DISCLAIMER: Los personajes de esta historia no me pertenecen, asi como tampoco las letras de las canciones utilizadas. La trama es fruto de mi retorcida imaginacion. Lakentsb.
Al fin!
HOla mis bellas lectoras.
Primero que nada, gracias, gracias, gracias a todas las nuevas alertas del ultimo mes, a las que se agregaron en el grupo El cuaderno azul de Lakentsb en Facebook y a las silenciosas lectoras de las que no dejo de recibir alertas.
La historia está llegando a su fin y me encanta que les guste.
segundo.
Disculpas! Entre Ginegine y su estrecha relación con el alemán (Alzheimer) y mi mononeurona, que he descubierto es hija de Dori y el hermano gemelo del Aleman de Gine... esto tendría que haber llegado antes, pero aquí está.
Disfruten el capitulo.
Gine, gracias por persistir... eres lo más!
Capitulo 42
Bella.
(Algún tiempo después…)
Estire mi adolorido cuerpo luego de soltarme del abrazo constrictor de mi hombre ya sentada en el borde de la cama, sonreí como una idiota observando el mohín en el rostro dormido de Edward ,,mientras reemplazaba mi cuerpo por una almohada. No funcionaría por demasiado tiempo la treta pero era imperativo ir al baño a vaciar mi vejiga.
Con cuidado me levanté, haciendo malabarismos para no caer de barriga y perdiendo aun algunos preciados segundos en contemplar la belleza artística del cuadro frente a mi: las sábanas enredadas en las piernas de Edward, cubriendo a medias la línea de su trasero, su espalda desnuda y sus músculos marcados por la posición de sus brazos sobre la cama, él era… comestible. Suspiré mientras me apresuraba hasta el cuarto de baño, como cada mañana que despertaba junto a él.
Rose tenía razón: el sexo durante el embarazo resultó ser la mejor cosa del mundo y definitivamente nosotros no perdíamos el tiempo ni la oportunidad luego de que nuestros temores se fueran.
Las cosas habían cambiado tan radicalmente entre nosotros a partir de la noche en que Edward me sorprendió con la cena y nos propusimos retomar las cosas como si hubiéramos vuelto a esa última noche en Nueva York. Comenzando con el acto simbólico de Edward trasladando sus cosas a mi cuarto al día siguiente para oficializar que a partir de ese momento estábamos definitivamente juntos, aunque después me confesara que en realidad jamás había dormido en otro lugar desde que se mudó a la casa, ni cuando llegó a Forks para intentar comenzar de nuevo si no lograba encontrarme, ni cuando complotaron con llevarme allí para cuidarme mientras me recuperaba de mis heridas.
Solo había guardado las pocas ropas que trajera de Nueva York en uno de los armarios de la habitación que estaba exactamente sobre la mía en el piso de arriba y que era el lugar donde solía esconderse para espiar mis movimientos cuando yo no le permitía estar cerca de mi y tenia que escabullirse de mi cama antes de que despertara en las mañanas.
Los dos meses que estuvimos completamente solos en la casa, aprendiendo a convivir y domesticando a Emmett y sus intempestivas visitas no fueron fáciles a pesar que estaba convencida de que nunca fui tan feliz en mi vida. Emmett aprendió la lección de no entrar a la casa sin llamar luego de un par de situaciones y hasta tomó la costumbre de llamar al celular de Edward con anticipación para preguntar si podía pasarse a tomar unas cervezas con él mientras Rose no llegaba del hospital.
Me gustaba la vida que teníamos, y aunque las veces que hablábamos del futuro éramos conscientes de que no estaba en Forks, valoraba mucho la amistad que ahí tenía con Alice, Rose y sobre todo la de Edward con Emmett, ellos eran tan diferentes en sus personalidades que no podía comprender del todo cómo congeniaban, y a la vez, para mi era emocionante ver como Edward por fin se volcaba abiertamente a otras personas de la misma forma en que lo hacia conmigo, mostrándose tal cual era, dejando ver a los otros su hermosa alma, que me había cautivado a mi la primera vez que estuvimos juntos.
Cuando Rose nos dijo que estaba en condiciones de volar si nos queríamos volver a Nueva York, aunque solo teníamos un mes para hacerlo en caso de decidirlo, o ya teníamos que postergarlo hasta después del parto , decidimos quedarnos en Forks.
No fue demasiado difícil hacerlo, en este lugar tan insólito teníamos todo lo que necesitábamos, la casa estaba totalmente adaptada para recibir a nuestro bebé y de repente la idea de enloquecernos con una mudanza que debía hacerse en cuestión de semanas, y de separarnos, porque no había otra opción que Edward se fuera unos días antes a Nueva York a preparar todo en mi departamento para recibir a Ryan, y eso no era algo que yo pudiera manejar ahora.
No, yo no podía pensar en estar sin él ahora que por fin estábamos bien, y no me importaba dónde naciera nuestro hijo mientras estuviera bien y estuviéramos juntos.
Para cuando iba a entrar al séptimo mes ya me cansaba con demasiada facilidad, el verano había llegado a Forks, mis pies vivían hinchados y la horrible humedad del clima no ayudaba para nada. Fue entonces cuando Edward me contó que quería invitar a Carmen a visitarnos. Ella llevaba un tiempo preguntando cuándo podía venir a pasar una temporada con nosotros, quería conocerme desde que supo de mi existencia en aquella visita de Edward a Chicago y habíamos hablado por teléfono varias veces, era una persona tan agradable, siempre insistía con que podía ayudarme un poco con las tareas de la casa hasta la llegada del bebé.
Sue no estaba muy contenta con la amenaza de que alguien remplazara sus manos en la cocina. Ella seguía viniendo, más que nada a consentirnos con sus exquisiteces, preparando algún plato especial, -sí, Edward también había caído en el hechizo de sus comidas-, y a ayudar un poco con los quehaceres más pesados en la casa, pero solo un par de días en la semana. Edward no había vuelto a trabajar en el hospital desde que comenzamos nuestra nueva etapa y no tenia planes hacerlo hasta que naciera nuestro bebé, a pesar de mis protestas de que yo no necesitaba de guardia permanente a mi alrededor, y de las palabras de Jasper de que tratáramos de no asfixiarnos mutuamente en nuestra nueva relación.
Pero los dos teníamos esa misma necesidad intensa de estar juntos todo el tiempo posible y la cercanía no nos asfixiaba, al contrario, de alguna manera sentíamos que recuperábamos algo de todo ese tiempo perdido lejos uno del otro.
En definitiva, no era mucho lo que se me dejaba hacer en la casa una vez que Rose me dio el alta, Edward se encargaba de casi todas las tareas que requirieran un poco más de esfuerzo que llevar un plato de la mesa de la cocina hasta el fregadero, lo que me dejaba con demasiado tiempo libre, y también con demasiadas energías sin gastar.
Carmen resultó ser la mujer más maternal que alguna vez conocí, superando con creces a Sue y a mi madre, y al contrario de lo que pensaba sobre alguien más viviendo con nosotros, ella era casi invisible durante el día, salvo en los momentos en que compartíamos los quehaceres de la cocina o cuando deliberadamente la buscábamos para pasar tiempo con ella.
Le gustó Forks, a pesar de las constantes lluvias, y el sol escaso.
-Al menos aquí puedes salir a dar una caminata sin que el viento te lleve –solía decir. No habia estado nunca en Chicago pero por algo era conocida como la ciudad del viendo.
El que la casa estuviera tan cercana al bosque era algo que le agradaba. El sonido de los árboles, el verde excesivo decia, le recordaba un poco al hermoso parque de la casa Cullen en la que vivio por demasiado tiempo. Solía acompañarla en algunos paseos alrededor de la casa y cada minuto que pasaba cerca de ella no podía más que agradecer que estuviera en la vida de Edward, y que lo amara como lo hizo, supliendo con su cariño y dedicación todo lo que le falto de Esme.
Edward la había instalado en una de las habitaciones del piso superior a pesar de que la habitación que usara Bree estaba intacta y perfectamente acondicionada. Mi primera intención fue instalarla allí, pero ella insistió en que era mejor si mantenía su distancia de nuestro dormitorio y aquello en parte fue un gran alivio porque tenía que admitir que no era posible bajo ningún concepto pensar en tener sexo con Edward sabiendo que su nana dormía a unos metros en el pasillo.
Fue gracioso ver también esa faceta vergonzosa en Edward, teniendo más cuidado en sus ataques fuera del dormitorio durante día, evitando que su nana lo sorprendiera en alguna situación caliente. Incluso hablar de ello lo hacía sonrojarse, aunque dudo que Carmen tuviera un sueño tan profundo como para que jamás nos escuchara, pero tampoco me esforzaba en pensar demasiado en eso.
Otro de los cambios fue que Alice dejó de ser mi terapeuta por decisión propia y nos convertimos en mejores amigas. No, no abandoné la terapia, era muy consciente que aún me quedaban muchos puntos que resolver en mi vida antes de prescindir de ella, aunque estaba muchísimo mejor, pero decidí hacer caso de la sugerencia de Edward y tener nuestras sesiones juntos en el consultorio de Jasper.
Alice consideró que su trabajo conmigo había terminado la tarde que hablamos sobre la noche del piano y cómo me sentí al respecto de las cosas que Edward me dijo, además ella quería que fuéramos amigas desde que me conoció en el hospital y la terapia interfería seriamente en sus planes.
Fue toda una experiencia disfrutar de Alice. No había tenido muchas amigas en mi vida, no después de aquel incidente en el instituto cuando apenas llegaba a Forks, ni después de Jane en mi ultimo año, aquella chica fue lo más parecido a una mejor amiga que había llegado a tener en mis épocas de instituto y luego, por ignorancia o estupidez ella había caído en el encanto de James, haciéndose cómplice de arruinar mi noche de graduación. A pesar de que con el tiempo entendí que fue solo otra de sus marionetas y que no tenia toda la culpa de lo que pasó, ya que ella ignoraba hasta qué punto el era un hijo de puta. Tanya era lo más cercano y parecido a una amiga que había tenido en la universidad, y si tenia que ser sincera tal vez solo Bree y mi madre habían entrado alguna vez en esa categoría, pero ellas eran familia.
Alice. Ella era un torbellino de ideas, y a pesar de sus esfuerzos por no agobiarme era un poco difícil para mí resistir a sus compras compulsivas, sus ideas de decoración, y sus sugerencias sobre mi vestuario. Pero ella era dulce, alegre y sensible y se había ganado en poco tiempo un gran lugar en mi corazón. Y yo aun estaba aprendiendo a abrirme y confiar en las personas, y era consciente de que eso era un proceso que recién comenzaba y que me llevaría un buen tiempo.
Jasper ayudaba, aunque algunas de las sesiones que compartimos junto a Edward fueron muy dolorosas, sobre todo el día en que por fin me contó las cosas que le sucedieron a él mientras trabajaba para Tanya y pudo mostrarme que también cargaba "una mochila llena de mierdas" que intentaba dejar atrás.
Saber que fue por mí que hizo ese enorme esfuerzo y que la razón era que si yo iba a pasar el resto de mi vida con él, como lo soñaba y yo se lo había dicho, ya no quería secretos tristes entre nosotros fue algo muy impactante para mí.
Fue difícil mantenerme callada y quieta y no interrumpirlo para decirle que no necesitaba hacerlo cuando, con voz entrecortada y claramente avergonzado e incómodo, Edward me contó los detalles de lo que esos dos hombres y aquella mujer perversa hicieron con él cuando chantajearon a Tanya. Hasta ese momento jamás en la vida me imaginé que un hombre podía ser abusado y roto de la misma manera en que lo era una mujer, y que esa mierda tuviera los efectos que tuvo en una persona tan hermosa como él lo era, al punto de que llegara a pensar que convirtiéndose en un autómata o "una puta de alquiler" tenía la vida que se merecía.
Jasper salió del estudio que era donde habitualmente teníamos las sesiones, y nos dejó el espacio para expresarnos y consolarnos. Luego nos recordó cómo cosas como esas eran las que hacían fuerte nuestra relación, con cada paso que ambos dábamos hacia la intimidad.
-"La intimidad no es solo el sexo-nos dijo- es esto, es poder contemplar al otro con todo lo que es, con todo lo que trae y amarlo de tal forma que no se sienta expuesto por estar mostrándolo todo."
En ese momento también me di cuenta que saberlo todo sobre Edward no cambiaba en nada la manera en que lo amaba, al contrario, me hacia amarlo más, admirarlo aún más si era posible… Ya amaba con toda el alma a mi chico poeta que a pesar de todas sus pérdidas y dolores no había perdido un ápice de su sensibilidad y era capaz sorprenderme cada semana con una composición nueva sobre lo que nuestro hijo o yo despertábamos en él.
Entendí en ese momento y de un modo completamente nuevo lo que una vez Alice intentó decirme en el hospital sobre la forma en que Edward posiblemente me amaba, cuando me di cuenta que yo nunca podría sentir pena por saber su historia. Sus oscuros secretos solo me hacían admirar la persona que aun era a pesar de todo.
Y eso era lo que Edward siempre me decía a mí.
Los dos luchamos intensamente contra nuestros fantasmas y los dos estábamos plenamente conscientes de que aun quedaba mucho por mejorar.
Sobre todo cuando Esme se apareció en nuestra puerta. Edward pensó que Carmen lo había traicionado diciéndole dónde estaba para que lo encontrara, y ellos discutieron por primera vez en millones de años.
Aquella discusión dejó a Edward destrozado, si es que podía estarlo más, pero Carmen no se rindió, ella era una mujer fuerte y llena de sabiduría y en poco tiempo logró apaciguar su capacidad para auto culparse cuando Edward se dio cuenta de que ella no le mentía y se sintió el peor ser del planeta por haberle gritado como lo hizo, diciéndole que él tenia razones para sentirse así, y que era obvio que llegara a esa conclusión sabiendo que Esme aún solía visitarla en Chicago, y que pensara que se le había ido la lengua en algún descuido.
Nunca supimos cómo fue que Esme llegó hasta nuestra puerta, solo supimos cómo ella se fue de Forks unos días después. Edward no fue a verla mientras estuvo en el hospital, ni durante los dos días que permaneció en el hotel del pueblo recuperándose de las lesiones que los golpes del auto le habían dejado. Esme volvió a desaparecer de nuestras vidas de la misma manera en que llegó, aunque sospecho que tal vez incapaz de renunciar a su esperanza de que Edward la perdonara.
Fueron días sombríos, Edward se debatía entre el dolor y la rabia, recordando una y otra vez millones de incidentes de su infancia, acumulando pruebas de ese cruel abandono, mencionando una y otra vez que ella no se merecía nada, que ella nunca había sido su madre al fin y al cabo, apenas una mujer que lo trajo al mundo.
Por momentos odiaba a Esme por el poder que todavía tenía para lastimarlo y sacar a flote sus peores recuerdos. Nunca imaginé que Edward sufriera tanto, al punto de reaccionar como lo hizo, mostrándome que podía ser un hombre violento, eso aún me aterraba demasiado. Pero detrás de toda esa capacidad de violencia y destrucción que había visto en aquel momento, si era sincera conmigo misma yo solo podía ver a un niño herido por demasiado tiempo que por fin tenia frente a sus ojos a la causante de su mayor dolor.
Fue duro atravesar esos días, recordarle a cada momento cuánto valía más allá de su nombre o su origen, o del hecho de no haber sido amado por la persona que lo trajo al mundo. Y no fue hasta que Edward por fin pudo aceptar que si quería curarse de todas sus heridas y superar ese oscuro pasado alguna vez tendría que estar dispuesto a escuchar a Esme, aunque solo fuera para cerrar una parte inconclusa de su vida y para que ella se alejara en paz, que esa tormenta también pudo quedarse atrás.
Esme en definitiva fue la mujer que lo trajo al mundo y aunque nunca lograran recomponer totalmente su relación tal vez Edward podría comprender que al menos podía dejar ir su odio por lo que ella hizo, y aceptar que realmente podía estar arrepentida de sus errores. Ya era evidente que la vida se había encargado por si misma de hacérselos pagar caro también.
No la justificaba, era muy difícil para mi entender lo que hizo porque abandonar a mi hijo nunca fue una opción en mi mente aunque llegara en el momento más inesperado y de la manera más desafortunada, y mucho menos podría poner a un hombre, por más que fuera el que amara con mi vida, por sobre un hijo. Menos si era ese hombre el que me exigía tomar semejante decisión.
Pero ¿Quién conoce los entretelones de cada circunstancia? ¿Qué nos hace ser jueces de lo que desconocemos?
Ni siquiera era un consuelo saber que ella nunca fue feliz con su decisión, o que ningún esfuerzo o muestra de devoción de parte de Carlisle a través de los años la consoló del vacío de haber dejado atrás a su único hijo para demostrarle a un hombre cuanto lo amaba. Con sinceridad, cuando pensaba en Esme, esperaba que la vida le diera tiempo de recomponer algo, sentía una especie de lástima al darme cuenta de que en todos estos años fue una mujer miserable y desdichada. Y con todas mis fuerzas deseaba que Edward un día se curara lo suficiente como para permitirle un lugar pequeño en nuestras vidas, sobre todo ahora que Esme seria abuela, pero yo no iba a meterme en esa decisión, era algo que solamente Edward y el paso del tiempo resolverían.
….
-¿Qué estás haciendo?
-Nada… es decir, matar el tiempo… ya sabes, Emmett se llevó a Edward de caminata, dice que si pasa más tiempo encerrado sin ver el sol, cuando salga por fin se incinerará como un vampiro.
-Pues, bien por Emmett, ustedes dos necesitan un poco de espacio, parecen siameses, incluso no tienen compasión con la pobre Carmen, esa mujer… padeciendo sus demostraciones públicas de afecto.
Alice me había pillado encerrada en la ex habitación de Bree con las manos manchadas de pintura y en medio de un ataque creativo.
No la escuché llegar, y su voz casi me hace soltar la paleta en mi mano. Suerte que estaba en la fase contemplativa y no me pescó justo haciendo algún trazo importante sobre el lienzo, en represalia su elegante traje sastre de diseño lo habría lamentado.
-Es intenso…-comentó, luego de pararse detrás de mi y observar el lienzo con la cabeza inclinada en su tipica mueca de concentración.
-Es solo un boceto… nada del otro mundo.- dije, tratando de quitarle importancia. Aun me sentia incomoda con algunas expresiones de atención, y la pintura… es decir, mi regreso a la pintura, era algo que hubiera preferido mantener en secreto…
-Pues para ti, que sigues sin poder verte a ti misma y tus cualidades con claridad.
-Alice…-proteste, frustrada. Ella siempre decía cosas como esas.-ya no tienes que hacerlo, sabes no eres mi terapeuta.
-¿Qué? Es la verdad,Bella y necesitas empezar a creerlo de una vez por todas. Reconozco que Jasper ha hecho un buen trabajo en este tiempo pero aún te falta… convicción.
-Soberbia, querrás decir.
-Bella, ¡por Dios, fuiste una maldita beca de Arte en la NYU! No eres soberbia por admitir que tienes talento.
-Eso es algo del pasado Alice… apenas si doy trazos coherentes después de tantos años…
-A mi no me lo parece… creo que esto es genial.
Volví a mirar el lienzo frente a mí tratando de ignorar las emociones que revoloteaban en mi aun…No era la gran cosa, era apenas un boceto de una imagen. No me había decidido completamente a pintarla aun, pero esa imagen venia a mi mente una y otra vez, al igual que una melodía, y aprovechando la soledad de la casa, ya que Carmen dormía su siesta, esa tarde me había encerrado en aquella habitación a intentarlo.
Los lienzos nuevos, los pinceles y la completa colección de oleos importados habían sido idea de Edward por supuesto, luego de aquella tarde en que le mostré los bocetos a lápiz en el cuaderno de dibujo que estaba en mi bolsohabía quedado fascinado, y la chispa de admiración en sus esmeraldas gritaba mucho más que sus constantes
"Bella, esto es hermoso…" a medida que pasaba las páginas.
-Mmmm, no lo es, es solo una copia de ti, tú eres hermoso -había respondido ruborizada, ya que la mayor parte del cuaderno eran bocetos de su rostro, sus manos, sus dedos, su perfecta mandíbula, su indomable cabello…
-Deberías volver a pintar… tal vez podrías enseñarme…
-¿Quieres pintar?
-Quiero, me encantaría compartir eso contigo…
No pude negarme, Edward compartía conmigo sus creaciones. Cada nueva melodía que venia a su mente y luego volcaba en aquel cuaderno de composiciones. Y me encantaba ese momento del día en que me arrastraba hasta el piano para enseñármelas, porque no era solo sentarme a su lado en el taburete a escucharlo, o verlo deslizarse sobre las teclas con esa sensualidad que me desarmaba… era compartir su alma.
Luego Edward tomaba mis manos y las ubicaba sobre las teclas presionando mis dedos, mostrándome como tocar… y de ese modo había logrado reproducir con bastante precisión algunos acordes y partes de las melodías que componía.
La sonrisa boba de su rostro no tenía precio y me imaginé que Edward pintando podía ser algo muy sexy de ver… y seguramente él sería bueno en eso también. El era bueno en todo.
-Edward lo amará.
Alice sostenía el boceto a lápiz que había ocultado hábilmente de su vista mientras ella se fijaba en los trazos aun sin forma en el lienzo al llegar y me apresuré a quitarlo de sus manos.
-¿no conoces la palabra privacidad?
- Bella…
-No… Alice… veras… es una sorpresa. No lo sabe y no puedes decirle.- titubee.
-¿No sabe que pintas?
-Si, de hecho lo hacemos juntos a veces. – replique, reprimiendo una sonrisa al ver su expresión ya que la forma en que lo dije tal vez le revelaba que hacíamos más que pintar juntos en esta habitación.
Señalé un lienzo con extraños diseños que descansaba a un costado antes de que ella pudiera decir en voz alta algo más sobre nuestras costumbres siamesas. La mente de Edward creaba cosas raras, abstractas, coloridas y de una sobrecogedora intensidad.
-Wow… él es bueno.-exclamo sorprendida.
-Lo es.- Admití. con un suspiro e intentando mantener para mi misma los detalles de cuan buena podía terminar resultando una sesión de pintura con Edward de aprendiz.
Ni siquiera esa ridícula camiseta a rayas que solía ponerse y no podía imaginar de dónde había sacado era suficiente para aplacar mis hormonas luego de un buen rato viéndolo con su expresión concentrada, mordiendo su labio inferior, mientras sus largos dedos se tensaban presionando el pincel sobre el lienzo…
-Así que ¿cuál es el motivo de la sorpresa?
Alice me bajo de la nube de ensoñación y respondí antes de que mi cerebro realmente lo procesara.
-Su cumpleaños es en poco más de un mes.
-Wow, genial, tendremos una gran fiesta de cumpleaños y…
-no, Alice para….
-no sé porque te preocupas, un mes es tiempo suficiente para que pintes un cuadro…
-bueno, no lo es considerando el poco tiempo que pasa fuera de la casa, es muy poco tiempo y no sé si pueda acabarlo.
-A menos que te ayudemos para alejarlo de la casa con cierta regularidad…
-No lo sé, Edward no es tonto.
-Déjamelo a mí… al igual que la organización de la fiesta.
-¿Qué fiesta?
-Su cumpleaños… les diré a todos, les encantará una fiesta después de todo lo que hemos pasado.
-No dije que haria una fiesta, no puedes hacerlo Alice… por favor. Edward no celebra sus cumpleaños, esa fecha es siempre muy dolorosa para él por… ya sabes, lo de su madre y todo eso, no creo que sea buena idea...
-Bella, este año es diferente, está contigo, tienen un hijo en camino… los dos están trabajando para dejar atrás el pasado… ¿qué mejor manera que hacer algo oficial como una fiesta de cumpleaños para marcar el comienzo de una nueva era en su vida?
-Viéndolo de esa manera tiene sentido… pero no creo que lo convenza.
-No creo que tengas que decirle nada...
Bueno, se viene una fiesta parece, y Edward será el ultimo en enterarse.
Bella ha madurado mucho se ve, y Edward pintando...no me pude resistir , lo se, pero es algo que me quedó desde que lo vi en Little Ashes =)
Gracias por leer!
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