Hola, este es el primer epílogo de este fan fic. Se llama "Al final". Espero que les guste, saludos y besos.
M&S
Hermione sonreía, mientras sus hijos iban de un lafo al otro. Cumplían los once años y aún recordaba cuando habían empezado a caminar, de la mano de su esposo. Ese recuerdo, iba a perdurar para siempre en su memoria.
"Ten cuidado Severus"- decía su esposa, mientras Snape sostenía las pequeñas manos de su hija Carmille- "No quiero que se caiga"
Pero lo hacía, como todo bebé primerizo. Hermione le observó componer un rostro de llanto y enseguida se arrodilló frente a ella, para calmarla.
"Tranquila cariño, podemos volver a intentarlo" "¿No es así Sebástian?" "¿Quieres caminar un poco más?"
Severus continuó dando torpes pasos con su pequeña hija, mientras la bebé trataba de acostumbrarse a su entorno y al suelo. Desde que había descubierto sus pies, no dejaba de tocárselos y de jugar con ellos.
La pequeña volvió a caerse y Snape se inclinó para observarla. Sólo decía papá mientras lo veía y sin duda, arrancaba de él una sonrisa. Hermione lo sabía, su hija, como ella; ablandaba el corazón de su esposo.
- Estoy segura de que tienen todo allá afuera- sonrió su madre, mientras Sebástian ponía en orden sus cosas.
- ¿Dónde está Carmille?- preguntó Snape, mirando a su alrededor.
- No lo sé- respondió su hermano- debía estar despierta desde hace rato.
Snape, abrió con lentitud la puerta de su hija y observó dentro de la habitación. Ella estaba sentada en la cama, con el rostro hundido entre dos almohadas. Ella, era su imagen a cabalidad. Ojos ligeramente claros, pero sus mismas facciones y el mismo color de cabello.
- ¿Qué sucede Carmille?- preguntó el hombre, mirándola. La jovencita, comenzó a descubrirse el rostro. Cuando ella se sentía mal, su madre acudía a su esposo. Sólo él podía saber lo que sucedía con ella. Especialidad que tenía, desde que ella era una pequeña niña.
- Tengo miedo. Me asusta todo esto.
- Estarás bien. A tu madre y a mí, no nos importa en qué casa quedes. Aunque, si es en Slytherin, creo que será mejor.
- Pero mamá dice..
- A veces, a mamá se le van los tiempos y dice tonterías- resumió él con una sonrisa- Vamos Carmille, alístate. Yo estaré allí, además tú hermano también irá...
- ¡Pero Sebástian está seguro! ¡Siente que Gryffindor es su camino! Pero yo tengo miedo de terminar, como todos esos magos que se leen en los libros. Todos ellos, han sido malos y han estado en Slytherin.
- No todos- Snape meditó- bueno sí, la mayoría; pero ese no es tú caso. Llevas en ti, quizás por desgracia del destino; sangre Gryffindor. Dudo que, además, tu madre te permita hacer el mal.
Carmille rio, mientras Snape colocaba una mano sobre su hombro y esbozaba una sonrisa suave. La joven asintió, sacando su baúl que Snape se encargó de llevar. Al verla salir, Sebástian la observó con una sonrisa.
- Cobarde, siempre tienes miedo..
- Yo no tengo miedo. Sólo estaba pensando...
- Severus, ¿Por qué teníamos que heredarles nuestras discusiones?- preguntó Hermione, interponiéndose entre sus hijos..
- Es natural. Una Gryffindor, contra un Slytherin.
Y tenía razón. Era una acción natural. Ella Gryffindor, él un Slytherin. Además, estaba segura de que uno de sus hijos terminaría en Gryffindor. O al menos, eso esperaba ella.
Severus le escribiría después de la selección, pero ella ansiaba tanto ver a sus hijos. Sabía que no podía dejarse ver en el castillo, pero lo deseaba tanto.
- Podríamos hacer algo- meditó Ginny con una sonrisa suave y Rosse asintió- ¿Qué tal una poción?
- ¡Severus me mataría!- exclamó ella.
- Severus no tiene por qué enterarse.
Hermione asintió y tomó la apariciencia de Rosse. Ella fue hasta Hogwarts y esperaba que su marido no lo notase.
Allí estaban sus hijos, esperando ser seleccionados. Estaban en tensión, nerviosos y sorprendidos ante lo que estaba a su alrededor. Ella caminó torpemente hacia adelante, tratando de vislumbrarlos mejor.
- Carmille, Carmille- Ya sabía Hermione, que no mencionaban sus apellidos. Eso, representaría un peligro inminente.
Su hija subió, llena de nerviosismo. Se sentó en el pequeño taburete y analizó a todos con su mirada. Mientras lo hacía, divisó a Hermione a lo lejos y le mantuvo la vista. Quizás sentía, que era su madre o quizás no y sólo deseaba encontrarse con un rostro familiar.
El sombrero estuvo meditando por largo rato. Hermione sonreía, dándole confianza. Cualquier casa, estaba bien para ellos.
Cuando el sombrebro gritó ¡Slytherin! Hermione comenzó a aplaudir, al igual que su padre. Carmille se bajó un poco tensa, pero se le veía la felicidad por su orgulloso padre. El turno de Sebástian llegó muy pronto.
Caminó, con la cabeza en alto y se sentó en el taburete. Minerva colocó el sombrero y de inmediato éste, dictaminó ¡Gryffindor! Ella comenzó a aplaudir llena de felicidad y su hijo observó a su padre.
Quería correr a abrazarlos, pero sabía que no debía. Se mantuvo allí hasta que la cena concluyó. Severus se había ido a su despacho y ella, lo siguió. Quizás no la detectaría o quizás sí. Caminó con una suave sonrisa y llamó a la puerta.
- ¡Señor Severus!- sonrió y Snape se giró para observarla.
- Buenas noches. ¿Qué hace usted por aquí?
- Pues yo venía a observar la selección de los hijos de Mione.
-¿Ah sí?- musitó él, abrazándola- Y dígame señorita Rosse, ¿Cómo es que me ha llamado?
- "Señor Severus"- sonrió ella, nerviosa.
- No suena igual que siempre. Ya sé que eres tú, Hermione.
- ¿Pero cómo...? ¿Acaso es por mi acento?
- Te conosco mi amor- suspiró él- así intentes cambiar de aspecto. Así, quieras usar un boggart ya te conosco bien.
Y lo que había vivido, había sido un sueño. La "muerte de su esposa", la suya propia. Todo lo había soñado. Su mente lo había hecho recapacitar, antes de que cometiese uno de los errores más grandes de su vida.
La separó de él, y la observó con detenimiento. Ella continuó sonriendo y le dio la espalda para contemplar el despacho.
- Sebástian es un Gryffindor, Carmille una Slytherin. ¿Quién lo diría?
- No sé por qué, pero me esperaba ya algo de ese estilo- enfatizó él.
- ¿Los genes de Slytherin?
- No, yo siempre quise diversidad. Siempre quise experimentar, lo que era tener un hijo o hija en "Gryffindor". Quizás así, podría entenderte mejor.
- ¡Qué gracioso eres!- le dijo ella con una sonrisa. Snape se encogió de hombros.
- Esperaré, a que regreses a tu forma normal. No quiero besar ni tocar a la que no es mi esposa.
- No tardaré- rió ella.
Mientras Snape estaba recostado, en su despacho, sintió un cuerpo a su lado. Se giró para observar y allí estaba Hermione. Sonrió ella, mientras él la observaba. No esperó demasiado y la besó. Ya no quería besos en sueños, quería tenerla en la realidad.
- ¿Qué.. te hizo cambiar de parecer?- suspiró ella, mientras el hombre le besaba el cuello- Parecías nervioso...
- Enterarme de todo lo que iba a perder- respondió él, hablándole al oído- eso me hizo regresar y arrepentirme...
Hermione rió, pero Snape no le prestó atención. Había comenzado a deshacer los botones de su blusa.
- Pero no había notado un pequeño detalle- meditó él, deteniéndose. Hermione inspiró y abrió sus ojos, cuando los tenía cerrados mientras sentía; para verlo- jugaste conmigo.
- ¿Yo jugué contigo?- sonrió ella.
- Me hiciste vulnerable, todo un estúpido...
- Así te amo, siendo el estúpido Slytherin- dijo, levantándose para besarlo. Severus sonrió, mientras ella dejaba caer su blusa al suelo- ¿El estúpido Slytherin, me haría el amor esta noche?
- Como lo desee señorita Granger.
Hermione sonrió nuevamente y Snape la sentó en la cama con sus manos. Con sus dientes, comenzó a desatar el sujetador de Hermione y lo dejó caer junto a su blusa. La contempló por un rato mientras ella mantenía los ojos cerrados.
- Ábrelos y mírame. Mira todo lo que has conseguido...
Eso hizo ella, mientras el hombre cubría uno de sus senos con su mano. Lo acarició, mientras besaba el otro. Hermione arqueó su espalda y soltó un débil gemido. Se dejó caer en la cama mientras su esposo, descendía sus besos por su vientre.
- La amo señorita Granger..
- Señora Snape- le contestó ella con una sonrisa.
Esa noche, ella hizo el amor con él. Como no lo habían hecho en tanto tiempo. Con un fuerte gemido, ella se apegaba a su cuerpo desnudo mientras él la tomaba una vez más. Siempre había sido pasivo con ella, pero esa noche deseaba más. Las embestiduras en su cuerpo, podían hacer vibrar la cama. Hermione mantenía sus uñas aferradas a su piel, sus piernas fuertemente unidas a su cadera. Sus pieles húmedas, chocando una contra la otra. Severus, deslizando con delicadeza sus labios por sus tobillos, sus muslos y hasta lo más profundo de ella. Un dedo en una suave caricia.
- ¡Severus!- gimoteó ella, dejándose caer sobre su cuerpo. Allí permaneció, él no le permitió bajarse.
La sostuvo con sus brazos y suspiró, besándole la cabeza con suavidad. Iba a hablarle, pero sabía que ya estaba dormida. Él se durmió, tiempo después.
El sol dio con ellos, tiempo después. Hermione estaba su lado, dormida. La dejó allí, mientras se levantaba. Tenía que iniciar su labor educativa.
- ¡Severus, buenos días!- sonrió Dumbledore- ¿Puedo pasar?
- Bueno, en realidad creo que..
- ¿Qué ocultas dentro de tu armario que; te está llamando?- rió el anciano director y Snape suspiró- Ve con ella, ya hablaremos luego.
- Buenos días Severus- sonreía ella, cubriéndose con las sábanas- ¿Interrumpí algo?
- En absoluto- dijo, inclinándose para besarla- Me has salvado de una tediosa charla matutina con el director del colegio.
Observó a Hermione que comenzaba a vestirse y se dirigió a ella.
- Hermione, creo que tengo una idea.
- ¿Una idea cariño?
- Sí, algo que puede ayudarte. Así no te aburrirás y puedes estar cerca de tus hijos.
- ¿Qué es?
- Bueno, tendríamos que hablarlo con Rosse- suspiró él.
Mucho después, ambos estaban reunidos con la mujer. Ella ya no podía caminar y se mantenía en una silla de ruedas. Había perdido algunas cosas.
- ¿Usar mi cuerpo?- preguntó la mujer.
- Sí, Hermione podría estar más cerca de sus hijos. Usar tu apariencia- meditó Snape.
- Estoy lisiada- respondió la mujer- no tengo mucho que ofrecer. Me encantaría ayudar a Mione. Una vez más.
Severus sabía que era una petición extremista. Usar la apariencia de Rosse, intercambiar cuerpos. Eso desgastaría a la mujer moribunda, pero otra alternativa no tenía. Hermione, no había opinado sobre el asunto.
- Ella está dispuesta, sólo necesito un par de hechizos y pociones.
- Sufrirá...- respondió Hermione.
- Sí, pero pienso que se sentirá mucho peor estando en esa habitación. Inútil, sin poderse mover.
A la larga, Hermione accedió. Rosse pasaba mucho tiempo dormida, gracias al efecto de las pociones. No tenía vida, su cuerpo lo usaba Hermione. Pero ese era su destino, morir como la madre de su hermana.
Y así fue. Hermione pudo estar en Hogwarths. Era Rosse, la mujer lisiada pero era la perfecta excusa para cuidar de sus hijos. Ellos lo sabían y siempre se alegraban de verla. Severus las quería a las dos y al verlas siempre soñaba. Soñaba con todo lo que seguía, con todo el futuro. Lucius y Bellatrix conocieron a sus hijos como bebés, bien podrían encontrarles parecido. Pero eso, ya sería otra historia.
