Disclaimer: None of this belongs to me. Thanks to the beautiful Josie, for letting me translate it. Los personajes pertenecen a Stephenie Meyer y la historia a tufano79, solo me adjudico la traducción.
Capítulo beteado por Yanina Barboza, beta de Élite Fanfiction
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Capítulo Cuarenta y nueve
POV Edward.
Para la una de la madrugada, el desastre fue despejado y la infraestructura reforzada por la ciudad. Había treinta y siete víctimas, incluyendo a Lydia Snyder. Cincuenta y ocho personas fueron llevadas a hospitales cercanos, veintitrés de ellos críticos. Melanie fue admitida en la unidad de cuidados intensivos pediátricos en el Northwestern Memorial con contusiones por su cuerpo y un poco de hemorragia interna. Estaba clasificada en condición crítica. Había heridas desde torceduras menores hasta extremidades perdidas. Fue un horrible día para Chicago. El último descarrilamiento de tren de esta magnitud ocurrió en febrero de 1977. Sucedió casi en el mismo lugar, también.
Cuando volví a la estación, me desnudé y bañé, restregando el olor a muerte, sudor y dolor de mi piel. Emmett y yo condujimos de vuelta a mi departamento. Odié que la cena con mis padres hubiese sido interrumpida. Odié haber estado lejos de Bella, pero suponía que se había ido a casa. Emmett continuó subiendo hasta mi departamento. Se iba a mudar el próximo fin de semana a un departamento más pequeño en el mismo edificio que Alice y yo. Fui a casa de mi hermana, esperando que Bella siguiera allí.
Entrando al departamento de Alice, vi a mi hermana en el sofá, viendo televisión.
—Hola —dije, mi voz grave por haber estado en un ambiente tóxico.
—¿Qué haces aquí? Ve arriba. —Ella sonrió con suficiencia.
—¿Por qué haría eso? —pregunté.
—Porque te envié un mensaje diciendo que Bella estaría en tu casa. ¿No lo recibiste? —preguntó Alice, arqueando una ceja. Saqué mi teléfono, el cual había muerto. Se lo mostré, dedicándole una mirada asesina—. Bueno, te lo envié. Ve arriba, Edward.
—De acuerdo —dije cansinamente, arrastrando mi cuerpo por los tres tramos de escaleras hacia mi propio piso.
Caminé hacia el departamento y Emmett se estaba moviendo silenciosamente. Bella estaba hecha un ovillo en mi sofá de cuero, abrazando una almohada. Empujé a Emmett a su cuarto y caminé hacia la belleza durmiente en mi sofá. Poniéndome en cuclillas, aparté los rizos de su rostro. Era un espectáculo de belleza e inocencia. Su piel alabastro brillaba contra el cuero oscuro. Pasando mis dedos por la suave curva de su mejilla, ella se removió. Parpadeando somnolienta, sonrió.
—Hola —dijo con voz ronca—. ¿Cómo estás?
—Dolorido. Cansado. Hambriento. Triste —respondí honestamente. Ella se enderezó, bostezando y estirando sus brazos por encima de su cabeza. Luego, me envolvió en un abrazo, sus dedos enredándose en mi cabello, aún húmedo. El peso del día vino arrollador sobre mí y caí sobre mi trasero, llevando a Bella conmigo. Me aferré a ella, tratando de no llorar. Mi nariz estaba enterrada en su cabello con olor dulce mientras me sostenía fuertemente, frotando sus manos por mi espalda y hombros.
—Lo siento, bebé —susurró ella en mi oreja—. Estoy aquí para ti… —No pude responder. En vez de eso, solo aplasté mis labios contra los suyos. Ella gimió, sus dedos aferrándose a mi camisa a cuadros. Hambrientamente, la besé hasta que estuvimos en el suelo, Bella acostada encima de la alfombra mientras yo me cernía sobre ella. Detuve mi ataque repentino, sintiéndome como un cretino. Me aparté, enterrando las manos en mi cabello mientras me inclinaba contra la silla. Bella gateó hasta mí—. Edward, háblame. ¿Qué sucede?
—Lo siento —dije, mi voz sonando rota—. No debí haber hecho eso. —Mi culpa por solo tomar lo que necesitaba de Bella me estaba envenenando. Me sentí enfermo. No era mejor que su ex novio…
No iría tan lejos, Edward. Acabas de salvar a un bebé, no asesinaste uno.
—Edward, no me estaba quejando —dijo ella, bajándome las piernas con suavidad y acomodándose en mi regazo. Ella me acunó la barbilla, mirándome a los ojos—. ¿Por qué pensarías eso?
—No fui suave o tierno… Solo tomé —gruñí.
—Bebé, puede que lo hayas hecho, pero aun así fuiste suave. No me estabas lastimando. Estoy bien, pero tú obviamente no —susurró—. ¿Qué sucedió? Por favor, háblame.
La acerqué más, para poder sostenerla en mis brazos. Ella colocó su cabeza en mi hombro y yo jugué perezosamente con su largo y ondulado cabello mientras le contaba sobre Lydia y su bebé. Le describí cómo sacaba cuerpo tras cuerpo del desastre y cómo traumatizó por completo a Mike Newton. Cuando llegamos al conductor, fue incluso peor. Ni siquiera estaba reconocible. Era una pila de huesos mutilados, sangre y carne.
—Suena como que necesitas ver a tu consejero —dijo Bella en voz baja, retirándome el cabello del rostro.
—Todos debemos ver al psiquiatra mañana antes de que podamos ir a una emergencia. Fue tan malo, Bella. He hecho este trabajo por casi seis años y esto… fue terrible. Material para pesadillas —susurré, sintiéndome tan tembloroso—. Estoy tan feliz de que estés aquí. El solo abrazarte… saber que estás a salvo.
—Estaba preocupada por ti. —Ella sonrió, besando mi boca dulcemente—. Quería asegurarme de que estuvieras bien.
—Lo estaré —dije, acercándola más—. ¿Te quedarás?
—U-Ummm… —balbuceó.
—Nada de chaca-chaca —aclaré.
—¿Acabas de decir chaca-chaca? —Bella soltó una risilla.
—Calla. Estoy muy cansado y dolorido. Coopera —dije inexpresivo, acunando sus mejillas—. Quiero abrazarte. ¿Por favor, Bella? Te necesito, bebé. Además, no es la primera vez que compartimos una cama…
—Cierto. —Se sonrojó—. Esa noche en casa de Alice. —Continuó pasando sus dedos por mi cabello. El ritmo constante me estaba arrullando para dormir—. Me quedaré, Edward. Aunque sí necesito algo para dormir.
Asentí, mi cansancio superando mi necesidad de comer. Bella se bajó de mi regazo y la guie hasta mi habitación. Era una gran habitación que remodelé por completo luego de que Irina me jodió. Era distintivamente masculina, no con adornos como Irina prefería. Las paredes estaban pintadas con un color café oscuro. Las sábanas de mi cama eran de un azul claro y combinaban con las cortinas azul claro que cortaban la luz. En la pared opuesta a mi cama, tenía una enorme impresión de una de las portadas de mi álbum favorito de los Beatles. Adoraba a los Beatles y sentía como si su música me hablase.
Caminando a mi enorme vestidor, saqué un par de bóxeres y una camiseta para Bella. Señalándole el baño, caminó hacia éste y cerró la puerta. Me desnudé y me puse un par de pantalones de pijama y una camiseta ligera.
Caminando sin prisa hacia mi cuarto, mi cuerpo cansado y muy, muy dolorido, me deslicé entre las sábanas de mi cama tamaño king. Bella salió del baño. Su cabello estaba recogido en un desordenado moño y contuve un gruñido cuando vi cuál camiseta le había dado. Era mi vieja camisa de la academia con mi nombre en la parte trasera de esta. La camisa era por mucho muy grande y podía ver el ligero contorno de sus pechos desnudos bajo la tela. Dejando su ropa en la silla, se subió a la cama. Retirando las sábanas, la envolví en mis brazos.
—Gracias por quedarte —susurré luego de apagar las luces.
—Estuviste allí para mí cuando te necesité —murmuró contra mi pecho—. Es mi turno ahora. Descansa un poco, Edward. Todo será más claro con una buena noche de sueño. —Asentí, inclinando su rostro y besando sus suaves labios rosados. Se acurrucó contra mi pecho, suspirando feliz. La seguí poco después de eso.
