Annia Swiftie: Jajaja no. Aunque me encanta Kill Bill, me gustó más Yamagushi Kumiko de Gokusen como mujer Yakuza.
Sasu contestare a tus preguntas respectivamente: 1.-Mala 2.-Si 3.-Si 4.-Le da el infarto 5.-Por supuesto que si le importa. Ninguno sabia sobre la madre de Sakura. 6.-Le divierte . Fiuff, muchas preguntas.
Gracias por sus comentarios. Me alegran el día.
Estamos llegando a la curva final de este FanFic, pero me seguirán viendo por ahí. Aun quedan varios capítulos, pero... el que avisa no es traidor.
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Traidora, Nanami Hara
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En mi vida, mi madre había supuesto un obstáculo. Un obstáculo mayúsculo.
Si ya por si solo tener un padre bueno en las apuestas pero con mal criterio para escoger a quien ganarle ese dinero, tener una madre que era la cabeza de una de las más importantes casas Yakuza, era un anexo al paquete de "jodamos a nuestra hija".
Mi vida cotidiana en general era horrible por culpa de mi padre, pero mis relaciones, ya sean en amistad o más allá, y mis problemas en ellas, se los debía a mi madre.
Ya solitos mi padre y madre llevaban una relación…complicada.
Mi padre, criado por apostadores en Alemania, decidió probar suerte e ir a Japón. Le fue bien, ganó bastante. Se regodeo con los ricachones del país y entre una de sus jugadas, conoció a mamá. La princesita de la casa, la llevaban para que los del negocio la conocieran como la sucesora de la familia, se engancharon de inmediato. Todo parecía de cuento, literalmente.
Se veían a escondidas y ocurrió lo que debía ocurrir entre dos adultos jóvenes. Sexo. Sexo duro y del bueno. —Iug, mis padres—.
El padre, mi abuelo, descubrió lo ocurrido demasiado tarde, los separé y le puso precio a la cabeza de Rei. Un precio muy alto.
Como siempre, y lo único que sabe hacer mi padre, huyó. Mi madre, medio preocupada por él, medio rencorosa por ser dejaba atrás, admite que no puede pensar en Rei como su primer amor, hay más. Lo aceptó y como también admitió que debía seguir adelante, desde antes de siquiera conocer a papá, ella estaba comprometida con el hombre indicado para formar parte y tomar sobre sus hombros una familia tan influyente como la de madre.
Oh sorpresa, estaba embarazada y de nadie más que de Rei. Lo mantuvo en secreto por un tiempo, pero todo ha de salir a la luz con el tiempo ¿no? Y bueno, el tiempo le dio una panzota que en su vida iba a poder ocultar con cualquier cosa.
Por increíble que pareciera, se quito el precio sobre papá y se le notificaron las "buenas nuevas", pero este no se apareció.
Con otra sorpresa más al asunto, el joven prometido acepto seguir con el matrimonio, prometiendo hacerse cargo de ser la cabeza de los yakuza siempre y cuando yo fuera dada en adopción. Estaba enamorado de mamá pero aun así, no había razones en la tierra que lo hicieran cuidar de un bebé que no fuera suyo.
Criada como una hija obediente y habiendo agotado sus perdones con el desliz que tuvo con Rei, madre accedió, advirtiendo a papá que abandonarme significaría mi muerte.
Por cariño o piedad, mi padre se presentó y me llevo consigo. Los años pasaron y una nota llegó a casa. Madre requería nuestra presencia, raro pues yo advertía que ella había muerto, claramente una mentira de papá y Kakashi. Muy pequeña siquiera para contar, fuimos a verla.
Fui recibida ceremoniosamente y tratada como la princesa que fue mi madre alguna vez.
Conocerla fue increíble, no nos parecíamos mucho, pero hasta yo podía decir bien, que ella era mi madre. Nos sentamos frente al abuelo, el esposo y mi propia progenitora. El esposo me admiraba con admiración, propiamente.
Fue Kumiko, mejor conocida como mi madre, la primera en hablar.
—Queremos que Ami se integre con nosotros—fue estratégica al hablar con papá. Yo estaba sentada sobre mis piernas flexionadas, pero mis manos sujetaban con fuerza su ropa, desconfiada de los desconocidos hasta entonces.
—Su nombre es Sakura—neutral dijo como quien habla del clima. Le frunció el ceño, pero al verme me sonrió y me ofreció sus brazos abiertos. Enterré la cara en la ropa de papá.
—La necesitamos—aclaró
Padre apretó su postura. Hasta yo siendo tan pequeña sentía la tensión en la situación.
—¿Cómo pudimos haber dejado ir a semejante niña?—se lamentó el abuelo sonriéndome. Decidí que no me agrava ese viejo feo.
—Pudieron. ¿Para qué la quieres después de tanto tiempo? He estado solo en esto y a Sakura no le molesta—me palmeó la espalda para que me sentara adecuadamente.
—No puedo tener hijos y necesitamos un sucesor
—Habérselo pensado antes
—Esto es culpa mía—sentencio el esposo—Lo siento—me sonrió lastimero. Decidí que tampoco me gustaba.
—Aun no hemos escuchado lo que la niña quiere—Hasta ahora no me había puesto a pensar en lo mucho que Kumiko se refrenaba a llamarme Sakura. No le gustaba ese nombre.
Yo me negaba a hablar y al final, como era de esperarse, regresé con papá. Me vi obligada a frecuentar a la familia de mamá y con ello los años pasaron. Nunca terminaban de agradarme y después de enterarme de la historia, menos aun.
Ellos me amaban, de eso no tenia duda ahora. Los tres se desvivían por mí—más o menos—: Mi abuelo, mi padrastro y mi madre.
Los evitaba en lo posible.
Pero desde hacía un par de años, se habían puesto más exigentes, diciendo más que nada, repitiendo como pericos que ya me había divertido lo suficiente y era hora de tomar responsabilidades. Parecían pensar que desde un inicio ya tenían la guerra ganada y al final del camino yo estaría en esa casa ocupándome de sus asuntos. Creían que yo ya había aceptado mi "destino" inviernos atrás.
Como se notaba que no me conocían.
Kakashi recurría a mamá cuando "me salía del camino", más que nada cuando tenía algún interés amoroso.
Mamá odiaba a papá y viceversa, más que nada lo detestaba por meterme al mundo de las apuesta, no se daba cuenta que el suyo no era uno mucho mejo.
¿Nadie podía culparme por ocultarlo, cierto?
—¿Eh?
No tengo la menor idea de cuánto tiempo estuve ensimismada en mis pensamientos—yo digo que mucho—pero fue ese el tiempo que Sasuke tardó en reaccionar.
—¿Vas a terminar conmigo?—me hice chiquita y esperaba sus gritos molestos
Con intensiones asesinas me miró.
—No. Pero qué buena friega te voy a dar.
Los guardias lo vieron con los planes más malvados.
—No digas eso aquí—le susurré entre dientes, exasperada por su descuido—ni en casa de mi madre.
—No quiero ir—le ladró a nuestros acompañantes.
—¿Callo a este niño bonito?—le preguntó el de junto a mí al conductor.
—¡No!—ordené. Se quedaron en sus lugares y bajaron la cabeza.—Sasuke, no pasará nada. Para la mañana estaremos en casa, pero necesito que te quedes callado, yo me encargare—abrió la boca con la cara enojada—¡Pa-pa-pa! Shh—lo interrumpí golpeando sus labios con los dedos.
Refunfuñó y se cruzó de brazos echando la cabeza para atrás.
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La casa estaba tan magnífica como siempre, imponente, antigua, tradicional. Hermosa, sinceramente.
Pasamos los primeros portones aun en el auto, rodeando una fuente y dejándonos directo a la entrada de la casa rodeada de un estaque y jardines bien cuidados, seguidos de una muralla de piedra antigua. Una casa japonesa en todas sus letras.
Conociendo bien la casa, e ignorando a las escoltas, jalé a Sasuke, demasiado ocupado admirando la casa, por uno de los laterales sobre el pasto y llegando a otro pasillo, me deshice de mis zapatos y subí a la madera del descubierto pasillo.
Caminé seguida por Sasuke y los escoltas—diciéndome que no me desviara— hasta una habitación que conocía bien. La abrí de golpe.
—¡Padre! ¡Traidor!—el cuarto de huéspedes, donde solían retener a papá cuando lo secuestraban—No me advertiste
Le ordené con una mirada a los de las escolta que se largaran. Corrieron, seguro a delatarme con madre.
—Kakashi me traiciono a mi—se lamentó atado a la silla.—A Naruto se le escapó que estabas muy contenta anunciado tu compromiso con un Uchiha en la fiesta de Navidad. Estábamos bromeando, no sabíamos que estaba escuchando ese maldito Hatake.
Me puse pálida. ¡No!
¡No!
¡No! ¡No! ¡No! ¡No! ¡No! ¡No!
—No es cierto—me mareé y tuve que sujetarme de Sasuke detrás de mí.
Asintió casi dándome el pésame.
—Sí. Tu prometido de verdad, está aquí
¡NOOOO!
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Bye-bye.
