer, ¿Será cuando se la pasa con sus hijas y contigo en el parque? ¿O tal vez sea cuando duerme contigo y con Alex en su pecho? – la misma Quinn le había mostrado a la mujer una foto de Rachel durmiendo con su hija recién nacida sobre ella - ¡No espera! Tal vez sea los fines de semana que se pasó yendo y viniendo en busca de todos tus antojos o llevando a Beth a sus clases o enseñándole a Molly a andar en bicicleta o tal vez durante sus clases, clases que está tomando para estar a la altura de ti y de tu familia…

- ¿Acaso no escuchó cuando le conté que fui a llevar a las niñas al estudio de tatuajes y me encontré con prácticamente todo el equipo de porristas de su colegio encima de ellas? – Quinn estaba cansada de que todos defendiera a Rachel

- Y también dijiste que Rachel había pasado el día anterior una hora entera contándote acerca del tatuaje que todas las porristas del equipo querrán tener – habló la mujer – Dijiste que te despertó a las tres de la mañana para que la ayudaras a ver que no la convencía del dibujo y si mal no recuerdo también has dicho que eres a la única persona que Rachel le consulta sobre ellos – miró su libreta.

- Eso no quita que se pasara toda la tarde llena de mujeres que están desesperadas por ellas – se defendió Quinn y con razón. Rachel era bastante deseada por varias compañeras de colegio – Sin contar que se olvidó de mi prohibición de hacer esos estúpidos tatuajes C y tengo que enterarme por la idiota de Santana que Rachel hizo gritar a una mujer no se cuentas veces – Los tatuajes de clítoris habían vuelto para mal pesar de Quinn.

- También me contaste que con la plata que gana de hacerlo ayuda a tus causas en el hogar – agregó la profesional.

Quinn resopló y miró furiosa a la psicóloga - ¿Podría dejar de defenderla? Soy yo quien le paga – saltó la rubia enojada

La doctora suspiró y miró a Quinn con cariño – Quinn, querida – esto llamó la atención de la empresaria - ¿Recuerdas que buscabas viniendo a mi? ¿Te acuerdas por qué fue que empezaste terapia? – preguntó

La rubia apretó los labios – Quiero arreglar las cosas que hago mal para que Rachel me vuelva a amar – contestó sin miedo

La mujer la miró con dulzura – Pues lamento decirte que eso no es posible – ante la mirada triste de su paciente la doctora siguió hablando – Rachel nunca te dejó de amar Quinn. Es contigo con quien Rachel es feliz, es contigo con quien Rachel pasa la vida, es contigo con quien Rachel avanza y con quien hace planes…

- Eso no es cierto – la frenó la rubia - ¿No oyó cuando le dije que se va de vacaciones a Londres? – estaba enojada

- ¿Y tu como te enteraste? – era algo que le causaba curiosidad

- Esta mañana llegó a buscar a las niñas y me preguntó si estaba de acuerdo con que lo hiciera… ¿Qué? – La mujer la miraba sorprendida

- ¿Te pidió permiso? – definitivamente era una fanática más de Rachel Berry

- No me pidió permi… bueno si, se puede considerar que…

- ¿Y tu que le dijiste? – por la cara de avergonzada de su paciente dedujo que nada bueno - ¿Qué hiciste Quinn? – algo no iba bien.

- No pude controlarme ¿de acuerdo? Todo lo que veníamos practicando se fue al carajo cuando la imagine rodeada de mujeres en Inglaterra o peor aun casándose con alguna de ellas. Estoy arruinada lo se – admitió – No tengo solución… ¡Deje de reírse de mi!

- O Quinn querida, apuesto a que le hiciste lo mismo que aquella vez que la encontraste con su super miembro erecto saliendo de la oficina de Santana – esa sesión había sido épica.

- No le hice lo mismo – contestó de brazos cruzados - Solo esa vez le di una cachetada – no porque le hubieran faltado ganas de darles otras

- ¿Y entonces? – la mujer quería saber

- Yo… eee… le dije que si se iba que fuera olvidándose de pasar las vacaciones conmigo y las niñas – Quinn sabía que había procedido mal pero no pudo evitarlo.

La mujer agitó su cabeza en reproche y soltó un suspiro – Vamos a tener que seguir trabajando en la forma de reaccionar ante tus celos Quinn – era lo más complicado para todo el mundo

- Lo se, aunque ya perdí a Rachel asique es en vano seguir…

– O querida, tu no has perdido nada. Todos tus miedo son en vano – No tienes hacer que Rachel te ame siendo una nueva versión de ti, ella ya te ama y te ha amado tal como eres cada día y estoy casi segura de que te va a seguir amando…

- ¿Y porque ningún intento funciona? He hecho de todo para atraerla. Ni siquiera con todo lo que me costó recuperar mi cuerpo después del embarazo he logrado que me mire ¿Por qué no me besa ni viene hacia mí? No se qué hacer – no lo entendía.

- ¿Por qué no pruebas diciéndole lo que sientes? ¿Por qué no pruebas tu besándola o tu dándole la mano? Deja de tener miedo Quinn. Ve por lo que amas – la decisión reflejada en los ojos de su paciente dio fin a la sesión del día – Nos vemos la próxima semana.

A la tarde en la oficina de Quinn

- Señorita Fabray… ¡Guau! – Olivia entró a la oficina de su jefa y se la encontró espectacularmente vestida con un hermoso y corto vestido rojo y que portaba un gran escote

- ¿Cómo estoy Olivia? ¿Este te gusta más que el anterior o que el primero que me puse? ¿El Bordó me quedaba mejor cierto? – Olivia nunca había visto a su jefa tan insegura.

- Si me permite decirle señorita Fabray, usted está hermosa – le aseguró – Y bastante… bastante… - no sabía cómo decírselo – Bueno déjeme decirle que a los Señores Cartier les va a costar mantenerse concentrados en la reunión.

Quinn giró sus ojos, si había un motivo que todos sus vestidos eran apretados y con mucho escote no era precisamente para atraer inversiones. La única inversión que valía la pena era la de los ojos de Rachel sobre ella – Necesito tu opinión real Olivia. No me importa que piensen esos tipos, Rachel viene a dejar las niñas y…

- ¿La señorita Rachel viene a la oficina? – La cara de Olivia era de exhibición – ¿Tengo que pedirle al farmacéutico que vuelva a enviar el paquete rarón? – Olivia estaba al tanto de todo. Había sido ella quien había seguido cada cambio de humor de su jefa durante un año. Había sido ella la que la veía llegar cada día más triste que el otro. Sin contar que la presencia de la señorita Rachel en la oficina había disminuido considerablemente.

Quinn hizo una mueca de dolor, ¿Qué más quisiera ella que volver a usar el paquete rarón? Pero lamentablemente estaba tan cerca de tener sexo con Rachel como lo había estado durante todo un año, las probabilidades eran casi nulas. Hace un año que no veía ni siquiera un preservativo cerca – No creo que sea necesario Olivia y deja de decirle farmacéutico que ya todos sabemos de los revolcones que se pegan cuando piensan que nadie queda por aquí. La misma Santana mandó un memo titulado "si te encontraste a los dos viejitos teniendo sexo en algún lugar de la oficina reenvía este mail"- dijo graciosamente Quinn

- Señorita Fabray… - Olivia estaba colorada

- No te preocupes Olivia – le dijo Quinn mientras se ponía unos hermosos aros – Mientras eviten mi oficina no tengo problema alguno – esa oficina solo podía ser usada por dos personas para ese propósito

- No se preocupe que jamás haría eso – le aseguró avergonzada –La oficina de la señorita Lopez por otro lado… - la mujer siempre había tenido esa fantasía

- Si Santana se entera sabes queno voy a poder defenderte Olivia – le advirtió Quinn como si fuera una charla de amigas.

- Tengo mis propios medios –Olivia tenía bien guardado el video que consiguió sobornando al de seguridad de la señorita Lopez y la señorita Pearse teniendo sexo en su silla de escritorio.

Después de que Quinn terminó de arreglarse Olivia preguntó - ¿Hago pasar a los señores de Cartier? – no podía evitar mirar a su hermosa y madura jefa. Estaba orgullosa de todo el crecimiento que había hecho este año

- Si por favor Olivia… y recuerda avisarme cuando..

- No se preocupe, apenas llegue la señorita Rachel le avisó – Su jefa le sonrió y ella salió por la puerta.

Horas después

- ¡VIVIA! – la primera en salir del ascensor fue Molly. La pequeña venía con una sola zapatilla en sus pies, con un pequeño cuaderno en una de sus manos, con su cara toda mugrienta con helado de chocolate y por supuesto sin remera. Molly no tardó en tropezarse con una planta que decoraba el largo hall mientras corría hacia Olivia.

- ¡Señorita Molly! – Olivia amaba a las tres niñas como si fueran sus nietas - ¡Qué alegría verlas! – Se paró de su escritorio para recibir a la pequeña terremoto y además para ver como Rachel entraba a la oficina con Beth agarrada de su mano, con un coche vació y plegado sobre la otra mano y con una pequeña durmiendo en su pecho. Alex estaba asegurada con un moderno arnés sobre la morena.

Para cuando Olivia había agarrado a Molly y había recibido varios besos y abrazos de la pequeña ya las otras tres habían llegado cerca – Buenos días Olivia – saludó Beth

Olivia dejó a Molly en su silla de escritorio y caminó hasta la pequeña rubiecita - Buenos días señorita Beth. Cada día está creciendo más hermosa – la mujer mayor vio como la pequeña se ruborizaba

- ¿Te gusta mi vestido? – Beth lucía un impecable vestido celeste y Olivia no pudo evitar notar la semejanza entre la pequeña y su rubia madre.

- El vestido es precioso – le aseguró la secretaria – Pero a usted le queda todo bien señorita Beth. ¡Buenos días señorita Rachel! – saludó entusiasmada.

- Hola Olivia – Rachel la saludó agitando su mano mientras acomodaba las cosas cerca del escritorio de la mujer.

- ¿Cómo se encuentra señorita Rachel? Hace tiempo que no la veíamos por aquí – indagó la mujer.

- Yo… eee…. Vine a traer las niñas y a ver a … a hablar con Quinn – Olivia sonrió. Hace un año Rachel hubiera tartamudeado varias veces más antes de hablarle y tal vez ya se hubiera alejado varios pasos de ella. Pero esta Señorita Rachel de ahora se veía más segura y tranquila. Olivia no pudo evitar notar como tanto su jefa como la morena habían madurado durante este año "separadas"

- La señorita Fabray está en una reunión pero en….

- ¡Aaaaa! ¡Ssiiiii! ¡Ahiiii! – gemidos y expresiones de placer salían desde la computadora de Olivia que justamente era la que Molly estaba toqueteando

- ¡VIVIA! ¡MIIII! ¡Mira! ¡Vivia! – la pequeña estaba a las risas mirando y señalando la pantalla donde se podía ver a Olivia y al farmacéutico haciendo sus cosillas por ahí. Rachel miró de inmediato a Olivia al mismo tiempo que le tapaba la cara a Beth con una mano y a Molly con la otra.

Olivia se tiró sobre los cables de la computadora y la desenchufó cuanto antes. – Dios mio… señorita Rachel, lo siento mucho… lo siento mucho – ni siquiera sabía cómo Molly había hecho para encontrar ese video.

- ¿Esa eras tu Olivia? – Distinto que Molly que ya había perdido el interés debido al apagón de la computadora y se había bajado de la silla, Beth tenía curiosidad por lo que había pasado - ¿Qué hacía Olivia con ese hombre Mami? – Rachel estaba tan colorada como Olivia.

- No… no se Titi… Ellos estaban… - Menos mal que Alex decidió llorar en ese momento y que Molly ya había llegado donde quería

- ¡SANTA! ¡TUC! ¡TUC! ¡TUC! ¡SANTA! – Molly tenía bien en claro donde quedaba la oficina de Santana, su tía preferida - ¡SANTA! ¡SANTA! – golpeaba la puerta como todas las fuerzas de su pequeño puñito.

La puerta se abrió rápidamente para revelar a una Santana con una enorme sonrisa en su rostro – Pero miren quien está aquí semidesnuda y con una sola zapatilla puesta, mi pequeña raroncita – Santana no pudo evitar reírse de como la pequeña rascaba sus partes sin pudor alguno

- ¡Santa! ¡Vivia taba nuda! – el vocabulario de la pequeña había mejorado un poco pero las risas de la niña hacían difícil de entenderle

Santana miró a la secretaria y la encontró evitando su mirada mientras se hacía la que arreglaba su computadora. El llanto de Alex cambió su foco de atención - ¿Qué pasa rari? – Rachel trataba de calmar a la pequeña sin éxito alguno

- Estaba durmiendo y sin querer la desperté porque…. – miró a Olivia aun avergonzada y se levantó de hombros. Se ve que de la desesperación de taparle los ojos a las otras niñas despertó a la pequeña.

- Tía San – Beth llegaba al lado de su tía con una libreta en mano y con una suavidad impecable en sus movimientos – Hoy me entregaron el boletín de calificaciones – alzó el boletín para mostrárselo a su tía.

Santana le sonrió a la pequeña señorita luego de que se aseguró de que Rachel ya tenía a Alex calmada en su cochecito. La bebe retomaba su siesta – A ver… más vale que no vengas con un desaprobado en comportamiento como tu prima porque… - Los ojos de Santana se abrieron con orgullo. La pequeña no traía más que puros 10 en su libreta sin contar con los enormes cumplidos que los maestros habían agregado – Beth esto es grandioso. Son doce 10 asique te mereces… - Santana entró a su oficina a buscar su chequera y salió mientras escribía algo sobre ella – Aquí tienes, 100 dólares por cada 10 – los ojos de Beth se abrieron grandes cuando hizo la cuenta. No podía esperar a dárselo a la hermana Ana

- Santana no creo que a Quinn le guste que…

- Deja de ser tan polleruda rari. Ni que Quinn le estuviera entrando al rarón para que la defendieras tanto – Rachel se puso roja automáticamente. Menos mal que otra vez Molly la salvaba

- ¡SANTA! – era el turno de la pequeña de mostrarle su libreta a su tía orgullosa

Santana agarró la libreta – A ver cuantos dólares te vas a ganar mini rari… - El soplido de Beth le advirtió lo que llegaba – Manejo de materiales… un 6 y la maestra escribió "Molly necesita practicar usar el pegamento" – Santana soltó una carcajada, Quinn había estado tratando de despegar ambas manos de Molly durante todo un día – Asociación de elementos para lograr la suma y la resta… 6 – Molly raspaba todas las notas y Santana se estaba oliendo que alguien iba a tener que trabajar mucho más para el próximo año en jardín. Incontables eran las noches que Quinn y Rachel se la pasaron tratando de enseñarle a su hija a sumar y restar. Bueno en realidad toda la enseñanza venía de Quinn porque Rachel era igual de obtusa que su hija en matemáticas. Varios retos se habían ligado las rari cuando Quinn las encontraba comiéndose las gomitas con que trataba de enseñarle a Molly a sumar y restar. Santana agitó la cabeza y siguió leyendo las malas notas – "Molly necesita aprender a comportarse. Este cuerpo de maestros aconseja la asistencia de una psicóloga infantil" – Santana lo leyó sin preocupación. Nada malo había en su mini rari, al contrario, a pesar de todo lo que había pasado la pequeña era un enorme espíritu entusiasta. Además era la que más la hacía reir de todos. A Santana le encantaba escuchar todas las aventuras que la pequeña pasaba horas contándole en su idioma. Siempre era llena esto, coco lo otro, nuda, wiwi, miii, maa, agua, una historia tras otra. Y además la latina sabía que la maestra de Molly le había agarrado bronca a la pequeña desde aquella vez que la pequeña le levantó la falda para verle su "cuchi" según Quinn. – Bueno supongo que alguien tenía que superar a Sophien en la cantidad de notas enviadas por sus maestros – Molly estaba en prejardín y tenía más quejas que todos.- Cien dolares por cada queja de tus maestros… - Fue Rachel la que giró los ojos esta vez

- Eso no es justo – Beth había hecho el cálculo y había salido perdiendo – Hoy Molly le tiró un zapatillazo a la profesora de plástica…

- ¡O Dios! – Santana soltó la carcajada – Mo matas mini rari, me matas – Te mereces cien dólares más por eso – rompió el cheque anterior e hizo uno nuevo – Ven aquí mi raroncita – Santana alzó a Molly y ambas empezaron a cantar

- ¡VACACIONES! ¡VACACIONES! ¡VACACIONES! – Beth caminó hasta Rachel dejando a Molly y Santana festejar

- No es justo mami – se quejó de nuevo mientras seguían los canticos

Rachel le sonrió a su perfecta hija – Titi… a las personas como Molly y como yo nos cuesta más aprender las cosas. Tu y tu mamá, y estoy segura que Alex va a ser igual - La pequeña morenita tenía cuatro meses pero ya Rachel podía decir que así como compartía los ojos verdes de Quinn también compartía su inteligencia – Y a veces los retos no nos hacen aprender, a veces aprendemos mejor con mimos y con caricias, con cosas buenas y gente que nos tenga paciencia ¿Recuerdas cuanto tardaste en… en enseñarle a Molly los ruidos de animales? – Beth giró los ojos al mejor estilo Fabray

- Todavía aprende el del chancho – era todo un trabajo

Rachel sonrió – Pero eres la única que logra sacarle algo – eso era cierto, si era a alguien que escuchaba era a Beth.

Rachel vio la cara pensante de su hija justo cuando la puerta de la oficina de Quinn se abrió para dejar ver a la rubia acompañada de dos hombres que parecían hipnotizados por ella

- Esperamos su decisión señorita Fabray – la saludó el más joven estrechando mucho tiempo su mano para el gusto de Rachel

Quinn le sonrió y no pudo ver como el cuerpo de Rachel se tensaba – Voy a hablar con mi… - La mirada de Quinn fue primero hacia Santana y después hacia sus hijas para terminar en Rachel. La morena estaba demasiado ocupada mirando con odio al hombre más grande que seguía babeándose con el escote de Quinn.

- Señorita Fabray – el hombre la sacó de su transe y Quinn se giró para enfrentarlo

- Voy a hablar con mi socia y me pongo en contacto con usted – Quinn saludó al otro hombre – Olivia… Ya que te olvidaste de hacer eso para mi… - Olivia estaba demasiado avergonzada como para avisarle a su jefa que Rachel había llegado - ¿por qué no acompañas a los señores por favor? – pidió

- Ya mismo señorita Fabray – le iba a hacer bien para tomar aire

- Nada de demorarse con el farmacéutico por ahí Olivia – Bromeó Santana

- ¡VIVIA! ¡NUDA! – Molly estaba envalentonada y Olivia no pudo estar más agradecida de que las puertas del ascensor se hubieran cerrado

- Me matas raroncita me matas… Voy a agregar otro cero a ese cheque te juro…

- Santana deja de darle plata a mis hijas – Quinn ya había llegado con su mirada sobre una nerviosa Rachel cerca de sus hijas

- ¡Ma! – Molly saltó de Santana hacia los brazos de Quinn

Quinn giró los ojos mientras se dejaba un beso en la cabeza de Beth y caminaba con Molly encima para mirar a Alex dormir en el cochecito – Vamos a mi oficina – si seguían ahí estaba segura de que Molly se iba a hacer millonaria.

- ¿Dónde está la otra zapatilla de Molly? – preguntó la rubia apenas entraron al despacho. Ambas pequeñas levantaron sus hombros desentendiéndose de la cuestión. Lo que le dio a Quinn la pauta para mirar a Rachel.

La morena estaba parada nerviosa cerca de la puerta y se balanceaba sobre sus dos tobillos. Estar cerca de Quinn era algo que no podía controlar – Eeee… La escuela… Molly le tiró la zapatilla a la maestra y… y la escuela decidió dejarla como prueba…

- ¡Rachel! – Quinn no lo podía creer

- Esa maestra no le cae bien – la defendió Rachel

- Eso no importa – Quinn miró a su hija morena y la vio de brazos cruzados mirando para otro lado – Molly mírame – la pequeña obedeció de inmediato - ¿por qué le tiraste la zapatilla a la maestra? – preguntó

- Mala – fue lo único que contestó la pequeña agitando sus brazos

- La señorita Jameson no le presta atención a Molly – Beth saltó a defender a su hermana – Cuando está en mi clase siempre dice que yo soy la única Fabray que vale la pena enseñar y que Molly nunca hace nada bien y esas cosas – Beth estaba enfadad con esa mujer también

Quinn miró a Molly y después la cara de rabia de Rachel para luego volver a su hija del medio. Suavemente le agarró la cara para que la mirara – Por más que no te guste esa maestra no tienes que ir por ahí tirándole cosas. Tienes que venir y contarle a mamá o a mami para que ellas lo arreglen ¿de acuerdo? – la pequeña asintió avergonzada.

- Al menos pasó a jardín – Rachel interrumpió el momento y le pasó ambas libretas de sus hijas a Quinn.

Quinn las ojeo un rato y dejó un beso en ambas cabecitas felicitándolas – Veo que festejaron con helado – la falta de remera en Molly y su cara manchada eran muestra de ello. Rachel asintió

- ¿Por qué no le muestras a mamá tu libreta de calificaciones mami Rach? – Rachel y Quinn miraron a Beth como si estuviera hablando en chino

- ¿Tu… tu… a ti también te dieron la libreta? – Rachel había agachado la cabeza nerviosa pero aun así asintió. Quinn intuyó que algo pasaba – Volvió a mirar a una dormida Alex y habló - Beth cariño porque no llevas a Molly a limpiarse la cara y le pides a Santana que le ponga una de las remeras auxiliares – siempre había ropa en cada oficina por las dudas algo pasara.

Beth asintió y agarró la mano de su hermana. Le encantaba su rol de hermana mayor.

Apenas las pequeñas se fueron Quinn caminó hasta la morena y con atrevimiento y luego de un suspiro le agarró la barbilla para levantar su cara - ¿No quieres que vea tus calificaciones? – preguntó con cautela y deseando que no fuera así

Rachel encontró los ojos de Quinn con facilidad. Le encantaba perderse en ellos – Yo… lo siento mucho – dijo algo inesperado por la rubia

- ¿Lo sientes? ¿Qué… - antes de que pudiera preguntar Rachel había caminado hasta una de las mochilas de las niñas para sacar sus calificaciones y pasárselas a Quinn. La empresaria entendió de inmediato a que se refería con las disculpas la morena. Rachel había desaprobado matemáticas y por lo tanto no podía pasar de año aun.

- Rach…

- No es que… Yo estudié, te lo juro pero… pero… no las entiendo. No se como hacer y… y …. Yo solo se dibujar…

- Rachel – la voz firme de Quinn la frenó al mismo tiempo que las manos de la rubia sobre las suyas le dieron un escalofrió por todo su cuerpo y ni hablar de lo que hicieron sobre su entre pierna - ¿Cuándo es el próximo examen? – preguntó con cautela

La tatuadora torció su cabeza y abrió la boca para pensar – Creo que… creo que en una semana – algo así era.

- Perfecto – le sonrió Quinn – No te preocupes porque tu nueva profesora particular te va a ayudar – le aseguró la rubia mientras los sonidos de Alex despertándose se hacían notar.

- Una profesora… una profesora particular.. ¿Quién? – lo que menos quería la morena era otra maestra mala onda que la retara y la hiciera pensar que el colegio no era para ella – No me gusta – refutó enojada

Quinn alzó a Alex en sus brazos y miró a Rachel – Ten cuidado con lo que dices morena. Puedo llegar a ser muy buena profesora ¿no es cierto cariño? – Quinn no sabía que le había dado más risa, si la cara de Rachel o la de Alex recién despierta. Cuidado Rachel Berry, la profesora Quinn va por todo. Basta de cobardías.

NOTA FINAL: últimos tres capítulos para mediados de Diciembre