Capítulo 51: Conversaciones necesarias

Era lunes por la mañana cuando el avión que transportaba a Sam, Carlos, Alicia y Emily aterrizaba en Barcelona, una vez más. Habían decidido retrasar un día más su vuelta y pasar el día por la capital. Pero era momento de volver con sus amigos, y conocer a la criatura que Sissi había dado a luz. Por ese mismo motivo, sin detenerse por casa primero, pararon un taxi que les llevara al hospital.

Allí se toparon con algunos miembros del grupo, que aguardaban impacientes. Yumi, Ulrich, Aelita, Jeremy, Odd, y Paula estaban allí. La noche anterior, la enfermera les había indicado amablemente que no podían permanecer allí todos, así que se habían limitado a estar allí algunos. Apenas llegaron, Javier salió de la habitación, indicando que podían entrar poco a poco. A Alicia, Emily y Sam les faltó tiempo para entrar a ver a la criatura y a la recién convertida en madre. Carlos, en cambio, pilló por banda a Jeremy para hablar con él.

—¿Qué tal todo en nuestra ausencia? ¿Alguna novedad?

—Unas cuantas… Dorjan ha reaparecido, pero aún no ha hablado con Odd. Kuroko ha vuelto a la casa y no logra hablar con Paula y Andrea… A Hiroki y Johnny les han detenido por escándalo público, y Yumi aún no ha querido hablar con él, está en casa castigado… Como ves, siempre nos pasa lo mejor… —ironizó.

—¿Y tú con Eva? —preguntó Carlos, alzando una ceja—. Es mi compañera de piso, no dudes que me lo ha contado.

—Pues como te puedes imaginar entonces, estoy totalmente confuso —dijo Jeremy, con resignación—. No hay duda de que es una chica encantadora, guapa, atractiva… —miró a Aelita de reojo—. Pero no puedo jugármela con Aelita. Ella es mi mundo, y Eva… una maldita fantasía.

—Quizá deberías dejar de montártelo con Eva entonces. Básicamente porque creo que le estás dando esperanzas. En fin, me voy a conocer al bebé.

Jeremy se quedó pensativo en una silla. ¿Acaso Eva pensaba que tenía alguna oportunidad? Vale, se habían acostado alguna vez más. Pero no había salido a coalición el lo que la chica había dicho, tan inoportunamente, unos días antes. Poco se podía imaginar el rubio que Aelita estaba más enterada de todo de lo que él pensaba.

Y es que el día anterior, Eva había acudido a Aelita llorando para confersárselo. La pelirrosa no había tenido ningún problema, pues al fin y al cabo, contaba con que Jeremy "era suyo". El problema era que no tenía tan claros ahora los sentimientos del chico. Su fino oído, desarrollado en Lyoko, le había permitido enterarse de la conversación, sin que los chicos se dieran cuenta. No solía emplear su don, pero ahora que lo había hecho, estaba un poco preocupada. ¿Y si al final perdía contra Eva? No había duda del atractivo de la muchacha, como su chico había reconocido. Y era tan distinta a ella. Tan echada hacia adelante. Al contrario que ella, que era más bien reservada. Debía hacer algo. Si Jeremy optaba por la otra, por lo menos quería intentar luchar por él.

Yumi se levantó de pronto. Era el momento de tener una conversación con su hermano. Paula se ofreció a llevarla, y la japonesa aceptó. Hicieron gran parte del trayecto en silencio. Paula no hacía más que mirar a Yumi de reojo.

—¿Te pasa algo? —preguntó, intentando no sonar desagradable. Algo bastante difícil, pues estaba muy enfadada con su hermanito.

—Nada. Simplemente… Entiendo que le gustes tanto a Kuroko. Eres muy guapa, Yumi.

Aquello pilló totalmente desprevenida a la japonesa, que se sonrojó. Paula sonrió. Había algo que quería preguntar a algún miembro del grupo, pero nunca había sabido cómo sacar el tema.

—Hay algo que quiero saber. Andrea y yo… digamos que nos llamó mucho la atención vuestro acuerdo y… no nos importaría que consideraseis incluirnos… Por lo menos durante el tiempo que estéis por aquí, claro.

—Oh. El acuerdo —dijo Yumi. Ni se acordaba de que las hermanas estaban al corriente de aquello. Los sucesos recientes le habían hecho olvidarse de aquel dato—. La verdad, a mi no me importaría. Pero ahora mismo no estoy para pensar en eso.

—Lo entiendo. Aún así, gracias —le dijo la chica. Sonaba de corazón.

Llegaron enfrente de las casas que el grupo habitaba. Yumi ofreció a Paula la opción de entrar, antes de que apareciera Andrea por la calle. Las hermanas se saludaron con un abrazo, y Yumi repitió su oferta para ambas. Desconocedoras de quién habría dentro, ambas aceptaron. Al hacerlo, fueron recibidas por…

—Hola, Kuroko —saludaron, indiferentes. La chica estaba en el patio tomando el sol.

Apenas las vio, la japonesa se quitó las gafas de sol y corrió hacia ellas. Se puso de rodillas, y se inclinó hacia adelante.

—Por favor, chicas… hablemos.

Paula y Andrea dudaron de si debían escucharla, pero finalmente aceptaron. Se sentaron con ella en el jardín, mientras Yumi entraba en la casa para tener unas palabras con su hermano menor. Aguardaron, expectantes.

—Paula, Andrea… Lo siento mucho. Os he tratado fatal estos días. El hecho de enterarme de que… bueno, de que en cierto modo sois chicos, no ha sido fácil para mi —se excusó.

—Eso ya lo sabemos —dijo Andrea, la más dolida de las dos.

—No, no lo entendéis… —añadió Kuroko—. Yo con los chicos… Puedo hablar, pero acercarme a ellos… No me resulta agradable. Siento mucho rechazo hacia ellos. Y al enterarme, no pude evitarme veros como chicos…

—Pues creo que no hay mucho más que decir —comentó Paula, quien se dispuso a irse.

—¡Espera! Por favor. He intentado aclararme un poco estos días. Olvidarme de los prejuicios que tengo… No es fácil… Por eso os necesito.

Las dos hermanas se quedaron extrañadas. ¿Qué las necesitaba? ¿Para qué?

—Convivo con un grupo de sexo… Prácticamente estoy con los chicos aunque no quiero hacer nada con ellos… Pero quizá vosotras…

—¿Nosotras qué? —preguntó Andrea.

—Necesito vuestra ayuda. Paula… el sexo contigo… fue maravilloso. Andrea… no querría perder la experiencia contigo. Os necesito a las dos. Sé que no me lo merezco, después de lo que os he hecho…

—Sin duda —aseguró Paula—.¿Crees que lo que nos estás diciendo va a exculparte de lo que has hecho? Yo he llorado, Kuroko. Andrea también.

—Lo se. Soy una miserable —aseguró Kuroko—. Pero —volvió a ponerse de rodillas—,por favor… os pido otra oportunidad. Si es con vosotras… estoy segura de que podré… Me gustáis mucho…

Y una lágrima resbaló por su mejilla. Luego quedó recogida, echando las lágrimas, esperando a que las hermanas desaparecieran.

Pero no fue así. Se sentaron a su lado y se abrazaron a ella. Levantó la mirada, justo a tiempo para recibir un beso en los labios de Paula. Le supo a dulce. Luego sintió que tiraban de ella al otro lado. Andrea posó los labios sobre los de ella. Otro beso de buen sabor.

—¿Me perdonáis entonces? —preguntó.

—Depende de cómo te portes ahora con nosotras —dijo Paula. Empezó a quitarse la ropa. Al otro lado, Andrea empezó a hacer lo mismo.

Kuroko, que apenas tenía una camiseta y el bikini puesto, fue la primera en terminar desnuda. Sí, lo iban a hacer. Ahí, en el patio. Era mejor cuanto antes. Luego, se puso al lado de Paula, y le ayudó a deshacerse del sujetador y el tanga, dejando sus pechos y su sexo al aire. Luego se giró a por Andrea.

—¿Estás segura? —le preguntó.

Kuroko asintió. Fue desnudándola lentamente. Acarició sus pechos. Luego, llegó a sus braguitas. Era capaz de ver lo que había debajo. Tragó saliva, y muy despacio, tiró de la delicada prenda hacia abajo. Liberó así el miembro de su amiga, que parecía dormir plácidamente.

—Con las hormonas, ya apenas se levanta. Dentro de unos meses, me podré opera por fin —dijo Andrea.

Con cierto temor, Kuroko llevó la mano a aquel pene y empezó a acariciarlo. No tardó en sentir en su espalda los pechos de Paula, que se abrazó a ella, y llevó una mano a su sexo para darle placer.

Yumi encontró a Hiroki en un dormitorio de la otra casa, él sólo. Parecía alarmado cuando vio que su hermana se acercaba. Obviamente, sabía que se avecinaban problemas. Lo que había hecho era muy grave.

—Yumi, yo… —empezó.

Y antes de que se diera cuenta, ella le había abofeteado. Fue un golpe limpio. Apenas le hizo daño físico, y ni siquiera había sonado. Pero el efecto que tuvo en él fue demoledor. Su hermana nunca le había puesto la mano encima, por muy mal que se hubiera portado. Hasta aquel día, que había cruzado la línea.

—Hermana… —dijo, con lágrimas en los ojos.

—¿Cómo te has atrevido? ¿Cómo? —preguntó. Estaba furiosa con él. Más que cuando les habían pillado. Más que la primera vez que se habían acostado—. Conoces la regla no escrita… Discreción.

—Lo se, lo se —sollozó el pequeño—. Fue un error… Nos entraron ganas, no había nadie en ese momento… El morbo de lo prohibido…

—Me parece que has probado de más ese morbo prohibido —comentó Yumi, fríamente—. Nunca hemos tenido una actitud así, ninguno de los demás.

—En los probadores de las tiendas…

—¡Cuando no hay cámaras y hay poca gente para que nadie tenga prisa por cambiarse! —le recordó ella—. En cualquier sitio en que hayamos hecho cosas así, cualquiera de nosotros, hemos tenido cuidado de que no nos vieran. Vosotros os habéis lucido. En mitad del parque.

En un intento desesperado, Hiroki se lanzó a por Yumi. Besó sus labios y buscó debajo de su blusa. Su mente le indicaba a voces que la apaciguara a base de sexo. De una sesión de ardiente sexo, probando en todas y cada una delas posturas que se les ocurriera. Pero Yumi le apartó con firmeza. No iba a caer. No esa vez.

—Tienes un problema demasiado serio —le dijo—. Creo que vas a tener que dejar el acuerdo por una temporada…

Se dio la vuelta, con la intención de irse.

—¡No! —gritó Hiroki—. ¡No me puedes hacer eso! ¡No!

—De momento, aquí sólo soy yo la mayor de edad que es responsable de ti. Y no me enfades, Hiroki. No me hagas adelantar tu viaje de vuelta —le amenazó.

Hiroki miró a su hermana con miedo. Nunca antes la había visto así de furiosa. Y además… tenía razón. ¿Por qué tenía ese descontrol? No era algo normal en él. Solía ser más apaciguado. Y ahora estaba dominado por sus impulsos. ¿Por qué?

Yumi bajó al salón. Necesitaba beber algo frío. Necesitaba hablar con alguien porque pensaba que le iba a estallar la cabeza. Y en ese momento, llamaron a la puerta. Yumi fue a abrir. Y cual fue su sorpresa al ver quienes acababan de llegar.

—¡Chicos!

—¡SORPRESA! —dijeron William y Laura, con las maletas en la mano, y los brazos levantados para saludar a su amiga. Se dieron un abrazo.


¡Ta-Chan! Ya era hora de que volvieran esos dos, ¿no? Y más cuando, el final de este fic, está bastante bastante bastante cerca.

Alejito480: ¡Que lo pases bien por allí! Me alegra que te gustara el capítulo. Ya sabes como soy para que las cosas salgan bien. Primero debe salir todo mal :P Seguiré así, mientras pueda ;)

betico18: Pues cincuenta capítulos no son pocos xD Aunque te incorporases después, aún queda la tercera parte del fic para que la disfrutes desde el principio. Y sí, de ahí le suena la habitación, creo que eres el único que pilló la referencia a "Truman" :P ¡Ciao!

Moon-915: Aún no lo he decidido :/ ¿Ideas?

lalo101097: Por algo son consentidos xD Ya veremos lo de Odd con Dorjan. Lo de Yumi, ya has visto que no está de muy buen humor por lo que hizo el pequeño xD Jo, ni me acordaba de esa frase xD Lo escribí hace muchísimo tiempo, fue mi primer fic de Lyoko, que se acercaba ligeramente a lo que sería CL. Y Sissi pronto tendrá una terapia particular antes de que termine el fic. Y la niña saldrá pronto de la incubadora. Sam sabía eso de "Truman", como betico18 adivinó xD Y sí, la fama la precede, pero su novio la defiende :P Aún queda un poco para acabar, espero que os guste. Saludos.

Usuario865: Pues es la idea que tengo, ver como cambia la dinámica del grupo con la niña. Y en realidad, cualquiera del grupo tiene esa suerte xD Otra cosa es que narre todos los polvos que se suceden en el grupo, algo imposible de hacer xD Y sí, muchos capítulos. Y alguno que aún queda en el tintero. Saludos

Nos leemos en las próximas publicaciones. Lemmon rules!