Capítulo Cuarenta y Dos
Neville, la Ignorada Voz de la Razón
McGonagall gruñó cuando oyó los gritos y vio los rayos de luz saliendo del hall de entrada mientras se dirigía a la escalera de mármol. Genial. Más imbecilidad de la Guerra de las Bromas.
Llegó hasta lo alto de las escaleras y se detuvo sobre sus talones, horrorizada. Varios Hufflepuffs, Ravenclaws y Gryffindors estaban reunidos en el hall de entrada, luchando denodadamente contra… Hermione y Draco.
McGonagall, sobresaltada por su apariencia de superhéroes, se les quedó mirando un momento, antes de posar la mirada sobre el resto de los estudiantes. Las gemelas Patil estaban acorraladas contra la pared, las dos luciendo astas sobre sus cabezas, con pelaje verde creciendo en sus caras, temblando y observando la escena con terror. El equipo de Quidditch de Hufflepuff, a excepción de Susan Bones y Ernie Macmillan, estaba agrupado cerca de lo alto de la escalera, Zacharias Smith se escondía tras los estudiantes más jóvenes, todos ellos cubiertos en algún tipo de barro azul. Ernie estaba bloqueando las puertas de acceso a los terrenos, aunque nadie más, incluidos Hermione y Draco, parecía interesado en las puertas, y gritando imperiosas órdenes como "¡Agáchate!" y "¡A por él!" a Justin y Susan, que una y otra vez eran tumbados por incorpóreos brazos y piernas, los cuales, tras un vistazo más exhaustivo, resultaron ser del Harry, medio escondido bajo su capa de invisibilidad, corriendo en círculos y gritando "¡WII!" mientras atacaba. Dean Thomas estaba tendido en el suelo, no lejos de Ernie, bajo los efectos de un Hechizo Inmobilizador, y Seamus Finnigan estaba dando saltos en círculos sobre un pie y gritando mecánicamente "¡CUAC! ¡CUAC!", sin duda bajo la influencia de algún que otro hechizo. Michael Corner y Terry Boot estaban gritando todo tipo de maldiciones a Draco, pero Draco repetía una y otra vez "¡Protego!" entre ataques de risa maligna. Anthony Goldstein, Neville Longbottom, Hannah Abbot y Luna Lovegood se estaban enfrentando a Hermione… y fallaban miserablemente con cada uno de sus ataques.
"¡ATRÁS, subordinados del Chico Anti- Arañas!" aulló Hermione, haciendo un movimiento anguloso con su varita. Anthony y Hannah chillaron, Anthony de dolor y Hannah de terror; cayó sobre el suelo hecho una bola, su cara de un fascinante color púrpura y sus manos fuertemente atadas por una cuerda roja y dorada, mientras Hannah soltaba su varita y corría a esconderse detrás de Zacharias.
McGonagall sacó su varita y conjuró un Patronus ella misma. No podía dejar el hall en medio de semejante batalla para usar la Red Flu, pero dudaba mucho de que pudiera escabullirse para ir a buscar a Snape, ya que sus aposentos eran los más cercanos.
"Ve con los otros profesores, empezando por Severus", le dijo. "Diles que hay una batalla en el vestíbulo de entrada entre los estudiantes". Asintió y salió corriendo, por interesante que parezca, en dirección a las puertas principales y atravesando a Ernie. McGonagall frunció el ceño preguntándose adónde iba, antes de recordar que Snape se había ido la noche pasada y, si el fin de semana anterior servía de guía, no estaría de vuelta hasta el lunes por la mañana.
Draco, mientras tanto, se atragantó en un momento particularmente malévolo de su risa y resopló, luego se encogió de hombros y le dio una patada en el estómago a Terry. Rodeó a Michael, que lo miró con odio de manera desafiante y luego se fue en dirección a las cocinas del sótano.
"Hermione", dijo Neville desesperado, ahora que sólo él y Luna permanecían de pie frente a ella (y todos sabemos quién iba a ganar esa pelea), "no queremos hacerte daño. Sólo queremos ayudarte".
Hermione arqueó una ceja en su dirección. "¿De verdad?"
"Sí, sí, queremos ayudarte a… um… que te sientas major", dijo Neville apresuradamente.
"¿De verdad?" repitió Hermione. "¿Me puedo sentir aún mejor que ahora mismo? ¡DE ACUERDO!"
"¡Podría ser un truco!" le advirtió Draco, que deambulaba por allí. "Como Maldito Bastardo, conozco todas las engañosas artimañas del mal! ¡Y probablemente estén intentando engañarte para salvar al Chico Anti-Arañas!"
"¡Cierto!" dijo Hermione, asintiendo con énfasis. Se giró de nuevo hacia Neville y Luna; Neville dio un nervioso paso hacia atrás mientras Luna sonreía a Hermione con naturalidad. "Si de veras queréis ayudarnos, debéis jurar vuestra lealtad al Club Salvemos el Mundo y prometer que nos ayudaréis a destruir al Chico Anti-Arañas", dijo Hermione solemnemente.
"De acuerdo", dijo Luna encogiéndose de hombros.
"Por mí vale", dijo Draco, asintiendo y estrechándole la mano. "¡Estás dentro!"
"¡ESPERAD!" dijo Hermione, y Neville dejó escapar un "eep" y retrocedió aún más. "¡Necesitan disfraces!"
"¡Y nombres de superhéroe!" sugirió Draco.
Hermione levantó su varita en dirección a Neville, que casi se desmayó. "¡TÚ!" chilló. "¡Tú vas a ser el Torpe Hombre Planta!" Un rayo de luz y un bang similar al disparo de una pistola después, Neville observaba con horror su nuevo taparrabos de Tarzán, una tira sobre su hombro sujetándolo. Era naranja y estaba cubierto de pequeños triángulos negros, al estilo Pedro Picapiedra. Una corona de parra rodeaba su cabeza y sus pies estaban descalzos. Incluso peor que el taparrabos (en opinión de Neville, en cualquier caso) era que dos gruesas ramas de parra que se parecían tremendamente a una Trampa Diabólica estaban sujetas a sus muñecas, colgando por los extremos. Se mantuvo tan quieto como pudo, lo que significaba que estaba temblando violentamente, pero las ramas de parra no se movieron para estrangularlo.
"Y TÚ…" dijo Hermione, girándose hacia Luna, pero Draco tiró de la cadena para distraerla.
"No, no, no", dijo Draco. "¡Primero necesita un lema!"
"Oh, sí. Um… ¿capaz de derrotar a sus enemigos con su vasto conocimiento de las plantas, sus pulseras estranguladores y su extraña tendencia a caerse sobre sus víctimas?"
"Un poco largo, ¿no?"
"Sí. Em… Torpe Hombre Planta, ¿el amante de la naturaleza más guay de todos los tiempos?"
Draco asintió. "Eso podría funcionar".
Hermione asintió con la cabeza y movió su varita hacia Luna antes de que nadie pudiera detenerla. Cuando la luz se evaporó, Luna llevaba puesto un vestido hecho con corchos de cerveza de mantequilla y tirantes de envoltorios de chicles, algunos de los corchos sobre su pecho, pintados de naranja en forma de rábanos. Su larga melena estaba hacia arriba en su total extensión, de manera que la rubia con peinado afro llamaba más la antención que el extraño vestido; lo que parecía un águila disecada, símbolo de Ravenclaw, colgaba en lo alto de su pelo de color paja. En los pies de Luna había una zapatillas rosas con forma de conejito, y algún tipo de rabo sobresalía de la parte de atrás de su vestido.
"Tía Rara pero Útil", explicó Hermione orgullosamente. "Ella asusta a la gente".
Sin previo aviso, Harry, parcialmente cubierto por la capa, resbaló y cayó sobre su espalda en medio de los cuatro estudiantes. "¡Harry!" gritó Hermione. "¿Has caído víctima de los malignos subordinados del Chico Anti-Arañas?"
"¿Huh?" respondió Harry. "Oh, no. Simplemente pensé en comprobar cuánto podía resbalar esto sobre las baldosas". Se incorporó. "¡Hey, casi cuatro metros!"
Hermione levantó la mirada, inspeccionando a su alrededor. "¿Adónde ha ido el resto?"
"Salieron corriendo gritando", dijo Harry encogiéndose de hombros. Se puso en pie y les sonrió a Neville y Luna. "¡Bienvenidos al club, chicos!"
Neville miró hacia abajo, a su ligeramente prominente barriga, que no había sido cubierta lo suficiente tras el tirante del taparrabos. Gimoteó.
"Gracias", dijo amablemente Luna.
"Ah, la tropa ya está reunida", dijo Hermione contenta. "¡Harry, Malfoy y yo vamos a matar a Ron con la ayuda de Neville y Luna! Justo como en la guerra".
"Espera", dijo Harry lentamente, "hay algo que no encaja…"
"¿Los disfraces?" preguntó Neville con esperanza.
"No, no es eso", dijo Harry, moviendo su varita desdeñosamente. "Yo tengo mi capa, ¿ves? Los disfraces son como tienen que ser. Hmmm…"
"¡Ooh, ooh, yo lo sé, yo lo sé!" dijo Draco, moviendo su mano entusiásticamente como un estudiante muriéndose por impresionar a un profesor. "¡Es Harry, Hermione, y Ron, que van a matar a Malfoy!"
"No puedo matarte", dijo Hermione, meneando su cabeza con tristeza. "No hasta que quitemos la cadena. Tendría que cargar contigo todo el día y eres demasiado pesado".
"Oh, sí". Le dio un golpecito en el hombro para consolarla. "Puede que más tarde, entonces".
"Aunque podríamos teñirte el pelo de rojo", dijo Harry pensativo. "Así te parecerías más a Ron. Y podríamos teñir su pelo cuando lo matemos para que todo el mundo piense que eras tú".
"Potter, ya te lo he dicho antes, nadie va a hacerle NADA a mi pelo", aseveró Draco.
"Bien. Bueno, entonces… ¿qué nos falta?"
"Ginny no está aquí", apuntó Luna esperanzada.
"¡GINNY!" exclamaron Harry y Hermione, dándose un golpe en la frente. Hermione parecía pensar que esto era muy divertido, tal y como había hecho momentos antes; Draco, enfadado por el tirón de la cadena que su movimiento había causado, le cogió la mano para detenerla. "Ginny", dijo Harry. "Tenemos que ir a por Ginny. Ella es una parte muy importante del ataque al Chico Anti-Arañas".
"¿Me podéis recordar quién era el Chico Anti-Arañas?" preguntó Draco, frunciendo el ceño.
"Um… Lo he olvidado", dijo Hermione en tono de disculpa. "Aunque estoy segura de que lo recordaremos tarde o temprano. ¡Ginny nos ayudará! Es buena en eso. Excepto cuando la cosa tiene algo que ver con las Gotas de Limón".
"¡Vayamos a buscarla!" chilló Harry. Se volvió a meter bajo la capa. Un segundo después, un brazo invisible rodeó los hombros de Neville y otro los de Luna. Tropezándose un poco, los tres treparon por la escalera, Hermione y Draco siguiéndolos, dejando atrás la derrotada masa de estudiantes.
McGonagall los observó mientras se acercaban a ella. Ahora era su oportunidad de detenerlos, de… de arreglar lo que fuera que les pasara. Pero cuando los Hufflepuffs que antes habían estado apiñados en las escaleras la pasaron de largo despavoridos, se echó atrás. Mientras los tres Gryffindors, Draco y Luna se acercaban, no hizo ningún ademán de elevar su varita.
My Patronus todavía no ha regresado con los otros profesores…
Se estaban acercando. Hermione la saludó con la mano.
Después de todo, alguien tiene que llevar a los estudiantes a Poppy…
"¡Hola, profesora!" la saludó Harry con voz mecánica.
Siempre puedo decirle a Dumbledore que no consideré oportuno atacarles yo misma; mataron a Voldemort, después de todo…
Y entonces la pasaron de largo.
McGonagall estalló en carcajadas. Cuando consiguió recomponerse, ya se habían ido y ella simplemente meneó la cabeza y fue a socorrer a las víctimas diseminadas por el vestíbulo de entrada.
Les llevó media hora regresar a la sala común, sobre todo porque no podían pensar cómo hacer que Neville, Luna y Harry se movieran todos juntos, pero una vez que arreglaron esto se introdujeron en la torre y buscaron despreocupadamente a Ginny. Varios Gryffindors los miraron fijamente con extrañeza; Ron echó un vistazo por encima del respaldo del sillón, parecía nervioso.
"¿Dónde estarías tú si fueras Ginny?" le preguntó Harry a Hermione.
"¿Cómo puedo saberlo? No soy Ginny. Por lo menos, creo que no lo soy. ¿Dónde estarías tú si fueras Ginny?" le preguntó Hermione a Draco.
"Emm… ¿Hawai?"
"Iré a por mi escoba", dijo Harry prestamente.
"Hawai está demasiado lejos", trató de serenarlos Luna. "A lo mejor deberíamos mirar en su habitación antes de volar todo el camino hasta allí".
"¡Buena idea!" corearon Harry, Hermione y Draco.
Harry se giró para subir las escaleras hacia el dormitorio de las chicas, subió unos seis peldaños y cayó rápidamente por un tobogán de piedra, con varias alarmas acompañando su caída. "Oh, sí", dijo pensativo, levantándose de un salto y poniéndose de nuevo su capa. "Hmm".
"No seas idiota, Harry, es sólo para chicas. ¡Luna, Malfoy: vamos!"
Hermione marchó hacia la escalera tan pronto como se apareció de nuevo. Consiguió llegar hasta el décimo escalón cuando Draco, que caminaba obligatoriamente detrás de ella, activó de nuevo las alarmas. Tropezó contra él y los dos salieron volando hacia la sala común, aterrizando sobre Harry. Sorprendidos, elevaron la mirada hacia Luna y Neville.
"Luna", dijo Hermione con reproche, "¿has activado tú las alarmas?"
"No, yo no subí las escaleras". Harry parecía indignado por el desprecio evidente a las órdenes de Hermione. "Malfoy no es una chica", dijo Luna por toda explicación.
"Oh". Hermione suspiró y se reclinó, repantigándose sobre las piernas de Draco, sus pies colgando sobre el pecho de Harry. "Bueno, podrías habérmelo dicho antes, ¿sabes?".
"Lo siento", dijo Luna con sinceridad.
Neville miró en dirección a las escaleras, dividido. Por un lado, no quería que Ginny sufriera. Por el otro, sabía que él no estaba hecho para esto. Aunque él y Luna también habían ayudado a Harry, Ron y Hermione durante las batallas finales contra Voldemort, Ginny había sido exponencialmente mucho más útil para ellos. Ella era la lista, no sólo la valiente, y a diferencia de Luna, estaba completamente cuerda. Si alguien podía resolverlo todo, ésa era Ginny. De los tres, Ginny era el Harry del grupo, o a lo mejor la Hermione, mientras que Neville era el Ron. …Luna era sólo… algo así como… bueno, Luna era Luna, pero Ginny… bueno. Sabía que si se podían contar con alguien para empuñar la varita una vez que Harry, Ron y Hermione habían caído, ésa era ella. Definitivamente, ella no estaría de pie, al lado de un puñado de dos héroes y un villano mientras una aleatoria pero adorable chica con un peinado afro miraba somnolientamente al espacio, unos metros más allá. Ella probablemente tampoco llevaría puesto un taparrabos. A pesar de que ese fuera un pensamiento agradable.
¡Céntrate, Neville!
Una voz interior, que sonaba muy parecida a la de su abuela, le hizo saltar, y bajó la mirada en dirección a Harry, Hermione y Draco. Le gustara o no, Neville no era la persona indicada para ocuparse él solo de algo tan importante.
"Sabéis", dijo Neville, vacilando, "si al menos pudiéramos mandar a Luna.."
"¡LO TENGO!" rugió Harry, haciendo que toda la sala común (que estaba observándoles con interés) pegara un bote y sofocando las últimas palabras de Neville. "¡Hermione y Luna pueden cargar con Malfoy por las escaleras! Así él no activará las alarmas, e incluso si lo hace, lo estarán llevando, así que no se caerá hacia abajo".
"¡Brillante, Harry!" estalló Hermione, dándole un abrazo lo majer que pudo mientras estaba medio tumbada sobre él. Ella se incorporó. "¡Luna, coge sus pies!"
"Vale", dijo Luna con serenidad, agarrando sus tobillos y levantándolos. Miró a Hermione expectante.
Hermione frunció el ceño en dirección a Draco. "Eres demasiado pesado", dijo irritada.
"Pero si no lo has cogido todavía", dijo Neville.
Hermione le ignoró y lo rodeó para mirar a Harry. "¡Rápido, El Inmortal! ¡Necesitamos refuerzos!"
Harry asintió y miró inquisitoriamente alrededor de la habitación. Un grupo de estudiantes de tercer año estaban sentados junto al fuego. "¡HEY!" gritó, y de repente corrió hacia ellos como un misil nuclear inclinándose sobre un país particularmente molesto.
Es necesario apuntar que en situaciones de crisis muchas personas pueden ser comparadas con conejos. A veces, los conejos se quedan congelados bajo la amenaza de un pájaro de presa. A veces corren como alma que lleva el diablo para proteger sus madrigueras. Aunque otras veces, patean con todas sus fuerzas a ese pájaro chuleta con sus fuertes y preciosas piernas traseras.
Los tres estudiantes de tercer año parecían ser de varios tipos. Una chica con coletas se sobresaltó y salió disparada hacia el hueco del retrato como si esperara que Harry quedara mágicamente confinado en la habitación. Un chico lleno de granos miró a la demente-pero-de-alguna-manera-todavía-heroica visión de Harry Potter sumándose a la batalla y simplemente lo miró de arriba abajo como el ciervo del proverbio, y sabiendo que el asesino de Voldemort estaba yendo a por él, el momento se le hizo aún más surrealista debido al descabellado atuendo de Harry.
En lo que respecta a la tercera, una delgada chica con gafas de culo de vaso, para salvar a sus compañeros y darle a aquel pájaro una lección… o mejor dicho (puesto que probablemente es el verdadero significado de las acciones del conejo) para dejarse llevar por el pánico, dio una patada con sus piernas y esperó a que ocurriera lo mejor. Así que garró una copia cercana de Historia de Hogwarts (Madam Pince simplemente no podía retener ese libro en la biblioteca, con todos esos bromistas merodeando, tratando de aprender los secretos de la escuela para atacar a sus compañeros de clase con mayor precisión). Con un sonido estrangulado que podría haber sido un intento de grito de batalla, la chica le lanzó el libro a Harry como si fuera un vengativo repartidor de periódicos.
La avanzadilla de Harry no estaba preparada para soportar la dirección contraria; con un movimiento complicado que explicó perfectamente por qué en Hogwarts no se enseñaba física, Harry cayó redondo, lejos del fuego, sobre el respaldo del sillón y contra Ron.
Ron lo miró fijamente con terror. Ron había estado en la sala común cuando los tres habían aparecido, había sonreído y reído junto a los demás, y luego se había paralizado de terror cuando se dio cuenta de que tres personas extremadamente irracionales estaban tratando de asesinarle. No tenía a Fred y a George para pedirles ayuda, y su otro único apoyo en situaciones como ésta era ahora la causa de situaciones como ésta. Así que miró fijamente a Harry como lo haría un niño de tres años, esperando una reacción de Harry mientras trozos de varias páginas del pasado de Hogwarts llovían sobre ellos.
"Oh, hey Ron", dijo Harry alegremente, y se levantó, saltó por encima del sillón y se giró en dirección a Hermione.
"¡No creo que esos tres quieran ayudar, Herm!" le gritó Harry.
"¡Hay un puñado de chicas de primer año en la esquina! ¡Y no te olvides de usar mi nombre de superheroína cuando estoy disfrazada!"
"¡Sí, Potter!" chilló Draco.
"¡Lo siento, Hermione!"
"¡Está bien, Harry! ¡Ahora, será mejor que ataques disimuladamente! ¡Todas ellas también tienen libros!"
"¡Bien! ¡Buena idea, Hermione! ¡Ooh! ¿Puedo recitar el poema?"
"¡Será mejor que lo hagas! ¡Tus superpoderes no funcionarán sin él!" le dijo Draco.
"Pero… es una capa", lloriqueó Neville desesperadamente, sintiendo ganas de estallar en llantos, especialmente desde que Hermione les había forzado a él y a Luna a memorizar poemas de su invención durante su camino a la torre de Gryffindor y tenía este descorazonador presentimiento de que les iba a obligar a usarlos en breve. "No tiene que recitar un poema. No tiene. En serio. ¡Hoy se ha vuelto invisible unas sesenta veces!"
Una vez más, Neville fue ignorado. Harry se aclaró la garganta lo suficientemente alto para hacer eco. "¡Súper secreto mágico poder de la invisibilidad, que no tiene nada que ver, de veras, con mi genial capa plateada, actívate para que pueda atacar disimuladamente a estas estudiantes de primer año de aquí!" gritó.
"Ni siquiera es un poema real", gimió Neville mientras Hermione y Draco sonreían a Harry con aprobación.
Harry se puso la capa encima y despareció. Normalmente, esta hubiera sido una manera espectacular de "atacar disimuladamente", de estremecer a los estudiantes de primer año, pero Harry estaba gritando "¡WIII!" y tirando mesas y sillas y libros y todo lo que se pusiera en su camino, así que había una agradable senda de destrucción que marcaba su localización. Derrapó al detenerse frente a cinco petrificadas estudiantes de primero y se sacó la capa de golpe.
"¡HOLA!" tronó Harry. "Soy El Inmortal, miembro legendario del Club Salvemos el Mundo! ¡Requiero vuestra asistencia, insignificantes niñitos humanos!"
"Por favor, ¿déjanos?" pidió una chica particularmente valiente.
"¿No queréis ayudar?" preguntó Harry.
Todas menearon sus cabezas vigorosamente y Harry se desinfló, horrorizado. "Um… pero… ¡puedo pagaros! Soy rico, ¿veis?" Buscó bajo sus calzoncillos cubiertos de snitches y dentro del bolsillo de su pantalón, sacando cinco galeones.
"Lo haremos", dijo la misma chica, su mano agarrando el dinero con codicia.
