Capítulo 48
"Si me lo preguntan a mí, yo diría que Oliver no es un nombre muy adecuado para esta lindura." Comentó el Dr. Bowen mientras colocaba a la bebé sobre el pecho de Amy y la abrigaba con una pequeña cobija.
El llanto de la nena inundó la sala del hospital en el instante en que la luz de las lámparas chocó contra su frente y el aire llenó sus pulmones por primera vez. La vida tan impredecible, tan hermosa y a veces injusta, se manifestaba una vez más frente a Sheldon y Amy, con toda su grandeza.
Sheldon y Amy se miraron el uno al otro, sin poder creer lo que estaba pasando.
El Dr. Bowen sonrió ampliamente el ver el desconcertado rostro de los flamantes padres de gemelos. "Amy, tu pequeño Oliver… es en realidad una niña". Susurró el médico, como si quisiera prolongar el misterio. "Compruébalo por ti misma".
Amy asintió y respiró hondo. Trataba de contener esas lágrimas que siempre llegaban sin ser invitadas. Amy se había hecho a la idea de que los gemelos eran varones, desde el día en que le informaron que así sucedería. De hecho, secretamente le parecía que sería fácil criar a dos muchachos más, porque ya tenía algo de práctica con Nicky. Tener una niña, era una experiencia para la que no se había preparado.
A pesar de la sorpresa y el temor iniciales, Amy no perdió un segundo más y tomó a la bebé entre sus brazos. La nena se sentía tan frágil y delicada al sostenerla que, inesperadamente, Amy experimentó la misma sensación que tuvo al tomar a Nicky en sus brazos por primera vez.
La bebé, anteriormente llamada Oliver, era definitivamente más pequeña que Thomas. El niño se veía como un gigante al lado de su hermanita; y es que para un recién nacido, la diferencia de unos cuantos gramos en el peso y un par de centímetros en la talla, resulta aún más evidente.
Aunque Sheldon tenía muchas cosas que decir y muchas preguntas que hacer, las palabras se resistían a salir de su garganta.
Cuando a Amy y a él les informaron que esperaban gemelos, les dijeron que los dos bebés serían varones; sin embargo, Sheldon siempre había guardado la esperanza de que uno de los bebés fuese una niña, no porque tuviese una preferencia en particular, sino por una cuestión de equilibrio en su familia. Como en todos los aspectos de su vida, Sheldon siempre buscaba balance y no quería que Amy se sintiera sola al ser la única mujer en el hogar de los Cooper.
"Yo te lo dije, Amy" Sheldon sonrió con orgullo al ver a la bebé. "Te dije que era una niña. Ahora tenemos dos hijos y una hija. ¡Mi mamá y Meemaw tenían razón! ¡Yo tenía razón!".
Sheldon apenas rozaba con la punta de los dedos, la cabeza de la pequeña niña cubierta de fino cabello de color castaño, un tono más claro que el de Amy. La bebé tenía más cabello que Thomas, quien era casi tan calvo como Nicky al nacer.
"Sabes que yo te amaría exactamente igual si fueses un niño… pero eres mi primera hija". Sheldon le susurró a la nena, mientras acariciaba suavemente sus mejillas de un tono rosa que contrastaba con la tibia palidez de su piel.
Amy se quedó meditando un buen rato en las palabras de Sheldon. Claramente le había escuchado decir: "Su primera hija", como si contemplara la posibilidad de tener otra.
¿No estaría Sheldon, pensando en tener una hija más? Amy respiró hondo; decidió no preocuparse de eso por el momento. Ya se sabía de memoria la presentación de Power Point en la que Sheldon le explicaba lo conveniente que sería tener dos hijos y dos hijas.
Por el momento había otra cosa que despertaba ansiedad en Amy y, si era cuestión de confesarse, le preocupaba que durante su niñez, ni siquiera había jugado con muñecas, y ahora tendría que criar a una niña.
No sería lo mismo que criar a Nicholas, eso era seguro pero, por aquella nena tan dulce que poco a poco empezaba a abrir sus ojitos frente a ella, bien valdría la pena el esfuerzo.
Luego de unos cuantos minutos, necesarios para que los médicos examinen a los gemelos y a su mamá; Amy, Sheldon y los bebés se quedaron en la habitación disfrutando de un momento a solas. Tanto Amy como los gemelos se encontraban en perfectas condiciones.
Emily, la simpática enfermera, colocó a Thomas en brazos de Sheldon y se despidió de ellos, informándoles que regresaría más tarde para llevarse a los bebés a la sala de cunas, para que Amy pueda descansar un poco. No sería tarea fácil encargarse de un par de recién nacidos y Amy debía recobrar sus fuerzas.
"Miren muchachos, ella es Emily", exclamó Raj, muy entusiasmado por volver a ver a aquella encantadora enfermera que conoció en San Diego. "No pensé encontrarte aquí".
"Hola, yo tampoco pensé que volvería a verte." Respondió Emily, mirando con atención a Raj, que lucía muy elegante y apuesto con su smoking. "Tú y tus amigos vienen de una fiesta. ¿Verdad?" mencionó Emily. Leonard, Howard y Bernadette, saludaron a Emily, aún llevaban puestos sus disfraces. Penny había regresado a casa junto con Nicky.
"Sí, tuvimos una fiesta de Halloween pero Amy entró en labor de parto y lo demás, supongo que tú ya lo sabes". Añadió Raj.
"¿Cómo está Amy? ¿Ya nacieron los bebés?", preguntó Leonard con ansiedad. Habían pasado casi tres horas desde que llegaron al hospital y aún no tenían noticias de ellos.
"Amy y los bebés se encuentran muy bien." Afirmó Emily. "Los hemos dejado un momento a solas para que la familia empiece a conocerse." Emily sonrió dulcemente, al darse cuenta de que el nacimiento de la niña era una sorpresa, decidió que era mejor que Amy y Sheldon se lo dijeran a sus amigos personalmente. "Iré a verlos en una hora y podrán pasar a saludarla por unos minutos, pero sería conveniente que los dejáramos descansar durante la noche." Emily miró su reloj, era casi la una de la mañana.
Howard, Leonard y Bernadette asintieron al unísono, felices al enterarse de que Amy y los nuevos miembros de la familia Cooper se encontraban muy bien.
Emily se despidió del grupo y se alejó, caminando hacia una de las máquinas de café. Había tenido un día muy cansado y todavía faltaban unas siete horas para que termine su turno como enfermera.
Raj, al ver que Emily se alejaba, tomó valor para seguirla, a riesgo de parecer desesperado o un simple acosador.
"¿Puedo invitarte un café?", Raj le preguntó a Emily, con voz titubeante.
"No es necesario; la cafetería está cerrada a esta hora", Emily se ruborizó sin poder evitarlo. "Tomaré una taza de café de la máquina expendedora."
"Insisto", dijo Raj, ofreciéndole su brazo a Emily para que lo tomara.
"Está bien", aceptó Emily. "Podría tomar un corto receso". Ella no pudo resistirse ante la sonrisa cautivadora del astrofísico hindú.
"¿Cómo te sientes?" Sheldon le preguntó a Amy.
"Me siento como si acabara de tener a dos bebés", dijo Amy con una sonrisa. "Es una broma amor. Me siento un poco cansada, pero muy feliz de que todo haya salido bien. Es una bebé tan linda, nunca me imaginé que algo así sucedería". Amy mecía suavemente a la bebé en sus brazos, le era imposible describir lo que sentía en aquel momento.
"Yo también me siento muy contento y afortunado." Sheldon tragó saliva. Nunca había esperado que su vida estuviese tan llena de amor y momentos felices.
Antes de conocer a Amy, él habría jurado que terminaría sus días solo. De una u otra forma hubiese encontrado el éxito al dedicar su vida a la ciencia, pero de no ser por Amy, habría terminado completamente solo.
"Gracias", dijo Sheldon juntando sus labios con los de Amy en un beso lleno de sentimiento.
"Gracias a ti", añadió ella, perdiéndose en la profundidad de esos ojos azules que le decían tantas cosas, sin hablar.
"¡Es grande y pesado!", exclamó Sheldon sonriendo, mientras sostenía a Thomas en sus brazos. "Creo que se parece bastante a Nicholas, pero es mucho más grande de lo que era él. No sé si sus ojos son verdes o azules, pero tienen la misma forma de los tuyos, Amy." Dijo Sheldon mientras tocaba suavemente la punta de la nariz del pequeño Thomas, reparando en que el bebé tenía los ojos pequeños y almendrados, como brillantes pececitos turquesas, resplandeciendo bajo la luz de las lámparas flourescentes.
Amy no podía dejar de mirar a su bebé recién nacida, ver sus diminutas facciones era casi hipnótico. De un momento a otro, Amy sintió como las lágrimas humedecían sus mejillas, y evitando que una gota cayera sobre el rostro de su pequeña hija, secó sus lágrimas con el pulgar. "Te he llamado Oliver por tantos meses, y ahora no sé ni cuál será tu nombre", dijo Amy entre sollozos. "Lo siento nena, toda tu ropa es de varón y casi todo es de color azul".
"Amy no llores." Exclamó Sheldon preocupado por su novia. "Los bebés no distinguen los colores, sólo ven en escala de grises; y en cuanto al nombre, ella podría llamarse Olive. Suena muy parecido a Oliver así que no crearemos un conflicto en su cerebro en desarrollo.", Sheldon comentó, sentándose en la cama para estar cerca de Amy y la niña. Tomó la mano de Amy para hacerla sentir mejor.
"O quizá… podría llamarse Olivia, como sugirió el Dr. Bowen.". A Sheldon le gustaba el sonido del nombre para su hija. "Olivia Cooper". Sheldon bajó la cabeza hasta que sus labios besaron amorosamente la frente de la bebé.
Sintiendo aquel beso en la frente, Olivia abrió los ojos como si se despertara para ver a su padre por primera vez. Sus largas pestañas de color castaño claro se mecían tiernamente por un par de segundos, ajustándose a la luz y revelando sus ojos de un hermoso tono verde, con un resplandor intenso. Aquel brillante par de esmeraldas que miraban fijamente a Sheldon, eran los ojos más bellos que él hubiese visto. Sin discusión.
"Olivia…" Amy suspiró. "Me gusta el nombre", dijo con dulzura. Los ojos de Amy se llenaron de lágrimas de felicidad. Como si fuese una revelación, Sheldon reconoció que los ojos de Amy eran idénticos a los de la niña.
Sheldon extendió su dedo índice para tocar delicadamente la mano de su pequeña hija, y ella apretó firmemente el dedo de su padre, como si no fuese a soltarlo jamás. Sheldon podría pasar una eternidad mirando a Olivia, mientras sus labios sonrosados formaban un encantador gesto, que a Sheldon le recordó a un pollito pidiendo alimento.
"Creo que Olivia tiene hambre", dijo Sheldon en voz bajita, para no despertar a Thomas, que se había quedado dormido en sus brazos.
Amy miró a la pequeña con ternura, y empezó a acunarla mientras le daba el pecho.
Para Sheldon todo parecía desaparecer a su alrededor, como si en el mundo sólo quedaran Amy, él y los gemelos por un instante. Si alguien le hubiese dicho que tendría tanto amor en su vida, nunca lo hubiese creído. Sólo le faltaba tener a Nicholas a su lado y su felicidad sería completa. Ya volverían a estar juntos cuando regresen a casa. No veía la hora de que Nicky y sus hermanitos se conozcan.
Mientras Sheldon pensaba en esto, Thomas comenzaba a despertarse. Los labios del bebé se fruncieron en protesta a toda la atención que Olivia estaba recibiendo. Sus manitos se cerraron en tensos puños y empezó a llorar ruidosamente.
"Me parece que Thomas se puso celoso." Amy comentó, sonriendo al mirar a Sheldon y al bebé.
Sheldon trató de calmar a Thomas, sin lograrlo. Sacudió la cabeza con resignación y colocó a Thomas en brazos de Amy. El niño dejó de llorar, como por arte de magia, al sentir el calor de la piel de su mamá.
"Bueno, eso es lo que consigues por llamar Sheldon a nuestro hijo. No va a querer alejarse de ti nunca más… y créeme… yo sé exactamente cómo se siente eso". Afirmó el físico teórico/padre de tres niños, exhalando fuertemente.
Amy sonrió, mientras intentaba acomodar a Thomas y a Olivia en sus brazos, con algo de dificultad. Aunque había tenido a Nicky en sus brazos por innumerables ocasiones; tratar de sostener a dos bebés y más aún, alimentarlos al mismo tiempo, era bastante complicado.
Con ayuda de Sheldon, Amy logró acunar a ambos bebés en sus brazos, pero alimentarlos fue más difícil. "¿Quieres sostener a Olivia mientras le doy de comer a Thomas?", preguntó Amy.
Sheldon asintió con vehemencia y rápidamente tomó a Olivia en sus brazos, apoyándola en su pecho como si temiera dejarla caer.
"Tengo que desarrollar un sistema para darles el pecho a los dos al mismo tiempo." Añadió Amy. "Me hace falta práctica", dijo riendo.
Sheldon permaneció en silencio por un par de minutos, perdido en el angelical rostro de su primera hija. Sin saber muy bien por qué, la imagen del rostro de Amy cuando era una bebé regresó a su memoria. Había visto un par de fotos antiguas en casa de tía Marion y debía admitir que Olivia se parecía bastante a su mamá.
Amy continuó alimentando a Thomas, un tanto preocupada de que no quedara suficiente leche para Olivia. El hambre del pequeño Thomas Sheldon, no conocía límites. "Deja un poco para tu hermana", le susurró al oído.
"Amy, ¿puedo hacerte una pregunta?" dijo Sheldon, rompiendo el silencio.
"Sí, claro que sí", dijo ella.
"¿Te molestaría si dejo de llamarte princesa?" preguntó Sheldon.
Amy lo miró con sorpresa. "No lo sé", respondió ella. "¿Cuál sería el motivo?".
Aunque Sheldon no era muy aficionado a usar apodos cariñosos, en muchas ocasiones solía llamar 'princesa' a Amy, sobre todo cuando estaban a solas.
"Pues… el motivo sería ella." Comentó Sheldon con una mirada cariñosa, para luego darle un beso en la frente a la bebé. "¿Puedo decirle princesa a Olivia? ¿Puedo?".
"Por supuesto que puedes decirle así" Amy asintió, conmovida por la inocente pregunta del padre de sus hijos.
Sheldon respiró con alivio, al saber que a Amy no le molestaba que Olivia recibiera su apodo de ahora en adelante.
"Pero si vas a decirle princesa… tendrás que regalarle su propia tiara", añadió Amy, fingiendo seriedad.
Sheldon soltó su risita suspirada al imaginarse a la pequeña Olivia con su primera tiara. "Así lo haré", asintió; sabiendo que seguramente haría lo que ella le pidiera.
Casi dos meses después, Amy y Sheldon ya habían desarrollado un sistema para cuidar de Nicholas, Thomas y Olivia, sin que ninguno de ellos sintiera que lo dejaban de lado.
Al principio Nicholas se había sentido un poco celoso por toda la atención que recibían sus hermanitos pero Amy y Sheldon supieron manejar la situación gracias a la ayuda de sus amigos y sobre todo de Mary Cooper y la Sra. Fowler.
Aprender a arrullar y alimentar a los gemelos al mismo tiempo fue bastante difícil pero Amy logró dominar la técnica en pocas semanas.
Aunque Sheldon apreciaba los pocos momentos de silencio con los que contaba, ahora que su familia se había expandido, no podía negar que las risas, el ocasional llanto y las tiernas vocecitas de sus tres hijos, llenaban de vida su nuevo hogar. La nueva casa parecía tan grande, hace tres semanas cuando se mudaron, pero ahora estaba tan llena de alegría y amor.
"Amy, creo que es mucho trabajo organizar una cena para todos nuestros amigos y más aún en una fecha como esta", comentó Sheldon mientras ayudaba a Nicholas a colocar una pequeña estatuilla dorada de Isaac Newton en el árbol de Navidad que había armado por pedido de Amy. "No sé en qué momento me convenciste de celebrar Saturnalia", Sheldon sacudió la cabeza con hastío.
Amy colocó a Olivia y Thomas en un pequeño moisés, al lado del sofá y caminó hacia Sheldon.
"Sheldon, ya hablamos de esto y decidimos que los niños podrían disfrutar de esta celebración. Es la primera Navidad de Thomas y Olivia; Nicky está muy entusiasmado.", Amy juntó sus labios con los de Sheldon en un dulce beso.
"Lo sé, pero ya tienes mucho trabajo con los bebés como para encargarte de todo esto", Sheldon observó con atención a la 'Pequeña Villa del Polo Norte' que Amy había creado a su alrededor. No le gustaba la Navidad y tenía sus motivos para ello pero, al ver lo feliz que Amy y Nicky se encontraban, Sheldon tenía que admitir que no lo pasaba tan mal en esas fechas.
"No es tanto trabajo como crees, mi mamá y mi tía Marion nos ayudarán con la comida; Bernadette y Howard traerán el postre y Raj invitó a Emily. Además, no podemos dejar que Penny, Leonard y Kaley pasen solos su primera Navidad." Amy guiñó el ojo, sabiendo que sus argumentos eran de lo más convincentes.
"Está bien", gruñó Sheldon, rindiéndose ante una mirada de Amy. "Deben ser ellos", dijo Sheldon al escuchar que tocaban a la puerta.
