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Casi de inmediato alguien entró y ambos miraron. Sirius entró con cara de cansancio y jadeando.
-¡Irene!-exclamó. La chica se quedó parada donde estaba. Luego Sirius miró a James, sacó su varita rápidamente y lo ató con unas cuerdas. Irene gritó y se acercó a el.- ¿Qué haces?- preguntó el hombre asustado al ver como se comportaba la chica.
-¡Dejale en paz! Es el amor de mi vida y le quiero. ¡Sueltalo!-dijo gritando. Sirius se acercó a ellos con la varita en alto. Irene le quitó a James la suya y apuntó al hombre.
-Irene, no iras a..
-Haré lo que quiera. Quiero que le sueltes. No ha hecho nada-le ordenó, pero Sirius no se movió. Estaban los dos, en medio de la sala, apuntándose el uno al otro.
-Irene, escuchame. No sabes lo que dices…-le chica se estaba poniendo nerviosa.
-¡Se perfectamente lo que digo! Y si no lo sueltas…- se escuchó un ruido y alguien entró también. Irene sin pensárselo le apuntó y murmuró al instante algo que hizo que el hombre callera brutalmente de espaldas contra la pared. En ese momento de distracción Sirius también ató a ella.
-¡No! Quiero estar con James, ¡Es el amor de mi vida!-exclamaba, pero Sirius la amordazó. Se dio la vuelta para ver a quien había herido. Era Snape.
Se llevó a Irene a la enfermería y aviso a Dumbledore quien llevó a James y a Ana a su despacho y a Snape a San Mungo. Nada mas cinco minutos después de haberse tomado la poción, Irene dejó de pensar tonterías.
-Irene, ¿Quién es "el amor de tu vida"?-le preguntó Sirius.
-Otra vez…. Tu, tu tu, y sólo tu. Ya estoy bien.-respondió cansinamente.- Cuéntame lo que ha pasado.
-Eh… Te acuerdas de que tu yo habíamos quedado, ¿no? Pues a mi también me habían citado, pero en Hosmeade, y accedí porque creía que eras tu. Luego allí me encontré con Ana, que intentó hacerme lo mismo que a ti, pero fui mas hábil y conseguí sacarle la verdad, con lo que volvi al castillo. Lo que sospecho también es que Snape me siguió.
-¿Qué le ha pasado?-preguntó intentando no parecer muy interesada.
-Ha sufrido uno de tus famosos hechizos desarmantes. Se lo han tenido que llevar a San Mungo.- y rió entre dientes.
-¿Y sabes ya lo que han hecho con James y Ana?
-Pues han sido expulsados, como era de esperar, pero agredir a un alumno y por intento de agresión a un profesor-le tendió la mano a Irene y la ayudó a levantarse de la cama- Venga, que se hace tarde. Vuelve a la sala común. Siento no haber pasado este dia contigo.- Y le dio un beso.
-No es culpa tuya.
A la mañana siguiente, en defensa contra las Artes Oscuras, la clase estaba mucho mas vacia todavía. Faltaban dos alumnos y nadie sabían por que. Le hacían preguntas a Sirius pero este siempre contestaba de que no podía decir nada.
Irene solo le insistió dos veces a Sirius para que le dejara ir a San Mungo , con dos respuestas negativas. Pero, a parte de ella, dudaba que alguien fuera a echar de menos a Snape. La clase siguiente fue una hora libre y entre otras cosas, Irene la dedicó a mandarle una carta.
-¿Y crees que le llegará?-le preguntó Luna mientras la escribía.
-Pues eso espero-contestó terminándola- Ya está- Le he preguntado que como está, que lo siento y cosas asi. ¿Te vienes a la lechuceria?- Luna asintió. Cuando venían de allí, fue cerca de la hora de la comida, con lo que de repente el pasillo se llenó de chicos, al contrario de cuando se dirigían a la lechuceria, que eran las únicas que andaban por el castillo. Aligeraron el paso entre la multitud, pues acababan de apelotonarse con un montón de chicos de segundo que venían de Defensa Contra las Artes Oscuras, con lo que Sirius vendría por el final. Cuando llegaron al Gran Comedor, Irene hizo como si nada y se sentó en su sitio.
La chica no obtuvo respuesta a la carta pero a los tres días siguientes Snape volvió a Hogwarts, con clase junto a los Slithering.
-Profesor, ¿Qué le ha pasado?-preguntó uno de sus alumnos.
-No puedo decirlo, aunque sea vuestro tutor.
-Pero, ¿Tiene algo que ver con que se hayan ido dos alumnos de Griffindor?-preguntó otro chico.
-He dicho que no puedo decir nada-repitió- Ahora, haced lo que os he mandado, y no quiero ver hablar a nadie-se dio la vuelta y se sentó en su silla, mientras corregía unos trabajos. Irene no podía dejar de mirarlo. Se sentía culpable y estaba preocupada porque el hombre no le había dirigido todavía la palabra.
