"3 AM (Segunda Parte).
Me sentí en la inopia más absoluta al no entender lo que había motivado a Kenzi para hacerle daño a Tamsin, pero mucho menos encontrar una explicación razonable al odio que salía por sus ojos azules. Sus palabras hicieron eco en mi interior, aunque carecía de sentido el significado oculto en ese argumento escueto sobre su agresividad. La valquiria limpió con sus dedos la sangre que se escurría por su nariz y cuando intenté examinarla, apartó mis manos de malas maneras. Supe que Tamsin estaba intentando contener la ira que comenzaba a dominar sus acciones y no quería hacerle daño a Kenzi. Me quedé arrodillada frente a Tamsin, buscando con la mirada la manera de revisar su herida, pero no pude porque la valquiria esquivó cualquier intento por acercarme a ella.
Alcé la cabeza para observar como Kenzi sacudía su mano apartando el dolor que le había producido el golpe. Me levanté tratando de descifrar lo que acaba de ocurrir, pero no había ninguna explicación para lo que estaba viendo. Escuché como Tamsin sollozaba tapando su cara con ambas manos y fui incapaz de resistir verla así. La abracé ofreciéndole mi apoyo, pero la valquiria apenas sintió mis brazos alrededor de ella, me apartó como si no mereciera cualquier gesto de cariño por mi parte.
—Kenzi, ¿por qué demonios has hecho eso? —inquirí con la voz en grito. Kenzi permaneció en silencio, observando la sangre de Tamsin —. ¡Te he hecho una pregunta! —vociferé.
La puerta se abrió de golpe y vi de reojo como Brian y Amaia entraban alarmados por mis gritos. Kenzi continuó con la mirada fija en los gestos de culpa que reflejaba Tamsin. Miré a Brian tratando de pedirle ayuda para levantar a la valquiria del suelo y luego desvié mis ojos al rostro atónito de Amaia para que ella revisara la mano de Kenzi. El impacto de los nudillos de Kenzi estrellándose en la nariz de Tamsin, había invocado las lágrimas de dolor de la valquiria que no pudo evitar. Brian intentó sujetar sus brazos para ayudarla a ponerse en pie, pero Tamsin le empujó diciéndole que no la tocará. Aproveché ese momento cuando ella levantó el rostro y lo atrapé con mis manos para ver como claridad la herida de su nariz, pero ella intentó resistirse y me di cuenta que se encontraba completamente vulnerable.
—No utilices tus poderes para curar mi herida —susurró Tamsin con los ojos cerrados —. No lo merezco.
Quizás fue la adrenalina, los nervios de ese momento o las ganas de defender a Tamsin de todo el mundo, incluso de ella misma, que la abracé deseando desbaratar el dolor que la devoraba. La valquiria descargó todo su llanto en mi hombro, ciñéndome en sus brazos como si no quisiera dejarme ir jamás. Me di cuenta que yo no sólo era la mujer que ella amaba, sino su única amiga. Sentí como su miedo era capaz de derrumbar ese muro infranqueable que ella misma había construido para protegernos a las dos y por unos segundos me dejé llevar por esa súplica muda en sus labios.
—Tamsin, cálmate porque jamás te dejaré —dije acariciando su pelo—. Lo prometo.
—No me prometas algo que no podrás cumplir —sentenció con el llanto ahogado en su garganta.
Sentí como mi corazón se reducía a un ínfimo latido rápido y doloroso. Las lágrimas que se habían amontonado en mis ojos cayeron cuando observé como el rostro de Kenzi dejaba de ser una máscara de odio y volvía a la normalidad. Imagino que mi mirada rebosante de frustración y duda, destruyó el mutismo en el cual se encontraba Kenzi.
—Debemos volver al hotel y allí hablaremos de todo esto.
Hice caso omiso a lo que Kenzi había dicho, porque en mi pecho ardía la rabia por lo que ella le había hecho a Tamsin, pero me controlé por una sola razón: era Kenzi quién tenía ante mí y a ella se lo perdonaría todo. Pero me vi envuelta en una tesitura entre mi mejor amiga y Kenzi, por eso tomé la única decisión que se me ocurrió.
—Brian, por favor, lleva a Kenzi al hotel y a Amaia a su casa —ordené poniéndome en pie—. Yo me quedaré aquí esta noche con Tamsin.
—No, Lauren, debemos volver al hotel y allí resolveremos todo esto —dijo Kenzi cada vez más nerviosa.
—Kenzi…
—Estoy de acuerdo con ella, Lauren —añadió Tamsin.
—No, tú estás muy débil y debes descansar —repliqué enseguida.
La valquiria negó con la cabeza y volvió a esconder su mirada dirigiéndola hacia la sangre que teñía sus manos. Me di cuenta la facilidad que tenía Tamsin para hacerme sentir triste y muchas veces hacerme feliz, pero la mayoría de las veces me volvía loca con su orgullo.
—Buscaré un poco de hielo antes de irnos —intervino Amaia dándole a Tamsin unas gasas para que se limpiara la sangre que salía de su nariz.
La valquiria se dejó examinar por Amaia, incluso siendo su enemiga natural, antes de que lo hiciera yo. La actitud de Tamsin cada vez fue más distante, fría, ajena. Sentí como mi miedo se mezclaba con la impotencia que me generó la ignorancia y comprendí lo que significaría perderla.
—No iremos a ningún sitio hasta que me expliquen qué diablos pasa aquí —repliqué buscando unos ojos azules cargados de vergüenza—. Kenz, ¿por qué golpeaste a Tamsin?
—Será Tamsin quién te explique el porqué de todo esto —murmuró Kenzi como si las palabras fuera un simple silbido.
Todos volteamos a ver como Tamsin se abrochaba la chaqueta y posaba su mirada en los ojos de cada uno, pero tardó unos segundos más en contemplar la mirada perdida de Kenzi. Brian avanzó hacia Tamsin interponiéndose entre ella y Kenzi en caso de que la valquiria utilizara sus poderes.
—Ok, pero no habláremos aquí —dijo Tamsin desafiando a Kenzi con la mirada—. Vex no sabe que estáis aquí y no me apetece pasar un último día discutiendo con el Morrigan.
Intenté descifrar esas palabras de Tamsin acerca de un último día, pero fui incapaz de atar cabos a un insinuación tan vaga.
—Iremos al hotel y si Bo se despierta no pasará nada —añadió Kenzi.
—No creo que sea buena idea —intervine—. Tenemos que cruzar la ciudad y Tamsin no ha tenido un día fácil.
—Déjate de preocuparte por mí —replicó sin atrever a mirarme—. Soy una jodida valquiria o por lo menos una vida más.
—Escúchame, tú eres mi mejor amiga y, aunque no te guste, siempre me preocuparé por ti. Así que deja esa actitud defensiva porque yo no te estoy atacando.
—Lauren, la mejor opción es el hotel y no te preocupes que tengo un plan —dijo Kenzi.
No pude contener mi cinismo y sin darme cuenta estaba saliendo por mis labios.
—Espero que tu plan no consista dar puñetazos sin ninguna razón plausible.
Kenzi me miró un segundo con un gesto de dolor, pero bajó la mirada al suelo.
—Amaia, ¿has traído tu coche? –inquirió Brian rompiendo la tensión entre Kenzi y yo.
—No, pero cogeré un taxi.
—Por favor, déjame que te acompañe por lo menos hasta tu casa —dijo la valquiria algo sonrojada.
—Tamsin, aunque te haya ayudado, eso no evade el hecho de que naturalmente somos enemigas y no es necesario que pases ese mal rato. Créeme, no me debes nada, pero esta tarde me gustaría revisarte otra vez para buscar alguna solución.
Cuando vi como Amaia colocaba su mano en el hombro de Tamsin, sentí un impulso doloroso de apartarla de su lado.
—Para ser mi enemiga te preocupas mucho por mí —bromeó Tamsin—. Pero sabes que no podré asistir a esa cita.
Según lo que tenía entendido, las valquirias y las ninfas son enemigas porque las ninfas necesitan la vida para seguir subsistiendo, pero las valquirias necesitan la muerte para llevarse las almas al Valhalla. Durante muchos años mantuvieron una tensa relación, en especial los momentos donde se sucedieron las guerras. Las ninfas podían revivir a los muertos dignos de una segunda oportunidad en la vida, pero las valquirias solían luchar con ellas para entregarle a Odín las almas de los mejores guerreros y así formar el ejército de Asgard.
No sé por qué, pero sentí como unos leves trazos de celos recorrieron mi cuerpo, aunque supe disimularlo muy bien.
—Haz lo que debes hacer y esta tarde te veré en casa de mi hermana para hacerte unas pruebas —dijo Amaia con una sonrisa sincera.
—Por lo menos déjame que esperé contigo hasta que llegue el taxi, por favor —sumplicó Tamsin sin darse por vencida.
—Tienes una confesión pendiente y no pienso dejarte escapar —añadió Kenzi.
La valquiria intentó replicar, pero Brian la convenció diciéndole que ordenaría a uno de sus hombres de confianza que trabajaba en el hospital de las sombras para que acercara a Amaia hasta su casa. Después de unos minutos de discusión y argumentos sin parar, llegamos al acuerdo de que Tamsin vendría con nosotros hasta el Four Seasons. Acompañamos a Amaia hasta la recepción y nos despedimos, pero yo seguí sintiendo unos celos que no pude entender. Quizás me sentí amenazada de perder a Tamsin o que la valquiria prefiriera estar con Amaia, su enemiga natural, antes que conmigo.
Alejé ese sentimiento confuso y sin fundamento mientras corríamos bajo la lluvia hasta donde Brian había aparcado el todoterreno. Kenzi intentó hablar conmigo, pero ella no sabía como decir todo lo que luego me ayudaría a descubrir lo que en realidad había hecho la valquiria esa tarde en tu habitación. Al llegar al coche, Brian le pidió a Tamsin que sentara a su lado para esconder al máximo nuestra presencia dentro de la Range Rover. En menos de un minuto retornamos por el mismo camino hacia el hotel, pero durante un par de minutos permanecimos en silencio.
Admiré como las luces luchaban por resistir a la oscuridad de la ciudad, que parecía haber sido tragada por la noche. Noté como apenas habían coches en la calzada, pero los pocos que circulaban por las calles desérticas fueron algunas patrullas de la policía y los camiones del servicio de recogida de basura. Fui concentrado mi mirada en el parpadeo de las luces de neón que simulaban ser el corazón oculto de la ciudad, pero Kenzi comenzó a trastear la radio, presionando un par de botones que estaban en la consola entre nuestros asientos. De repente por los altavoces del todoterreno salieron las primeras notas de la canción: Pale Blue Eyes de Velvet Underground. La voz de Lou Reed nos fue contagiando de esa melodía tan lenta como triste y escuché a Kenzi susurrar la letra de esa canción mientras su mano derecha seguía el ritmo de la pandereta que acompañaba al sonido de la guitarra.
Sin poder contenerme, me uní al susurró de Kenzi y canté desde el estribillo hasta la siguiente estrofa. Según las palabras fueron saliendo de mi boca, la letra me recordó la impotencia que sentía la valquiria por haberme perdido y mi voz se fue elevando hasta sonar con la más absoluta claridad.
Thought of you as my peak
Thought of you as everything
I've had but couldn't keep
I've had but couldn't keep
Linger on your pale blue eyes
Linger on your pale blue eyes.
Pensado en ti como mi cima de la montaña
Pensado en ti como mi cumbre
Te tenía como todo
Lo que tuve y no pude conservar
Lo que tuve y no pude conservar
Contemplando tus ojos azules pálidos
Contemplando tus ojos azules pálidos.
Tamsin volteó a verme a los ojos y al igual que sus lágrimas descendían por sus mejillas, su voz se unió a la mía cantando la segunda estrofa. El interior del todoterreno se llenó de esa magia extraña que desata la música y nos dejamos los sentimientos cantando todos juntos y persiguiendo la suave voz de Lou Reed. Los casi seis minutos que duró la canción dejamos atrás todo lo que habíamos vivido en la habitación del hospital y simplemente cantamos sin importarnos desafinar o mantener el ritmo que nos dictaba la canción. Pero Tamsin utilizó esa triste melodía como una sutil súplica para pedirme perdón por lo que te había hecho.
Después de esa canción de Velvet Underground, siguieron otras menos especiales e incapaces de hacernos revivir la magia de Pale Blue Eyes. Entre sonidos de guitarras, baterías y voces melodiosas, llegamos a la parking del hotel. Brian y Tamsin salieron primero para comprobar que no había ningún peligro, luego nos abrieron las puertas y avanzamos juntos hasta el ascensor que nos condujo hasta el lobby del hotel. Apenas cruzamos por la recepción, Kenzi habló con el chico que estaba detrás del mostrador y cinco minutos después regresó con dos llaves electrónicas en cada mano.
—Esta es la tuya —dijo entregándole una de las llaves a Tamsin.
La valquiria miró durante unos segundos la llave hasta que Kenzi tomó la mano derecha de Tamsin y encerró la tarjeta en su puño. Observé la sorpresa en el rostro de Brian y estuve segura que era la misma expresión que había en mi cara.
—¿Por qué me das esto? —preguntó Tamsin contemplando los ojos azules de Kenzi.
—Porque esta es la llave de tu suite —respondió soltando la mano de Tamsin—. Considéralo un favor de Aidan Lloyd y de mi abuela por todo lo que luchaste para salvar mi alma.
Sentí como un escalofrío recorrió mi columna porque esas palabras me confirmaron que Kenzi sabía la verdad sobre su alma única.
—Yo no me quedaré en este hotel —replicó Tamsin tendiéndole de vuelta la llave.
—Sí lo harás y cumplirás con tu promesa de proteger a Bo, pero esta vez de verdad —repuso Kenzi en un tono severo.
Quise preguntarle algo, pero el asombro se comió mi voz y parte de mi tranquilidad. Todos seguimos a Kenzi hasta el ascensor, pero nadie se atrevió a decir nada, esperando el momento justo para que ella nos explicara todo lo que ya conocía sobre su condición. Por supuesto, millones de interrogantes viajaron por mi cerebro, pero ninguna fue suficientemente coherente para ayudarme a salir de mi estupor.
El ascensor se detuvo en la planta veinte y Brian fue el primero en salir para comprobar que todo estaba bajo control. Caminamos hasta la entrada de la suite presidencial y Kenzi le dijo a Brian que nos dejara a solas. Brian no quiso aceptarlo, pero Tamsin le aseguró que ella haría todo lo posible por protegernos. Después de unos segundos de meditación, Brian accedió a dejarnos solas dentro de la suite, pero el guardaespaldas de Kenzi se quedaría custodiando la puerta en caso de alguna emergencia. No supe lo que intentaba hacer Kenzi con todo ese secretísimo, pero no tuve más opción que aceptar lo que ella había planeado.
Tamsin abrió la puerta principal, encendiendo las luces del salón principal, pero Brian antes de irse echó un vistazo rápido a toda la suite, revisando que no corríamos peligro. Kenzi se sentó en unas de la sillas del comedor y yo hice lo mismo esperando a la valquiria que había ido al pequeño bar de la suite para buscar algo de beber y unas bolsas de hielo para la mano de Kenzi y otra para su nariz. Miré a Kenzi buscando las palabras para preguntarle sobre lo que sabía de su alma, pero no me dio tiempo.
—He traído whisky y una CocaCola con hielo para ti, Lauren —dijo Tamsin colocando un vaso frente a cada una de nosotras —. Bebe un poco que te sentara bien al estómago —continuó llenando mi vaso de ese líquido cargado de gas.
La valquiria le lanzó una de las bolsas de hielo a Kenzi para que se la pusiera en su mano hinchada y procedió a servirle un poco de whisky en su vaso. Aunque quise evitar la sonrisa, no pude porque me sentí orgullosa de Tamsin al contener su rabia después de haber sido atacada injustamente.
—Espero que el whisky te ayude a soltar toda la verdad —repuso Kenzi observando como Tamsin llenaba de whisky su vaso.
Sus miradas afiladas chocaron entre sí y mis nervios aumentaron al pensar que en cualquier momento la valquira perdería la paciencia y le devolvería el puñetazo. Pero Tamsin se sentó en la silla opuesta a la de Kenzi, con la mirada fija en los gestos de su oponente.
—Dime, Kenzi, ¿en qué te puedo ayudar o debo poner la otra mejilla para que me des el siguiente puñetazo? —inquirió la valquiria llevándose el vaso hasta sus labios.
Observé como Kenzi soltaba una pequeña sonrisa y jugaba con el whisky que tenía su vaso. Se inclinó un poco hacia la valquiria y sin dejar de sonreír la señaló con su dedo índice.
—Primero, es necesario que le confieses a Lauren todo lo que NO hiciste ayer durante el ataque del wendigo y después ya veremos en qué más eres útil —contestó Kenzi tensando su mandíbula.
Me quedé un poco desconcertada al escuchar la recriminación de Kenzi, pero al ver la actitud imperturbable de Tamsin no fui capaz de imaginar por donde iría aquella conversación. La valquiria relamió los restos de whisky que quedaban sobre sus labios, antes de devolverle la sonrisa cargada de cinismo.
—¿Y por qué debería repetir todo lo que hice ayer por Bo? —inquirió Tamsin con arrogancia.
La valquiria se puso la bolsa con hielo en el tabique de su nariz, contrarrestado la inflamación de sus pómulos amoratados.
—No te estoy pidiendo que nos digas lo que ya sabemos, sino eso que tú no hiciste para que Bo tuviera que alimentarse de ti —replicó Kenzi desvelando su cara de póquer.
Me moví en mi silla sobresaltada y un escalofrío serpenteó por mi espalda como anunciándome lo que pronto escucharía en los labios de Tamsin.
—¿Qué estás diciendo, Kenzi? —pregunté con un hilo de voz.
—¿Me estás acusando sin ninguna prueba? —inquirió Tamsin clavando su mirada ardiente de odio o miedo en los ojos azules de quién se estaba convirtiendo en su adversaria más peligrosa.
—Sí, pero te equivocas al decir que yo no tengo ninguna prueba porque el alma de mi abuela me mostró lo que ocurrió en la habitación de Bo y fui testigo de lo que no hiciste para ayudarla —adujo Kenzi elevando la voz.
La valquiria agitó la cabeza y estrelló con todas sus fuerzas la bolsa de hielo contra la mesa.
—El alma de Natasha está en Asgard y no puede contactar contigo —masculló entre dientes.
—Te equivocas otra vez —repuso Kenzi reclinándose en el respaldar de su asiento—. En el momento que le revelaste a Bo la verdad sobre mi abuela, ella entró en mis sueños y me mostró absolutamente todo.
—¡Mientes! —gritó Tamsin golpeando la mesa—. Odín no arriesgaría el alma más preciada de su reino para mandarte mensajes.
Cuando observé los ojos verdes pálidos de la valquiria, sentí que más que rabia lo que recorría por todo su cuerpo era un miedo corrosivo.
—Entonces, ¿cómo puedes explicar que yo sepa sobre la presencia de Freyja en la habitación de Bo y qué fue ella quién ayudó a Lauren para devolverte la vida? —preguntó Kenzi manejando la conversación a su beneficio.
Tamsin se sintió acorralada, pero contuvo sus impulsos por romperle la boca a Kenzi y se levantó lentamente de su silla.
—Eso no dice nada —replicó señalando a Kenzi—. Brian, Vex o Bo pudieron decirte lo que ocurrió.
Kenzi tomó su vaso y bebió un largo sorbo, sin dejar de mirar de reojo las expresiones de pánico que desvelaban el rostro de la valquiria.
—Ok, si quieres que juguemos así, pues atente a las consecuencias —dijo posando con calma el vaso devuelta en la mesa.
—No me vas a chantajear, humana —masculló con rabia Tamsin—. Soy una valquiria y no me gustan las amenazas.
Kenzi estaba disfrutando de su superioridad sobre Tamsin porque poseía las cartas ganadoras, escondidas en sus mangas. Toda esa situación de tensión y reproches ocultos, me robaron la voz por segunda vez esa noche.
—Eso de que eres una valquiria lo dirás sólo durante esta vida, ¿cierto? —replicó Kenzi sonriendo con malicia.
—Kenz, por favor, habla claro. ¿Qué demonios pasa con Tamsin? —inquirí harta de tanto misterio.
—Valqui, ¿qué hacemos? ¿Se lo dices tú o comienzo yo? —le preguntó Kenzi mordiendo se el labio en señal inequívoca de su disfrute.
Tamsin hundió sus dos puños sobre la mesa y se inclinó hacia Kenzi, buscando la manera de intimidarla.
—No te atreverás —espetó con odio.
—Ponme a prueba y verás todo lo que puedo soltar con esta boquita —dijo Kenzi sirviéndome un poco más de whisky.
Tamsin sujetó su mano y la atrajo hacia ella. Sus rostros quedaron enfrentados y a milímetros de distancia.
—¿Esta es tu jodida manera de agradecerme por salvar tu alma? —inquirió Tamsin esparciendo su aliento en el rostro de Kenzi.
Me levanté y posé mi mano sobre el brazo libre de la valquiria, evitando cualquier movimiento que pudiera herir a Kenzi.
—No, esto es por intentar joder Bo —espetó Kenzi zafando su mano del agarre de la valquiria.
—¡Basta! —grité—. Exijo qué alguien me diga lo que está pasando.
Mi gritó las hizo reaccionar y la actitud petulante de Kenzi cambió en un instante.
—Tamsin, debes entender que por la amistad que te unía a Aidan es por lo que ahora te estoy dando una oportunidad para que confieses la verdad —adujo Kenzi en un tono preocupando.
—¿A esto llamas una oportunidad? —inquirió la valquiria sentándose en su silla—. Debí dejar que tu alma se pudriera en Gehena.
—Pero no lo hiciste y ahora estoy intentando ayudarte —dijo Kenzi un tono más suave y calmado—. ¿Cuánto tiempo estuviste detrás de la puerta mientras el wendigo le daba esa paliza a Bo?
En el momento que Tamsin bajó su mirada hacia el vaso que había encerrado en sus manos, sentí como mi sangre se convertía en un río frío de invierno. En aquel instante percibí como dentro de Tamsin su plan de escape para esa confesión que lo cambiaría todo sólo eran de dos maneras. La primera era prenderle fuego al mundo entero y arder con él. La segunda y más inevitable era decir toda la verdad. La valquiria, como si estuviera leyéndome el pensamiento, alzó su mirada y asintió.
—Desde el principio —murmuró, enfrentándose a mi decepción—. Cuando llegué a su casa, él había comenzado a golpear a Bo y creí que debía esperar para obtener más información.
Aquella declaración de culpa, se enquistó en mi corazón como su un frío puñal lo atravesara con el eco de su voz en mis oídos. Las lágrimas nacieron en mis ojos, quietos en el rostro desencajado de Tamsin y me aferré a la absurda posibilidad de que aquello era una vil mentira.
—Y una mierda que estabas esperando información —replicó Kenzi—. Di la verdad o comienzo a hablar.
Tragué saliva, rescatando en los latidos heridos de mi corazón esa voz extraviada en la decepción.
—Tamsin, ¿llegaste antes de qué yo te llamara? —pregunté suplicándole que me mintiera.
—Sí —contestó bajando la mirada, hundida en su resignación.
Me puse en pie y luché con mis labios, mis ojos y mi corazón para no creer en nada de eso. No podía perder a mi mejor amiga, pero su reacción me confirmó que me había traicionado.
—¿Por qué tardaste tanto para ayudar a Bo? —preguntó Kenzi con la voz temblando.
—Es complicado —respondió Tamsin rellenado su vaso con más whisky.
—Pues hazlo simple y confiesa —terció Kenzi.
La valquiria subió la mirada, lo suficiente para ver la expresión de desesperación y dolor que dibujaba mi rostro.
—¿Qué demonios quieres con todo esto? —le preguntó a Kenzi completamente derrotada.
—Ayudarte a sobrevivir —contestó Kenzi lanzándole su bolsa de hielo—. Necesitas decir la verdad o será muy tarde.
Durante unos segundos continúe negándome ante lo evidente, pero necesitaba saber la verdad para justificarla de alguna manera posible porque supe que sería incapaz de dejarla marchar de mi vida.
—Tamsin, ¿qué hiciste? —pregunté.
La valquiria negó con la cabeza mientras otro largo trago de whisky descendía por su garganta. Volteó su rostro para mírame como si fuera la última vez que lo haría.
—Utilizar la última oportunidad para recuperarte —respondió con la voz rota—. Si Bo me mataba tu relación con ella se vendría abajo y cuando renaciera tendría la oportunidad de volver a tu lado. Tú jamás le hubiese perdonado a Bo que me matara con sus poderes y poco a poco todo se acabaría entre vosotras.
Las palabras de Kayla, el resultado negativo de la prueba de embarazo, tu cuerpo herido por los golpes del wendigo, el miedo que sentí al creer que te perdia, los recuerdos de aquella noche cuando rompiste nuestra relación porque yo moriría, tu silencio durante más de once días antes de que yo huyera de la ciudad, maltrataron a mi maltrecho corazón. Pero tus ojos cuando me pediste que me casara contigo, todo lo que hiciste por mi libertad, tus palabras llenas de ilusión cuando me hablaste de mis padres y esa esperanza contagiosa cuando me relataste que algún día tendríamos un hijo, me llenaron de fuerzas para defenderte.
—Me estás diciendo qué no hiciste nada para ayudarla, permitiste qué casi la matara el wendigo para volver conmigo. ¿Qué hubiese pasado si Robert no hubiese llegado? Dime, Tamsin, ¿qué hubiese pasado si Bo ahora estuviera muerta?
—Bo no iba a morir —contestó esquivando mis argumentos—. Yo estaba allí para darle mi chi.
—Error —intervino Kenzi—. El wendigo te dejó K.O y si Robert no hubiese vuelto a casa, Bo estaría muerta. Ahora todo el maldito universo estaría en el caos y por eso Odín te ha castigado quitándote todas las vidas que te quedaban y el tiempo corre en tu contra.
Tamsin levantó la mirada y sus ojos se abrieron de puro asombro. Quizás por todo lo que estaba sintiendo no le di importancia a lo último que había dicho Kenzi.
—¿Cómo sabes eso? —preguntó la valquiria.
—Ya te lo he dicho —respondió Kenzi tornando sus ojos en blanco ante la tozudez de Tamsin—. Mi abuela me lo confesó todo y Odín no te ha matado ya porque tú evitaste que el alma de Bo se corrompiera.
—¿Qué? —pregunté sintiendo como un resquicio de esperanza se colaba dentro de tanta decepción.
—Tamsin evitó que Bo matara al wendigo con un puñal —contestó Kenzi.
—No entiendo —murmuré.
—Bo no puede matar por venganza, sino su alma perderá parte de sus poderes y los dioses la castigarán. El heredero de los semidioses celtas no puede sucumbir ante el odio —explicó Tamsin.
Aquello no tenía sentido porque tú habías matado antes. Si bien lo habías hecho para defenderte o por sobrevivir a las exigencia de tu súcubo, pero tú le diste muerte a muchos humanos y faes.
—¿Bo ha matado antes? —pregunté llorando y muerta de miedo por lo que los dioses te harían.
—Sí, pero desde que Bo sabe del origen de tu alma, sus acciones cuentan para cumplir con su misión y no puede matar por venganza u odio —contestó Tamsin tratando de calmarme con la verdad.
Suspiré aliviada, pero aún estaba temblando por la mezcla extraña de sentimientos que había en mi interior.
—No puedo creer que hayas traicionado a Aidan.
—Lo siento, Lauren —murmuró Tamsin.
—¿Cómo crees qué a partir de hoy puedo confiar en ti? —pregunté desesperada como si una parte de mí se rompiera en pedazos—. Sabía que eras capaz de muchas cosas, pero jamás pensé que traicionarías a tu mejor amigo.
—Lo siento —volvió a murmurar aún más hundida.
Aquellas disculpas de poco me sirvieron en ese instante y sentí como la rabia se mezclaba con mi decepción, creando una combustión tóxica.
—La mujer que amo estuvo a punto de morir porque tú querías volver conmigo y por mi culpa hiciste lo que hiciste. ¿Cómo demonios crees qué me siento ahora mismo? —inquirí entre lágrimas y desesperación.
Tamsin se levantó y me miró a los ojos. Sus pasos se aproximaron a mí y sujetó mi rostro para que contemplara en sus pálidos ojos como su corazón ya no podía romperse más.
—Lo siento —murmuró otra vez.
—¡No me toques! —grité apartando con rabia sus manos de mi rostro—. Ahora mismo no puedo ni verte y me siento asqueada por ser el motivo de lo que hiciste.
Esquivé su mirada herida y ese rostro cubierto por el morado del golpe de Kenzi, pero antes de que venciera a mis razones o la poca bondad que sentía por ella, decidí escapar de todo eso. Caminé hacia la salida, limpiando las lágrimas que cortaban a mis mejillas.
—Lauren, ¿adónde vas? —inquirió Kenzi gritando.
—No puedo estar ni un minuto más delante de ella —respondí posando mi mano derecha en el pomo de la puerta.
—Ahora no puedes irte —dijo Kenzi angustiada—. Tamsin te necesita.
Me volteé a verla a los ojos y descubrí que no me mentía.
—Déjala ir —susurró Tamsin, sirviéndose más whisky.
—No —negó Kenzi casi gritando—. Sabes que si Lauren no te perdona, morirás antes del anochecer.
Mis piernas estuvieron a punto de ceder y tuve que apoyarme contra la puerta. Mis ojos buscaron el cuerpo de Tamsin que estaba rígido, con la cabeza agachas y en sus manos estaba prisionero el vaso lleno de ese líquido que le adormecía el dolor.
—¿Qué? —inquirí perpleja.
—Odín le ha dado un día para conseguir tu perdón o sino su alma será condenada —explicó Kenzi posando su mano en el hombro de la valquira.
—Tamsin, ¿eso es cierto? —inquirí desesperada—. ¡Respóndeme! —grité con todas mis fuerzas.
—Sí, pero es lo mejor, Lauren —respondió sin ganas y bebió otro trago de ese licor amarillento.
—Bo te necesita para que encuentres a Acacia —le dijo Kenzi intentando hacerla reaccionar—. No puedes irte ahora y dejar tu misión a medias.
—¿Y por qué no? —inquirió la valquira bebiendo un poco más—. La muerte es lo que me merezco.
Me llevé las manos a mi boca, conteniendo el llanto y las ganas de gritarle. Tamsin estaba dispuesta a morir sin luchar, pero comprendí que sin mí ella ya no tenía nada por lo que luchar. Durante siglos su única misión fue protegerme y el dolor que estaba padeciendo, era mil veces peor que la muerte.
—Tamsin, no puedo ni imaginarme lo que sientes ahora mismo, pero tu alma quedará condenada y sin ti Bo quedará a merced de Acacia —le dijo Kenzi arrebatandole la botella.
—Vex protegerá a Bo de Acacia y quizás Odín enviará a otra valquiria para que haga mi trabajo —replicó Tamsin hundiendo su rostro entre las manos.
—Tú conoces a Acacia mejor que nadie y sin ti Bo no tendrá ni una sola oportunidad.
Avancé hasta ella, midiendo mi dolor y mis palabras. Me posé a su lado y le quité las manos de su rostro. Recordé sus palabras esa noche cuando nuestra amistad comenzó. Recordé el apoyo que me brindo durante los días que no podía ni levantarme al sentir que te había perdido. Recordé las risas que hacia salir de lo más profundo de mi interior para sólo verme sonreír. Recordé cada detalle que tuvo conmigo para hacerme sentir especial y única. Recordé sus besos, sus caricias, su amor por mí. Recordé todo lo que ella significaba en mi vida y en las muchas otras de mi alma.
—¿En serio quieres morirte? —inquirí sintiendo como la simple pregunta aniquilaba a mi corazón.
—Siempre he estado dispuesta a morir por ti, Lauren, y esta circunstancia no es diferente —replicó separando sus manos de las mías y cogió el vaso.
—Lauren, por favor, haz algo —suplicó Kenzi.
—Vete, Lauren. Esto se acabo —dijo la valquiria maquillando su miedo con indiferencia.
Miré como Tamsin sujetaba su vaso lleno de whisky, guiándolo hasta sus labios. Se bebió todo contenido y el exceso del líquido que recorría por la comisura de su boca, lo limpió con la yema de su dedo índice, pero luego cubrió sus ojos para llorar en silencio. Atrapé sus brazos y la levanté de un solo movimiento. Observó mis ojos con sorpresa, pero sin mover ni un sólo músculo.
—Te perdono porque no puedo dejar morir a mi mejor amiga —susurré arropándola con mis brazos—. Has cometido un error, pero necesito que te alejes de mí y puedas perdonarte a ti misma. No es justo que sufras de esta manera y yo no puedo ser la culpable de tus desgracias. No puedo hacerte esto.
Permanecimos abrazadas unos segundos, llorando con amargura y entendí que aquello era el fin de todo lo que pudo haber entre nosotras. Mi alma se rompió en pedazos al darme cuenta que yo era aquello que sacaba lo mejor y lo peor de Tamsin, haciendo que su vida fuera un absoluto caos.
—No me has salvado sólo me has condenado una vez más —murmuró dejando un beso en mi mejilla.
Me separé de sus brazos convencida del porqué me decía eso, pero no quedaba ninguna otra opción más que la despedida, el arrepentimiento y el adiós o por lo menos esa fue mi primera intención. Bajé la cabeza, luchando con las ganas de volver a abrazarla y darle aquello que tanto anhelaba, pero no pude porque mi corazón siempre fue tuyo desde el primer momento que te vi.
—Lo siento —musité caminando hacia la salida de la suite.
Con cada paso que daba el sonido del llanto cortando por el sufrimiento de Tamsin me acompañó hasta la puerta. Jamás pretendí formar parte de un dilema tan funesto como elegir entre dos personas. Aún así, fue imposible no pensar en cómo sacar a Tamsin de una situación tan injusta, pero por más que le daba vueltas la única conclusión para hacerla feliz era yo.
Cerré la puerta de la suite, recosté mi espalda contra la madera pintada de blanco y recliné la cabeza soportando las lágrimas que pugnaban por salir nuevamente. Mi respiración se convirtió en un soplido entrecortado mientras mi pecho se elevaba para contener el llanto apilado en mi garganta. Escuché la voz de Kenzi intentando consolar a Tamsin o convenciéndola de que todo iba a pasar, pero el sollozar agudo de la valquiria martirizó a mis oídos y a mi corazón. Fue entonces, cuando sentí una mano sobre mi hombro y al abrir los ojos era Brian. Aquella expresión en su rostro me recordó la noche cuando fui a ese bar donde estabas dando un concierto y me escondí entre la multitud agolpada en los rincones oscuros del bar.
Brian limpió mis lágrimas y me envolvió en sus brazos. Sentí como su calor se mezclaba con mis pensamientos mientras el dolor salía por mis lágrimas. Tuve que perdonar a Tamsin por muchas razones, pero esa sensación de no poder confiar en ella, me destrozaba la cordura. Después de varios minutos, Brian me soltó y me pidió que subiera con él a nuestra suite. Pero antes debía calmarme o tú te darías cuenta de todo lo que estaba viviendo. Obviamente, pensé en la conexión entre nuestras almas y le pregunté a Brian si te habías despertado, pero él me respondió que Loretta había conjurado un hechizo muy parecido a las arenas de Sandman para que tus sueños no fueran perturbados por todo lo que estaba viviendo esa madrugada.
Cuando avanzamos hasta el ascensor, observé como el guardaespaldas de Kenzi entraba en la suite y eché un último vistazo antes de entrar en el elevador, como si quisiera despedirme de todo mi pasado. Estaba agotada, pero sabía que después de todo lo que había pasado durante esas dos largas horas, me sería imposible dormir. Había conocido a Duncan, a Sean y Kayla, pero mi despedida de Tamsin más las palabras de Kayla empañaron toda la alegría que sentí al saber que Duncan estaba vivo.
Entramos en la suite y Loretta estaba sentada en una de las sillas del comedor con varios papeles colocados en orden sobre la mesa. Brian me pidió que tomará asiento a su lado, pero cuando Loretta notó que Kenzi no estaba con nosotros, me rogó que la esperáramos y mientras tanto me haría una taza de chocolate caliente. Aproveché esos minutos de calma para entrar en nuestra habitación para verte dormir como si no había pasado nada y tuve la aplastante certeza de que toda mi vida sin ti era un sinsentido.
Me senté en la cama con cuidado para no despertarte y te vi plácidamente dormida, reluciente de penumbra. Aparté unos leves mechones de tu cabello que cubría tu cara y tapé tu cuerpo desnudo con esas sábanas blancas. Contemplé tu rostro tranquilo, hermoso, pensando como antes de que tú entraras a mi vida, solía pensar que el amor no era real, sólo una simple ilusión y con el tiempo se acababa, pero al tenerte ante mí supe que esa duda que atormentaba a mi alma no era verdad. Pero no pude evitar romper a llorar al pensar en el dolor que estaba padeciendo Tamsin a unos pocos metros de distancia.
Agradecí que Loretta conjurara ese hechizo que impidió despertarte con mis sentimientos contradictorios. Quizás muchas personas piensen que es una suerte contar con el amor de dos personas, pero en realidad es una maldición. En compañía de los recuerdos a los cuales les estaba diciendo adiós, dibujé una sutil línea invisible en tus labios, deseando besarte y olvidarme del mundo que nos rodeaba. Pero como se había vuelto habitual, las revelaciones de aquello que nos acechaba llamó a mi puerta y tuve que salir de ese trance de paz que me inspiraba tu rostro.
—Lauren, necesito decirte algo —murmuró Kenzi desde el otro lado de la puerta.
Me levanté de tu lado, besé tu frente y salí de la habitación. Me encontré entre la penumbra los ojos cansados y llorosos de Kenzi, pero no tenía fuerzas para escuchar que Tamsin estaba destrozada por mi decisión. Apenas intentó decirme algo, la silencié con mi dedo índice sobre sus labios.
—Ahora no, por favor —imploré con la voz rota.
Kenzi asintió, arrepentida por lo que ella había comenzado. Supe lo culpable que se sentía por haber obligado a Tamsin a confesar su error, pero intenté consolarla con un tímido beso en su mejilla y sujetando sus manos con fuerza.
—Gracias por salvar el alma de Tamsin, pero luego hablaremos de ella y del valor de tu alma única —susurré en su oído.
—Ok, pero necesito que me jures que has perdonado a Tamsin.
—Lo hice —dije entrelazando mi brazo con el suyo—. Ella durante este último año fue mi Kenzi y la quiero más de lo que piensa. ¿Cómo crees qué la dejaría morir?
—Lo sé, pero necesitaba estar segura —repuso caminando a mi lado hacia la cocina—. Tamsin es muy importante en todo esto y sin ella no podremos detener a Acacia.
Supe que ese momento era el adecuado para descubrir todo lo que Kenzi sabía sobre su alma única.
—¿Te lo dijo tu abuela? —inquirí deteniéndonos en seco.
—No —respondió negando ligeramente con la cabeza—, me lo dijo Freyja, pero eso lo hablaremos luego porque ahora Loretta necesita hablar con nosotras —sentenció tirando de mi brazo.
—Kenzi, ¿desde cuándo sabes qué posees un alma única? —pregunté evitando que avanzara.
Resopló buscando responderme con claridad, pero ella misma estaba asombrada por lo que empezaba a ser el poder de su alma.
—Hace dos noches mi abuela se presentó en mi sueño y me lo confesó todo —contestó mirándome a los ojos.
Noté como las palabras se le atoraban en la garganta y supe que ella necesitaba confesarte primero a ti todo lo que había descubierto. Dejé que ella me guiara de vuelta al comedor donde estaban Brian y Loretta preparados para anunciarnos los nuevos peligros que nos deparaban.
—Debes hablar con Bo de todo esto —susurré inclinándome a su lado para que nadie nos escuchara.
Kenzi me empujó hacia la puerta de la cocina para decirme algo que había olvidado.
—Lo sé, pero ella no puede saber el error que cometió Tamsin —murmuró Kenzi mirándome fijamente.
—Kenz, no podemos ocultarle esto a Bo —repliqué extrañada ante su afán de proteger a la valquiria—. Además, Tamsin desaparecerá por un tiempo y no quiero mentirle.
—Ella no se irá a ningún sitio porque la necesitamos de nuestro lado —objetó con severidad—. Tamsin se quedará en ese hotel todo el tiempo que pasemos aquí y luego se mudará cerca de nuestra casa.
Jamás pensé que entre Tamsin y Kenzi surgiera una amistad, pero fue evidente que ella sabía más de lo que podía decir y días después descubrimos lo que Natasha Malikov le había confesado.
—Chicas, necesito hablar con nosotras antes de irme y no puedo retrasarme mucho —dijo Loretta asomándose por el umbral de la cocina.
Kenzi me sonrió tratando de convencerme o calmar mi curiosidad, pero estuve convencida de que ella guardaba más secretos de los que podía imaginar. Seguimos a Loretta hasta el salón y nos sentamos juntas alrededor de la mesa. Frente a nosotras había una taza de chocolate caliente para cada una, junto con una pila de papeles y fotografías volteadas. Tenía el estómago revuelto, después de vomitar toda la cena y lo poco que bebí de la CocaCola estaba danzando por mis entrañas, pero también sentí un poco de hambre y me aventuré a tomar algo que apaciguara ese frío instalado en mi interior.
—Chicas, ahora os vamos a mostrar una información que es muy importante para vuestra seguridad —dijo Loretta entregándonos unas fotografías.
Dejé la taza de chocolate sobre la mesa antes que se me cayera al suelo, cuando atisbé el rostro de un hombre que había visto antes, aunque era imposible que en esa foto mostrara la fecha de hacia cinco días.
—Este hombre es un fae de las sombras y está muerto —dije detallando cada parte de esa fotografía.
—Bertam está muerto, pero muchos de sus familiares están vivos y con ganas de venganza —repuso Brian, mostrándome más fotografías.
La imagen que tenía ante mí era de muchos hombres vestidos de la misma manera y con los rasgos faciales iguales a los del Albaster. En mi mente apareció toda la información que había recolectado de ese género fae después de que ese hombre intentó atacarte en tu casa. Pero con esos recuerdos también volvió el desplante que me hiciste en el laboratorio de las luces cuando realicé la autopsia de la mujer que Bertam había asesinado y quise disculparme por lo que había ocurrido la primera vez que nos acostamos.
—¿Qué sabemos de estos hombres? —preguntó Kenzi, sacándome de ese bucle de recuerdos desagradables.
—Son los enemigos naturales de las súcubos llamados: Albasters —contesté señalando varias fotografías—. Las súcubos se alimentan y crean el placer sexual, pero los Albasters hacen lo mismo excepto por la vergüenza sexual. Ellos provocan que las mujeres se sientan culpables acerca de su comportamiento sexual. La culpa derivan en trastornos y en última instancia, el suicidio de sus víctimas. También poseen la cualidad de herir e implantar en algunas súcubos la culpa como medio para dominarlas y que ellas se suiciden después.
—¡Mierda! —exclamó Kenzi pasando su dedo por los rostros de esos hombres—. Aquí hay más de veinte Albasters. Dime qué estos hombres siniestros no están detrás de Bo, por favor.
—Bo mató a uno de ellos hace cuatro años —repuse llevándome las manos a la cabeza—. Yo hice la autopsia de Bertam y ella nos confesó que ese hombre era un fae de las sombras.
—Ok, pues llamemos a Vex y que envié a todos esos hombres lejos de Bo y Aife.
—Ese es el problema, Kenzi —dijo Brian—. Vex no tiene ningún poder sobre ellos porque los Albasters hace cuatro días renunciaron a las sombras y creemos que se han unido a Evony.
—¿Creemos? —inquirí desconcertada.
—Sí, Lauren —respondió Loretta—. Yo trabajo como espía para Olson y él me pidió que vigilará a las nobles familias después de que Bo anunciara la identidad de su padre. Esa foto la encontré en la casa de la noble familia Kavanaugh.
—Espera un momento, esa familia es la de Liam y Shawn, ¿cierto? —preguntó Kenzi.
—Sí, pero quién me dejó la fotografía a la vista fue Shawn Kavanaugh —respondió de nuevo Loretta—. Él está de nuestro lado y ahora trabaja con Sebastian para administrar adecuadamente la fortuna de Bo.
—Entonces, ¿es su padre quién está detrás de los Albasters? —pregunté.
—Patrick Kavanaugh fue al Dal el domingo por la mañana para hablar con Trick y le confesó que Shawn estaba siendo amenazado por ayudar a su nieta —contestó una vez más Loretta—. Luego Trick fue a Londres para reunirse con Vex y descubrieron que los Albasters habían renunciado a las sombras el sábado antes de la ceremonia de coronación de la nueva Ash.
—Evony está recolectando a todos los enemigos de Bo y de Aidan para comenzar varios ataques contra nosotros —agregó Brian.
—¿Cuantos más faes están del lado de Evony? —inquirí preocupada.
—No lo sabemos con exactitud, pero Vex pondrá en marcha un plan con sus nuevos Morrigans territoriales para hacer un censo completo de los faes de las sombras —explicó Brian.
—¿Y Val hará lo mismo? —preguntó Kenzi.
—No lo sabemos —respondió Brian—. Val apenas lleva unos días en el cargo de Ash principal y no estamos seguros de sus verdaderas intenciones.
—¿Qué quieres decir con eso? —inquirió Kenzi indignada.
Yo sabía perfectamente a lo que se refería porque las sospechas de lo que podía tramar Val, me las confirmó Trick antes de viajar al mausoleo del clan Finarvin.
—Val no es de confianza y mucho menos ahora que tiene un poder que no le corresponde —respondió Loretta.
—Por el amor de dios, estamos hablando de la hermana pequeña de Hale y de la mujer que nos ayudó a vencer al Garuda —replicó Kenzi poniéndose de pie.
—Eso fue cuando no tenía poder y ahora Val tiene mucho que perder —rebatió Brian un poco molesto.
—Hale es nuestro amigo y no permitirá que su hermana le haga daño a Bo —objetó Kenzi dando un golpe sobre la mesa.
Todos nos quedamos un poco descolocados al ver a Kenzi perder los estribos.
—Kenzi, ¿por qué Val no le ha retornado el poder de las luces a Hale? —inquirió Loretta.
—Ella fue elegida y pasó todas las pruebas —respondió convencida de las buenas intenciones de la Ash.
—Val puede devolverle el poder a su hermano, pero no quiere por una razón que no desea revelar —terció Brian, lavantándose de un salto de su silla.
Kenzi contempló los ojos de Brian, pensando en la mejor respuesta.
—No me puedo creer que desconfiéis de Val Santiago —dijo alzando las manos al aire.
—Y yo no puedo creer que confíes en una fae que despreció toda su vida a tu especie —replicó Brian con dureza.
—Brian, deberíamos aplicar la presunción de inocencia cuando no tenemos pruebas que incriminen a Val en todo lo que piensa hacer Evony —intervine.
Nos miramos en silencio durante unos segundos.
—Yo no la estoy juzgarlo, sólo es muy raro que Val Santiago no muestre sus cartas cuando sabe que Vex está ayudando a Bo —adujo Brian caminado de un lado a otro.
—Vex no es un santo y si nos basamos en su pasado nadie de los que estamos aquí deberíamos confiar en él —replicó Kenzi, resoplando.
Me levanté y traté de calmar los ánimos caldeados que había tomado esa conversación.
—Escuchadme, esto es lo que quiere Evony; que no confinemos en nadie y nos aislemos de todos. Así será más fácil atacarnos —dije convencida.
—Lauren tiene razón —apuntó Loretta—. Por ahora debemos continuar como si nada pasara para no levantar demasiadas sospechas y continuar con el plan.
—¿Qué plan? —preguntamos Kenzi y yo a la vez.
—Eso lo sabréis en unas horas cuando Vex venga a hablar con Bo —respondió Brian.
Loretta se puso en pie y comenzó a recoger las fotografías y otros papeles. Kenzi la ayudó y cuando todo estuvo recogido, Loretta se lo dio a Brian para que se lo hiciera llegar al Morrigan.
—Me tengo que marchar, pero si hay algún cambio decídselo a Olson para que me lo comunique, ¿Ok? —dijo Loretta dándole un abrazo a Brian.
—Tranquila, por ahora todo sigue igual —dijo Brian impidiendo que ella recogiera las tazas— . Muchas gracias por proteger a Bo.
—Es mi deber y todo un honor proteger a la hija de Aidan Lloyd —le respondió a Brian, pero luego desvió su mirada hasta la mía —. Lauren, sé que tienes muchas dudas y que deseas hablar conmigo, pero el sábado estaré de vuelta.
—Gracias, Loretta, la verdad es que tengo mil preguntas que hacerte —repuse sonriéndole.
—Bien, eso significa que eres igual de curiosa como lo era Erin —dijo guiñándome un ojo.
Kenzi se despidió de Loretta, pero percibí como ella seguía enfadada con Brian por su extrema desconfianza hacia la hermana de Hale. Lo cierto es que no supe que pensar, pero tuve claro que hasta no tener una prueba contra Val, sería inútil culparla o juzgarla por algo que quizás no fuera verdad. Acompañamos a Loretta hasta la puerta principal de la suite, pero Ted caminó a su lado y cuando desapareció entre la claridad del pasillo hasta el ascensor, cerramos la puerta y Kenzi se marchó a su habitación discutiendo con Brian en voz baja.
Apagué las luces del comedor y sólo me alumbró el camino el chispear de claridad que me ofrecieron las luces de una dormida ciudad. Caminé devuelta a nuestra habitación, pensando en todo lo que había descubierto en unas pocas horas y recordé el listado que había hecho durante mucho tiempo, clasificando a los faes con los que te habías enfrentado. Decidí que al día siguiente buscaría esa investigación para tener una pista de los faes que suponían un peligro para ti y al final esa lista le dio un punto de partida a Vex para descubrir más sobre las intenciones de Evony.
Entré en el baño que estaba en el despacho anexo a nuestra habitación para lavarme los dientes y desvestirme sin hacer mucho ruido. Cuando saqué mi móvil me di cuenta que eran las cinco y diecinueve de la mañana. Así que, me apresuré a meterme en la cama para descansar un poco antes de que otro día se despertará y removiera la poca tranquilidad que podíamos tener.
Caminé hasta la orilla de la cama y me quité la poca ropa que aún tenía puesta antes de volver a tus brazos. Alcé un poco las sábanas, me tendí a tu lado buscando tu cuerpo y el calor que emitió tu piel lo recibí como una muestra de esa paz que sólo tú me podías ofrecer, pero cuando me enredé en tus brazos, sentí como tus labios dejaban suaves besos por mi cuello hasta llegar a mi oído.
—Duerme, Lauren —susurraste con voz de dormida—. Más tarde hablaremos de eso que te agobia, pero quiero que sepas que te amo como nunca había amado a nadie y te ruego que no dudes de todo lo que me haces sentir porque sin ti no soy nada.
—Yo también te amo, Bo —dije ciñendo tus brazos a mi cintura.
—Lo sé —besaste mi cuello—, pero duerme porque quiero que luego me despiertes de esa manera tan especial que me prometiste.
Suspiré, cerrando los ojos y me aferré a tu cuerpo como si toda mi existencia dependiera de ese exquisito olor a jazmín que desprendía tu piel. Entrelacé mis dedos con los tuyos y ante la profunda tranquilidad que expresaban nuestras respiraciones sincronizadas, me quedé dormida en el mejor lugar del mundo, a tu lado.
Notas: Lamento haber tardado casi una semana en publicar la segunda parte de este capítulo, pero tenía varios asuntos personales que atender.
También quiero aclarar que el fae que fue nombrado en ese capítulo, específicamente: Bertram, apareció en Lost Girl durante el capítulo 1x10 y su género era un Albaster. Estas criaturas son los enemigos naturales de las súcubos o eso dijo Aife en la serie. Además, mencioné a Shawn y Liam dos personajes que también aparecieron en el capítulo 1x09.
Como comenté en el otro capítulo, a partir de ahora reciclaré los personajes que nos mostraron en la serie para hacer algo más sencillo y visual. Pero al final de cada capítulo dejaré una pequeña nota para que sepáis en que capítulo de Lost Girl aparecieron dichos personajes.
Muchas gracias por vuestra paciencia y si alguien desea decirme algo, pues aquí os espero. Prometo que no voy a morder y responderé cualquier duda que tengáis. :D
"Hay decepciones que honran a quien las inspira" – Carlos Ruiz Zafón.
