Bueno, actualicé antes. En caso de que se lo pregunten, una media es un soquete o calcetín, aclaro por esas casualidades de la vida.. Como siempre, muchas gracias por los reviews. No estuve respondiendo, pero seguramente voy a hacerlo pronto.

SIRIUS:

No había sido su intención romper su promesa. Era algo con lo que se sentía completamente indefenso; como si cayera por un aceitoso túnel en vertical. Intentaba sostenerse para dejar de caer, intentar subir de vuelta a la luz, pero las paredes eran demasiado resbalosas y no podía parar.

Había una habitación que había descubierto en el séptimo piso, frente al tapete de alguien llamado Barnabas el Chiflado, que parecía estar enseñándoles a unos trolls cómo bailar ballet. Estaba seguro de que no estaba ahí antes, y no aparecía en el Mapa del Merodeador. La había encontrado una tarde, al no poder soportar la alegre conversación de la sala común, buscando algún lugar donde pudiera pensar sin ser molestado por sus compañeros o las sombras.

Era la habitación más extraña que había visto, y se preguntó si sólo aparecía para quienes estaban desesperadamente buscando paz, escapando con miedo de las sombras. Era mediana, y no tenía ningún mueble, salvo los cuatro enormes sillones rojo y dorado que estaban juntos en el centro. No proyectaban sombra, dado que las paredes y el alto techo estaban hechos de la piedra más blanca que había visto, e incluso parecía brillar por sí sola. Velas flotantes, como las del comedor, estaban por todos lados. En cada pared, en el techo, flotando en el aire entre ellos. La habitación era un santuario de luz que alejaba cada sombra.

Al recostarse en los sillones con colores de Gryffindor, sintió que se relajaba apropiadamente por primera vez desde las vacaciones. Podía cerrar los ojos sin temer que alguno de los demonios se le acercara. Acostado ahí, entre la roja y dorada seda, se volvía a sentir como un Gryffindor.

Sabía que debía decirles a los demás de la habitación, pero una profunda, desesperada y egoísta parte de él quería, necesitaba, algún lugar para esconderse. Un lugar sin las miradas preocupadas y el cuidado constante, donde pudiera actuar como si todo hubiera vuelto a la normalidad. Un lugar donde los demás Merodeadores no se la pasaran esperando, esperando, esperando el momento en que se quebrara.

No podía culparlos. En cuando abandonaba la habitación sus miedos irracionales volvían con toda su fuerza, junto con el desesperado deseo del olvido que traía el alcohol. Lo había resistido bastante, hasta que un día le había dado hambre en su habitación secreta y había bajado a la cocina, buscando comida.

Era culpa de Dumbledore, se justificó después, mientras se tambaleaba hasta la torre después del toque de queda. Era culpa de Dumbledore, por tener invitados especiales y haber pedido una cena refinada que incluía jerez. De no haber visto a los elfos cocinar, echando el vino en la sartén, llenando el aire con el fuerte olor a alcohol, nunca hubiera roto su promesa.

Y también era culpa de los elfos, porque siempre le daban lo que les pidiera para comer o beber.

Pero al volver al dormitorio miró culpablemente a la cama de Remus, donde él estaba acurrucado en la lobuna posición de siempre, apenas visible a través de sus cortinas medio cerradas, y supo que era culpa suya. Había roto su promesa, y se odiaba por ello.

Los sueños llegaron en cuanto se metió a la cama y cerró los ojos. Sueños de luz que se desvanecía y negras sombras, deslizándose con sus tentáculos de oscuridad, acercándose más y más, amenazando con llenarle la sangre de oscuridad.

Después estaba Remus, murmurando algo sobre promesas rotas, luchando por alejarse, pero todo lo que pudo hacer fue sostenerlo cerca, porque Remus era fuerte y era luz, alejaba a las sombras, y Sirius lo necesitaba y él se rindió y se acostó a su lado, acurrucándose a su alrededor y soplándole suaves palabras al oído, mientras él volvía a dormir.


De la misma forma en que sabía con completa certeza que, por las noches, los monstruos de las sombras existían y querían quitarle la luz, por el día estaba completamente seguro de que estaba enloquecido y paranoico. Sabía que las sombras eran sólo eso, sombras. Una ausencia de luz que no tenía nada que ver con la magia oscura, o los demonios.

Cada vez que pensaba en sus nuevos temores nocturnos, se sentía retorcerse por dentro de la vergüenza, especialmente alrededor de Remus. Él lo había visto en su peor estado. Lo había visto borracho, murmurando aterrorizado. Estaba furioso consigo mismo por constantemente romper su promesa, y por permitir que sus miedos lo dominaran.

Eventualmente llegó a la conclusión de que la persona que era por las noches no tenía nada que ver con quien era realmente. Esa criatura asustada y media loca era otro ser, uno que lo asqueaba y lo hacía sentir enojado y avergonzado. Se rehusaba a hablar del Sirius con miedo a las sombras durante el día, o a siquiera reconocer su existencia. Remus había dejado de intentar hablar de eso desde que Sirius había desaparecido por un día completo al intentarlo.

A menos que estuviera equivocado, Remus parecía estar igual de contento con tener a las dos personas separadas. Durante el día lo trataba como siempre, besándolo, retándolo, intentando obligarlo a hacer su tarea, planeando nuevas bromas, poniendo una expresión de sufrimiento exagerada cada vez que Sirius y James se burlaban de él por ser un tragalibros.

Y sin embargo, no pudo evitar notar que la sonrisa de Remus no era tan grande como siempre, y que ya casi nunca la mostraba, mucho menos reía. Sus hombros parecían agachados de una forma en que no lo estaban desde que habían comenzado su relación y, aunque no decía nada, Sirius sabía que era por él, y la culpa lo carcomía como un constante dolor de estómago.


Dos semanas después del comienzo de Octubre, temprano en la tarde, por lo que el Sirius de día seguía teniendo el control. Estaba sentado junto a James en el sillón de la sala común, con Lily Evans mirándolos furiosamente desde arriba.

-¡Son un par de irresponsables, arrogantes, idiotas! –Exclamó, totalmente enojada.- ¡No sé qué estaban pensando! ¿Siquiera pensaban? ¡Hasta he pensado reportarlos con Dumbledore! –Les había estado gritando así por los últimos veinte minutos, y se había molestado tanto, que ni había notado que no le estaban prestando nada de atención a sus palabras.

James estaba sentado a su lado, mirando a Lily con una expresión de asombro en la cara, observando sus mejillas coloradas, sus verdes ojos brillantes, y el pelo despeinado por la rabia. Tenía la boca medio abierta, y Sirius esperaba que no comenzara a babear en cualquier momento.

Sirius estaba ignorando su discurso de la misma forma en que lo hacía con la profesora McGonagall, y por el momento estaba ideando un plan de escape. Sintió que se le iluminaba la cara al ver el retrato abrirse y a Remus entrar, con los brazos llenos de libros.-

-¡Lunático! –Exclamó interrumpiendo a Lily, aliviado.- Ven a rescatarnos.

Ella dejó de hablar y giró para verlo.- ¡Tú!

Remus parecía alarmado y retrocedió un paso.- ¿Yo? ¿Qué hice? –Les dio una mirada sospechosa a James y Sirius.

eres un prefecto! Es tu deber mantener a tus tontos amigos bajo control.

Remus puso la misma expresión perturbada que tenía cada vez que alguien le recordaba que era un prefecto después de uno de los planes de James y Sirius. Se había horrorizado al ver la chapa llegar con su carta ese verano.- Yo no los controlo, Lily. Lo mejor que puedo hacer es quedarme quieto, cerrar los ojos, y dejarme llevar.

-¡Bueno, al menos deberías intentarlo!

-¿Por qué? ¿Qué hicieron ahora? –Dejó los libros en una mesita que había cerca, frente al sillón, y puso la mejor cara de "Estricto Prefecto Lunático". No funcionaba con Sirius, que simplemente la encontraba atractiva.

-¡No hicimos nada malo, Lunático! –Se quejó James.- Estábamos educando a los niños.

-¿Qué cosa? –Remus le dio a Lily una mirada confundida.

-Los encontré, -explicó ella- dando clases de "educación sexual" en una de las aulas vacías a un montón de alumnos de primero y segundo de todas las casas.

-¿Que hicieron QUÉ? –Remus se puso de un interesante tono rojo y los miró con la boca abierta.

-Creímos que era hora de que se enseñara algo útil en Hogwarts, -se defendió, dándole a Remus su mejor mirada de cachorro. Se preguntó si se pondría mejor una vez que lograra su transformación animaga.

-¿Educación sexual? –Chilló Remus.- ¿Qué estaban pensando?

-Fue una clase muy buena, -le dijo James.- La teníamos planeada y todo.

-Y títeres de media, -agregó.- Para dar una ayuda visual. No veo qué tiene de malo.

Lily dejó salir un quejido y se tironeó el pelo, frustrada. Sirius intentó no notar cómo James se ponía rojo y se retorcía como respuesta.- Es que simplemente está mal, Black, -le dijo, frunciendo.

-¿Pero por qué?

-¡Bueno, dejando de lado las implicaciones morales, ahora una gran parte de los alumnos de primero y segundo cree que el sexo tiene que ver con manosear el brazo de tu mejor amigo vestido como media!

-Sólo poníamos nuestro granito de arena para reducir el embarazo adolescente.

Se escuchó un extraño sonido del lado de Remus, y los demás lo miraron alarmado.

-¿Estás bien, Lunático? –Estaba preocupado. El hombre lobo se había puesto de un tono incluso más impresionantemente rojo que James. Se tapaba la boca con las manos, y parecía estar ahogándose con su lengua.

Sus expresiones preocupadas parecieron ser demasiado para él, porque perdió el autocontrol completamente, y explotó con una risa histérica que le sacudió todo el cuerpo. Se apoyó en el hombro de Lily para no caer, y Sirius apenas podía entender las palabras "medias" y "manosear".

Resultó que no podía alejar la mirada de él. Sus hombros temblaban por la risa, le lloraban los ojos, y tenía la boca medio abierta, por lo que apenas podía ver un poco de sus blancos dientes y rosada lengua.

Había pasado tanto tiempo desde que lo había visto reír así, y estaba completamente hipnotizado por la imagen. Era como si el estrés de las últimas semanas se disolviera en risas y desapareciera por su boca.

-¡Remus, basta! –Ordenó Lily.- ¡No es gracioso!

-Sí, contrólate amigo, -agregó James.- Creo que si no Canuto te puede saltar encima aquí mismo.

Remus respiró profundamente, intentando calmarse.- Bueno, -logró decir.- No está vestido como una media, así que creo que no hay de qué preocuparse.

-Tengo un disfraz de media arriba, si quieres venir, -le dijo, levantando las cejas sugestivamente.

Se escuchó un ruido asqueado desde la puerta, y los demás se encontraron con Peter, que acababa de volver de la cocina, a juzgar por la cantidad de pastelitos que traía.- No quiero saber qué circunstancias llevaron a Lunático a creer que Sirius disfrazado de media es sexualmente estimulante, -dijo.- Así que por favor no me digan. ¿Alguien quiere pastelitos?


-¿Ya se fue? –Le siseó a Peter, mirando a través de la ligera tela de la capa de invisibilidad. Sirius y James habían decidido evitar a Lily en los días que siguieron la operación "Sexy Títere de Media", porque en cuanto los veía comenzaba nuevamente a hablarles de lo irresponsables que eran. Intentaba persuadirlos de que se entregaran a la profesora McGonagall, dado que eso probaría que "estaban arrepentidos de sus acciones". Como ni Sirius ni James se sentían arrepentidos, no estaba teniendo mucho éxito. Hasta James se había cansado de su molestia, y su deseo de escapar ahora superaba el de mirarla.

Los dos Merodeadores ya tenían el hábito de llevar la capa de invisibilidad con ellos cuando sea que abandonaban el refugio de su dormitorio.

Ya era sábado, y Sirius y Peter habían dejado a James y Remus, que estaban teniendo una intensa conversación sobre el hechizo de transfiguración que habían usado para convertir los zapatos del profesor Flitwich en tacos durante el almuerzo. Volvían del comedor a la sala común cuando notaron a Lily en el pasillo de la biblioteca.

Sirius inmediatamente volvió a esconderse y se tapó con la capa de invisibilidad, sacándola de donde estaba, encogida, en su bolsillo.

-Está parada fuera de la biblioteca, hablando con Quejicus, -le dijo Peter, como respuesta a su pregunta.

-¿Qué? Por qué hablaría con él. ¿Está siendo malo con ella? –Miró por encima del hombro de Peter.- No está ahí.

-Acaban de entrar. Parecía que discutían.

Frunció. Sin importar cuánto le disgustaran los discursos de Lily, ella le caía bastante bien. Después de todo, de no haber sido por ella, no habría admitido lo que sentía por Remus.

-Vamos a ver si necesita que la rescaten, -dijo.- Vamos, ven bajo la capa conmigo.

Fueron incómodamente hasta la biblioteca, Sirius, que se acercaba a los seis pies, era demasiado alto, y Peter demasiado gordo como para que entraran igual de bien que años atrás. Sirius tenía que caminar doblando las rodillas para que no se le vieran los pies.

Entraron a la biblioteca justo a tiempo para ver el pelo rojo desaparecer detrás de los estantes al fondo de la biblioteca, y rápidamente fueron hacia allá.

-¡Estoy cansado de que siempre me molestes con eso! –Decía Snape mientras Sirius y Peter se acercaban.- ¡No sé por qué debería escucharte, cuando tus amiguitos en Gryffindor son igual de malos!

-Rebecca y Alice no tienen nada de malo, -le contestó ella furiosamente.

-No me refería a ellas, -dijo Snape, con burla en la voz.- Hablaba de esos chicos. Black y Potter y sus dos seguidores.

No soy amiga de Black y Potter! –Sirius y Peter pasaron junto al estante justo a tiempo para verla fruncir.- Pero Remus no tiene nada de malo. Es buen chico.

Snape resopló con asco.

-Además, -continuó.- No estábamos hablando de ellos. Hablábamos de ti, y de cómo has comenzado a juntarte con ese asqueroso Rosier y Nott y los demás. Todos saben que están metidos en las artes oscuras, sabes. Y hay rumores de que planean unirse a Voldemort cuando salgan de la escuela.

Sirius y Peter se miraron confundidos. No entendían por qué Lily y Snape hablaban como si fuera una discusión entre amigos, en vez de una pelea entre enemigos.

-Tú fuiste la que me dijo que intentara tener amigos en mi propia casa, -respondió él.- Fue tú idea mantener el hecho de que somos amigos en secreto.

-¡Trataba de hacerlo más fácil para ti, Severus! Te hubieran molestado de haber sabido que eras amigo de una bruja Gryffindor e hija de muggles. Pero quería que tuvieras buenos amigos. Hay buenas personas en Slytherin.

-No tienes derecho de decirme de quién ser amigo, -respondió.

Lily suspiró, aparentemente rindiéndose.- Sólo me preocupas, -explicó, poniendo su mano en el huesudo hombro de Snape.- No quiero que te juntes con malas personas y que te salga mal.

Snape miró su mano, y después alejó la vista. Había una expresión adolorida en su cara, y un ligero rubor en sus prominentes pómulos. Sirius sintió arcadas al darse cuenta de que había visto una expresión parecida en la cara de James al hablar de Lily. ¿Acaso al idiota grasoso también le gustaba?

-Sé lo que hago, Lily, -le dijo, y el suave tono que usó no quedaba para nada con su voz.- Tendré cuidado.

Lily le sonrió.- Espero que estés seguro. No me gustaría perder tu amistad después de todos esos años. –Repentinamente sonrió y se sentó en un escritorio, levantando los pies para apoyarlos en una silla.- Ahora, necesito un consejo.

La cara de Snape formó una expresión ligeramente cautelosa.- No soy muy bueno con los consejos. ¿Te puedo ofrecer un comentario sarcástico?

Lily se rió y Sirius se dobló, actuando como si vomitara, accidentalmente dándole un codazo al generoso estómago de Peter en el proceso.

-Está bien, es sobre la tarea de pociones, -explicó ella.- Me preguntaba si podías sugerir algunas para que eligiera.

-Vámonos, -le susurró a Peter cuando la cara de Snape se iluminó y él comenzó a dar un discurso sobre las pociones de quinto año.- Si sigo viendo puede que vomite.

Salieron en silencio de la biblioteca, revisaron que no hubiera nadie, y se sacaron la capa de invisibilidad.

-Bueno, -Habló Peter nerviosamente mientras subían hacia la torre.- Eso fue raro.

-Raro no es la palabra, -respondió, se le llenaba el estómago de odio al pensar en que la linda Lily Evans, la Lily Evans de James, fuera amiga de Quejicus. ¿Cómo se atrevía? ¿Cómo podía un idiota grasoso como Snape tener éxito cuando una buena persona como James no?- Yo diría "malo" o "perturbador" o "nauseabundo".

-¿Qué crees que debamos hacer? –Preguntó Peter, mirando a los costados y parpadeando preocupado.- ¿Crees que hay decirle a Cornamenta?

Sirius dudó.- No quiero, pero creo que sí. Querría saberlo. Aunque sería buena idea decirlo desde lejos, por si explota.

-Creí que ibas a explotar, -respondió Peter.- Y me codeaste en la panza. Creo que tengo un moretón.

-Perdón, Colagusano. Me superaron las arcadas cuando Snape dijo un chiste.

Peter rió.- Fue bastante gracioso.

Sirius lo miró. Peter se alejó, levantando las manos protectoramente.- ¡Bromeaba! ¡Bromeaba!

-Eres tan cobarde, Pete.

-Perdón.

-Está bien. Eres nuestro cobarde. Un cobarde Merodeador.

-Eh… gracias. Creo.

-Cuando quieras. –Movió su mano por el aire y siguió caminando por el pasillo.

Peter lo siguió rápidamente.


-Perdón, perdón, -susurró esa noche, aferrándose a Remus, temblando. No había podido bajar a la cocina para tomar esa noche, y su mente se movía a millones de kilómetros por hora, formando imágenes de los demonios de sombras que vivían más allá de su segura cama, iluminada con la luz de la varita.

-Está bien. Estoy aquí. No pasa nada. –Remus le pasó suavemente sus dedos de uñas rasposas por el pelo húmedo, y la cálida presión en su cráneo lo calmó un poco. Agachó la cabeza y la metió en el espacio del cuello de Remus, besando la cálida piel que se encontró con sus labios y sintiendo que a Remus le daba un escalofrío como respuesta. Sus dedos se alejaron de su cabeza, acariciándole la espalda mientras se movía para abrazarlo más.

Notaba que Remus esperaba más, pero no podía. El corazón todavía le latía por el miedo, y las imágenes todavía se formaban en el fondo de su mente.- Perdón, perdón, -volvió a susurrar, esta vez disculpándose por su falta de reacción.

Remus dejó salir un pequeño suspiro triste y se alejó un poco. Pudo sentir el ligero roce de su excitación contra su pierna al alejarse, y se sintió culpable por haberlo animado sin intención, mientras que la parte de él que no estaba concentrada en sus temores nocturnos se sentía contenta por haber causado esa reacción en el chico normalmente reservado.

-Está bien, -repitió, no mostrando decepción en su voz.- Sólo duerme. Vigilaré las sombras por ti.