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Tratando de crecer

Squall

"Tan joven y tan viejo"

Squall había despertado desnudo y jaquecoso en una cama desconocida con otro hombre no identificado.

-Esto no se ve todos los días.- pensó, perplejo y confundido. La figura a su lado giró nuevamente, revelando el rostro dormido de Irvine. Un pequeño suspiro de alivio dejó los labios del más joven.

Con cierto cuidado para no despertar al otro, el Comandante salió de la cama y se dirigió al baño, donde encontró su ropa hecha una pila de arrugas en el suelo. Alzó una ceja con hartazgo. Casi sin pensarlo, abrió el grifo inferior de la ducha y metió su cabeza bajo el frío chorro.

La puerta se abrió de repente.

-Oye, Sq…- Irvine se quedó en silencio, claramente encarando el trasero de su antiguo líder por una fracción de segundo, mientras este se enderezaba.

-¿No tocas puertas, pendejo?- reprochó el pelicorto, ocultando su vergüenza y logrando encararle con sorpresiva seguridad para alguien que estaba totalmente desnudo y en una posición tan particular.

El otro, ya mirando para cualquier lugar menos él, pareció murmurar algo ininteligible y rápidamente se fue, cerrando la puerta tras de sí. Squall puso los ojos en blanco.

El guerrero del sable-pistola se higienizó lo mejor que pudo y se vistió con su ropa sucia a falta de algo mejor. Cuando salió, Irvine estaba ensimismado mirando un mapamundi.

-¿Planeando el próximo destino?- preguntó. Irvine alzó la vista y asintió escuetamente.

-Pensaba en Fisherman's Horizon. La pasé muy bien allí.-

Squall, por su parte, no podía decir que el lugar le hubiera encantado. Estaba bien, sí, pero el estilo de vida no iba con él.

-Demasiada pasividad.- recordó.

El muchacho miró la hora y se preguntó cuándo había sido la última vez que había dormido tanto.

-Sí…- oyó al francotirador. –Deberíamos volver al orfanato.- comenzó a doblar prolijamente el mapa en sus manos. –Déjame pasar por el baño y recoger mis cosas.- rápidamente se puso en acción, dejando a Squall consigo mismo.

Tras dar algunas vueltas por la sencilla habitación, se encontró aburrido antes de lo esperado.

-Me estoy tornando impaciente.- ponderó con un suspiro y bajando la mirada. Entonces, algo le llamó la atención: un papel estaba tirado cerca de la puerta del cuarto. Preguntándose cuándo el cowboy se había tornado tan descuidado, avanzó hacia él y lo recogió. Leyó el contenido y se lo comunicó a su compañero. –Irvine, del hotel dicen que, por pasarte de la hora de check-out, van a cobrarte medio día.-

-Demonios, es cierto.- exclamó el otro, asomando la cabeza con el cepillo de dientes en la boca, lo cual lo obligaba a pronunciar raro. -¿Qué es ese sobre?- Squall miró el otro papel que había levantado del suelo y abrió los ojos con sorpresa al leer el destinatario. -¿Qué sucede?-

-Está a mi nombre.- rápidamente abrió el sobre y extrajo y leyó la sencilla hoja de papel que contenía. Su rostro, de por sí claro, palideció aún más.

-Demonios, Squall, ¿qué dice ahí?- preguntó el vaquero acercándose a él con un gesto de preocupación indisimulable.

El Comandante alzó la mirada hacia su amigo con los labios apretados en una fina línea. Se pasó una pesada mano por encima de ellos antes de hablar.

-Aquí dice que Cid… fue asesinado.- los ojos violáceos del vaquero se abrieron de par en par.

-¿Qué?- susurró, aproximándose aún más y tomando el papel que el menor le ofrecía. –"No puedo revelar mi identidad, pero sepa que mi lealtad está con la Justicia".- leyó la última línea en voz alta. -¿Crees que es una broma… de muy mal gusto?- Squall lo ponderó pero luego negó levemente.

-No quiero sonar ridículo, pero mi instinto me dice que esto es cierto.- afirmó, recuperando la misteriosa misiva y releyéndola varias veces. Tras un silencio, Squall miró significativamente a su amigo. –Considero que no deberíamos decirle de esto a Edea.- la mirada inquisitiva de su amigo lo obligó a desarrollar la idea. –Para empezar, por alguna razón me enviaron esto a mí. Aquí.- indicando al hotel.

Ambos pensaron lo mismo: alguien estaba espiándolos.

-¿Piensas que fue…?- comenzó el pelilargo.

-¿Seifer?- preguntó, recordando a la silueta masculina alta y rubia que había aparecido en la tumba de Cid. –Quizás…- entornó los ojos. –Aunque la nota está escrita en términos más bien formales; me habla de "usted", lo cual es algo que Seifer no haría en esta vida.-

-¿A lo mejor lo hizo para desviar sospechas? Además, el Seifer que conocimos y el que debe ser ahora…- la idea quedó flotando pesadamente.

-Puede que tengas razón.- cedió finalmente, aunque la idea no acababa de cerrarle. –Irvine, ¿crees que deberíamos decirle a Ele?- el otro muchacho llevó una mano a su mentón, en un gesto meditativo.

-Creo que sí. Alguien que se quede aquí debe saber de esto, así estarán más atentos. Ele además cuenta con los SeeD blancos.- el Comandante asintió. –Recogeré mis cosas y volveremos al Orfanato; mientras antes sepan de esto, mejor.-

Irvine metió sus escasas propiedades en el bolso que portaba y pronto estuvieron en camino a su primer hogar. Caminaron en silencio y muy tensos, ya que alguien parecía estar un paso por delante de ellos, lo cual los descolocaba totalmente.

-¿Quieres que vuelva al Jardín?- preguntó Kinneas de un momento a otro. El Comandante lo miró y notó que el otro continuaba con la vista clavada en el camino.

-Puedes regresar si así lo deseas, pero no es necesario que dejes tu vida por algo así; yo podré manejarlo.- fue la ambigua e impersonal respuesta.

-Entiendo.-

Desde entonces, sólo hubo silencio entre los dos.

Cuando llegaron, en el comedor se reunían Eleone, Quistis, Zell y Selphie alrededor de la mesa con té y masitas. Si bien no podía decirse que el cuarteto estuviera con los ánimos muy elevados, los gestos de los recién llegados parecieron terminar de aplastar el humor general.

Con voces aplacadas, indicaron al grupo que sería prudente reunirse en un lugar donde Edea no pudiera oír lo que iban a contar.

-Edea está visitando a Cid.- afirmó Eleone con el tono quedo, apretando su chal en un ademán inquieto.

Así, Squall e Irvine mostraron el mensaje y las condiciones en las que fue recibido. Zell y Selphie dirigieron miradas sorprendidas a Irvine, quien respondió con un gesto que sólo los más jóvenes supieron interpretar.

Squall detalló también las ideas y conclusiones a las que él y el cowboy habían arribado.

-¿Qué podemos hacer?- finalmente preguntó Quistis, llevándose un mechón detrás de la oreja.

-Analizaré más profundamente todo el asunto. Entretanto, vuelvan a sus cosas. Por más que sea un desquiciado quien está detrás de esto, especialmente si es el caso, no es a ustedes a quien buscó, sino a mí.- entornó los ojos. –Algo debe haber detrás de todo esto... Y no pararé hasta descubrirlo.- concluyó para sí, sosteniendo el sobre y el mensaje con una mano firme.