Magi pertenece a Shinobu Ohtaka-sama. Escrito en el móvil, errores son sin querer. Muchísimas gracias a todos los que leen por el apoyo :3.

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Capítulo 51 ¿Es lo que Kouen espera?

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Imperio Kou.

El consorte alimenta a su primogénito mientras Azaí reposa tranquilamente en la cuna, posa la mano en esta para mecerle.

- Se la pasa durmiendo - su candidato - ¿No es malo para su salud? Además está muy pequeño.

- Je je je Alibaba-kun es algo de lo más natural, hace poco nació.

- P-pero Nuriyah no...

- Ocurrió lo mismo, no te diste cuenta porque escapaste esos días - sonrie.

- Ah bueno si, disculpa - irónico - es de tontos tener remordimientos.

- Su tío tiene severos problemas de personalidad pero no es una mala persona.

- ¡No les digas cosas raras! ¡Se lo creerán!

- ¿Tú crees? - burlón.

- Mal amigo.

- Pero aún lo soy~.

- Tramposo.

El mayor olvidó en cuestión de segundos su berrinche, no podía permanecer mucho tiempo enojado, sobre todo cuando la cabecita pelirroja se aferra con tal intensidad a su madre, las manos de Nuriyah se posan a los costados del pecho izquierdo, se ve tierno pero las arrugas en la ropa de Aladdin dan a entender que ejerce quizá, demasiada fuerza.

- Parece doloroso.

- Al principio era un poco incómodo, ya sabes no estaba acostumbrado - se sonroja - Ahora me da cosquillas.

- Vaya, debe ser agotador. Terminas con uno y vas con el otro.

- Nunca lo vi de esa manera. Me hace muy feliz saber que mi cuerpo aún es capaz de producir el alimento que necesitan. No estoy en posición de quejarme o exigir. Por si fuera poco Azaí se la pasa durmiendo la mayor parte del tiempo. Ocurría lo mismo con Nuriyah, a veces todavía sucede.

- Así que les cuidas con total tranquilidad.

- No tanto. Me gustaría que fueran un poco más... ¿entusiastas? Estoy paranoico gran parte de la madrugada. Me es insuficiente tenerlos cerca. En me abraza y dice que es necesario que me relaje, que todo estará bien. Cierro los ojos pero de inmediato los abro, pongo especial atención a los sonidos que hacen, temiendo que de un segundo al otro hayan dejado de respirar. Cuando En cae rendido escapo para cargar a los bebés, así me siento más seguro.

- ¿Él lo sabe?

- Supongo. Es complicado ocultarle algo a ese hombre pero respeta mi voluntad. Tampoco creo que descanse la noche entera, tiene ojeras.

- ¿Enserio? No se las veo.

- Son muy sutiles, deberías poner más atención~.

- ¿A ese? - le recorre un escalofrío - no gracias.

Aladdin aún no se ve del todo bien, independientemente de las exigencias de los recién nacidos está el asunto de los extenuantes partos, el último fué especialmente desconsiderado con su anatomía.

- ¿Y cómo va el asunto del magoi? - el esgrimista.

- Bueno, aún ayer estaba dentro de mi. Imagino que el cambio será paulatino además, no es del todo responsabilidad de mis hijos. No he logrado estabilizarme por completo desde el asunto con Arba.

- ¿La odias?

- Sería ingrato, ¿no crees? Nos hizo daño pero también me dejó el mejor obsequio que pude pedir. En verdad me gustaría que hiciera las pases con onisan.

- No parece que Hakuryuu le guarde tanto rencor como en el pasado.

- Ha cambiado. Amar a Judal-kun le ha hecho mucho bien.

- A los dos. Incluso olvido que Judal es capaz de destruir el mundo entero si se lo propone.

El menor soltó una tierna carcajada.

- Eres demasiado exagerado Alibaba-kun.

El aludido entrecerró los orbes pero pasó de largo el comentario.

- ¿De casualidad tienes información sobre el ministerio de educación?

- ¿Acaso intentas utilizarme para trabajar?

- ¡Ah! ¡No es así! Es solo que En dejó a mi cargo tan...

- Otros se ocupan por ahora. No eres indispensable.

Aladdin baja la mirada dolido, da la impresión de que fuese a llorar a la más mínima provocación. Alibaba cae en cuenta del grave error y mueve violentamente las manos, de manera curiosa en algo parecido a una cómica danza.

- ¡No fué mi intención decirlo de esa manera!

- Lo sé, pero el cambio hormonal me hace muy difícil asimilar algunas cosas. Supongo que necesito sentir que soy útil, que no me convertí en un elemento decorativo del palacio. Tampoco estoy convencido de que En considere que soy apuesto. El cada día se vuelve más irresistible y yo...

- ¿Nuriyah y Azaí son lindos? - asiente - ¿De dónde si no lo heredaron? Del padre lo dudo.

El consorte sonríe. Alibaba sabe a lo que se enfrenta con declaraciones de esa índole y aún así le anima. No es como que Aladdin desconfíe del amor que se profesan él y su pareja, el de ellos con sus hijos, amigos y súbditos pero desde que diera a luz a su segundo bebé se siente un poco extraño. Inseguro, temeroso, incluso ligeramente paranoico. Es una mezcla de culpabilidad, malos presagios, baja autoestima, angustia, soledad y pánico. Durante nueve meses un ser habitó en su útero, la alegría se duplicó pero en su lugar ahora existe un enorme vacío.

- Las madres son asombrosas.

Dijo con un hilo de voz, fue menos que un murmullo.

- Disculpa no escuché.

- Tengo muchas cosas que aprender.

- Eres bastante maduro para tu edad e independientemente de lo que pienso de Kouen es un hombre bastante capaz. Eres consciente de que me gustas...

- Alibaba-kun...

- No lo mencioné con doble intención o hacerte sentir mal es sólo que... ocurrieron demasiadas cosas, te viste inmiscuido en tantos conflictos. No me veo en el lugar de Kouen. Cuando caíste por la ventana estuve a punto de perder el sentido pero él no parecía afectado. Puede mantener la serenidad y actuar conforme las necesidades. En cambio yo no podía dejar de temblar, me parece que dije alguna tontería pero no recuerdo. Es como si hubiese presenciado todo por medio de un cuento, me sentí ajeno. Es por esa razón que estoy seguro de que nunca fui merecedor de tu cariño.

- Pero...

- No busco lástima. Creo que no lo parece pero halago a K-K-Kouen ungh... se ganó un poquito más mi admiración. Tus hijos crecerán y se convertirán en dos hombres que sin duda tendrán su lugar en la historia. Serán leyenda. ¡Tan fantásticos como Sinbad-san!

- Ojisan - pensativo.

- ¿Qué ocurre?

- Me encantaría tener una respuesta - parpadea lentamente y bosteza.

- Deberías dormir un rato.

- Mmm... - indeciso.

- Los niños están demasiado apegados a ti.

- Considero que es más a la inversa. Estoy siendo demasiado egoísta pero no pretendo perderme un solo instante de sus vidas, mirar por medio de la magia de clarividencia no es igual. Su padre y yo estaremos presentes cuando den su primer paso, cuando hablen, durante la presentación de sus novias...

- Vas tan a futuro. ¿Has preparado papilla?

- Hakuryuu-onisan me enseñó bastante, En no se queda atrás. Estoy rodeado de personas amables a las que quiero mucho - sonríe.

- ¿Incluyes a Judal?

- Así es.

- Vaya.

Alibaba tuvo el impulso de llevarle la contra pues desde su punto de vista el sacerdote no es precisamente una blanca palomita. Le ha hecho infinidad de maldades y no tiene reparo en recalcar cada error en la vida de otros, especialmente la suya. Ni de reclamar el que haya secuestrado a Aladdin pero, es imposible negar que Judal se arriesga como pocos. Es imprudente, grosero, desquiciante, impaciente pero también dueño de un gran corazón.

- Será mejor que me retire. Tengo un par de pendientes y no quiero encontrarme con tu marido.

- ¿Continuas escapando de él? - divertido.

- ¡No! B-bueno a lo mejor si. Es incómodo tenerlo cerca, da la impresión de que fuese a golpearme en cualquier instante, trae una cara.

- Lo sé. Es tan apuesto~. - ruborizado.

Alibaba se estremece debido a las ñañaras y se marcha a la primera oportunidad. Aladdin se pone de pie acurrucando al pelirrojo hasta que este cae en brazos de Morfeo. Le deposita en la cuna para tomar en su lugar al pequeño Azaí que recién despierta ligeramente atolondrado, ambos sonríen, el niño extiende sus manitas.

- ¿Tienes hambre?

- Apu puft.

El infante apresa la lengua entre los labios por culpa de un torpe movimiento similar a una mordida, es una suerte que aún no le salgan los dientes.

- Cuidado amor, podrías lastimarte.

- Aga gu gu... ¡Pa!

El consorte vuelve al lecho donde toma asiento, descansa el peso en la madera y descubre su pecho para amamantar de nueva cuenta. Las palmas del príncipe se pasean por el pecho con curiosidad, posee una gran curiosidad digna de su edad. La sonrisa en su rostro ensancha al llegar al lindo y rosado pezón que prácticamente exprime provocando escapen algunas gotas de leche, por desgracia no la suficiente para saciar la terrible hambre que aqueja a sus tripitas.

- Je je je, así no Azaí.

Los dígitos del magi se pasean dulcemente por el diminuto rostro, retirando los cabellos rebeldes que deslucen su semblante. Dirige los labios del segundo príncipe al sitio indicado, el que es repasado con la minúscula lengua y posteriormente succionado como si no hubiera un mañana.

«- Es increíble el apetito de los bebés. En parte creo que sacó eso de mi, bien podría comerme una canasta entera de manzanas; además, a últimas fechas también le he agarrado el gusto a los platillos picantes de Kouen, que de cualquier manera son algo intensos para mi je je je. »

Disfrutar de un día común y corriente tan lleno de tranquilidad y alegría le obliga a olvidar los dolorosos momentos que les llevaron ahí. Puede gozar de dos pequeños que son tan reales como él y su esposo. Teniendo a tan increíble par de joyas y tan estupenda pareja además de familia, no necesita más.

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En la guarida de la Tropa de la Niebla Roja.

Iskender aprieta la jarra de vino con ahínco, esta truena cediendo de a poco pero logra mantenerse de alguna manera. El capitán suspira pesadamente y luego bufa. Está tan furioso que no puede disimularlo, todos en la tripulación han notado tan abrupto cambio. N le contempla en silencio desde la ventana, ha insistido tanto en que se tranquilice que nada le falta para quedarse sin voz, los ojos zafiro se llenan de lágrimas por la frustración. El hombre da un certero golpe seco a la mesa que la simbra. Una manzana cae del frutero y rueda para ser tomada por el sujeto. Rememora al consorte.

- Aladdin.

Pronuncia el nombre mitad anhelo, mitad reproche. Si no le hubiese conocido podría llevar a cabo su tan ansiada venganza. Años de preparativos, práctica, sacrificios y lamentos. Por fin comanda a un numeroso grupo de hombres y mujeres que pelearían a su lado con el mismo fin y... no puede dar la orden que lleve al poderoso Imperio Kou a la ruina. Cierra los ojos y puede imaginar el rostro del magi lleno de dolor, si al menos fuera la clase de chico que le reprochara u odiara, que buscara la manera de estar a mano. Pero no, Aladdin trataría de entenderle, posiblemente curar su corazón. No desea hacerle llorar, obligarle a vivir con el sufrimiento que Iskender lleva a cuestas desde hace mucho. El sentimiento que profesa al pequeño atolondrado es sincero, enorme y solo a una mujer amó con tal intensidad: a su adorada esposa.

- ¡Diablos!

Golpea con el antebrazo tirando varios objetos, algunos se hacen añicos al entrar en contacto con el suelo.

- Capitán...

N le llama pero Iskender le ignora y pasa de largo hasta salir del lugar.

- Oh Aladdin, en verdad... no sé qué hacer. Si esto sigue así él...

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Alcoba real.

El emperador viste a Nuriyah mientras Aladdin baña al otro pequeño. En pone especial cuidado, es tan precavido que de cierto modo resulta aterrador. Recuesta al príncipe en el lecho, mete las extremidades de este en el sitio correspondiente, da varios giros a la tela, amarra los cinturones, acopla listones, añade accesorios y demás. El cabello es el único en libertad al ser demasiado corto para los aditamentos destinados.

- Listo.

Sonríe al tener frente a él a un emperador en miniatura. Para su gusto es tan varonil, elegante, imponente que obvia la ternura innata. El faldón que de poder caminar arrastraría, de las manos ocultas por el prenda superior y la abultada pancita por el exceso de ropa.

El magi se aproxima con el otro tesoro en brazos, cobijado por una toalla que cubre su desnudez. Sonríe.

- Nuriyah es muy parecido a ti - dice.

- ¿Te burlas? - haciendo énfasis en su apariencia, prácticamente es gemelo de Aladdin aunque en pelirrojo.

- Me refiero al interior. No sería extraño verle fruncir el ceño un día de estos.

- Y luego se pone a llorar sin control como cierto mocoso que conozco.

- Ungh. B-bueno, los dos son representaciones de sus padres. ¿Te parece más apropiado?

- Si. ¿Necesites que vista a Azaí?

- Ya hiciste suficiente. ¿Por qué no te adelantas a tomar el desayuno?

Aladdin no recibió respuesta puesto que el llanto de Nuriyah interrumpió el momento.

- Exige comida.

- Je je je y pronto su hermano seguirá el ejemplo. No tardo...

- Traeré algunas cosas a menos que prefieras darles leche mientras desayunas.

El mago niega rápidamente con la cabeza, es una de las peores ideas que ha tenido Kouen jamás.

- Judal-kun hará un comentario innecesario sobre mis pechos o querrá verlos y tocarlos como la última vez. ¡Disfruta humillándome!

- Te da confianza.

- Si es la manera que tiene para hacerlo va por el camino erróneo.

- Es bastante torpe, ¿qué esperabas?

- Supongo.

- ¿Vienes?

- No. Todavía me es complicado caminar demasiado.

- En ese caso regreso enseguida - da la media vuelta.

- En...

- ¿Si?

- ¿Me convertí en una carga? Ya no estoy embarazado así que no hay pretexto para...

- Idiota. Podrías ser un simple objeto sobre mi cama y harías más que la mayoría.

- O-objeto... - los ojos se le llenaron de lágrimas.

- Porque tu mera existencia me hace feliz.

Aladdin deja en libertad un suspiro, las mejillas toman un intenso color escarlata y sonríe enamorado.

- En...

- ¿Si?

- Prometo convertirme en alguien digno de ti.

- Imposible. Eres más de lo que merezco, en todo caso sería al revés mocoso idiota.

- Je je je hasta tus groserías son adorables.

Fué el turno del emperador para ponerse rojo. El magi no pudo evitar contemplarle con curiosidad e intensidad. ¿Cómo es posible que ambos se ruborizen y su esposo luzca miles de veces más masculino que él? Bien podría jurar que a su lado es más similar a una chica en plena pubertad, un borreguito despistado tampoco le parece del todo descabellado. Pero cuando En le toma de la cintura con suavidad como ahora, acaricia sus labios con el pulgar y le besa con devoción el resto, le da igual.

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Un barco en el puerto de la guarida de la Tropa de la Lluvia Roja.

- ¡Más rápido bola de holgazanes! ¡El capitán subió a contabilizar los bienes! - una mujer - ¡Un poco y llegamos a casa! ¡Nos espera un gran banquete atascado de carne y vino de primera!

- Vaya que andas emocionada - un sujeto.

- ¿Y cómo no? Traemos un chingo de oro y piedras preciosas del Imperio Reim. Remano es tan fácil de saquear que es un crimen.

- Eso lo dices porque su magi y el tal Muu Alexius estaban fuera en una misión diplomática. Nerva es tan inepto que da pena.

- Ja ja ja ni que lo digas. No me gustaría estar en su lugar. Espero que el capitán me regale un collar, me lo gané.

- ¿Para qué? En alguien como tú no se verá bien.

- ¿En quién si?

- Mmm... ¿Aladdin?

- ¿Te das cuenta de que es hombre? Peor aún consorte del emperador de Kou, casi nos ganamos un montón de problemas.

- Pues si pero es bastante atractivo.

- Apuesto a que tienes sueños cochinos en los que fantaseas con él atorado en la red, inconciente, sumiso y a tu merced.

- ¡¿Bromeas?! ¡Creí que estaba muerto! Si no fuera porque me ayudaste y le hablaste al capitán me habría metido en aprietos.

- Quizá hubiera sido mejor nunca haberlo rescatado - interviene N - Iskender no puede contener tanta rabia, me da miedo ver de lo que es capaz. ¿A dónde nos llevará este camino? ¿Quién desaparecerá al final, la Tropa o el Imperio? Aladdin, Aladdin, Aladdin. No puedo detenerle.

Un portazo llamó la atención del trío. Un sujeto salió volando varios metros hasta estrellarse violentamente contra el suelo, escupiendo sangre. Se limpia la quijada que el capitán le ha dislocado gracias al tremendo puñetazo que le propinó.

- ¡Estoy harto de su ineptitud! - el interior de Iskender hace ebullición - ¡No pueden ir por la vida asesinando niños!

- ¡Capitán! - el par que salvó a Aladdin y N se colocan entre ellos para mediar el altercado.

- A un lado - la voz salió estruendosa y severa, casi cruel.

- ¡No! - N cuyo oscuro cabello se agita en el viento - ¡Te arrepentirás!

- ¡Capitán!

Varios miembros se sumaron a la valla.

- Oh~. Con que un motín, interesante... Pero descubríran que cuando se trata de habilidad y fuerza bruta nadie se compara conmigo.

Alza la mano empuñando una espada de corte oriental, con una longitud cercana al metro. Deseoso de ver correr la sangre, completamente fuera de si. Sabe por experiencia que una vez de la primera estocada cerca de diez cabezas serán separadas del resto del cuerpo. Las potenciales víctimas cierran los ojos resignadas, es tarde para reaccionar y no pretenden dañar al hombre que de una u otra manera les salvó la vida aunque ya no sea lo que fué. Una poderosa ventisca se hace presente y el metal resuena. Todo indica que un ser llegó a su rescate. Picados en su curiosidad enfocan sin dar crédito a la escena. Las venas en el cuello de Iskender se hacen bastante visibles, sus orbes prácticamente escupen fuego y el aura que le rodea es poco menos que asesina.

- Tenías que ser tu - articula haciendo uso de la casi nula serenidad que aún conserva - ¡Ren Kouen!

Este le contempla con tranquilidad, apuntando su metal al pecho enemigo.

- ¿Un duelo? - dice el capitán, silencio - Me parece bien - misma repuesta.

¿En verdad es lo que Kouen espera? ¿Qué diablos le pasa por la cabeza al maquiavélico emperador de Kou? No, la sonrisa ladeada es una clara muestra de que planea obtener un beneficio de todo esto.

- Conviértete en mi consejero.

- Je, estas bien pendejo si crees que voy a aceptar.

- ¿Aún si es una petición directa de Aladdin?

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Notas finales.

Si hay algo que tenía ganas de escribir es sin lugar a dudas un enfrentamiento entre estos dos y por favor Iskender, si bien que Aladdin ha dejado en claro muchas veces que espera unas fuerzas con el emperador~. Y ya se negó así que por ahí no lo van a agarrar XD.