¡Hola queridos Terrafofans!
Bueno tras unas cuantas semanas con FF dándonos problemas, primero porque no éramos capaz de ver los stats de la historia y luego porque directamente no nos permitía loguearnos, parece que las aguas han vuelto a su cauce. No obstante la página de información sobre la serie (subiremos las raws, capítulos que vayan saliendo, los spin-off, noticias...) sigue en marcha, ya avisaremos cuando esté lista.
Como si de unas elecciones se tratase antes del Secret Santa toca jornada de reflexión, y nuestros chicos van a reflexionar bastante ¡vaya que si lo van a hacer! Y van a acabar con las manos bastante ocupadas... Hemos de decir que nos da muchísimo apuro subir este capítulo, y de hecho tampoco tenemos muy claro que nos llevó a incluirlo en la historia. Probablemente la explicación más sencilla es que estamos salidas.
AVISO: Si a alguien le incomoda leer al respecto de masturbación...que ignore la parte del capítulo entre las dos líneas
La próxima semana por fin llega el momento de que repartan los regalos. De nuevo se trata de capítulo dividido en dos por lo que tendréis la primera parte el miércoles y la segunda el sábado. Y las cosas van a estar muy, muy calentitas en esa fiesta...¿alguien ha dicho muérdago?
- Título: La mano amiga
- Autora: Karuite
- Palabras: 8924
- Personajes: Alex, Marcos y Akari.
¡Gracias a todos por seguir con nosotras! ¡Sois amor!
La mano amiga
Al acabar el entrenamiento y tras salir de la ducha con una toalla alrededor de la cintura, se había encontrado con el piloto de su móvil anunciando que tenía mensajes. No le sorprendió la cantidad ingente que señalaba su dispositivo, a fin de cuentas Yaeko ya le había advertido que le mandaría comentarios y fotos con sus compras. Sonrió mientras abría la conversación con su novia y leía los primeros mensajes. Arrugó el ceño leyendo cuando se enteró de que unos impresentables habían importunado a Sheila y Eva, pero por la explicación posterior, comprobó que yendo con Michelle no tenía nada de lo que preocuparse. Se mordió el labio al ver la foto del primer vestido que se había probado Yaeko. Estaba de espaldas, no se veía todo bien y estaba acompañado por el mensaje "Adivina qué NO me puedo poner con esto". Teniendo en cuenta que le estaba enseñando un hombro y no venía ningún tirante no tardó en hacerse una idea a qué se refería. Su novia alegó que no le pasaría ninguna foto clara para ver su cara cuando se encontrasen en Nochevieja. Guardó el móvil antes de tener un incómodo accidente en los vestuarios, acabó de vestirse y enfiló a casa tras despedirse de sus compañeros de equipo.
Cuando llegó, no había ni rastro aún de Marcos y Akari, así que se tiró en el sofá con una bebida isotónica rascando distraído las orejas a Max y se dispuso a leer lo demás. Parecía que las chicas se lo estaban pasando bien y de paso él estaba disfrutando viendo las fotos de sus amigas con los vestidos que se iban probando, preguntándose unas cuantas veces si Yaeko les había pedido permiso siquiera para hacerlo, pero no iba a ser él el que protestase. Puso cara de espanto al ver el vestido que habían intentado venderle a la pobre Amelia y rió cuando su novia despotricó contra la dependienta. Lo siguiente que leyó es que iban a una tienda cara, y que, a modo de juego, iban a probarse cosas. Le mandó una ronda de fotos bastante explicita con un vestido verde que parecía hecho para ella. Encorsetado en el cuerpo, alzando sus pechos y remarcando ese dulce canalillo por el que había pasado su lengua más de una vez, con una falda de vuelo que estaba seguro de que si le hacía girar lo suficientemente rápido, vería su ropa interior. A punto estuvo de levantarse e ir de una carrera al centro comercial a ofrecerle el dinero que faltaba… hasta que le dijo el doloroso precio. La animó diciéndole que el otro también le había dejado con más que la miel en los labios, pero interiormente se dijo que algún día le compraría algo así. Por su parte su amiga Sheila estaba preciosa también con varios de los vestidos que se había probado, bastante menos erótico-festiva que su novia, aunque uno de ellos muy vaporoso le quedaba especialmente bien. También vio los vestidos que se había probado Michelle. Madre mía, Akari iba a sufrir con esos encajes que parecían tapar pero que dejaban al descubierto más de lo que parecía. Eso por no hablar de lo que llevaba puesto en ese momento, sin ir más lejos. Acabó confesando a Yaeko que sí, que la quería mucho, pero que se follaría a Michelle sin muchos miramientos. Una sonrisa de feroz lujuria se pintó en sus labios al leer a Yaeko que ella estaba en la misma situación, y él, ni corto ni perezoso, confesó que no le importaría compartir a la rubia con ella.
Lamentablemente su novia estaba demasiado ocupada para seguirle el juego en ese momento y se conformó con seguir comentando con ella lo que iban viendo y probando. Chascó la lengua cuando le dijo que Kanako estaba muy desanimada porque no encontraba nada. Intentó darle sugerencias, pero pese a que él tenía buen gusto (o eso le había dicho ella) escogiendo ropa, sin ver las prendas no era de mucha ayuda. Yaeko ya le había comentado que no le solía gustar comprar demasiado porque tenía problemas para encontrar ropa y se venía abajo rápido. Cuando ya se le agotaban las ideas, la japonesa le mandó un par de frases que le dejaron descolocado. La primera fue "Creo que Kanako va a acabar yendo hasta sin bragas" y la segunda "¿A dónde crees que le llegará a Marcos la mandíbula cuando vea esto?". Lo siguiente era una foto de la japonesa con su vestido. Era corto y de corte bastante sencillo, pero no exageraba cuando decía que puede que acabase yendo sin bragas. Desde luego como la pillase Marcos iba a acabar sin ellas. Joder, incluso él le estaba excitando la visión de la bonita espalda de su amiga al aire, aunque por delante (por lo que intuía de lo poco que se veía en el espejo) no tenía escote. Se apresuró a decirle a Yaeko que no la dejasen salir de la tienda sin él.
Tras comentar que le gustaba el vestido que habían escogido para Amelia, empezaba a cansarse de hablar tanto de ropa y encendió la televisión mientras esperaba más fotos jugosas por parte de su novia, pero justo cuando tenía el mando en la mano su móvil comenzó a sonar casi furioso con mensajes enviados a toda velocidad. Su preocupación pasó a la incredulidad al leerlo: Marcos y Akari estaban siguiendo a las chicas. Era demasiado bueno para hacer verdad. Antes de que le diese tiempo a preguntar cómo lo sabía, le dijo que Michelle les había sacado una foto a escondidas. Las carcajadas resonaron por la salita en cuanto vio la prueba del delito. Se esperaba eso de Marcos. Joven, impulsivo, sobre hormonado y una curiosidad digna de un gato. Pero ¿Akari? ¿AKARI? ¿Cómo se había dejado convencer con el miedo que le tiene a Michelle? Desde luego al menos a él no le gustaría estar en su pellejo con las cosas que Yaeko le estaba comentando que iban a hacerles, pero pensaba decirles nada. Se lo habían buscado ellos solos. Incluso se permitió dar también alguna idea para su castigo. Además Yaeko le contaba todo como si de las más fina estrategia militar se tratase y él no podía dejar de reírse a cada ocurrencia que le contaba su novia. Incluso los vestidos habían caído en el olvido.
Se le empezaron a saltar las lágrimas de pura carcajada cuando le narró cómo habían echado a correr por los pasillos del supermercado como alma que lleva el diablo. Cuando le envió una foto, con sus compañeros de piso al fin rodeados entre ellas y toallas y otras cosas de casa, le dolía ya el estómago. Se recompuso lo suficiente para poder escribirle advirtiéndola que no se dejasen enredar demasiado por Marcos y en ese momento le llegó una foto del rubio con su mejor cara de cachorro abandonado hablando a Kanako, que tenía la cara enrojecida y ligeramente apartada de él. "Ya lo está intentando, diciendo que somos preciosas" era el pie de la foto. Su risa se cortó con la siguiente frase. Michelle acababa de descubrir de alguna forma que Marcos había quedado con Joseph… y Akari también. Su novia le informó de que se habían puesto a discutir entre ellos. Resopló preocupado. Desde luego había que reconocerle a la mujer que era muy buena descubriendo cosas. Se ofreció a llamarles, pero igual que había iniciado de alguna forma el conflicto entre ellos, Michelle se encargó de atajarlo como pudo, aunque por lo que decía Yaeko, ese pequeño incidente no iba a librarles ni de lejos de su castigo.
Al más puro estilo policiaco, Yaeko le contó que les tenían sentados en un banco dispuestos a interrogarles. En la foto con sus caras largas mirando al suelo parecían dos condenados a muerte esperando su turno para el patíbulo. Akari se había rendido ya del todo, de hecho su novia le informó muy emocionada que había confesado que él no era capaz de mentir a Michelle, pero Marcos a cada cosa que añadía a su declaración, más se desmontaba su teoría sobre que no las estaban siguiendo. Se alegró terriblemente de tener a su novia de su parte, porque desde luego los pocos detalles que ella le contaba entre risas no eran nada de bonitos para siquiera escuchar siendo la víctima.
Durante un rato los mensajes cesaron. Vaya, justo en la parte divertida. Hizo zapping distraído, sin evitar poder reírse pensando en lo que estaban pasando sus amigos. Idiotas. Sabía que Akari no haría ninguna tontería, pero Marcos sintiéndose rodeado podía llegar a usar cualquier truco que se le ocurriese, y más según estaba últimamente. Cuando al final volvió a recibir mensajes, confirmó sus sospechas. Yaeko le contó detalladamente la campaña de acoso y derribo que había iniciado el rubio hacia Kanako afirmando incluso que "haría lo que fuese para que perdonase" hasta el punto de tener que alejar a la mujer porque se estaba dejando llevar (y gustosa, según su novia) a su terreno. Después de intentar convencer una por una al resto de chicas y un corte de Eva que hasta a Alex le dolió, aceptó su derrota, aunque tuvo que volver a decirle a su chica que les dejase tranquilos, y, muy a su pesar, mentirle diciendo que Marcos no le había dicho nada de Kanako, pese a pasarle una foto con ellos hablando muy pegados. También le narró cómo a Michelle se le saltaron los automáticos, mostrando un poco más su generoso escote, pero se llevó una pequeña decepción cuando le dijo que de eso no había foto.
Un mensaje por otro canal le hizo dar un bote en el asiento hasta sentarse del todo. Nada más y nada menos que Sheila, amiga íntima de Marcos, me preguntaba si su amigo y Kanako estaban saliendo, o si al menos había pasado algo entre ellos. Cuando aún intentaba asimilar la pregunta, una foto de Marcos rodeando a Kanako por la cintura, hablándole al oído y ella sonriente y sonrojada llegó a su teléfono. Acto seguido su novia le mandaba múltiples fotos del mismo momento desde un ángulo ligeramente diferente y, por supuesto, cosiéndole a preguntas del mismo estilo. Si no fuera por la conversación que habían tenido dos días antes, él mismo se lo estaría preguntando.
A cierta distancia de ahí, se encontraban los protagonistas de la aventura. Tras bajarse del autobús Akari y Marcos respiraron aliviados, no sin antes mirar con disimulo alrededor. Evidentemente estaban solos, pero después del mal trago que habían pasado aún se sentían observados. Apenas se habían dirigido la palabra más allá de lo imprescindible cuando abandonaron el centro comercial, cada uno sumido en sus propios pesares. Algún suspiro contenido a duras penas cargado de sentimiento de Akari rascándose la nuca o Marcos frotándose la cara o mirándose las manos durante el trayecto de autobús daban pistas sobre sus debates internos.
Sintiéndose más a salvo en su barrio, sabiendo que las chicas estaban bien lejos, el japonés aprovechó para desentumecerse las extremidades. Era la última vez, o al menos eso esperaba, que se dejaba liar por Marcos. Al final parecía que Michelle no se había enfadado con él, aunque eso no le había librado de un buen rapapolvo. Por lo menos tenido la ocasión de hablar con ella y comprobar que se encontraba mucho mejor. Su cara tenía mejor color, respiraba normal, no la había oído toser y hasta andaba con su gracia habitual contoneando esas caderas que tantas ganas tenía de palpar e incluso morder. En ocasiones tenía que hacer verdaderos esfuerzos para no alargar las manos y hacer sobre su cuerpo el mismo recorrido que hacían sus ojos. Cómo no iba a querer hacerlo cuando se ponía prendas como ese vestido burdeos que llevaba ciñéndose a sus curvas como un amante cariñoso. ¡Quién fuera un vestido ajustado! Entonces recordó el momento en el que sus automáticos saltaron hasta dejar una buena vista de sus pechos. Una parte de él sabía que había hecho bien apartando la mirada, pero cuanto más lo pensaba más pequeña se hacía en favor de otra que se preguntaba qué sujetador llevaría hoy, si sería dulce o sexy, o si tendría lacitos. Estoy salido. Intentando distraerse con algo que no fuera él mismo o Michelle, observó a Marcos. Caminaba distraído, casi inconscientemente. Le parecía que a veces movía los labios sin que saliese ningún sonido de ellos. Akari también se estaba preguntando a qué se había debido lanzarse así sobre Kanako, y luego tenía el morro de decirle a él cosas sobre lo que es ser evidente o no. Además aún sentía cierto resquemor por el hecho de que había quedado con Joseph. Michelle le había dicho que podía haber mil motivos, desde ayuda con el regalo de Secret Santa, hasta hablar de mujeres, o querer sentirse guay por salir por ahí con alguien adinerado. Le haría caso a la rubia y lo dejaría pasar, pero eso no evitaba esa sensación de desazón y preguntarse por qué, al menos, no se lo había dicho, aunque ahora, viendo el lenguaje corporal de su amigo, lo que necesitaba era apoyo, no discutir más.
- Esto… Marcos… - No pareció oírle. – ¿Marcos? – Le agitó de un hombro con suavidad. – Ey, tío. – El rubio se giró hacia él con un respingo, como saliendo de una ensoñación. – ¿Estás bien?
- ¿Eh? Ah. Sí, sí. – Agitó la cabeza en un pobre intento de reafirmar una declaración poco sentida.
- Oye… ¿Lo de antes con Kana…?
- ¡N-no lo sé! – Le interrumpió con brusquedad. Se frotó la cara cogiendo aire. – No lo sé. – Repitió más tranquilo. – No me preguntes, por favor. – Suplicó.
Siguieron caminando en silencio. Marcos apenas era consciente de su entorno aunque se imaginaba a Akari mirándole con conmiseración. Lo único que era capaz de pensar era en Kanako en sus manos estremeciéndose y las ganas con las que se había quedado de recorrer ese cuello con labios y dientes, con sus palabras resonando en su cabeza. La cara de Sheila después de darle el codazo sólo la había visto de refilón, pero no le costaba imaginarla. Al resto ni siquiera pudo mirarles, ni siquiera a Akari. ¿Y qué podía hacer él? Es que no soportaba ver triste a Kanako, y más por complejos que no tenían razón de ser, pero de ahí a lanzarse sobre ella delante de todo el mundo había un trecho, por muy guapa que estuviese. Había quedado en evidencia, y le había hecho quedar en evidencia a ella. No dejaba de recrear escenarios en su cabeza sobre qué habría pasado de haber estado a solas, o en otro sitio, y todas acaban con él devorándola en cualquier rincón con ella susurrando su nombre. Se miró las manos de nuevo. Tenía que controlarse. No solo buscaba su cuerpo, pero si seguía así era lo que iba a parecer. También quería la complicidad entre ellos, entenderse solo con mirarse, o esas caricias en la nuca calmándole cuando estaba nervioso. Mierda, además había discutido con Akari. Le debía una disculpa. Si además volvía a discutir con Michelle por su culpa se sentiría peor aún.
- Akari. – El japonés se giró hacia él. – Lo siento. – Por el rabillo del ojo vio confusión en su rostro. – P-por lo de seguir a las chicas… y eso. – Se rascó la nuca apartando la vista. – Tenías razón, era mala idea.
- ¡Ah! Esto… bueno. Al final no pasó nada. No le des vueltas. – Le había sorprendido la espontánea disculpa.
- Vale. – Se produjo una pausa.
- ¿No vas a decirme nada? – Preguntó extrañado.
- ¿Eh? – Volvía a tener esa cara de estar en una dimensión paralela.
- No sé… de Michelle…
- Ah… Michelle… perdona… ¿se enfadó?
- ¿Eh? – Parpadeó un par de veces. No había ni rastro de burla en Marcos. – No… no se enfadó.
- Vale… bien… Lo siento de todas formas…
- ¿Estás bien?
- ¿Por? – Se encogió de hombros.
- No te has reído de mí…
- Ah… ya… - Se frotó la cara otra vez cogiendo aire pesadamente. – Lo siento…
Akari contuvo una sonrisa y le pasó un brazo por los hombros que le agradeció con una sonrisa abatida. Se mordió la lengua para no llamarle bobo y meterse con él por lo que acababa de hacer claramente sin haberlo pensado detenidamente. Le tenía envidia, ciertamente y aunque se merecía un capón tenía tiempo de dárselo, o ya se lo daría Alex cuando se enterase de t…
Se frenó de golpe agarrando a Marcos por el brazo. El pavor se reflejaba en su rostro y el rubio le miró extrañado.
- A-Alex… - Murmuró a media voz.
- ¿Alex…? – Cuando cayó en la cuenta abrió los ojos con terror. – Yaeko… - Se miraron olvidando sus problemas por un momento.
- ¿Y si no vamos a casa? – Preguntó Akari apresuradamente.
- Es muy buena idea. – Asintió el rubio efusivamente. – Pediremos asilo político.
- Vale, sí, pero ¿dónde? – Empezó a mirar paranoicamente alrededor sintiéndose un criminal fugado.
- Mira. – Marcos agarró a su amigo por los hombros. – Tenemos que separarnos, no nos pueden pillar juntos. Tú irás a casa de Shokichi, que es el que te trajo aquí. Yo iré a casa de Keiji.
- ¿Y qué les diremos?
- Pensaremos algo por el camino. Que Alex va a follar con Yaeko y quiere la casa libre, yo qué sé, algo se nos ocurrirá.
- De acuerdo.
- Y cuando Alex esté currando volveré a por Max.
- Eso.
Se quedaron estáticos en esa posición durante un instante mirándose a los ojos. Estallaron en carcajadas a la vez. La tensión acumulada desde que decidieron seguir a las chicas se liberó en ese momento en forma de risa ante lo absurdo de la situación. Habían llegado a hacerles creer tan firmemente lo delincuentes que eran que ya se estaban portando como tal.
- Ahora en serio, tío. – Admitió Marcos cuando recuperó el aliento. – Estoy acojonado.
- Y yo. – Confirmó Akari. – Yaeko te sacó fotos.
- A ti también te las sacó.
- Entonces lo sabrá todo…
- Con pelos y señales… - Una sonrisa tensa en su rostro reflejó la gravedad de sus palabras.
- Joder… - Akari rió. – Lo del asilo político no sonaba tan mal, ¿eh?
A escasos metros de allí, Alex había tenido tiempo más que de sobra para pensar un recibimiento adecuado para los dos intrépidos espías que habías arriesgado su vida siguiendo a las chicas. Al menos tuvo tiempo después de haber estado comentando con Yaeko al detalle el comportamiento de sus amigos. También, sorprendentemente, le había llegado un mensaje de Michelle en que le decía que ella entendía que Marcos y Kanako eran desesperantes pero que por favor diera un toque de atención a su chica o iba a acabar a malas con su compañera de piso. Así lo hizo, aunque tuvo que volver a explicarle a Yaeko que cuanto más insistiese más iban a tardar en dar el paso por ellos mismos.
Seguía perdido en sus pensamientos cuando Max levantó la cabeza y movió la cola ansioso. Cuando el perro al fin se levantó para ir a olfatear la puerta dando paseos nerviosos no le cupo la menor duda: Se estaban acercando. El perro ladró, rascó la puerta y miró a Alex con un gemido lastimero para que le abriese la puerta e ir en busca de su dueño, pero se apresuró a agacharse a su lado poniendo una mano en el hocico. Quería saber qué comentaban antes de entrar.
Con el perro muerto de impaciencia al lado, al fin pudo escucharles. Parecía que discutían entre ellos. Se habían quedado parados a cierta distancia y sin poder evitarlo puso la oreja en la pared para oírles.
- ¡Qué más te da! – Ese susurro impaciente era Marcos. – ¡Entra tú primero!
- Que no. – Akari estaba firme. – Esto ha sido por tu culpa.
- ¡Pero…!
- Y estará Max en la puerta.
Se separó de la entrada para recibirles a cierta distancia, cogiendo su attrezzo, y Max ladró de nuevo. Alex intentó adquirir un rosto lo más serio posible, pero le estaba costando horrores. Finalmente oyó cómo metían la llave en la cerradura hasta abrir la puerta. El primero fue Marcos, que saludó efusivamente a su mascota. Al levantar la vista y encontrarse con el rostro malicioso de Alex apartó el rostro con un ligero sobresalto musitando un saludo. Justo detrás entró Akari, cerrando la puerta tras de sí y haciendo esfuerzos más que evidentes para no mirar al moreno.
- Bienvenidos inspectores. – Se puso su gorra de béisbol con una mano y de la espalda sacó una pipa hecha de papel de aluminio que llevó a la boca. – ¿Cómo ha ido su mis…? Pfff… JAJAJAJA - No pudo acabar la frase. Un violento ataque de risa le hizo tener que agarrarse al sofá. – No… No puedo…. – Dijo intentando recuperar el aliento sin mucho éxito, riéndose aún. - ¿Cómo se os ocurrió?
Marcos se cruzó de brazos al lado de Akari, que estaba de pie, ambos apartando la vista, aguantando estoicamente las risotadas de Alex que volvía a llorar de risa.
- ¡Fue cosa de Marcos! – Estalló Akari al final sin poder aguantarlo. El rubio le miró indignado.
- ¡T-tampoco dijiste que no! – Se defendió.
- ¡Si lo hice! – Abrió los brazos frustrado, dando énfasis a sus palabras.
- Pero poco… - Masculló Marcos apartando la vista.
- Venga, venga. – Alex se enjugó las lágrimas del rostro con alguna carcajada. – No discutáis, que ya me han dicho que os lo han compensado.
Los otros dos se pusieron rojos, pero Marcos incapaz de aguantar la sonrisa socarrona de su compatriota huyó a su habitación sin añadir palabra. Cuando Alex iba a seguirle tras un suspiro enternecido, notó la mano del japonés en su brazo. Se giró hacia él al tiempo de verle negar con la cabeza.
- Déjale, está muy sensible con el tema. – Explicó ante la muda pregunta en los ojos de Alex.
- ¿Pero tan descarado ha sido? – Se rascó la cabeza. – Es que sé que Yaeko suele exagerar un poco pero…
- Mira. – Bajó el tono. – Yo creí que se tiraba a ella en cualquier momento. – Se encogió de hombros. – Primero pensé que era por librarse, pero cuando la cogió de la cintura…
- Ya, ya. Tengo fotos. – Sonrió al ver a Akari tragar saliva mirándole con horror. – No me mires así, deberías imaginártelo ya. – Por cierto. – Suavizó el tono. – ¿Todo bien con Michelle?
- Sí, sí. – Se rascó la nuca. – Me echó la bronca y eso, pero no parecía enfadada de verdad… creo.
- Me alegro, tío. – Le puso una mano en el hombro. – De verdad.
Se pusieron a hacer la cena hablando de cosas más intrascendentales. Volvieron a ver a Marcos cuando picaron en su cuarto cuando estuvo terminada. Les miró desconfiados pero se relajó al ver que no le hacían preguntas incómodas.
Se pusieron a comer sin mayores percances. Cerca de terminar, Alex no pudo aguantarse más. Una cosa era no presionarles y otra cosa es que no pensaban soltar prenda alguna de la que habían liado, sobre todo Marcos, que aunque intentaba mostrarse tranquilo se quedaba masticando con la mirada perdida en el infinito de cuando en cuando.
- No debería decir esto… - Empezó con aire misterioso. – Pero que sepáis que tengo fotos. De todo. – Sonrió ladinamente al ver la atención de sus compañeros puesta en él. – Y no me refiero solo a vuestra trastada. Hablo de sus vestidos. – Akari le miraba boquiabierto. Marcos arrugó una servilleta en su puño cerrado.
- ¿D-de todos? – Murmuró Akari.
- Todos. – Arrugó el gesto un momento con un mohín de niño enfurruñado. – Bueno, menos de Yaeko, que quiere darme una sorpresa, pero creo que no va a llevar suj…
- Sí, sí. – Interrumpió Akari sonrojado. – Lo sabemos.
- Mientes. – A Marcos apenas le salía la voz. Si había fotos de Kanako las necesitaba. Y ya.
- No miento. – Jugueteó con el móvil en la mano. – Sé que Yaeko no es la única que va a tener que dejar al menos parte de la ropa interior en casa… - Miró socarrón a Marcos que había contenido la respiración. – ¿Sigues creyendo que miento?
Marcos negó con un ligero rubor cubriendo su rostro. Aunque en ese momento no insistió, Alex pudo leer en sus ojos cómo intentaba maquinar la forma de conseguir esa foto como fuese. Al terminar de recoger, el rubio se dispuso a fregar mientras sus compañeros charlaban en el sofá. Estaba aún aclarando los cacharros cuando Alex se acercó con el móvil en la mano.
- ¿De verdad le dijiste a Kanako que harías lo que fuese para que te perdonase? – Preguntó sin rodeos.
- Quería librarme de la bronca. – La altanería de sus palabras quedó deslucida por el rubor de su cara y por sus manos nerviosas enjuagando la loza.
- ¿Quieres verla? – Preguntó en su lengua natal bajando el tono. Marcos se giró a él con ojos ansioso y rebuscó en la galería de su móvil con una sonrisa. Escogió una en la que estaba de espaldas y tapó la mitad de la pantalla, de forma que solo se veía su cabeza, sus hombros y la parte superior de su espalda. – Mira. – Vio a su amigo contener el aliento, mirando con los ojos muy abiertos como queriendo grabar esa imagen a fuego en su memoria.
- Quita la mano… - Pidió sin apartar la vista del dispositivo. – Por favor… - Suplicó angustiado.
- No. – Sonó firme pero tranquilo al tiempo que guardaba el móvil. – Si se enteran de que te he enseñado esto siquiera me matan. Sobre todo Kanako. – Le miró alzando una ceja. – Y no creo que quieras verla enfadada…
- No… - Un suspiro corto e intenso agitó sus hombros. Volvió a centrarse en la vajilla. Miró un momento al sofá y vio a Akari bostezando. Bajó el tono. - ¿Está guapa? – Advirtió la mirada sorprendida de Alex, pero cuando se recompuso sintió su mano en el hombro.
- Está preciosa. – Notó cómo el rubio se tensaba y asentía en un gesto serio, mecánico, mordiéndose el labio.
- Gracias.
- No hay de qué. – Le dio un par de palmadas y volvió al sofá con Akari.
Al acabar sacó a pasear a Max sin preguntar siquiera a sus compañeros si querían acompañarle, como otras veces. Necesitaba un rato a solas para pensar cómo iba a mirar a Kanako a la cara, o es más, cómo iba a verla sin querer continuar donde les habían interrumpido. Suspiró profundamente. Ahora estaría trabajando con Yaeko y el estúpido Iván haciendo sus tonterías. ¿Le estaría tomando el pelo Yaeko a ella igual que Alex se lo tomaba a él? Debería disculparse. Yaeko podía ser terrible cuando se ponía vacilona y no quería que se metiese con ella por su culpa. Al sacar el móvil para comprobar la hora, descubrió que tenía mensajes. No se había atrevido hasta entonces a mirarlo, pero en algún momento se tendría que enfrentar a las burlas y preguntas. Parpadeó varias veces al ver los mensajes de Sheila.
Sheila
S pued sber q t pasa cn Kanako? (20:38)
Y no m digas q nada xq parecía q os lo ibais a montar ahí mismo X.x (20:38)
Stais saliendo o algo? (20:38)
A ver, q no m importa (20:38)
Pero m lo pdías habr dicho =( (20:39)
Marcos
No m pasa nada (21:24)
Y no stms saliendo (21:24)
Guardó el móvil con cierto nerviosismo. Si hasta Sheila, que no tenía secretos con ella dudaba de él, ¿qué demonios se estaría imaginando el resto? Oyó el sonido de su mensajería instantánea y casi tira el dispositivo al sacarlo apresuradamente.
Sheila
Pues parecía q t la ibas a comer (21:26)
Marcos
Exagerada (21:26)
Solo qría librarm d la bronca (21:26)
Sheila
Sí, claro ¬¬U (21:26)
Exagerada nada (21:26)
N serio, si stáis liados m alegro x vosotros (21:26)
Pero m lo podrías dcir (21:27)
Marcos
Q no stamos liados (21:27)
Ni saliendo (21:27)
Ni nada (21:27)
S mi amiga (21:27)
Punto (21:27)
Sheila
Pero tú querrías + q eso, vrdad? (21:27)
Marcos
Djalo ya (21:28)
X favor (21:28)
Sheila
Eso s como dcirme q si (21:28)
Y lo sabs (21:28)
Marcos
No s cierto (21:28)
Sheila
Sí lo es (21:28)
Yaeko tb piensa q estáis saliendo (21:27)
Bueno, todas lo piensan, la vrdad (21:27)
Michelle tuvo q dcirle a Yaeko q djase a Kanako trankila (21:28)
Así q mira lo q has hecho (21:28)
Marcos
Lo siento (21:28)
Sheila
No t tiens q disculpar conmigo (21:28)
Su amiga tenía razón. No era con ella con la que tenía que hablar, pero le daba mucha vergüenza disculparse con Kanako. Era como admitir que había hecho malo de verdad, y en el fondo no lo sentía como tal. Además no podría ser sincero del todo, no podía decirle "Oye, mira, me gustas, estás buena y te medio metí mano porque, bueno, quería que te rieses en serio. ¿Puedo morderte la próxima vez?". Resopló y hasta Max se paró para mirarle con curiosidad para ver qué le pasaba. Le rascó las orejas y siguió caminando pensando qué le diría.
Mientras tanto Alex aprovechó para indagar un poco más sobre Akari. Realmente desde el día que le vio tan alterado confesando lo enamorado que estaba de Michelle y lo complicado de su situación estaba preocupado por él. Evidentemente tampoco se lo había contado a nadie, y el peso del secreto le impulsó a interesarse por él.
- Por cierto, ¿qué tal el regalo? ¿Al final conseguiste hacer lo que querías?
- Bueno… - Se rascó la nuca resoplando. – Está hecho. – Sentenció indeciso.
- Eso es… bueno… ¿no? – Alex no sabía cómo interpretar su respuesta.
- Ya… - Resopló otra vez dejándose caer en el sofá. – No sé, tío, podría estar mejor. No hago más que mirarlo, y mirarlo, y mirarlo. Y cuanto más lo miro más fallos saco. Alguno lo retoco, pero no puedo modificar algunas cosas ya. No se pueden hacer las cosas a carreras. – Hablaba casi más para sí que para Alex. – Bueno, no es que lo haya hecho corriendo, claro, pero con más tiempo… No sé… Quizá tendría que haber sido menos ambicioso, o haber hecho más bocetos, aunque igual no me hubiera dado tiempo, o retocarlo a ordenador, pero hubiera sido hacer trampas, o usar otras referencias… Tendría que estar mejor, Joseph se va a reír en mi cara, seguro…
- Eemm… A ver, yo no sé mucho de arte… pero si quieres puedo mirarlo… - Lo dijo con intención de ayudarle, pero es cierto que tenía mucha curiosidad sobre qué habría hecho.
- No, no, no, no, no. – Negó efusivamente con la cabeza. – Si me dices que no te gusta me voy a hundir y no tendría tiempo de hacer otra cosa, y si me dices que está bien, aunque sea de verdad, voy a creer que lo dices por cumplir.
- Vale, vale. – Alex levantó las manos dándole a entender que no iba a insistir. – Pero bueno, he visto dibujos tuyos. A mí me gustan, son buenos. Además conociéndote seguro que está genial y todo el drama está en tu cabeza. – Akari le miró un tanto ofendido. – Le has dedicado mucho tiempo, ¿no? – Vio al japonés encogerse de hombros.
- Pero…
- Akari. Estará bien. Relájate. A fin de cuentas te ha tocado la persona más difícil, y seguro que él también lo sabe.
- Bueno, mañana lo llevaré a enmarcar. – Soltó una carcajada nasal desanimada. – Al menos el marco valdrá algo seguro.
- Joder. – Alex le dio un puñetazo amistoso en el brazo riéndose. – Eres increíble, tío. No es que tengas la autoestima baja, es que la tienes negativa.
- No te rías. – Le increpó, aunque a él mismo se le escapaba la risa. – Que es serio.
- ¡Soy serio! – Se llevó la mano al pecho en un gesto exageradamente afectado, provocando la risa en Akari. – Si no, siempre puedes llevar un lazo y optar por el plan B.
- Michelle me mataría. – Miró a Alex medio riéndose con cara de pánico.
- ¿Michelle? – Alex sonrió ladino. – El lazo es para ponértelo tú mismo, ¿no dice que le caes tan bien?
Rieron los dos con ganas. Un rato después hablando de otras cosas llegó Marcos, que anunció que se iba a dormir ya, y se retiraron todos a sus respectivos cuartos. Akari y él habían tenido un día agitado y Alex trabajaba al día siguiente, así que no les vendría mal el descanso.
Pero no era descansar lo que iba a hacer Marcos en ese momento. Tras quitarse la ropa, dejarse los calzoncillos y ponerse una camiseta de estar por casa, se sentó en la cama tapándose con las mantas con el móvil en la mano. Pese a que había tenido un buen rato de camino a casa para pensar en qué le diría a Kanako, no estaba seguro de haber llegado a la conclusión correcta. Sopesó incluso la opción de preguntar a Joseph, pero de algún modo eso sería hacer trampas. El propio Joe le había dicho que no le gustaba hacerlas, así que él no iba a ser menos. Cogió aire profundamente y lo soltó lentamente intentando bajar sus pulsaciones aceleradas sin mucho éxito y abrió la conversación de la mujer que le estaba volviendo loco.
Marcos
Hola. Sé q ahora stás trabajando, pero t qria pdir disculpas x lo d hoy. No dberia habrt agarrado así delant d todos, pero s q no m gusta vrt triste y supong q m dejé llevar un poco (22:16)
Prdona si t hice sntir incómoda, aunq lo de q stabas guapa lo dij n srio (22:16)
Spro q Yaeko no t haya molestado x ello, y si es así, lo siento mucho (22:17)
Q t sea leve el trabajo (22:17)
Subió el volumen al móvil, lo bloqueó, resopló y lo dejó en la mesita a su lado. Dio la cabeza hacia atrás hasta apoyarse en la pared. Se había dicho a sí mismo que no esperaría hasta que contestase, porque evidentemente ella estaba trabajando y puede que no lo leyese hasta mucho después, pero la maraña de nervios en su estómago estaba espantando a Morfeo y lo que tenía ganas era de correr y gritar, no de dormir.
Oyó las patas de Max y sintió su peso cuando se subió a la cama para tumbarse a su lado, mirándole con la cabeza inclinada como preguntándose por qué tenía aún la luz de la mesita encendida. Le rascó detrás de las orejas agradeciendo el calorcito extra. Releyó el mensaje. Aún no se había conectado. Lo releyó de nuevo. No tendría que haberle repetido que estaba guapa, que si bien era cierto, iba a delatarle. Se recolocó en la cama. Cerró los ojos imaginando cómo estaría vestida ahora. Seguramente habría cambiado su vestido por unos vaqueros y una camiseta para estar más cómoda… y estaría con Iván. Torció el gesto. Bueno, al menos él no la había visto tan guapa esa tarde, pero estaba con ella ahora y sintió los celos ardiendo por dentro. Leyó lo que le había puesto una vez más. Mierda. Acababa de ponerse en línea. Bloqueó el móvil y lo tiró a su lado como si quemase. Se mordisqueó una uña. Si le veía conectado a él también pensaría que la estaba espiando o algo así. Vale, sí, lo estaba haciendo, pero ella no tenía por qué saberlo. Los segundos se deslizaron perezosos y cuando al fin sonó su móvil confirmando una respuesta le pareció que habían transcurrido siglos. Respiró un momento antes de alargar la mano al móvil.
Kanako
Yaeko… bueno, es Yaeko, intnto no hacerle caso… (22:37)
Pero no t preocupes, no hiciste nada malo (22:37)
Además siempre consigues animarme (22:37)
Gracias =) (22:38)
Marcos
No m des las gracias (22:38)
M gusta verte feliz =) (22:38)
Kanako
A mí tb me gusta verte feliz =D (22:38)
Tngo q seguir trabajando (22:38)
Marcos
Spera (22:38)
Spera (22:38)
Mira (22:38)
Le sacó una foto a Max tumbado a su lado con su mano en la cabeza, que le miró con curiosidad y se la mandó a toda velocidad, esperando que la viese a tiempo. Cuando al fin la envió comprobó con una sonrisa que seguía conectada.
Marcos
T dice "hola" (22:39)
Y q no trabajes mucho (22:39)
Kanako
Q mono! (22:39)
Le haré caso :P (22:39)
Stás n la cama ya? (22:39)
Marcos
Sí (22:39)
Pero no tngo sueño (22:39)
Kanako
Vaya (22:40)
Intnta relajarte, lee, o algo así (22:40)
Tngo que atendr a gente, lo siento (22:40)
Nos vemos el miércoles ^.^ (22:40)
Q descanses (22:40)
Marcos
Oki (22:40)
Nos vemos (22:41)
Releyó la conversación un par de veces más antes de posar el móvil sin poder disimular una sonrisa emocionada. Se había quedado con más ganas de charlar con ella, aunque no se estuviesen diciendo gran cosa, pero le había dicho que la hacía feliz. Siempre. Y él estaba encantado de que así fuese. Se acostó en la cama suspirando y cerró los ojos. Tendría que haberla hecho cosquillas, tendría que haberla visto reír como cuando le mordió. Suspiró recordándolo. Ni entonces ni ahora le había dicho que no le gustasen sus cosquillas. Simplemente ponía esa carita encantadora, y aunque su voz decía "para", su expresión y su cuerpo le provocaban para seguir escuchando su risa y sentir cómo se retorcía en sus manos.
Suspiró de nuevo cambiando de posición. El eco de sus palabras susurradas a media voz, apremiante, resonaban en su cabeza. Solo habían sido tres palabras, pero habían conseguido encender sus sentidos. "Aquí mejor no". Dejó escapar el aire de los pulmones. "Aquí mejor no". Entonces, ¿dónde? ¿En un probador? ¿En su casa? ¿En la de él? ¿En un rincón apartado donde poder morderle de nuevo? Si volvía a hacerle algo así esta vez no dudaría, le devolvería el mordisco, recorrería su cuello, y sus labios, la haría suya. Volvió a cambiar de posición. Aahh… se estaba excitando. Ahora sí que no iba a poder dormir, su miembro pulsante contra el calzoncillo no le iba a dejar. Además no podía librarse de la imagen de Kanako con su gorro con orejitas, su cara sonrojada y su faldita corta. El cabrón de Akari le había visto las bragas. De rayas negras y rosas, le había dicho. ¿Las llevaría puestas aún? ¿Tendrían puntilla? ¿Cuánto le cubrirían el culo? ¿Y por delante? Se movió de nuevo llevándose la mano a la entrepierna. Empezaba a molestarle el calzoncillo seriamente.
Max, cansado de ver que Marcos no paraba quieto, se levantó casi ofendido y se fue al salón, al menos, hasta que se durmiese y no le molestase. Aprovechando el momento, el muchacho aprovechó para levantarse y cerrar la puerta. Había asumido que hasta que no lidiase con su calentón no iba a poder conciliar el sueño, y estaba más cómodo si lo hacía a solas. Cogió el álbum de fotos para dejarlo en el escritorio y se quitó los calzoncillos poniéndose cómodo en su silla. Se acarició su sexo erecto pensando en Kanako. A fin de cuentas era por ella por lo que estaba a punto de masturbarse y la persona que, literalmente, le estaba quitando el sueño en ese momento. No era la primera vez que se excitaba pensando en ella. En sus sueños ya la había desnudado, y tenía muy presente la erección que le provocó el mordisco que le dio en el cuello. No iba a volver a verla hasta un par de días después, y la espera se le antojaba eterna, así que hasta poder volver a tocarla a ella, tendría que tocarse a sí mismo.
Agarró su pene ya completamente duro y cerró los ojos recordando su cuerpo menudo que tantas ganas tenía de acariciar y besar. Se mordió el labio recordando la foto que le medio había enseñado Alex. Se veía su espalda y casi, casi, había alcanzado a ver alguno de sus lunares, o quizá fue su desbocada imaginación queriéndoselos ver ya. Aunque casi no se apreciaba su cara sabía que estaba sonriendo. Alex había dicho que estaba preciosa. Se moría de ganas por verla vestida de fiesta, por tenerla cerca de nuevo, sentir su piel desnuda bajo su mano, olerla, saborearla…
Ahh… faltaba tanto para Nochevieja… Buscó fotos en su móvil donde se apreciase la espalda de la japonesa. ¿Hasta dónde le llegaría el escote? Yaeko decía que no iba a poder llevar bragas… eso implicaba que llegaba MUY abajo… Aceleró el ritmo de su mano. Si no llevaba ropa interior significaba que lo único que se interpondría entre él y sus intimidades era la tela, seguramente no muy abundante, del vestido, y con ese escote, si metiese la mano… si metiese la mano… tendría vía libre a todo su cuerpo. Resopló preguntándose, al ir sin sujetador, si excitándola se marcarían sus pezones. Y sí, fantaseaba a veces con la idea de que llevase tanga, esa prenda maravillosa que permite agarrar el culo sin quitarla, y que la poca tela para llegar al sexo se podía apartar con facilidad. Desde luego que le gustaba, pero la idea de que ni siquiera eso cubriese sus humedades le resultaba mucho más atractiva. No haría nada sin su consentimiento, pero pensándolo fríamente, nunca le había rechazado. La había lamido, besado en los labios, mordido, le había hecho cosquillas… y lo máximo que le había dicho es un "aquí mejor no".
La fiesta iba a ser en La Cucaracha, que tenía un buen puñado de rincones oscuros, un poco de alcohol para superar sus nervios y vergüenza y sabía que podría tener un rato a solas con ella. Unas cosquillas, un baile con ella, una conversación con más contacto del necesario para alejarla del resto y se lanzaría sobre ella sin pensarlo. Tenía unos días para tantearla, pero si todo iba bien y no sentía rechazo alguno, ese día saltaría al barranco en un todo o nada. La necesitaba. No aguantaba más tiempo así, necesitaba conocer el sabor de su boca, el tacto de su piel desnuda y sudorosa contra la suya y el calor de su entrepierna cuando la penetrase. Las ganas de clavar sus dientes en ella y recorrer su cuerpo con los labios eran demasiado fuertes. Se la imaginaba sonrojada y preciosa al llegar al orgasmo. Se moría de ganas de acariciar su entrepierna, abrirse paso entre sus labios y meter sus dedos ágiles en ella hasta sentir las contracciones de su vagina al estallar de placer. Era bastante bueno haciéndolo, o eso le habían dicho alguna vez, aunque desde luego preferiría cogerla y follársela hasta quedar sin aliento. Con su cuerpo menudo seguro que podía cogerla en brazos, penetrarla contra una pared, y notarla agarrada a su espalda, haciéndola gemir con su aliento en el cuello. Tampoco le desagradaba la idea de tenerla sobre él y poder contemplarla desde abajo en todo su esplendor cabalgando sobre él, con la posibilidad de agarrar y juguetear con sus pezones. Aunque ella estuviese acomplejada de su pecho, le había dicho la verdad cuando afirmó que a él le gustaban los pechos más pequeños que grandes. Pero en ese momento no la dejaría. Sería él el que llevaría el ritmo y esa era la imagen que tenía en su mente cuando se procuró un par de pañuelos y su mano aceleró en la recta final; cogida en volandas, con ella diciendo su nombre al oído entre gemidos, las uñas en su espalda, y apretó los dientes eyaculando al fin.
Respiró limpiándose con cuidado comprobando que no había manchado nada. Con un suspiro esperó lo suficiente a que su hinchazón acabase de bajar para ponerse los calzoncillos de nuevo e ir al baño a tirar lo que había manchado y de paso vaciar la vejiga. Su perro estaba tumbado cerca de la puerta y agitó la cola alegre al verle salir.
Cuando volvió a entrar al cuarto, se metió en la cama, esta vez sí, con sueño. Suspiró profundamente, preguntándose qué tal estaría Kanako ahora. Realmente tenía ganas de pasar tiempo con ella. Lo malo de amarse a uno mismo es que al final sigues metiéndote tú solo en la cama sin nadie que te de las buenas noches. En ese momento sintió a Max subiéndose a su cama y echándose a su lado. Bueno, puede que llegase un día en el que en vez de abrazar a un montón de pelo dorado tuviese en sus manos a la japonesa de sus sueños, pero de momento su fiel amigo le haría sentir un poco menos solo.
No llevaba mucho tiempo despierto. De hecho, al llevar tan pocos días de vacaciones aún no había perdido su rutina, y se había vuelto a despertar antes de que sonase la alarma que había programado por si acaso. Pero tampoco había desayunado aún, pues estaba desnudo y tenía otro asunto entre manos. La culpa había sido de su sueño, un sueño en el que Michelle seguía sentada medio desnuda en la mesa de Joseph, y cuando se acercaba enroscaba las piernas alrededor de su cuerpo y le besaba con una sonrisa. Lo que pasaba después, aunque no lo recordaba con detalle, no era difícil de imaginar, por eso ahora se encontraba como estaba, aprovechando la ausencia de Alex y que Marcos estaba todavía dormido.
Se le ocurrían muchas formas de definir lo que estaba haciendo, y, sobre todo, de autodenominarse en ese momento, pero desde luego los adjetivos "pervertido", "depravado" y "vicioso" brillaban con luz propia.
No es que fuese la primera vez que se masturbaba, como era más que obvio decir que tampoco sería la última, pero esta vez el tema central de su acto de amor a sí mismo era su querida profesora de Anatomía y no podía evitar sentirse culpable. Tampoco es que estuviese haciendo nada malo, al menos, no estaba haciendo daño a nadie… ¿verdad? Bueno, muy probablemente a ella no le haría gracia, pero ¿qué otra cosa podía hacer? La atracción sexual que sentía por ella era innegable desde el momento en que su despampanante figura le hizo estrellarse contra una farola, y por si fuera poco, el destino le había concedido la oportunidad de recrearse con ese cuerpo más veces de la que hubiese imaginado, ya fuese hundiendo la cara en sus pechos, o contemplándola semidesnuda. Tenía que admitir que no era la primera vez que se masturbaba pensando en ella. Es cierto que la desnudaba mentalmente o la vestía solo con ropa de lencería más veces de las que estaba dispuesto a admitir. Contemplarla con frecuencia vestida con la ajustada y escueta ropa de gimnasio ayudaba bastante, y sí, esas imágenes le habían ayudado en otras ocasiones a descargar parte de su lujuria, aunque el respeto le había hecho parar. Pero la primera vez que ella fue el motivo principal, fue cuando tuvo el inmenso placer de contemplar sus pechos oprimidos en el bonito sujetador de gatitos de colores pastel. Prácticamente había tenido una erección en el despacho de Joseph, así que al llegar a casa y recapacitar sobre ello, la reacción había sido inmediata. Huelga a decir que en ese momento estaba tan cachondo que ni siquiera tuvo ocasión de pensar si lo que estaba haciendo podría considerarse moral o no.
¿Y qué podía hacer él? ¡Era un hombre! Y sí, un hombre virgen deseoso de tener alguna experiencia sexual más allá de tocar algún culo de pasada o besos demasiado castos para su gusto. Además la impresionante Michelle sabía sacar partido a su cuerpo. Desde luego que sí. De hecho le daba igual que fuese en traje, con ropa holgada o las prendas que se ponía ceñidas a su atlética figura. Cerró los ojos apretando su miembro en un ritmo más lento, hizo un repaso mental, saboreando sus momentos favoritos con Michelle. El traje de enfermera de Silent Hill, tan provocativo, como le recordaba la foto en la que salía con su mano en la cadera de ella, enfocada desde arriba en un primer plano perfecto de sus tetas. Y poco después, cuando aún se preguntaba si esa turgencia era natural o era solo efecto del sujetador o del vestido… su cara había comprobado que TODO era natural. Aún podía sentir la fuerza con la que le había empujado contra su escote, la pérdida de visión momentánea y sobre todo la suavidad de la piel de la mujer contra su cara. Es cierto que lo recordaría todo mejor si no hubiese entrado en pánico, pero fantaseaba con llegar algún día a hacer eso por voluntad propia y poder escuchar los gemidos de Michelle al pasar su lengua por sus pechos. Aquél cumpleaños le había tratado como una mascota y fue a partir de entonces cuando la idea de una rubia dominante enfundada en un traje de látex negro había pasado a formar parte de su repertorio de fantasías.
Debía ser un pervertido, o estar muy salido, porque había llegado a un punto en el cual quería tirarse a Michelle mostrando cualquiera de sus facetas, desde la más estricta y agresiva, a la más dulce, como esa foto en pijama que le había mandado Shokichi y tenía grabada a fuego en la retina. Si ese era el aspecto que tenía recién levantada, aunque en esa foto tuviese resaca, con gusto sacrificaría lo que fuese por tener esa visión cada mañana. Y sí, en vez de estar usando su mano compartiría su lujuria con ella
Se pasó la mano que tenía libre por la comisura de la boca. Acababa de salivar inconscientemente. Era un depravado sin remedio. Por si las escenas que había vivido con ella, el porno que veía o su propia imaginación no le proporcionaban el ardor suficiente, por culpa (o gracias) a Marcos había podido estar el tiempo suficiente cerca de Michelle y a la distancia adecuada como para poder apreciar su cuerpo enfundado en esa prenda burdeos. Le quedaba tan bien ese tono, y esos labios rosados… Y esas ganas que tenía de saber lo que era follarse a una mujer de verdad. O ¡qué demonios! Que le tocase a él también. Cuando le revolvía el pelo o le pasaba las manos por la espalda como cuando le masajeaba ya tenía que controlarse muy seriamente para no excitarse demasiado delante de ella. Imaginar sus manos, o, mejor aún, sus labios en su miembro viril subiendo y bajando se le antojaba mucho más que deseable. Aunque tampoco le importaría que dejase su rastro de saliva por cada rincón de su cuerpo si era necesario. Sus referencias sexuales basadas en vídeos por internet y fotos eran insuficientes, pero sin duda, de lo poco que sabía, lo que más ganas tenía de probar era poner a Michelle a cuatro patas. Agarrarle esas deliciosas caderas, tenerla a su merced y, sobre todo, sentir el bamboleo de sus tetas al ritmo de sus embestidas era algo que encendía sus sentidos, como demostraba el ritmo acelerado de su mano. Si era un pervertido, que así fuese, pero la idea de montarla como un animal salvaje coleteaba en lo más profundo de su ser hasta el punto de querer arrancarle la ropa, morderla y ensartarla en cualquier rincón. Y en su mente ella aceptaba la invitación más que de sobra.
Pese a sus ganas de querer recrearse un poco más con su imagen mental de las cosas que querría hacerle a Michelle, su excitación estaba alcanzando el clímax y se apresuró para coger un trozo de papel higiénico que había preparado cuidadosamente cerca de él. Terminó, con su nombre en los labios, y mientras se adecentaba para salir a desayunar tras pasar por el baño, el sentimiento de culpa crecía en él.
Pese a que físicamente se sentía aliviado, sobre todo en cierta parte de su anatomía, mentalmente se sentía un despojo. Intentaba decirse a sí mismo que no había hecho nada malo en sí, pero usar la imagen de la mujer que amaba y admiraba por encima de todas las cosas para sus perversiones egoístas no le resultaba nada ético. La iba a ver al día siguiente, y seguro que de alguna forma se enteraba de las cosas que hacía pensando en ella. Siempre se enteraba de todo. Le consideraría un cerdo y dejaría de hablarle por tratarla como un objeto sexual, y nada más lejos de la realidad. Claro que tenía ganas de un contacto físico más que intenso con ella, pero eso no quita para que también quisiese abrazarla, mimarla y cuidar de ella como se merece.
Cuando acabó de desayunar, volvió a su cuarto y se centró en lo que le había llevado a madrugar. Iba a llevar el regalo del Secret Santa a enmarcar, así que antes de por fin llevarlo y no volver a saber de él hasta darlo al día siguiente, se permitió examinarlo de nuevo, a sabiendas que no debía hacerlo.
Le había dedicado muchas, muchísimas horas. Había hecho muchísimos bocetos previos y pruebas. Incluso había comprado un buen set de dibujo para este proyecto y pese a que lo que tenía ahí delante ni siquiera era el primer intento le parecía que aún no hacía justicia. Incluso ahora le veía fallos por todas partes, y eso que lo había remirado mil veces, lo había girado, tanto manual como digitalmente, lo había dejado un día entero sin mirar para luego retocar cosas y aunque en el fondo algo le decía que estaba bien, sentía que podía haberlo hecho mejor. Suspiró resignado, lo guardó en su carpeta de dibujo y se vistió para ir a la tienda.
Todo se decidiría al día siguiente.
